NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO
¡Hola a todos! por la Fuerza... no saben cómo me costó este capítulo, es tan asdfghh... seguimos en el Executor y es la continuación directa del capítulo anterior, que como bien mencionaron, es pura negación por parte de nuestros tercos protagonistas que no quieren ceder jeje.
GRACIAS a Jeinesz06, AP, MichelleAloy e ichigo uraha Shihoin por sus comentarios =D (A los que puedo les respondo por PM)
AP: Jajaja si, hay mil explosiones en este laboratorio :v
¡disfruten!
Capítulo 20
El Jardín de Naboo, segunda parte
Cuando las sombras nos superan
Justo cuando sentimos toda esperanza desaparecer
Escucharemos nuestra canción y sabremos
Una vez más que nuestro amor sigue vivo
C-3PO y R2 supieron que había algo extraño.
Su amo le dio permiso a Padmé de hacer un pequeño jardín en su alcoba, algo que por su propia cuenta ya era impresionante, y más considerando las varias desobediencias anteriores de Padmé hacia Vader. Cualquiera que hubiera sido la razón de su amo para dar tal consentimiento, lo otorgó, y los droides obedecieron complacidos con eso, pues les agradaba mucho la mujer.
Pero luego, y sin saber por qué, R2 encontró a Padmé escapando del Executor. No le fue especialmente difícil convencer a su amo de que debían ayudarla, y eso hicieron. Tampoco fue raro que su amo recibiera una herida de batalla por la mujer, R2 tenía varios recuerdos almacenados en su memoria de momentos en los cuales su amo fue mucho más considerado, y cometió locuras de ese tipo.
Sin embargo, la extraña cercanía que surgió después de ese evento entre su amo y Padmé era algo que ninguno de los dos droides comprendía. Sus circuitos jamás podrían recrear totalmente las emociones humanas, pero podían predecir muchos comportamientos, y este era anormal bajo cualquier algoritmo.
Las dos ocasiones en que la señorita Padmé fue al laboratorio de muestras para cuidar de sus plantas, el amo Vader también estuvo ahí. Ella no le avisaba, así que el amo Vader debía espiarla en las cámaras para poder saberlo. Padmé no parecía enfadarse por eso, ni tampoco se notaba aprehensiva cuando el amo estaba cerca.
Ahora los dos mantenían conversaciones civilizadas, incluso parecían amistosas, mientras Padmé le mostraba orgullosa a Vader sus pequeñas plantas, y él le hacía preguntas sobre sus cuidados. La curiosidad de su amo sobre la labor de Padmé parecía genuina, Vader podía tener muchos defectos, pero la hipocresía jamás fue uno de esos. R2 sabía que su amo estaba consternado, en cierto nivel, por el proyecto de la señorita Padmé. Ahora bien, sus razones escapaban totalmente del entendimiento de sus circuitos.
Quien peor parecía pasarlo era el pobre C-3PO, quien siendo un droide de protocolo, estaba convencido de que comprendía a los seres humanos mucho mejor que cualquier astro-droide. Al inicio, declaró que la inesperada cercanía entre su amo y la señorita Padmé era una mera cordialidad e interés en que los aparatos del laboratorio se usaran correctamente.
Pero esa teoría no tenía sentido, Vader jamás preguntaba por el estado de los equipos usados en el laboratorio de muestras, y todas sus preguntas iban siempre relacionadas a las plantas y a Padmé. Tampoco podía explicar cómo la tensión y animadversión original de la mujer hacia el amo Vader había desaparecido.
Y justo cuando creían que nada podía ser más raro, el amo Vader visitó los aposentos de la señorita Padmé para preguntarle cómo iba el desarrollo de las plantas.
Y la señorita Padmé le respondió contenta.
Contenta… realmente contenta con él.
"Los humanos son tan raros" dedujeron ambos droides al mismo tiempo.
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Padmé no estaba segura de qué pensar, pero para su sorpresa, no se sentía tan confundida como debiera.
