Nota del autor: Me gustaría desearles a todos una feliz navidad y año nuevo. Agradezco por un año más, uno que tal vez fue difícil... pero bueno, para bien o mal, aquí estamos, hay que esforzarnos y ver lo bueno de todo. Personalmente me siento afortunada por los proyectos que he realizado en mi vida privada y en esta plataforma, por conservar viejas amistades y formar nuevas, me siento plena porque esta historia actualmente tiene 44 reviews y, en este mes, 532 views, tener a tanta gente leyéndome me hace sentir como si no estuviera sola. ¡Arriba el Jelsa!
P.D: tal vez vuelva a publicar hasta el próximo año, a menos que ocurra alguna ocasión especial, si eso sucede definitivamente tengo que publicar algo; pero si no sucede, nos veremos en el 2021... wow, de verdad se está acabando el 2020, joder, vaya tiempos interesantes que nos tocó vivir.
.
.
.
PDV de Jack
-No puedo creer que mañana será víspera de año nuevo- todo el escuadrón se había reunido en el taller del padre de Hipo por la tarde para ayudarle a Elsa a terminar el trineo que se usaría mañana para entregar los regalos comprados con el dinero de la subasta.
-Lo sé, esta será una navidad muy solitaria... es la primera vez que mis padres estarán tan lejos en estas fechas- se lamentó Rapunzel.
-¿No crees que fue un poco duro dejarlas solas en navidad- cuestionó Hipo.
-Los entiendo, realmente era algo muy importante- resopló ella.
-¿Entonces estarán solas?- preguntó Kristoff.
Las tres primas asintieron.
-¿Por qué no la pasan con nosotros?- el rostro de Kristoff se iluminó con esa idea –Eugene y yo también estaremos solos-
-¿Qué hay de tus tíos?- preguntó Astrid.
-Ellos no celebran navidad- Kris se encogió de hombros.
Al igual que Eugene, Anna y Elsa; Kristoff era huérfano de ambos padres y fue criado por sus tíos desde pequeño.
-Y siempre he tenido muchas ganas de celebrar la navidad- terminó de explicar –Así que le pregunté a Eugene si estaba bien si pasábamos juntos el día de mañana-
-¡Es una fantástica idea!- Anna gritó emocionada –Podríamos preparar una cena-
-Mañana es el día libre de Gerda- le recordó Elsa –Y dudo que quieras prepararla tu- rio al igual que los demás.
-¿Y qué hay de ti Astrid?- preguntó Rapunzel –Por lo de la situación...-
-¿El divorcio de mis padres?- suspiró con tristeza –Si, eso de verdad frenó la navidad, pero por suerte la familia de Hipo me invitó a cenar con ellos- su animó pareció mejorar al mencionar esto último.
-Sí, espero estés ansiosa por comer nuestro puchero de tronco- Hipo fingió emoción.
-Ugh- Astrid hizo una mueca de asco -¿Todavía sigue en pie la oferta?- le preguntó a Rapunzel.
-Te lo advertí, nuestras tradiciones son... poco usuales- el chico castaño movió sus brazos tratando de explicarse –En realidad, no es como que nos emocioné mucho la navidad-
-¿Entonces estaría bien si vienen a cenar un rato con nosotros?- preguntó Anna.
Hipo se rascó la barbilla –No creo que haya problema con ello, además, me gusta la idea-
-¡Excelente!, ¿Quién más se nos une?- preguntó Anna -¿Merida?- le preguntó curiosa.
-Podría pedirle a mi mamá permiso para ir un rato, pero dudo poder quedarme mucho- rodó los ojos –En mi casa la cena navideña es obligatoria, toda mi familia se reunirá en mi casa-
-¿Tu también tienes que estar en casa con tu familia, verdad?- Eugene me preguntó.
Asentí en silencio mientras tomaba una decisión –Aunque... ¿Por qué no se unen a nosotros?- sonreí orgulloso de mi decisión.
Todos me miraron sorprendidos -¿Navidad?, ¿en tu casa?- Anna balbuceó -¿Te refieres a tu casa de verdad?-
Arqué una ceja –Por supuesto. A mi familia le encantará la idea- pensé –Tal vez estaremos algo apretados, pero me gustaría mucho tenerlos ahí-
-Wow- Merida se veía sorprendida –Hace años que no voy a tu casa, yo me apunto-
-Así será mucho mejor- Punzie aprobó la idea –podremos estar todos juntos-
Elsa se acercó más a mí para sonreírme con su habitual calidez.
Era tiempo de abrir las puertas.
.
.
.
Caminé hacia el trineo donde Elsa y Rapunzel se encontraban dando los últimos detalles al trineo el cual había quedado espectacular, la primera usaba un disfraz de elfo mientras que la otra estaba vestida como la señora Claus.
Les di una pequeña palmadita a ambas en los hombros y se giraron a verme.
Moví mis manos, enfundadas en el disfraz de oso de felpa, de la forma más amigable posible.
-Owww, te ves adorable- Rapunzel chilló rodeándome con sus brazos y estrujándome –Aunque eres el oso de felpa más flaco que he abrazado- sin dificultad alguna rodeó por completo mi tórax con sus brazos.
-Hey, estoy esforzándome- me quité la cabeza falsa de oso para darle una mirada.
