NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DISNEY, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO
¡Hola a todos! Ay, solo con el título de este capítulo ya deben saber MUY bien por dónde va esto... así que no les hago perder su tiempo, notas las notas serán al final c;
GRACIAS a Abiel, Ranma84, ichigo Urahara Shihoin, MichelleAloy y Jeinesz06 por sus comentarios (a quienes pude les respondí por PM)
Abiel: Quizá me pasé un poco con la escena de Shmi, pero quería que fuera oscuro. Sobre Padmé, tienes toda la razón, ella está analizando a pesar de todo, claro que sus sentimientos cambiarán muchos de sus puntos de vista, pero no será ese tipo de protagonistas inteligentes que pierden el cerebro cuando se enamoran, oh no. Y Obi-Wan irá corrigiéndose c;
¡disfruten!
Capítulo 31
Anakin Skywalker
¿Cómo un momento puede durar para siempre?
¿Cómo puede una historia nunca morir?
Es el amor al que nos aferramos
Nunca es sencillo, pero lo intentamos
No sabía dónde estaba, de hecho, no veía nada, a su alrededor se extendía un suelo blanco con una ligera neblina, también blanca, que no le recordaba a ninguno de los lugares que conocía. No sentía ni calor, ni frío, ni dolor… un momento, ¡no sentía dolor! ¿cómo era eso posible? Desde Mustafar, todos los días traían al menos una incomodidad a su cuerpo; pero ahora respiraba con absoluta calma, el aire entrando a sus pulmones de manera natural, y su cuerpo respondiéndole como si jamás hubiera sido lastimado.
—Ani…
Se tensó de inmediato, solo un ser humano en toda su vida lo había llamado así, y esa persona fue…
—¿Madre?
Volteó impresionado a su alrededor, y al final, a varios metros de distancia, vio la silueta de Shmi Skywalker, sonriéndole con ese amor maternal que recordaba. Jamás pensó que volvería a verla, no después de ese terrible día en que ella… ni siquiera se atrevió a terminar el pensamiento. Shmi caminó hacia él, se veía tan distinta, pero al mismo tiempo igual a como la recordaba; su rostro había rejuvenecido, y se veía en paz.
—Oh, mi Ani—Shmi abrió ambos brazos hacia él, sus ojos brillando por las lágrimas.
Al tenerla enfrente, notó que ahora era más alto que ella. La última vez que la vio, su altura rozaba la cintura de su madre, acaso un poco más alto; ahora, Shmi debía alzar el rostro para verlo, pues ella apenas llegaba a sus hombros.
—Ani, mira qué guapo te has puesto—sonrió ella—¡Y tan alto!
Ante la mención de ese cumplido, inmediatamente bajó sus ojos apenado, solo una madre podría ver atractivo a un hijo deforme…
—Madre, no tienes que mentir—susurró, apenas creyendo que estaba hablando con ella de nuevo.
—Jamás te he mentido, Ani—replicó ella, pero no con enfado, sino con pena—¿Por qué piensas que te miento?
—Sé… sé cómo se ve mi rostro—espetó apenas con un hilo de voz, cerrando los ojos para no tener que ver su decepción—Lo sé…
—Ah, tú hablas de eso—dijo Shmi, su voz un poco despectiva—Mírate Ani.
—Pero…
—Mírate.
Tomando una profunda respiración, abrió los ojos de nuevo, y notó que al lado de su madre había un espejo de cuerpo completo. No tenía idea de cómo es que ese espejo apareció de la nada, pero no le importó, porque lo único que capturó su atención fue el reflejo en ese espejo.
Ahí estaba él, pero no llevaba puesta su armadura ni su casco, tampoco esas túnicas que le hizo vestir Palpatine tantos años. En cambio, llevaba puesto unos pantalones claros, botas y una camisa blanca, a pesar de que las prendas eran un poco holgadas podía verse su cuerpo, esbelto y joven, con sorpresa levantó sus dos manos y comprobó que estaba completo. Su mano derecha, perdida hace tantos años en ese estúpido duelo, volvía a estar ahí, dejándole mover sus dedos.
Pero lo más sorprendente fue su rostro… la última vez que miró ese rostro, fue en Mustafar, y aun así, se veía algo distinto. Sus facciones no estaban tan endurecidas y su cabello estaba un poco más largo, ondulándose naturalmente en las puntas. Sus ojos azules se reconocieron a sí mismos en ese semblante joven, incluso apuesto, sin cicatriz alguna de las quemaduras que lo deformaron.
—Esto… ¿esto es real?—musitó apenas de manera coherente—Madre… ¿enserio estás aquí?
