NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR

¡Hola a todos! Oh por la Fuerza, los hits de esta historia se dispararon como locos ¡muchas gracias! me halagan bastante c: intenté subir este capítulo ayer pero ocupaciones me lo impidieron y ahora que aquí estamos, me siento un poco mal... el título ya les dará una idea de por dónde va la situación. Por ahora, me limitaré a decirles que volvemos a Naboo, donde las tramas se están uniendo, y en donde se encuentran ya casi todos los personajes.

GRACIAS a MichelleAloy, Valen Minene, Jeinesz06, Ranma84, Abiel e ichigo Urahara Shihoin por sus comentarios (a quienes puedo les respondo por PM)

Abiel: Sip, Vader a estas alturas está bajo la merced de Padmé prácticamente jaja, no hay nada que no haga por ella. La complicidad entre Ruwee y los clones intenté que fuera lo más natural posible, que bueno que te gustara, y sobre Palo... no diré nada por ahora c;

¡disfruten!


Capítulo 29

El sacrificio

Siempre será igual, siempre y sin pensar

Siempre existirá, como la verdad

De que el sol saldrá

La reina Apaillana estaba sentada en el trono, haciendo lo mejor posible por mantener la compostura. Habían recibido el mensaje de que el Comandante del Destroyer III solicitaba audiencia con ella en el palacio, y considerando sus varios ciudadanos de Naboo que seguían en el destructor estelar, Apaillana no tuvo más opción que aceptar. Sabía que la paz de Naboo pendía de un hilo, y ocupaba toda su inteligencia y astucia para conseguir el mejor acuerdo para su gente.

—Mi señora, me han informado que los clones ya han aterrizado en Theed—le dijo Sabé, que seguía siendo jefa de doncellas.

—¿Sabes si los civiles están bien, Sabé?

—No hay reporte que diga lo contrario.

—Confiemos en la diosa, mi reina—le dijo Lorrein—Debemos tener fe.

—No creo que la fe nos salve de una guerra—musitó Apaillana, adoptando la pose más digna que tenía en su repertorio—Pero en algo debemos creer.

Sabé frunció los labios, mirando al otro lado del trono donde Dormé, otra doncella, tenía también expresión compungida. Todos en el palacio temían que la mala gestión de la reina Kamilla provocara consecuencias ya imposibles de contener.

—Mi reina, han llegado—dijo el capitán de seguridad—¿Los hago pasar?

—Sí, inmediatamente.

Pocos minutos después, cruzaron las puertas un grupo de clones escoltando al Comandante, reconocible solo porque era el único sin portar el casco. Los ánimos de la corte se volvieron más tensos, cuando notaron que entre los clones solamente estaba Palo Andalerrie.

—Bienvenido, Comandante—saludó Apaillana con voz solemne—Me place ver bien a uno de mis ciudadanos. Agradezco la dignidad con la que han sido tratados.

—Muy bien—respondió el Comandante, sin hacer una reverencia pero tampoco sonando intransigente—¿Es usted la reina Kamila?

—La reina Kamila terminó su mandato y, en espera de las nuevas elecciones, yo ostentaré el poder del trono—respondió Apaillana con gracia.

—Ah, sí, creo haber escuchado algo de eso… reina ¿Apaillana? ¿verdad?

—Sí.

Algunos de los delegados y doncellas se miraron entre sí, no estaban acostumbrados a que el soberano fuera tratado con tanta familiaridad. Pero Apaillana no se veía enojada en absoluto, sino curiosa, ella sabía que los clones no tenían educación para saber cómo comportarse en la corte.

—Comandante, aunque me da gusto recibirlo aquí y en compañía del delegado Andalerrie, me pregunto ¿dónde están mis demás ciudadanos?

—Majestad, lamento ser el portador de malas noticias—respondió el Comandante, sin hacer reverencia—Pero sus ciudadanos han supuesto un serio desacato hacia mi autoridad, todos menos el señor Andalerrie aquí presente.

Apaillana se las arregló para que su expresión se mantuviera serena, no así los demás miembros de la corte, cuyo nerviosismo era muy evidente.

—¿Cuáles fueron sus delitos, Comandante?

—Es una historia muy larga, majestad.

—Tenemos tiempo.

—Como bien debe saber, la colaboración entre mis hombres y sus ciudadanos se dio con la intención de buscar a una mujer llamada Padmé Naberrie—explicó el clon, cuyas facciones comenzaron a tensarse.

—Lo sé, la hija menor del señor Naberrie.

—Así es. Un Jedi se infiltró en el destructor estelar y desde ahí consiguió los recursos para rastrearla y rescatarla. Al principio, nosotros solo le ofrecimos protección a ella, y no la juzgamos ni a ella ni a los demás ciudadanos de Naboo aún cuando su implicación con el Jedi era muy obvia—la voz del clon iba tensándose conforme hablaba—Recordarán ustedes que los Jedi son una amenaza, y cualquier vinculación con ellos es severamente castigada.

—Lo recuerdo muy bien—la voz de Apaillana sonó muy firme—Yo serví hace años como reina de Naboo, Comandante, y pude ver con mis propios ojos la caía de los Jedi.

Aunque su voz y su rostro parecían ecuánimes, lo cierto era que en su interior Apaillana sintió una gran tristeza. Conoció y fue amiga de muchos Jedi antes de la Crisis de la República, pero eso era algo que los clones frente a ella no debían saber bajo ningún concepto.

