NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBENDO HISTORIAS

¡Hola a todos! Ay, primero que nada una disculpa, intenté subir este capítulo antes pero tuve varios problemas con mi trabajo (se atrasó la nómina ¿pueden creerlo? quería matarlos a todos...) pero problemas personales de lado, estoy MUY FELIZ con lo emocionados que leo a todos en sus comentarios, y sé que este capítulo les gustará... introduce a un personaje que muchos han estado esperando jeje. Así que regresamos al Destroyer III.

GRACIAS A MichelleAloy, Jeinesz06, Valen Milene, AP e ichigo urahara Shihoin por sus hermosos comentarios =D (Que respondo en PM a quienes puedo)

AP: Jaja, sí, Vader ya cayó, y Padmé va que va...

¡Disfruten!


Capítulo 18

El capitán Rex

Los días en el sol regresarán

Debemos creer, como otros lo hacen

Que los días en el sol

Regresarán brillando a través de todo

El Puente de Comando del Destroyer III estaba conformado por los clones de más alto rango militar, subordinados al Comandante de la tripulación. Los clones sabían organizarse perfectamente y tenían un sistema interno militante eficiente, inspirado en los cuerpos de batalla de planetas bélicos, pero carecían de liderazgo. Habían sido diseñados para seguir órdenes. En otras circunstancias, ese mismo Puente de Comando estaría lleno de clones cumpliendo sus misiones, y con el Comandante siguiendo de cerca las indicaciones de un General; pero ante la carencia de Generales o Tenientes, los Comandantes debían ingeniárselas para usar su programación en favor de sus tripulaciones.

A pesar de las carencias que el Destroyer III pudiera tener, 78 estaba muy consciente de que sus turnos rotativos en el Puente de Comando eran los más interesantes; así fuera solo pasar listas o dictar inventarios a los Oficiales, siempre había algo nuevo que escuchar si el Comandante se encontraba cerca. Por eso, ponía especial empeño en sus deberes en el Puente cuando los tenía, deseando que en algún momento pudieran ascenderlo si la ocasión se prestaba.

El Destroyer III era relativamente tranquilo, ubicado en un cuadrante sin muchos conflictos. En los diez años que llevaba instalado el bloqueo, fueron muy pocas las naves y transmisiones que el Destroyer III debió detener, por eso, la aparición de una generó una verdadera sorpresa en todos.

—Señor, nuestros radares detectaron una anormalidad en el espacio cuántico y extrajeron una nave de reconocimiento del hiperespacio—dijo 78, sin ocultar su asombro.

—¿Es de alguna otra legión?—preguntó el Comandante, sabiendo que naves pequeñas de otras legiones de clones hacían reconocimientos de vez en cuando.

—No señor, no posee códigos de acceso o de tránsito libre—respondió el soldado—Debe ser robada.

—Ya veo. Ya sabes qué hacer.

—Sí señor.

78 introdujo la orden de tirar a matar, y se desentendió del asunto; no sería la primera nave robada, o de traficantes, que el Destroyer III hubiera interceptado. El resto de clones de alto rango siguió en sus asuntos, apenas escuchando esa indicación. Sin embargo, cinco minutos después, el soldado volvió a hablar.

—Señor, apareció una segunda nave—dijo—¡Y es más grande, con escudos muy poderosos!

El Comandante levantó la mirada de su pantalla para ver al soldado clon, frunciendo el ceño por la sorpresa.

—¿Así que eran dos naves, dices?

—Sí, y parece que la nave más grande ha protegido a la más pequeña.

—¿Será un ataque coordinado?—sugirió otro de los oficiales.

—Esperen… —78 miró las pantallas frente a él, escuchando las transmisiones—Son del hangar, hay una especie de guerrero… como un Jedi, pero no es un Jedi, ¡y está atacando a nuestros hombres!

—¿De qué hablas?

Sin que nadie lo notara, uno de los capitanes en el puente se tensó, fingiendo interés en el tema para que nadie sospechara. El soldado hablaba rápido lo que iba escuchando.

—El rayo tractor consiguió introducir a las dos naves en el hangar, pero el atacante se las ingenió para salvar a la tripulante de la nave menor, y escaparon entrando al hiperespacio—dijo.

—¿Entraron al hiperespacio desde el hangar?

—Sí, señor.

—Debe ser algún traficante—dijo el capitán Rex—Solo ese tipo de calaña es tan temerario para hacer algo así de estúpido.

