Hola. ¡De nuevo estoy de vuelta!
Gracias por sus increíbles comentarios. Realmente los apareció, son un motivador importante a la hora de escribir.
Espero les guste este capítulo. Nos acercamos al fondo oscuro.
Los invito a leer mi nueva historia: Sr. Stark. Y todas mis otras historias.
En fin.
Ya sabes qué hacer.
Dirígete a la sección de comentarios y escríbeme.
No soy dueña de Marvel o Iron man, solo uso sus personajes sin fines de lucro.
23. El mandarín
Las palabras de Pepper han penetrado en su mente creando un espacio adicional, uno lleno de dolor, de venganza.
Cada una de sus palabras es un golpe físico. Tony va a estar enfermo.
Pero más que eso, la rabia que recorre su cuerpo es tangible, lo hace vibrar, quiere atrapar al hombre y ver que la vida se extingue de sus ojos, oh!, cómo quiere hacer cada cosa impronunciable que su cerebro manifiesta cada segundo.
El pedazo de basura que jugó con ella no merece poder respirar en este preciso momento. No después de causar tanto dolor a dos de las personas más amables que Tony conoce.
Tony Stark está enojado, furioso.
Su corazón late en su pecho, mientras que el horror de cada acción se solidifica en su estómago, las palabras de Pepper tienen tanto peso como su historia.
Tony ve rojo.
Los ojos de Rhodey se disparan a su amigo cuando su silla se rasca contra el piso, viendo a Tony saltar de su asiento, el gruñido que se desgarra de su garganta, su mano recorriendo su cabello mientras se da vuelta, caminando unos pasos hacia la parte posterior de la sala. Rhodey puede ver lo apretado de sus hombros, la rigidez de su columna vertebral, el signo revelador de una mandíbula apretada, Tony apenas se sostiene por un hilo.
"Tony" advierte Rhodey en voz baja, su mirada se desvía hacia sus otros compañeros, cuyos rostros están llenos de preocupación. "¡La vamos a encontrar!"
El castaño continua moviéndose de un lado al otro, gruñendo ordenes en voz baja a su IA.
"Señor, la policía tiene el retrato hablado de las personas que se han marchado con la señorita Potts," la voz robótica de Jarvis anuncia. "He comparado sus perfiles con los establecidos en la red de antecedentes penales de criminales en todo el mundo. Tenemos una coincidencia."
El silencio cae sobre la habitación cuando Jarvis habla de nuevo.
"La identidad del hombre es Aldrich Killian…
Eso es todo lo que Tony escucha, su mente cae en un bucle.
Aldrich como el maniático implicado en la muerte de varios trabajadores en el medio oriente.
Como el sujeto que tantos años atrás Tony desprecio.
Su experimento era demasiado peligroso, incluso para las reglas establecidas de su compañía.
Sin mencionar que el hombre parecía inestable.
Cosa que Tony presencio en varias oportunidades tras atentados terroristas que tenían su nombre impreso en ellos.
El monstruo del medio oriente, el mal llamado mandarín.
Su presente némesis.
Su mente solo grita una palabra.
¡No!
De sus hombros cuelga una manta azul oscura mientras él balancea sus pies en la camilla dónde está sentado. Sus mejillas están llenas de manchas oscuras, la ceniza desprendida por el fuego, el humo en el acuario.
Sus ojos claros parpadean ante cada rostro que él puede notar. Sus labios fruncidos en concentración extrema.
"¿Cómo te sientes?" pregunta el hombre a su lado. El médico le había asegurado que el niño se encontraba bien, pero no es su cuerpo lo que a Coulson le preocupa.
"¿Dónde está Su?"
Coulson lo mira por unos segundos, antes que Alex elabore su pregunta. "Mi niñera, el hombre malo iba a atraparnos. Ella me ayudó a salir, estaba en el baño."
La frente del agente se arruga ante esa declaración, se mueve lejos del niño antes de que sea capaz de preguntar si hubo bajas en el acuario y si alguna de ellas fue una mujer encontrada en un baño.
Las respuestas son negativas por lo que Coulson se encuentra aliviado.
"Mis fuentes no la han mencionado por el momento, probablemente ella esté siendo atendida por los médicos."
Alex no parece convencido pero no dice nada más.
"¿Tu trabajo consiste en atrapar a los malos?"
Coulson le da una mirada luego asiente.
"¿Has visto aliens?"
Las cejas de Phil ascienden ante esa pregunta. Él se muerde los labios intentado no sonreír.
"No puedo responder a eso,"
"Pero tú conoces a Thor," Alex exclama como si su respuesta es claramente obvia.
Phil intenta no sonreír, pero termina haciéndolo.
Alex luce orgulloso ante ello, como si fuera un logro increíble sacarle una sonrisa al serio agente de SHIELD.