—Pues bien, decidí pasar por alto esos detalles para asegurar la protección de sus ciudadanos, pero la señorita Naberrie tenía otros planes. Ella robó una nave del hangar y burló el bloqueo, entre muchos otros delitos.

—No… —susurró Lorrein, a quien no le gustaba en absoluto por dónde iba esta conversación.

—¿Tiene alguna idea de por qué haría eso?—preguntó Apaillana.

—Todo indica que la mujer está ayudando al criminal, un hombre muy peligroso llamado Darth Vader—continuó el Comandante—Aparentemente, ella fue su prisionera durante meses, y han hecho una especie de amistad.

—Eso no tiene sentido—dijo el señor Lorrein—Conozco bien a Padmé, ella jamás se volvería amiga de un criminal.

—No lo sé, y no me interesa saberlo—dijo el Comandante—Pero estoy dispuesto a negociar.

Miró a la reina con una ceja alzada, un gesto tan humano que puso inquieta a Apaillana. Los clones con los que ella había tratado actuaban como soldados de plomo todo el tiempo, pero este líder militar tenía más personalidad de la que esperaba. Sabía que lo que iba a decirle no le gustaría, por eso, ajustó su máscara política y su tono de voz antes de hablar.

—Hable libremente, Comandante.

—Como ya le dije, la implicación de los otros ciudadanos con el Jedi es evidente, y solo por eso deberían ser enjuiciados, pero accederé a que Ruwee Naberrie, el capitán Typho y los soldados bajo su mano regresen a Naboo, si usted nos concede total jurisdicción de Padmé Naberrie cuando ella sea encontrada.

Sabé miró la cara de espanto del señor Lorrein, y luego de reojo a Dormé, su compañera también se veía angustiada. Recordó entonces que Dormé conocía de mucho tiempo atrás a Sola Naberrie, la hermana mayor de Padmé. Todo este asunto solo parecía complicarse en vez de aclararse, y con su experiencia, la Jefa de Doncellas dedujo que ocuparían idear un plan muy meticuloso si deseaban salir airosos de esto.

—Comandante, usted me está pidiendo que le entregue a una de mis ciudadanas a cambio de otros ciudadanos—dijo Apaillana en tono serio—Es una petición muy grande, comprenderá que debo saber los detalles antes de acceder al trato.

—Con el debido respeto, majestad, Padmé es una traidora—dijo Palo, adoptando una postura de pena y un tono de voz dolida—Padmé Naberrie nos ha traicionado a todos, ¡a su familia, a sus valores, a Naboo! Merece ser atrapada y enjuiciada por eso.

El señor Lorrein miró a Palo atónito, ¿no era ese el hombre que decía estar enamorado de Padmé desde la infancia? ¿a dónde se fueron esos sentimientos? ni Lorrein ni nadie en esa sala tenían forma de saber que el delegado Andalerrie había llegado al punto más bajo de su maquiavelismo, ideando un plan que, para él, era infalible.

—Como puede ver, sus ciudadanos están perfectamente—dijo el Comandante, señalando hacia Palo—Fueron tratados con respeto todo su tiempo en el Destroyer III y escoltamos aquí personalmente al señor Andalerrie, ya que fue el único sin involucrarse con el Jedi.

Esa afirmación, lejos de darle mayor credibilidad –como esperaba el clon– puso a la Corte sobre alerta. Si el capitán Typho y el señor Ruwee Naberrie fueron involucrados con el Jedi, ¿por qué Palo no? ¿dónde estuvo él? ¿o acaso había llegado a un acuerdo con los clones? de ser así ¿cuál fue el costo de ese acuerdo?

—Por lo tanto, espero su colaboración para encontrar a Darth Vader, y que nos ceda la custodia de Padmé Naberrie cuando la encontremos—sentenció el Comandante, ajeno al recelo que la corte estaba experimentando.

—No objeto nada en relación a Darth Vader, si es un criminal peligroso, estaré orgullosa de poder ayudarlos a atraparlo—respondió Apaillana—Pero sí objeto en relación a la ciudadana Padmé Naberrie. Ella debe ser enjuiciada según las leyes de Naboo.

—Ella es una traidora—espetó Palo.

—¡Infamia!—dijo el señor Lorrein—Padmé jamás traicionaría a nadie.

—Pues lo hizo. Ella ha ayudado a escaparse al prófugo Darth Vader, entre otros delitos.

—¿Y cuáles son las pruebas, señor Andalerrie?—cuestionó Apaillana con un tono y postura tan acusativos, que dejó a Palo perplejo.

Había sido muy sencillo ser un delegado influyente bajo el mandado débil de la caprichosa reina Kamila, pero estando frente a Apaillana, Palo comprendió porqué Naboo fue tan esplendoroso en otros tiempos. Esa mujer proyectaba un poder tan grande que imponía un respeto del cual ni siquiera los clones eran inmunes. Palo tuvo que hacer gala de sus mejores tácticas políticas para poder responderle.

—Hay grabaciones que la muestran con él—dijo con algo de torpeza, luego con más seguridad—Y grabaciones que la muestran escapando del hangar.

—¿Y en esas grabaciones se confirma que ella lo ayuda por voluntad?

Palo se mordió el labio inferior, a su lado, incluso el Comandante hizo una mueca, pues era algo que no consideró antes.

—Es muy obvio—murmuró Palo.

—Lo siento señor Andalerrie, pero sin una prueba contundente, no puedo declarar a la señorita Naberrie una traidora—afirmó Apaillana, quien al notar la inconformidad de los clones se apresuró a seguir hablando—Ella entonces sigue siendo una ciudadana en plenos derechos, y entre ellos, tiene el derecho a un juicio. Aunque, para demostrarle mi voluntad de cooperar con usted, Comandante, creo que sería una buena opción el que usted forme parte de la fiscalía en dicho juicio.

