Descargo de responsabilidad: Las Crónicas de Narnia es propiedad intelectual del grandioso C.S. Lewis


Capítulo 7. Jack escapa a Narnia

El ratón no esperó respuesta, y con un rápido salto al suelo, emprendió la huida. Era rápido y ágil, y en menos de dos minutos habría reclamado la dulce libertad de no ser por Jack. El niño había salido al mismo tiempo, y hubiera seguido su camino a donde había dejado a su padre, de no ser por una voz áspera y desagradable que lo detuvo en su sitio.

Era el pregonero. Agarró a Jack del brazo sin piedad, y comenzó a demandarle por qué estaba allí. ¡Qué diferente sonaba ahora! No era para nada como el hombre jovial y agradable que anunciaba las maravillas del ratón parlante. Olía raro y arrastraba las palabras. Jack sintió miedo, y el calor se agolpó en su rostro como solía sucederle cuando se sentía avergonzado. El pregonero hizo a un lado la tela con brusquedad, y sus ojos se enfocaron inmediatamente en la jaula abierta y vacía. Se volvió a Jack con ira, pregúntale entre maldiciones qué había hecho, y levantó la mano con la intención de abofetearlo, cuando algo se interpuso en su camino.

Era el ratón. Jack apenas pudo ver lo que pasó a continuación, y más tarde cuando rememoraba la escena, no lograba describirla apropiadamente. En un rápido movimiento, el ratón había saltado sobre el pregonero blandiendo algo plateado y brillante (debió ser el mismo objeto que usó para abrir el candado pero Jack no pensó en ello en ese momento). Lo atacó con ello, un mandoble, dos mandobles, ¡zas! ¡zas! y el hombre chillaba y luchaba por quitárselo de encima.

—¡Corre, niño, corre! —urgió el ratón.

Jack no supo qué lo impulsó a echar a correr, solo que se encontró en algún punto después corriendo con todas sus fuerzas. La gorra se le cayó de la cabeza pero no se dio cuenta de ello, sino que siguió corriendo más y más sin mirar atrás. Segundos después, se le unió el ratón.

Jack no sabía qué hacía ni a dónde se dirigía. El pecho le ardía y le faltaba el aliento pero no podía dejar de correr. Algo le impulsaba a seguir moviéndose, aunque no era capaz de saber si era el miedo u otra cosa. El ratón corría al frente, dando saltos rápidos con sus patas traseras y aterrizando en las delanteras. Jack no volvió la cabeza atrás por temor a que lo estuvieran siguiendo —y si lo estaban no quería saber—, y el ratón le apremiaba a seguir corriendo sin detenerse. Cuando sintió que ya no podía más, se detuvo dando trompicones, jadeando sonoramente.

El ratón se detuvo también al verlo luchar por respirar y trepó por su cuerpo hasta posarse en su hombro. Le dio palmaditas en la espalda, sin dejar de mirar atrás con ansiedad.

—¿Te encuentras bien, niño?

Jack se esforzó por recuperar el aire, tratando de darle a entender que solo necesitaba un momento, pero cada palabra que intentaba articular salía en jadeos desesperados, como cuando uno está llorando a cántaros y trata de decir algo.

—Mo… to… un… men…to…

El ratón siguió mirando ansiosamente por encima de su hombro, pero habían dejado al pregonero, el circo y todo lo demás atrás. Habían llegado a la carretera y se encontraban junto al lindero del bosque. Jack se dejó caer finalmente al suelo, exhausto, tomando largas bocanadas de aire, que soltaba casi de inmediato. Su respiración tardó un momento en normalizarse, ante la mirada ansiosa del ratón. Solo cuando finalmente el niño pareció recuperarse se atrevió a hablar.

—¿Estás mejor ahora?

Jack asintió, jadeando por última vez.

—Ah, eso fue… No puedo creerlo. ¡Al fin libre!

El ratón coreó y celebró su pequeña victoria con una voltereta. Jack sonrió, encontrando esta nueva expresión del ratón más placentera que sus miradas llenas de tristeza y pesar.

—Y todo gracias a ti. Qué desagradecido de mi parte no haberlo dicho antes. Gracias, niño —hizo una pequeña reverencia—, por ayudar a este desdichado ratón a escapar de sus captores. Algún día espero poder pagarte el favor. Has demostrado mayor bondad conmigo que cualquiera de los de tu raza, en este mundo por lo menos.

Jack no supo qué responder a aquello, así que se limitó a asentir.