-Te ves perfecto- Elsa peino unos mechones de mi cabeza que se habían desacomodado –Solo te falta el lazo- ella enganchó un gran moño azul en el centro del pecho del disfraz.
-¿Dónde están los demás?- pregunté.
-Kristoff y Merida ya tienen sus disfraces- explicó Rapunzel. Merida volvería a interpretar su papel de elfo y Kristoff cumpliría su fantasía de volver a utilizar el mismo traje de reno que usó en Halloween –Eugene... ahí viene- ella señaló la botarga de muñeco de jengibre aproximándose.
-Hipo llamó hace rato, ya está en el orfanato probando la máquina de nieve- Hipo no se disfrazaría ya que nos estaría apoyando con las cosas técnicas.
-¿Nos iremos pronto?- preguntó Kristoff al entrar por la puerta –Ya casi es la hora- su pregunta no pudo ser respondida ya que Anna apareció.
-¿Cómo me veo?- dio una vuelta mientras lucia su espectacular disfraz de ángel.
-Wow- todos estábamos sorprendidos, pero Kristoff aún más –Te ves... como un ángel-
-¿En serio crees eso?- las mejillas de ella se encendieron levemente.
-Créeme, te ves muy bien- Eugene respaldó la opinión de Kristoff, todos los demás asentimos pensando lo mismo.
-Gracias- ella respondió en voz baja pasando un mechón de su cabello tras su oreja.
-¿Por qué todos tienen disfraces increíbles y a mí me tocó ser una estúpida caja?- cuestionó Astrid decepcionada.
-Eres un regalo, a mí me parece un buen disfraz- Rapunzel trató de consolarla.
-Oigan, en serio tenemos que irnos ya- Merida asomó la cabeza por la puerta del taller.
-Abran la puerta- Kristoff nos pidió mientras subía al trineo y lo encendía. El trineo había sido diseñado a modo de carro alegórico –Los veré allá- se despidió mientras salía lentamente por la puerta, ya que este solo podía ir a una velocidad moderada, por suerte el orfanato estaba a tan solo unos minutos del taller.
-¿Si tendremos un Santa, verdad?- Elsa me preguntó preocupada.
-Sí, hace rato me mandó un mensaje diciendo que se encontraba cerca- le pedí a Norte su ayuda, se me ocurrió que él podría ser un perfecto Santa, no fue muy difícil convencerlo.
Nos dividimos para ocupar mi auto y el de Punzie y nos pusimos en marcha emocionados y nerviosos por el evento tan esperado.
Al llegar nos encontramos con el comité que resguardaba celosamente la camioneta que traía los regalos, solo esperaban a que el trineo llegara para descárgalos en este.
-Todo está saliendo bien- Elsa soltó un suspiro.
-Por supuesto que lo está- tomé su mano –lo organizaste-
La observé sonrojarse –Fuimos todo el comité y ustedes han ayudado mucho-
-Frost tiene razón- la chica asiática de cabello corto y mechones purpuras se acercó a nosotros –Tu conseguiste a los chicos, hiciste el presupuesto, preparaste el carruaje, los disfraces y técnicamente pagaste todo este espectáculo... sin ti nada de esto hubiera sido posible- le dio un golpecito en el hombro a Elsa.
-Gracias, GoGo, pero como dije, fue obra de todos nosotros- insistió.
-Somos un buen equipo- la chica dijo antes de alejarse.
-¡HO-HO-HO!- aquella risa captó la atención de todo el mundo.
-Norte, de verdad eres Santa- Elsa se acercó admirando el disfraz rojo y blanco que usaba mi abuelo.
-Gracias, Elsa- cruzó los brazos con orgullo –Es más, miren esto- se arremangó las mangas señalando los tatuajes en sus antebrazos que decían Nice y Naughty.
-Eso es épico- Anna comentó admirando los enormes brazos de Norte.
-E ingenioso- dijo Rapunzel.
-Oh, chicos- me apresuré a presentar a Norte antes de que se me olvidara –Sé que algunos de ustedes ya lo saben, pero para los que no, les quiero presentar a mi abuelo-
-¿El entrenador Norte es tu abuelo?- Anna se sorprendió.
-Por supuesto, ¿no ves el parecido?- estrujó mi rostro entre sus manos enormes –Esto no son canas- señaló su cabello blanco como el mío.
-¡Al fin llegué!- Kristoff gritó estacionando el trineo frente al camión que traía los regalos.
–¿Ese es mi trineo?- Norte se acercó a examinarlo con cuidado –¡Es perfecto!- gritó con alegría.
–Y ya llegó el reno– Kristoff pegó un brinco de felicidad al ver el a su tío, el viejo Pabbie, llegar con el amigable reno que solía alquilar para ocasiones como estas –Hola, Sven– él lo acarició con cariño.
Observamos como comenzaba a caer nieve.
–Whoa– todos nos sorprendimos al ver lo real que parecía.
–Esta máquina de nieve es increíble, ¿verdad?– Hipo se sacudió los guantes –Solo basta con echar la nieve que cayó anoche en la máquina y la lanza por los cielos como si estuviera volviendo a nevar–
Él hizo una pausa al ver a Astrid.
–My lady...– se arrodilló –Eres la caja de regalo más perfecta que he visto–
–¿En serio?– preguntó ella apenada.
–Te lo juro– se puso de pie para besar su mejilla.