—Mi reina…

—Pero…

—Eso es…

—Ellos…

—Ellos merecen también justicia—intervino Apaillana antes de que alguien más hablara, esa afirmación impresionó hasta a los propios clones, y desarmó al Comandante por varios segundos—Y si una de nuestras ciudadanas ha cometido semejante crimen, merece el castigo que los clones consideren justo. Pero primero, hay que comprobar su culpabilidad.

—Con todo respeto, majestad, esta es nuestra jurisdicción—dijo el Comandante, aunque no con tanta seguridad como cuando llegó al palacio—La mujer y Darth Vader son culpables de burlar el bloqueo y burlar el Destroyer III, entre otros delitos.

—Y si es así, entonces no objetaré más, pero Comandante está olvidando que Padmé Naberrie fue secuestrada aquí, en Naboo—continuó Apaillana—Merece un juicio en donde quede claro si esa colaboración que usted menciona es consensuada o, por el contrario, ella ha sido forzada a ayudar al mencionado Darth Vader.

—¡Por supuesto que es consensuado!—gritó Palo—Apaillana, ella…

—Reina Apaillana—corrigió Sabé con frialdad.

—Reina …—farfulló Palo apenas conteniendo su enfado—Padmé es…

—No quiero seguir hablando de eso—sentenció Apaillana con un tono que no daba lugar al debate—Comandante, ¿está de acuerdo con mis indicaciones?

El Comandante lo pensó un momento, la verdad era que los clones buscaban a Vader, no a Padmé. Mientras encontraran al Sith, el destino de esa mujer no les interesaba tanto, pero convenía jugar acorde a las normas de la reina por ahora, aprovechando cualquier recurso que pudieran proveerles. Además, la reina estaba siendo muy comprensiva, incluso amable con ellos –¡hasta dijo que ellos merecían justicia! Como si fueran humanos, y no clones– merecía que ellos también fueran amables con Naboo.

—Me parece justo, majestad—accedió el Comandante.

El señor Lorrein miró a la reina de reojo, sabía que, en el fondo, lo único que Apaillana estaba haciendo era comprar tiempo. Sus ojos miraron después a Palo, que llevaba una expresión dura en su semblante, si estos eran sus verdaderos colores, lamentaba tener que descubrirlos en un momento de tanta necesidad en la corte.

—Mis hombres cuidarán de sus ciudadanos hasta que atrapemos a los criminales—dijo el Comandante, quien a pesar de todo, seguía siendo un militar y ocupaba tomar sus precauciones por simple costumbre—Estarán más seguros en el Destroyer III.

Apaillana asintió, entendiendo que de esa forma el Comandante quería garantizar que ella siguiera ayudándolos, manteniendo a sus otros ciudadanos como virtuales prisioneros. Sabiendo que ya había presionado el asunto lo suficiente por ahora, Apaillana solo asintió, con un gesto en exceso elegante.

—Bien, entonces pongamos manos a la obra.

Palo entrecerró los ojos, Apaillana era mucho más astuta que Kamila. Tendría que hacerle unos cuantos ajustes a su plan, pero estaba seguro de que se saldría con la suya.

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Palo Andalerrie era un hombre acostumbrado a que sus planes funcionaran. Su tiempo en la política lo volvió caprichoso en exceso y muy seguro de sí mismo. Pero como bien acababa de comprobar, una cosa es hacerse de influencias bajo el gobierno de la reina Kamila, y otra muy distinta era conseguir ese mismo nivel de poder bajo la vigilancia de la reina Apaillana.

Maldición, una sola sesión con ella y Palo ya sentía que había olvidado todo cuanto aprendió en sus años como delegado del Palacio. Era inaudito e injusto en todos los significados de esos adjetivos. La verdad era que Palo tenía una personalidad muy pobre y una autoestima frágil, ligada enteramente a su poder y su riqueza.

Pues bien, desde que Padmé Naberrie subió a esa maldita nave negra y se perdió en el espacio profundo, cada situación parecía solo restregarle en la cara lo poco inteligente y habilidoso que era en verdad. Estuvo tanto tiempo construyendo una fachada de ensueño, con una personalidad cautivadora y manipulaciones sutiles, que descuidó totalmente el interior y ahora se encontraba vacío. El punto más bajo de esa espiral, creyó él, fueron sus infernales semanas a bordo del Destroyer III, en donde Ruwee Naberrie consiguió adaptarse tan bien, y donde era evidente que él sobraba.

¡Pareciera que todo lo que Ruwee Naberrie hacía estaba bien hecho! Sabía ganarse la confianza de los clones, investigar solo en el laboratorio, conocía de historia, de milicia y hasta de armas. Todos parecían encantados con él. Su celo crecía día con día mientras más inútil se sentía Palo a bordo del destructor estelar, pero creyó que las cosas se emparejaron cuando fue evidente que el perfecto Ruwee Naberrie estaba involucrado con el Jedi Kenobi.

Pero no, claro que no, los clones tenían que venir a defender al idiota de Ruwee, a ese hombre pretencioso que siempre pretendía salirse con la suya –y lo peor de todo era que lo conseguía el muy maldito– al menos, pensó Palo, dentro de tanta intransigencia consiguieron rescatar a Padmé, y por un momento Palo pensó que todo valió la pena.

No fue así.

