NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS

¡Hola a todos! primero que nada, espero que hayan pasado una muy feliz navidad con sus seres queridos, con muchas bendiciones c:

Y pues... nos estamos acercando al desenlace de la historia. En este capítulo, volvemos al Executor, donde se está cociendo el inicio del fin. No quiero darles más detalles, porque a final de cuentas lo que importa es que ustedes lo lean. Así pues, los dejo.

GRACIAS a ichigo uraha Shihoin, Jeinesz06, Ranma84 y MichelleAloy por sus comentarios (respondidos por PM)

¡disfruten!


Capítulo 24

La plática

Fábula ancestral, canto celestial

Es tan singular que te hace cambiar

Lo que estaba mal

Padmé estaba de pie con un DataPad en sus manos, haciendo una investigación en la HoloNet. Desde el inicio de la Crisis, la HoloNet había sido restringida a un nivel tal que era casi imposible acceder a ella, pero el Executor estaba libre de esos bloqueos, permitiéndole a Padmé hacer una investigación mucho más completa de lo que tenía anticipado.

Después de que Vader le enseñara cómo disparar, él levantó todas y cada una de las restricciones que ella tenía en el Executor. Ahora podía desplazarse a donde quisiera, usar los sistemas, ver los archivos, incluso la HoloNet. Ya no tenía ninguna prohibición.

Emocionada y sintiéndose más feliz de lo que se había sentido en días, Padmé planeó una manera de agradecerle a Vader por su confianza. Él seguía acompañándola cuando practicaba con el bláster, dándole más consejos para mejorar su técnica. Incluso había intentado enseñarle algunas maniobras de defensa personal.

—Eres una mujer testaruda, más vale que sepas defenderte—dijo Vader un día, cuando ella practicaba sus maniobras.

Ella aprendía todo contenta, era algo que siempre quiso y Vader le enseñaba con absoluta confianza en sus capacidades. Él jamás parecía subestimarla, y eso le gustó, la hacía sentirse incluso especial.

También la acompañaba cuando atendía sus jardines. Le hacía preguntas sobre las plantas, y Padmé siempre terminaba contándole alguna anécdota de su infancia. Era sencillo hablar con él.

Por su parte, Padmé descubrió que Vader tenía un taller en donde se relajaba reparando maquinaria. Le gustaba sentarse a su lado, mientras él le explicaba cómo conectar circuitos o reiniciar sistemas; Vader sabía de todo un poco, no le sorprendería que fuera un ingeniero altamente especializado. Reparaba cualquier cosa que llegaba a sus manos, y su habilidad le fascinaba, él y Padmé podían pasar horas en silencio, disfrutando la compañía mutua.

Padmé encontraba cada vez más fascinante a Vader. Era innegable su pasado oscuro, pero había muchos más detalles en el hombre bajo la máscara de lo que nunca pudo imaginarse. Bajo su disciplina férrea y ásperos modales militares, Vader podía ser muy amable y considerado, con un sentido del humor agrio y una inteligencia que no había visto jamás en otra persona.

—El problema es que no siempre se llega a un acuerdo en la democracia—dijo ella una tarde, mientras atendía a sus plantas.

—Entonces se necesita a alguien que tome las decisiones—respondió Vader.

—¿Alguien como quién?

—No lo sé, pero alguien sabio.

—Eso suena a una dictadura para mí.

—Si funciona…

Lo miró casi horrorizada.

—Bromeas, ¿no es cierto?

—No.

—¿Entonces respaldarías una dictadura?

—Solo si es eficiente—dijo Vader—Mientras exista el orden, lo demás es prescindible.

—¿Así que el orden justifica todo?

—Naturalmente, el fin justifica los medios.

—¡Oh, por favor! ¿a qué costo? Es decir, el pago puede ser muy alto ¿no crees que debería existir un punto medio?

—Pero, ¿cuánto es demasiado, Padmé?—continuó él—El costo siempre dependerá de la persona. Así pues, el punto medio será relativo.

Ella quiso replicar, pero en honor a la verdad, esa respuesta la dejó pensando.

Padmé no había tenido conversaciones así de estimulantes desde que ella era una niña y visitaba la Universidad con su padre, aprovechando esas visitas para hablar con estudiantes y maestros. Vader tenía una visión muy cínica del mundo, pero bien fundamentada y argumentos que la dejaban pensando durante horas a veces, incluso llevándola a investigar perspectivas que nunca antes consideró.

