NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS
¡Hola a todos! bueno, bueno...este capítulo empezará en el espacio pero terminará en Naboo, sé que rompe un poco con el esquema que he tenido hasta ahora (cada capítulo desarrollándose en un solo lugar) pero es porque vamos siguiendo a los protagonistas, en mi cabeza está justificado jeje. Y agárrense porque se viene una conversación muy intensa...
GRACIAS a Jeinesz06, AP, Ranma84, ichigo urahara Shihoin y Valen Minene por sus hermosos comentarios (los que puedo, los respondo por PM)
AP: Si, para Vader, Padmé ya es su ángel c:
¡disfruten!
Capítulo 28
Escape a Naboo
Nunca podré quitarme este dolor
Cierro los ojos, pero ella sigue ahí
Dejé que ella robara mi melancólico corazón
Es más de lo que puedo soportar
Obi-Wan Kenobi no estaba acostumbrado a ser dejado de lado. En sus tiempos de Jedi, fue un Maestro muy respetado, y aún en sus años exiliado en Naboo, fue una voz escuchada en la comunidad que frecuentaba. Pero ahora, el ex Jedi estaba de pie al lado de Ruwee, contemplando a través de una ventana la destrucción del Executor.
Padmé Naberrie era impresionante. Cuando ella le pidió su ayuda para volver al Executor, supuso –fuerza de la costumbre– que él haría la mayor parte del trabajo. No se esperó que esa mujercita se colara en la nave negra, con dos droides, justo frente a medio pelotón de clones y salir sin un rasguño.
El capitán Typho pensaba parecido, ¿de dónde sacaba su valor y determinación esa muchacha? Parecía una fuerza natural, totalmente indomable y que se lanzaba a por su objetivo sin importarle lo que debiera arrasar en el proceso.
Los cuatro hombres estaban esposados, con varios clones escoltándolos, en una antesala del Puente de Mando, esperando a que el Comandante los recibiera. A los pocos minutos de que Padmé consiguiera escapar del Destroyer III, pelotones enteros de clones rodearon el hangar y terminaron encontrándolos en su escondite. Sin una coartada creíble, y con el antecedente de Padmé escapando del destructor estelar en las peores condiciones, los civiles fueron esposados y ahora esperaban a ser recibidos por los altos mandos clon.
Quizá lo peor era que tenían frente a ellos una ventana por la cual podían observar a detalle la destrucción del Executor; no sabían si Padmé consiguió llegar a esa nave, y de haberlo conseguido, tampoco sabían si pudo evacuar a tiempo. Cada disparo que deterioraba el acorazado añadía más angustia, sobre todo a Ruwee Naberrie, quien sentía un desgaste emocional terrible: un par de horas atrás, tuvo a su pequeña en sus brazos, y ahora volvía a temer por su vida.
El deterioro del Executor era terrible, y para Rex, observar su destrucción era otro duro golpe en su corazón. Hace más de diez años, cuando la Legión 501 peleaba anónimamente para la República, fue comisionada la construcción del destructor estelar más grande, poderoso y mejor equipado de toda la flota republicana. El Executor estaba diseñado para ser la joya de la corona, la nave insignia de la justicia, del honor y la seguridad de la República, una nave que sería comandada por Darth Vader y cuya tripulación sería la Legión 501, los primeros guerreros que defendieron al Senado.
Fue un discurso maravilloso con el cual Palpatin endulzó sus oídos y los hizo sentir importantes al menos el tiempo que le fueran de utilidad. En su tiempo de soldado, Rex siempre creyó que peleaba por una causa importante, lo mismo que sus hermanos. Fue hasta que Palpatine demostró su verdadera naturaleza que Rex comprendió la terrible forma en que fueron usados.
Para el capitán Typho, la angustia que crecía en su ser provenía de su deber: él debió proteger a Padmé Naberrie, su juramento le obligaba a velar por la seguridad de todo ciudadano de Naboo bajo su cargo. A su juicio, había fallado. Solo Obi-Wan conseguía mostrar un semblante más sereno, aunque éste era producto de sus años practicando la meditación, en el fondo de su ser su espíritu se encontraba muy contrariado, disputando una merecida culpa por haber juzgado a Vader, y la preocupación por el bienestar tanto de él como el de la muchacha Naberrie.
Trozos del lujoso acorazado se desprendían con más y más frecuencia, hasta que, tras unos golpes fatídicamente certeros, el Executor no pudo más y explotó. Los escudos del Destroyer III impidieron que la onda expansiva dañara sus instalaciones. Rex contempló la destrucción total del último símbolo que quedaba de esos años pasados, y con dolor, se dio cuenta que las cosas otra vez habían cambiado para siempre. Con un poco de suerte, esta vez el cambio no sería tan catastrófico.
Ruwee contuvo el aliento, sintiendo que su alma abandonaba su cuerpo varios instantes, hasta que Obi-Wan colocó una mano sobre su hombro.
—Ellos están bien—explicó el ex Jedi—No he sentido su muerte en la Fuerza. Ellos consiguieron escapar.
—¿Estás totalmente seguro?