A este punto tal vez se estén preguntando, ¿Cómo es que la familia de Elsa y Anna maneja una gran empresa de juguetes y tuvimos que recaudar fondos para comprarlos?, la respuesta es sencilla, ni Elsa ni Anna tienen la jurisdicción para decidir sobre regalar un montón de juguetes. ¿Pero qué hay de su tía?, la madre de Rapunzel, ella si podría hacerlo... si no fuera la época del año con la mayor demanda de juguetes, donarlos implicaría más horas de trabajo para los empleados y menos tiempo para ellos de disfrutar la navidad. Por ello, la familia Arendelle y Corona decidieron que sería mucho mejor donar todo lo necesario para preparar todo esto y así darles unas horas de diversión a los niños.
–Todo está arreglado allá adentro– Ariel nos reunió –Los pequeños se encuentran comiendo las galletas y los dulces mientras Bella les lee el cuento–
El plan era precisamente ese, contarles un cuento de Santa Claus, para al final los niños salieran afuera a ver el "verdadero" Santa, mientras los juguetes se repartían por nosotros.
El teléfono de ella emitió un sonido de campanas –Es ella, dice que los niños ya vienen. Todos a sus lugares– todos corrimos a nuestras posiciones, preparándonos para recibir a los niños.
En el momento en el que los pequeños se corrieron emocionados al ver el trineo siendo tirado por el reno y a Norte saludándolos con una gran sonrisa, sentí una gran calidez en mi pecho, supongo que este es el espíritu navideño.
No tardaron nada en arremolinarse cerca del trineo brincando y exclamando llenos de ilusión.
–Hola, pequeños niños– Norte rio con entusiasmo –He viajado desde muy lejos para poder traerles sus regalos– dijo al bajar del trineo y ser recibido con saludos y abrazos de los niños –Pero este año, quería entregárselos personalmente. Incluso he traído a un par de mis amigos para ayudarme–
Elsa y Merida se acercaron con los dos primeros regalos que serían entregados –Aquí tengo el regalo de la pequeña Susie, quien se portó muy bien este año– una pequeña niña rubia se acercó tímidamente a recibir el obsequio de las manos de Elsa.
El resto de nosotros se acercó al trineo a buscar más regalos.
–Hey, Jack– Elsa se me acercó susurrándome –Mira– señaló la etiqueta con el nombre que reconocí al instante.
–Lo recordaste– estaba sorprendido.
–¿Quieres entregárselo tú?– me lo extendió y yo asentí tomándolo y acercándome a Norte.
–Mi amigo el buen señor Oso trae otro regalo para... Jack– Norte sonrió a leer el nombre –¿Dónde estás, Jack?–
Un pequeño niño castaño, de no más de 7 años, con mirada sorprendida se abrió paso entre la multitud de niños.
Me incliné a su nivel para míralo a los ojos, a pesar de que el no pudiera ver mi rostro, había algo que quería decirle –Sé que no pediste ningún juguete para esta navidad, pero en realidad mereces un regalo por tener nobles deseos– le extendí la caja y él la tomó con cuidado sin dejar de verme con esa sonrisa –Feliz navidad, mini Jack–
–Gracias señor Oso– se despidió con su pequeña mano y corrió hacia donde estaban sus amigos para mostrarles el presente.
–¿Estas bien?– Elsa se me acercó abrazando mi brazo.
Giré mi cabeza de oso y asentí con seguridad.
.
.
.
Esa misma noche abrí la puerta de mi casa encontrándome con Anna, Elsa y Rapunzel –Hola, pasen– les hice una seña para que entraran, en la cocina ya estaban Astrid, Kristoff, Hipo y Eugene.
–Jack, tu casa es increíblemente navideña– Anna comentó en referencia a la gran cantidad de adornos navideños que decoraban la casa.
–Lo sé, estamos locos por la navidad– bromeé.
–Rapunzel– mi madre apareció para abrazar a mi amiga –Hace mucho que no te veía, estas enorme y hermosa–
–Oh, basta, me va a hacer sonrojar– ella se encogió apenada –También me alegro de volver a verla, se ve igual o mejor que la última vez que nos vimos–
–Hola, soy Anna– la chica peinada con media coleta extendió su mano saludando a mi madre con entusiasmo –Moría de ganas por finalmente conocer a la familia de Jack–
–Y yo moría de ganas por conocer al resto de ustedes, Jack siempre habla sobre lo unidos que son–
–Sé que dijo que no era necesario que trajéramos algo, pero no queríamos llegar con las manos vacías– Elsa señaló la notable pila de anillos de apariencia dulce.
–Es un postre noruego, Kransekake– Anna canturreó.
–Oh, chicas, eso se ve delicioso– mi madre las abrazó –Pasen a la cocina, lo pondremos a salvo de Jack, el siempre devora todo a su paso– las dos hermanas se alejaron junto con mi madre en dirección a la cocina.
–Hey, Punzie, ¿puedo hablar contigo un momento?– detuve a mi amiga antes de que pudiera seguirles el paso.
–Por supuesto, ¿Qué sucede, Jackie?– ella entrelazó su brazo con el mío mientras caminábamos en dirección al sofá cerca de la chimenea.
–Creo que esta noche le volveré a pedir a Elsa que seamos pareja– le confesé al momento que nos sentamos.