—Puede ser—concedió el Comandante—Pero sigue siendo un hecho inusual, y lo que es peor, consiguieron escapar. Soldado, consigue todas las grabaciones, quiero verlas lo más pronto posible.

—Sí señor.

78 se fue, los demás clones en el Puente estaban muy ocupados sacando sus propias teorías como para notar que el capitán Rex también se había ido.

.

.

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El capitán Rex se movió lo más rápido que pudo, tenía un terrible presentimiento. Ningún Jedi sería tan estúpido de presentarse frente a los clones, no después de la infame Orden 66, además tampoco creía que un Jedi solo hubiera sobrevivido un ataque de ese estilo. Hasta ahora solo era una sospecha, pero Rex confiaba mucho en sus corazonadas, eran lo que lo habían mantenido vivo hasta ahora.

Llegó al centro de comando del hangar, donde 78 ya había terminado de descargar las imágenes en un disco. No lo pensó dos veces.

—Dámelo, soldado—ordenó con voz firme—Yo la subiré al puente.

.—Pero…

—¿Estás cuestionando una orden de tu superior?

78 frunció los labios, y negó con la cabeza, teniéndole el disco.

—¿Viste las grabaciones?

—No, capitán.

—Bien. Eso es todo.

78 asintió y salió de la habitación.

Rex cerró las puertas con seguro, aprovechando que estaba solo, y se dispuso a ver las grabaciones. Su estrés llegó al límite cuando comprobó que no había sido ningún Jedi suicida, sino su señor.

Vio la imagen del imponente hombre vestido de negro descender de la rampa, usando el sable de luz color rojo casi como si fuera un juego detener los disparos de los otros clones. En la otra nave, vio bajar a una mujer, se veía pequeña en complexión, pero valiente, sin dejarse intimidar por la situación. Lo más sorprendente fue cuando vio a su señor escoltar a esa mujer, protegiéndola del ataque para llevarla sana y salva a su propia nave.

Esto estaba mal, levantaría muchas sospechas y el Comandante ya tenía mucho en mente por la tonta investigación de Naboo, necesitaba pensar rápido. Tampoco podía hacer que el video desapareciera, pero sí podía editarlo, para que pareciera que fue un Jedi o un contrabandista. Ocupaba hacerlo lo más rápido posible para regresar al puente y pensar en una buena historia que el Comandante consiguiera creer.

Así que puso manos a la obra y empezó la edición de las imágenes.

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78 sabía que algo estaba mal. No era el procedimiento estándar que un capitán fuera detrás de él para darle seguimiento a la orden del Comandante, y menos que el capitán se encerrara en el cuarto de comandos. Sabía que estaba haciendo algo, pero 78 no podía ignorar una orden de un superior por el maldito chip en su cabeza, y sus manos ya estaban atadas.

Pero… había alguien que sí podía hacer algo.

Esto era riesgoso, y 78 sabia que se estaba echando la soga al cuello si el capitán no estaba ocultando nada, pero 78 estaba convencido de que el capitán no debería estar ahí, y por más extraño que fuera, iba a confiar por primera vez en su vida en alguien que no era su hermano.

Esto le causaba sentimientos muy contradictorios; todos los clones eran conscientes del chip de control en sus cerebros, instalados desde su concepción para garantizar su obediencia. Quien los hubiera diseñado había pensado en todo para evitar que el enorme ejército clon se saliera de control. El chip los hacía obedientes a las órdenes del Canciller y del segundo al mando, un supuesto Vader, que jamás conocieron y del cual se creía era un simple fantasma.

Sin el Canciller dando órdenes, y con un fantasma como superior, estaban a la deriva, y 78 como todos los demás clones sabían que morirían en sus posiciones condicionados por su diseño genético. Triste, sí, pero al menos eran realistas.

Sin embargo, lo que estaba a punto de hacer rompía el código, acudiría a una persona que no era un clon. Técnicamente no rompería las reglas, pero se estaba arriesgando mucho. 78 pensó por un momento, ¿qué valía más? ¿morir intentándolo o seguir esperando la muerte varado en el espacio?

Con un suspiro, 78 corrió por el corredor, sabiendo que la respuesta a su pregunta era casi ridícula.

