¡Volví de entre los muertos! En realidad tenía otras ideas para este capítulo, pero estuve releyendo un libro sobre el tema que deseo tratar y me di cuenta que no era la mejor manera de abordarlo. También me leí el manga completo de Ouran, lo encontré en Amazon por la editorial Panini a un buen precio y eso me hizo conocer un poco más del carácter y personalidad de Hikaru (y amarlo todavía más si es posible). Por eso traigo nuevas energías para continuar esta historia, espero sea del agrado de todos.

Advertencia: este fic subirá un poco el rate posteriormente.


Capítulo VI: Removiendo las cenizas

El comisionado sabía lo que el baile significaba. Tenía que disculparse públicamente por la humillación hecha por el ladrón fantasma y aceptar la ayuda de la INTERPOL. La agencia internacional supondría acceso a información diversa a lo largo del mundo, es verdad, pero a costa de su integridad. Prácticamente habría gritado la ineptitud de la policía japonesa a su cargo, lo cual no sería bien visto por sus superiores, no había un largo camino de allí al despido…

*PIERROT*

Cuando Haruhi y Hikaru llegaron a la calle, la mayoría de los invitados ya se encontraban allí. A pesar de sentir intriga por la aparición del ladrón fantasma, ninguno quería pasar mucho tiempo en un sitio potencialmente peligro y que uno de los mayores criminales estuviese a unos metros de distancia definitivamente no les daba tranquilidad.

–Ah, menos mal…

Kaoru les distinguió cuando salieron por las escaleras principales, sin embargo, notó que la mano de su gemelo descansaba sobre la cintura de la castaña, desconcertándose por un instante. Se había quitado la máscara blanca para que no resultase difícil localizarle, con tantos hombres disfrazados de Pierrot su cabellera naranja parecía resaltar más. Apenas le localizó, Hikaru se acercó a él.

–¿Te encuentras bien? –le tomó del rostro, registrándole detenidamente para asegurarse de que estaba a salvo– Me tenías preocupado.

–Con tanta gente haciendo llamadas en este momento, la red se ha saturado –les hizo ver, todos estaban tratando de comunicarse con alguien o informando en redes sociales del evento recién ocurrido.

–Tamaki se encargará de desalojar lo más pronto posible, necesitamos hacer un inventario y ver qué objeto falta –miró alrededor la castaña, si el objetivo de Pierrot era atraer la atención de todos, definitivamente lo estaba logrando.

–Mucho me temo que los reporteros no tardarán en llegar, así que este lugar se verá envuelto en el caos, ¿deseas te llevemos a casa? –ofreció Kaoru.

–No, debo ir a la comisaría y levantar un acta… –devolvió la vista a los gemelos– Lo siento, necesito saber qué se ha robado… este evento de caridad estaba auspiciado por mi firma, mañana Mori-san y yo tendremos que dar un informe público al respecto.

–Comprendo –asintió el pelinaranja.

–¿Estarás bien? Es tarde y seguro estás cansada –preguntó preocupado Hikaru.

–Si, me apena mucho dejarles de pronto –hizo el ademán de quitarse el abrigo del Hitachiin.

–Quédatelo, por favor, la noche es fresca –le detuvo el azabache–. Pasaré por él en otra ocasión, tanuki.

–Pero… –trató de objetar.

–Insisto, ¿o se enoja Tono? –le sonrió burlonamente.

–¿No deberías mínimo avisarle a tu novio? Indudablemente estará preocupado por ti –trató de hacerle ver Kaoru.

–Seguramente fue a la estación, así que le veré más tarde –le tranquilizó la chica.

Los gemelos le acompañaron hasta una calle aledaña, donde la castaña tomó un taxi y les despidió con la mano. Caminaron de regreso para ir al auto, Kaoru tomó el asiento del conductor al ver a su hermano distraído, sacó un paquete de toallitas húmedas y se quitó el maquillaje de la cara, dejando al descubierto la pequeña cicatriz de la mejilla derecha, estaba cansado de fingir por esa noche. Contempló a su hermano a su lado pero éste no le dirigió la palabra, por lo que arrancó el motor. Generalmente uno siempre sabía qué pensaba el otro, sin embargo, con los acontecimientos de las últimas semanas ya no estaba tan seguro. En silencio regresaron al hotel que compartieran, quizás su antigua casa era más espaciosa, pero necesitaban un poco de privacidad e independencia considerando su situación actual.

