NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR.

¡Hola a todos! Uff, primero que nada ¡gracias por sus lindos comentarios, sus favoritos y alertas! me animan mucho. Este es un capítulo mucho más tranquilo, como el título indica aparecen nuestros droides favoritos y hay una pequeña introspección a Vader.

GRACIAS a AP, MichelleAloy e ichigo urahara Shihoin por sus lindos comentarios, a los que puedo les respondo por PM.

Sin más preámbulo, ¡disfruten!


Capítulo 4

C-3PO y R2-D2

Nadie se resigna a esta vida tan indigna

Del sirviente que no tiene a quién servir

Ah, los buenos días de nuestros triunfos

Ya se han ido y no hay porqué vivir

Padmé había perdido la moción del tiempo desde que Vader la había encerrado en esa alcoba. Cuando al fin pudo calmarse, miró a su alrededor, descubriendo que esta no era una simple habitación, era prácticamente un departamento.

La habitación principal, que era donde ella se encontraba, tenía una cama grande, un sillón en la esquina frente a una mesa y una central de computación. Al lado derecho estaba una puerta que conducía a un espacioso baño, con regadera, tina y un lavabo grande, que conectaba a un armario casi del tamaño de la recámara, lleno de repisas y cajones vacíos (a excepción de una capa y las sábanas de repuesto para la cama). Al lado izquierdo de la habitación principal, estaba una puerta que conducía a una gran sala, con un escritorio, tres repisas llenas de libros, un proyector de holovideos, sillones, una mesita y una ventana que le dejaba ver el inmenso espacio exterior.

Pero la belleza del espacio, la magnificencia de los muebles, el espacio tan amplio en estas habitaciones, los lujos que ella no había visto en ninguna casa regular de Naboo, nada de eso le importaba.

Estaba atrapada.

Se sentó en la cama llevando las rodillas hasta su pecho, y se abrazó a sí misma para calmarse, ocultando su rostro entre sus piernas. Ella había decidido esto, pero las abrumadoras consecuencias de lo que estaba viviendo comenzaban a caerle como baldes de agua fría en todo su sistema.

Era prisionera en un acorazado militar, en algún lugar del Borde Exterior, con una especie de ciborg cruel y despiadado al mando. Su único consuelo era pensar que Pooja conseguiría regresar a Naboo, si la nave que las había traído aquí pudo llegar sin problemas, en teoría, esa misma nave debería regresar a Naboo sin contratiempos. Y rezaba a la Fuerza que así fuera.

No supo cuánto tiempo había pasado, calmarse había sido difícil, considerando que en cuestión de horas toda su vida había cambiado, ¿cómo demonios termino metida en este problema? Ella solo quería ir a Varykino para pensar la mejor manera de comenzar su carrera política y ahora… ahora nunca volvería a ver a su familia.

Esa realidad rompió aún más su corazón. No volvería a ver a su padre, reírse de sus bromas y escuchar sus consejos, no volvería a desesperarle las presiones de su madre para casarse ni a probar su deliciosa comida, no jugaría más con sus sobrinas ni las vería crecer para convertirse en mujeres valiosas, ni envejecería con su hermana viendo los atardeceres tan magníficos en Naboo.

Toda su vida se había ido.

Padmé no recordaba algún momento en su vida que sintiera tanto pesar en su corazón, tanto dolor en su mente, tantas lágrimas en sus mejillas. Visualizaba a su familia, a lo preocupados que estarían, el dolor de sus padres y la posible culpa que cargarían sus sobrinas, y con cada nueva imagen su corazón se rompía un poco más. Al menos estaban a salvo, y con el tiempo ellos se recuperarían, lo sabía.

Claro que su familia la amaba, pero puestos en una balanza, ¿qué sería más trágico? ¿la desaparición de una niña de cuatro años, que apenas comenzaba a vivir, o la de una mujer que disfrutó de su familia y tuvo una vida encantadora hasta momentos antes de desvanecerse? A sus padres les quedaría el consuelo de que Padmé fue feliz, si bien no se realizó profesionalmente, no hubo nada en su vida que la hiciera miserable.

Nada hasta ahora, echa un ovillo en una cama extraña, intentando asimilar la nueva realidad de su vida. Padmé había tomado una decisión, y no iba a acobardarse a estas alturas; no se arrepentía de sacrificar su vida entera para que Pooja consiguiera su libertad, porque en última instancia, su consciencia estaba tranquila. Ella no había hecho nada malo, el monstruo era otro.