Al principio pensó que Vader la seguía con más insistencia para asegurarse de que no quisiera escapar otra vez, pero ahora no estaba tan convencida de eso. Vader le hacía preguntas sobre las plantas que sonaban con una verdadera curiosidad, y tampoco se mostraba hostil o demandante como antes, al contrario, casi parecía amable.
Padmé se sorprendió cuando se dio cuenta de que disfrutaba su compañía. Por un lado, era agradable mantener una conversación, aunque fuera corta, con otra persona, pero por el otro lado le desconcertaba el cambio de actitud del Sith. Ahora más que nunca, ella era consciente de que el hombre bajo la máscara era un ser complejo, pero quizá, no tan ruin como ella había creído.
Dos días después de que Padmé trasladara todos sus brotes a su alcoba, Vader la visitó ahí, las pocas ocasiones en que él estuvo en sus aposentos fueron para amonestarla o encerrarla, pero ahora el Lord Sith entró a su recámara y la miró atendiendo a sus plantas en silencio. Ella había aprendido en esos días que observar era muy importante para Vader, era una de sus maneras de interactuar con su entorno, solo observarlo. Y ella estaba muy acostumbrada ya al sonido de su respirador como para encontrarlo inquietante.
Terminó de revisar sus plantas, casi no tuvo que remover hojas y ramas secas, gracias al excelente fertilizante que 3PO encontró en el inventario. El Capullo de Ángel comenzaba a perfumar toda su alcoba, y el Cerezo Azul parecía ansioso por florecer.
—El cerezo azul ha crecido muy bien—dijo ella, queriendo platicar un poco—Si sigue así, quizá consiga algunos frutos en un par de días para hacer el pay.
Vader dejó que un ciclo de su respirador concluyera antes de responder.
—¿Y por qué harías el pay tú misma? Lo replicas casi a diario.
—Es cierto, pero el replicador no consigue igualar el sazón—Padmé se irguió y caminó a su cama para sentarse, mirando desde ahí sus pequeñas plantas con orgullo.
—¿Sazón?
—Oh, vamos, seguro has comido algo casero alguna vez ¿no?—rodó los ojos, pareciéndole la cosa más obvia.
—… Hace mucho tiempo.
Padmé guardó silencio por un momento, meditando lo que acababa de decir. Recordó el rostro demacrado y lleno de cicatrices que necesitaba de un recinto especial para respirar, y se sintió terrible consigo misma.
—¿Hay cocinas aquí, verdad?
—Sí.
—Bueno, cuando de frutos haré el pay, y tú lo probarás. No tengo la misma sazón de mi madre, pero entenderás mi punto—dijo de forma conciliadora.
Vader no respondió.
Padmé frunció los labios, había aprendido también que Vader guardaba silencio cuando no sabía qué decir. No estaba segura si él se ofendió o se sorprendió por la oferta de pay casero, pero mientras no se quejara, no debía preocuparse.
La verdad sea dicha, Vader no sabía ni qué pensar. Padmé era una criatura transparente, como bien aprendió en los días anteriores, siempre decía lo que pensaba y no parecía tener filtros para expresarse. Su oferta de pay casero era genuina. Vader había recibido ofertas mucho más tentadoras en su vida: de poder, de armas, de autoridad… no algo tan mundano como un pay. Pero esta fue por mucho la oferta más interesante de su vida.
Se dio cuenta de que era porque Padmé se lo ofreció desinteresadamente, sin pedirle nada a cambio, y Vader estaba acostumbrado a pagar el precio por cualquier cosa que le ofrecieran.
Ante la luz de esos pensamientos, se puso tenso, ¿Padmé quería pedirle algo? Y de ser así ¿Qué le pediría? Si algo sabía Vader era que esa mujercita de Naboo era impredecible, y cualquier cosa que ella deseara, no sería capaz de adivinarlo hasta que se lo pidiera.
Notando su cambio de humor, Padmé se encogió de brazos y se paró de la cama, andando hasta su escritorio para distraerse viendo sus estudios.