–¿Está bien esto? –preguntó el pelinaranja sin despegar la vista del frente.

–¿A qué te refieres? –fingió desinterés el otro, mirando por la ventana.

–Dijiste que no te involucrarías con nadie, que era mejor así –le resaltó lo obvio–. Y ahora pareces poner en riesgo todo sólo por…

–Necesito un poco de información –le cortó–. Y sabes bien que Haruhi es la candidata ideal.

–Lo sé, pero… es peligroso… estás removiendo las cenizas del pasado… –se preocupó genuinamente por él.

–No somos chicos de preparatoria, Kaoru –habló monótonamente, tratando de evitar reflejar cualquier sentimiento en la voz–. Vine a Japón por un objetivo, no dejaré que Haruhi me distraiga del mismo, perdona por haber tenido que involucrarte.

–Siempre lo hemos hecho todo juntos, ¿no? –le miró disimuladamente– Y te he apoyado, lo sabes… Pero no dejaré que lastimes a Haruhi.

–Ohhh… –estiró la vocal, volteando a verle– ¿Todavía te gusta?

Kaoru estacionó a un lado de la carretera, Hikaru notó cómo apretaba el volante con fuerza, tratando de conservar la calma. Quizás había sido mala idea llamarle desde Chicago y pedirle le acompañase en esa aventura, quizás debió quedarse en Estados Unidos escribiendo en su rato libre y diseñando vestidos como su madre.

–Cuando estábamos en el Ouran, me le declaré… –susurró– Ella fue muy directa en su respuesta y me aclaró que sólo veía en mí a un amigo y, quizás, a un hermano. Luego le pregunté si tú le gustabas… Y sabes la respuesta a eso. Dicen que donde hubo fuego, cenizas quedan. Creo en la integridad de Haruhi, no es el tipo de chicas que engañaría a su novio, Tamaki parece ser una buena persona, por eso… por favor… No la hagas dudar si después no podrás quedarte a su lado.

Hikaru no respondió. Segundos después, el motor se puso en marcha nuevamente.

*PIERROT*

Haruhi contempló el reloj analógico a un lado de la cómoda: pasaban de las dos de la mañana. Sus pensamientos se dirigieron a Takashi, su jefe convocaría a una rueda de prensa a la mañana siguiente en la cual explicaría cómo la policía japonesa había permitido que el ladrón fantasma se desvaneciera frente a sus propios ojos, eso quizás disminuiría la cantidad de clientes y el prestigio de la firma se vendría abajo. ¿En qué pensaba el Morinozuka para hacer algo así? Debía tener un plan de respaldo, era obvio.

–¿En qué piensas? –la suave voz de Tamaki la sacó de sus pensamientos.

–En los clientes de la firma –se sinceró.

–¿Mori-senpai dirá la verdad? –le rodeó de la cintura con un brazo.

–Sí… perdona… esto dejará muy mal a la imagen de la policía… –desvió la mirada.

–Al comisionado no le gustará, es verdad –se enderezó, comenzando a besar su cuello.

–¿Y tú? ¿Estarás bien? –volteó a verle a los ojos.

–¿Crees que estaría tan tranquilo si no tuviese un plan B? –sonrió suavemente– Hice que Nekozawa contactase a un antiguo amigo, trabaja en los bajos fondos, si hay alguien que posea algo de información, definitivamente es él. Me reuniré muy pronto con ambos.

–¿Un yakuza? –le miró un poco alarmada.

–Shhh… sabes que no tengo permitido contarte mucho, Haruhi –comenzó a besarle más insistentemente, comenzando a bajar por su pecho–. Hoy estuviste más apasionada que otras veces, me encantaría repetirlo.

Haruhi no dijo nada, sus ojos se posaron en el abrigo negro que descansaba en la silla del cuarto.

*PIERROT*

–Demasiado tiempo sin saber de ti –remarcó lo evidente el de lentes–. ¿Puedo saber a qué se debe tu repentina llamada?

–Vamos, presidente, ¿no pueden dos viejos amigos reunirse como antaño? –le sonrió su acompañante.

–Considerando que uno de ellos anteriormente se dedicaba a molestarme, dudo mucho entrar en el concepto de "amigo"… –jugó con la pajilla de su bebida.

–Sabes que te aprecio, Soga –disimuló una sonrisa– y ahora mismo necesito de ti. He escuchado que anteriormente tuviste un par de problemas con cierta persona. Si me ayudas, haremos que todo eso desaparezca.