La Crisis de la República llevaba diez años aislando a todos los sistemas conocidos, podía entender la sospecha del Comandante de esta nave sobre su misteriosa habilidad para pasar los bloqueos, lo que no podía entender era cómo, ¿cómo diantres esa criatura consideró en realidad matar a una mujer y a una niña, a todas luces inocentes? Ni siquiera se tomó la molestia de investigar, perfectamente pudo acudir a la nave, ver los videos o revisar la bitácora para asegurarse que ellas no robaron nada.

Ciertamente Pooja no debió colarse en la nave, pero vamos ¿no había visto a un niño en toda la vida ese ciborg? Así eran los niños, curiosos por naturaleza y no siempre escuchaban. Padmé no tuvo tiempo de sacarlas de la nave cuando los sistemas se encendieron, ni tampoco pudo acceder a la computadora para pilotear la nave y evitar este espantoso viaje. Un interrogatorio más decente hubiera aclarado todas las dudas, pero no, el dichoso Vader asumió lo peor de ellas, la llamó una ladrona, y no le importó dejar a una niña de cuatro sola en una nave con dirección a Naboo.

Vader… ese nombre le era familiar, Padmé lo había escuchado o leído en algún lugar, pero no sabía en dónde. Intentó repasar lo que sabía de él. Su voz sonaba mecánica, como la de un droide, pero el ruido de su respirador indicaba que al menos tenía pulmones, muy probablemente era un ciborg. Además, era sensible a la Fuerza; Padmé había leído pocas cosas sobre la Fuerza, todas relacionadas a las habilidades especiales que los caballeros Jedi poseían, habilidades que no los salvaron de la aniquilación diez años atrás, pero bueno, ese era tema para otro día. Vader tenía que ser parte humano si conseguía usar la Fuerza, o al menos eso indicaba la teoría. Padmé sabía muy bien que la teoría y la práctica no siempre coincidían.

Era alto, su máscara se veía monstruosa, y era cruel. No dudó en intimidarlas, no se inmutó por el desgarrador llanto de una niña, ni tampoco pareció considerarlo mucho cuando las separó. Padmé no estaba segura de porqué Vader había accedido a su acuerdo, pero tampoco pensaba tentar su suerte, su sobrina estaba segura y eso era lo único que importaba por ahora. Ella… ella soportaría lo demás.

Con un suspiro, Padmé comprendió que ese tal Vader era lo único parecido a una persona con lo cual tendría contacto por el resto de sus vidas, y eso la hizo llorar otra vez, ¿qué era peor, estar sola en esta enorme nave o tener que vivir con Vader por el resto de su vida? Vivir con Vader, desde luego.

Su vida sería un infierno de ahora en adelante, y por más que intentaba afrontarlo, esa noche Padmé Naberrie no consiguió dejar de llorar.

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Darth Vader, Señor de los Sith, regresó a sus propios aposentos al otro lado del Executor, tenía un remolino de pensamientos en su cabeza y ocupaba una buena dosis de meditación antes de continuar con sus planes.

Entró al recinto de meditación, el único lugar en toda la galaxia donde podía quitarse su máscara, y activó los sistemas. A veces, en sus días más oscuros –como hoy– pensaba que este recinto no era muy diferente de su máscara: seguía siendo una prisión, solo que de cuerpo completo en vez de su rostro.

Seguía contrariado por su decisión. Hubiera sido más sencillo matar a la mujer y a la niña, no sería la primera muerte que cargaría en su consciencia y nadie jamás se habría enterado de eso. Pero la forma en que esa mujer lo enfrentó lo había impresionado. Hace mucho tiempo que Vader estaba acostumbrado a que lo obedecieran sin resistencia, los pocos hombres que trabajaron con él aprendieron muy rápido que Vader no perdonaba ningún error y menos aún la insubordinación.

Solamente su maestro podía hablarle como quisiera, pero Palpatine era demasiado inteligente como para insultar a Vader de forma directa, siempre optando por manipulaciones discretas y humillaciones disfrazadas de halagos. Nunca había visto a nadie mirarlo como esa mujer, ella estaba aterrada, podía sentir su miedo a través de la Fuerza con perfecta claridad, pero ese miedo no le impidió enfrentarlo, negociar con él, incluso retarlo.

Mentiría si decía que no le había recordado a otra mujer, muerta tanto tiempo atrás, dando su vida para proteger a su hijo.

