NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO
¡Hola a todos! ¿cómo les va? este capítulo originalmente iba a subirlo hasta mañana, pero decidí revisarlo de una vez y mimarlos un poco, ahora volveremos a Naboo y veremos que las cosas no se quedarán estáticas en ese planeta, los Naberrie son testarudos (después de todo, Padmé tuvo que heredarlo de algún lado)
GRACIAS a ichigo urahara Shihoin, Michelle Aloy y AP por sus comentarios (a los que puedo les respondo por PM)
AP: A mí también me agradan mucho los droides, aunque a veces se me complica escribir sobre ellos.
¡Disfruten!
Capítulo 5
Las Noticias en Naboo
Los minutos se hacen horas, los días años y se esfuman
Pero cuando todo lo demás ha sido olvidado
Nuestra canción seguirá existiendo
Sola Naberrie estaba al borde de un colapso. Salió del trabajo y condujo el speeder hacia las coordenadas que Padmé le había indicado, pero cuando llegó, aunque ahí estaba la nave familiar, no había ningún rastro de Padmé o de Pooja.
La nave estaba en perfecto estado, sin ninguna señal de haber sido atacada, de hecho, aún estaban adentro las maletas de su hermana y monedero. Pensando que podrían estar explorando los alrededores, dio una vuelta por los senderos y llegó hasta el río, no las encontró. Llamó al comunicador de Padmé, pero se había quedado en la nave. No tenía forma de contactarla.
Antes de entrar en pánico, Sola se quedó en la nave casi una hora por si ellas aparecían desde los bosques, habiendo recorrido un sendero que Sola desconociera. Pero no fue así, y cuando comenzó a oscurecer, se hizo obvio que algo malo había pasado. Padmé jamás se quedaría hasta noche en los bosques con Pooja bajo su cuidado.
Llamó desesperada a su esposo, Darren intentó calmarla con poco éxito. Jobal llamó a las autoridades, pero necesitaban esperar varias horas más antes de poder declararlas desaparecidas formalmente. Darren y Ruwee condujeron en sus speeders hacia el País de los Lagos, mientras Jobal cuidaba a Ryoo y reunía la mayor cantidad de información posible para los policías si llegaban a ocuparlo.
Toda la noche se les fue buscando a Padmé y Pooja, revisaron en los mapas las veredas oficiales y no oficiales alrededor de la zona, incluso encontraron una casona abandonada, pero no había forma de saber qué había pasado. La bitácora de la nave indicaba que Padmé aterrizó tranquilamente, y que ella y Pooja habían salido sin ningún percance.
¿Y si habían sido atacadas por ladrones en los bosques? ¿Y si algún animal salvaje descendió de las montañas y las encontró en su camino? ¿Y si ellas decidieron nadar en el río y la corriente había sido muy fuerte? ningún escenario era mejor que el otro, y Sola Naberrie solo pensaba en los horrores que pudieran estar viviendo su hijita y su hermana, incapaz de aceptar la posibilidad de que estuvieran muertas.
Conforme iban quedándose sin opciones, Darren encontró menos palabras de consuelo para su esposa. Pensaba en su hija y su corazón se estrujaba, ¿dónde estaba su pequeña? Ruwee Naberrie parecía tener energía por todos, nada conseguía pararlo mientras caminaba con sus linternas y buscaba bajo cada roca, su hija y nieta tenían que estar en alguna parte.
Cuando comenzó a amanecer, Sola cayó sobre sus rodillas y se puso a llorar, en su mente se empezaba a asimilar la idea de que Pooja y Padmé podrían nunca volver. Darren abrazaba a su esposa, sin decir nada porque no tenía palabras, y Ruwee miraba el escenario frente a él con asombro, su comunicador sonó y caminó unos pasos lejos de la pareja para responder.
—Aquí Ruwee—dijo apresurado.
—¿Alguna novedad?—sonó la angustiada voz de su esposa, que tampoco había dormido en toda la noche.
—No, ninguna.
—Llamaré a la policía, ya se cumplió el plazo.
—Muy bien.
Jobal colgó, en sus manos estaba una carpeta con toda la información de Padmé y de Pooja que los oficiales pudieran necesitar. No había descansado ningún momento desde la tarde anterior, cuando supo que Pooja se había colado en la nave de Padmé, ¿hubiera podido impedir todo este dolor e incertidumbre si hubiera sido más atenta?
"No vale la pena pensar en eso" se dijo a sí misma, mientras contactaba a las autoridades.