—Sí.
Mirando a Obi-Wan, lo único que Ruwee pudo hacer fue contener sus propios sentimientos. Todo ocurrió tan rápido, ¿a dónde habría ido su hija? ¿regresó a Naboo? ¿estaría realmente a salvo con ese Sith? Ella parecía confiar en él, pero… pero…
—Tu hija estará bien—continuó Obi-Wan—Me ha quedado claro en el poco tiempo que llevo de conocerla lo perfectamente capaz que es para cuidarse a sí misma.
—Evidentemente no eres un padre, Obi-Wan—suspiró Ruwee.
—No, pero confiemos en ella.
—Y en Lord Vader—agregó Rex—Él no dejará que nada malo le pase, se lo aseguro.
Hubo un poco de tensión cuando Rex mencionó al Sith, pero Ruwee asintió. Si Padmé y este clon confiaban tanto en él, lo justo era que también le diera una oportunidad al sujeto.
La puerta se abrió y vieron al Comandante entrar a la sala, con Palo al lado. El rostro de Palo mostraba una sonrisa de superioridad tan grande que retorció las entrañas de Ruwee, ¿cómo se atrevía ese hombre a traicionar a los suyos? Ni siquiera Typho, con todo su entrenamiento militar, pudo evitar el retorcijón en su estómago.
—Los escáneres revelaron que no había formas de vida a bordo del Executor al momento de su destrucción—dijo el Comandante—¿No creen que eso es curioso?
Ruwee contuvo su suspiro de alivio "¡Padmé está bien! Realmente está bien…" pensó, pero obligó a su rostro a mantener una expresión serena. No podía perder la compostura ahora.
—Debe de serlo—habló Obi-Wan, intentando ser él quien cargara con la mayor cantidad de problemas.
—Debo decir, que no me sorprende que hayan ayudado a los prisioneros a escapar—dijo el Comandante—Pero su plan me resulta algo tonto.
—¿Tonto, dices?—continuó Obi-Wan con burla.
—Claro, Jedi.
La expresión del Comandante fue ahora de autosuficiencia, una que no le gustó para nada a los cuatro hombres esposados.
—¿Dónde está Padmé?—preguntó Palo, hablando al fin.
—En la nave de Naboo—mintió Obi-Wan.
—¿Enserio? Porque hay grabaciones de ella robando una nave desde el hangar, y escapando del Destroyer III.
"Maldito bastardo" pensó Ruwee.
—Padmé Naberrie ayudó a Lord Vader a escapar, ¿no es cierto?—cuestionó el Comandante.
—No.
—Tus mentiras y trucos no servirán aquí, Jedi—dijo más enfadado—¡Hablen de una vez con la maldita verdad!
—Usted verá, Comandante, la verdad es tan relativa…
—¡Traidores!—gritó Palo, perdiendo la paciencia.
—El único traidor aquí eres tú—escupió Ruwee con enfado.
—¡Basta!
El Comandante entrecerró los ojos, mirando a Obi-Wan con odio en los ojos. Luego, miró a los otros hombres con desdén, ¿por qué perdía el tiempo con ellos? Solo eran la distracción, después de todo.
—Ejecútenlos—ordenó.
Palo esbozó una leve sonrisa, sintiendo que al fin se iba a hacer justicia. Pero antes de que cualquiera de los cuatro presos pudiera hablar, fue otro clon quien tomó la palabra.
—Protesto, señor.
El Comandante miró al clon en cuestión con asombro, ¿es que ahora todos los clones iban a revelarse? ¿no pudieron hacerlo hace diez años, cuando se ocupaban más que nunca los clones rebeldes?
—CM-2878, más vale que tenga una muy buena excusa para esa protesta—exigió el Comandante.
Por un momento, 78 titubeó, pero luego miró a Ruwee de reojo y retomó su valor.
—Sí mi señor. El señor Ruwee Naberrie ha sido un ciudadano honesto y un hombre atento con nosotros—explicó—Francamente, no lo creo capaz de cometer un acto tan vil como la traición.
—Hay evidencia, soldado.
—Con todo respeto, mi señor, la evidencia no indica que el señor Ruwee Naberrie haya hecho algo malo—continuó 78—No puedo decir lo mismo de su hija, pero él…
—Irrelevante.
—Pero señor…
—Mi señor, CM-2878 tiene razón—dijo CT-7934—El señor Naberrie seguramente fue engatusado por algún truco Jedi.
Ruwee estaba perplejo; los clones no deberían estar ayudándolo de esa forma, sin embargo, lo hacían. Una oleada de respeto y gratitud hizo que bajara los ojos al suelo por un momento, mientras que, a su lado, Rex esbozaba una leve sonrisa.
Parece que no todos sus hermanos estaban tan perdidos después de todo.
—¡Eso es ridículo!—gritó Palo.
—Es muy posible—continuó 34—Usted no estuvo tanto tiempo con el Jedi, señor Andalerrie, por eso no debió ser capaz de usar sus trucos con usted.