"Coulson," la voz de Hill resuena en su auricular. "Hay un niño de cinco años llamado Alexander Potts en las inmediaciones del acuario, es un sujeto prioridad #1. Es tu deber llevarlo a la cede de los vengadores."
Coulson asiente, mirando al niño de ojos claros aferrarse a la manta como un salvavidas.
"Ya lo tengo conmigo, dile a Stark que él está a salvo."
Los ojos del niño comienzan a cerrarse, los eventos del día haciéndose presentes en él.
"¡Vamos, compañero! Hora de llevarte a un lugar seguro." Phil susurra, levantando al niño con él, y asegurándose de que se encuentra confortable en sus brazos.
"¡Eso es, lo has hecho bien Alex!
Pero el niño está demasiado cansado para responder.
Cuando la luz se enciende sus ojos parpadean varias veces tratando de adaptarse, después de estar tanto tiempo sumida en la oscuridad.
Su boca se siente seca, su cuerpo ligeramente pesado y su cabello es ahora un lío grasiento.
Pepper sigue estando atada, pero la mordaza se ha ido.
Así como sus ganas de gritar tras intentos posteriores que terminaron en golpes sobre su espalda, muslos, y abdomen.
Ella puede sentir los nuevos moretones construyéndose sobre su piel.
Su maltratada piel.
Pepper quiere llorar, pero el terror que la invade es mucho más fuerte que su tristeza, su decepción.
Ella se siente tan tonta. Fue tan ingenua al creer que realmente podía correr lejos de ese monstruo; alejarse de toda su oscuridad y vivir una vida tranquila, llena de paz en compañía de su hijo.
Incluso ella se permitió sentirse segura, segura en los brazo de Tony.
Encontró un grupo de personas que genuinamente se preocupaban por ella, encontró un trabajo, otra vida.
Encontró el amor.
Un amor sincero, divertido que no sabe de maltrato, con miradas de añoranza, abrazos suaves, caricias robadas en medio de la noche.
Y besos que queman su piel.
Irónicamente lo ha encontrado con la única persona que ella no esperaba.
Tony Stark, el millonario, playboy, filántropo, alias Iron man.
Él y sus líneas de recogida tontas se han filtrado en su cerebro como una plaga, en su cuerpo como un virus.
Ella lo ama, y lo peor es que ella no se lo ha dicho.
La realización duele más que nada.
Tal vez él nunca lo sepa.
Ella suspira, sus ojos abriéndose de par en par al ver el movimiento de la puerta.
"Mi huésped favorito," La voz de Killian es baja, sabia, burlona.
Pepper ignora el escalofrío que corre por su espina dorsal, y decide no mirarlo.
Él se ríe.
"El tratamiento del silencio, ya veo." El hombre vestido con traje plateado se encoge de hombros. "Tengo mil maneras de hacerte hablar. " Killian sonríe. "Unas más dolorosas que otras, pero igual de efectivas. "
Pepper tiembla ante esa declaración ganándose una sonrisa demasiada complacida por parte del rubio.
Él da dos pasos hacia ella, sus manos son frías, ásperas contra su cabello, sus mejillas.
Sus ojos se detienen por un tiempo en sus moretones, mientras sus manos trazan ahora patrones profundos que la hacen gemir en cuestión de segundos.
"Eso es lo que ganas por quererle gritar a mis guardias, Virginia. Ellos son unos tipos con oídos sensibles."
Pepper se muerde los labios pero no dice nada.
"Sin embargo cada acción trae consigo una consecuencia, a veces consecuencias amargas, dolorosas."
Él le da una sonrisa completa. Una que ella solía conocer, una llena de promesas de golpes por venir, de actos innombrables por aparecer.
A ella no le gusta.
La puerta se abre otra vez.
Y Virginia suelta un gritico, es más un aullido bajo.
"Susan"
Pepper solloza al ver el rostro magullado de su amiga hacerse presente en la habitación.
Está pálida, con una mancha de sangre que ocupa gran parte de su camisa y un vendaje sobresaliente en su hombro. Sus manos están esposadas y sus pies descalzos.
Pepper traga, sin querer imaginar de donde proviene la sangre.
"Susan aquí, se ha portado terriblemente grosera con uno de mis compañeros más cercanos," Killian dice con una mueca de desdén reemplazando su sonrisa anterior. "Lo ha golpeado, arañado. "El rubio suspira. "Y lo peor es que ha logrado que mi pequeño hijo se escapara."
Susan intenta hablar, pero es golpeada fuertemente por el rubio lanzándola al suelo.
"Eso es algo que no puedo tener, ¿verdad?" Killian comenta sacando en un movimiento practicado una pistola desde su espalda. "La insolencia, la grosería."