Ruwee decidió dejar a solas a su hija y yerno, sabiendo que lo ocupaba, y volvió a la nave familiar. Buscó en la computadora cualquier indicio que Padmé pudo haberles dejado, pero no halló nada, todo estaba en orden. Reclinado en el asiento, Ruwee vio a Sola entrar a la nave con Darren, sus rostros eran un rictus de dolor.
—¿Hablaste con mamá?—preguntó Sola.
—Sí, ya se cumplió el plazo estipulado por la policía para comenzar una búsqueda.
—Muy bien—Sola se cruzó de brazos, y Darren la abrazó por los hombros.
—Quizá se las llevó una corriente del río—sugirió Darren—Y consiguieron salir varios kilómetros al norte, muy lejos de los senderos.
—¿Deberíamos revisar el cauce del río?—inquirió Sola.
—No tenemos nada que perder, amor.
—Bien, hagamos eso—Ruwee prendió los motores de la nave y cerró la rampa—El río tiene su corriente hacia el norte, siguiendo ese…
No pudo continuar hablando, por que en ese instante el comunicador de la nave recibió una transmisión desde el espacio. Todos los Naberrie se miraron entre sí con susto y sorpresa, nadie salía o entraba a Naboo desde hace diez años ¡ni siquiera había una flota permanente en la atmósfera por eso mismo! ¿quién podría contactarlos, y específicamente a la frecuencia de esta nave?
Sola abrió el canal de transmisión y de inmediato apareció frente a ellos un holograma del rostro de Padmé, se veía preocupada, pero a salvo.
—Papa, mamá, Sola, Darren… no sé quién vea esto, pero escúchenme con atención. Pooja y yo estábamos caminando por un sendero y descubrimos una casona abandonada a unos 700 metros al noreste de donde dejamos la nave. En el hangar de esa casona había dos naves negras, y Pooja consiguió entrar en una de ellas; lo hizo inocentemente, solo quería explorar, pero cuando entré a la nave para sacarla los sensores se activaron y el piloto automático nos sacó de Naboo. Ahora estamos en el espacio profundo, no tengo acceso a los controles de la nave y no sé a dónde nos dirigimos, tampoco sé si les llegará esta transmisión, considerando que estoy bastante lejos de Naboo. Pero sepan que estamos bien, el bloqueo no atacó la nave y si todo sale bien el piloto automático se desactivará en un par de horas y conseguiré volver. Los amo y discúlpenme por asustarlos tanto.
—¿El espacio profundo?—repitió Sola con pánico—¿Cómo demonios llegaron tan lejos? ¡El bloqueo está a solo veinte minutos estándar de Naboo!
—Dijo que el bloqueo no las atacó—dijo Ruwee, demasiado aliviado por ver el rostro de su hija como para asustarse aún.
—Mencionó una casona—dijo Darren, intentando no perder la cabeza—¿Será la misma que nosotros encontramos ayer?
—Tenemos que revisarlo. Darren, tú y Sola vayan a esa casona—les dijo Ruwee—Yo mandaré este mensaje a tu madre para que se los muestre a las autoridades.
—Sí papá.
Sola y Darren salieron casi corriendo de la nave hasta la casona, tal y como Padmé había dicho, estaba al noreste, al lado del cauce del río. Revisaron el hangar, solo había una nave negra, por lo cual era cierto que Padmé y Pooja quedaron atrapadas en la otra nave. Intentaron acceder a esa nave, pero la computadora tenía códigos encriptados muy complejos y no consiguieron hackearlo.
—Entremos a la casona—dijo Darren—Quizá encontremos ahí una pista.
Ambos buscaron las puertas de la casona, también cerradas con sistemas de seguridad, pero vieron el techo caído gracias a un tronco y, sin pensarlo dos veces, comenzaron a escalar.
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Palo Andalerrie caminaba muy temprano en la mañana hacia las calles principales de Theed, se aseguró de pasar por la casa de Padmé –nunca perdía oportunidad de escoltarla por las mañanas– pero ese día no vio a Padmé salir de su casa, sino a Jobal acompañada de dos policías y dándole la mano a una de sus nietas.
—Buenos días, señora Naberrie—saludó Palo, apresurándose para alcanzarlos—¿Ha pasado algo malo?
El rostro de Jobal se veía cansado y ojeroso, a su lado, Ryoo parecía haber llorado horas seguidas.
—Son Padmé, y Pooja… están perdidas en algún lugar del espacio—dijo con un hilo de voz, imaginarse a su hija y nieta perdidas en medio del espacio era demasiado doloroso.
