NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO

¡Hola a todos! yo sé que el capítulo anterior terminó muy intenso, así que me apuré lo más que pude editando este para poder traerlo el fin de semana tal y como lo prometí. No diré mucho por ahora, mejor lean jeje.

GRACIAS a Jeinesz06, ichigo Urahara Shihoin, MichelleAloy, Valen Minene y Ranma84 por sus comentarios (respondidos por PM)

¡disfruten!


Capítulo 30

Varykino

Sin esperanza, mientras mi sueño muere

Mientras el tiempo vuela, amando una ilusión perdida

Indefenso, imperdonable, frío y conducido

A esta triste conclusión

—P…pad… mé…

Los ojos azules de Vader la contemplaron una última vez, con absoluta adoración, y luego se cerraron cuando él perdió la conciencia, ¿cómo podía una mujer tan preciosa sostenerlo de esta forma? Ella era tan valiente, y siempre lo sorprendía con su autenticidad. Incluso ahora, cuando la vida escapaba de su cuerpo y sentía a la muerte reclamarlo, acudía tranquilo por la calma que le provocaba estar en sus brazos. No podía existir mejor forma de morir que en un abrazo de Padmé Naberrie.

Pero la calidez de sus brazos dejó de sentirse cuando la oscuridad lo reclamó de nuevo, y Vader olvidó por un momento quién era, dejando que un sollozo escapara de sus labios, ¿es que jamás sería libre de esto? ¿por qué la oscuridad siempre lo perseguía de esta forma? Era así desde que tenía memoria.

No… no siempre fue así. Su mente le mostró los recuerdos de esos días cuando no había oscuridad, cuando fue feliz. Memorias que durante años le provocaron un dolor indescriptible, al mostrarle todo lo que había perdido, pero que en este momento se sentían muy adecuadas.

Recordó a su madre cuando le cantaba una nana en las noches a la hora de dormir, acariciándole el rostro o el cabello con ternura y deseándole lindos sueños. Recordó a su madre prepararle sus alimentos favoritos siempre que podía, y trabajar más duro para ahorrar y poder prepararle unos dulces en su cumpleaños. Recordó que ella siempre lo alentaba a que usara esas chatarras para aprender a armar y reparar cosas, sonriendo con orgullo cuando él aprendía algo nuevo, y la manera en que lo abrazaba cuando ambos se sentaban afuera de su casa para ver las estrellas, soñando un futuro mujer.

Eran esclavos, su vida no era perfecta, pero a pesar de lo poco que tenían, fueron muy felices.

Luego llegó la oscuridad un día maldito. Acababa de cumplir nueve años, lo recordaba porque aún tenía en su mochila unos cuantos dulces que él había guardado de su cumpleaños. Él y su madre caminaban por el desierto inclemente de Tatooine, a dos horas de Mos Espa, con la indicación de hacer unos trueques con Jawas que estaban cerca –Watto, su cobarde amo, no quiso ir personalmente por miedo al desierto– aún podía recordar el calor del sol sobre su cabeza y la rasposa arena colándose en sus zapatos.

Entonces, frente a ellos vieron una silueta vestida de negro. Tuvo un feo presentimiento, tan intenso que hasta su madre debió intuirlo, porque se paró frente a él intentando cubrirlo cuando el hombre se acercó más a ellos.

Oh, aún recordaba sus palabras…

—Tenía que verlo con mis propios ojos—dijo el monstruo, el que después sería su Maestro—No creí los reportes, pero ahora…

—¿Quién es usted?—preguntó su madre, ella que siempre intentaba ser amable, sonó áspera y desconfiada.

Bajo la capucha negra que cubría el rostro del hombre, pudieron atisbar las líneas de una sonrisa, y entonces comenzó el horror.

Como cualquier niño, siempre se sintió seguro al lado de su madre. En sus peores días, bastaba con volver a casa y llorar en el confort de sus brazos unos minutos antes de que su presencia lo calmara. Ese día, sintió auténtico pánico cuando lo arrancaron literalmente de los brazos de su madre, mientras ella gritaba retorciéndose de dolor, torturada de maneras atroces por una Fuerza invisible.

—¡Tenga piedad!—sollozó su madre—¡Es solo un niño! ¡Por favor, tómeme a mí, tenga piedad!

La misma Fuerza invisible que torturaba a su madre lo jalaba con violencia hacia el monstruo, cuyos ojos amarillos resplandecían bajo la sombra de la capucha, haciéndolo ver aún más escalofriante. Para ese punto, lloraba desesperado e intentaba volver con su mamá.

—Pon mucha atención, niño—dijo el monstruo, mientras encendía un sable de luz rojo en su mano—Ésta es tu primera lección: no existe la piedad.

Al escuchar esas palabras, su madre lo vio con miedo, comprendiendo lo que iba a pasar. Y soportando con el mayor estoicismo el dolor de su tortura, lo miró a los ojos con amor, antes de decir sus últimas palabras.

—No me olvides Ani, no olvides el…

El sable se movió grácilmente hacia su madre y, en un segundo, su cabeza rodó al suelo.

Y así fue como, en menos de cinco minutos, su vida cambió para siempre.