—Claro, Ani. Todo esto es real.
Abrumado por lo que estaba viendo, colapsó. Shmi abrió sus brazos de nuevo, y pudo al fin consolar a su hijo por todos los horrores que había vivido. Escondió su rostro en el cuello de su madre, buscando ese aroma familiar, el calor y el amor que solo ella podía brindarle, y sin importarle nada más, comenzó a llorar como cuando era un niño.
De repente, sintió que se volvía más pequeño, y que podía acurrucarse sobre el pecho de su madre, sintiendo de nuevo los latidos de ese corazón que le parecían su hogar. Shmi acarició su cabello y tarareó la misma nana con la cual lo hacía dormirse en las noches, abrazándolo con mucha fuerza. Aquí, se sintió seguro por primera vez en años.
—Mamá… lo siento tanto… —sollozó cuando pudo recuperar su voz—¡debí hacer algo! Pude haber hecho algo… perdóname mamá.
—Oh, mi Ani, yo no tengo nada que perdonarte—le susurró ella al oído, besándole la cabeza—Eras un niño, y yo debí cuidarte. Perdóname tú a mí por no poder defenderte.
—¡No!—se apartó de ella para verla a los ojos—¡Tú no hiciste nada mal! Yo… yo… ¿qué me pasó?
Se miró a sí mismo, y notó que ya no era el adulto que se vio en el espejo, sino que tenía otra vez nueve años de edad. Shmi se inclinó para volver abrazarlo, sonriendo mientras le respondía.
—Aquí no hay máscaras Ani, nos mostramos tal y como somos—explicó—Ahora mismo, están tan asustado y dolido como cuando eras un niño, así que te ves como uno.
—Pero… oh, ¿dónde estoy?—se separó de su madre solo lo suficiente para poder verla, sin querer romper el abrazo—¿Morí, mamá? ¿existe entonces un más allá?
—No, Ani, aún no has muerto—Shmi besó su frente—Estás inmerso en un trance de la Fuerza, tu alma está tan cerca de la Fuerza como es posible, y por eso pude venir a verte.
—Oh… así que… ¿volveré?—suspiró con desdén.
—Sí, cuando te hayas curado—respondió Shmi con suavidad—La Fuerza ahora mismo está renovando tu cuerpo y tu alma. Pero qué tanto te cures dependerá de ti.
—Mamá, yo… no quiero volver—admitió, su voz de niño haciéndolo sonar aún más infantil—Quiero quedarme contigo, ¿por qué debo volver? Todos son muy malos conmigo.
—¿Todos, mi amor? Yo sé de hay alguien que no lo es.
Las pequeñas mejillas del niño se tornaron rosadas cuando pensó en Padmé, y apretó ambos labios desviando su rostro para no ver la sonrisa complacida de Shmi.
—Padmé es diferente mamá—admitió con necedad—Además, ella estaría mucho mejor sin mí. No la merezco.
—Oh, Ani ¿qué no recuerdas tu reflejo de hace unos momentos? Cualquier mujer tendría suerte de estar al lado de un joven tan apuesto como tú.
—Allá no soy apuesto, mamá.
—Sí lo eres.
—No.
—Tan terco como siempre, mi amor—Shmi se irguió y empujó suavemente a su hijo hacia el espejo, haciendo que se viera de nuevo en el reflejo como un niño—¿Qué ves ahí?
—Al niño que alguna vez fui.
—Muy bien, ahora cierra los ojos—él obedeció, conservando un gesto obstinado en su semblante—Piensa en Naboo, y en Padmé, piensa en la persona que eres con ella… ahora abre los ojos.
Así lo hizo, y frente a él estaba de nuevo alto y joven como solo unos minutos atrás. Su madre colocó ambas manos sobre sus hombros con orgullo, mirándolo a los ojos a través del espejo.
—Este eres tú—continuó Shmi—Esta es tu alma, Ani. Tu cuerpo podrá verse diferente, pero ésta es tu esencia y es hermosa.
—No puede ser—negó con la cabeza y miró a su madre de frente, sin querer ver el reflejo—¡No es posible! He hecho cosas terribles, yo…
Su voz se quebró de nuevo, nuevas lágrimas se deslizaron por sus mejillas, lágrimas que Shmi limpió con ternura, esperando a que su hijo se recuperara lo suficiente para volver a hablar.
—Soy un monstruo, mamá, ¡ni siquiera sé cómo consigues mirarme a los ojos!—bajó la mirada, sin poder soportar el amor que Shmi le mostraba—He peleado, he matado, he robado, he…
—¿Lo hiciste por convicción, Ani?—lo interrumpió Shmi, antes de que su hijo pudiera seguir atormentándose.