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Ruwee Naberrie estaba en el laboratorio, había introducido la frecuencia que usó Padmé para mandar su mensaje de ayuda desde la nave robada a Naboo, intentando detectar qué satélites fueron los que consiguieron transmitir el mensaje. La tecnología de los destructores estelares era muy buena, y aunque estaba buscando satélites de bajas frecuencias, Ruwee confiaba en que tendría buenos resultados en poco tiempo.

Dejó a esa computadora analizando, y después, fingiendo que estaba revisando información del DataPad, caminó hasta otra computadora en donde comenzó a ejercer un protocolo de búsqueda específico, con palabras clave.

"Estrella" "Centro" "Continuidad" tecleó rápido, intentando no mostrarse nervioso. Afortunadamente, los pocos clones que estaban en el laboratorio no parecían darle mucha importancia a lo que él estaba haciendo.

El buscador dio con una liga que consiguió enlazarlo con un cuadro de diálogo encriptado, Ruwee comenzó a escribir lo más rápido que pudo, sabiendo que no tenía mucho tiempo antes de que los sistemas del Destroyer III detectaran ese enlace secreto.

"La nave que consiguió burlar el bloqueo parece estar relacionada con los altos mandos del ejército clon. No hay novedades en la búsqueda de mi hija"

Mandó la información y cerró el cuadro de diálogo, borrando el historial de búsqueda en el proceso. Ese mensaje debería leerlo Obi-Wan, y quizá algún miembro de la Alianza Rebelde que estuviera en el cuadrante. A estas alturas, la Alianza muy seguramente estaba enterada de la desaparición de Padmé, pero las comunicaciones eran complicadas y Ruwee estaba arriesgándose mucho haciéndolo desde un destructor estelar.

Cuando el historial de búsqueda fue borrado, Ruwee abrió unas ligas de información relacionadas con satélites de baja frecuencia, para no levantar sospechas, y regresó a su estación de trabajo fingiendo que solo estaba dándole seguimiento a lo mismo de siempre. Nadie notó nada, ni siquiera Palo, quien de tecnología sabía poco más que como usar una computadora.

Se sentó por un momento, dejándose sentir su angustia. En otros tiempos la Alianza Rebelde había sido un cuerpo organizado, con presencia en casi toda la galaxia, un cuerpo de vigilancia dispuesto a todo para impedir que la creciente amenaza de Palpatine pudiera perjudicar a la República. La Crisis había hecho que la Alianza debiera esconderse con más recelo, y Ruwee sabía muy poco de cómo funcionaba la Alianza en esos días, habiéndose alejado por completo de sus contactos desde el inicio de la Crisis para no perjudicar a su familia.

Ahora lamentaba eso, si tan solo pudiera ponerse en contacto con algún alto mando… quizá ellos supieran alguna forma de rastrear a su hija que fuera más eficiente. Diez años aislados debieron permitirles a los diversos científicos de la Alianza encontrar una manera de comunicarse que burlara a los clones, pero Ruwee no sabía nada de eso y cada día que pasaba era una probabilidad menos de encontrar sana y salva a Padmé.

La computadora emitió un ruido, avisando que había conseguido nuevos datos; Ruwee abrió la pantalla para comenzar a ver la información, pero fue interrumpido por 78, quien entró al laboratorio muy alterado. Ruwee miró al clon con el ceño fruncido, sabiendo que tenía deberes en otros sectores de la nave, y preocupado por la evidente ansiedad en su rostro.

—Hola, ¿todo…?

—Señor Naberrie, le pido de la forma más atenta que me haga un favor—interrumpió el clon—Entenderé si no desea ayudarme, pero se lo agradeceré enormemente.

—¿Qué pasa?

—¿Podemos hablar en el corredor?—preguntó 78 en tono más bajo, mirando de reojo a los demás clones y a Palo, trabajando en las otras computadoras.

—Claro que sí.

Salieron al corredor, y tras asegurarse que no hubiera nadie, 78 comenzó a hablar.

—El Comandante me dio una orden de que consiguiera unas grabaciones del hangar—explicó—Y un capitán me las ha pedido y se ha encerrado en el centro de comandos. Señor Naberrie, sospecho de él.

—¿Y eso por qué?

El clon se mordió los labios, sin saber qué tanto más podía hablar. Ruwee vio la duda en sus ojos y optó por animarlo.

—78, ya acudiste a mí, ninguna otra línea que decidas cruzar será tan determinante, ¿no es cierto?

—Yo…

—Cálmate, y cuéntame todo desde el inicio. Así sabré cómo ayudarte.

78 respiró profundo, y siguió hablando.