—Pero…
—Suena viable—suspiró el Comandante—Y es cierto que los civiles fueron muy cooperativos hasta la llegada de esa escoria Jedi.
Obi-Wan sonrió como si le hubieran hecho un halago.
—¡Pero son traidores!—gritó Palo.
—Además, mi señor, aún podríamos requerir la ayuda de la reina de Naboo—dijo 78.
El Comandante suspiró, admitiendo que sus clones tenían razón.
—Soldado, lleven a los civiles a su nave y manténgalos ahí. Y encierren a la escoria Jedi en otra celda, quizá con la distancia sus trucos dejen de surtir efecto.
—Sí, mi señor.
—Fijen curso hacia Naboo, debemos hablar con la reina—continuó el Comandante—Estos civiles deberán ser enjuiciados por ella, a cambio, nosotros tendremos a Vader y a la mujer Naberrie.
—¡No!—gritó Ruwee—¡Mi hija es inocente!
—¡Padmé es una traidora!—gritó Palo enfurecido—Eres el padre de una oportunista, Ruwee.
—¡Eres un…!
—Ruwee, no—gritó Obi-Wan—¡No lo vale!
Aún esposado, bajo la total merced de los clones, Ruwee Naberrie miró hacia Obi-Wan con el alma entera en sus ojos.
—Protégela por favor—suplicó—Protégela.
Obi-Wan asintió.
.—Así será.
En ese momento, Obi-Wan Kenobi hizo un juramento hacia sí mismo y a la Fuerza: protegería a Padmé Naberrie y a Vader con todos sus recursos, para salvaguardar su honor.
.
.
.
Padmé cerró los ojos cuando Vader la estrechó contra su cuerpo, sintiendo una dulce calidez en su pecho. Por alguna razón, el que Vader la sostuviera de esta forma la hizo sentirse segura, la galaxia podría seguir envuelta en una crisis terrible, pero genuinamente no le importaría mientras él siguiera sujetándola así.
Pero el dulce momento se esfumó cuando el Executor tembló con fuerza, haciendo que ambos cayeran al suelo. Vader la colocó encima de él para que no se pegara, y cuando el temblor pasó, la ayudó a levantarse.
—La nave…
La mente de Vader comenzó a procesarlo todo, si Padmé enserio estaba aquí, con él, eso significaba que su vida corría un grave peligro. Se movió rápido hacia el tablero de su computador, accionando los sistemas que aún funcionaban, cuando lo hizo fuertes y agudas alarmas comenzaron a sonar, indicando que el Executor ya no era seguro en absoluto.
—Es muy tarde—dijo Vader—Aún si activo los escudos, no podríamos entrar al hiper espacio. El Executor está perdido.
—No…
Padmé sollozó, llevándose ambas manos al rostro, ¿enserio Vader también perdería esto? ¿su nave, su único hogar durante años? ¡no era justo!
—Tendremos que evacuar—urgió Vader, tomando la mano de Padmé para guiarla hacia el hangar.
—Pero…—Padmé se detuvo, sintiéndose miserable por un momento—¡Pero este es tu hogar! no podemos dejar que se pierda.
—No, nunca lo ha sido—confesó Vader con un suspiro—Vámonos.
—¿Dejarás que todo esto se pierda?—cuestionó otra vez, su voz temblando por rabia y dolor.
—No me importa que esto se pierda, con tal de que estés a salvo Padmé.
Ella jadeo, Vader aprovechó su pasmo para jalarla de nuevo y comenzar a correr los dos hacia el hangar. Al principio se movieron con rapidez, pero luego Padmé notó que la respiración de Vader era muy forzada, y lo obligó a detenerse en un pasillo.
—¿Cuánto tiempo estuviste sin tu casco?—preguntó Padmé, forzándolo a descansar un par de minutos.
—No lo sé—admitió él—Pero no tenemos tiempo para esto, ya descansaré después.
—Pero…
La verdad era que Padmé quería seguir hablando del tema, todo indicaba que Vader quiso acabar con su vida, y si era así, necesitaba saber la razón. Pero la nave temblaba en ocasiones, no tenía electricidad, y varios paneles de controles habían explotado por las sobrecargas de algunas zonas ya destruidas. Los temblores provocaban que algunos ensamblajes de los pasillos, techos y suelo colapsaran, haciendo que un traslado de diez minutos les tomara casi veinte.
Sin poder usar los elevadores, debieron correr escaleras abajo, y saltar algunos tramos que estaban demasiado deteriorados para usarlos. Padmé sintió su pecho comprimirse, ¿cómo es que una nave tan esplendorosa pudo reducirse a estos escombros tan pronto? Sin escudos ni contrataque, el acorazado estaba condenado.
—Cuidado aquí—dijo Vader, cuando llegaron a un pasillo con celdas de poder.
Las celdas de energía estaban inestables, encendiéndose y apagándose de manera aleatoria. No se necesitaba ser un genio para saber que iban a explotar en algún momento, así que debían moverse rápido ahí. Y eso intentaron, pero cuando estaban saliendo del corredor, una de las celdas explotó.
—¡Padmé!
