NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO
¡Hola a todos!
Primero que nada, ¡mil gracias a todos los que leyeron el primer capítulo! especialmente a quienes ya pusieron la historia en favoritos (wow, me halaga) y a ichigo urahara shihoin por su comentario. En verdad me animan.
Ahora bien, como les dije el capítulo pasado aquí ya se puede ver por dónde va la historia, no quiero decirles más para que se emocionen jeje, ¡disfruten!
Capítulo 2
La casona abandonada
Desde el momento en que la vi tan linda
Me dije a esta atraparé
Tal belleza no hay aquí, tiene igual solo en mí
Así pues, con ella yo me casaré
Palo Andelerrie no había conseguido su puesto político por su espléndida sonrisa o galantes modales, como muchos solían pensar; Palo era inteligente y sabía manipular a las personas a su alrededor de manera discreta. Muy pocas personas conseguían eludir sus artimañas, y entre esas excepciones estaba Padmé Naberrie.
En su juventud, Palo había pensado en dedicarse al arte, la pintura y escultura eran pasiones difíciles de rivalizar en su mente, pero el mundo de los artistas no es muy distinto al mundo de la política, y para ser el mejor muchas veces tienes que pisotear a alguien. Tras la muerte de su padre, Palo pensó en una manera rápida de hacer dinero para sostenerse a sí mismo y a su madre, y así terminó siendo un ayudante de un ministro en el Palacio. Era un puesto menor, pero con un buen salario y sobre todo, acceso a las personas más importantes de Naboo. Combinando su encantadora sonrisa con su astucia de artista, Palo aprendió rápido cómo moverse en ese mundo, y su relativismo moral cayó como anillo al dedo para formar parte de un grupo de políticos particularmente poderosos en Naboo. Ahora, a sus veintisiete años de edad, Palo era Delegado del Palacio, y sabía perfectamente cómo salirse siempre con la suya, nadie conseguía retarlo, excepto ella.
Desde que eran niños, Padmé Naberrie siempre había sido la persona más intrigante que hubiera conocido, la única que podía mirarlo a los ojos para decirle abiertamente que no pensaba como él. Si esa mente vivaz y sus palabras certeras no fueran suficientes para llamar la atención, estaba el hecho de que Padmé había crecido convirtiéndose en una mujer preciosa; todos en Theed sabían que las mujeres Naberrie eran bonitas, pero Padmé excedía el promedio con creces. No habían sido pocos los hombres que intentaron acercarse a Padmé, pero Palo siempre conseguía hacer que se alejaran después de un par de intentos. Padmé Naberrie, esa inteligente y preciosa mujer, era suya, y nadie iba a decirle lo contrario.
Lógicamente, una mujer con su carácter y talento no se dejaría mangonear por nadie, y Palo no la quería así; en sus adentros sabía que Padmé era suya, pero en el exterior, comprendía que necesitaba ganársela. Convencerla iba a ser una labor larga y tediosa, porque ocupaba tumbar sus barreras y ganarse su confianza, un proceso que tomaba su tiempo, pero que era interesante e incluso divertido a veces. Los Naberrie lo apreciaban ciegamente y tenía contactos en todas las oficinas importantes de Naboo, no faltaba mucho para que Padmé comenzara a verlo con otros ojos, y entonces, haría su movimiento y ella se convertiría al fin en su esposa.
Solo de pensarlo un brillo malicioso aparecía en sus ojos, pocos días serían tan importantes en su vida como aquél en que Padmé se convirtiera en Padmé Andelerrie, su esposa, haciéndola suya frente a un montón de testigos. Una vez que Padmé se enamorara de él, podría hacerla su aliada política, y así, en vez de más enemigos, tendría a una mente brillante a su lado, ayudándolo a hacer las jugarretas necesarias para mantener el poder, porque dentro de su elaborado plan para sellar su destino, estaba el hacerse un aliado de Padmé en materia política. Eso era más complejo, porque sus propios contactos a veces veían con recelo a la chica Naberrie, pero lo conseguiría, de eso no tenía dudas. Palo siempre concretaba lo que se proponía, y casarse con Padmé era la prioridad en su lista de pendientes.
