Descargo de responsabilidad: Las Crónicas de Narnia es propiedad intelectual del grandioso C.S. Lewis
Capítulo 3. Jack tiene una pesadilla
—No debiste haberte soltado de mi mano —le regañó la niñera seriamente—. Pudiste haberte perdido.
Jack asintió con gesto ausente, sin contestarle. Estaba demasiado pensativo como para siquiera sentirse avergonzado.
—Si tu padre lo supiera me despediría de inmediato. Pero no se lo diremos. A mí no me echarán y a ti no te castigarán, ¿entendido? ¿Jack, me estás escuchando?
El niño reaccionó al fin, y le respondió un no muy convincente «sí». Como aun era temprano Millie le ofreció llevarlo a ver otras atracciones, pero Jack no estaba de humor para ello y le pidió que lo llevara a casa. La niñera quedó muy desconcertada, pero accedió y emprendieron el camino de regreso. Jack no dijo nada, y aunque Millie intentó sacarle conversación sobre el curioso espectáculo, permaneció pensativo y callado. Evidentemente aquello le había perturbado, y la niñera entendió que debía dejarlo tranquilo. Después de todo, Jack no era un niño muy conversador.
Cuando llegaron a casa temprano su padre se mostró ligeramente sorprendido, pero no hizo mayor esfuerzo en averiguar el motivo. Más tarde, a la hora de la cena, Jack estuvo más callado que de costumbre y jugueteó con su comida, hasta que su padre le preguntó qué le pasaba, y el niño tuvo que terminarse sus alimentos pese a su falta de apetito. En esa época, uno simplemente no podía levantarse de la mesa sin dejar el plato limpio. Luego de terminar de comer —lo que le tomó más que de costumbre—, Jack se dirigió pesadamente a su habitación, y tras lavarse y recitar sus oraciones, se fue a la cama pensando en lo sucedido esa tarde.
«Es ratón parecía muy infeliz» meditó. «Vaya, es horrible. Desearía no haber ido».
Pensando en eso se quedó dormido, y entonces comenzó a soñar.
Estaba de vuelta en la carpa, con la gente, el olor a palomitas y las exclamaciones de «¡que cante!» «¡que baile!» «que haga un truco» que había oído esa tarde. Sin embargo, esta vez era él quien estaba detrás de las barras. Todo se vía más grande, más alto, y la gente parecía cernirse como una torre sobre su cuerpo pequeño y débil. El miedo se apoderó de él y las palabras se atoraron en su garganta ante los gritos de la gente, como cuando en la escuela le pedían hablar frente a toda la clase y él se sentía demasiado nervioso como para siquiera respirar. Los gritos de la muchedumbre se hicieron más fuertes y más demandantes, y el maestro de ceremonias le miró con impaciencia y golpeó las barras metálicas con su cetro. Jack sintió más miedo que nunca, y retrocedió buscando una salida, pero no la había. Estaba encerrado en una jaula, con un público cruel y un amo aun más cruel que despedía llamaradas de sus ojos. La multitud se cerraba más y más sobre él, como si la jaula se hiciera más pequeña, y en su huida tropezó con un cubo de agua, y allí vio su reflejo. El agua le mostró a un Jack muy pequeño y asustado, del tamaño de un ratón corriente, vestido con ropas circenses ridículas y chillonas.
«¡Dije que bailes!» rugió el maestro de ceremonias, con la cara roja de cólera. Jack se asustó y cayó al cubo de agua, y presa del pánico, comenzó a nadar por su vida pidiendo ayuda, pero nadie acudía en su rescate. La audiencia se reía como si todo aquello fuera parte de la función, y sus bocas se deformaron en una mueca grotesca que recordaba a las máscaras de teatro. El cubo de agua se hizo más grande y él se hizo más pequeño, y las risas se hicieron más chillonas y estridentes hasta que Jack sintió que sus oídos no podrían soportarlo más.
Despertó justo en ese momento, sudado y jadeando. La cama estaba hecha un desastre, y las sábanas desparramadas el piso. El esquinero se había atorado en su pie, y la almohada había resbalado hasta quedar en vilo, sostenida únicamente por una esquina que había quedado atrapada bajo el hombro de Jack.
El niño tanteó su buró rápidamente en busca de agua. Se había quedado sin aire y temía que comenzaría a hiperventilar en cualquier momento. Aquello había sido demasiado para él. No recordaba haber tenido una pesadilla tan aterradora, ni siquiera cuando soñaba con su peor fobia, que eran las alturas.
«¡Eso fue horrible!» se dijo una vez pudo recuperar el aire, y por las horas siguientes, no se atrevió a dormir.
—Fanfiction, 2 de diciembre de 2020.