—¡¿Qué?!—gritó Palo con asombro—¿El espacio? ¿Y cómo es eso posible?
—No estoy segura, pero parece que una nave se las llevó o algo así, no entendí bien… —en su condición de estrés, apenas conseguía mantenerse en pie.
—¿Es usted familiar o amigo de la familia?—preguntó uno de los policías.
—Sí, señor—Palo intentó sonar confiado—Soy Delegado del Palacio, díganme ¿hay algo en lo que los pueda ayudar?
Los dos policías se miraron entre sí, el simple hecho de que una persona hubiera salido de Naboo acarreaba muchos problemas, necesitaban desesperadamente personas con contactos si querían tener opciones.
—Acompáñenos y lo averiguaremos—dijo el policía, deseando que Palo pudiera conseguirles al menos un par de radares de alto rango.
—Todo estará bien—dijo Palo a Jobal, abrazándola por los hombros—Padmé es inteligente, sé que encontrará una forma de estar bien.
Aunque su voz sonaba confiada, en el fondo Palo no estaba muy seguro. Ninguna nave conseguía alejarse mucho de Naboo sin ser derribada por el bloqueo, y seguro que Padmé ya estaba muerta a estas alturas. Pero si había una posibilidad de que ella siguiera viva, él se aferraría a ella. Después de todo, Padmé era suya, y si alguien tenía que encontrarla era él.
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En la comisaría, los oficiales fueron muy sinceros con Palo: tenían pocas posibilidades de recuperar a Padmé y Pooja con vida. Volvieron a ver el mensaje que Padmé transmitió desde la nave, pero los policías no tenían la tecnología para saber desde dónde se había transmitido ese mensaje. Padmé pudo haberlo grabado desde la atmósfera de Naboo, lejos del bloqueo, y ser derribada poco después. Necesitaban radares y satélites más potentes.
Palo llegó al Palacio donde inmediatamente llamó al capitán de la casi retirada armada y ordenó monitorear la atmósfera del planeta, sin embargo, siendo Delegado esa autorización requería una aprobación mayor. Usó todas sus influencias para al final conseguir que los sensores de Naboo fueran encendidos por primera vez en casi diez años, y cuando eso sucedió, detectaron una pequeña nave de máxima seguridad acercándose al planeta.
El Palacio era un caos, no solamente dos ciudadanas habían conseguido salir del planeta por alguna misteriosa razón, sino que los radares no dejaban lugar a dudas: había una nave entrando en el sistema y había traspasado el bloqueo.
¡Había traspasado el bloqueo!
El Capitán Typho y Palo subieron a sus respectivas naves para seguir la ruta del cuerpo extraño, que se dirigía hacia el País de los Lagos; la nave negra y elegante aterrizó en el hangar de la casona donde los Naberrie llevaban todo el día investigando.
Sola y Darren habían conseguido entrar a la casona, pero no encontraban pistas para saber a quién le perteneció. Los muebles, pinturas y esculturas tenían un gusto exquisito, y la arquitectura era la típica de Naboo; pero todos los sistemas y computadoras estaban bloqueados, y llevaban horas intentando hackearlos sin éxito.
Cuando la nave negra aterrizó en el hangar, Sola y Darren salieron de la casa ayudados por Ruwee –seguían sin conseguir abrir las puertas y debieron escalar por el techo otra vez– ni bien pasaron cinco minutos cuando siete naves del Palacio aterrizaron alrededor de la casona, con oficiales armados apuntando hacia el hangar.
—¡No! ¡Esperen!—gritaba Sola, saltando por la fachada para llegar al hangar—¡Mi hija y mi hermana están ahí adentro!
—Eso es solo por seguridad, señora—respondió un oficial, si bajar el arma de sus manos.
—¿Seguridad? ¡Son una mujer y una niña! ¿qué hay de peligroso en ellas?—Sola no había dormido, estaba exhausta mental y emocionalmente, al borde de un colapso.
—Sola, tranquila, están al corriente de todo—le explicó Palo, saliendo de su nave con un pequeño bláster en su mano.
Al verlo, la expresión recelosa de Sola se relajó un poco, pero aún tenía el ceño fruncido, intercalando miradas entre los oficiales y la nave negra que acababa de aterrizar.
—¿Conseguiste ayuda, Palo?—preguntó, si bajar la guardia.
—Desde luego.
Sola se mordió los labios, a diferencia de Jobal, a ella nunca le había agradado mucho Palo; no lo consideraba un mal sujeto, pero tampoco creía que fuera tan bueno como se hacía ver. Sin embargo, estaba exhausta y preocupada, cualquier ayuda que le ofrecieran en ese momento la aceptaría sin vacilar.