Ella se levantó de golpe brincando con felicidad –¡Eso es asombroso, Jack!– tomé su mano haciéndola tomar asiento de nuevo.
–Lo sé, estoy algo nervioso por eso, no sé por qué– tragué saliva.
–Te dirá que sí, ya veras, está loca por ti– me tranquilizó.
Suspiré –Espero tengas razón– guardé un momento de silencio antes de continuar –¿Sabes?, el otro día ella encontró esto– del bolsillo de mi pantalón extraje la tira de fotografías y se la di.
–Oh por Dios– ella la tomó con una mirada de nostalgia y una risa medio incomoda –Wow, éramos tan jóvenes–
–Lo sé, pareciera que fuera hace siglos... pero no fue hace mucho– recordé sintiéndome también nostálgico.
–Fue un día magnifico, creo que nunca me había reído tanto como aquel día– dijo pensativa –...¿Y qué dijo ella cuando las vio?– preguntó con curiosidad.
–Al principio se molestó, había creído que las guardaba porque todavía tenía algún sentimiento hacia ti–
Ella asintió –Es de entenderse– suspiró –Yo tuve que deshacerme de la última fotografía por Yuyin... no me lo pidió, pero no se sentía correcto–
–Eso pensé– le sonreí tratando de hacerle saber que había hecho lo correcto –¿Te importaría si hago lo mismo?– le pregunté.
Ella negó con la cabeza y acarició mi rostro –Te ayudaré a hacerlo– sus ojos parpadearon al tener una idea –Creo que se cómo hacerlo–
.
.
.
Un rato después todos los chicos nos encontrábamos reunidos alrededor de la chimenea tomando chocolate caliente; mientras, los adultos conversaban en el comedor y los niños jugaban en el piso de arriba, todos esperábamos la cena navideña.
–Chicos, de verdad me siento muy afortunado de que estemos juntos este año– Rapunzel comenzó a decir –Incluso tu hiciste un gran esfuerzo en venir, Merida–
–No tienes ni idea de lo difícil que fue convencer a mi madre– ella rodó los ojos.
–Incluso yo tuve que hablar con ella– Hipo explicó, la madre de Merida tenía cierta debilidad por Hipo, le parecía la mejor influencia masculina que tenía Merida y se alegraba de que fueran amigos y vecinos desde la infancia.
–Esta es nuestra última navidad antes de...– la voz de la chica de ojos verdes se apagó al decir esto.
–Oh, vamos, Punzie– Hipo le dio un golpecito en el hombro –Hablas como si fuéramos a morir–
Ella suspiró –Pero el próximo año ustedes tres se irán– me señaló a mí, Astrid e Hipo –Merida y Anna se quedarán en la escuela, Elsa ira a la universidad lejos de aquí, Kristoff y Eugene también tienen planes para irse al otro extremo del país y yo tal vez me iré a New York–
–Nada es seguro, Punzie, las cosas pueden cambiar mucho de aquí a la graduación– Eugene trató de tranquilizarla.
–Aun así, las cosas cambiaran– miré a mi amigo a los ojos –Ya no estaremos en la High school, el mundo adulto se acerca y está a punto de estamparse en nuestras caras–
–Sabíamos que ese día llegaría, era inevitable– Kristoff alzó la voz –Tenemos grandes decisiones que hacer y un futuro por delante, espero que ustedes sean parte de ese futuro–
–Por supuesto que si– Anna suspiró –Chicos, somos nosotros... hay cosas que nunca cambian y nuestra amistad es una de esas cosas– se encogió de hombros –Sí, claro, tal vez las cosas serán un poco diferentes, pero debemos de tener la certeza de que siempre seremos amigos–
–Por... ¿los Nueve Grandes?– levanté mi taza de chocolate.
–Por los Nueve Grandes– todos brindamos al mismo tiempo con alegría.
–Por cierto– Rapunzel dijo con tono cantarín –Hace rato, Jack llegó a mí con un recuerdo... muy interesante– peinó su cabello con picardía –¿Quieres mostrarles, Jack?–
Me crucé de piernas sosteniendo la tira fotográfica en alto, asegurándome de cubrir la última foto con mi pulgar.
–Antes de mostrarles, me gustaría decirles que jamás fue nuestra intención ocultarles nada... solamente nos pareció algo no tan importante– aclaré –Hubo un tiempo en el que Rapunzel y yo salimos– aparté mi pulgar revelando la última foto.
–¡Lo sabía!– Merida señaló la foto con estupor –Sabia que algo había entre ustedes dos–
–¿Q-que?, ¿dos de mis mejores amigos mantuvieron una relación frente a mis narices y dices que no es algo importante?– Hipo me miró con una sonrisa burlona y a la vez indignado.
–Rapunzel, ¿recuerdas cuánto tiempo duró nuestro romance?– le pregunté.
Ella hizo una mueca pensativa –Mhhhh, creo que fueron como nueve horas en total–
–¿Nadie más sabia de esto?– preguntó Anna.
–Yo si– Eugene levantó la mano.
–Yo también– Elsa asintió.
–Vaya...– Astrid estaba sin palabras.
–¿Y por qué terminó tan rápido?– preguntó con curiosidad Kristoff.
Ella y yo nos encogimos de hombros –Era como salir con mi hermana– admití.
–¿Y por qué nos dicen esto ahora?– preguntó Hipo.