Y el siguiente paso para conseguir su plan, era el afiche en sus manos. Así que esperó, como solía hacerlo todos los días, en la explanada del palacio, hasta que vio a Padmé salir de la oficina del viejo señor Lorrein con una mueca en sus labios, "Mal día" pensó Palo con una sonrisa.
—¡Padmé, espera!—dijo, haciendo señas y usando su voz más dulce.
—Hoy no, Palo—respondió con ella con desdén—Estoy cansada y no quiero ser grosera contigo.
—¿Así es como saludas al portador de buenas noticias?
Le tendió el afiche, y Padmé lo leyó primero con fastidio, luego, sus ojos marrones se iluminaron, observando a Palo con incredulidad.
—¿Es enserio?—dijo, conteniendo su emoción a duras penas—¡Esto es magnífico!
—Sabía que te alegraría.
En sus manos, Padmé leía un afiche informativo que contenía las bases para las nuevas elecciones, en donde se votaría a una nueva reina y muchos otros cargos públicos. Estas elecciones llevaban meses atrasándose, incluso se había insinuado que se postergarían un año más, y saber que estaba a tiempo para las inscripciones era la mejor noticia que Padmé tenía en muchas semanas.
—Tengo una planilla en mi oficina—continuó Palo, aprovechando la emoción de la chica frente a él—¿Quieres llenar el formato para aplicar a un cargo?
Los ojos de Padmé pasaron de radiantes a cautelosos, mirando a Palo con una expresión de desconcierto.
—¿Me ayudarías con eso?
—Claro que sí—Palo compuso la mejor de sus sonrisas políticas—Siempre has querido dedicarte a la política ¿por qué no empezar por algo?
—¿A qué sugieres que me postule?
—Podrías ser una Concejal del Ayuntamiento de Theed—sugirió él, mencionando el puesto que ya había conseguido para ella con o sin elecciones—De esa forma, dentro de un par de años podrías postularte para Princesa de Theed, y así escalar al palacio con todas las credenciales.
—No es una mala idea—repuso ella con una sonrisa traviesa—Pero creo que lo mejor será postularme para Delegada en el Palacio.
Palo tragó en seco.
—¿Delegada en el Palacio? ¡Eso es muy serio!
—No tanto en realidad, son deberes parecidos a los del Concejal, pero a nivel macro. Además, tú eres el primero en decir que a veces no tienes suficiente trabajo.
Palo quiso morderse la lengua por su insensatez.
—Exactamente, Padmé hay mucha diferencia entre atender a una ciudad y atender a un planeta entero—dijo Palo, intentando persuadirla—¿Por qué no empezar desde abajo? Así obtendrías más experiencia, conocerías a más personas, y crecería mejor tu perfil.
Palo no quería decirle que el puesto de Delegado en el Palacio era suyo para su reelección. Ya había acordado todo con el partido y con la Reina, más de la mitad de los puestos del palacio se reelegirían alegando una elección directa, pero en realidad, habían sido comprados meses antes. Palo había gastado una gran cantidad de dinero en asegurarse ese puesto para él, y también un puesto para Padmé en la alcaldía. Lo único que Padmé debía hacer era presentarse como candidata y listo.
Pero Padmé sonrió con más entusiasmo aún, señalando al afiche en sus manos.
—¡Mira! No piden ninguna credencial o antecedente en específico—continuó ella—Puedo postularme directamente para Delegada, y con tu ayuda, crear una excelente propuesta.
Palo suspiró, "Esto no será tan sencillo como lo pensé" se dijo mentalmente.
—Sigo insistiendo en que tu puesto de Concejal es más óptimo—intentó sonar tranquilo—No porque no tengas la capacidad Padmé, sino porque aún eres nueva en esto. El pueblo y los burócratas desconfiarán de ti.
—No si tengo la campaña adecuada.
