NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS

¡Hola a todos! me apuré cuanto pude con este capítulo porque hay mil cosas pasando en Naboo que también son importantes. Muchas gracias por todo el apoyo que siguen dándole a esta historia, me conmueve y anima cuando se emocionan c:

GRACIAS a Jeinesz06, ichigo urahara Shihoin y MichelleAloy por sus hermosos comentarios (que respondí por PM)

¡Disfruten!


Capítulo 21

Caos en el Palacio

Nadie a salvo estará

Por las noches cazará

Hasta nuestros pobres niños ese monstruo comerá

Y si no lo detenemos mil destrozos causará

Obi-Wan Kenobi llevaba varios días investigando todo lo posible en los cuartos secretos de Palpatine, había muchos planos de armas, estaciones espaciales y naves para la guerra, todo lo que el nuevo ejército de clones hubiera necesitado para mantener una ley marcial en la galaxia mientras se creaba el Imperio. Era impresionante la forma en que Palpatine había ideado todo tipo de maquinarias y estrategias para mantener el poder, si el hombre siguiera vivo, sería un gran problema.

Sin embargo, Obi-Wan no había encontrado ninguna pista de quién más hubiera podido estar involucrado en los planes del difunto Canciller. Todo lo relacionado con la Federación de Comercio había sido firmado con el nombre de Anakin Skywalker, el pobre muchacho que seguramente fue como un esclavo para el Sith, volviendo muy complicado encontrar más enlaces externos.

Investigó lo que pudo sobre el mencionado Anakin Skywalker, pero el sujeto no aparecía en ningún registro de la República. Si Obi-Wan no estuviera seguro de su existencia, hubiera pensado que se trataba de un nombre falso. Suspirando, Obi-Wan guardó todos esos documentos firmados por Skywalker, jurando que algún día encontraría la verdad del muchacho para que descansara en paz.

También encontró nexos de Palpatine con el despreciable Almirante Tarkin, que no le sorprendieron en absoluto, pero el almirante falleció el mismo día que Palpatine –probablemente asesinado por el aprendiz, el tal Vader– y no quedaba ningún otro alto mando del ejército con vida al cual pudiera rastrear.

Pudo encontrar algunas referencias del conde Dooku, el retirado Maestro Jedi que Obi-Wan conoció un par de veces. Muchos en la Orden opinaron que el conde había caído al Lado Oscuro, y por la evidencia que tenía en sus manos, Obi-Wan casi podía jurarlo. Pero no había ninguna forma de saber si el conde seguía vivo o había muerto en los años de la Crisis.

Tampoco había gran cosa del mencionado Vader; a excepción de la nave Executor y de que era el segundo al mando del ejército, no había indicio de quién pudiera ser ese hombre. Obi-Wan recordaba muy bien su duelo con ese aprendiz de Sith, formidablemente entrenado y un sensible a la Fuerza en extremo poderoso. Haberle ganado en duelo fue una proeza que Obi-Wan no estaba seguro de a qué atribuir.

La frecuencia encriptada que había abierto unos días atrás recibió de repente un mensaje, emitiendo un pitido que lo sacó de sus recuerdos. Obi-Wan lo descargó rápido para cerrar la frecuencia y evitar que pudieran rastrearla, era de Ruwee Naberrie:

"La nave que consiguió burlar el bloqueo parece estar relacionada con los altos mandos del ejército clon. No hay novedades en la búsqueda de mi hija"

Obi-Wan se llevó una mano a la barbilla, tirando de su barba como siempre que estaba pensando en algo. Tenía muchas piezas del rompecabezas acomodadas, aun así, la imagen total parecía escapar de su alcance.

Siguió trabajando en eso cuando le llegó un mensaje a otra frecuencia, esta era terrenal, de Naboo, y eso le sorprendió mucho. Hasta ahora, el resto de la familia Naberrie no había sido muy cercana a él, pero al revisarlo confirmó que el mensaje provenía de Sola Naberrie.

"Acude a las siguientes coordenadas, tenemos información importante" era todo lo que decía le mensaje.

Miró las coordenadas, señalaban una construcción aislada en la Región de las Montañas. Obi-Wan suspiró, meditando si debería o no acudir a ese llamado.