–Jack quiere deshacerse de la última foto– ella puso una mano sobre mi hombro –Le sugerí que era buena idea quemarla, pero no sin testigos–
–No es correcto mantener esta fotografía, a pesar de que sean buenos recuerdos– miré a Eugene –Lamentó haberla conservado–
Eugene se llevó la palma de su mano al centro de su pecho –No estoy enojado, Jack, desde un principio Rapunzel me contó esa parte de su pasado y jamás en ningún momento cambió mi manera de verte... eres como un hermano para mí. Por eso, está bien para mi si decides guardar esa fotografía– en su rostro podía ver la sinceridad y el cariño.
–¿Lo dices en serio?– le pregunté conmovido por sus palabras –Wow, Eugene, nunca creí que...–
–Quémala– fui interrumpido por su penetrante mirada.
–Okey– alcé las cejas con incomodidad.
Hice un pequeño doblez a la parte que quería cortar y la separé con cuidado con mis dedos para después acercarme a la chimenea y lanzarla a las brasas ardientes.
Eugene me sonrió con aprobación –Por eso eres de mis mejores amigos–
.
.
.
Narrador
Elsa y Jack se separaron del grupo después de la cena navideña, faltaba poco para que llegara la media noche. Ambos se encontraron a sí mismos en la habitación de Jack compartiendo un poco de Kransekake.
–No puedo creer que tengan esto en Noruega, es delicioso– Jack masticó con las mejillas llenas de aquel postre.
–Me alegró que te haya gustado– ella dijo una vez terminó de tragar lo que masticaba y de limpiar las comisuras de sus labios con una servilleta –No suelo cocinar mucho, pero esto es algo que mi madre me enseñó a preparar desde que era niña, nunca podía faltar el Kransekake en las celebraciones más importantes– ayudó a Jack a limpiarse las migajas usando la servilleta y las yemas de sus dedos.
–De verdad estuvo delicioso– Él aprovechó para tomar su mano y besarla –Tengo algo para ti– le sonrió una vez separó sus labios del dorso de la mano de la rubia platinada.
Ella arrugó la nariz con una sonrisa juguetona –Te dije que no tenías que comprarme nada–
–Quería hacerlo– él la soltó solo para inclinarse y estirar su mano hasta alcanzar el cajón de la mesita de noche –No es mucho en realidad, pero no quería llegar con las manos vacías antes de pedírtelo– le entregó la pequeña cajita alargada sellada por un lazo fino, ella supo que se trataba de algo de joyería por la presentación del regalo.
–¿No vas a pedirme matrimonio o si?– bromeó.
Él rio –Tendrás que abrirlo para averiguarlo– se encogió de hombros.
Ella arqueó la ceja y con cuidado desato el lazo que mantenía cerrada la elegante caja. Soltó un suspiro al ver el contenido. Ahí adentro había un collar de plata con un dije en forma de copo de nieve con pequeñas incrustaciones.
–Yo...– ella fue detenida por él.
–Estos meses han sido fantásticos, Elsa, pero en realidad quiero más; quiero poder tomar tu mano en los pasillos de la escuela o frente a nuestros amigos y familia sin que hagan la misma pregunta de siempre– acarició su mejilla –Sé que las etiquetas son tontas... pero me encantaría poder referirme a ti como mi novia, nunca en mi vida había sentido esa necesidad con nadie, eres la excepción–
Ella apartó su mano y dejo el regalo con delicadeza sobre la cama para ponerse de pie y salir por el balcón. Él dudo en si debía darle un momento o si debería ir con ella y hablar, decidió intentar suerte con lo segundo y si ella se lo pedía, le daría su espacio.
–Elsa, siento que la única razón por la que no aceptas es debido a ese "secreto" que tanto te molesta, ¿no crees que es tiempo de hablarme de eso?– se colocó a su lado.
–Lo se...- ella suspiró con dolor –Es solo que me asusta– admitió con voz temblorosa.
–Sea lo que sea... tienes que creer en mi– Jack tomó su mano guiándola a su pecho, deseando que ella viera la sinceridad en sus palabras.
Tomó una gran bocanada de aire y asintió –Mis padres murieron por mi culpa–
Probablemente no fue lo mejor que él pudo hacer, pero le fue inevitable sobresaltarse al escuchar esto –¿De qué hablas, Elsa?–
–Todo comenzó cuando ocurrió el incidente con Honeymaren- ella no lo miró –La directora no fue la única que vio aquello y el hecho de que la expulsaran a ella solo empeoró las cosas. Al día siguiente todo el mundo hablaba de eso, como si hubiera sido lo peor del mundo y mis padres se enteraron de esto, solo se molestaron aún más... conmigo–
Finalmente, su vista se dirigió hacia la suya con aquellos ojos azules vidriosos; él lo sabía, sabía que ella estaba a punto de romperse.
Él, por respeto, guardo silencio, permitiéndole continuar su relato.