—¿A qué te refieres?
—¿Tú creías en eso?—cuestionó Shmi—¿Creías en la oscuridad como algo superior a la luz? ¿disfrutabas matando, torturando, lo hacías porque te placía?
Cerró los ojos de nuevo, llorando con más intensidad, su voz le falló por completo y no pudo decir nada, así que solo negó con la cabeza. Shmi volvió a abrazarlo, sabiendo de antemano la respuesta. Y es que era muy obvio, porque si su pequeño Ani hubiera sucumbido de lleno a la oscuridad, no podría estar ahí con ella.
—Un verdadero monstruo raptó a un niño, asesinó a su única familia y lo convirtió en su esclavo—dijo Shmi, su voz sonando dura por el enfado que aún sentía ante esa injusticia—Lo obligó a hacer cosas terribles, cosas de las que siempre te has arrepentido, ¿y sabes por qué?
Negó de nuevo, incapaz de alejarse de su madre en ese momento.
—Porque nunca le creíste, porque en el fondo, siempre buscaste la luz. Es por eso que jamás dejaste de escucharla—acarició su cabello de nuevo, y se alejó para verlo de frente—Y por eso estás aquí conmigo ahora.
Acarició sus mejillas, limpiando los restos de lágrimas, y por fin él recuperó su voz.
—¿Cómo puedes perdonarme madre? ¿cómo puedes disculpar lo que fui?
—Siempre serás mi niño, Ani—respondió ella con simpleza—Y porque a pesar de todo, fuiste fuerte. Porque cuando te viste acorralado y debiste decidir entre la luz y la oscuridad, decidiste la luz. Y gracias a eso, tu alma comenzó a sanar, mostrándose como es.
Miraron de nuevo al espejo, y esta vez notó más detalles en su reflejo. Se veía joven, y sano, pero también algo simple. Al lado de su madre, quien proyectaba una paz absoluta, él parecía aun perturbado.
—No sé en qué momento elegí la luz—admitió en un susurro.
—Yo sí—sonrió Shmi complacida—Fue cuando elegiste a Padmé antes que tu venganza, ¿no lo recuerdas?
—¿Enserio?
—Ah, Ani—suspiró su madre sonriente.
Shmi estiró su mano hacia el espejo, su reflejo desapareció y luego frente a él pudo ver su duelo contra Kenobi, pero en tercera persona. Se vio a sí mismo, imponente y terrorífico con su máscara, a punto de ajusticiar al Jedi, para detenerse en el último segundo cuando Padmé interfirió.
—¡No!—gritó Padmé, llegando hasta donde se encontraban ambos—¡No lo mates!
—Vete de aquí, Naberrie.
—No lo haré.
—¡Esto no te incumbe!
—¡No dejaré que lo mates!
—¡Esto no te importa!
—¡Pues sí me importa!
—¡No!
—No ensucies tus manos por él… eres mejor que esto.
—Es una mujer especial—dijo Shmi, cuando el recuerdo terminó—No cualquiera se enfrenta así a un aprendiz de Sith.
—Sí, lo es—esbozó una sonrisa al recordarla, Padmé era tan única.
—No sabes cómo he extrañado esa sonrisa—dijo Shmi, llorando de alegría—Ese monstruo intentó quitarte tu alma Ani, pero te defendiste, y aunque no siempre ganaste cada pelea, al final, ganaste la guerra.
—¿Tú lo crees?—murmuró con humildad.
—No lo creo, lo sé—dijo Shmi orgullosa—Mírate, tan guapo, sonriendo de nuevo, pronto volverás a brillar mi amor. Y serás feliz.
Feliz… llevaba tantos años sin siquiera atreverse a pensar que eso era posible. Pero su madre se veía tan segura de eso, que no encontró forma de cuestionarla.
—Me has hecho tanta falta, mamá—respondió él, abrazándola de nuevo.
—Lo sé hijo, pero nunca te abandoné, mi amor—dijo ella con un dejo de tristeza—Siempre estoy contigo.
—¿Cuánto tiempo estaré aquí mamá?
—Me temo que no mucho. Aquí el tiempo transcurre distinto, y ya has estado bastante tiempo humano aquí—Shmi le sonrió con resignación—Ani, ya has tomado el paso más importante, pero falta una cosa más.
—¿Qué cosa?—replicó un poco a la defensiva.
¿Por qué nunca podía durar su felicidad?