"¿Le habrá enojado el asunto del pay?" pensó Padmé, y Vader pudo leerle ese pensamiento con suma facilidad. Enfadar no era la palabra correcta, sino más bien… poner en alerta. Vio que ella intentó distraerse mirando sus apuntes, y por mera curiosidad, Vader se asomó para ver lo que ella estudiaba.
Se quedó tieso cuando vio que tenía apuntes sobre los Sith.
No eran apuntes escuetos ni palabras aisladas, eran sondas explicaciones y teorías de una investigación bien hecha. A estas alturas, no le sorprendía que Padmé tuviera una forma de estudiar tan ordenada y reflexiones concisas, pero ese tema de investigación… ¿cómo es que llegó a él? De todas las cosas que ella podría estar estudiando en esa nave, los Sith era el menos probable.
Leyó entre los apuntes la palabra "Dathomir", que aparecía relacionada con las brujas y el Lado Oscuro de la Fuerza. Recordó que hace varios días él la insultó llamándola "bruja de Dathomir" ¿fue eso lo que picó la curiosidad de Padmé por el tema?
—Así que eso estudias—dijo él, conteniendo su voz.
Padmé estaba acomodando esos apuntes, estremeciéndose un poco al pensar que Vader los había visto, "Bueno, en algún momento se iba a enterar ¿no?" pensó para calmarse.
—Estudio de todo un poco—respondió, no queriendo darle más importancia a ese asunto.
Pero para Vader era importante, y no quitaría el dedo del renglón.
—¿Incluido los Sith?—cuestionó.
—Sí—suspiró ella, frunciendo los labios para no decir nada más.
Vader dejó que su respirador concluyera dos ciclos, esta vez no para intimidarla a ella, sino para pensar en cómo continuar con esta conversación sin que Padmé saliera a la defensiva. Quería respuestas, y sabía que, si la mujer se enfadaba, no tendría ninguna.
—¿Y qué sabes de ellos?—preguntó, intentando no sonar especialmente interesado.
Aunque se esforzó en sonar solo curioso, Padmé detectó un poco de ansiedad en su voz, y supo que su captor realmente quería saber todo lo que ella sabía. Tenía dos opciones: fingir demencia o ser sincera. Y después de todas las cosas que habían pasado en el Executor, sabía que la primera no era precisamente una buena opción.
—Sé que tú eres uno—dijo, con voz baja y cautelosa.
Llevaba mucho tiempo sin sentir miedo de Vader, pero esta vez, volvió a sentirse asustada. No era un miedo primario como el que experimentó sus primeros días de cautiverio, no, esta vez sus sentimientos eran más complejos… realmente, en el fondo de su ser, Padmé no quería enfadar a Vader, ni hacerlo sentir mal. La razón escapaba de su entendimiento por ahora, pero lo cierto era eso: no quería molestarlo.
Vader no respondió nada en un principio, dándose cuenta de que había subestimado enormemente a esta mujer frente a él. No solo era astuta y valiente, sino que era muy inteligente, observadora, y capaz de razonar a un nivel que rara vez pudo apreciar en ningún otro ser humano. Padmé no era sensible a la Fuerza, ni tampoco una experta en culturas antiguas, ella no tenía referencia alguna hacia los Sith antes de llegar al Executor, pero le bastó unas semanas de investigación y de convivencia con él para deducirlo.
¿Cuánto tiempo llevaba ella sabiéndolo? Y lo más importante, si ella ya lo sabia ¿qué hacía ahí? ¿por qué platicaba con él, le explicaba de sus plantas, con tanta naturalidad? Cualquier persona cuerda habría escapado de un Sith al entender lo que él era.
Pero nuevamente, Padmé Naberrie nunca actuaba como lo haría una persona normal.
—¿Cómo lo sabes?—preguntó, cuando el silencio se volvió insostenible entre ambos.
Padmé respiró profundo, agradeciendo que fuera él quien hablara primero.
—Cumples todas las características—dijo.
—¿Y?