–Un día ellos se sentaron conmigo en la mesa una vez que Anna se había quedado dormida– soltó una pequeña risa de frustración –Ese día me explicaron que alguien como yo no podía darse el lujo de que la gente hablara chismes, no era algo bueno para la futura líder de una empresa tan importante como la de nuestra familia. Me pidieron que desde entonces evitara cometer más errores–
–Pero lo del beso no fue culpa tuya– Jack intervino confundido –Tu solo estabas ahí, ¿Cómo pudiste siquiera evitar que eso pasara?, ¿Por qué culparte a ti y no a tus compañeras cizañeras?–
–Si estaban molestos por eso, pero también su enojo era hacia mí por intentar defender a Honey de ellos, la directora y mis compañeras– volvió a estar cabizbaja –Me molestaba tanto que los demás se hubieran puesto así solo porque era una chica, si hubiera sido un chico seguramente no les hubiera importado... me parecía injusto por ella y por mí–
Hubo un corto silencio en lo que ella juntaba más fuerzas para contar lo demás.
-En año nuevo se solía hacer una gran fiesta para todos los empleados y sus familias. Cuando era niña, estaba este hombre, uno de los accionistas mayores de la empresa, Weselton... era un hombre mayor y toda la noche no paró de... no perdía ninguna oportunidad de tocarme y no paraba de mirarme de una forma escalofriante. Solo me pedía que bailara con él- Jack apretó los puños al escuchar esto –Todo el mundo me decía que no fuera tan descortés y que aceptara, al final me obligaron a hacerlo y mis padres no lo impidieron-
–Entiendo lo que tratas de decir... te molestó que tus padres hubieran enloquecido con lo de esa chica, pero no con lo de aquel sujeto- él dijo mientras clavaba sus uñas en la palma de su mano.
Ella asintió –Exacto, admito que desde ahí guardé un poco de rencor hacia ellos- tomó aire de nuevo –También dijeron que era tiempo de que comenzara a madurar y para ello iban a comenzar a mostrarme cosas sobre la empresa y yo me atreví a decirles que no estaba segura de querer eso para mi futuro-
Los ojos de Jack se abrieron –¿Entonces tenía razón?, ¿tú nunca has querido eso?–
Ella negó con la cabeza –Lo detesto. Mi padre siempre estaba cansado y estresado por su trabajo, rara vez pasaba tiempo con nosotros y durante las cenas solo hablaba de eso y lo agobiante que era-
Jack rio –Lo sabía, eres un espíritu libre–
Ella le dio una media sonrisa –En realidad no sé muy bien lo que soy o lo que quiero hacer de mi vida, pero estoy segura de que eso no es–
–¿Qué sucedió después?–
Ella se encogió de hombros –Yo tenía razón, los meses que pasé aprendiendo todo eso fueron terribles. Fue ahí cuando comenzaron mis ataques de ansiedad– su voz se volvió ronca –La presión en mí se acumuló hasta tal punto que una noche exploté...-
Elsa enmudeció y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Jack se asustó al ver esto y se apresuró a consolarla abrazándola por los hombros.
–Está bien, Elsa– le susurró –Puedes contármelo–
Ella negó con la cabeza sollozando –No puedo, me odiaras– se apartó de él.
–Claro que no– él buscó sus manos y las entrelazó con las suyas –Por favor–
Ella tomó aire para intentar tranquilizarse y finalmente pudo volver a hablar –Los cuatro viajábamos hacia Burguess cuando decidí decirles como me sentía- suspiró –Ellos solo creían que yo estaba asustada por tomar una responsabilidad muy grande, ellos me dijeron que no tenia de que temer, que debía confiar en mis aptitudes-
Negó con la cabeza tratando de olvidar aquel amargo momento –Les expliqué que no era eso y fue ahí cuando todo se descontroló. Les grité, Jack, les dije que no podían obligarme a hacerlo; ellos insistían que era mi responsabilidad y que era lo mejor para mí... les dije que los odiaba-
-Ellos sabían que no lo decías en serio...- Jack intentó tranquilizarla.
-¡Hubieras visto la mirada en sus rostros justo antes de morir!- sollozaba y gimoteaba –mi padre se giró a verme, se veía dolido y decepcionado... por eso perdió el control del auto y nos volcamos-
La boca de Jack se abrió al escuchar esto, no podía creerlo.
-A pesar de esas cosas horribles que dije, mi madre uso sus últimas fuerzas para sacarme del auto-
La luna se había ocultado tas las nubes y la noche parecía ser más oscura que nunca, incluso las coloridas luces navideñas que adornaban la casa parecían haberse vuelto opacas.
-¿Y sabes que es lo peor que hice?- ella lloraba –Anna sufrió un gran golpe en la cabeza y perdió la memoria de ese día, no recordaba nada. Y cuando me preguntaron lo que había sucedido... ¡Les metí, dije que había sido un accidente!-
Ella se recargó contra el barandal mirando hacia abajo –Yo debería de estar muerta, no ellos. Yo soy un monstruo- se inclinó aún más.
Jack reaccionó y la apartó con suavidad del borde. La obligó a verla.
-No vuelvas a decir eso- la miró furioso.
-Pero es la verdad, mis padres están muertos por mi culpa y yo solo fui una cobarde al negar mi responsabilidad-
Él negó con la cabeza –Fue un accidente, Elsa- el viento helado despeinaba los cabellos de ambos y les calaba en la nariz –¿Pero por qué no contaste lo que sucedió en verdad?-
-Creí que nunca me lo perdonarían– admitió.
-¿Lo ves?, tú no eres un monstruo, solo estabas asustada- él acunó la barbilla de ella entre su mano helada –Pero lo que sucedió no fue más que un desafortunado accidente- su tono de voz era firme y determinado.