—Ani, has elegido la luz, pero aún queda algo de oscuridad en tu ser—dijo Shmi con un suspiro—Es todo ese odio, el rencor y la ira que aún no liberas.
—Si vas a decirme que debo perdonar a esos bastardos, entonces….
—Oh, Ani, quizá aún no debas hacerlo—respondió Shmi con prontitud—Pero deja ir toda esa rabia y rencor, no traerán nada nuevo a tu vida y podrían nublar tu futuro.
—Si supieras lo que me hicieron….
—Lo sé, Ani. Sé muy bien qué te hicieron.
—¿Entonces cómo puedes pedirme eso?
—Porque tu futuro es más importante que tu pasado, Ani—replicó ella con firmeza—Porque mientras no liberes ese espacio en tu corazón, no podrá crecer algo nuevo.
—¿Y para qué quiero algo nuevo?—dijo obstinadamente, sintiendo su enfado crecer.
—Oh, ¿enserio no quieres nada nuevo?—Shmi colocó sus brazos en jarras, exactamente igual a como lo hacía cuando lo reprendía de niño—¿Ni siquiera por ella?
La imagen del espejo cambió otra vez, y reveló una escena que lo dejó tieso en su sitio.
—Padmé, solo estás viendo lo que quieres ver.
—No es cierto.
—Lo es. No soy una buena persona. Yo…
—Me salvaste de los clones ¿cierto?
—Sí, pero…
—¿Me has hecho compañía, no? ¿hemos sido amigos, verdad?
—¡Ese no es el punto!
—¡Es que si lo es!
—¡No! ¡Esta discusión termina aquí!
—Temo que no.
—Es así.
—¡No lo es y lo sabes! Mírame, y dime que no lo mereces.
—Padmé…
—¡Mírame a los ojos y dime que no lo mereces!... ¿Ves? No puedes ¿Y sabes por qué? Porque en el fondo, estás cansado de sufrir. Nadie merece esta vida. Vayamos a Kamino, busquemos una solución… y cuando estés mejor, podremos ir a Naboo.
—¿Ir a Naboo? ¿nosotros?
—¿Por qué no?
—No estoy seguro…
—Al menos deberíamos intentarlo… deberías intentarlo.
—¿Y si no funciona?
—¿Y si sí?
—Padmé…
—Quiero… quiero que seas feliz, Vader—susurró ella, sus rostros tan cerca, que Vader sintió su aliento.
—¿No lo harías por ella?—cuestionó Shmi con voz suave—Ella ya te ha elegido a ti.
—No es así… ella cree que no tiene más opciones. Cuando se dé cuenta en lo que se está metiendo, se alejará de mí.
—Hijo mío, abandona esa culpa que no te permite ser feliz—le dijo Shmi con firmeza—No tienes la culpa de lo que te ha pasado en la vida, pero sí debes hacerte cargo del futuro que construyas ahora. Deja las lamentaciones, deja el dolor, la rabia, el rencor… deja que todo eso se destruya con tu vieja nave. Y empieza desde cero.
—Madre, yo… tengo miedo—admitió por fin, mirando a Shmi a los ojos—¿Y si cometo otro error? ¿y si ella se aleja para siempre de mí?
—Es por eso que quieres alejarte tú primero, ¿verdad?
Suspiró y bajó el rostro, nunca pudo ocultarle nada a su madre y eso parecía que no había cambiado.
—Debes tener fe, mi amor.
—Pero…
—Y los errores, bueno, todos cometemos errores—interrumpió Shmi—Eso es lo normal. Es lo que nos hace aprender y crecer como personas, ¿has aprendido de tus errores, Ani?
—Sí.
—Entonces vas por buen camino.
—Madre…
—Lo sé, aún tienes miedo—Shmi acunó su rostro con cariño—¿Sabes por qué es eso?
Negó suavemente con la cabeza.
—Porque al fin eres libre, mi amor… y la libertad puede ser aterradora a veces. Ahora te toca volver, dejar atrás el pasado, y ser libre.
Entonces lo entendió. Ese rencor, la ira, el dolor del pasado… serían cadenas que lo mantendrían atado a la misma oscuridad de la cual llevaba años intentando escapar. Romper esas cadenas significaba dejar ir esos sentimientos.
—No será fácil—suspiró.
—No, y habrá días más difíciles que otros—le dijo Shmi—Pero si dejas que el amor te guie, encontrarás siempre el consuelo y la fuerza que necesitas.