Palo Andalerrie aún sentía sus entrañas retorcerse cuando recordaba ese momento cuando vio a Padmé por primera vez en meses. A primera vista, estaba tan hermosa como la recordaba, pero luego, en una mirada más profunda, notó algo distinto. Se veía más terca y voluntariosa que nunca, como lista para empezar una revolución. Parada frente al Comandante y hablándole con una soltura indignante, Padmé le pareció a Palo absurdamente parecida a su padre, pero en lo negativo en vez de lo positivo.

¿A dónde se había ido esa mujer risueña y divertida? Palo siempre supo que Padmé era terca, pero era un defecto que, estaba seguro, disminuiría con la convivencia. Su personalidad fuerte y temperamento eran buenas cualidades siempre y cuando encontraran el cauce correcto, y el mejor, desde luego, era que Padmé se casara y tuviera su propia familia, para así limar esos aspectos masculinos de su personalidad y dejar solo la fragante florecilla que encapsulaba su belleza. Y naturalmente, sería Palo quien tendría el honor de convertir a Padmé en la dama perfecta, haciéndola su esposa.

Ese siempre había sido el plan ¡y era un plan perfecto! Palo estuvo dispuesto a esperar por eso, a ganarse la confianza de Padmé paulatinamente para conseguir que su transformación fuera perfecta. Ahora, lo único en lo que Palo podía pensar, era en la mirada desafiante de Padmé y sus duras palabras:

"¡Vader no es ningún monstruo! ¡No sé si pueda decir lo mismo de ti!"

¿Cómo es que Padmé se atrevía a defender a ese esperpento de Sith? Y peor aún ¿cómo es que osaba a compararlo a él, Palo Andalerrie, delegado del Palacio Real de Naboo, con un criminal? ¡e insinuando que el Sith era mejor que él!

"Está confundida" pensaba Palo "El Sith bien pudo lavarle el cerebro, el idiota del clon pudo haber atinado en eso"

Pero eso no borraba las culpas de sus acciones: Padmé había escapado del Destroyer III para ayudar a Vader, un ultraje, una traición que ciertamente no debería ser perdonada por nadie. Si la reina Kamila estuviera ahí, ella se hubiera encargado del asunto como se merecía.

Caminando en uno de los corredores exteriores del palacio, Palo seguía inmerso en estos pensamientos, cuando atisbó una silueta moviéndose entre las sombras de los pilares cercanos al hangar. Palo se quedó quieto, intentando esconder su presencia, para ver mejor la figurilla, a pesar de la distancia reconoció ese cabello rubio imposible de confundir: era Obi-Wan Kenobi.

De repente, recordó algo que escuchó en el destructor estelar, antes de llegar a Naboo:

—Protégela por favor—suplicó Ruwee Naberrie—Protégela.

—Así será—respondió Obi-Wan.

"Sigues sin aprender, Ruwee" pensó Palo con desdén "¿hasta cuándo dejarás de confiar en ese mugroso Jedi?" pero, como un golpe, Palo pensó que, si ese Jedi estaba decidido a ayudar al idiota traidor de Ruwee, entonces estaba buscando a Padmé.

Y la estaba buscando en Naboo.

"¡Padmé está aquí en Naboo!" Palo contuvo el aliento, meditando lo más rápido que pudo esas implicaciones. Si ella estaba en el planeta, entonces Vader también

Vader, el maldito que secuestró a Padmé. El Sith que había enloquecido a la mujer más hermosa del planeta, obligándola a ayudarle. Vader, el culpable de todo este desastre.

Palo llevaba mucho tiempo culpando a los demás por sus propias debilidades: compañeros de trabajo, amigos distanciados, a los clones, a Ruwee… pero el máximo culpable, a sus ojos, era Darth Vader.

Sí, era Vader el culpable de que Padmé estuviera tan confundida la pobrecita. Apaillana tenía razón –al menos eso le concedería a esa mujer– Padmé bien podía ser inocente, obligada por Vader a cometer actos que ella no realizaría en su sano juicio. Si era así, el Jedi no haría nada más que complicar aún más las cosas, quizá manipulando él mismo a Padmé para su propio beneficio.

"Serás idiota, Ruwee, no se puede confiar en un tramposo Jedi" pensó Palo, ¡claro que Kenobi abusaría de Padmé apenas pudiera hacerlo! Lo mismo que Vader. No, lo que Padmé necesitaba era ser salvada de verdad. Obviamente los clones eran muy incompetentes para ser encargados con esa tarea, así que era trabajo de él conseguirlo.

Rescataría a Padmé, y la ayudaría a descubrir la telaraña de mentiras en la que su pobre mente impresionable había caído; así, su Padmé volvería y conseguiría al fin ganársela. Tenía la confianza del Comandante y la reina Apaillana ya consideraba a Padmé inocente, podrían empezar su vida en Theed, olvidarse de todo el incidente… aunque convendría alejarse de Ruwee, quizá a Padmé le costaría eso al principio, pero al final lo comprendería cuando viera cómo él la rescató del laberinto en el cual Ruwee también participó.

Pero tenía que encontrar a Padmé antes que Kenobi. Aún escondido en el corredor, Palo observó a Kenobi dirigirse hacia las concurridas calles de la capital, y su mente, que a final de cuentas no era tan tonta, hiló todo: la vieja casona.

Claro, la casona donde había empezado todo. Ahí tenía que empezar a buscar.