.

.

.

Sola Naberrie llevaba varios días en la espléndida casa de la exreina Apaillana, revisando con su ayuda y la del señor Lorrein los archivos que Sabé consiguió sacar del palacio. Casi todo estaba muy encriptado, pero ahora que tenía los archivos en sus manos ningún programa iba a detenerla y varios días después de trabajar en eso consiguió hackear el sistema para liberar los documentos.

—No hay duda de que el ingenio es de familia—dijo el señor Lorrein.

Ahora, mientras leía esos documentos y analizaba la información, Sola se esforzaba por mantenerse fuerte.

Sheev Palpatine había sido un monstruo, imposible negarlo. Había asesinado a su familia, eliminado rivales políticos, robado fortunas enteras a base de malos tratos para comprar votos en el Senado y hacerse aliado de la Federación de Comercio, extendiendo una red de corrupción en varios sistemas de la galaxia.

—Los documentos no están completos—dijo Sola, mirando los holos con desdén—Pero los complementos deben estar en su casona, quizá Obi-Wan ya los haya encontrado.

—No sé si quisiera ver más—respondió el señor Lorrein, su voz tan horrorizada como su rostro.

Apaillana miraba todas las abrumadoras pruebas frente a ella con tristeza, aunque deseaba llorar, consiguió mantenerse erguida ante esta dura situación. Afortunadamente, Apaillana nunca había confiado del todo en Palpatine, así que ella misma tuvo su propia red de espionaje que mantuvo una barrera entre el difunto Canciller y la exreina. Ahora era momento de usarla.

—Hubo varios que desconfiábamos de Palpatine—dijo Apaillana—Y formamos nuestra propia Alianza. Por la crisis, nos hemos mantenido muy aislados, pero seguimos en contacto.

—¿Podrían ayudarnos?

—No sé qué tanto—la exreina frunció el ceño meditativa—He consigo mantenerme en contacto con un par de naves que siguen en el espacio, escondiéndose de los clones, pero hasta ahora no hemos conseguido comunicación alguna con los planetas del Núcleo, donde estaban mis aliados más poderosos.

—Algo es mejor que nada—dijo Sola convencida.

—Les mandaré un mensaje—respondió Apaillana.

—Avisaré a Obi-Wan que…

Pero la frase de Sola se vio interrumpida cuando sonó su frecuencia, al abrir el canal de comunicación, descubrió que era un canal encriptado que su padre había generado en caso de que debieran intercambiar información delicada. Sola descargó los holos y borró el canal, para que no pudieran rastrearlo pronto.

Pensó que los holos serían un simple reporte de cualquier información encontrada en el destructor estelar, pero en su lugar, encontró lo que parecían ser imágenes de una cámara de seguridad.

Padmé salía de la pequeña nave con un bláster en la mano, sosteniéndolo con un miedo contenido, pero sin bajar la mirada ante los clones que la tenían rodeada. Desde la nave más grande, emergió una figura alta, enmascarada y con capa totalmente vestido de negro, que llevaba en la mano una espada de luz color rojo.

El enmascarado caminó bajando de su nave, moviendo la espada de luz con naturalidad para detener todos los disparos de los bláster. Llegó hasta donde estaba Padmé, y la escoltó protegiéndola de los disparos de regreso a la nave más grande. Padmé se mantuvo cerca del enmascarado, usando su propio bláster para atacar a los clones que intentaban acercarse con una puntería medianamente buena.

Subieron por la plataforma de la nave grande, el enmascarado se paró enfrente de Padmé, deteniendo un disparo que le dio certeramente en el pecho, pocos segundos antes de que la rampa se cerrara y la nave se elevara, entrando al hiper espacio desde el hangar y dejando a varios clones heridos en el suelo.

—¡Por la Diosa! ¡Esa era mi hermana!—exclamó Sola horrorizada—¿Pero qué criatura era esa?

—No lo sé—respondió la exreina, pálida pero de alguna forma coherente.

—Eso parece ser un hangar—dijo el señor Lorrein, reproduciendo de nuevo el video—¿Dónde es esto?

—¡No lo sé!