—Y rara vez me equivoco en esas cosas…
El respirador hizo un ruido más largo y alto, como siempre que él resoplaba, y Padmé se relajó. Él no estaba molesto, solo sorprendido, y eso era algo que podía manejar bien.
—Tienes mucha confianza en ti misma, Padmé—agregó Vader.
Ella sonrió, dándose cuenta de que le gustaba cuando él la llamaba por su nombre. La única vez que lo hizo antes fue cuando estaba convaleciente, teniendo alucinaciones por las drogas que le administró el droide médico. Esta vez, Vader la llamó por su nombre voluntariamente, y por tonto que sonara, a Padmé la hizo feliz.
Vader leyó ese pensamiento, y quedó impresionado por la espontaneidad de su sonrisa. Llevaba varios días viéndola muy contenta con sus plantas, pero el gesto que le dedicó… era distinto. Vader escuchó con claridad el canto de la Luz elevar su tono, y una sensación extraña en su pecho.
—Además, el saber que eres un Sith me calma un poco, me permite comprenderte algo mejor—continuó Padmé, con voz alegre.
Ella se puso de pie y acomodó sus apuntes en otra parte del escritorio, Vader se sintió de repente atontado, y demoró un poco en comprender lo que ella había dicho.
—¿Y eso es importante?—dijo, cuando su cerebro pareció volver a funcionar.
—Claro, vivo contigo, ¿no?
No lo dijo con lamentación, con tristeza, con impotencia… lo dijo como si fuera algo obvio, como si fuera lógico que ella debiera conocerlo más debido a la convivencia. Vader volvió a sentirse atontado, y cuando volvió a hablar, su voz sonó extrañamente apresurada.
—No parece asustarte.
Padmé rodeó la habitación, sintiéndose otra vez cómoda, todo rastro de miedo que hubiera sentido momentos antes desapareciendo por completo. Entró a su ropero, buscando algo entre sus pertenencias, dejando la puerta abierta de par en par para que Vader pudiera escucharla bien.
—Mm, bueno, cuando apenas lo intuí sí me asusté—admitió, sus ojos buscando por encima de los percheros—Pero ahora no tanto.
Hablaba como si fuera algo simple, no algo tan peligroso como los Sith. Vader había visto sus apuntes, quizá no a profundidad, pero ahí estaban las guerras, el Imperio, el Lado Oscuro… Padmé realmente sabía lo que él era. Y estaba ahí, buscando algo en su ropero sin preocuparle en lo más mínimo que él estuviera a unos metros de distancia. Estaba perplejo, justo cuando pensaba que ya había comprendido más a esta mujer, ahí iba Padmé haciendo algo que volvía a impresionarlo.
Su estupor se combinó con esa extraña sensación en el pecho de la cual no tenía aún nombre, su corazón estaba acelerado sin razón aparente. Vader tenía varios pensamientos cruzándose en su cabeza, pero solo exteriorizó uno, a su juicio, el único que importaba.
—¿Qué motivó ese cambio de sentimientos?
Esta vez, fue Padmé quien se quedó quieta y silenciosa. Ella no se había puesto a pensar en profundidad sobre esto, era innegable que sus sentimientos hacia Vader cambiaron los últimos días, pero si tenía que rastrear el momento exacto en que todo ocurrió, lo más cercano era…
—Fue después de que me salvaras de los clones—dijo, agarrando una túnica de su ropero y saliendo de ahí, mirando a Vader de frente—Mira, aún me perturba un poco el que seas un Sith, no te mentiré, pero siendo muy sincera… siento que confío en ti.
Era casi surreal decirlo, ¿cómo confiar en su captor, en una persona que había sido cruel, que incluso en una ocasión la atacó? Si Padmé no fuera tan resiliente, ella misma habría pensado que estaba loca. Pero no, nada más lejos de la realidad. Fue fácil odiar y temer a la máscara que Vader le mostró al principio, pero una vez que vio al hombre bajo la máscara, Padmé pudo empatizar mucho más con él, comprender un poco mejor el dolor que esa alma llevaba años soportando. A su manera –un poco rudimentaria, pero sincera– Vader se había disculpado con ella y llevaba días siendo amable para que ella no temiera otra vez.