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El tiempo no había sido especialmente amable con la vieja Casona de Palpatine, lo que más le impresionó a Vader fue ver el tronco caído sobre su techo que hizo un hueco sobre la sala interior. Considerando lo mucho que a su viejo Maestro siempre le importó mostrarse superior a todo, incluso a la naturaleza, fue gracioso imaginar la indignación que Palpatine hubiera sentido de ver su Casona en dicho estado.

Vader conocía todos los códigos, así que pudieron entrar por la puerta y encontrar el laboratorio escondido en la parte baja de la Casona. Tal y como había supuesto, ahí encontró todos los repuestos que necesitaba para reparar su casco. Debía apurarse, porque al tanque de su mascarilla le quedaba solo una hora de oxígeno, y sus pulmones ya estaban adoloridos por el tiempo que estuvo sin su casco en el Executor.

Padmé estuvo al menos diez minutos con Vader en el laboratorio intentando encontrar algo en lo cual pudiera ayudarlo, pero la verdad era que no tenía conocimiento técnico en esos menesteres y R2 era de muchísima más ayuda que ella. Para que no se sintiera tan mal, Vader le pidió que hiciera una copia de las computadoras personales de Palpatine, las cuales estaban en las habitaciones principales de la Casona, ambos supusieron que cualquier información que pudieran encontrar ahí sería útil después.

—El estado de esta casa es lamentable—dijo 3PO por tercera vez, mientras Padmé acomodaba lo mejor posible una silla para sentarse frente al computador—¿No desea que la ayude a limpiar, señorita Padmé?

—No, gracias 3PO, no estaremos aquí un minuto más de lo necesario—respondió ella, sabía que este lugar traía muy malos recuerdos a Vader y detestaba lo mal que ya debía sentirse.

—Oh, está bien, señorita Padmé, ¿ocupa algo en lo que pueda ayudare?

—No por ahora.

Introdujo el disco en el computador, usó las claves que le dio Vader, y en segundos estuvo dentro del sistema, solo tecleó un poco más y vio todos los archivos comenzar a copiarse en el disco.

—Señorita Padmé, me parece que tenemos visitas.

—¿Visitas?—frunció el ceño, parándose para asomarse por la misma ventana en la cual estaba 3PO—¿Cómo es eso posible?

Ahí, frente a la Casona, estaba aterrizando una nave del palacio. El miedo que sintió Padmé se convirtió en auténtico pánico cuando vio la rampa descender y a Palo Andalerrie bajar de la nave con un bláster en la mano.

—Quédate aquí 3PO, y vigila que el disco se copie correctamente—ordenó Padmé, agarrando su propio bláster—Bajaré a ver qué quiere.

—Como ordene, señorita Padmé.

Hizo una inhalación profunda, apretando más el bláster en su mano, y bajó hacia la entrada de la Casona, donde estaba Palo contemplando el lugar como si nunca antes lo hubiera visto.

—¿Qué haces aquí?—preguntó Padmé, saliendo a su encuentro.

—Ah, Padmé, me alegra ver que estás bien—dijo Palo con una sonrisa que no le pareció sincera en absoluto—Estábamos preocupados…

—Ajá—Padmé luchó contra el impulso de rodar los ojos, pues no quería perderlo de vista ni un segundo—Estoy bien, así que puedes irte.

—No me iré sin ti, Padmé.

Palo dio un paso hacia ella, y Padmé aprovechó para levantar su bláster y apuntarle al pecho.

—Quieto—ordenó—No confíe en ti y definitivamente no me iré contigo.

—Vamos Padmé, sabes que confías en mí.

—Quizá alguna vez lo hice—murmuró ella—Pero no confío en ti desde que te aliaste con los clones para destruir el Executor.

La sonrisa de Palo se convirtió en una expresión seria, pero Padmé entrecerró los ojos, detectando la falsedad en esa faceta. Bueno, si antes no conseguía engañarla por completo, ahora mucho menos.

—No tenía opción Padmé—dijo él.

—¡Claro que la tenías!

—Los clones nos tenían amenazados, ellos…

—Aún si así fuera, a mi padre no le importó—continuó Padmé.

—No, pero a mí sí porque temía por Naboo.

—¿Qué?

"Tienes que estar bromeando" pensó Padmé, ¿qué le iba a importar Naboo a este sujeto? No, esto se relacionaba con algo más, Palo tenía un plan entre manos y era por eso que estaba ahí.

—¿Contra quién crees que se irían los clones?—continuó Palo, pensando que estaba consiguiendo que ella bajara la guardia—No solo contra ti o contra nosotros, sino contra todo Naboo. Solo quería proteger a nuestro planeta.

—No te creo.

—Es la verdad.

—Supongamos que es cierto—dijo Padmé—Entonces, ¿por qué estás aquí?

Palo le dio más dramatismo a su expresión, pero Padmé solo apretó más el bláster, intentando mantener su pulso firme.

—Conseguí escabullirme, los clones están haciendo un nuevo acuerdo con la reina Apaillana—dijo Palo con un tono desesperado—Padmé, aún estamos a tiempo de salvar toda la situación.

—¿Cómo?

—Ellos solo quieren a Vader—continuó Palo—La reina y yo podemos protegerte, a ti y a toda tu familia, dejando a Naboo a salvo. Solo hay una condición.

—¿Cuál?

—Que te cases conmigo.

Padmé jadeó, de todas las cosas que Palo pudiera estar buscando, jamás se le cruzó eso por la mente. Fama, poder, riqueza… todo eso tendría sentido, pero ¿casarse con ella? ¿enserio? Palo debería conocerla mejor que esto, saber que ella no tenía ningún sentimiento profundo hacia él.