—Insisto en que es arriesgado, supongamos que no consigues ganar la elección ¡serán al menos otros cinco años antes de que puedas postularte de nuevo! para entonces tendrás ¿qué? ¿casi treinta años? el pueblo querrá verte casada o con hijos, buscará una imagen distinta de ti.
—No sabía que necesitaba casarme y tener familia para dedicarme a la política—dijo Padmé con tono frío—Casi ninguna reina en nuestra historia ha tenido familia propia antes de ser electa.
—Estás perdiendo el punto Padmé, mi punto al menos. Es más seguro que compitas para concejal.
—Quizá sea seguro, pero no es lo que aspiro—continuó Padmé—Si empiezo así, duraré al menos diez años en el ayuntamiento ¡y yo aspiro al palacio! ¿Por qué no arriesgarme si sé exactamente lo que quiero?
"¡Por que ya te compré el puesto, maldita sea!" gritó Palo en su mente, pero se contuvo de decirlo en voz alta.
—Prudencia, Padmé—fue su repuesta.
Los ojos de Padmé centelleaban de furia contenida.
—Supongo entonces que no me ayudarás—sentenció.
—Claro que sí—intentó mentir lo mejor que pudo—Solo quiero que seas realista.
—No soy tan ingenua como muchos creen, Palo, como tú crees—espetó—Con o sin tu ayuda, me postularé para Delegada—dio la media vuelta y bajó los escalones dándole la espalda.
—¡Padmé, por favor!
Palo intentó ir detrás de ella, pero al verla tan molesta, se contuvo. Esto no había salido tan bien como se lo esperaba, lo mejor era dejarla que se calmara y acudir a sus padres, Ruwee y Jobal Naberrie lo ayudarían a convencerla, estaba seguro.
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Padmé estaba más que enojada, pero su ceño fruncido dio paso a una sonrisa forzada cuando llegó a casa y descubrió a sus sobrinas jugando a las escondidas. Tuvo que jugar dos rondas con ellas para calmarlas, y luego las vio salir al patio, dándole tiempo de buscar a su madre en la cocina.
—A que no adivinas qué pasó hoy—dijo Padmé, mostrándole el afiche a Jobal y contándole sus planes para postularse como Delegada.
La sorpresa inicial de su madre cedió a una mueca de preocupación, una que Padmé estaba muy acostumbrada a ver, y que, a pesar de eso, seguía desesperándola.
—¿Estás segura que eso es lo que quieres, hija?
—¡Es lo que siempre he querido!—gritó Padmé, sin paciencia y sintiéndose subestimada por segunda vez en el día—Sabes que siempre he deseado una carrera en la política.
—Lo sé, lo sé, formulé mal mi pregunta—se corrigió Jobal inmediatamente—Me preguntaba si sería buena idea prepararte para ese cargo, ¿no es mejor empezar por lo bajo, hija?
—¡No tú también!
—¿Yo también? ¿A qué te refieres?
—Palo me dijo que intentara postularme para Concejal en el Ayuntamiento. Según él, es lo mejor.
Jobal frunció el ceño, esforzándose por usar las palabras adecuadas para llegar a su hija en lo que parecía ser un momento crítico.
—No deberías desechar su consejo Padmé, después de todo, él mismo es Delegado, seguro sabe más que tú.
El rostro de Padmé se puso rojo de la ira, y Jobal entendió su desliz.
—¿Y sólo por eso debo obedecerlo?—replicó Padmé—¿Eso es lo que sugieres, mamá?
—¡Fuerza, claro que no!—¿de dónde había sacado su hija este carácter? ¿en qué momento Jobal no pudo ya ayudar a su hija más pequeña, cuándo se alejó tanto de su vida?—Yo solo digo que él tiene más experiencia que tú, y además, intenta ayudarte, ¿por qué te molesta eso?
"¿Por qué no puedes entender que solo te amamos, y queremos lo mejor para ti?" pensó Jobal, escuchando a su hija, pero sin comprenderla.
—Porque me siento subestimada mamá. No creo que Palo realmente piense que pueda dedicarme a esto.