Ni siquiera la dura vida de Tatooine pudo prepararlo para una vida a merced del Sith. Las retorcidas enseñanzas de Palpatine al principio le repugnaban, pero al ir creciendo, algunas comenzaron a tener sentido. La galaxia siempre fue cruel con él, haciéndolo nacer esclavo, ¿para qué tenerles compasión a planetas enteros llenos de escorias como Watto, o de pusilánimes ignorantes como sus vecinos?

No obstante, cada vez que pensaba así, cuando su mente y corazón estaban listos para abandonarse a la oscuridad, escuchaba en su mente con absoluta claridad la voz de su madre, y sus últimas palabras.

No olvides Ani…

¿No olvidar el qué? ¿el hambre, la miseria, la esclavitud? ¿el calor de Tatooine? ¿sus arenas interminables? ¿los cientos de criaturas despreciables que usaban Mos Espa como parque recreativo de sus peores vicios? El conflicto nunca lo abandonó, ni siquiera después de construir su sable, torturar por primera vez, pelear, vencer, matar… el conflicto nunca se fue.

No olvides Ani…

¿Olvidar el qué? ¿los pocos valores que su madre consiguió inculcarle? ¿de qué servía el trabajo duro y la honradez en esa galaxia viciosa? ¿cuál era el punto de ayudar a las personas si éstas no lo valoraban? ¿para qué hacer lo correcto si no había recompensa?

Aún así, lo intentó. Reunió las pruebas y las mandó a los Jedi, se enfrentó a su Maestro aún sabiendo que podía perder, y usando todos los poderes que pudo, consiguió vencerlo. Erradicó a los Inquisidores, esa secta de locos que no tenían el menor escrúpulo, antes de que devastaran a la galaxia. Por un momento, pensó que al fin sería libre… pero el fuego de Mustafar le recordó cuál era su lugar.

No olvides, Ani…

¿Olvidar qué cosa? ¿su desgraciada vida? ¿el hecho de que siempre fue un esclavo, antes de Watto después de Palpatine? ¿Qué a pesar de intentar hacer lo correcto, motivado por razones que no comprendía, fue juzgado, castigado y lo perdió todo?

"¿Qué no olvide el qué? ¡¿Qué no olvide el qué?!" Gritó en su mente con desesperación.

Y ahora, al final de su vida, cuando sus últimos alientos estaban exhalando, vino la revelación.

Vio esa sorpresa que sintió cuando Padmé lo retó por primera vez, usando su ingenio. Vio la gratitud que lo inundó cuando ella se quedó a su lado en su recinto, cuidándolo mientras se recuperaba. Vio lo divertido que era hablar con ella durante horas de cualquier tema, y lo agradable que era verla sonreír. Vio la camaradería surgida entre ellos cuando se enfrentaron a los clones, y luego afianzarse cuando huyeron del Executor; la incredulidad que sintió cuando ella regresó con él, y la felicidad que lo inundó cuando lo agarró de la mano.

No olvides Ani… el amor.

El amor que sintió por su madre, el amor que ahora sentía por Padmé, ¿fue el amor la clave de todo? Quizá… viviría todos esos horrores de nuevo, si con eso conseguía un momento más con Padmé en sus brazos.

Con ese último pensamiento, cuando sintió una presión de la Fuerza empujarlo hacia algo más profundo, la siguió sin oponerse. Al fin, comenzaba a sentir otra vez paz.

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—Obi-Wan…—Padmé contuvo el aliento, todo había pasado tan rápido que su cabeza apenas conseguía procesar los hechos.

—Me alegra haber llegado a tiempo—Obi-Wan se puso de cuclillas a su lado, buscando el pulso de Vader—Su corazón late muy despacio.

—Su respirador se dañó mientras escapábamos y la mascarilla no le hace el mismo efecto… —explicó Padmé, su voz temblando por los remanentes de su llanto—Tenemos que llevarlo de urgencia a una facilidad médica.

—No podemos—dijo Obi-Wan con una mueca de disgusto en los labios.

—¿Qué?

—Padmé, los clones han llegado a Naboo—suspiró Obi-Wan—Te buscan a ti y a Vader, a estas alturas seguramente me buscan a mi también. Somos fugitivos.

¡Fugitivos! Esa palabra sonaba tan drástica, Padmé la repitió en su cabeza varias veces, ¿cómo ella podía ser una fugitiva en su propio planeta?

—Pero, yo…

—Tenemos que mantenernos escondidos en lo que se resuelve este embrollo—continuó Obi-Wan—Y atender a Vader nosotros mismos.

—No conozco a ningún médico de manera personal en el cual podamos confiar.

—Francamente, yo tampoco.

Padmé contuvo el aliento, mirando a Vader en su regazo ¿cómo es que la historia volvía a repetirse? Ya antes él había recibido un disparo por ella, y ahora… ahora su vida pendía de un hilo. Tomando una profunda respiración, Padmé contuvo su miedo y su dolor para darle paso a la determinación.

—Debes hacer algo—le urgió a Obi-Wan—Prometiste que me ayudarías a salvarlo ¿no lo recuerdas?