Por puro reflejo, Vader la empujó para que la explosión no la afectara, Padmé cayó al suelo y se levantó de un salto, con la adrenalina al tope en su cuerpo. Vader corrió hacia ella, empujándola lejos del corredor.
—¿Estás bien?—preguntó él.
—Yo sí, ¿y tú?—Padmé lo miró de pies a cabeza, buscando alguna herida. Afortunadamente, su cuerpo no sufrió de ninguna lesión, pero su traje... —¡Tu respirador!
En el pecho de Vader podían verse varios circuitos destrozados y otros a medio funcionar, pero él no le dio importancia, urgiéndole a avanzar.
—Lo arreglaremos después—dijo—Primero debemos salir de aquí.
"Esto no es bueno" pensó Padmé, la respiración de Vader ya estaba lo suficientemente comprometida por su casi suicidio como para ahora tener que escapar con su traje funcionando a medias. Murmuró una rápida oración a la Diosa para que les protegiera en su escape, y retomaron su andar.
Finalmente llegaron al hangar, en donde la nave negra tenía aún abajo su rampa, desde la cual 3PO y R2 seguían esperándolos. Vader entró y caminó directamente a la cabina, encendiendo los controles.
—R2, necesito que hagas los cálculos necesarios—ordenó al astro droide—Tendremos que salir del hangar hacia el hiper espacio, si no, el destructor estelar podría detenernos.
—¿Y a dónde iremos?—preguntó Padmé, sentándose en el asiento del copiloto.
—A Naboo.
—Bien.
Después de unos segundos, R2 le indicó que todo estaba en orden, Vader elevó un poco la nave y la colocó frente a la salida del hangar, luego, confiando en la Fuerza más que nunca, accionó el hiper propulsor. La nave salió del Executor y entró al hiper espacio en un parpadeo, eliminando momentáneamente el peligro.
Con la adrenalina comenzando a disminuir de sus cuerpos, Vader sintió un fuerte calambre en su pecho, lo cual le hizo inclinarse en su asiento. Al verlo, la preocupación de Padmé se disparó, y se puso de pie.
—R2, quedas a cargo de los controles—ordenó Padmé—3PO, ayúdame por favor.
—Con mucho gusto, señorita Padmé.
Ella colocó una mano sobre el hombro de Vader y le hizo ponerse de pie, él no ofreció resistencia, sintiéndose cada vez peor. Salieron de la cabina y después recostaron a Vader sobre la camilla médica que estaba a bordo, con cuidado, Padmé le ayudó a remover el casco para poder colocarle una mascarilla de oxigenación.
Al quitarle el casco, Padmé notó la expresión de cansancio de Vader, a pesar de eso, él la miró con sorpresa. Sus ojos azules proyectando un asombro que era casi infantil, y le provocó a Padmé la mayor de las ternuras.
—¿Por qué regresaste?—preguntó él, observando su rostro como si fuera una pieza de arte.
—Ya te lo dije…—Padmé intentó concentrarse en sus palabras, sonrojándose bajo la atenta mirada de Vader—Quiero que seas feliz. Y sé que en Naboo podrías serlo.
Cuando ella mencionó Naboo, Vader esbozó una mueca. Su idea realmente era dejarla ahí con los droides, y después irse; pero aquí estaba Padmé de nuevo, sorprendiéndolo con sus impulsivas decisiones y enorme corazón.
—¿En verdad crees que hay un lugar para mí ahí?—dijo con un susurro, temiendo la respuesta.
—Claro que sí—en la voz de Padmé no había lugar a dudas, pero comprendiendo lo difícil que todo esto debía ser para Vader, agregó una palabra más—Conmigo.
Vader alzó sus ojos hacia ella, debatiéndose entre la alegría que sentía por tenerla a su lado y las constantes preguntas que su lógica seguía planteando. Preguntas de las cuales debía conocer la respuesta.
—¿Por qué…?
—No hables ahora, necesitas descansar—le dijo Padmé, sujetando su mano y sentándose a su lado—Hablaremos cuando lleguemos a Naboo.
Vader suspiró, asintiendo débilmente. No habría nada que pudiera negarle a Padmé ahora, quizá nunca. Disfrutando la calma que le provocaba su presencia, y el cariño que ella le expresaba sujetando su mano, Vader consiguió relajarse y cerrar los ojos. Cada respiración le provocaba una dolorosa opresión en su pecho, y aunque la mascarilla estaba ayudándolo, no era lo mismo.
Padmé contempló a Vader mientras descansaba, después de varios minutos, se envalentonó para inclinarse hacia él y acariciarle el rostro con la punta de sus dedos. La piel bajo sus manos estaba rugosa por las cicatrices, pero no le importaba, este era el rostro de la persona que la había salvado ya en dos ocasiones… nunca podría mirar mal esa faz.
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No supo cuánto tiempo estuvo sentada al lado de Vader, contemplándolo mientras descansaba; Padmé solo reaccionó cuando R2 salió de la cabina, emitiendo sus ruidos que ahora ella entendía casi a la perfección.
"Saldremos del hiperespacio en dos minutos" dijo el droide "¿A dónde debo dirigir la nave para aterrizar?"