"Olvídalo" dijo esa voz oscura en su mente "No vale la pena, te hace débil"

, era una debilidad, pero cada vez le importaba menos, ¿a dónde lo había llevado la Fuerza de los Sith? Estaba en el Borde Exterior, a la deriva en una galaxia que lo despreciaba con un fervor insano. No tenía nada. Y a la vez, tenía a toda la galaxia en la palma de su mano.

"Toma lo que te corresponde" decía esa voz en su mente "Todo esto es tuyo, reclámalo"

Pero ¿cuál sería el costo de reclamarlo? Esto fue la consecuencia de años de manipulaciones por parte de Palpatine, no de Vader. A él jamás le había interesado el poder político, por más lecciones aburridas de su maestro. Pero era un Lord Sith, a pesar de todo, y en algún momento tendría que afrontarlo.

Un Lord Sith que, contra todo ideal del Lado Oscuro, había perdonado la vida de dos intrusas y posibles ladronas.

El Lado Oscuro se quejó dentro de él, y a pesar de abarcar casi la totalidad de su ser, en lo más recóndito de su alma, un destello de luz cantó con alegría, regocijándose de que Vader las hubiera perdonado, presionando para que esos complejos sentimientos que esta acción habían despertado en él se profundizaran. Y por un instante, Vader intentó hacerle caso, quiso seguir ese agradable canto en su interior, pero al hacerlo, el Lado Oscuro rugió con una voz potente.

"¿No recuerdas la última vez que acudiste a la luz?" le reclamó la voz "Porque yo sí…"

El Lado Oscuro volvió a mostrarle los horrores de ese maldito día. El día en que Vader intentó hacer lo correcto, cuando siguió los llamados de la Luz hasta encontrarse con un Jedi, y el dolor… el horrible dolor del cuerpo consumido por el fuego.

La Luz lo había guiado a eso, la Luz lo había condenado a estar atrapado en esa máscara horrible por el resto de su vida, a ser más máquina que hombre, a sentir el frío del universo como único consuelo contra el calor de la ira que seguía creciendo en su pecho cada vez que recordaba la injusticia de su vida.

Con esa ira renovada, Vader sintió su sable láser en sus manos y la urgencia de matar. Podía entrar en la alcoba de esa mujer y arrebatarle la vida sin que ella tuviera tiempo de reaccionar, ver su sangre en sus manos y sentir cómo eso apagaba un poco el dolor que cargaba todo el tiempo consigo mismo.

Pero la Luz volvió a cantar dentro de él, y era una melodía tan hermosa, que Vader no tenía la fuerza de resistirse a ese canto.

Quizá era porque esa mujer le recordaba a aquella que murió frente a él tanto tiempo atrás, la única criatura en el universo que intentó protegerlo.

Quizá era porque después de diez años de aislamiento extrañaba tener a otra criatura viva alrededor.

Quizá era porque esa mujer podía estar involucrada con rebeldes que llevaban años buscándolo y convenía tenerla cerca.

Quizá era porque esos ojos marrones, que lo vieron con miedo y rabia, también tenían gran determinación.

Fuera la razón que fuera, esa mujer había despertado una curiosidad que Vader no había sentido en mucho tiempo, y no quería matarla. Al menos no aún. Cedería a este destello de Luz en su alma, consciente de que no podía confiar en él totalmente, y vigilaría a la mujer. Lo peor que podía pasar era que debiera matarla en algún momento, cuando ya no le fuera útil.

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Padmé se había quedado dormida en la cama, pero despertó cuando la puerta se abrió de golpe. A través de sus somnolientos ojos pudo ver a un droide totalmente dorado entrar a la alcoba, a su lado, iba un astro-droide de color azul.

—Buenas noches, señorita. Me llamo C-3PO, me especializo en relaciones ciber-humanas, y este de aquí es mi compañero R2-D2—señaló al droide azul—Hemos venido por indicaciones del Amo Vader para hacer su estancia más confortable.

Miró a los droides, por un momento pensó que estaba soñando. Su espasmo le impidió contestar, así que 3PO retomó la conversación.

—¿Con qué nombre puedo dirigirme a usted, señorita?—preguntó el droide.

—Oh… Padmé—respondió, su voz débil después del llanto—Padmé Naberrie.

—Un placer conocerla, señorita Naberrie. Si hace el favor de acompañarnos, R2 y yo le indicaremos dónde está su comedor—mencionó con exquisita cortesía.

—¿Tengo un comedor?—preguntó con incredulidad.

—Es el comedor más cercano a su habitación, señorita Naberrie, y en donde se le estarán sirviendo los alimentos del día.

Mm, bueno.

"¿Qué más puedo perder?" pensó Padmé, parándose de la cama y siguiendo a los dos droides.