—Sí, pero…

—¡No hay "pero" que valga!—replicó ella—Tú eres el culpable de su condición, si en algo deseas enmendar tus errores, entonces me ayudarás a salvarle la vida ahora. Al costo que sea.

Obi-Wan contempló a Padmé no solo con sus ojos, sino con la Fuerza, sintiendo las oleadas de su angustia, una preocupación de ese nivel no surge por un conocido, ni siquiera por un amigo, los sentimientos de Padmé eran más profundos que eso. Viendo la postura en la que ella estaba, con Vader sobre su regazo y abrazándolo para sostenerlo cerca de su pecho, la revelación le llegó de golpe.

"¿Qué tan ciego he sido?" se lamentó Obi-Wan de sí mismo, ¡era tan obvio!

—En verdad lo amas, ¿no es cierto?—dijo él con voz suave.

La pregunta tomó por sorpresa a Padmé, que no se esperaba esa respuesta de él. Miró al inconsciente Vader en sus brazos de nuevo, ¿era amor este sentimiento que carcomía su pecho?

—Sí… creo que sí—murmuró su respuesta.

"Pensaré en esto después" se dijo a sí misma. Pero la verdad ya había sido dicha, y aunque la conmoción estaba causándole una mala jugada a la mente de Padmé, para Obi-Wan la respuesta no podía ser más sincera.

El ex Jedi miró al aprendiz de Sith, cuya vida iba extinguiéndose, con varios sentimientos encontrados. Ese hombre, al que él consideraba tan peligroso, había cautivado el corazón de Padmé Naberrie, una mujer que él sabía era fuerte e inteligente. Así que decidió confiar en el juicio de ella.

—Tengo una idea—dijo él—Pero no sé qué tanto funcione.

—Dime.

—Puedo sumergir a Vader en un trance curativo de la Fuerza, es una técnica que usaban en el Templo Jedi… mantendría a Vader inconsciente mucho tiempo, días quizá, pero le permitiría a la Fuerza curar todo lo que sea posible de sus heridas físicas.

¿Usar la Fuerza para curar? ¿eso era posible? Padmé intentó recordar todo lo que pudo leer de la Fuerza en el Executor. Ciertamente, hubo un artículo en el cual se describían los usos del Lado Luminoso, y la curación acelerada era uno de ellos, pero fuera de esos apuntes no tenía ninguna noción del proceso.

—Y… ¿funcionará?

—Sería como mantenerlo en un estado de coma provisional, en el cual lo que pueda curarse de su cuerpo, se curará—continuó explicando Obi-Wan—Eso nos dará tiempo de buscar opciones de médicos o lugares a donde podamos llevar a Vader cuando se encuentre más repuesto.

Era una buena idea, pero Padmé aún tenía sus dudas. El hombre frente a ella era Obi-Wan Kenobi, un Jedi que se enfrentó a Vader años atrás y lo dejó en Mustafar para morir, aunque su arrepentimiento era genuino, no podía dejar de cuestionase si confiaba en Kenobi lo suficiente para entregarle la vida de Vader.

Y a pesar de su recelo, Padmé no tenía más opciones.

—Hazlo, por favor…—dijo con un hilo de voz, rezándole a la Diosa para no tener que arrepentirse después de eso—Sólo hazlo…

—Muy bien.

Obi-Wan miró el rostro deforme de Vader con una nueva sensación en su pecho. La culpa que llevaba arrastrando se diluía al pensar que, al fin, estaba enmendando sus errores. Colocó una mano sobre su frente y cerró los ojos, sumergiéndose en la Fuerza lo más profundo que pudo, arrastrando la débil conciencia de Vader con él. Para su sorpresa, Vader no se resistió en absoluto.

—Que la Fuerza te cure—susurró, sellando la conciencia de Vader con la Fuerza para dar inicio al trance.

—¿Funcionó?—preguntó Padmé ansiosa.

—Sí—dijo Obi-Wan—Ahora depende de él, de qué tanto abrace a la Fuerza… pero debería estar bien.

Padmé frunció los labios, de no haber vivido lo que vivió en el Executor, no creería en la Fuerza para nada. Solo esperaba que poner su fe en ella no la hiciera arrepentirse.

—Aún así, deberíamos al menos poner un poco de bacta en su herida en la espalda—murmuró con más decisión.

—No objetaría a eso, pero no estamos muy a salvo aquí Padmé. Los clones podrían buscarnos en esta Casona, y en algún momento detectarán la ausencia de Palo.

Hasta ese momento Padmé genuinamente se había olvidado del cuerpo inerte de Palo, a unos metros de ella. Lo miró de reojo, sintiendo náuseas al recordar el horror que ese hombre la hizo vivir, ni siquiera pudo conciliar el recuerdo de su amigo de la infancia con el monstruo muerto a unos pasos de ellos. Pero Obi-Wan tenía razón, la Casona no era el lugar más seguro para ellos, necesitaban encontrar un lugar recluido y poco conocido, un lugar como…

—Vamos… vamos a Varykino—sugirió ella..

—¿Dónde es eso?

—Una casa de mi familia sobre el lago—explicó Padmé—Está aislada, ahí estaremos a salvo.