—Hagan un escaneo de la nave—ordenó el capitán Typho, haciendo que unos oficiales inmediatamente encendieran sus radares.
—Solo hay una persona adentro, capitán—respondió el oficial.
Sola, Darren y Ruwee se miraron entre sí con pánico.
—¿Solo una?
—¿Qué?
—¿Está seguro?—preguntó Palo con el ceño fruncido.
—Sí señor.
—Había dos mujeres en esa nave—insistió Palo hacia el capitán—¡Eran Padmé y Pooja Naberrie, vimos el video!
El capitán Typho no lo pensó dos veces y se acercó a la nave negra, con cuidado buscó los controles, que se abrieron bajo el sencillo comando de "abrir". La rampa emergió y el capitán, acompañado de dos oficiales, entraron a la nave. Emergieron poco después con una dormida Pooja en sus brazos, y Sola corrió hacia su niña abrazándola con tanta fuerza que, en otras circunstancias, Pooja se hubiera quejado.
—¿Está bien?—preguntó ansiosa.
—Está respirando—afirmó Darren, inclinándose hacia su hija para acariciarle el rostro.
—Pooja, mi amor, despierta…
—Cariño…
Ambos padres menearon despacio a la niña, después, con un poco más de fuerza, pero Pooja seguía sin reaccionar. Darren y Sola se miraron con angustia, apenas habían conseguido un poco de alivio cuando la preocupación regresó con más fuerza en sus mentes.
—¡Mi niña no despierta!—gritó Sola—Ocupamos un médico.
—Oficial, lleve a la familia a la facilidad médica de Theed—ordenó el capitán Typho—Asegúrense de la que niña reciba la mejor atención posible.
—Sí, capitán.
El oficial les hizo señas a Darren y Sola para que lo siguieran a su nave, pero antes de subir, Sola volteó para ver a su padre, con otro pensamiento inquietante en su cabeza.
—¿Dónde está Padmé?—preguntó desesperada, abrazando a Pooja con más fuerza.
—No había nadie más en la nave—respondió el capitán Typho—Solo la niña, acostada en la cabina.
—¡Eso no es posible!
—Señora…
—Sola, tú y Darren llévense a Pooja—interrumpió Ruwee con voz autoritaria—Yo me quedaré a hacerme cargo de lo demás ¿entendido?
Darren abrazó a su esposa y la empujó suavemente hacia la nave antes de que pudiera decir otra cosa, habían pasado las peores horas de su vida y no estaban en condiciones de tomar buenas decisiones, al menos no ahora.
Ruwee miró a su hija mayor subir con su familia a la nave del oficial, y después cómo ésta empezó su trayectoria hacia Theed. La mitad de su corazón estaba en calma ahora que su nieta estaba a salvo, a punto de ser atendida por buenos médicos; la otra mitad de su corazón era un tormento que no dejaba de preguntarse qué le había pasado a su hija menor.
—Mi hija no pudo desaparecer en el aire—replicó él, mientras los oficiales seguían investigando en la nave negra—¿No hay una escotilla oculta, o algo ahí dentro?
—No, señor Naberrie. No hay otras formas de vida en esta nave—dijo Typho con una mueca, comprendía la preocupación de la familia, y siendo sincero, él también estaba inquieto. Toda esta situación era demasiado extraña.
—¿Y qué procederá ahora?
—Bueno, nadie ha salido de Naboo en diez años—continuó el capitán—Espero que entienda que nuestras opciones son pocas.
—¿Qué quiere insinuar con eso, capitán?—dijo Ruwee molesto.
Palo decidió intervenir, colocando una mano sobre el hombro de Ruwee en gesto consolador, a Ruwee no le gustó en absoluto, pero estaba muy cansado para demostrarlo.
—Señor Naberrie, esta investigación tomará tiempo, pero le aseguro que en el Palacio todos están consternados. Ellos conocían a Padmé y también están preocupados.
Ruwee miró a Palo con cara de pocos amigos, detectando su mentira. Sí, Padmé iba al Palacio casi a diario, pero solo a ciertas oficinas y no era la persona favorita de los funcionarios que la conocían. A pesar de saber eso, Palo mantuvo una sonrisa conciliadora.
—¿Por qué no mejor va a casa, descansa un poco?—continuó Palo—Yo me quedaré con el capitán Typho y…
—¿Has estado en el espacio, Palo?—preguntó Ruwee.