Ahora que tenía acceso a la HoloNet, Padmé revisaba muchos más materiales sobre política y filosofía, aprovechando que al fin tenía a una persona con quien debatir de esos temas. También intentó mandarle un mensaje a su familia, hacerles saber que estaba bien –y que no la buscaran– pero los mensajes no conseguían llegar a los satélites del Sistema de Naboo, así que debió resignarse a continuar sus investigaciones.

Solo un día después de que Vader le diera acceso a los sistemas, Padmé decidió presionar su suerte, pero convencida de que era por las razones correctas. Usando un usuario encriptado para que el sistema no la detectara –técnicamente ella podía ver lo que quisiera, pero no quería dejar evidencia de eso– Padmé tuvo acceso al récord médico de Vader.

Esa noche, cuando leyó a profundidad las heridas de Vader y la forma en que habían sido tratadas, la invadió un pesar intenso, haciéndola extender su hora de práctica con el bláster para poder desahogar su rabia de una manera más eficiente. Sabía que Vader no era un santo, pero ¿quién pudo ser tan cruel para intentar quemar vivo a una persona?

Según el registro médico, Vader había perdido su mano derecha, la cual fue reemplazada por una prótesis, cuando tenía alrededor de dieciséis años. Luego, a sus veinte años, sufrió unas terribles heridas en un duelo, que comprometieron sus piernas, y fue dejado al borde de un río de lava para que muriera quemado. Su cuerpo entero se quemó en más de un 80% y los gases tóxicos laceraron casi todo su sistema respiratorio. Los droides médicos del Executor consiguieron revertir el daño nervioso en sus piernas, pero no pudieron hacer nada para que sus pulmones sanaran, y eso lo obligaba a usar la máscara y a dormir en su aposento, donde la oxigenación era mejor.

Vader estaba condenado a usar ese traje para poder vivir, y a llevar en su cuerpo las cicatrices de esas horribles quemaduras por el resto de su vida. Por más que Padmé intentaba pensar qué clase de atrocidades pudo cometer el Sith para haber sido atacado de esa forma, el mismo pensamiento se repetía en su cabeza: ¿por qué dejarlo sufrir así? ¿acaso no hubiera sido mejor matarlo, y dejar que el fuego consumiera la evidencia del crimen? ¿cuál era el punto de dejarlo medio vivo después de una tortura tan atroz, para que vagara solo por el espacio condenado a ser una especie de ciborg?

Padmé comprendió que, desde ese accidente, la humanidad de Vader había sido comprometida. Las palabras de R2 tuvieron otro significado, pues si Vader sobrevivió ese accidente sin la ayuda de nadie –ningún amigo, familiar, o siquiera un ser humano– debiendo conformarse con la presencia de droides, entonces… entonces ya no podía odiarlo. Para nada.

¿Cómo esperar que Vader fuera compasivo, cuando nadie lo fue con él? ¿cómo esperar que tuviera sentimientos amables, cuando llevaba tanto tiempo aislado del mundo, traicionado por alguien? Porque si bien Padmé no sabía los detalles de ese accidente, sí sabía que Vader fue traicionado. Confío en alguien, y ese alguien lo dejó quemarse vivo pensando que moriría.

¿Cómo es que Vader conseguía despertar cada mañana, sufriendo en carne propia las heridas de esa traición, y continuaba con su vida? Padmé sabía que ella no sería tan fuerte. Si alguien la traicionara de esa manera… no, ella no tendría el coraje de seguir. Ella hubiera muerto en ese fuego, consumida por la tristeza, y no hubiera pasado diez años vagando por la galaxia con la esperanza de encontrar algún nuevo propósito.

Padmé Naberrie nunca pensó que admiraría a Vader, pero ahora lo hacía. Y era por eso que estaba haciendo esta investigación.

Había una facilidad médica en Kamino con tecnología de clonación que definitivamente podría hacer una diferencia para las heridas de Vader. Podrían tomar muestras de sus pulmones y crear células nuevas que reemplazaran las dañadas, permitiéndole dejar de usar la máscara, ¡con suerte incluso podrían hacerle nuevos injertos de piel!