El castaño volteó a verle. Sabía que nunca resultaba nada bueno tratando con alguien como él.

–¿Haremos? ¿Qué podría hacer alguien como tú? –le espetó.

–"Nosotros" –empujó hacia él una tarjeta de presentación, haciendo que sus ojos se abrieran de la impresión.

*PIERROT*

Haruhi se mantuvo parada detrás de Takashi mientras él leía el informe oficial de la firma Yoshida y Asociados. Las cámaras estaban enfocadas en el azabache, uno de los abogados más jóvenes de Tokio y también, de los más reconocidos. Había ganado diferentes batallas legales, así como conseguido las patentes de todos los juguetes patentados por los Haninozuka, por eso mismo a la mayoría le sorprendía que el azabache continuase trabajando para el despacho cuando podría poner su propio buffet y llevarse a la mayoría de los clientes.

A pesar de eso, Haruhi sabía el verdadero motivo por el cual Takashi se mantenía en una de las firmas más viejas y conservadoras de todo Tokio. Cierto es que desde la llegada del joven abogado el prestigio de la empresa había crecido y los honorarios que percibía no eran nada desdeñables, pero, ¿hasta cuándo podría aguantar allí?

–…que había sido transportado desde El Cairo para evitar su detención en la aduana. La empresa está revisando activamente el resto de las piezas de arte donadas para asegurarnos que no se traten de falsificaciones –escuchó la última parte del discurso del Morinozuka–, pero nos hemos deslindado por completo de la Embajadora Li Zhao, de China. Nos ha llegado un reporte de nuestra división en este país informándonos que existe una orden de aprehensión a cualquiera que posea esta joya, la cual pertenece a la familia Liu, perdiéndose hace dos generaciones. El que dicho anillo terminase en nuestra subasta parece ser un mero intento de deshacerse de ella y obtener una ganancia de ello, si bien no monetaria, al menos sí de aprobación por la ciudadanía japonesa. Por el momento la dama ha pedido asilo político pero su situación es delicada, no puedo dar más informes al respecto mientras se trate de un caso abierto, así que es todo por el momento.

Los reporteros comenzaron a amontonarse unos sobre otro, invadiendo con preguntas al azabache y tratando de tomar la mejor foto para las noticias de la tarde. Una chica de cabellera castaña y lazo rosa se hizo oír sobre el resto.

–Si Pierrot efectivamente se ha llevado el anillo, ¿no supone eso un crimen internacional? ¿Qué pasará con la delicada situación entre Japón y China? ¿La INTERPOL ya está enterada de ello?

–No más preguntas.

–¡¿Yamada y Zhao son los únicos que tenían prendas ilegales en sus manos?! –levantó más la voz– ¡¿No debería investigarse en ese caso todos los robos del ladrón fantasma?!

–Hemos dicho que no contestaremos más preguntas –tomó el micrófono Haruhi–. Es todo por hoy, muchas gracias por venir.

La castaña y Takashi se retiraron por una puerta aledaña mientras parte del personal de seguridad se encargaba de repeler a los reporteros. Haruhi notó las ojeras en el rostro del azabache, seguramente había pasado la noche en vela, repasando una y otra vez la postura a asumir.

–Te arriesgaste mucho, Mori-senpai, ahora sólo harán más preguntas –entró tras de él en su oficina.

–Era el riesgo más pequeño a correr –se sentó en su silla y aflojó la corbata.

–Aun así, hacer pública la procedencia del tapiz y el anillo al mismo tiempo… Los reporteros comenzarán a buscar conexiones con el resto de los artículos –le sirvió una copa de ron en un vaso, ofreciéndoselo.

–No encontrarán nada, nos hemos asegurado de ello –aclaró tras el primer sorbo.

–Estamos caminando en hielo muy frágil… –murmuró.

–No sólo en el trabajo –le contempló a los ojos–. Todo el despacho sólo habla de tu misterioso acompañante de anoche, ¿a qué estás jugando, Haruhi?

–¿Disculpa?