Padmé frunció los labios, sin estar segura de qué responder. Para su sorpresa, fue Vader quien habló.
—A la vieja Casona, R2—dijo sin moverse ni abrir los ojos.
"Muy bien, amo Ani"
—R2-D2, sabes muy bien que… —3PO empezó a amonestarlo, pero fue interrumpido por Vader.
—Déjalo, 3PO. Y ayúdale en la cabina.
—Oh, desde luego, señor.
"Es la segunda vez que lo llama Ani" pensó Padmé, preguntándose si ese sería el nombre verdadero de Vader. Contempló a los dos droides entrando a la cabina, dejándolos solos, luego miró hacia Vader, quien estaba quieto y sereno.
—Pensé que estabas dormido.
—No duermo mucho—respondió él, aún sin abrir los ojos.
—Supongo que ahora menos, ya que no tienes tu recinto—dijo Padmé con tristeza—Lamento mucho que perdieras el Executor.
—No te lamentes por eso.
Genuinamente Padmé no sabía si a él no le importaba, o no quería que ella se preocupara. Cualquiera que fuera la causa de su apatía, Padmé estaba convencida de que necesitaban hablarlo.
—Es…
No pudo terminar de formular su pregunta, porque Vader se sentó en ese momento, abriendo los ojos de golpe.
—Recuéstate—dijo Padmé de inmediato—Deberías descansar.
—Estoy bien.
—No, no lo estás.
—Padmé…
—Debes cuidarte más—le dijo ella aprehensiva—Casi mueres allá…
—¿Y eso te hubiera importado?
Vader no pretendió sonar tan cortante como lo hizo, pero fue demasiado tarde, antes de que pudiera decir algo más Padmé reaccionó.
—¡Por supuesto que sí!—gritó—¿Cuántas veces tengo que decirte que me importas? ¿qué otra prueba quieres?
—Lo siento, no quise…
—¡Y deja de disculparte! Si realmente quieres dejar de enfadarme, entonces acepta de una buena vez que me preocupo por ti.
Meses atrás, si alguien hubiera tenido la osadía de hablarle así, Vader hubiera usado su sable de luz sin dudarlo… ahora, viendo la expresión firme de Padmé, ese fuego en sus ojos que tanto adoraba, solo pudo suspirar y asentir.
—De cualquier forma, tenemos que salir de esta nave—dijo Vader—En la Casona debe haber repuestos suficientes para que pueda arreglar mi traje y mi casco.
—Bien, te ayudaré con eso. Luego iremos a Kamino.
—Con los clones buscándome no creo que sea buena idea.
—Encontraremos la manera, ya verás.
Demasiada inocencia, demasiada fe, demasiada confianza… la luz volvió a cantar dentro de su mente, y Vader se dio cuenta que mientras Padmé estuviera con él, la luz también lo estaría. Eso debió asustarlo, considerando sus anteriores experiencias con la luz, pero honestamente ahora le gustaba.
"Cobarde… débil…" los insultos de su Maestro continuaban, pero cada vez más débiles… hasta que aterrizaron en la Casona, y Vader sintió los remanentes de la presencia de Palpatine ahí.
La rampa bajó y Padmé vio el césped verde de su hermoso Naboo, sus ojos se cristalizaron cuando sus pies volvieron a tocar el suelo de su planeta, ¡cuánto había echado de menos esto! el aire, el sonido de las aves, las fragancias, el follaje, todo era tan o más hermoso de lo que ella recordaba. Pudo escuchar la corriente del río cercano, y pensó que un buen y relájate baño en las aguas naturales de Naboo conseguirían animar el espíritu de cualquiera, incluso el de Vader. Pero al voltear hacia la nave, notó la enorme Casona deteriorada en donde toda esta aventura había empezado, y también la postura tiesa de Vader, cuya mirada estaba puesta solo en ese lugar, y no en la hermosa naturaleza rodeándola.
Padmé recordó lo que el capitán Rex y Obi-Wan habían mencionado en el destructor estelar, que el Maestro Sith de Vader había sido el difunto Canciller Palpatine. Esto tenía todo el sentido del mundo, porque cuando Padmé descubrió esta casona con Pooja pensó que debió pertenecer a algún político o diplomático de Naboo que quedó aislado por la crisis. Ahora sabía que ese lugar fue del Canciller de la República, uno que además de tener cuestionables políticas, resultó ser un peligroso Sith.
¿Quizá era por eso que Vader tenía tanto desdén hacia la política, y posturas muy maquiavélicas?
—¿Creciste aquí?—preguntó Padmé con voz suave, sabiendo que este era un momento determinante para Vader.
—No.
—Oh…
—Mi Maestro no me traía a menudo aquí—continuó Vader—No quería que la naturaleza amable del planea me desviara de mis enseñanzas. Así que, cuando venía a Naboo con él, elaboraba pesadas tareas y fuertes castigos para que mi mente siguiera inmersa en el Lado Oscuro de la Fuerza.