"Por eso lo hace" pensó de repente, su mente se sintió abrirse ante esa revelación "Quiere chantajearme… aprovechar esta situación para que me sienta comprometida con él"

¡Eso explicaba tanto! Padmé no había entendido porqué Palo estuvo en el destructor estelar. Aunque no sabía los detalles, no era sorprendente el que su padre arriesgara todo por buscarla, conocía a su familia, ellos nunca la dejarían sola mientras tuvieran opciones. Pero Palo no tenía nada que hacer ahí, ni siquiera como amigo de la familia; a no ser, que intentara hacer que los Naberrie se sintieran comprometidos hacia él.

—Tienes que estar bromeando—farfulló ella, esbozando una sonrisa irónica. Todo esto era tan absurdo que le costaba creerlo.

—Es la verdad.

—¡Claro que no!

—¿Enserio arriesgarías todo Naboo y tu familia?—la expresión de Palo pasó de la desesperación al enfado, fue solo un microsegundo, pero Padmé lo detectó, y comprendió que él estaba perdiendo la paciencia.

—No creo en ti, Palo—replicó con firmeza—Y jamás me casaría contigo.

Finalmente, la fachada cayó, y la expresión de Palo fue de absoluta furia.

—Sí, lo harás.

—¡No!

Palo elevó su bláster hacia ella, Padmé no parpadeó, pero sintió su corazón acelerarse; era muy distinto disparar a los clones en medio de un escape a tener frente a ella a una persona apuntándole con un arma tan de cerca.

—Baja tu arma, y súbete a la nave Padmé—siseó Palo, intentando mostrarse seguro de sí mismo.

—No…

—¡Dije que…!

El bláster en la mano de Palo tembló hasta que no le quedó más remedio que soltarlo, y cuando ambos voltearon para ver qué estaba pasando, vieron el bláster llegar rápidamente a las manos de Lord Vader.

.

.

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Apenas Padmé salió del laboratorio secreto, Vader se dejó caer sobre una de las sillas, respirando con pesadez. R2 continuó trabajando en el ensamblaje de los circuitos destruidos, pero Vader no puso atención a eso, llevándose una mano al pecho, que comenzaba a dolerle con más intensidad.

Estaba peor de lo que quería admitir. Cada respiración le dolía, y su cuerpo comenzaba a sentirse muy débil, pero no quería preocupar más a Padmé. La mascarilla de oxígeno que llevaba puesta no conseguía oxigenar lo suficiente sus delicados pulmones, y llevaba ya horas sin tener el ambiente idóneo para su destrozado sistema cardiovascular. Cada minuto que pasaba su salud se comprometía más, y ahora, Vader comenzaba a temer que ni con todos los arreglos suficientes ni los médicos de Kamino conseguiría sanar.

Si Padmé no estuviera en esos momentos en la parte de arriba de la Casona, decidida a ayudarlo, genuinamente se dejaría morir en ese instante. Pero la Fuerza le había mostrado una extraña misericordia, permitiéndole estar cerca de ella y contar con su amistad. No presionaría más el asunto, el simple hecho de que Padmé quisiera ser su amiga era mucho más de lo que él podría esperar, y lo agradecía con una humildad que no sentía desde la infancia. Así que, solo por ella, seguía esforzándose, aunque el dolor en su pecho aumentara y sus extremidades se sintieran más débiles.

Intentó meditar para calmar el dolor en su cuerpo, pero poco después de eso, sintió una oleada de pánico que provenía de Padmé. Inmediatamente se tensó, ¿por qué ella tenía miedo? No había nada ni nadie cuando entraron a la Casona, ella debería estar segura. Con movimientos lentos, se puso de pie, caminando hacia las escaleras.

"Terminaré esto en once minutos" dijo R2 intentando detenerlo.

—¿No puede ser menos tiempo?—jadeó.

"Lo hago lo más rápido que puedo"

R2 no se detenía, sabiendo que su trabajo era de suma importancia. Vader miró al pequeño robot que seguía ensamblando con rapidez, y luego, sintió el miedo de Padmé con mayor fuerza, así como las lejanas voces de una discusión. Había un intruso en la casa, y Padmé estaba asustada, no podía esperar ocho minutos.

—Súbelo cuando termines—dijo Vader, y luego subió penosamente los escalones.

Cada escalón le costaba un jadeo, sus pulmones contrayéndose al máximo por el desgaste y el pecho ardiendo con intensidad, pero ese dolor no se comparó con la ira que recorrió todo su cuerpo cuando llegó al umbral de la Casona, y vio a Palo Andalerrie amenazando a Padmé con un bláster.

Amenazándola… enfrente de él.

Usando la Fuerza, le arrebató el arma, y aunque seguía sintiéndose muy débil, usó la energía que le quedaba para que su voz sonara firme.

—Ella ha tomado su decisión—dijo Vader—Largo de aquí.

Palo lo miró con miedo cuando se dio cuenta que le quitó el arma usando la Fuerza, pero al mirar su enfermo rostro –cubierto de cicatrices, con una máscara de oxígeno sobre la boca, usando su traje raído– esbozó una sonrisa burlona.

—¿Tú eres Vader?—se mofó, mirando hacia Padmé—¿Enserio por esta criatura deforme estás arriesgado tu vida, Padmé? ¡cuando podrías estar conmigo!

La verdad era que no le importaba en lo más mínimo lo que ese sujeto opinaba –sabía muy bien que no merecía a Padmé para nada– pero vio fuego en los castaños ojos de su amada y una rabia intensa marcar su precioso rostro.