—Podrías probarle lo contrario una vez que estés trabajando en el ayuntamiento—sugirió Jobal, intentando sonar más comprensiva—Pero primero, debes ganar las elecciones, y él puede ayudarte con eso.
—No sé si su ayuda es lo que quiero.
—Deja tu orgullo de lado, no conseguirás nada de esa forma.
—Quizá, pero lo que consiga quiero que sea por mis propios medios.
Vio una determinación intensa en los ojos castaños de su hija, y comprendió que Padmé había tomado una decisión. Rezando a la Diosa para que fuera una buena elección, Jobal miró a su hija caminar a su alcoba, y sacar una maleta del ropero.
—¿Qué harás ahora?—suspiró con resignación, viendo a Padmé llenar la maleta con cambios de ropa, cuadernos y libros.
—Iré al Lago Varykino un par de días—repuso Padmé con enojo—Necesito pensar con más calma en qué quiero hacer, y no lo conseguiré en esta casa.
—¿Realmente piensas que huyendo de nosotros vas a conseguir tus respuestas, Padmé? El problema no es tu familia, solo queremos lo mejor para ti.
—Lo sé, y te lo agradezco mamá, pero entre lo que ustedes quieren y lo que yo quiero nunca hemos encontrado un punto medio—Padmé cerró la maleta y se la echó al hombro—Solo ocupo pensar un par de días, eso es todo.
Entre todas las cosas imprudentes que Padmé pudo haber pensado, esta era por mucho la más aceptable, Jobal intentó sonreírle a su hija, calmando su preocupación por verla tan agitada y molesta.
—Bien, el Lago siempre te ha calmado. Solo avísanos cuando llegues y cuando vengas de regreso, por favor.
—Claro mamá. Despídeme de papá por favor, te veo en unos días.
Jobal besó a su hija en la mejilla, rezándola a la Diosa para que la cuidara ¿de dónde había sacado su hija menor tanta terquedad? Nadie en la familia llegaba a esos extremos...quizá Ruwee, pero incluso en los momentos más idealistas de su marido él había tenido más sentido común. Padmé rodeó la fachada de la casa y entró a la cochera donde guardaban los aéreo-deslizadores, pero frunció al ceño al notar que todos habían sido ocupados ese día –ya fuera por Sola o por su padre– dejando solo la enorme nave familiar a su disposición.
La nave familiar era muy grande, tenía una cabina de comando amplia, espacio para hasta siete personas, un pequeño aposento en la parte posterior y hasta un kit de primeros auxilios. En realidad, era una nave para viajar al espacio, pero debido a los bloqueos ocurridos por la Crisis de la República, nadie había salido o entrado a Naboo en diez años. Padmé suspiró, no estaba acostumbrada a manejar este tipo de maquinaria tan compleja, así que debió tomarse su tiempo mientras calibraba la computadora y activaba el piloto automático, introduciendo las coordenadas correspondientes.
El País de los Lagos estaba a unas tres horas de distancia de Theed, y era una de las zonas más aisladas del planeta, ya que consistía en una serie de grandes montañas y bosques rodeados de lagos, ríos y cascadas. A las orillas de los lagos principales se encontraban muchas casas de descanso, los Naberrie tenían una muy bonita a las orillas del Lago Varykino, que era el lugar favorito de Padmé en todo Naboo. Ningún lugar podía igualar la belleza de una puesta de sol desde el pórtico de esa casa, viéndose el majestuoso lago, las verdes montañas y la cercana cascada proyectando colores del arco iris, con la fresca brisa llevándole aromas de flores y el canto de las aves.
Solo pensar en el Lago Varykino relajó a Padmé, ahí siempre encontraba calma para su mente y paz para su espíritu; estresada y confundida como se encontraba ahora, estaba convencida de que un par de días en los lagos le daría la claridad que necesitaba.
"Diosa, por favor, dame las respuestas que necesitó" rezó Padmé, antes de cerrar los ojos y quedarse dormida.