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.

.

El capitán Rex seguía editando el video como un poseído, consciente de cada minuto que tardaba era un minuto en que aumentaba su riesgo de ser atrapado. Intentó no pensar en eso, pero su corazón se aceleró asustado cuando alguien tocó la puerta del centro de comandos.

—Momento…

—¿Capitán?

Ahora más tenso que antes, el capitán Rex miró asombrado hacia la puerta. Esta no era una zona en donde los civiles de Naboo debieran estar, sin embargo, esa había sido la voz del señor Naberrie. Lo sabía perfectamente porque lo había espiado casi a diario desde que abordó el destructor estelar.

—¿Quién lo autorizó a venir aquí?—preguntó con autoridad, aferrándose al poco poder que le quedaba en esa desesperante situación.

—Es irrelevante—habló Ruwee a través de la puerta—Abra, por favor.

—Esta es una zona restringida. Retírese de aquí.

—No hasta que no abra la puerta, capitán.

Rex decidió ignorarlo, procediendo a terminar la edición de las imágenes, pero en eso la puerta se abrió de golpe, Ruwee había disparado al control. Rex vio al civil, y a su lado, al clon 78.

"Esto es peor de lo que pensé" se dijo mentalmente Rex, consciente de que en los siguientes minutos se dictaminaría el nuevo rumbo de su vida.

—Esto no les incumbe—espetó.

—Estás desautorizando una orden del Comandante—dijo 78—¡Eso va contra todo nuestro código!

—¡No lo entiendes!

—Capitán, tranquilícese.

—Salgan de aquí—Rex tomó su bláster y los apuntó—¡Salgan!

Ruwee dejó caer el bláster y elevó ambas manos, notando los holos detrás del capitán. A pesar de las planillas que el programa de edición había colocado sobre las imágenes, pudo reconocer perfectamente a la mujercita que parecía estar en medio de un campo de batalla.

—¡Padmé!—dijo, su voz combinando asombro y miedo.

Rex frunció el ceño, notando el drástico cambio de ánimo en el señor.

—¿Qué?

—¡Esa es mi hija!

Ruwee señaló al holo, y 78 miró las imágenes detrás del capitán, ¿enserio la hija del señor Naberrie estaba ahí? ¿cómo? ¿el capitán lo sabía, y por eso estaba editándolo?

Rex siseó con desdén, ¡esto era el colmo! Sabía que las cosas podían complicarse, pero nunca pensó que tanto. Apretando el bláster en su mano con más ahínco, el clon miró por encima del hombro a los holos que no pudo terminar de editar. Sabía que sus oportunidades eran mínimas, pero él se aferraría al plan hasta el último segundo.

—Salgan—dijo con voz firme.

—¡No hasta que vea esos videos!—respondió Ruwee, sin importarle que estuvieran apuntándole con un arma—¡Esa es mi hija!

—No me importa.

—Si mi hija está aquí, entonces quien sea que esté con ella debe ser la persona que buscan—continuó hablando Ruwee con desesperación—¡Esto nos ayuda a todos! ¿por qué estás haciendo esto?

—¡No les incumbe! ¡largo, o se arrepentirán!

Ruwee miró su bláster en el suelo, maldiciendo por haberlo soltado, y mirando a 78 de reojo, sabía que el clon no podía atacar a uno de los suyos. El propio 78 estaba odiándose a sí mismo en voz baja, el capitán seguro mataría al señor Naberrie y no iba a poder hacer nada para evitarlo.

Sin embargo, cuando se escuchó un disparo, este vino de detrás de Ruwee, y le dio al capitán Rex directo en el pecho.

Atrás de ellos estaba Palo, con una mirada muy sombría en sus ojos.

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Ruwee y Palo estaban en el Puente de Mando del Destroyer III, mirando las imágenes por sexta ocasión, rodeados del Comandante y otros altos mandos de la nave.

Padmé salía de la pequeña nave con un bláster en la mano, sosteniéndolo con un miedo contenido, pero sin bajar la mirada ante los clones que la tenían rodeada. Desde la nave más grande, emergió una figura alta, enmascarada y con capa totalmente vestido de negro, que llevaba en la mano una espada de luz color rojo.

El enmascarado caminó bajando de su nave, moviendo la espada de luz con naturalidad para detener todos los disparos de los bláster. Llegó hasta donde estaba Padmé, y la escoltó protegiéndola de los disparos de regreso a la nave más grande. Padmé se mantuvo cerca del enmascarado, usando su propio bláster para atacar a los clones que intentaban acercarse con una puntería medianamente buena.