—Mmm, a decir verdad, no, pero…
—¿Y usted, capitán Typho?—miró al oficial—¿Ha viajado más lejos que la órbita de Naboo?
—No, señor.
—¿Y qué sabrán hacer ustedes entonces? ¿Saben buscar coordenadas entre las rutas de los sistemas solares? ¿Saben buscar frecuencias inter-estelares, detectar mensajes encriptados, buscar naves al otro lado de la galaxia?
Palo endureció su mandíbula, Typho simplemente negó apenado. Todos esos fueron alguna vez procedimientos estándar de la armada, pero desde el bloqueo, nadie había tenido que hacerlo, y Typho llevaba solo tres años en su cargo. Él jamás había salido de Naboo.
—¡Desde luego que no! Todos ustedes son jóvenes, crecidos en tiempos de la crisis, pero yo no—continuó Ruwee—Descansaré cuando mi hija esté en casa de nuevo, hasta entonces, no pienso alejarme de esta investigación ¿quedó claro? Como ciudadano, estoy en mi derecho, sobre todo cuando yo sí conozco muy bien los sistemas de rastreo.
—Señor Naberrie, no se ofenda, pero ¿cómo usted podría saber esas cosas?
—El que ustedes no hayan visto a la República no quiere decir que no haya existido, como a veces los políticos jóvenes insisten—dijo Ruwee—Pero estuve en Coruscant muchas veces, en Alderaan, en Chandrilla… y sé de lo que hablo. Así que dejen esas miradas sorprendidas y pónganse a encender los sensores de alto rango que están dentro de sus naves.
Los oficiales miraron al capitán, esperando su autorización, Typho asintió mirando al señor Naberrie con un nuevo respeto.
—¿No se supone que esos sensores de alto rango solo funcionan si los sistemas de la órbita están en funcionamiento?—preguntó Palo con incredulidad.
Ruwee suspiró, ahora entendía muy bien porqué Padmé nunca se fijó en Palo, y se sintió orgulloso de su hijita.
—No solo del sistema de Naboo, también de cualquier satélite que esté a un pársec de distancia—respondió—Y hay muchos satélites de lunas no tan lejanas que no fueron derribados por el Bloqueo.
—¿Cómo sabe eso?
—El Bloqueo solo derribó los satélites de las rutas comerciales, los de mayor rango, diseñados para conectar diez o hasta 20 pársec. Pero estos satélites tienen un rango muy bajo para ser considerados de alto riesgo. No obstante, debieron detectar algún movimiento si es que Padmé pasó cerca de ellos.
—Son solo satélites, solo transmiten información, no la almacenan.
Ruwee miró a Palo con exasperación.
—En realidad, todos los satélites almacenan información de su entorno—dijo Typho, recordando lo poco que sabía de navegación en el espacio—Así los centros de comando sabían cuando ocupaban mantenimiento, o si eran atacados o robados.
Palo frunció el ceño, no le gustaba sentirse el que menos conocimiento tenía sobre el tema, miró a Ruwee de reojo, preguntándose cómo diantres ese hombre sabía todo eso. Era un profesor de la universidad ¿cómo había viajado tanto antes de la Crisis? No tenía sentido.
—¡Capitán, capitán!—gritó un oficial al interior de la nave—¡Estamos recibiendo una transmisión desde el espacio!
Typho corrió hacia el interior de la nave, con Ruwee y Palo siguiéndolo, el oficial estaba bastante asustado, frente a ellos estaba el holograma de un soldado clon.
—Hemos detectado un movimiento inusual en la atmósfera de Naboo, el Comandante del Destroyer III nos ordenó investigar esos sucesos. Arribaremos a Naboo en 3 horas estándar.
Palo palideció, el capitán Typho volteó hacia Ruwee.
—¿Puede ayudarnos con esto, señor Naberrie?
—Desde luego, capitán.
No sabían dónde estaba Padmé y ahora un grupo de clones venía a Naboo. Las cosas no podían ponerse peor.
Canción del capítulo: "How does a moment last forever?" (¿cómo puede un momento durar para siempre?) de la película La Bella y la Bestia 2017 (Traducción hecha por mí)
¡Y eso es todo por ahora!
Bueno, Pooja llegó sana y salva a casa, Vader cumplió su palabra. Ruwee Naberrie realmente no se quedará de brazos cruzados, ni tampoco Palo, ¿cómo piensan que vayan a relacionarse esos dos? y sí, habrá clones involucrados.
En el próximo capítulo, Padmé y Vader tienen su primer enfrentamiento...
¡Muchas gracias por leer! saludos y abrazos a todos.