Había muchas cosas que ella aún no sabía de él, cosas que el tiempo iría aclarando, pero por ahora, completamente convencida de que había un hombre complejo bajo esa máscara negra, Padmé sabía que podía confiar en él. Ya la había salvado antes, después de todo.
Era casi surreal escuchar esas palabras, ¿Padmé confiaba en él? ¿después de todo lo que él había hecho, de la forma en que la había tratado? Vader no sabía qué pensar, qué responder, mucho menos qué sentir.
—En fin… —dijo Padmé, queriendo romper el silencio—¿Me llevarías a la cocina, por favor? Necesito practicar preparando cosas sencillas antes de hacer el pay.
Vader asintió, y caminaron en silencio dos niveles debajo de ese piso hasta llegar a la cocina más cercana.
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Sentado en sus aposentos, Vader veía en las pantallas a Padmé dándole órdenes a 3PO en la cocina, mientras preparaba unos simples huevos revueltos. Aparentemente había algunos aparatos que ella no sabía usar, pero 3PO era muy bueno en la cocina –tenía que serlo, era parte de su programación– y llevaba media hora explicándole a Padmé cómo moverse con más naturalidad en ese inmueble.
Reconocía ese gesto de determinación en la mujer, la forma en que sus cejas se juntaban a la altura de la frente cuando estaba concentrada y aprendiendo algo, cómo sus labios esbozaban un ligero puchero al equivocarse en alguna cosa, y al final, pero no menos importante, la sonrisa de satisfacción cuando hacía algo bien.
Pero la sonrisa de satisfacción no era tan bonita como su sonrisa de emoción, esa que esbozaba cuando estaba con sus plantas, o la sonrisa divertida, cuando 3PO y R2 peleaban por algo haciéndola reír. Si pensaba en eso, Vader se dio cuenta de que hasta ahora su sonrisa favorita era la espontánea, como esa que esbozó para él cuando él la llamó por su nombre por primera vez. Era rápida, genuina, un verdadero vistazo hacia su ser.
Esto era estúpido, ¿por qué diantres pensaba tanto en esto? la sonrisa de Padmé no debería ser algo en lo cual gastara tantos pensamientos y energía…
… pero era lindo recordarlo.
¿Lindo? Por todos los Sith, ¿desde cuánto un Sith pensaba que algo era lindo? Esto estaba mal. Esto estaba muy mal. Cualquier que fuera el embrujo que Padmé lanzó sobre él estaba atormentándolo en lo más profundo de su ser y necesitaba romperlo cuanto antes.
—Bueno, fue un buen primer día—escuchó a Padmé hablándole a 3PO a través de las pantallas—Pero aún debo practicar un poco más si quiero que el pay me quede perfecto.
—Aunque disfruto haciéndole compañía, señorita Padmé, encuentro muy extraño que usted desee preparar manualmente sus alimentos, teniendo la comodidad de un replicador—dijo 3PO.
"Déjala en paz ¿qué daño te hace que tenga otro pasatiempo?" dijo R2.
—Estoy hablando con la señorita Padmé, no contigo pedazo de circuito grosero—replicó el droide dorado.
—Cálmense ustedes dos—dijo Padmé—Es que quiero hacerle un pay casero a Vader. Las comidas replicadas son buenas, pero no tienen sazón.
—Desconozco de eso, señorita Padmé, no cuento con receptores gustativos para poder saberlo.
"Obviamente, tonto" dijo R2.
—En fin, que es algo que quiero hacer por él—interrumpió Padmé la discusión de los droides—Él me salvó de los clones, lo menos que puedo hacerle es un intento de pay casero, no creo que coma muchas comidas así en esta nave.
—Ciertamente no, el amo suele alimentarse de sueros y…
"¡Cállate! ¿quién te preguntó?"
—Oh, cielos…
—Tranquilo 3PO, tu secreto está a salvo conmigo—le dijo Padmé, aunque tenía una expresión de horror—Entonces con mayor razón debo practicar, ese pay debe quedar delicioso.