Subieron por la plataforma de la nave grande, el enmascarado se paró enfrente de Padmé, deteniendo un disparo que le dio certeramente en el pecho, pocos segundos antes de que la rampa se cerrara y la nave se elevara, entrando al hiper espacio desde el hangar y dejando a varios clones heridos en el suelo.

—Es mi hija—suspiró Ruwee con angustia—No me cabe la menor duda.

El Comandante suspiró, sin agradarle el desarrollo de esta situación. Todas las ediciones que el capitán Rex intentó hacerle a las grabaciones no consiguieron terminarse, y sus expertos en sistemas habían conseguido limpiar las imágenes.

—Las ediciones indican que el capitán solo quería cambiar la imagen del atacante—indicó uno de los ingenieros—No hay ninguna edición relacionada a la mujer.

—Lo cual nos hace asumir que el capitán conoce la identidad del enmascarado, pero no de la mujer, Padmé Naberrie—afirmó el Comandante, apoyando su barbilla en su mano izquierda.

—Así es, señor.

—¿Cuál es el estado médico del capitán?—preguntó, demasiado consternado aún por la aparente traición del capitán Rex.

El clon que tenía el reporte médico tragó duro, mirando al Comandante con miedo contenido. Dio un paso hacia él, y se esforzó en hablar en voz baja para que nadie más pudiera escucharlo.

—Señor, sobre eso… hay una situación.

—¿Cuál es?

Se acercó más, susurrándole la información al oído. Nadie en el puente pudo escucharlo, pero todos oyeron perfectamente claro cuando el Comandante gritó un potente "¡¿Qué?!" y lo vieron salir enfurecido hacia el corredor, casi corriendo.

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Rex estaba acostado en una camilla médica, siendo examinado por un droide. Por un momento consideró salir de ahí y hacerse de una cápsula de escape pero, ¿a dónde iría? No tenías las coordenadas del Executor, y en ningún planeta un clon desertor recibiría ayuda. Probablemente él ya no tendría escapatoria, pero eso no lo eximía de sus deberes y necesitaba pensar rápido en cómo ayudarle a su señor en los últimos momentos de relativa libertad que le quedaban.

La puerta se abrió, y el capitán Rex miró al Comandante entrar con cara de pocos amigos. Suspirando, se dejó caer en la camilla sintiendo que sus fuerzas comendaban a abandonarlo, "Naturalmente, ya lo sabe" pensó.

—Déjenos solos.

El droide médico salió sin decir nada, dejando a los dos clones solos en la pequeña sala de exploración. El Comandante introdujo un código en la computadora, bloqueando totalmente la puerta para que no fueran interrumpidos, y luego apagó los sistemas de vigilancia, asegurándose de que no quedara ninguna evidencia de la conversación que tendrían.

—Así que no tienes tu chip—dijo el Comandante, dando unos pasos para rodear la camilla.

Rex suspiró, sabiendo que no servía de nada mentir.

—No, señor.

El silencio debió durar solo unos segundos, pero se sintieron eternos para ambos clones.

—¿Cómo conseguiste quitártelo?—preguntó el Comandante con voz contenida.

Rex recordó el momento en que conoció a su señor, la mirada fría de aquel hombre, con la cual intentaba esconder una amabilidad que jamás sintió de ninguna otra persona. Recordó Mustafar, y la manera en que intentó ayudarlo cuando toda la galaxia le dio la espalda, impresionado de que el tiempo hubiera pasado tan rápido.

—Yo no me lo quité, me lo quitaron señor—admitió con voz contemplativa.

—¿Quién?

—Darth Vader.

El Comandante guardó silencio, mirando al clon con ojos acusativos. Podía mentirle, porque no tenía el chip, pero sabía que estaba siendo sincero. Eso solo lo hizo peor.

—¿Vader? ¿estás hablando enserio? ¿sabes quién es, y dónde está?

—No del todo señor.

—Hemos estado diez años en el espacio… y todo este tiempo pudiste hacer algo—siseó el Comandante con odio contenido.

Todo ese tiempo creyendo que Vader era un mito, un fantasma, una palabra clave incluso… y ahí estaba frente a él uno de los capitanes en quien más confiaba, admitiendo que lo conocía. Los clones estaban preparados para enfrentar muchos horrores, pero no la traición.