Ahora que tenía esa información, Padmé se armaba de valor para comentársela a Vader. Considerando que él tenía acceso libre a la HoloNet, de seguro él ya sabía de esas facilidades médicas, así que si no se había atendido debía ser por otra cosa. Padmé quería convencerlo de ir a Kamino y que se diera una oportunidad. Y para eso, ocupaba encontrarlo de mejor humor posible, así que llevaba un arma secreta…

El cronómetro sonó, Padmé cerró los archivos de la DataPad y se asomó sonriente al horno, de donde sacó el pay de cerezos azules recién hecho. Olía maravilloso. Le tomó varios días perfeccionar su técnica, pero al fin consiguió hacer un pay tan bonito y sabroso como el de su madre. Satisfecha consigo misma, Padmé puso el pay en una charola, junto con té y leche, y se echó la DataPad a la bolsa, luego dejó la charola sobre un carrito y lo empujó hacia el Sector 6.

Respiró profundo para calmar su mente y bloquear sus pensamientos. Días atrás, Vader le enseñó cómo bloquear su mente de él por si ella quería más privacidad. Mantuvo sus escudos mentales lo más elevados posibles, hasta llegar a los aposentos de Vader. Lo encontró afuera de su recinto, mirando unos holos en su centro de control.

—Hola—saludó ella sonriente.

Vader se sorprendió al verla, en verdad no había detectado en ningún momento su mente, "Aprende rápido" pensó él complacido, mirándola de pies a cabeza.

Padmé se veía preciosa, llevaba puesto un vestido color amarillo, con varias capas de telas delgadas que ondeaban cuando ella caminaba creando la ilusión de una falda amplia. El corsé tenía decoraciones florales, y había combinado listones en el recogido de su cabello para darse un aire más etéreo. Vader sintió su corazón acelerarse, y una tristeza nada nueva nubló su corazón, ¿qué hacía un ángel tan bello ahí, bajando de los cielos para visitarlo en su infierno?

—Hola—respondió él.

—¿Has merendado?—preguntó ella, con esa enorme sonrisa que siempre lo desarmaba.

—No—dijo él, sin querer explicarle que nunca lo hacía.

—Excelente, porque te he preparado algo.

—¿Oh?

—Te dije que debías probar el pay casero, ¿no lo recuerdas?—dijo ella, fingiéndose ofendida.

—Sí.

—Bueno, te preparé pay de cerezos azules, es la misma receta de mi madre.

Vader notó entonces el apetecible pay en el carrito de cocina que empujaba Padmé, y todos sus sentidos se tensaron, ¿qué pretendía ella?

—Supongo que puedo probarlo después.

—No, después no—replicó, usando ese tono de voz que Vader conocía muy bien: ella estaba peleando su batalla—Quiero verte cuando lo pruebes y admitas que sabe mejor que la comida replicada.

—Estoy seguro que sabrá mejor.

—Pero quiero verlo con mis propios ojos—continuó ella—Vamos, entremos al recinto.

"¿Qué?" Vader la miró anonadado mientras Padmé sujetaba la charola y caminaba hacia su recinto sin vacilar.

—Padmé…

Intentó que su voz sonara severa, pero a estas alturas, era imposible. No conseguía negarle nada, menos cuando venía tan preciosa y atenta mostrándose amable con él.

Vader escuchó a la oscuridad mofarse de él, pero francamente, no sintió nada de enfado por eso. Entró al recinto, y fue Padmé quién accionó los controles para cerrar la parte superior del mismo.

Vio a Padmé darle la espalda mientras cortaba dos rebanadas de pay y servía el té. Vader se sentó y se quitó el casco despacio, con mil sentimientos encontrados; Padmé volteó, y al ver su deformado rostro, le dedicó una enorme sonrisa, luego le tendió el plato con el pay.

—Provecho—dijo ella.

Vader jamás entendería cómo ella, tan hermosa criatura, podía soportar mirar su grotesca forma.

—Gracias.

Estaba estático, sin comprender cómo había llegado a este punto. Miró el pay en sus manos, el cual Padmé había preparado con una receta familiar solo para él… no tenía corazón para decirle a Padmé que llevaba años sin comer alimentos sólidos, y que no estaba seguro de cómo su estómago recibiría este alimento. Pero Padmé estaba tan emocionada, proyectaba su alegría a través de la Fuerza, dejándolo a su merced.