—Eso espero—dijo Obi-Wan, admitiendo que no tenían muchas opciones—Veamos…

Usando la Fuerza, Obi-Wan elevó a Vader para llevarlo a la nave, y en el interior lo recostó sobre la camilla médica. Al momento en que sintió la ausencia de Vader en sus brazos, Padmé sintió miedo de nuevo, pero sabiendo que necesitaba ser fuerte, optó por ir a por 3PO y R2, recordando también llevar los respaldos que alcanzaron a copiar de las computadoras de la Casona.

Adentro de la nave, encontró a Obi-Wan colocando bacta sobre la herida de Vader en la espalda, los ojos del ex Jedi contemplaban con concentración las cicatrices de quemaduras que cubrían toda la piel de Vader, rememorando los eventos de Mustafar. Un fuerte instinto de protección recorrió el cuerpo de Padmé, quien se acercó para corroborar que el ex Jedi no tuviera otras intenciones.

Sin embargo, estando más cerca, vio la mueca de horror y la culpa en los ojos de Obi-Wan, y eso la calmó. Tomaría más tiempo para que pudiera confiar en él, pero al menos Padmé se convenció de que en ese instante, Kenobi era un aliado.

—Pondré las coordenadas—dijo Padmé, caminando hacia la cabina y rezándola a la Diosa una vez más.

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El País de los Lagos era una de las zonas más aisladas, seguras y hermosas en todo Naboo. Centenares de lagos rodeados de montañas creaban un idílico panorama de verdes colinas, costas llenas de flores y lagunas azules. Por su compleja topografía, el País de los Lagos no tenía comunicaciones complejas, y por eso las naves no podían sobrevolar la zona a no ser que contaran con un piloto en extremo experimentado que pudiera orientarse sin sistemas de navegación primarios.

Ni Padmé ni Obi-Wan eran pilotos así de experimentados, pero por fortuna, R2-D2 sí lo era, y consiguió sobrevolar los numerosos lagos hasta llegar al Lago Varykino, en donde estaba la casa de reposo de los Naberrie.

—¿Cómo consigues volar sin sistemas de navegación?—preguntó Obi-Wan impresionado al pequeño droide.

"Es algo que se aprende cuando vuelas con el amo Ani"

—¿Qué dijo?—preguntó Obi-Wan, mirando a 3PO.

—Oh, R2-D2 mencionaba que desarrolló esa habilidad al trabajar para el amo Vader—respondió el droide de protocolo, aliviado de que Obi-Wan no pareciera entender al astro-droide—El amo es un piloto muy temerario.

—Ya veo…

Padmé estaba sentada en la camilla médica, mirando a Vader; aunque escuchaba la conversación a lo lejos, no le dio importancia, todos sus sentidos estaban inmersos en el inconsciente Vader frente a ella.

—Señorita Padmé, parece que hemos llegado—dijo 3PO, asomándose a donde estaba ella—Al menos, R2 considera que hemos llegado a las coordenadas que usted ingresó.

—Voy en un momento, gracias 3PO—respondió en automático, sin dejar de ver a Vader.

Su rostro se veía inusualmente sereno, supuso que se debía al trance de la Fuerza. Todas las veces que contempló el rostro de Vader antes, podía ver sus facciones algo endurecidas, tanto por el tiempo como por lo áspero de su temperamento; pero el Vader frente a ella se veía tranquilo, y eso le hacía verse mucho mejor.

Reticente, Padmé se puso de pie y entró a la cabina, a través del cristal pudo ver su precioso Varykino frente a ella, y la envolvió una sensación agridulce.

Meses atrás, subió a la nave familiar para pasar unos días en Varykino, pensando que con sus bellos paisajes encontraría las respuestas que necesitaba. Ahora se daba cuenta de que, en ese tiempo, no podía encontrarse más estancada, buscando oportunidades en donde nunca las tendría y aferrándose a unos sueños que no se amoldaban a su realidad.

La Diosa –o la Fuerza– escuchó sus plegarias y decidió mostrarle las respuestas a todas sus preguntas, pero el proceso no pudo ser más diferente del cual ella había imaginado. La Padmé de hace meses deseando llegar a Varykino era una asistente de consular en el palacio con poca experiencia, subestimada y ansiosa de encontrar la oportunidad de desarrollarse profesionalmente. La Padmé que ahora llegaba a Varykino estaba segura de que nada ni nadie conseguiría hacerla sentir mal consigo misma, ya no, y que no necesitaba una carrera grande o un puesto político para hacer la diferencia que ella quería en su mundo.

—Aterriza atrás de la casa, R2—ordenó Padmé al astro-droide—Así no podrán ver la nave.

"Entendido" respondió en binario.

Maniobró un poco y consiguió acomodar la nave en un huevo del jardín posterior, donde los frondosos árboles y las altas fachadas de la casa escondían perfectamente la nave. Una vez que aterrizaron y bajó la rampa, Padmé se paró al lado de la camilla médica y la empujó con suavidad para que flotara a su lado, descendiendo hacia la parte posterior de la casa.