Al recordar eso, Vader cerró los ojos. Muchos de esos castigos dejaron cicatrices en su cuerpo, mismas que fueron borradas por las llamas de Mustafar, creando marcas aún peores.
Padmé escuchó sus palabras, pero no solo eso, también escuchó su dolor, su resignación, y motivada por un presentimiento, volvió a hablar.
—Nunca quisiste ser un Sith, ¿cierto?
—¿Por qué piensas eso?
—Por el dolor que llevas en tu interior—dijo ella—Porque si esta hubiera sido tu elección, habrías afrontado las consecuencias de forma distinta. Pero has sufrido, porque no quisiste esta vida para ti, te la impusieron.
—Eres demasiado astuta para tu propio bien, Padmé.
—Así que no me equivoco, ¿eh?
—No.
Vader se mofó de sí mismo. Años atrás, cuando era un niño, hubiera hecho cualquier cosa por tener un amigo a su lado con el cual compartir esta tristeza. Ahora que Padmé estaba ahí, con toda la intención de escucharlo, se preguntaba si valía la pena elaborar esos recuerdos con palabras, ¿realmente eso cambiaría las cosas para él?
Cerró los ojos, la energía de ese lugar haciéndole recordar tantas cosas terribles. Los castigos de Palpatine, sus enseñanzas tan crueles, las veces que lo hizo pelear contra rivales más fuertes que él una y otra y otra vez hasta que consiguió ganarles. Las humillaciones, los insultos, todo creado para hacerlo sentir miserable e inseguro de sí mismo. Con esos recuerdos en su interior, el Lado Oscuro se hacía omnipresente dentro de su mente; así fue durante años, y nada cambió. Pero ahora, cuando Vader cerró los ojos y esos terribles sentimientos emergieron, para su total sorpresa, uno nuevo se impuso a ellos.
Esta vez, el Lado Luminoso cantó con gran potencia, mientras la presencia de Padmé ahuyentaba a la oscuridad. Nuevos recuerdos desfilaron por su cabeza: la sonrisa de Padmé, sus discusiones ingeniosas, esas largas tardes platicando de política o de historia, su amabilidad con él, la forma en que ella lo miraba a los ojos sin miedo o desagrado hacia su grotesco rostro. Padmé consiguió inspirar dentro de él un amor que no creyó volver a sentir jamás en su vida, un sentimiento que permanecería en su corazón por siempre.
Podría dejar a Padmé en Naboo con su familia e irse al otro lado de la galaxia, pero esta luz que ella había instalado en su alma jamás se iría. Vader entendió que nunca dejaría de amarla, Padmé siempre sería para él ese ángel que le devolvió un poco de esperanza, que se tomó la molestia de conocerlo, incluso apreciarlo. Realmente ya nada volvería a ser lo que antes fue.
"Déjate llevar" cantó la Luz de nuevo, y Vader suspiró, ¿para qué seguir resistiéndose a lo evidente? Mientras amara a Padmé, habría luz en su alma. Y como la amaría siempre, entonces debía abrazar esta luz.
—Nunca quise ser un Sith—confesó, antes de perder este repentino valor—Pero un esclavo no tiene opciones.
—¿Esclavo?
La palabra escoció en la boca de Padmé cuando ella la pronunció, de todos los horribles inicios que ella pudo considerar para Vader, jamás imaginó uno tan vil y trágico.
Vader sintió el horror de Padmé a través de la Fuerza, y al principio se arrepintió de haberlo dicho, pensando que ella lo menospreciaría. No podía estar más alejado de la realidad, porque las siguientes palabras de Padmé lo dejaron pasmado.
—Espero que Palpatine arda en todos los infiernos—siseó con odio. No enfado, no desdén, auténtico odio—Y que su alma no encuentre nunca el perdón.
La miró sorprendido por la intensidad de esos sentimientos, tan impropios de Padmé, y lo más sorprendente: provocados por él.
—¿Qué edad tenías?—preguntó Padmé con suavidad.
Una parte de él no quería responder, la otra estaba totalmente sometida a la voluntad de Padmé.
—Nueve.
Padmé jadeó, sintiendo un nudo en su garganta e intensas ganas de llorar. Nueve años, ¡era solo un niño! No mucho mayor que su sobrina Ryoo. Un niño merece protección, seguridad, y amor. Y todo lo que Vader recibió fueron castigos y dolor.
—No sientas lástima por mí, Padmé—dijo Vader—Eso no podría soportarlo.
¿Lástima? Oh, eso no era lo que ella sentía.
—No te tengo lástima Vader—repuso, con un hilo de voz—Todo lo contrario, siento admiración… nadie en la galaxia merece eso. Has sido valiente.
—¿Valiente?—bufó él—No lo creo.
—Sí, lo has sido.
Valentía… era una palabra que Vader jamás había asociado a su persona. Su madre le dijo varias veces que debía ser valiente, pero eso fue perdiendo significado conforme el tiempo pasaba y él seguía bajo el yugo del Sith. Esta era una nueva similitud que Vader encontraba entre Padmé y su difunta madre, y eso le dejó pensando.