–¿Por qué lo dices con tanta seguridad?– preguntó ella sin parar de llorar.
Él le sonrió –Porque yo también pasé por lo mismo–
Jack sintió la necesidad de refugiarse, no tanto por el clima, sino porque al menos adentro las luces los protegían de la oscuridad.
–Hay algo que quiero mostrarte– la guio hacia la seguridad de su habitación.
Ahí adentro, abrió su armario, de inmediato identifico la prenda que estaba buscando y una vez la tuvo en sus manos se sentó al lado de Elsa en el borde de la cama.
Ella se limpiaba las lágrimas con la manga de su ropa, mientras trataba de calmar su agitado corazón.
–Esta sudadera significa mucho para mí–
Elsa asintió estando de acuerdo.
–Le perteneció a mi padre, en su época de joven– confesó –Es lo único que me queda de él–
Elsa examinó rápidamente aquella oración, se dio cuenta de que tal vez era verdad, nunca había visto ni una sola fotografía del padre de Jack.
–Casi he olvidado su rostro– susurró afligido.
Elsa acarició su hombro con su mano –¿Qué les pasó a las demás cosas?–
Jack pensó un poco en la respuesta a esta pregunta –Se perdieron– se encogió –Todavía hay un par de fotografías, pero esas las tiene mi abuelo–
–Ya veo– ella aceptó la respuesta por más extraña que le parecía –¿A qué te referías con que pasaste por lo mismo que yo?–
–Mi padre también trabajaba mucho, Elsa, no porque tuviera mucho dinero... trabajaba para que pudiéramos sobrevivir. Fundó su propio negocio y poco a poco logró hacerlo funcionar, pero ya era muy tarde... mi relación con él estaba muy dañada– Ahora era Jack quien estaba expuesto.
–No sentía mucho afecto por él– Elsa lo escuchó atentamente sin apartarse de su lado –Un día finalmente lo vi llegar a casa temprano, dijo que se tomaría unas vacaciones y que pasaríamos tiempo en familia... Emma ya había nacido- aclaró.
–¿Qué pasó después?– preguntó ella con la voz todavía ronca.
–Le dije que quería ir a patinar, así que fuimos a un estanque y ahí nos encontramos a Tooth y otras familias jugando en la nieve. Mi padre me advirtió que no era buena idea patinar ese día, el hielo estaba delgado...- él apartó la mirada.
–Jack...– ella estaba comenzado a unir los hilos –¿Qué les sucedió?–
–Le dije que dejara de inventar excusas para no pasar tiempo conmigo, que no era necesario porque de todas formas ya estaba acostumbrado a estar sin él- tragó saliva –Entre de todas formas... no paso mucho hasta que el hielo se rompiera de golpe. Mi padre se lanzó de inmediato a buscarme, duramos mucho tiempo bajo el agua helada y él solo pudo alcanzar a sacarme con ayuda de otras personas... Murió y yo perdí la memoria–
Ella estaba confundida ahora –¿Entonces, como es que...?–
–Tooth– se apresuró a hablar –Ella y todos los demás estuvieron conmigo durante ese mes, trataban de ayudarme a recordar todo, pero ella fue quien estuvo más cerca de mi... porque ella vio lo que sucedió ese día–
–Al recordar el accidente, ¿recordaste todo lo demás?- preguntó ella, teniendo cuidado de sus palabras.
Jack asintió a modo de respuesta –Y, al igual que tú, me culpé durante mucho tiempo por lo que ocurrió– Jack se encogió –Con el tiempo comprendí que, si bien había cometido un error, tenía que perdonarme y seguir adelante... éramos niños–
Elsa cerró los ojos tratando de abrazar la filosofía de Jack.
–Las personas cometemos errores- él tomó su mano y la guio hacia su regazo –Lo terrible seria cometerlos y no aprender nada de ellos. Eso es lo que me dijo Tooth–
–Después del accidente me volví más unido a mi familia y amigos, juré que dedicaría mi vida a protegerlos– Él miró la fotografía familiar que había en su escritorio –De no haber sido por eso, posiblemente seguiría siendo aquel niño inmaduro que no le importaba nada más que el mismo–
Elsa soltó un suspiro tembloroso –...Yo creo que después del accidente comencé a ser más retraída, me alejé de Anna por mucho tiempo, hasta que ustedes nos volvieron a unir; dediqué más de mi tiempo a la escuela y empecé a atender mis obligaciones–
-Me encanta que seas organizada, responsable y estudiosa- el sacudió levemente su mano entrelazada con la de ella –Pero no creo que debas llegar a tal punto en el que tengas que reprimir tus sentimientos–
Elsa asintió comprendiendo –Me gusta ser todo eso, pero no todo el tiempo– respondió en voz baja –A veces hay días en los que solo quiero usar pijama y ver una película mientras tomó una taza de chocolate caliente–
–Y eso está bien, Elsa– él le sonrió –tú tienes el derecho de escoger que hacer con tu vida. Si no quieres dedicarte a ese negocio familiar, entonces deberías hablarlo con tus tíos y con Anna... también deberías contarles la verdad de lo que pasó esa noche–
Elsa rápidamente negó con la cabeza y apartó su mano con brusquedad –No, no puedo hacer eso, no después de tantos años... Anna me odiaría– ella se puso de pie alejándose.