—Yo…—cualquier excusa que Rex hubiera podido dar, murió antes de ser pronunciada.

—Eres un traidor—dijo el Comandante—Traicionaste a todos tus hermanos con tu silencio e indiferencia.

—¡No fue así, señor!

—¿Cómo te atreves a decirme eso en la cara?—gritó—¿Cómo te atreves a mirarme y pretender que tú, al no tener el chip, has tenido todo este tiempo opciones más allá de nuestra imaginación? ¡Pudiste hacer una diferencia entre todos nosotros! Pero no… tu silencio nos sentenció.

Rex se mordió el labio, sabiendo que no iban a escucharlo.

—Y tu silencio te ha sentenciado a ti.

El Comandante le dio la espalda, introduciendo el código para salir de la habitación.

—Estarás en aislamiento hasta que sepa qué hacer contigo—murmuró con desdén, luego salió al corredor dejando al capitán Rex solo.

Una molesta sensación de culpa comenzó a invadirlo, y Rex supo que cualquier cosa que pasara ahora, jamás podría olvidar la amargura de este momento.

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Fue lo más rápido que pudo.

En el momento en que el Comandante salió del Puente de Comando, Ruwee miró a su alrededor y notó la consternación de los demás oficiales: ese fue su momento. Con una cuidada práctica, que por alguna razón no había perdido con los años, Ruwee pudo introducir un segundo disco en la computadora y empezar una copia de las imágenes simulando que solo estaba viendo los holos.

Para darse mayor credibilidad, Ruwee suspiraba y se horrorizaba cuando veía a su hija, aunque en honor a la verdad, solo exageró las emociones que ya sentía. Ahí estaba su hijita, su pequeña Padmé, erguida y con un bláster en la mano; ella, la niña que nunca pudo soportar ni siquiera cazar mariposas en Varykino, disparando con un bláster para sobrevivir en medio de un ataque de clones.

Si eso no fuera suficiente para causare pesadillas a cualquier padre, luego estaba ese enmascarado vestido de negro con un sable de luz en sus manos, que parecía estar custodiando a Padmé; pero ¿la estaba protegiendo de verdad? ¿podían confiar en esa especie de guerrero alto y experimentado, que emanaba una potente sensación de peligro? Ruwee no lo sabía, pero al menos gracias a las imágenes estaba seguro de que Padmé seguía con vida, y con ese desconocido.

La copia terminó de generare y Ruwee guardó el disco con maestría entre sus túnicas, nadie pareció notarlo. Durante el resto del día, recibió pocas indicaciones, los clones parecían verdaderamente enfadados con el incidente y, conociéndolos como ahora lo hacía, Ruwee se percataba de que había gato encerrado. Algo grave había ocurrido, mucho más grave que dos naves burlando el bloqueo.

Pero tendría que investigar eso después, por ahora, la cabeza de Ruwee estaba centrada en una sola misión: mandar la copia de esos holos a Naboo. Con suerte, Obi-Wan Kenobi podría ayudarlos.


Canción del capítulo: "Days in the sun" (días de sol) de la película La Bella y la Bestia 2017 (Traducción hecha por mí)

Waaa! hasta aquí llega este capítulo. Varios ya habían teorizado que el clon ayudando a Vader era el capitán Rex, y pues sí... pero lo atraparon con las manos en la masa, ¿cómo iba a imaginarse el pobre que Vader acudiría a ayudar a Padmé? Hay muchas fricciones ya entre los clones, y Ruwee se está dando cuenta de ello. Claro, Ruwee no se quedaría de brazos cruzados, ¿cómo creen que reaccionarán en Naboo ante esas imágenes?

PD.-No es aleatorio que Padmé llegara precisamente al Destroyer III, recuerden que esa es la nave cercana a la órbita de Naboo, por eso Ruwee y Palo están ahí. Cuando Padmé escapó del Executor a Naboo, lo hizo a través del hiper-espacio lo que la hizo llegar mucho más rápido, en vez de las 6 horas de viaje regular que transcurrieron en el segundo capítulo. Fue detenida poco antes de llegar a casa la pobrecita.

PD2.-No me he olvidado de Palo, es solo que su arco se desarrollará más en los siguientes capítulos, pero si tendrá mucha importancia.

En el próximo capítulo, volvemos al Executor... muchísimas gracias por leer y por segur apoyando esta historia ¡un abrazo muy fuerte y besos a todos!