Asintió y cerró los ojos, sintiendo de golpe todo el dolor y la rabia acumulada por esos años sirviendo al malnacido del Sith. Al monstruo. Luego, cuando esos sentimientos se volvieron muy intensos, evocó a Padmé en su mente… su sonrisa, sus gestos amables, su determinación. Evocó a su madre, aprovechando su cercanía y el amor que le transmitía con sus caricias. Y ese amor invadió su corazón.
Su madre tenía razón, este sería un proceso largo, pero ya lo había empezado, y no tendría marcha atrás.
—Ella me salvó—sonrió cuando abrió los ojos de nuevo—Padmé… es un ángel en verdad.
—Ella te vio por quién eres, hijo—le respondió Shmi—Cuando ella te veía a los ojos, nunca vio a la sombra oscura que el monstruo quiso hacer de ti, ella vio esto.
Apuntó a su reflejo en el espejo con orgullo.
—Vio quién eras en verdad, más allá del desgaste y la apariencia de tu cuerpo.
—Creo que jamás podré agradecerle lo suficiente.
—Tendrás mucho tiempo para hacerlo, Ani.
Antes de que pudiera decir algo más, sintió un estremecimiento en su cuerpo, y la sensación de una brisa sobre su piel. Miró a su madre, Shmi sonreía con algo de tristeza, y entendió que su momento juntos estaba llegando a su fin.
—Mamá…
—Ani, te amo con todo mi corazón—dijo Shmi con vehemencia—A donde vayas, estaré yo, te lo prometo. Deja atrás el pasado mi niño, y sé feliz.
—También te amo, mamá—respondió él, abrazándola de nuevo.
Esta vez, no era un niño buscando consuelo en los brazos de su madre, sino un adulto recibiendo su bendición.
—Que la Fuerza te acompañe, mi amor. Nos veremos otra vez, Ani, hasta entonces sé feliz.
—Te amo mamá, que la Fuerza te acompañe…
La brisa sobre su piel fue más intensa, y el cuerpo de su madre en sus brazos comenzó a encogerse; mientras la presencia de su madre se esfumaba, una nueva voz y un nuevo calor inundaban sus sentidos.
"Despierta…" decía la voz, una voz que podría reconocer en cualquier lugar de la galaxia, un cariño inconfundible en su alma.
—También te amo, Padmé—alcanzó a murmurar, antes de que todo se volviera blanco y él perdiera la conciencia.
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Padmé se había quedado dormida al lado de Vader, cuando comenzó a despertarse sintió un fuerte dolor en su espalda, pues durmió encorvada, debió enderezarse para que los músculos se relajaran un poco. Después de bostezar abrió los ojos, y un jadeo se atoró en su garganta impidiéndole gritar.
Frente a ella, recostado en la cama, estaba un hombre… pero no era Vader. Este hombre se veía joven, sano, y muy atractivo. Tenía facciones definidas, gruesos labios rosados y cabello rubio al ras de su cráneo. Para empeorar su pasmo, el hombre estaba despertando, Padmé se alejó varios pasos de él, buscando con su mano el bláster que colgaba de su cinturón.
El hombre despertó y frunció el ceño confundido, cuando miró a su alrededor y la vio, una enorme sonrisa iluminó su rostro. Jamás había visto a un hombre en carne y hueso tan apuesto.
—Padmé… —pronunció su nombre con reverencia, luego con algo de preocupación—¿Estás bien? ¿no te hizo daño?
—¿Quién eres?—preguntó ella suspicaz.
—¿No me reconoces?—dijo él con tristeza, haciendo una mueca que no dejaba de verse varonil.
—Tú… tú…
El hombre se sentó, y al hacerlo, jadeó sorprendido también. Con manos temblorosas, desató los cordeles de su camisa y miró su pecho. A distancia, Padmé se sonrojó cuando vio el cuerpo perfectamente tonificado del hombre, y para distraerse volvió a hablar.
—¿Quién eres?—preguntó de nuevo, incapaz de ser más coherente.
—¿C-cómo?—titubeó el hombre con asombro, pasando sus manos sobre su piel tersa, y luego tocó su rostro esperando sentir las cicatrices, para encontrar más piel suave y sana—Por la Fuerza…
Sollozó con gratitud y felicidad, aún tenía una mascarilla de oxígeno sobre su rostro y, tentando un poco su suerte, se la retiró. No sintió dolor ni presión en su pecho, y solo por eso, su estómago se contrajo en un jadeo de llanto profundo.
—Gracias… —murmuró, a la Fuerza, a su madre, a la Diosa, a quien fuera que hizo aquello—Gracias…
Sintió el miedo de Padmé, y su felicidad se interrumpió por un momento cuando vio a la mujer que amaba parada a unos metros de él, mirándolo como a un total desconocido.