—¿Hay más información en el mensaje?

Sola revisó, y encontró una pequeña nota redactada por su padre:

Este enfrentamiento ocurrió en el Destroyer III, el destructor estelar en donde me encuentro justo ahora. Parece que hay un desacuerdo entre los clones. No hay información aún de quién es el enmascarado. La nave en la que el enmascarado y Padmé escaparon entró al hiperespacio, nadie sabe hacia dónde. Esto es secreto para los clones, tengan cuidado.

—Háblale a Obi-Wan Kenobi inmediatamente—ordenó Apaillana, con un tono de voz regio que no dejaba lugar a dudas.

Sola, conteniendo sus propias lágrimas de angustia, obedeció.

.

.

.

La reina Kamilla echaba humo de las orejas, ni siquiera el maquillaje y traje ceremonial conseguían esconder su espanto y enojo.

—Llamen al capitán Typho ¡inmediatamente!—gritó con desdén.

El pobre capitán acudió a donde la reina confundido y preocupado por el desplante casi infantil de su soberana, pero ocultó sus muecas con una máscara de seriedad fingida.

—Ordene, mi reina—dijo, cuidando su tono de voz.

—Quiero que gestione un pelotón rápidamente y vayan al Destroyer III—ordenó—Mis súbditos están en problemas y necesitan ayuda lo más pronto posible.

—¿De qué problemas habla, mi reina?

—Mire usted mismo, capitán.

El capitán miró los holos que reprodujo la soberana con sorpresa, no conocía a la muchacha que aparecía ahí, pero los clones atacado y la siniestra figura vestida de negro a su lado no indicaban nada bueno.

—Ella es Padmé Naberrie, nuestra ciudadana desaparecida—dijo la reina, con más energía en su voz—El Delegado Andalerrie consiguió mandarnos estas imágenes del hangar en el Destroyer III, los clones pretendían ocultarlas de nosotros.

—¿Eso quiere decir que los clones están confabulando en nuestra contra?

—Es muy probable—Kamila frunció el ceño—Tu misión es ir ahí y proteger tanto al Delegado Andalerrie como al señor Naberrie, toma a cuantos hombres consideres prudente.

—Como ordene.

Typho se inclinó, pero estaba realmente asustado, si la nave se acercaba mucho al destructor estelar y los clones decidían que se estaban propasando, tirarían a matar. La reina estaba mandándolo a una misión suicida sin siquiera preocuparle las posibles consecuencias de esa decisión.

—Una cosa más—dijo Kamila—Cuando llegue al Destroyer III, se reportará con el Delegado Andalerrie, de quien recibirá órdenes.

—¿Mi señora?—cuestionó Typho, sin creerse lo que la reina acababa de decir.

—El señor Palo Andalerrie está mejor informado que nosotros de todo este asunto—continuó hablando la reina—Así que te pondrás a sus servicios, ¿hablé claro?

—S-sí, mi reina.

Cuando Typho salió de la sala del trono, sintió una pesadez en su ánimo que no experimentaba en años.

Parada al lado de la reina, Sabé miró de reojo a otras dos doncellas, compañeras de ella, y la misma expresión estaba marcada en sus facciones: la total desconfianza hacia el liderazgo de su soberana.

.

.

.

Obi-Wan Kenobi miró las imágenes frente a él con la mano en la barbilla y expresión de concentración, reprodujo el mismo holo al menos cinco veces antes de mencionar sus opiniones. Mientras él observaba, Apaillana, Sola y el señor Lorrein esperaban ansiosos por sus comentarios, deseando que él supiera más que ellos. Tuvieron razón.

—Es Vader—dijo Obi-Wan, suspirado con pesadez y cerrando los ojos con vergüenza—Ése es Vader, el aprendiz…

Cuando su sospecha quedó confirmada, Sola sintió sus ojos llenarse de lágrimas, y se llevó ambas manos al rostro con inquietud. Apaillana respiró profundo, comenzando a prepararse mentalmente para las batallas que venían.

—¿Cómo está tan seguro?—preguntó el señor Lorrein.