Obi-Wan la seguía de cerca, desconociendo ese lugar, pero admirando su belleza. La construcción era de estilo clásico de Naboo, con formas circulas y muy amplias, colores cálidos, y fachadas rodeadas de flores y plantas decorativas. Por la temporada del año, había una variedad maravillosa de florecillas y frutos en los jardines, lo cual le brindaba a la casa una grata sensación de vida y color.

Padmé fue poco consciente de la hermosura de su lago, abriendo las puertas con los códigos que se sabía desde que era una niña, y llevando la camilla con Vader al cuarto que creyó mejor. Estaba en la primera planta, cerca de la veranda, el cuarto tenía dos ventanas, una que quedaba encima del jardín y otra con vista al lago; era una habitación llena de sol, donde corría una brisa cálida y seguido se escuchaba el canto de los pajarillos. Consideró que era el mejor lugar para una recuperación.

—Permíteme, Padmé—dijo Obi-Wan, entrando a la habitación detrás de ella.

El ex Jedi usó la Fuerza para mover suavemente a Vader desde la camilla médica a la cama, que aunque no muy grande, era mucho más cómoda. Padmé puso encima de él una frazada ligera y se aseguró de que la mascarilla de oxígeno estuviera bien colocada sobre su boca.

Aunque R2 había conseguido reparar los circuitos del respirador en el pecho de Vader, su casco también sufrió de varios daños y el astro-droide seguía intentando que funcionara. A Obi-Wan no le preocupaba mucho, insistiendo que entre la mascarilla y el trance de la Fuerza era más que suficiente –por ahora– pero Padmé seguía temiendo que no lo fuera.

—Este lugar parece muy seguro—dijo Obi-Wan, caminando hacia la veranda—¿Y esa góndola?

Padmé no se asomó, pero sabía de lo que hablaba.

—A los lagos se suele llegar por góndola o speeders de agua—explicó ella—Es mucho más fácil que maniobrar una nave sin sistemas de navegación.

—Entonces si deseo irme ¿debo usar la góndola?

—Así es, pero ¿a dónde pretendes ir?—preguntó Padmé, volteando a verlo.

—A Theed. Tengo un conocido que bien podría darme el contacto de un médico—explicó Obi-Wan—No te preocupes, seré cuidadoso.

—Te tomará todo un día ir y venir.

—Lo haré.

Padmé suspiró, no del todo a gusto con la idea, pero deseando que Vader recibiera al menos un mínimo de atención médica.

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En las siguientes horas, Obi-Wan se fue usando la góndola, 3PO se ocupó en la cocina haciendo inventarios de las provisiones que tenían, y R2 buscaba en el garaje herramientas que podía usar para reparar el resto del traje de Vader. Esto dejó a Padmé sin prácticamente nada que hacer, y cuando se aseguró de que el tanque de oxígeno funcionaba a la perfección, lo mismo la mascarilla, el silencio hizo que sus trémulos pensamientos hicieran un eco terrible en su cabeza y debiera salir a la veranda a tomar aire.

Nadie nunca le advirtió los dolores de crecer. Padmé podía tener solo 24 años, pero sentía que había vivido mucho más que eso. Parada en la hermosa veranda donde pasó tantos veranos con su familia, un complejo sentimiento de desánimo iba colándose en su corazón. Era el dolor de pisar los lugares de la infancia, notando que nada había cambiado, nada excepto ella.

Estaba atardeciendo, así que dejó que la belleza del lugar cautivara sus sentidos un momento. El lago brillaba bajo las tonalidades rojizas del sol, el césped seguía verde, las olas se rompían con suavidad sobre arenas claras y centenares de florecillas cubrían los árboles y prados. A lo lejos, podía ver la isla a la cual nadaba de niña con su hermana, comenzando a ensombrecerse por la luz que menguaba.

¿Qué es Varykino?—preguntó Vader.

Es una casa que tienen mis padres en Naboo.

¿Esa es la Giralunas?

Sí, cuando termine de florecer tendrá un aroma dulzón muy agradable.

Es tu favorita—afirmó Vader.

No, mi favorita es ésta, el Capullo de Ángel. Cuando la planta tenga un par de flores más, perfumarán toda mi habitación, tienen la fragancia más bonita que he olido nunca en una flor.

Padmé cerró los ojos un momento, perdiéndose en ese recuerdo, usándolo como punto de partida para el caos de pensamientos que había en su cabeza.

¿Era amor lo que sentía por Vader? ¿era amor querer verlo feliz? ¿querer que sus heridas se curaran y así tuviera una segunda oportunidad de vivir? ¿era amor preocuparse por él cuando estaba herido? ¿era amor angustiarse por la simple idea de imaginarse una vida sin él?

Aún con los ojos cerrados, Padmé se abrazó a sí misma, evocando lo que sintió cuando Vader la abrazó. Oh, se sintió tan segura en sus brazos, sabía que mientras él la sostuviera nada podría nunca hacerle daño, ¿en qué momento el que fue su captor se convirtió en la fuente de su seguridad? Padmé sabía por puro instinto que, a su lado, nunca le pasaría nada.

Eso no estaba bien, o al menos, no debería de estarlo. Vader la amenazó, la volvió su prisionera, incluso intentó ahorcarla en una ocasión. Pero esa criatura odiosa que la trató tan miserablemente al inicio no se parecía en nada al hombre dulce e inteligente con quien hablaba de política y comía pay casero. Uno era un hombre deforme de ojos amarillos inyectados con odio, el otro era un hombre amble de preciosos ojos azules que había sufrido demasiado.