"Claro… ella solo vio mi rostro deforme" pensó con pena.
—Padmé, soy yo—le dijo—Soy V…
No pudo pronunciar ese nombre.
Vader era el nombre de Sith que Palpatine le puso. Un nombre de esclavo. La sombra que quiso construir de su propio ser.
Jamás volvería a ser esa sombra.
—¿Vader?—Padmé lo miró con sorpresa, acercándose un poco a él—¿Eres tú?
Miró a Padmé de nuevo, tan hermosa como siempre. Se veía algo cansada, y muy confundida, pero ya habría tiempo de explicarle todo. Oh, tenían tanto tiempo ahora. Y podía sincerarse enteramente, atrás quedaron las pretensiones, las dudas, el dolor… la verdad era que no sentía nada de eso. La voz de la oscuridad al fin desapareció de su mente, y en su lugar, solo encontró luz y amor.
Amor que esta mujer frente a él le inspiraba solo con verla. Un amor que lo volvía humilde y feliz, que le regresaba un propósito a su vida que creía haber perdido hace décadas en Tatooine.
—Soy yo, sí.
Padmé hizo acopio de valor y se paró justo frente a él, inclinándose para verlo a los ojos… y lo vio. Esos ojos azules, tan hermosos y sinceros como los recordaba. Era él, ¡enserio era él! Esta era el alma que la cautivó, pero más brillante aún.
—Pero no me llames Vader—replicó él, sin dejar de mirarla a los ojos—Nunca más seré ese monstruo.
—Bien…—Padmé sonrió, sentándose a su lado—¿Cómo te llamo entonces?
—Por mi nombre, mi verdadero nombre—despacio, buscó la mano de Padmé, y ella entrelazó sus dedos—Anakin Skywalker.
—Anakin… me gusta—sonaba fuerte, pero amable; poderoso y a la vez clemente, realmente le iba bien el nombre—Anakin Skywalker… Ani.
Vio su rostro llenarse de sorpresa, y sus ojos resplandecer por lágrimas contenidas.
—¿Dónde escuchaste ese apodo?
—R2 te dice así a veces—respondió complacida—Ahora tiene sentido, pero si quieres, no…
—Oh, Padmé…—la abrazó por puro impulso, totalmente feliz—Puedes llamarme así si quieres. Solo tú.
Envuelta en sus brazos, Padmé volvió a sentir su corazón acelerarse, estaba feliz, Vader le había dicho su nombre, ¡su verdadero nombre! Había confiado en ella de una manera que nunca antes creyó posible. Extendió el abrazo cuanto pudo, adorando lo segura que se sentía cuando él la sostenía así, y sin querer detener este bello momento.
"No, no Vader… Anakin" se dijo a sí misma satisfecha.
—¿Cómo pasó esto?—preguntó Anakin, separándose un momento de ella para ver su cuerpo de nuevo—¿Estamos en Kamino?
—No, estamos en Naboo, pero Kenobi te puso en un trance curativo de la Fuerza—explicó Padmé, temiendo su reacción—Llevas casi dos días inconsciente.
—Oh…
No había enfado. No había recelo. Padmé miró las facciones de Anakin para ver los detalles de su reacción, pero solo se veía feliz, contemplando su cuerpo con gratitud.
—¿Y qué hay de ti, Padmé?—preguntó con vehemencia—¿No te lastimó Palo?
—No, tú recibiste el disparo por mí—murmuró apenada—Kenobi llegó y lo mató antes de que pudiera hacerme daño.
Miró su rostro de nuevo, buscando cualquier indicio de enfado, pero Anakin la escuchó atento.
—Gracias a la Fuerza estás bien—dijo, acariciando su mejilla.
Padmé se sonrojó de nuevo.
—Anakin, lo siento tanto—dijo ella—Por mi culpa te lastimaron y…
—Oye, no hagas eso—Anakin frunció el ceño, sus gruesas cejas creaban una línea en su frente que le daba un aire determinado—Nunca te culpes a ti misma. Además, estoy bien…
Se señaló a sí mismo, Padmé sonrió al verlo contento y apretó su mano.
—Esto es un milagro y me alegra poder compartirlo contigo—le dijo con absoluta seriedad, dejando a Padmé sin aliento.
—¿Enserio?
—Claro.
Incluso antes, le era difícil resistirse a la intensidad de su mirada, pero ahora… Anakin tenía un nuevo semblante, se le veía menos cansado, con más paz. No sabía si era la gratitud por su milagrosa curación o el alivio de verla a salvo, pero podía jurar que Anakin se veía mucho más ligero que antes.