La habitación se queda en silencio, como si todos de repente dejaran de respirar. Las lágrimas se derraman por las mejillas de Pepper, cayendo sobre su pastel de pastor sin comer, y toda su cara se siente caliente, como si mil personas la estuvieran mirando en lugar de dos.
"Por favor."
Ella no sabe cuál de ellas lo dice. Tal vez ambas lo hagan.
"No hagas esto". Solloza Pepper. "¡No hagas esto! ¡Por favor!, Dios..."
Killian no responde, sólo se acerca apuntando a Susan con su arma.
"¡Por favor!", la voz de Pepper se rompe.
Killian suspira, luego se ríe.
Las lágrimas corren en cascada por el rostro de la pelirroja, su corazón truena en su pecho impotente al no tener nada que hacer ante la situación.
Susan solo la mira con lágrimas en sus ojos, con labios pálidos y sangre pegada a su cuerpo.
Es una imagen que Virginia probablemente nunca olvidará.
Killian se mueve hacia atrás. El arma permanece firmemente en su mano derecha, mientras que con su mano izquierda él revuelve su cabello un par de veces.
"¡LEVÁNTATE!" le ordena a la mujer en el suelo. "¡AHORA!"
Susan lo hace con gran esfuerzo.
"¡George, ven aquí!" él grita nuevamente.
Su respuesta aparece con un hombre alto, de aspecto corpulento y mirada fría.
"Serias tan amable de quitarle las ataduras a mi querida Virginia," Killian mueve la cabeza hacia un lado. "Tales cosas le están haciendo daño a su piel. "
El hombre asiente, dirigiéndose hacia la pelirroja. Minutos después ella está libre de toda atadura.
"Párate mirando a Susan," Killian ordena. "Y ni se te ocurra hacer nada raro porque George aquí presente, te desollara viva. ¿Entiendes? "
Pepper traga, luego asiente.
La mirada de Susan parece perdida, ahora sobre sus pies, ella luce mucho más pálida y cansada que antes.
"Ahora... Virginia", Killian murmura, dándole una sonrisa astuta, de lado. "Te voy a enseñar cómo disparar. Correctamente."
Pepper lo mira fijamente, el horror inunda por completo sus nervios por segunda vez ese día.
No. No, no, no, no, esto es peor, esto es mucho peor...
"¡Por favor!…"
Killian no da tregua, colocándose detrás de ella.
"Tu mano derecha va aquí, la mano izquierda se envuelve por aquí... no aprietes tan fuerte, relájate". Killian se mantiene presionado detrás de ella, ambas manos levantan sus brazos para que el arma apunte a la figura de Susan.
Pepper ignora el escalofrío que corre por su espina dorsal cuando él habla nuevamente.
"Mantén ambos ojos abiertos. Ahora mira entre las vistas. Cuando estás disparando a un objetivo en movimiento, no tendrás tiempo. Tendrás que centrarte en el objetivo y disparar. Pero este objetivo está quieto, así que puedes practicar tu puntería... ahora mismo. "
Las manos de Killian envuelven a Pepper ligeramente, apuntando el arma directamente al corazón de Susan.
"Susan..." Pepper se ahoga, pero se muerde el labio, incapaz de continuar, incapaz de pensar. Es todo lo que puede hacer para tratar de evitar sacudirse. Killian se enojará si ella está demasiado asustada y no puede permitir que eso suceda.
"¡Está bien, Pepper!." Susan la está mirando ahora, y su expresión en blanco se ha suavizado ligeramente por primera vez. "Todo va a estar bien."
No puedo, no puedo, no puedo, no puedo...
"Un dedo en el gatillo", insta Killian, con la voz en su oído. Él baja los brazos, dejando que Pepper sostenga el arma por sí misma, dejando que Pepper haga el disparo completamente por su cuenta.
Sin embargo no es una decisión de Pepper por sí misma, no es una elección.
Su piel tiembla cuando siente el roce frio de otra pistola apuntando directamente sobre su pulmón derecho.
"¡Killian, por favor!, No tiene que ser así".
"¡Dispárale o yo te dispararé a ti, cariño!". Un toque de frialdad se ha deslizado de nuevo en la voz del rubio. "¡Dispárale!"
Pepper cierra los ojos y se obliga a respirar.
"¡Puedes hacerlo Pep, está bien!," es la voz calmada de Susan quien le habla.
Por lo que Pepper abre los ojos, mira fijamente el cañón, respira hondo y dispara.
Continuará…
Espero que aún estén conmigo en esta historia. Queda un viaje divertido por contar.
Como siempre he dicho: Si te tomas el tiempo de leer, por favor tomate el tiempo de comentar. Tú opinión es importante para mí.
Incentivo al escritor por publicar rápido. Comentario, comentario.
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Espero sus opiniones al respecto. Siempre me ha gustado escuchar sus teorías.
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Saludos. Nos leemos.
Un abrazo.