—Tiene el mismo porte, usa una máscara casi idéntica, y reconozco ese estilo de combate porque yo peleé contra él—explicó Obi-Wan—Su traje se ve muy diferente, mejorado me atrevería a decir. Pero es él, lo sé.

—Entonces un aprendiz de Sith tiene a mi hermana—dijo Sola, abriendo los ojos y mirando a los holos nuevamente—Tal y como tú temías.

—Lo lamento.

Pero Sola no iba a desperdiciar más segundos en sentir lástima por ella y su familia, ella estaba ahí con un propósito, e iba a cumplirlo.

—Si es así… ¿por qué ella acude a él?—preguntó con astucia.

Apaillana y el señor Lorrein se miraron entre sí, y luego hacia las imágenes, notando ese detalle que a Sola no se le pasó por alto. En medio de ese combate contra los clones, Padmé Naberrie estaba buscando a Vader, se estaba yendo con él de manera voluntaria, y él parecía estarla protegiendo.

—No creo que sea eso lo que sucede aquí—dijo Obi-Wan con el ceño fruncido—Tu hermana debió intentar escapar, pero Vader la siguió y volvió a secuestrarla.

—No sé mucho de los Sith, señor Kenobi, pero conozco bien a mi hermana—replicó—Ella no parece estar escapando de Vader en absoluto.

—Me atreveré a suponer, que cuando tu hermana se vio rodeada de los clones Vader lo aprovechó para embaucarla—dijo Obi-Wan—Es la explicación más lógica.

A Sola no terminaba de gustarle esa suposición, pero tampoco tenía pruebas que aclaran mejor ese panorama. Obi-Wan detuvo la imagen de un holo en donde podía apreciarse perfectamente al mencionado Darth Vader: alto, siniestro, casi monstruoso… Sola no comprendía cómo Padmé resistía estar a su lado.

"Siempre ha sido así" pensó "Fuerte y segura de sí misma" una sonrisa melancólica abarcó sus labios, cuando notó la manera en que Padmé estaba sosteniendo el bláster. Ella jamás había sostenido un arma en su vida antes de este evento, y sorprendentemente, parecía sostener el arma con naturalidad. Esa actitud guerrera iba bien con ella.

El comunicador de Apaillana comenzó a sonar, y la exreina miró el remitente del mensaje con el ceño fruncido. Salió de la sala para encerrarse en una habitación anexa más pequeña, viendo el mensaje con una mezcla de resignación y enfado.

La reina Kamila ha mandado al capitán Typho y a un pelotón al destructor estelar. No avisó a los clones. No tienen mejores armas. Ni siquiera tienen el permiso de salir de la atmósfera. Han recibido imágenes comprometedoras de la muchacha Naberrie peleando al lado de una criatura alta y poderosa. Esperamos instrucciones.

Apaillana intentó calmarse, pero la ira recorría su cuerpo de pies a cabeza, ¿es que Kamila realmente era tan estúpida? ¿no se daba cuenta de la forma en que estaba comprometiendo al planeta por su berrinche? Nadie podía enfrentarse a los clones y salir victorioso, al menos no por ahora, y esta reina parecía dispuesta a demostrar lo incompetente, o ingenua, que podía llegar a ser.

Inhalando profundamente para calmarse, Apaillana llegó a una conclusión: era momento de intervenir.

.

.

.

Sola llegó a su casa con una expresión angustiada; en casa, Jobal la esperaba preparando una cena rápida, y Darren terminaba de dormir a las niñas. Un par de minutos después, los adultos se sentaron en el comedor, donde Sola le contó a su madre y esposo todo lo que llevaban avanzada de la investigación.

Jobal se veía menos entristecida que antes, quizá ya más resignada por el asunto que estaban viviendo, y Darren estaba comprometido a seguir siendo un apoyo para la familia de su esposa en un asunto tan delicado. Sola estaba cansada, pero la energía seguía sin abandonarla, convencida de que cada día estaban a un paso más cerca de recuperar a su hermanita.

—¿Y qué harás?—preguntó Darren.

Sola frunció sus labios antes de hablar, sabiendo que lo que iba a decir no era sencillo.

—Mañana iré al palacio, en donde ayudaré en todo lo que pueda.