Lejos, en lo más recóndito del universo, su plegaria fue escuchada. Padmé Naberrie no tenía forma de saberlo, pero acababa de iniciar el viaje que le daría todas las respuestas que siempre había buscado desde que era una niña.
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Pooja Naberrie despertó con un extraño ruido de fondo confundiéndola, ni siquiera se había dado cuenta de que llevaba varias horas dormida, lo último que recordaba era entrar al garaje para buscar dónde esconderse de su hermana Ryoo, quien al parecer seguía sin encontrarla.
La niña se sentó en la pequeña cama del aposento, bostezando profundamente y mirando a su alrededor, todo se veía igual a como ella lo recordaba, excepto la luz al otro lado de la puerta. Pensando que su hermana seguía buscándola, Pooja decidió asomarse, comenzaba a tener hambre y no quería perderse la merienda de su abuela Jobal.
Al salir del aposento, Pooja notó que las paredes tenían diferentes luces encendidas, y que al fondo, alguien parecía estar en la cabina de mando. De repente asustada, la niña comenzó a llorar, pues la puerta de salida estaba bloqueada y no tenía idea de cómo abrirla.
Padmé comenzó a despertar, extrañándole escuchar un llanto infantil, pero cuando reconoció a su sobrina inmediatamente se irguió con espanto.
—¡Pooja!—preguntó, saliendo de la cabina y viendo a la llorosa niña frente a la puerta de acceso—¿Qué haces aquí?
—¡Tía Padmé!—la niña se arrojó a los brazos de su tía, hipando por el miedo y el alivio al mismo tiempo—¿qué pasó?
—Eso mismo quisiera saber—Padmé limpió las mejillas de su sobrina, besándole la frente para calmarla—¿Qué haces aquí? La nave no es un lugar para jugar.
—Estaba escondiéndome de Ryoo—explicó la niña, más tranquila—Y… y… creo que me quedé dormida.
Padmé miró a su sobrina con una mueca, era difícil enojarse con una niña pequeña que, genuinamente, no tenía la menor noción de haber hecho algo malo. Miró su reloj, habían pasado más de dos horas, seguro su familia debía estar buscando a Pooja.
—Ven, vamos a contactar a la abuela.
Pooja no soltaba a su tía en absoluto, así que Padmé debió cargarla con cuidado y sentarla sobre su regazo en la cabina, accediendo a la radio de la nave para llamar a la frecuencia de Jobal, su madre tardó un poco en responder, pero cuando lo hizo, detectó el pánico en su voz.
—¿Hija? ¿Todo bien? ¡Dime que todo está bien!—su madre sonaba al borde de la histeria.
—Si mamá, todo bien.—respondió con voz tranquila—Debes saber que Pooja estaba escondida en la nave, y apenas me di cuenta. Ambas nos quedamos dormidas.
—¿Pooja está contigo? ¡Gracias a la Diosa!—gritó Jobal—No la encontrábamos por ningún lado.
—¿Está Pooja ahí?—preguntó Ryoo—¿Cómo se escondió ahí? ¡Eso era trampa!
—Ahora no, Ryoo. Pásame a la abuela por favor.
—¿Vas a traerla de regreso, Padmé?
Meditó un momento la pregunta de su madre, ya era tarde, si Padmé regresaba a Theed no tendría tiempo para llegar al Lago Varykino antes de que oscureciera –y los lagos no era una zona a donde se debiera viajar de noche– y no quería escuchar los discursos de su padre o las insistencias de su madre. No tenía energía para eso, al menos, no ahora.
—No—respondió—Le llamaré a Sola para que venga por ella.
—¿Hasta el Lago?
—No mamá, me detendré ahora para que no se demore tanto, y le mandaré mis coordenadas.
—Está bien hija, avísame cualquier otra cosa.
—Si mamá—dijo, luego miró a su sobrina—Tú discúlpate, asustaste mucho a la abuela.
Repentinamente apenada, Pooja hizo un puchero.
—Perdón abuelita.