Vader apagó las pantallas, no queriendo escuchar más, su corazón estaba otra vez acelerado y no sabía el porqué, nada de lo que estaba sintiendo ahora tenía sentido.
Se sentó en su recinto de meditación, retirándose el casco para poder respirar un poco mejor y controlar su agitado corazón. La imagen de Padmé seguía reproduciéndose en su mente, sus palabras rebotando en los rincones de su cabeza como un eco. Ella quería prepararle un pay como gesto de agradecimiento.
Agradecimiento… confianza… eran palabras que llevaban muchísimo tiempo fuera de su vocabulario. Un Sith no agradece, exige. Un Sith nunca confía, intimida. Un Sith no piensa que hay cosas lindas, posee lo que le plazca.
Un Sith no pasa horas pensando en una mujer, en lo que ella dice o hace, intentando comprenderla. No memoriza y analiza sus gestos. No evoca su sonrisa para animarse. No se perturba cuando ella se pone contenta, o emocionada, o cuando decide hacer algo por él.
Pensándolo así, Vader se daba cuenta de que Padmé era la primera persona en años que intentaba hacer algo por él. Sus droides eran cosa aparte, ella era una mujer, una persona de carne y hueso que confiaba en él, le estaba agradecida, y quería expresarlo. Era un gesto tan estúpido y común, Vader no tenía idea de cómo responder a eso. La última persona que tuvo sentimientos semejantes hacia él llevaba tanto tiempo muerta, que lo había olvidado.
Olvidó lo que era confiar en alguien, animarte por sus pequeñas victorias. Olvidó lo que era tener a alguien a quien proteger, a quien querer, a quien procurar. Olvidó lo que era sentirse apreciado, y apreciar a cambio, a través de gestos pequeños de simple convivencia humana.
Con sorpresa, Vader asumió este pensamiento dándose cuenta de que apreciaba a Padmé, la procuraba de verdad. Era el primer ser humano por quien sentía algo remotamente parecido en décadas, y la sensación era extraña en su pecho, casi antinatural.
Pero no había nada de antinatural en la manera en que su corazón se aceleraba cuando la veía sonreír o la escuchaba hablarle durante horas al droide con emoción por su jardín. La luz volvió a cantar fuerte, agudo, nítido, una melodía que escuchaba por primera vez en su vida, pero que encontraba refrescante y cautivadora.
Por un momento, la oscuridad dejó de existir, y solo hubo luz en su lastimada alma. Una luz que cantaba una melodía nueva y maravillosa. Y Vader lo comprendió.
La última persona en su vida por la cual sintió algo parecido fue su madre, pero estas sensaciones que Padmé había despertado en él eran distintas. Por eso tenían su propio canto. Por eso tenían su propia melodía, y era tan dulce, tan adictiva. No era solamente preocupación o camaradería lo que Padmé despertó en él, sino algo más profundo, algo que francamente jamás pensó que podría sentir por nadie.
Recargándose en su recinto, Vader resopló con ironía, las comisuras de sus ojos conteniendo lágrimas por primera vez en una década, pues, ¿cómo pudo una chiquilla de Naboo enamorar a un Lord Sith?
Canción del capítulo: "How does a moment last forever?" (¿cómo un momento dura para siempre?) de la película La Bella y la Bestia 2017 (Traducción hecha por mí)
Waa! hasta aquí llegamos por ahora... considerando que Vader se la pasa meditando y tiene una conexión con la Fuerza muy intensa, pienso que sí sería él quien primero notaría el cambio de sus sentimientos. No es como que Padmé sea ajena a esos tampoco, es que no quiere darles importancia por ahora.
Esta vez sí los dejaré sufriendo un poco (perdonen) pero es que en el siguiente capítulo regresamos a Naboo, donde se está cocinando una situación que pronto explotará para nuestros protagonistas. Mil gracias por continuar leyendo y espero lo hayan disfrutado bastante ¡un abrazo a todos!