Por alguna razón, la Fuerza había tenido misericordia de él y Padmé aún no era totalmente consciente del poder que ella tenía sobre él, pero conociendo la astucia de esa mujer, no demoraría en notarlo… y entonces que la Fuerza se apiadara de él.

Partió un trozo pequeño de pay, las cerezas se habían derretido con el azúcar formando una mermelada brillante de color azul, embarrada en una masa que olía muy bien. Se llevó el trozo a la boca, la explosión de sabor en su lengua abrumó su sentido del gusto en desuso.

Padmé miró en primera fila cómo el rostro de Vader se iluminó cuando pudo disfrutar de los sabores, sus ojos azules resplandeciendo deleitándose por una emoción tan positiva. Eran los mismos ojos azules que ella recordaba, de un color específico, Padmé estaba segura de que nunca vería ojos del mismo tono azul en ninguna otra criatura de la galaxia.

—Extrañaba tus ojos—dijo sinceramente, mirándolo embelesada—Son muy bonitos.

Vader sintió su corazón acelerarse, ¿qué era eso extraño que sentía en sus entrañas? ¿quizá era el pay, haciendo a su estómago trabajar de nuevo?

—Está delicioso—respondió, sin saber cómo responderle al cumplido—Cocinas muy bien.

—Oh, no tanto.—Padmé le dio un mordisco a su rebanada—Solo preparo bien algunas recetas, como esta. La verdad es que en casa nunca cociné mucho.

—Sigue siendo el mejor pay que he probado en mi vida.

—Solo me halagas.

Vader siguió comiendo, notando lo complacida que estaba ella por ese simple gesto, disfrutando su primera comida real en años.

—¿Cuál es tu comida favorita?—preguntó Padmé, mirándolo de frente.

—Oh, mmm… —se tomó un momento para pensar, recordando su juventud—Estofado de Bantha.

—¿Qué es un Bantha?

—Animales muy grandes, originarios de Tatooine.

—¡Ah, es cierto!—Padmé recordó que Vader era de ese planeta—¿Lo comías de niño, entonces?

—Mi madre lo preparaba en mis cumpleaños.

—Eso es lindo, mi mamá me hacía pastel de shuura en el mío—Padmé sonrió, satisfecha de que él comenzara a bajar su guardia, y haciendo uso de todo su autocontrol para mantener la conversación en un tono casual—Te gustaría, lo prepararé después.

—Probablemente, aunque este pay es delicioso.

Padmé notó que ya casi se había terminado su rebanada, así que procedió a servirle otra. Vader se encogió de hombros, decidiendo que iba a disfrutar este momento.

—¿Y dónde se consigue la carne de Bantha?—preguntó con ligereza, como si fuera cualquier cosa—Preferiría comprarla en vez de sintetizarla, para hacer el estofado.

—¿Oh?—Vader la miró frunciendo el ceño, pero Padmé seguía siendo difícil de leer.

—Me gustaría prepararte el estofado un día de estos… y ¿por qué no? En tu cumpleaños.

—No tienes que hacer esto, Padmé—dijo, frunciendo los labios.

—Es cierto, pero me gusta—respondió rápidamente, sin darle tiempo de que pudiera ponerse su coraza emocional de nuevo—Me gusta esa mirada en tus ojos, Vader.

Vader la miró fijamente, ¿cómo responderle a eso? En su interior, la oscuridad estaba tan callada como su mente, y solo podía escuchar el canto de la luz, "Déjate llevar" cantaba con ese tono armonioso "Déjate llevar".

Pero… pero… la última vez que escuchó a la luz, fue brutalmente herido en Mustafar. Ese día pensó que había perdido todo. Y ahora, teniendo a Padmé frente a él, su cabeza trabajaba muy rápido, ¿qué es lo peor que podría pasarle si escuchaba a la luz ahora?

Como una terrible revelación, la respuesta a esa pregunta llegó a su cabeza golpeándolo con su abrumadora realidad. Padmé era un ángel en su vida, tan hermosa, tan auténtica e inteligente, encantaba todo a su alrededor. Una criatura así no merecía pasar el resto de su existencia en el infierno al cual él estaba condenado. Ella merecía la galaxia entera a sus pies, y Vader sabía que ella podría conseguirlo si quisiera.