—Ya hablaré contigo después pequeña. Adiós Padmé.
—Adiós mamá.
Padmé contactó a su hermana y Sola accedió a buscarlas más tarde, pero eso significaba que debían esperarla al menos unas tres horas en lo que su hermana salía de trabajar y las alcanzaba. Padmé inmediatamente apagó el piloto automático y aterrizó la nave en la parte más llana que encontró, estaban justo en la entrada al País de los Lagos, cerca de los primeros ríos, y lo mejor era quedarse ahí antes de que se internaran más y la frecuencia comenzara a fallarles.
—Tenemos que esperar a tu madre—dijo Padmé con un suspiro—¿Tienes hambre?
Pooja asintió, y Padmé sacó de su mochila los aperitivos que había llevado para el viaje. Comieron en silencio, Pooja aún un poco avergonzada y Padmé pensando en cómo se las iba a arreglar para entretener a la niña tanto tiempo.
Al principio, tía y sobrina jugaron un par de juegos en la computadora y exploraron lo poco que podían de la nave, pero media hora después, y estando muy aburridas, decidieron salir y explorar el río más cercano, Padmé sabía que estaban a unos veinte minutos de una vereda, y ahí debería haber plantas o animales que pudieran observar para entretenerse un par de horas.
Apenas puso un pie fuera de la nave, Pooja corrió sobre el césped feliz, hacia donde su tía le indicó que estaba el río. Padmé siguió a su sobrina por las verdes praderas, cada vez más escarpadas conforme se acercaban al río, una hilera de árboles daba inicio al bosque, donde comenzaron a escuchar sonidos de aves distintivas de la zona y ver las hermosas flores azules que solo crecían ahí.
Pero cuando llegaron al río, no fue el magnífico sonido de la corriente ni la visión de las extensas aguas cristalinas lo que las impresionó, sino una enorme casona abandonada justo al lado del río. Oculta por las altísimas copas de robustos árboles, la casona estaba perfectamente sombreada y cubierta de maleza, con un par de techos destruidos por ramas de árboles que les habían caído encima. Había un camino de piedra conectando la orilla del río con la sobria entrada de la casona, y Pooja corrió hacia ahí con curiosidad.
—No te alejes mucho de mí—dijo Padmé a su sobrina, alcanzándola en un par de saltos.
Un enorme porche rodeaba la entrada de la casona, con un estilo clásico de Naboo, a pesar del deterioro, no parecía haber sido abandonada hace mucho tiempo, tenía muebles lujosos y decorados modernos, así como tecnología que se veía actualizada, incluso un hangar al fondo con dos naves de color negro y de diseño muy extraño.
—¿De quién habrá sido esta casa, tía?—preguntó Pooja, rodeando una de las naves negras con asombro.
—No lo sé, encanto.
Padmé pensaba que quizá perteneció a uno de los tantos políticos de Naboo que quedaron atrapados en Coruscant, sin poder regresar a casa debido a la Crisis, y su corazón se entristeció. No era una historia que quisiera contarle a Pooja.
—¡Mira tía, esta nave está abierta!
Padmé vio a su sobrina colarse dentro de la nave usando el mínimo espacio abierto de la puerta de acceso.
—¡Espera!
Nunca, en toda su vida, Padmé había agradecido ser una mujer tan pequeña –de baja estatura y complexión delgada– porque pudo usar ese mínimo espacio para entrar a la nave y seguir a su sobrina.
—Esto no es nuestro Pooja—reprendió a la niña—Salgamos de aquí, vamos al río.
—Pero…
—No es correcto, encanto. Vayamos al río y nademos un poco ¿sí?
Pooja suspiró, no estaba muy emocionada por esa idea, pero no quiso seguir discutiendo con su tía. No obstante, cuando pasaron por la parte central de la plataforma, un sensor las detectó y toda la nave se encendió.
—Esto no es bueno—murmuró Padmé, al ver cómo la puerta se cerraba de golpe.
—¿Tía?