—¡Lárgate de aquí!—gritó Padmé, temblando de ira.

—¡Lo haré! ¡Pero vendrás conmigo!

Palo se abalanzó sobre Padmé, con toda la intención de lastimarla, pero no pudo siquiera acercársele. Vader usó la Fuerza para empujarlo hacia la puerta de la Casona, asegurándose de que se pegara con el marco.

—Largo de aquí, Andelerrie—espetó él, cuidando que su voz no le fallara por su débil respiración.

—¿Qué? ¿Te crees muy especial?—respondió Palo, haciendo lo mejor por ocultar su miedo—Por favor, solo eres su nuevo juego de caridad. Padmé es muy conocida por eso, ¿sabías? Nadie como ella para tenerle piedad a las cosas desechables.

Escuchó a Padmé jadear, y sintió su impresión por esas palabras; miró de soslayo a la mujer, notando la total indignación en su semblante.

—Cuando se canse de ti, buscará un nuevo juguete, ya lo verás—continuó Palo, mencionando cada palabra con saña.

Vader dejó de mirar a Padmé para ver la expresión iracunda de Palo, no era necesario usar la Fuerza para notar la frustración de ese hombre por no conseguir salirse con la suya.

—¿Uno como tú?—murmuró con burla, regresándole su gesto de mofa.

—Oh, yo no soy un juguete, ¡no te confundas!—gritó Palo—Yo soy el hombre que ella necesita para aprender cuál es su lugar. Conmigo, será la dama perfecta, ¡la esposa perfecta! Ella lo sabe, bajo esa terquedad infantil Padmé lo sabe, implora para que la convierta en una mujer.

Mientras Palo hablaba, sus pensamientos se proyectaban con violencia, haciendo imposible que Vader los evadiera, y las imágenes en la mente de Palo eran peores que sus palabras. Se veía a sí mismo como un triunfador, usando a Padmé de maneras soeces, tanto para completar sus aspiraciones políticas como para complacer sus deseos carnales; eran imágenes y pensamientos denigrantes, que dispararon la rabia de Vader a niveles que no había alcanzado en años.

—No podrías estar más equivocado.

Usando la Fuerza, Vader subyugó a Palo, disfrutó cuando vio el terror invadir sus ojos al sentir su cuerpo inmovilizado por una energía invisible, siendo incapaz de mover un solo dedo.

—Padmé Naberrie es la mujer más impresionante, hermosa y valiosa en esta galaxia—siseó Vader con odio, apretando cada músculo en el cuerpo de Palo para que sufriera—No necesita nada ni a nadie, ella ya es perfecta.

—Vader… —susurró Padmé, inmovilizada en su lugar.

Padmé había bajado el bláster, y observaba todo a pocos metros de distancia; le sorprendieron esas palabras de Vader, conmoviéndola en lo más profundo de su ser, pero también tenía miedo, notando que los ojos azules de Vader estaban tornándose amarillos mientras usaba la Fuerza contra Palo.

Amarillos en el mismo tono que le vio cuando usó la Fuerza contra ella, ese terrible día, en que casi la mató.

Frente a él, Vader vio el miedo de Palo y su rostro volverse rojo por el dolor; pero detrás de él sintió a Padmé asustarse, esta vez no de Palo, sino de él.

"Mátalo" dijo la voz oscura de su Maestro en su cabeza "Osó amenazarte a ti, y a la mujer. Mátalo, no merece menos esa escoria"

"No caigas en su juego" cantó la Luz, en un susurro que a pesar de su suavidad se sentía poderoso "No otra vez. Eres más que solo tu rabia, y lo sabes. Padmé lo sabe. No te dejes convencer"

—Por favor, piedad… —sollozó Palo, con lágrimas en las comisuras de sus ojos por el dolor en aumento—Piedad…¡haré lo que sea, por favor!

Y de repente, como un golpe, esas palabras le trajeron otro recuerdo.

¡No!—gritó Padmé con pánico, abrazando a su sobrina—¡Por favor señor, tenga piedad!

Por un momento, Vader no vio más a Palo. Vio a Padmé cuando la conoció, echa un ovillo sobre su sobrina y suplicándole misericordia. Fue un maldito bastardo ese día, castigando a una mujer y a una niña con infamia. Luego, nuevos recuerdos desfilaron por su mente:

Cuando era un esclavo en Tatooine, y le pedía un poco de piedad a sus amos para que no lo maltrataron a él o a su madre.

Cuando Palpatine llegó a Tatooine y le pidió piedad, antes de que ese malnacido asesinara a su madre frente a él.

Cuando entrenó hasta que sus huesos se rompieron y sus músculos se desgarraron, pidiendo piedad cuando el dolor le impedía moverse, recibiendo solo castigos.

Nadie tuvo nunca piedad hacia él, nadie… hasta que una mujer se quedó a su lado, cuidó sus heridas, sonreía con él y le preparaba pay casero solo para que merendara. Una mujer que le hizo recordar lo que era ser humano, lo que significaba ganarse el perdón de alguien, y su aprecio, que le devolvió la esperanza de vivir.

Una mujer hacia la que no tuvo piedad, sin embargo, ella la tuvo hacia él. Padmé, quien lo defendía a su manera y lo había elegido a él, cuando pudo perfectamente irse con su familia y olvidarlo. Padmé, quien le enseñó que él podía ser mucho más de lo que la gente asumía que él era, quien confiaba en él, lo escuchaba, y lo comprendía. La luz cantó con más fuerza, mientras la voz oscura de su Maestro se diluía hasta desvanecerse, ¿qué importaba la rabia de un momento, cuando podía tener el cariño de Padmé por toda la vida?