¿Amaba a Padmé por que ella le recordaba a Shmi? ¿O el amor que sentía hacia ella le recordaba el amor que llegó a sentir por Shmi Skywalker? La luz volvió a cantar en su alma, pero Vader fue muy consciente de que cantaba una melodía especial dependiendo sus pensamientos. Ambas, Shmi y Padmé, tenían su propio canto. Vader las amaba de forma muy distinta, pero ambos sentimientos estaban arraigados a la luz.
—Estando en el destructor estelar, conocí al capitán Rex—dijo Padmé, sacándolo de sus pensamientos—Él me dijo que te sirvió cuando fue parte de la Legión 501. Te admira mucho, y te tiene una lealtad acérrima. Nadie que no tenga un buen corazón podría inspirar algo así.
—¿Tú me crees de buen corazón?—preguntó entrecerrando los ojos, sabía que Padmé jamás hablaba aleatoriamente, sus palabras siempre eran cuidadas, y le impresionó esa oración.
—No, yo sé que tienes un buen corazón—afirmó con una seguridad tal que Vader mismo le creyó.
Volteó a verla, Padmé estaba a solo dos pasos de distancia, viéndolo a él. Naboo y el resto de la galaxia no parecieron importarle en ese momento. Usando la Fuerza, notó que Padmé tenía su mente inusualmente bloqueada, aún así, podía sentir su angustia. Una angustia totalmente dirigida a él.
—¿Cómo está Rex?—preguntó, queriendo cambiar un poco el tema.
—Está bien—dijo Padmé, luego bajó los ojos antes de continuar—Los clones desconfían de él, pero debió escapar del destructor con Kenobi al mismo tiempo que yo.
—¿Kenobi y Rex?
Eso era algo que nunca hubiera imaginado escuchar. Sabía que Rex odiaba a Kenobi casi tanto como él.
.—Sí, lo lamento por cierto—agregó Padmé, su rostro volviéndose la expresión misma de la vergüenza—No sabía que Kenobi te causo esas heridas. De haberlo sabido, creo que no hubiera intervenido por él.
Vader la miró a detalle, notando el semblante serio y la línea endurecida de su mandíbula. No necesitaba la Fuerza para saber que estos sentimientos le causaban una gran contradicción a Padmé.
—¿Habrías aprobado mi venganza?
—No—respondió rápido, luego agregó con tono más meditativo—Pero… hubiera entendido más.
Asintiendo, Vader hizo todo cuanto pudo por contener su propia rabia, si bien eso siempre era difícil cuando el nombre de Kenobi era mencionado.
—No me sorprende que Kenobi se vanaglorie de haberme vencido, va con su personalidad.
—Oh, te equivocas—Padmé alzó su rostro para verlo de frente—Él está arrepentido.
—Se notó cuando se coló al Executor para terminar el trabajo—replicó con mofa, no le gustaba que Padmé intentara justificar al Jedi.
—No te equivoques, yo también condeno eso—dijo Padmé con voz seria—Pero una vez que Rex le explicó cómo fuiste tu quien envió esa información a la Orden para detener a Palpatine, Kenobi admitió su error y aceptó ayudarme.
—¿Ayudarte a escapar?
El tono de Vader era mordaz, pero Padmé respiró profundo para calmarse. Sabía que él estaba al límite, emocional y mentalmente, y ella debía ser quien conservara la calma en este diálogo.
—No, ayudarme a regresar al Executor—explicó Padmé—Yo nunca quise irme.
—¿Y por qué lo hiciste?
Padmé contuvo el aliento, la voz de Vader sonaba muy herida, y sus propios ojos proyectaban todo el dolor que ese supuesto abandono le causó. Ni siquiera pretendió entender cómo es que pasaron de ser un simple captor y capturada, a esta extraña amistad y camaradería por la cual Padmé detestaba saberse la causante de ese dolor.
—No quise irme—le dijo Padmé con un tono más suave, para que él no dudara de su sinceridad—Kenobi usó un truco de la Fuerza para dormirme y me llevó al destructor estelar.
—¿Te secuestró?—dijo, su voz al borde del grito, y sus manos apretándose en dos puños.
—Sí, porque mi padre estaba en el destructor estelar—continuó Padmé tan rápido como pudo—Cuando desperté y le expliqué la situación, acudimos a los clones, pero no quisieron escucharme. Así que usé mis propios medios para volver.
—Así que viste a tu padre en el destructor estelar—el enfado de Vader dio paso a la sorpresa—¿Y aun así regresaste conmigo?
Sabía lo importante que era la familia para Padmé. Casi cada cosa que ella hizo en el Executor fue para honrar su memoria: los jardines, sus estudios, hasta la receta de pay casero… saber que ella pudo reunirse con su familia, y a pesar de eso, decidió volver con él, hizo que su corazón se acelerara y la luz volviera a cantarle con mayor intensidad. Padmé ni siquiera era consciente de lo mucho que estas decisiones significaban para él.
Durante casi toda su vida, Vader fue más un objeto que un ser humano para sus amos. Pero para Padmé él era una persona, y no solo eso, sino una que merecía su preocupación y afecto. Esta revelación le hizo sentir una abrumadora humildad en su alma, una que comprometió todavía más la ya escasa oscuridad en su corazón.