Tenía que despertar de este sueño, antes de que rompiera lo último que le quedaba de su maltrecha alma.

—Padmé, has sido muy amable conmigo—dijo, las palabras atorándose en su garganta—Como un ángel.

Padmé se ruborizó por el cumplido, sin dejar de mirarlo.

—Tú también has sido bueno conmigo, como mi protector.

Esas dulces palabras chocaron en lo más profundo del corazón de Vader, quien decidió extender un poco más el momento.

—¿Has sido feliz aquí, Padmé?

—Sí, me gusta estar aquí, solo…

"Mi familia" pensó ella. Vader no pudo leer ese pensamiento, pero la añoranza en el rostro de Padmé fue suficiente para que él comprendiera. Desde luego que ella extrañaba todo lo que dejó atrás.

—Padmé, si deseas regresar a Naboo, eres libre de hacerlo—dijo, mirando a otro lado para que ella no viera el dolor que estas palabras le estaban causando—Puedes llevarte a R2 y 3PO contigo, te ayudarán a pilotear la vieja nave de mi Maestro, y así podrás pasar el bloqueo.

Ella esperó a que él dijera algo más, pero cuando fue evidente que estaba hablando enserio, varios sentimientos la golpearon. Primero, la sorpresa, porque jamás esperó que Vader dijera algo así. Segundo, la alegría, ante la simple idea de poder ver a su familia. Pero luego, una tristeza ensombreció su mente, y miró a Vader con angustia, ¿acaso él quería deshacerse de ella? ¿y si nunca más lo volvía a ver?

—¿Qué?—dijo con voz contenida, incapaz de formular una oración más coherente.

—Eres libre de irte, Padmé. Y puedes llevarte lo que gustes.

Volteó a verla, cuando sus ojos se encontraron, Padmé miró la tristeza de Vader, y él notó la conmoción de ella. Ninguno de los dos sabía exactamente qué decir.

—Oh… bien.

Suspirando, Padmé desvió la mirada, Vader no parecía especialmente contento, y decidió aferrarse a eso.

—Está bien, me iré—dijo, luego se armó de valor para verlo de frente—Pero solo si vienes conmigo.

Nunca, en toda su vida, Vader pudo soñar que escucharía algo así.

—Bromeas, ¿cierto?

—No—Padmé se enderezó, adoptando su postura de debate, a la cual Vader ya había aprendido a temer—Yo… de hecho, quería proponerte algo.

"Demasiado bueno para ser verdad" suspiró Vader. Desde luego, Padmé había sido especialmente amable con él porque deseaba algo. Su postura se tensó, sin embargo, la dejó seguir hablando.

—Leí tu historial médico—dijo ella, y antes de que Vader pudiera interferir, siguió hablando—Y encontré una facilidad médica en Kamino que podría tratar mejor tus heridas. Vayamos a Kamino, te acompañaré mientras te curan… después de eso, volveré a Naboo.

Vader cerró los ojos, sus manos convirtiéndose en puños ¿por qué Padmé era tan perfecta? Aun en estos momentos, ella quería velar por él…la luz seguía cantando en su mente, "Déjate llevar" pero, ¿a dónde lo llevaría? ¿y si jamás podía regresar? Peor aún ¿y si regresaba con aún menos de lo poco que tenía?

—No debiste hacer eso—espetó con voz severa.

—Lo sé, pero quería ayudarte—continuó Padmé—No quiero que tengas que vivir detrás de esa máscara por siempre.

—¿A ti qué te importa eso?

—¡Me importa, y eso es lo único que necesitas saber!

—Esto no te incumbe, Padmé.

—Quizá, pero no pienso quedarme de brazos cruzados mientras tu vida sigue hundiéndose—dijo, fuera de sí—Has vivido aislado de la galaxia por años, y nadie merece eso.

—Te equivocas, Padmé, yo…

—¡Oh, sé muy bien que eres un Sith! Y sé lo que eso significa—espetó ella—Aún así, nadie merece esta vida. Me has mostrado una bondad que solo puede venir de un corazón noble…

—Padmé, solo estás viendo lo que quieres ver.

—No es cierto.

—Lo es. No soy una buena persona. Yo…

—Me salvaste de los clones ¿cierto?

—Sí, pero…

—¿Me has hecho compañía, no? ¿hemos sido amigos, verdad?