—Temí que morirías—admitió con un susurro, bajando los ojos—Cuando Palo quiso disparate de nuevo yo…
—¿Te amenazó otra vez?—preguntó con voz contenida.
Padmé elevó sus ojos para ver su semblante, aprendiendo a leer este nuevo rostro; la mandíbula de Anakin se veía tensa y sus ojos un poco más duros, señales de su enfado.
—Cuando perdiste la conciencia, intenté hacerte reaccionar—le explicó Padmé, odiando esos recuerdos—Palo me volvió a exigir que me casara con él, y a cambio perdonaría tu vida y te llevaría a una facilidad médica.
—No lo hubiera hecho—respondió Anakin, recordando la sucia mente de ese sujeto.
—Lo siento Anakin, pero la verdad es que iba a aceptar ese trato—admitió ella compungida—No podía soportar la idea de que murieras si yo podía hacer algo.
—Padmé, él no hubiera movido un dedo por salvar mi vida—acarició su mano para distraerle de su pena—Y aunque así fuera, hubiera preferido morir a verte siendo desdichada con ese canalla a tu lado.
—Pero tú…
—Solo imaginarte a ti, tan única, al lado de ese desgraciado… —replicó Anakin, sin dejarle hablar—No, Padmé, tú mereces más que eso. Mereces el cielo y las estrellas.
Al decir eso último, fue Anakin quien bajó sus ojos, apretó las manos de Padmé y luego hizo ademán de soltarla, pero ella no lo dejó. Su corazón estaba acelerado, y antes de poder razonar de más, Padmé se acercó a Anakin, cerrando la distancia entre sus cuerpos sobre la cama.
Anakin tragó duro, su manzana de Adán, que era muy notoria, tembló por un momento. Padmé esbozó una media sonrisa, satisfecha de poder observar sus reacciones libremente, sin máscara alguna interfiriendo entre ellos.
—Yo no quiero el cielo y las estrellas—admitió ella con voz suave—Jamás las he querido.
—¿Y qué quieres?—preguntó Anakin, apretando sus labios con nerviosismo.
Sus rostros estaban demasiado cerca uno del otro, Padmé se sentía estremecer bajo la intensidad de esos ojos azules que la contemplaban con admiración. Anakin la miraba como si no pudiera creer que ella estuviera frente a él, y eso en su interior la complacía.
—Quiero un hombre que me abrace cuando estoy triste o asustada—dijo, recordando las pocas veces que él la abrazó—Que no se aburra cuando le hablo de política o de historia, que me rete con argumentos inteligentes y me haga considerar otras perspectivas.
Anakin contuvo el aliento, esto era demasiado bueno para ser verdad. Padmé no debería estar tan cerca de él, hablando de esta manera con su dulce voz, no debería estar mirándolo como si él fuera el indicado, con tanto cariño… con amor.
Padmé lo miraba con amor.
—Quiero que un hombre que, cuando me sienta insegura, no solamente jure protegerme, sino que me enseñe a cuidarme sola—continuó ella, recordando la historia que ellos dos compartían—Que pueda confiar en mí, que no me subestime, que vea más allá de mi apariencia, y me valore por la persona que soy en el fondo.
Notando su nerviosismo, Padmé apretó otra vez las manos de Anakin y luego las soltó, haciéndolas subir por sus antebrazos en una caricia suave. Anakin se estremeció con esa caricia, llevaba toda una vida sin sentir algo parecido al afecto físico.
—Un hombre que vea mis defectos y mis virtudes—concluyó Padmé—Y me quiera por todo lo que soy, y no soy.
—Padmé, yo no puedo ser ese hombre—respondió Anakin antes de perder el valor para hablar.
Vio el rostro de Padmé endurecerse de repente, sus ojos fallando al intentar contener el dolor que estaba sintiendo. Anakin se apresuró a seguir hablando, antes de que ella pudiera malinterpretarlo.
—No puedo ser ese hombre, porque a mis ojos eres perfecta—dijo él, sujetando tímidamente a Padmé por sus codos—Como un capullo de ángel… más hermosa y fragante mientras más te le acercas.
Padmé contuvo el aliento, demasiado emocionada por la comparación de su persona con su flor favorita, Anakin se envalentonó a sí mismo para seguir acariciándola, subiendo sus manos por la parte superior de sus brazos, hasta detenerse en sus hombros. Padmé suspiró complacida con su caricia, y eso lo hizo sentirse muy bien consigo mismo.