Vader soltó a Palo, quien cayó bruscamente hacia el suelo, jadeando por el miedo.

—Lárgate de aquí—dijo con odio contenido—No vuelvas a acercarte nunca más a Padmé o a su familia.

"Bien hecho, hijo mío" escuchó a la luz susurrarle al oído, casi como si fuera la voz de su difunta madre. Al mismo tiempo en que una pesada carga caía de sus hombros, liberando su mente de una tensión que acostumbraba cargar hace años, Vader sintió un fuerte calambre en su pecho, y se dio cuenta de que le urgía su casco.

La dio la espalda a Palo, cansado de él, y se topó cara a cara con Padmé, ella lo veía con una expresión de orgullo y felicidad que eclipsó sus sentidos un momento –¡qué hermosa se veía así!– y aunque su cuerpo rozaba la debilidad absoluta y sus pulmones colapsarían en cualquier momento, se tomó su tiempo para contemplarla. A su ángel.

La Fuerza gritó indicándole un peligro, al mismo tiempo que el rostro de Padmé se crispaba por el susto.

—¡Si no eres mía, no serás de nadie!—gritó Palo, alzando el pequeño bláster que había escondido entre sus túnicas.

—¡No!

El bláster disparó, pero el impacto jamás llegó a Padmé, porque Vader se interpuso en el último segundo. Con horror, Padmé dejó caer su propia arma al suelo, saltando hacia Vader para intentar evitar que su pesado cuerpo se pegara contra el piso.

—¡Vader!—sollozó Padmé, sus ojos llenos de lágrimas por el miedo, mientras acomodaba a Vader sobre su regazo.

—P…pad… mé…

Los ojos azules de Vader la contemplaron una última vez, con absoluta adoración, y luego se cerraron cuando él perdió la conciencia. Padmé jadeó aterrada, agitándolo lo más delicadamente posible para que despertara.

Entonces Palo dio un paso hacia ella, apuntándole a la cabeza.

—Sube a la nave Padmé—ordenó él.

—No…

—¡Sube a la nave, o lo mataré!—gritó Palo, apuntando ahora hacia Vader—Sabes que lo haré.

Padmé pasó la punta de sus dedos sobre el rostro de Vader, pero él no reaccionó, todo en lo que Padmé podía pensar era que este no podía ser su final. Tanta desdicha, tanto dolor, haber sobrevivido a tanto no podía conducirlo a morir de esta forma ¡no! ¡no era justo!

—¡Necesita atención médica!—gritó fuera de sí, abrazando a Vader como si con eso pudiera contenerle la vida en el cuerpo.

—Sube conmigo, o lo remato en este instante—siseó Palo.

—¡No!

—Cásate conmigo, y dejaremos a este bastardo en una facilidad médica—Palo colocó la punta del cañón sobre la frente de Vader—Oh recházame una vez más, y velo morir…

Padmé miró a Palo con el rostro descompuesto, ¿cómo tenía la frialdad de decir algo así? sus ojos estaban llenos de lágrimas y los labios le temblaban por el llanto, aún así, Palo pudo ver el asco que sus palabras le produjeron a Padmé. No le importó. Al menos, ella parecía al fin considerar su propuesta.

Padmé miró a Vader, sus lágrimas cayéndole sobre sus desfiguradas mejillas, ¿podría él perdonarla algún día si se casaba con Palo? ¿podría ella vivir consigo misma siendo la esposa de ese desgraciado? Pero, peor aún, ¿podría ella vivir consigo misma si dejaba morir a Vader ahí?

Miró a Palo con odio absoluto… y tomó su decisión.

Antes de que pudiera decir algo, escuchó el sonido a estática que emanaban los sables de luz, y un filo color azul cruzar el pecho de Palo. El hombre cayó al suelo en ese mismo instante, su raquítico corazón fulminado por el sable.

Atrás de él, Obi-Wan Kenobi guardó su sable sin remordimiento alguno.


Canción del capítulo: "Fábula ancestral" (o "Bella y bestia son") de la película La Bella y la Bestia en su versión Español Latino.

No me maten, por favor, no me maten... si me matan, ¿cómo sabrán lo que pasa después? jeje... okey, empecemos:

1.-Apaillana está contra las cuerdas con los clones, y lo sabe, tiene muy pocas opciones. Ruwee terminó en medio de esa crisis por estar en el Destroyer III, así que Naboo está a punto de ser invadido... una palabra mal entendida, un gesto áspero, la más mínima sospecha puede detonar esta bomba.

2.-Palo cavó su propia tumba. No quise que Vader lo matara (aunque se merecía una muerte lenta y tortuosa) porque el punto de todo esto era la redención de Vader, y al mostrarle clemencia, dejó totalmente el Lado Oscuro, (es decir, ¿quién podía culparlo si mataba a Palo? el tipo lo estaba amenazando y chantajeando a Padmé con malicia, pero decidió hacer lo correcto, aunque fuera lo más difícil) Lo bueno es que Obi-Wan estaba cerca.

3.-Obi-Wan demoró más en llegar porque, mientras que Palo llegó a la Casona en una nave, Obi-Wan debió usar un speeder. Y no, Vader no está muerto.

El próximo capítulo continúa justo donde se queda este y actualizaré el fin de semana c; ¡gracias por leer! abrazos para todos.