"Él no es tan malo en realidad, solo lleva mucho tiempo estando solo, sin calor humano"

Eso le dijo R2 cuando Vader estaba recuperándose, y ahora que sabía más de su pasado, comprendía que era cierto. Dejó que la rabia inundara su mente al recordar que Palpatine lo esclavizó desde que era un niño, ¿qué clase de criatura inhumana le hace eso a un pequeño? Se estremeció al pensar en la forma que empleó Palpatine para enseñarle a ser cruel y ruin.

Y si bien Vader podía serlo, también era atento, inesperadamente amable y considerado. Bajo las capas de dolor acumuladas por su tiempo con el monstruo de Palpatine, aún quedaba algo de ese niño que debió ser amado por alguien –¿sus padres quizá? ¿tuvo familia alguna vez?– un niño que anhelaba su libertad.

Padmé se dio cuenta que amaba ese hombre, al que estaba bajo la armadura de Sith que debió forjarse para sobrevivir. Al hombre que, contra todo pronóstico, consiguió conservar un poco de su alma.

Sabía que Vader tenía sentimientos hacia ella, pero no estaba segura de qué tipo ni tampoco de cómo él afrontaba esas emociones. Criado por Palpatine, Vader no tenía mucho conocimiento de relaciones humanas sanas y eso era muy claro por el trato hosco que tenía hacia ella aún sin quererlo. Pero Padmé se dio cuenta que ella deseaba enseñarle, deseaba estar a su lado mientras terminaba de sanar –física y mentalmente– verlo liberarse del yugo del Sith.

Pero… ¿era eso lo que Vader quería?

Antes de que Palo llegara con sus amenazas, parecían tener un plan: conseguir una manera de llegar a Kamino y que Vader pudiera sanar ahí sus heridas físicas en la medida de lo posible. Padmé siempre se contó dentro de ese proceso, sin cuestionarse mucho por qué le importaba tanto; ahora que comprendía sus verdaderos sentimientos, le era más sencillo conciliar su deseo de verlo sano y feliz, pero la duda seguía retumbando en su mente.

Vader había accedido a ir a Kamino, pero ¿qué quería él? Además de salud física, lo cual era muy obvio, ¿qué deseaba él? ¿quería seguir con ella, continuar con la camaradería que habían forjado? ¿llegaría a amarla también? ¿qué haría con su vida si recuperaba la salud? Eran preguntas a las que Padmé no le dio importancia antes, pero ahora sonaban muy determinantes.

Hasta ahora había estado muy segura de que Vader la seguiría, considerando los pasos agigantados que dio para ser una mejor persona. No se vengó de Obi-Wan, tampoco contratacó a los clones, ¡incluso perdonó la vida de Palo! No era el mismo hombre que conoció, Padmé sabía que el ser de ojos amarillos estaba casi desaparecido, y que su amado de ojos azules era cada vez más fuerte.

Lord Vader era el primer hombre del que Padmé se había enamorado en verdad, podía confiar en él, admirarlo y deseaba de corazón ayudarlo a ser mejor persona. Quería estar a su lado y anhelaba poder abrazarlo de nuevo, sentir la protección de sus brazos. Pero ¿podría eso ser posible? Aunque él hubiera avanzado tanto, lo cierto es que cargaba con un pasado atroz, Padmé no sabía aun todos los detalles, pero con lo que él le había confesado era suficiente para saber que ese pasado nunca lo abandonaría, al menos no del todo, ¿podría el amor que ella le tenía ser suficiente para que no cayera de nuevo en esos vicios viejos?

"Si sobrevive" dijo una voz al fondo de su mente, y con nueva desesperación Padmé cerró los ojos, cubriéndose el rostro con ambas manos por la congoja, ¿qué haría si Vader moría? Apenas acababa de descubrir la profundidad de sus sentimientos ¡necesitaba hablar con él, dejar las cosas claras! Quería volver a escuchar su voz, ver sus ojos, su tono de orgullo cuando ella hacía algo bien, incluso discutir ¡lo necesitaba en su vida! Padmé nunca había sido tan consciente de lo aburrida que fue su existencia hasta que llegó este intrépido hombre, tan audaz en sus ideologías como en sus decisiones, retándola en todo momento y haciéndola sentir la mujer más importante de la galaxia cuando la escuchaba.

Con dolor, Padmé abrió los ojos y notó que el cielo estaba mucho más oscuro, permitiéndole a las estrellas comenzar a asomarse. Jamás había visto la belleza de Varykino con ojos tan adultos, comprendiendo que para que existieran esas hermosas luces de estrellas, también debía haber oscuridad.

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Al día siguiente, llegó Obi-Wan con un médico que dijo ser de suma confianza. Padmé permaneció al lado del médico mientras él retiraba lo que quedaba del traje de Vader para hacer un chequeo completo de su salud, y dictaminó que al menos en el sondeo, parecía estar muy bien. Colocó algo de bacta en su herida y otros ungüentos sobre su cuerpo para relajar los músculos y ayudarles a sanar mejor, luego le recetó unos tés y medicamentos que ayudarían a su pronta recuperación cuando despertara.