—Mi ángel—concluyó él, mirándola a los ojos.
Sus palabras la afectaron de tal manera, que Padmé no supo qué responderle. Por primera vez en su vida, se quedó sin palabras, así que decidió expresarse de otra forma. Antes de que Anakin pudiera saber qué iba a hacer, Padmé lo miró a los ojos un momento, y se alzó para colocar sus labios sobre los de él.
Padmé había besado a otros hombres antes, a amigos y cortejadores que tuvo hace años, pero este beso era distinto. Aquellos fueron besos juguetones seguidos de risitas nerviosas, caricias de niños pretendiendo ser mayores. Este beso era entre un hombre y una mujer, dulce pero profundo, con una nota de determinación que la hizo sentir un estremecimiento en todos sus nervios y una explosión de cariño en su corazón.
Anakin había besado antes, en pocas ocasiones y a mujeres que le atrajeron solo para entretenerse un rato. No había manera de comparar esos fugaces momentos de placer con las sensaciones que Padmé estaba creándole con un simple beso. Su cuerpo estaba tenso, su corazón acelerado, su respiración contenida, y todo eso era perfecto.
Por inercia, Padmé rodeó el cuello de Anakin con sus brazos y él colocó sus manos sobre la espalda baja de Padmé, acercándose lo más que pudieron mientras el beso se profundizaba. De repente, además de la placentera sensación en sus cuerpos, los dos sintieron una conexión entre sus mentes, como si por un instante, sus almas pudieran estar en sincronía. Fue una sensación poderosa, que en otro momento los hubiera asustado, pero entre ellos, en esa soleada mañana en Varykino, se sintió como la gloria misma.
Con un suspiro, ambos rompieron el beso, juntando sus frentes por no querer alejarse uno del otro. Abrazados así, los dos se tomaron su tiempo acompasando sus respiraciones, hasta que pudieron volver a hablar.
—Te amo, Padmé—susurró Anakin, y Padmé adoró su tono de voz gruesa pero dulce, y sentir su aliento sobre su rostro—Nunca había sentido esto por nadie antes, y nunca más lo sentiré después. Eres la única mujer a la que amaré, aún si decides algún día hacer tu vida sin mi. Siempre tendrás mi corazón.
—Es bueno saberlo—sonrió Padmé, abriendo los ojos para contemplar el sereno rostro de Anakin—Porque tú también tienes mi corazón, Ani. Te amo.
Entre su larga lista de errores, Anakin Skywalker no sabía qué hizo bien para ganarse el amor de Padmé Naberrie, pero de una cosa estaba seguro: iba a cuidarla, mimarla, y honrarla cada día de su vida hasta ser merecedor de ella.
Anakin la volvió a besar, esta vez fue un beso más corto, y luego la abrazó con fuerza, estrechándola contra su pecho como si temiera que se fuera a esfumar. Padmé escondió su rostro en el pecho de él, deleitándose al sentir el latido de su corazón, la calidez de su cuerpo, la firmeza de sus brazos, la seguridad que sentía gracias a su amor.
En lo más recóndito de la galaxia, una estrella parpadeo, y su luz se dejó ver en todos los rincones del universo conocido. Un nuevo amor se había consolidado, y estaba acomodándose en su legítimo lugar entre todos los más hermosos astros.
Canción del capítulo: "How does a momento last forever?" (¿cómo un momento dura para siempre?) de la película La Bella y la Bestia 2017 (Traducción hecha por mí)
No tienen idea de cuántas veces revisé, reedité y reescribí este capítulo, quería que fuera lo más perfecto posible. Este es el resultado que más me convenció, y espero que sus ansias de Anidala hayan quedado satisfechas por ahora.
1.-Claro que debía aparecer Shmi Skywalker, su recuerdo fue la razón por la cual Anakin consiguió contener el Lado Oscuro y ahora, con su bendición, Anakin puede otra vez ser libre. Sentí que el personaje necesitaba una escena así para cerrar su ciclo, y poder volver a empezar.
2.-Yo sé que la curación de la Fuerza no funciona así (dándole un cuerpo prácticamente nuevo) pero ¿se acuerdan que esto tiene atmósfera de cuentos de hadas? bueno, a esto en gran medida me refería jaja. Espero que ese detalle no les moleste tanto jeje...
3.-Oh, no hay nada como el primer beso...
El próximo capítulo continuará justo después de esto, y será la llegada de Sola a Varykino... porque recuerden, Naboo aún sigue en problemas XD Muchísimas gracias por leer, espero de corazón que lo hayan disfrutado ¡saludos y besos a todos!