—Ahora —continuó el ratón—, es hora de que nuestros caminos se separen. Has sido de grandiosa ayuda, sin duda, pero tienes tu propio hogar al que volver y el camino que me espera está lleno de peligros y obstáculos. Sería innoble de mi parte exponerte a semejantes desdichas. En nombre del León, te ofrezco mis más sinceras disculpas por el modo en que te traté. Ciertamente no es el modo en que un narniano, y menos un Ratón debe comportarse. Permití que la amargura dominase mi corazón y descargué en tu persona todo el dolor que mis captores me influyeron.

El ratón volvió a hacer una pequeña reverencia grácil y noble. A Jack le pareció que debía ser un ratón muy fino y educado. Le contestó que no pasaba nada, y que le alegraba haberlo ayudado. Y por un momento, aunque no lo supo, aun pese a tener el rostro enrojecido y sucio por la carrera, se vio tan noble como el mismo ratón.

—Si algún día vienes a Narnia… —dijo el ratón volviéndose como si hubiera olvidado algo—. Di que eres amigo de Rispeepeak. Cualquier narniano honrado estará feliz de darte abrigo y sustento si recuerdas esto.

—¿Pero quién es Rispi… Rispeepeak? —preguntó el niño, no muy seguro de haber pronunciado bien el curioso nombre.

La sonrisa del ratón casi llegó a sus orejas, y respondió con aquella vocecita aflautada y alegre que Jack empezaba a reconocer.

—Este servidor, por supuesto. Soy Rispeepeak, jefe de los Ratones parlantes de Narnia.

La boca del niño formó una «O».

—Creí que te llamabas «Parlanchín» —repuso el niño—. Lo vi en el volante.

El ratón sacudió la cabeza y su cola azotó el piso, mas su enojo no iba dirigido al niño sino a aquellos que le habían encerrado y cometido la osadía de quitarle su bien más preciado: su nombre.

—Esos bellacos… Quitarme mi nombre fue lo primero que hicieron, junto con mi libertad. Pero ya no más. Jamás volverán a llamarme de ese modo o de ningún otro, ni a obligarme a cantar sus horribles canciones y hacer todas sus payasadas. Soy un narniano libre. Nadie le puede poner cadenas a eso.

Jack tenía un montón de preguntas en su mente, como qué era «Narnia» y dónde quedaba, y si esos ratones que Rispeepeak mencionó serían ratones parlantes como él. Sin embargo, cualquier pregunta que tuviera pasó a segundo plano cuando oyó una voz masculina gritando «¡por aquí!» y aunque Jack no pudo verlo ni saber a dónde señalaba, no tardó en imaginar que sería en su dirección. Le dio una mirada ansiosa al ratón y este se preparó para correr. Jack se puso de pie también y reanudaron la huida, esta vez al interior del bosque, donde podrían ocultarse entre la maleza.

Los árboles iban quedando atrás como manchas borrosas de color verde. Jack no pensaba, solo corría. Se movía más por instinto que por otra cosa, y pronto sus piernas comenzaron a fallar y su pecho a arder con aquella sensación desagradable y familiar. Sin embargo, no podía dejar de correr. En aquel momento se sentía como correr o morir, y dadas las circunstancias prefería lo primero aunque tuviera que presionarse al límite. Lejanamente, le pareció que alguien gritaba su nombre, pero fue una impresión tan tenue que pensó que debió haberlo imaginado. Frente a él, la única señal del ratón era el siseo constante en el pasto y las hojas caídas, y uno que otro vistazo de su cola larga y fina. Finalmente, agotado y pasado el límite de sus fuerzas, cayó al suelo con un ruido sordo.

El siseo en las hojas se detuvo también, y luego se reanudó brevemente. Al instante siguiente, el ratón estaba junto a él con una expresión preocupada en sus ojillos oscuros.

—¿Qué ocurre, ya no puedes correr?

Jack luchó por recuperar al aire. A lo lejos, se escuchaban pasos rápidos acercándose.

—Co… co…

El ratón trepó hasta el pecho de Jack para mirarle a los ojos.

—No, no te dejaré aquí a merced de esos rufianes. Si tengo que pelear, lo haré.

Jack quiso decirle que lo olvidara y se fuera, pero apenas podía respirar. El esfuerzo había sido demasiado para su débil constitución. Los pasos se oyeron más cerca, y el ratón se puso en guardia. Jack no podía ver nada desde esa posición, y mareado, trató de incorporarse. Entonces, su pie resbaló y perdió el equilibrio, y no teniendo de dónde agarrarse, con Rispeepeak todavía sobre su pecho, resbaló por la pendiente hendiendo el aire con un alarido asustado.


Fanfiction, 04 de febrero de 2021