Padmé vio la carita de preocupación en su sobrina, e hizo lo posible por calmarse. Fue hacia la cabina de comando, buscando acceso a la computadora principal, pero los controles solo le mostraban el piloto en automático, y la nave comenzó a moverse.
La pantalla tenía escrita solo dos oraciones: "Piloto Automático" y "Destino: Nave Executor"
—¡Maldición!—gritó Padmé, sin importarle que la niña la oyera. El tablero de comandos era mucho más sofisticado que ninguno que ella hubiera usado antes y no entendía cómo funcionaba.
—¡Tía, nos estamos yendo!
Padmé miró frente a ella, el cristal de la cabina indicándole cómo la nave se desplazaba hacia el cielo, hacia las nubes, cada vez más y más alto, en una cantidad absurda de tiempo llegaron a la atmósfera, y pudieron ver a Naboo como el pequeño planeta azul y verde que era.
Padmé no había dejado Naboo en toda su vida y no tenía la menor idea de cómo pilotear una nave en el espacio, así que optó por no apagar el piloto automático por lo pronto. Se sentó en la cabina con su sobrina sobre su regazo, intentando calmarla, viendo a Naboo cada vez más lejos y adentrándose al espacio profundo.
—Estaremos bien, Pooja, no te preocupes.—rezó Padmé.
¿Qué se supone que iba a hacer? No entendía los comandos de esta nave ni tampoco tenía su comunicador con ella, lo había dejado en la nave de su familia. Estaba con su sobrina a la deriva rezando que esa supuesta Nave Executor tuviera de tripulación a gente buena que pudiera ayudarla.
Conforme más se alejaban del planeta, Padmé pudo ver la hilera de naves de diversos tamaños, todas blancas, que formaban la Armada del Ejército de la República, las naves que tenían bloqueadas todas las rutas comerciales "Estamos alejándonos de Naboo, directo al bloqueo, y no tengo la más remota idea de cómo funciona esto".
Sintiendo la preocupación de su tía, Pooja abrazó a Padmé con fuerza y escondió su rostro en su pecho, mientras Padmé le rezaba a la Fuerza para que las protegieran. De repente, estuvieron frente a las enormes naves, y la cosa más extraña pasó.
Las dejaron pasar, como si tuvieran el permiso de cruzar el bloqueo.
Padmé abrazó a Pooja con más fuerza, el bloqueo iba quedándose atrás, así como Naboo y toda esperanza de regresar pronto a casa.
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En la Cabina de Mando del Destroyer III, el capitán miraba con asombro la nave que sus sistemas habían detectado: era la nave del Canciller Palpatine, con todos los códigos en orden.
—¿Qué hacemos, Comandante?—preguntó uno de los oficiales.
El Comandante, como toda la tripulación en el Destroyer III, era un clon. Habían sido entrenados desde su nacimiento para obedecer, y aunque una parte de él solo deseaba apagar los sistemas e irse a casa, la otra parte –ese maldito chip que controlaba la mitad de su cabeza– le repetía sin cesar que aún estaban en misión.
Tenían que cumplir las órdenes del Canciller a toda costa, habían pasado diez años desde que tuvieron la última noticia del Canciller, pero aún así, no podían desobedecerlo. Iba en contra de todo su programa.
—Déjenlo pasar—respondió el capitán—Es la nave del Canciller.
Los oficiales no ocultaron su asombro cuando el Comandante les confirmó sus sospechas, y vieron a través del cristal la nave negra desaparecer a la distancia, cada vez más rápido, hacia una ruta desconocida.
¿Finalmente, después de diez años, el Canciller había regresado? ¿Serian libres de esas malditas órdenes, de esos chips en sus cabezas que no les permitían ser humanos?
Confiaban en la Fuerza que sí.
Canción del capítulo: "La Bella" (o "Qué Lugar") de la película La Bella y la Bestia en su versión Español Latino.
Bueno, ya se acomodó mejor todo. El próximo capítulo veremos a Vader, ¿cómo esperan que se conozcan estos dos? muchas gracias por leer, ¡saludos y besos a todos!