—¡Ese no es el punto!

—¡Es que si lo es!

—¡No!—Vader gritó, y la miró enfurecido, Padmé ni siquiera parpadeó—¡Esta discusión termina aquí!

—Temo que no.

—Es así.

—¡No lo es y lo sabes!—gritó Padmé—Mírame, y dime que no lo mereces.

—Padmé…

—¡Mírame a los ojos y dime que no lo mereces!

Vader la miró a los ojos. En otro tiempo, él hubiera reaccionado como un Sith, usando la Fuerza para intimidarla, pero ahora… ahora no podía verla a los ojos sin que esos orbes castaños neutralizaran toda la oscuridad de su alma.

—¿Ves? No puedes—continuó Padmé, quien envalentonada buscó sus manos para sujetarlas—¿Y sabes por qué? Porque en el fondo, estás cansado de sufrir. Nadie merece esta vida. Vayamos a Kamino, busquemos una solución… y cuando estés mejor, podremos ir a Naboo.

—¿Ir a Naboo? ¿nosotros?

—¿Por qué no?

Padmé se sonrojó de nuevo, pero no se retractó. Si, podían ir ambos a Naboo. A Vader le encantaría Varykino, estaba segura de eso, y también los hermosos capullos de ángeles floreciendo alrededor de la casa. Ya sin su máscara, podría oler sus esencias sin problemas, y podría verlo sonreír otra vez.

—No estoy seguro…

—Al menos deberíamos intentarlo—dijo Padmé—Deberías intentarlo.

—¿Y si no funciona?

—¿Y si sí?

Vader no respondió, Padmé lo aprovechó para levantar su mano y, despacio, acercarla a su mejilla. Vader sintió esa caricia y la forma en que estremeció todo su cuerpo ¿acaso era ella consciente de lo que ese simple roce causaba en él?

—Padmé…

Ella vio sus labios, y notó la manera en que sus rostros se acercaban. En otras circunstancias, se hubiera tensado y alejado de inmediato, pero esta vez, sujetó con más fuerza ambas manos de Vader, deseando poder sentir su piel debajo de esos guantes. No había explicación lógica para los sentimientos que estaba experimentando, pero por primera vez en su vida, Padmé Naberrie no quería pensar.

—Quiero… quiero que seas feliz, Vader—susurró ella, sus rostros tan cerca, que Vader sintió su aliento.

Esto era un sueño, tenía que ser un sueño, no podía ser verdad. El ángel que tenía frente a él no podía estar tocándole sus manos, aceptando su cercanía como si no fuera corrompida por su tacto. No…

"Déjate llevar" cantó la luz de nuevo.

La última vez que escuchó a la luz, Vader sintió su cuerpo consumirse entre las llamas.

Esta vez, lo más seguro es que los restos de su corazón y de su alma se consumieran… pero francamente, no le importaba. Si podía pasar al menos unos segundos en este cielo con un ángel, bien valdría la eternidad en el infierno.

Pero antes de que pudiera pasar algo más, las alarmas se encendieron, y el recinto se abrió. Aun antes de que pudiera ver los sistemas del Executor señalando lo que estuviera mal, Vader fue capaz de sentir la presencia del invasor. Una presencia que durante muchos años quiso vengar, pero que ahora, hubiera deseado no volver a ver jamás.

Kenobi estaba en el Executor.


Canción del capítulo: "Bella y bestia" (o "Fábula ancestral") de la película La Bella y la Bestia en su versión en Español Latino.

Pensé en alargar el capítulo, agregar alguna escena con 3PO o más entrenamientos de Padmé con el bláster, pero francamente supuse que todo eso saldría sobrando, porque el núcleo de este capítulo, y lo más importante en esta parte de la historia, es la relación que Vader y Padmé han construido hasta ahora. Hay tanta naturalidad, cariño y comprensión en sus palabras, en la conversación que tuvieron, dejan en claro que ya no son para nada aquellas personas que se conocieron meses atrás...

Y claro, Kenobi ha llegado. El próximo capítulo continuará en el Executor, será la continuación inmediata de esta escena, ¿qué les ha parecido? ¿cómo ven las intenciones de Padmé, o los sentimientos de Vader, ya llegados a este punto? muchas gracias por leer ¡saludos a todos!