—¿La reina Kamila al fin hará algo?—replicó Jobal con desdén.

—No en realidad… lo hará la exreina Apaillana.

Jobal y Darren se miraron entre sí inseguros, las querellas políticas que comenzaban a gestionarse en Naboo no eran agradables, y menos cuando la excusa era la desaparición de Padmé.

—¿Cómo?

—En este momento, Apaillana está en el palacio—dijo Sola—La reina Kamila cometió una tontería, y la exreina quiere remediarlo.

—Oh, Sola… ¿no te estás arriesgando mucho?—preguntó su madre, mirando a su primogénita con tristeza.

—Mamá, a estas alturas, ya no hay riesgo que no pienso cometer.

Darren agarró la mano de su esposa y la apretó cariñosamente, dándole su apoyo. Cuando el tiempo se llegara en que debieran darle cuentas la Diosa por sus actos en vida, nadie podría jamás acusar a los Naberrie de indiferencia cuando uno de los suyos ocupó ayuda.

.

.

.

La reina Kamila estaba sentada en su trono dentro del parlamento, mirando a miembros del cuerpo legislativo, y a los escaños de los ministros, con expresión severa. Sabía que no estaban contentos con ella, ahora menos que nunca, pero no iba a permitirles que la humillaran de ninguna forma.

—Mi reina, esta medida debió ser consultada al menos con el ministro de seguridad—replicó uno de los legisladores—¡mandar tropas a un destructor estelar puede interpretarse como una declaración de guerra!

—No puede interpretarse, es una declaración de guerra—replicó Kamila con tono frío—Pero no hacia los clones, sino a ese encapuchado negro que tiene cautiva a una de nuestras ciudadanas.

—Pero, mi reina…

—¿Cuál es su lógica, ministro?—replicó—¿Abandonar a una ciudadana nuestra, en tiempos de crisis? ¡esos jamás han sido los usos de Naboo!

—Desde luego que no, pero ha tomado una medida precipitada, y…

—Le sugiero que reconsidere el tono de voz que está usando, ministro.

El ministro tenía el rostro rojo por el enfado. Kamila se estaba tomando personal una crítica bastante apropiada, después de diez años aislados, era normal que los burócratas se sintieran inquietos con los clones, y más cuando su reina no tenía experiencia en este tipo de situaciones. Pero Kamila no daba lugar a críticas, y comenzaba a actuar despóticamente.

Naboo podía soportar la corrupción, un cierto nivel de negligencia e incluso algo de nepotismo… pero esto no. Esta incompetencia y tiranía acabó con la paciencia de todos.

—No—replicó el ministro—Reina Kamila, esta es una monarquía parlamentaria y constitucional, y todos aquí tenemos el derecho de expresarnos abiertamente, aún si no le gusta mi tono de voz.

Kamila estaba sorprendida, aunque no quisiera admitirlo. En sus años como soberana, jamás se le habían enfrentado así, todo el cuerpo gubernamental estaba demasiado metido en sus asuntos como para importarle mucho el palacio. La apatía que surgió con la crisis le dio en su momento a Kamila poder absoluto sobre lo que ella quisiera.

Pero esos tiempos de apatía estaban terminando, Naboo se encontraba enfrentando un peligro bastante real por primera vez en una década, y el espíritu democrático del planeta, adormecido por tanto tiempo, comenzaba a despertar. Era como ver a un guerrero abandonar su retiro para sostener su arma por primera vez, dispuesto a dar pelea.

—Esta es una clara falta de respeto—declaró Kamila—Arréstenlo.

Los guardias se miraron entre sí contrariados, pero antes de que pudieran moverse, Sabé dio un paso adelante.

—El ministro no ha cometido delito alguno—dijo la doncella solemnemente—Por ley, nadie puede ser apresado sin pruebas contundentes, majestad.

Dijo la última palabra con desdén, dejándole en claro a Kamila que ella tampoco iba a seguir obedeciendo cualquier tontería.

Kamila sintió pánico, pero consiguió contenerlo forzando a su rostro a verse severo.

—Esto, se llama insubordinación—dijo Kamila—Incluso la llamaría traición…

—¿Traición, dice usted?