–Tamaki ha sido mi amigo desde hace muchos años… siempre te he considerado una mujer recta y honrada, por eso mismo te traje conmigo. Mitsukuni te aprecia mucho, así que hemos decidido investigar un poco sobre tus amigos… –arrojó un fólder con varias hojas al escritorio– Hitachiin Kaoru se graduó de Diseño de modas y tiene una reconocida carrera en Estados Unidos, impulsado por el prestigio de su madre, en general no he podido encontrar nada interesante sobre el mismo. Sin embargo, Hitachiin Hikaru estaba terminando la carrera de Diseño gráfico hasta hace unos años cuando misteriosamente despareció un par de semanas, cuando reapareció se dio de baja en la universidad y se dedicó por completo a una banda que tenía, en poco tiempo ganaron gran popularidad e incluso se fueron de gira por Europa. Ninguno de mis empleados pudo localizarlo durante ese tiempo, fue como si simplemente se lo tragara la tierra, así que, ¿qué fue tan poderoso para obligar a Hikaru a renunciar a su sueño?

–No le conoces como yo –dijo con seguridad.

–¿Estás segura? –sus ojos se contemplaron fijamente– Hasta hace unos días se trataba de sólo viejos compañeros de prepa, ¿tirarías todo por lo que hemos trabajado por alguien como él? ¿Incluso arriesgarías el sueño de tu madre?

Haruhi tomó el fólder con cuidado, sabía que Mori nunca le daría esa información si no confiara en ella. Y tanto tiempo trabajando a su lado le hacía saber que indudablemente tenía copia de todo eso.

–Piensa un poco en ello… –le dijo.

Dio media vuelta dispuesta a salir, tomó su bolsa y metió allí el fólder, dirigiéndose a la puerta.

–Y Haruhi… –la voz de Takashi le detuvo– ten cuidado.

Por algún motivo se le había quitado el hambre, también su bolsa parecía más pesada que de costumbre, sólo quería salir de ahí y tomar algo de aire libre. Se dirigió a su oficina para dejar allí los papeles que el azabache le diera, pero al abrir la puerta se topó con la última persona que deseaba ver en ese momento.

–Buenos días, Christine.

La sonrisa de Hikaru no había cambiado desde la preparatoria. Continuaba teniendo ese aire ególatra y autosuficiente que te daba ganas de patearle hasta sacar todas tus frustraciones, pero los ojos felinos parecían poseer una melancolía que te incitaba a cuidar de él como de un gatito desvalido.

–¿Cómo entraste aquí? –le ignoró, no quería contemplarle después de la plática con Mori.

–Tu secretaria me dejó pasar con la condición de darle un disco autografiado, no podía creer que tú y yo hubiésemos ido a la misma preparatoria.

–Hablaré con ella, Kurakano no puede permitirle el acceso a alguien sólo por tratarse de una estrella del rock medianamente conocida –sacó el fólder de su bolsa.

–Sabes que he vendido más de dos millones de copias de mi último disco, ¿verdad? –se quejó como niño pequeño– En fin, venía a invitarte a comer.

–¿Por qué? –preguntó sin voltear a verle.

–Digamos que me siento mal por haberme comportado como un idiota en la preparatoria… en realidad, decir que lo hice por Kaoru suena a una pobre excusa… lo único cierto es que temía salir lastimado por ti, Haruhi… –se sinceró con ella, bajando poco a poco el volumen de su voz.

–¿Por qué haces esto? Sabes que estoy con Tamaki –volteó a verle.

–Y yo estaba con Mizuki, pero eso no impidió que siguiéramos siendo buenos amigos, ¿no? Quiero recuperar un poco de eso, Haruhi, sigues siendo alguien muy importante para mí.

Hikaru le contempló, la castaña no movió uno sólo de sus músculos, iba a dar media vuelta y salir de allí, lo intentaría al día siguiente de nuevo, cuando le oyó decir:

–Deja que guarde esto y te alcanzo en el vestíbulo.

Madre que estás en el cielo… Cuando tú y papá comenzaron a salir… ¿Sentías la misma tranquilidad que yo con Tamaki? ¿O las mariposas de Hikaru?

*PIERROT*

Tamaki contempló la tienda frente a él, sabía que Kyouya jamás aprobaría lo que estaba a punto de hacer y sin embargo era necesario si quería capturar a Pierrot algún día. Quizás el de lentes lo entendería después, se dijo, cuando los habitantes de Tokio se sintieran seguros por la noche. Últimamente sentía que el azabache le guardaba un secreto y no le gustaba eso, sentía que él y Haruhi eran las únicas personas en las que podía confiar plenamente pero esa sensación no desaparecía.

–Ah, Suou, te estábamos esperando –la voz de Nekozawa le invitó a pasar.