–Está bien, está bien, olvida lo que dije– él se arrepintió en automático de haber mencionado aquellas posibilidades, odiaba tener que verla tan alterada –Quiero decir, yo pienso que eso es lo que hay que hacer... pero no te obligaría a hacerlo, es decisión tuya y solo tuya; me gustaría que al menos lo tomaras en cuenta– Jack se acercó a ella lentamente, como si se tratara de una persona aproximándose a un pajarillo herido y asustado.
Finalmente pudo volver a alcanzar su mano, eso era todo lo que él necesitaba en esta vida, tenerla cerca –Me alegro de verdad que hayamos hablado de esto– la abrazó acariciando su nuca –Todo este tiempo yo mismo he estado asustado de lo que los demás pudieran pensar al enterarse de todo lo que te he contado; pero ahora que veo que hay alguien que me entiende... me hace sentir como si no estuviera solo–
Ella paso sus dedos a través del cuero cabelludo del peliblando –Yo también me siento aliviada de que alguien más me entienda; no puedo creer que seas precisamente tú, la persona a la que más temía contarle sobre mi pasado– ella se mordió el labio inferior –¿No dejé de gustarte, verdad?–
El negó rotundamente –Al contrario, me hace quererte aún más– él sonrió al tener un pensamiento pasajero –Nos apoyaremos mutuamente para superar todo esto–
–¿Te molestaría si lo hacemos a pasos pequeños?- preguntó con temor.
–Serán pasos de bebé– besó su nariz –Tal vez podríamos comenzar con esto...– él se separó solo para tomar la cajita de regalo que Elsa había dejado en la cama, tomó el collar y lo pasó por el cuello de Elsa para, con cierta dificultad, asegurarlo con el broche –Yo...-
Ella lo interrumpió colocando un dedo sobre sus labios –Sí– No había necesidad de que el preguntara, con una sola vez era suficiente; ella sabía la respuesta correcta y no dudó en decirla, no importaba el miedo que sintiera sobre su pasado, mientras él fuera parte de su presente y su futuro...
-Todo va a estar bien- él le sonrió, nuevamente había leído su mente, de la manera que nadie más sabe hacerlo.
-Feliz navidad, Jack- ella se acercó.
-Feliz navidad, Elsa- él la acercó aún más a él.
El momento fue sellado con un romántico beso.
-Por cierto- ella habló después de que ambos terminaran con el beso –También tengo un regalo de navidad para ti, lo dejé abajo–
–Creí que habías dicho que nada de regalos– él la miró con extrañeza.
–Dije que no quería que me compraras nada... nunca mencione que no te regalaría nada– le sonrió –Además, tú fuiste el primero en violar ese trato–
Él acarició su espalda protegida por las capas de ropa –Tienes razón... ¿Qué te parece si lo dejamos en empate y bajamos?, los demás se han de estar preguntando por que demoramos tanto–
Ella asintió y juntos bajaron tomados de la mano.
En la sala de estar toda la familia del chico y los amigos cantaban alrededor del piano villancicos navideños, acompañados por una taza de ponche, la especialidad del primo Sandy.
-Hey, miren quienes decidieron volver– Eugene se burló al verlos bajar por las escaleras.
Un jadeó se escuchó –¿Ya es oficial?– Hipo señaló las manos entrelazadas de ambos.
Jack y Elsa se miraron para después asentir –Ya es oficial– ambos dijeron al mismo tiempo levantando levemente sus manos para que todos pudieran apreciarlo.
–¡Ya era hora!– ambos fueron llenados con cumplidos y felicitaciones por parte de los presentes.
–No podría estar más feliz– la madre de Jack abrazó a Elsa.
–Vaya, ¿de qué me perdí, cariño?– una ráfaga de aire helado recorrió la espina de todos los presentes.
–Pitch– Norte lo saludó con cierto tono condescendiente.
–Cariño, ¿Qué haces aquí?, creí que...–
–Sorpresa– sus dientes blancos resaltaron con su vestimenta negra como la oscuridad.
.
.
.
Nikolai: me gustaria dedicarte un agradecimiento especial por todo lo que has aportado a mi vida en este año, te mando un abrazo hasta Chile y espero no te estes congelando el trasero como yo lo estoy haciendo. Gracias por tus comentarios, ideas, aportaciones y las conversaciones que hemos mantenido por linea. Se que tal vez este año pasaste por cosas dificiles, pero de todo corazon espero te encuentres bien de salud y mente y que este proximo año te vaya excelente.
Cristina: De igual forma te mando un abrazo y beso hasta donde estes, esperando que tambien te encuentres fisica y mentalmente saludable y en caso de que no sea asi, te mando todas las fuerzas que puedo desde el fondo de mi corazon. Has sido un angel este año, tus comentarios siempre me animaban a seguir y espero seguirte viendo este año. Mis mejores deseos para ti y tu familia en este año nuevo.
: Estare esperando pacientemente por alguna actualizacion de tu deliciosa historia, en serio fue de las mejores cosas que lei este año y espero seguir leyendo mas cosas tuyas en un futuro, mucho animo con todo y este proximo año te deseo todo lo mejor en la vida, por que eso te mereces, puras cosas buenas. A lenguas se nota que eres un amor de persona y espero este nuevo año estrechar nuestra ciber-amistad.