—Quise confiar en él, ¿sabes?—se sinceró Vader de nuevo, le agradaba poder hablar libremente con alguien por primera vez en años—Cuando mandé toda esa información a la Orden Jedi, también les pedí ayuda. Sabía que, sin apoyo, no podría nunca abandonar del todo las enseñanzas de Palpatine. Pero Kenobi solo me juzgó apenas me vio.
Padmé frunció el entrecejo, recordando. Obi-Wan mencionó algo así, que sus órdenes eran rescatar a un supuesto secuestrado por el Sith. "Que ciego" pensó con desánimo "No se dio cuenta de que era Vader quien quería ser salvado".
Aunque, nuevamente, quizá ella tampoco se hubiera dado cuenta antes.
—No sé si pueda confiar en él—admitió con un susurro, su enfado hacia Kenobi había menguado, pero seguía ahí.
—Y nunca te pediría que lo hagas—le dijo Padmé prontamente—Pero te pido que confíes en mí.
"Siempre" pensó Vader. No existía en toda la galaxia una persona en la cual confiara más que en Padmé.
—Así que…Rex te contó todo—preguntó, queriendo saber qué tanto sabía ella.
Padmé frunció los labios y miró hacia la Casona por un breve instante, acomodando los pensamientos en su cabeza antes de hablar.
—Al menos una buena parte—murmuró ella—Sé que venciste a Palpatine, y a los Inquisidores, después de que Palpatine destruyera a la 501.
Ah, naturalmente Rex iba a comentar eso. La destrucción de la 501 fue un golpe bajo para ambos, Vader perdió a sus hombres, Rex perdió a sus hermanos. Siempre supo que Palpatine era un ser calculador y despreciable, pero que mandara el asesinato de miles de hombres de esa forma… no. Llevaba años entrenando para ser un Sith, pero jamás pudo entender esa crueldad.
—No pude más ¿sabes?—confesó Vader, cerrando los ojos conforme esos recuerdos volvían a su mente—Por años, Palpatine iba arrebatándome todo lo que me diera alguna esperanza, pero los clones… eran personas Padmé. Clonadas, sí, ¡pero eran personas! Y él las destruyó como si fueran simples objetos.
Objetos… como él.
Vader mentiría si dijera que siempre se sintió identificado con los clones, porque no fue así. Al inicio, le parecieron una aberración, pero conforme los entrenó para formar la Legión 501 Vader se dio cuenta de que cada clon tenía su personalidad, su propia chispa. Eran leales y eficientes, dispuestos a cumplir todas las órdenes no solo por su código genético, sino porque no conocían otra cosa. Y Vader comprendió que no eran nada más que esclavos concebidos para servir. Si alguien en la galaxia comprendía el dolor de la esclavitud, ese era él.
Padmé notó el dolor que esos recuerdos marcaba en las facciones de Vader, y suspiró, dando otro paso hacia él para poder sujetarle la mano. Él no rechazó el gesto, al contrario, apretó la pequeña mano de ella con fuerza.
—No tenemos que entrar a esta Casona—dijo Padmé—Vayamos a otro lado.
—¿A dónde más podemos ir?—señaló la mascarilla sobre su rostro y el tanque de oxígeno a su lado—Mientras no arregle mi traje, tenemos muy pocas opciones Padmé.
—Vayamos a mi casa, ahí…
—Tu familia no merece ser involucrada en esto.
—Quizá, pero…
—Padmé, llevo diez años huyendo de mi pasado—la interrumpió Vader, apretando más su mano—Ha llegado el momento de que lo enfrente.
Padmé sintió lágrimas formándose en la comisura de sus ojos, pero asintió, parándose lo más cerca posible de él para que sintiera su presencia.
—Así será, pero no lo harás solo.
"Nunca más estarás solo" pensó Padmé, y cuando Vader leyó ese pensamiento con la Fuerza, lo abrumó una sensación de humildad. Por primera vez desde que tenía nueve años, no estaba solo.
Canción del capítulo: "Evermore"de la película La Bella y la Bestia en su versión original, traducción hecha por mí.
Ahh, ya sé, hasta a mí se me hicieron lágrimas en los ojitos cuando estaba escribiendo esa conversación entre Padmé y Vader, tan profunda... y faltan más, claro, pero esta es la primera vez que Vader se abre realmente hacia ella, mencionando cosas de su pasado y sentimientos que no había compartido con nadie antes.
Pero, desde luego, aún no están a salvo. Vader sigue muy enfermo y los clones van a Naboo también, a lo mucho Vader y Padmé les llevan unos 15 minutos de ventaja. El próximo capítulo transcurrirá todo en Naboo y será precisamente la llegada de los clones al palacio con la reina Apaillana.
Muchísimas gracias por leer, espero les haya gustado y no se inquieten, que faltan aún muchas escenas Anidala (si, Anakin está a punto de resurgir) ¡les mando un fuerte abrazo a todos!