Los corredores alrededor de su alcoba no estaban tan oscuros como los que recorrió cerca del hangar, así que pudo ver con más detalle las características de la nave. El acorazado debía tener al menos diez años, considerando que la construcción de naves de guerra se había suspendido cuando empezó la Crisis de la República, pero todo se veía moderno y actualizado, casi nuevo.

Ni bien caminaron cinco minutos por el pasillo cuando R2 abrió una puerta del lado izquierdo, que daba acceso a un gran comedor pensado para tropas; las hileras de mesas sencillas se extendían hasta el fondo, donde estaban colocadas varias barras que, de haber tripulación, estarían llenas de raciones y charolas metálicas.

Padmé se sentó en la mesa más cercana a la puerta, no tenía nada de hambre, pero sentía curiosidad por estos droides que la trataban con tanta amabilidad, nada parecido a los droides de batalla que la habían custodiado un par de horas atrás. En la pared derecha había un replicador de comida, donde R2 recogió una bandeja y la llevó frente a ella.

—Gracias, R2—dijo Padmé, sin ver realmente la comida—Eres muy amable.

El astro-droide emitió unos ruidos en binario que no pudo entender, pero supuso que sería una respuesta genérica.

—Ustedes… ¿ustedes me custodiarán, C-3PO?—preguntó Padmé, encogida en su asiento.

—No, señorita Naberrie. R2 y yo tenemos órdenes de atenderla y asegurar que siga las reglas de la nave.

"Esa es una forma elegante de describir a un custodio" pensó Padmé, pero el droide había sido amable con ella hasta ahora y no quería desquitarse con él por su desdicha.

—Debería comer, señorita Naberrie—agregó 3PO señalando la bandeja—Los humanos suelen sufrir desórdenes complejos en su salud cuando no se alimentan bien.

—La verdad es que no tengo mucho apetito—Padmé suspiró, alejando la bandeja con una mano.

—¿Se siente mal, señorita Naberrie? ¿Desea algo en especial?

—Una taza de té sería espléndido—confesó con un susurro, recordando que el té de su madre siempre la calmaba—Y puedes llamarme Padmé, señorita Naberrie me suena bastante formal.

—Entendido. Ya oíste a la señorita Padmé, R2.

El astro-droide emitió unos pitidos, haciendo que 3PO diera un pequeño salto de indignación.

—Esas son tus asignaciones, no la mías—respondió C-3PO—No he podido hablar con ningún ser humano en años, creí que entenderías mi entusiasmo por platicar con la señorita Padmé.

R2-D2 respondió algo más, pero se fue hacia el replicador y lo programó para que le diera una taza de té.

—Si me enseñas a usar el replicador, yo podría hacer esto—dijo Padmé—No quisiera molestarlos tanto.

—Con todo respeto, señorita Padmé, no es ninguna molestia atenderla. Soy un droide de protocolo y llevo en esta nave diez años sin nadie a quien atender, tenerla aquí es un verdadero placer.

Padmé se sintió conmovida por este droide, que tenía una personalidad mucho más extrovertida que ningún otro droide de protocolo que ella hubiera visto en el Palacio de Naboo. Esta corta pero agradable interacción con los droides había sido lo único bueno en su pesado día, y cuando R2 regresó con su taza de té caliente, Padmé sintió su mente renovarse.

Podía seguir lamentándose por todo lo que había pasado, lo mucho que había perdido, o podía ver el lado bueno en todo esto, ¿cuál era el lado bueno? No tenía idea, pero si no lo buscaba nunca iba a encontrarlo.

La bebida caliente pareció ser justo lo que su cuerpo necesitaba, Padmé respiró profundo, dejándose llevar por la agradable sensación que el té iba despertando en su cuerpo. Nunca había sido una mujer que se rindiera fácilmente, y esta situación no sería la excepción.

—Dentro de mis obligaciones, están escoltarla para que conozca las partes libres de la nave—dijo 3PO mientras ella lo observaba curiosa—Ahora mismo estamos en el Sector 4, y todo este piso es de libre acceso para usted. Incluye este comedor, sus aposentos, unas cuantas salas de estancia y dos baños.

—Entonces… ¿puedo moverme libremente en todo este piso?

—Así es, señorita Padmé. R2 y yo estaremos casi todo el tiempo aquí por si usted necesita algo.

R2 emitió otros pitidos, y Padmé se sintió terrible por no poder entenderlo.