Obi-Wan notó que Padmé se veía muy cansada, como si no hubiera dormido nada en toda la noche –lo cual no le sorprendería en absoluto– su preocupación por Vader solo era igualada por su determinación de hacer cuanto estuviera en sus manos para garantizar su recuperación. Desde que pudo conocerla mejor en el Destroyer III, Obi-Wan sintió una gran admiración por esa mujer tan baja en estatura, pero tan grande en carácter. Ahora se daba cuenta de que, mientras más la conocía, más facetas suyas encontraba para asombrarse.

Padmé Naberrie, además de todo eso, tenía un gran corazón, podía sentir en la Fuerza la pureza de sus sentimientos y buenas intenciones. Si una mujer así estaba enamorada de Vader, entonces debió ver algo en el aprendiz de Sith que Obi-Wan falló en ver hace más de una década. Algo por lo cual ella llevaba días enteros peleando contra clones, políticos y hasta viejos amigos, todo para proteger a Vader.

No solo eso, sino que lo arrastró en su cruzada y Obi-Wan no se arrepentía de sus participaciones en esta batalla. Palo Andalerrie era un hombre déspota cuya presencia en la Fuerza se oscurecía cada vez más, no pudo escuchar toda la discusión entre Palo, Padmé y Vader, pero sí pudo ver cuando disparó a la espalda de Vader y cuando intentó chantajear a Padmé para que se casara con él.

Quizá estaba mal que no sintiera arrepentimiento por haberlo matado, pero en honor a la verdad, el sujeto era despreciable y sus crímenes numerosos. Intento de asesinato, chantaje a mano armada, manipulación… y si buscaba en sus años de político seguro encontraría corrupción, apostaría sin dudarlo su sable. Naboo y la galaxia estaban mejor sin él. Sabía que no estaba dentro del código Jedi matar de esa manera, pero mentiría si decía que se sentía mal. Era algo en lo que debía meditar.

Tampoco se arrepentía de haber sumido a Vader en un trance de la Fuerza, una técnica de luz muy avanzada, ni haber manipulado con la Fuerza al médico para que accediera a atender las heridas del ex Sith y después lo olvidara por completo. Lo cierto es que, considerando el terrible error que cometió contra Vader al prejuzgarlo hace tantos años, y la forma en que complicó todo subestimando a Padmé, todo eso le parecía muy poco aún para enmendar sus faltas.

Obi-Wan estaba meditando en la veranda, y Padmé estaba saliendo de la cocina con una taza de té, cuando escuchó que el comunicador de la casa sonaba. De repente asustada, Padmé corrió hacia la pantalla en el comedor, abriendo el audio, pero no el video.

—¿Hola?—sonó la voz de Sola—¿Padmé, estás ahí?

Padmé sintió que su corazón se detuvo un segundo, y escuchó los pasos apurados de Obi-Wan Kenobi llegando a donde ella, también desconcertado.

—¡Padmé, sé que estás ahí!—dijo Sola con más energía—Vamos hermanita, nadie más podría estar en esa casa… tranquila, este canal está encriptado, no lo rastrearán, pero tenemos poco tiempo para hablar.

Al decir eso, Padmé se envalentonó y abrió el video también. El rostro de Sola se veía cansado, con ojeras bajo los ojos y también afilado por su extrema delgadez, pero el alivio que brilló en sus pupilas cuando vio a su hermanita menor eclipsó todo lo demás.

—¡Oh, Padmé, estás bien!—sollozó Sola feliz—¡Gracias a la Diosa!

—Sola… —Padmé no podía creerlo—¿Cómo supiste que estaba aquí?

Una corazonada, cuando supimos que los clones estaban buscándolos en Naboo asumí que irías ahí—Sola cuidó de no mencionar el lugar, solo por si acaso—¿Estás bien?

—Sí Sola, estoy perfectamente, ¿cómo está Pooja? ¿regresó bien?

Sí, totalmente sana—dijo Sola con alivio, luego con enojo—Solo que ese monstruo usó algún truco de la Fuerza o algo así, porque no recuerda absolutamente nada.

"Oh, gracias a la Diosa" pensó Padmé, sin querer imaginar lo que los clones harían con su sobrina si supiera algo de Vader. "La protegió" pensó Padmé después, dándose cuenta de que Vader cuidó ese detalle cuando regresó a su sobrina a Naboo para que los clones no pudieran usarla.

—No es un monstruo Sola—respondió Padmé casi con fiereza—Todo fue un terrible malentendido, pero es complicado.

¿Complicado? ¡Apuesto a que sí! Tuvimos que acudir a Apaillana para que volviera al palacio y que al fin se hiciera algo para buscarte, y luego el Jedi y…

—¿Apaillana está en el palacio?—preguntó Padmé asombrada, recordando a una reina que admiraba mucho—¿Enserio?

Sí, Kamila dejó un desastre y Apaillana intenta solucionarlo, pero no es nada fácil—suspiró Sola con desánimo—¿Kenobi? ¿Eres tú?