—¡Por supuesto que sí! Estás dándole la espalda a tu reina.

—Mi lealtad es con el trono de Naboo—replicó Sabé—No con quien lo ocupe, señora.

Los ministros sintieron una oleada de respeto hacia la doncella, quién con esa simple acción, les recordó qué hacían ahí: velaban por Naboo como un todo, no por la persona que estuviera temporalmente a cargo.

—¡Arréstenla!—gritó Kamila.

Los guardias se pararon al lado de Sabé, escoltándola, pero antes de que pudieran hacer algo más la puerta se abrió y una milicia entró al parlamento. Los ministros y legisladores al principio vieron horrorizados a esos ciudadanos armados, pero se calmaron cuando notaron que ellos iban escoltando a la exreina Apaillana, luciendo más regia aún que cuando usó la corona.

—¿Qué significa esto?—gritó Kamila de nuevo, incapaz de comprender aún que todo se había salido de sus manos—¡Ustedes no tienen permitido estar aquí!

—Rina Kamila, el pueblo de Naboo te ha juzgado indigna de liderarnos en tiempo de crisis—dijo Apaillana con tono solemne—Serás depuesta y una persona ocupará tu cargo temporalmente en lo que se convocan nuevas elecciones, haciendo uso de la Ley de las Crisis e Irregularidades en su artículo 23 sección 2.

—¡No puedes hacer eso! Tú no tienes poder aquí, Apaillana—dijo Kamila con enfado—¡Tu tiempo terminó hace mucho!

—Y aún así, tu incompetencia ha hecho que los ciudadanos acudan a mí en tiempos de crisis—respondió Apaillana con enfado—Eres la única ciega que no ha tonado lo peligroso del terreno donde estás parada.

—¿Qué podrás saber tú, que lo miras todo desde tu montaña aislada? Al menos yo no soy una cobarde escondiéndose, y he permanecido aquí dando la cara.

—Tienes muy poca dignidad para vanagloriarte de cumplir con tu deber—dijo la exreina—Has permitido que la corrupción y el nepotismo deterioren a nuestro hermoso planeta, dejándonos más vulnerables ahora que la galaxia entera enfrenta una crisis. Todo Naboo sabe de los excesos de tu corte, y peor aún, de tus boberías infantiles.

—¿Cómo te atreves a…?

.—¡No! ¡¿Cómo te atreves tú, siendo la reina de Naboo, a darle la espalda a tu gente?!—gritó Apaillana fuera de sí—¡Nadie espera que seas perfecta, Kamila, pero sí que al menos sepas reconocer cuando no puedes afrontar una situación! Tu egoísmo nos ha dejado muy mal parados ¡y todavía puede ser peor!

—¡Exijo un juicio por Corte!—reclamó Kamila—Si tienes el descaro de solicitar una deposición, al menos debe ser legal.

—Todo este proceso es perfectamente legal—dijo el señor Lorrein, haciendo notar su presencia entre el cortejo de Apaillana—Para hacer una deposición, además del juicio se ocupan representantes que den testimonio de la incompetencia del soberano en turno, representantes que pertenezcan al partido, al parlamento, al despacho y a la Corte.

—Yo no veo esos representantes aquí—Kamila, aunque más nerviosa, hizo lo posible por mantenerse firme, queriendo intimidar a los demás.

—Yo represento al despacho—dijo el señor Lorrein—En mi calidad de Consular de la Corona.

—¡Ni siquiera estás entre mis ministros principales!—gritó Kamila.

—Pero sigo siendo parte del cuerpo burocrático, majestad.

—¡Secundo al señor Lorrein!—dijo el Ministro de Seguridad, varios ministros hicieron lo mismo. Kamila los miró a todos con ojos asesinos.

—Yo represento al Parlamento—dijo un legislador joven, parándose rápidamente.

—¡Y yo también!

—Yo represento a la Corte—dijo Sabé, unas cuantas doncellas más parándose a su lado—Y declaramos que Su Majestad no ha sido capaz de liderar a Naboo como lo merece su pueblo.

—Jamás me agradaste—siseó Kamila con enfado, mirando a Sabé como si pudiera matarla ahí mismo.