—Ah, cierto. Hemos encargado a los droides de mantenimiento que le confeccionen unos cambios de ropa, suponemos que así estará más cómoda, no tiene un problema con eso ¿verdad? R2 piensa que sí.

—¿Por qué tendría un problema con eso?—preguntó mientras giraba su cabeza para ver mejor al astro-droide.

—R2 insiste en que usted debería mandar diseños de su gusto a los droides de confección—repuso 3PO—Pero yo sé que, de ser así, usted misma lo hubiera solicitado, ¿no es verdad?

R2 volvió a hablar, y 3PO respondió más indignado. Padmé rio por esta extraña conversación entre los droides, jamás había visto algo así en su vida.

—Está bien 3PO, lo que me hayas encargado de ropa estará bien—respondió sonriendo—Pero en el futuro me agradaría mucho poder mandar mis diseños a los droides de confección, si eso no es inconveniente.

—Ciertamente no lo será, señorita Padmé.

Esta vez, cuando R2 habló, aunque Padmé no podía entenderlo asumió que fue una expresión de triunfo, considerando la graciosa forma en que se meneó.

—Bueno, volvamos a lo importante—3PO ignoró a R2 deliberadamente—Todo este piso está asignado a usted, y el amo Vader dejó instrucciones de que puede desplazarse por los Sectores cuatro y tres sin inconvenientes, pero de preferencia con nuestra compañía para evitar que se pierda.

"O que intente escapar" pensó Padmé, cuya curiosidad comenzaba a ganarle a su desosiego.

—¿Cuántos sectores tiene esta nave, 3PO?—preguntó.

—Tiene 6, señorita.

—¿Y qué hay en los demás? ¿Por qué no puedo ir a esos sectores?

3PO pareció ponerse nervioso, mirando de reojo a R2 y esperando que el astro-droide emitiera unos ruidos agudos antes de responder.

—Bueno, los Sectores uno y dos son los cuartos de máquinas y sistemas, no hay nada que ver ahí. El Sector 5 es el hangar, y el Sector 6 son los cuartos privados del amo Vader—dijo con voz apresurada.

—¿Él se queda encerrado ahí todo el tiempo?—preguntó Padmé, esperando una respuesta afirmativa.

—La mayor parte del tiempo, sí—dijo 3PO.

Padmé asintió, haciendo nota mental de todo. No sabía cuánto tiempo estaría encerrada en esta nave, y le había quedado claro que Vader era el amo y señor de todo cuanto acontecía aquí. Indudablemente volvería a verlo, pero por ahora, emocionalmente desgastada y físicamente exhausta, lo único que deseaba era un momento de paz.

—Si no te molesta 3PO, creo que me iré a dormir—murmuró, tomándose el último sorbo de su té—Me siento muy cansada.

—Claro señorita Padmé, la escoltaré con mucho gusto.

—Gracias.

Ambos droides la acompañaron hasta la puerta de su alcoba, y se despidieron de ella en el corredor. Padmé se sintió mucho mejor cuando vio que la puerta no tenía código al cerrarse, ahora podía entrar y salir libremente. Aún se sentía muy confundida, el único encuentro que había tenido con Lord Vader no indicaba que él fuera una persona amable, y sin embargo, le había cedido una alcoba, dos droides y un piso completo para que se moviera con libertad. Pudo perfectamente encerrarla en una celda el resto de su vida y nadie lo habría sabido.

"Pero a pesar de estas comodidades, esto no deja de ser una prisión" se dijo mentalmente, recostándose en la cama con movimientos cuidadosos "Una amplia, solitaria y aislada prisión".

Incapaz de seguir pensando eso, Padmé dejó que el cansancio se manifestara y volvió a quedarse dormida en poco tiempo.


Canción del capítulo: "Nuestro huésped sea usted" de la película La Bella y la Bestia en su versión Español Latino.

¡Es todo por ahora! Estoy consciente que una nave tan colosal como el Executor puede tener muchos más sectores, pero para simplificarlo solo puse 6, pongan una imagen de la nave en google, divídanla en 6, y listo, es más fácil así para esta historia.

¿Y bien? ¿Les ha gustado? Ya pudimos ver un poco más del conflicto interno de Vader, y el diálogo entre la luz y la oscuridad que aún hay dentro de él. Padmé ha comenzado a mostrar destellos de su resiliencia, y la compañía de 3PO y R2 ayudará mucho en eso.

En el próximo capítulo regresaremos a Naboo, porque hay personajes importantes ahí también. Muchísimas gracias por leer y seguir apoyando esta historia ¡saludos y abrazos a todos!