El ex Jedi asintió, acercándose un poco más a la pantalla para que su rostro fuera más visible.

—Así es, señorita Naberrie.

—¡Bien que armaste un caos cuando te colaste en esa nave!—le replicó ella enfadada—Pero al menos encontraste a mi hermana, te concedo eso.

—¿Tú sabías de eso, Sola?—preguntó Padmé, asombrada de que toda su familia pareciera involucrada en su intento de rescate.

Desde luego que sí, pero olvida los detalles, hay muchas cosas que hablar y por pantalla no se puede—Sola hizo un gesto de determinación idéntico al de su hermana, y Obi-Wan supo que no le gustaría lo que ella iba a decir—Saldremos para allá en unas horas.

—¡No Sola! ¡No pueden venir! No es seguro—dijo Padmé.

—No me importa Padmé, prepara las habitaciones. Cuídate.

—¡Sola, espera, no…!

La comunicación se cortó, y Padmé suspiró con más frustración. Atrás de ella, Obi-Wan no pudo evitar soltar una risita, lo cual la enfureció más.

—Oh, encuentras todo esto divertido ¿no es cierto?

—No me mal entiendas—respondió Obi-Wan—No me agrada que tu hermana venga, pero es divertido lo parecidas que son.

—¿Cómo es eso?

—Voluntariosas, y sin aceptar un "no" por respuesta.

Padmé frunció el entrecejo, pero no dijo nada más. Aunque detestaba la forma, en el fondo le daba mucha alegría poder ver a su hermana de nuevo. Pero un pensamiento ensombreció su alegría, ¿cómo explicaría lo de Vader?

Meditativa, Padmé caminó hacia la habitación donde Vader seguía inconsciente, sin empeorar, pero tampoco mejorar. Obi-Wan la siguió despacio, había prestado mucha atención a Padmé y a sus complejos sentimientos, pues aunque ella estaba enamorada de él, no parecía estar muy segura de qué hacer con ese cariño. Era evidente que ella y Vader necesitaban hablar con el corazón en sus manos, y le creaba una gran curiosidad saber cuál sería la conclusión de esa plática.

—Aún no despierta—murmuró Padmé, sentándose en una silla frente a la cama de Vader—¿Crees que dure así mucho más tiempo?

—No lo sé, pero su presencia en la Fuerza se fortalece—le dijo Obi-Wan, con una media sonrisa—Y se siente bien, menos oscura en realidad.

—¿Crees que abandone el Lado Oscuro?

Obi-Wan se preguntó qué tanto sabría Padmé sobre los lados oscuros y luminosos de la Fuerza, pero supuso que, lo que ella supiera, era suficiente para responderle.

—No lo sé—dijo con honestidad—Aunque, el hecho de que tenga sentimientos por ti hace que sea muy probable.

—¿Por qué?

—El Lado Oscuro solo reconoce sentimientos negativos… preocuparse por ti, desde luego, está lejos de ser un sentimiento negativo. Implica afecto, y eso es un gran avance.

—Él nunca quiso ser un Sith—dijo ella, recordado las palabras de Vader—Fue obligado por Palpatine desde que era un niño.

Obi-Wan contuvo el aliento, cuestionándose si Vader sería capaz de desaprender enseñanzas arraigadas desde su infancia.

—Padmé, ¿seguirías amándolo aún si permanece en el Lado Oscuro?—preguntó Obi-Wan, más preocupado por ella que por él.

Observó la forma en que Padmé respiró profundo, sin atreverse a verlo.

—No lo sé—confesó.

Obi-Wan asintió, y se fue a la veranda a seguir meditando. Padmé se quedó sola con Vader, y sujetó su mano con ternura, sin dejar de contemplarlo.

—Vuelve a mi—susurró—Despierta y vuelve a mí.

La tarde dio paso a la noche, y el cansancio hizo que tanto Padmé como Obi-Wan fueran quedándose dormidos. Ninguno de ellos fue consciente del momento en que una Fuerza extraña y poderosa emergió del cuerpo de Vader, y un resplandor, similar al de una estrella, cubrió su cuerpo por un instante.


Canción del capítulo: "If I can't love her" (Si no puedo amarla) de la película La Bella y la Bestia 2017 (Traducción hecha por mí)

Uff, mucha introspección de los personajes en este capítulo ¡y es que debían decirse tantas cosas! vamos por puntos...

1.-Padmé AL FIN admitió que está enamorada de Vader. Consideré que Varykino era un escenario perfecto para enfrentarla a esos sentimientos, está en su hogar, y ahora entiende que solamente ella cambió, lo demás sigue igual. Y parte de ese cambio es su nuevo amor.

2.-La escena primera, en donde Vader recuerda la muerte de su madre, fue la última que escribí y me debatí mucho si agregarla o no, pero decidí que era un momento tan clave en su vida que merecíamos verlo en sus propios ojos, y sobre todo, cómo esa dicotomía de la luz y la oscuridad ha llegado a su fin.

3.-Obi-Wan tendrá más escenas donde afianza sus pensamientos, y sí, tendrá sus momentos con Vader después... o ¿ya no será Vader? mmm

Mil gracias por leer, ¡les mando un abrazo a todos!