Sabé no se molestó en responder.

—Y yo represento al partido—dijo Apaillana—Pues aún estoy afiliada. Así pues, reina Kamila, su gobierno será depuesto y su cargo ocupado de manera temporal hasta las nuevas elecciones, que serán adelantadas. Un juico y auditoría sobre su gobierno serán encargados por el nuevo gabinete una vez que esté en curso. Llévensela, guardias.

—¡Esto es inaudito! ¡Es ilegal, es…!

—Es lo justo—dijo Apaillana, con voz severa—Muestra algo de dignidad, Kamila.

Roja por el enfado, y con lágrimas de rabia en sus ojos, Kamila detuvo su berrinche para salir del recinto con guardias escoltándola, sintiéndose más humillada que nunca en toda su vida. Apenas cruzó la puerta, todos los ministros y legisladores miraron hacia Apaillana como niños que buscan a sus padres.

—Hay demasiadas cosas que hacer, y muy poco tiempo—dijo Apaillana—Por ahora, me dirijo al Parlamento, ¿a quién vota este honorable cuerpo para ocupar el cargo de rey o reina temporal?

—Propongo a la exreina Apaillana—dijo el legislador—¿Quién secunda la moción?

Todos los legisladores levantaron sus manos y Apaillana asintió, inhalando profundamente antes de volver a hablar.

—Me honra la confianza que me han otorgado—dijo—Y no les defraudaré. Ministro de Seguridad, por favor, explíquenos qué tan grave es realmente la situación.

Por la cara del Ministro, nadie se sintió seguro.

.

.

.

Apaillana entró al palacio derrochando una energía y liderazgo que nadie había sentido en años. Se sentó en la Sala del Trono, odiando las circunstancias que la regresaron a ese lugar, pero con mil planes en la cabeza de cómo mejorar la compleja situación de su planeta.

—Sabé, por favor prepárame un informe detallado de las últimas decisiones que ha tomado la reina Kamila—ordenó Apaillana a su doncella de confianza.

—Sí, mi reina.

—Ministro de Seguridad, por favor, deme más detalles sobre las tropas que partieron con el capitán Typho, ¿hace cuánto se ha ido?

—Hace casi tres horas, Majestad. La reina Kamila ordenó que se fuera inmediatamente.

—¿Y tenemos alguna comunicación con el Destroyer III?

—Solo con algunos clones, mi reina.

—Enlaza inmediatamente un canal de comunicación con esos clones, no podemos permitir que malinterpreten todo este desastre.

—Así será, mi reina.

El Ministro de Seguridad se sentó en una de las computadoras, comenzando a buscar un canal de comunicación seguro. En eso, un guardia se asomó desde el umbral y llamó a Apaillana.

—Majestad, alguien solicita una audiencia con usted, es una ciudadana llamada Sola Naberrie.

—Hazla pasar.

El soldado asintió y se fue. Poco después entró Sola Naberrie, acompañada por Darren, ambos se veían muy preocupados.

—No me agradan sus expresiones—dijo Apaillana, mirándolos a los ojos—¿Qué ha pasado?

—Es Obi-Wan—siseó Sola, mientras Darren rodaba los ojos.

—¿Qué ha hecho?

—Se coló en la nave del capitán Typho, y apagó su comunicador.

Apaillana suspiró, volteando hacia el señor Lorrein y al Ministro de Seguridad. Por la Diosa, por cada problema que surgía parecían aparecer otros dos más.


Canción del capítulo: "Que muera ya" de la película La Bella y la Bestia en su versión en Español Latino.

Y eso es todo por ahora...

1.-¿Qué tal Kenobi? por ahora está totalmente concentrado en derrotar a Vader, pero ¿qué pasará cuando se reencuentren?

2.-Uff, Apaillana ha tomado el control y la caprichosa Kamila está relegada por ahora. Era justo y necesario, creo yo. Con esta acción la inestabilidad de Naboo dará un giro, pero eso se desarrollará después.

En el próximo capítulo, regresamos al Executor, donde nos espera una escena muy interesante con nuestro Sith favorito. Gracias por leer, ojalá les haya gustado ¡saludos a todos!