Chapter 1.

(The Outsider)

Bajo el abrazador sol del desierto una figura humana caminaba a la orilla de la carretera, arrastrando consigo una pesada maleta mientras hacía un sobre esfuerzo por siempre dar el siguiente paso de un recorrido que no llegaba a su fin. Estaba tan lejos que era incapaz de ver todavía el inmenso muro que rodeaba la capital, lo único que veía a su alrededor era un desértico paramo sin ningún rastro de vida. Ya no sabía cuánto tiempo llevaría caminando exactamente, pero tenían que ser horas. Horas en las que no había visto ningún rastro de vida humana.

En un momento dado fue incapaz de continuar, estaba exhausta, ya no le quedaban más fuerzas por lo que optó por sentarse encima de la maleta para poder descansar un momento. No pudo evitar suspirar, elevó su vista al cielo para ver a través de los cristales polarizados de sus gafas de sol la inmensa bola de calor que le estaba friendo la cabeza lentamente. Llevó sus manos a su bolso para sacar una botella de agua y su móvil, se había quedado sin batería y apenas le quedaba agua, no pudo evitar volver a suspirar, estaba bastante jodida.

Pero aun así no se iba a rendir, había estado en situaciones bastante peores, por lo que se lo tomaría con filosofía.

Inevitablemente pudo sentir como una gota de sudor se escurría por la parte baja de su espalda, esto hizo que se revolviera, definir su estado como asqueroso se quedaba corta, estaba completamente sudada y pegajosa a causa del maldito sol. Todo aquello era más que desagradable, lo cual era divertido dado que su trabajo consistía en muchas ocasiones estar largas horas bajo el intenso sol, pero ninguna de aquellas veces había sido tan molesta como está ahora. Tampoco ayudaba para nada la vestimenta que llevaba, la cual consistía en unos tejanos negros justados, unos botines de cuero del mismo color y una camisa de cuadros manga larga de color blanco y verde. Para nada era ropa adecuada para el tipo de clima en el que se encontraba, pero empelotarse no era algo por lo que estaba dispuesta a pasar, antes preferida morir asada en su propia ropa que ir en cueros.

Pero para suerte de nuestra protagonista, aquello no iba a tener que ser una opción ya que gracias a los dioses a lo lejos estaba pudo ver como un camión se acercaba hacia donde ella estaba, por lo que emocionada se levantó de un salto para comenzar a hacer señas como si la vida, nunca mejor dicho, le fuese en ello. Para más suerte el camión se detuvo a unos cuantos metros de su posición, por lo que emocionada echo a correr hacia la ventanilla del copiloto.

«Una teta y me dice cuánto queda hasta Insomnia, dos tetas y me lleva hasta ahí» –Pensó en un posible trueque mientras le daba un rápido vistazo al gran camión remolqué que estaba a su lado.

Apoyándose en el escalón para poder alcanzar la ventanilla, tímidamente elevo su cabeza esperando encontrase a un señor entorno a los cincuenta, gordo, de prominente bigote y barba, con una gorra roja y gafas completamente negras.

"¿Qué necesitas forastera?" – Dijo el conductor.

Para su sorpresa aquel señor había sido sustituido por una chica que aparentaba su misma edad, cabellos rubios rizados, con una figura envidiable y una risueña sonrisa acompañada de un divertido acento sureño. El estereotipo sí que le había estallado en toda la cara. Bueno al menos llevaba gorra.

"Verás digamos que ando un poco perdida y me gustaría saber si no tendrías algún inconveniente en llevarme a mi destino o dejarme lo más cerca posible, siempre que te pille de paso" – Dijo algo nerviosa.

"¿A dónde vas?" – Le contestó gentil.

"Insomnia" – Respondió nerviosa dado el inmenso favor que estaba pidiendo, la capital se encontraba a cientos de kilómetros de donde estaban.

"Hoy debe ser tu día de suerte amiga" – Le dijo alegremente – "Dado que me dirigió hasta allí"

"¡Enserio!" – Contestó la forastera casi a punto de gritar de la emoción.

"Claro, siempre que no te importe que hagamos una pequeña parada en mi taller"

"¡Para nada!" –Podía sentir como la cara le radiaba de la alegría – "Dios me va a estallar el culo" – Dijo casi gritando.

Por otro lado, su salvadora no pudo evitar reír ante la emoción de aquella chica – "Vamos sube, puedes dejar tus cosas detrás" – Le indico señalando la parte trasera de su remolque.

"Sí, por supuesto, gracias, gracias, ¡Gracias!" – Decía mientras se bajaba de un salto y corría hasta su maleta para cargarla y lanzarla, sin ningún cuidado, en la parte que esta le había señalado. Una vez hecho aquello, esta se dirigió de nuevo a la puerta del copiloto para abrirla y entrar.

"De nuevo muchas gracias por lo que has hecho" – Volvió a agradecerle mientras se acomodaba en el suave tapizado del sillón y se ponía el cinturón de seguridad.

"No hay de que, además siempre viene bien tener compañía durante el trayecto, por cierto, me llamo Cindy, Cindy Aurum" – Se presentó mientras le tendía la mano.

"Lena Lain" – Dijo mientras se la estrechaba.

"Y dime Lena" – Habló Cindy a los pocos minutos del trayecto – "¿Qué hace una chica como tú en medio de Leide?"

"Venía de Altissia a Insomnia por unos asuntos familiares, pero el bus en el que venía sufrió una avería cerca del limité norte con Duscae, nos dijeron que no conseguirían resolverlo hasta el día siguiente y digamos que no podía permitirme el lujo de esperar hasta el día siguiente. Por lo que me limité a coger mi maleta y echarme a andar"

"Que gracioso. Yo precisamente vengo de arreglar cierto bus estropeado cerca del límite norte" – La cara de Lena fue un poema.

"Y a mí me dijeron que iban a tardar un día entero en arreglarlo"

"Es lo que pasa cuando alguien que no entiende de vehículos hace un parte"

"Ya veo" –Comentó irónica – "Y dime ¿Eres de la zona?"

"Sí" – Dijo orgullosa – "Vivo al otro lado de esa montaña" – Explicó mientras señalaba una curiosa formación rocosa en forma de cuerno – "En Hammerhead junto con mi abuelo"

Lena asintió ante lo dicho por Cindy – "¿Y esto de mecánica? Perdóname si sueno descortés, pero es algo que no se suele ver mucho"

"Tranquila estoy acostumbrada, pues la verdad es algo que me viene de pequeña, después de la muerte de mis padres como una forma de superar todo aquello comencé a ayudar a mi abuelo en el taller hasta que sin darme cuenta lo que comenzó como un hobbie se convirtió en una pasión" – Le dijo Cindy muy orgullosa de su profesión – "¿Y tú? ¿A qué te dedicas?"

"Arqueología" – Contesto Lena.

"¡Vaya chica! Eso tiene que ser una pasada"

"Lo es"

"Y dime ¿has hecho muchos descubrimientos?"

"La verdad que sí, un puñado bastante bueno que me han dado cierto renombre" – Dijo esta sin poder evitar sonreír orgullosamente de su trabajo, lo cual era algo que no le avergonzaba dado que se había ganado llegar a donde estaba gracias a su esfuerzo, persistencia y trabajo duro.

"Guay"

Después de aquello la conversación se detuvo el tiempo suficiente como para que Lena se pudiese abanicar un poco con su mano, todavía seguía sofocada.

"Oye" –Cindy llamando su atención – "Puedes quitarte la camisa sin ningún tipo de vergüenza, no quiero que te desmayes por el calor"

"¿Enserio?"

"¡Claro! ¿Acaso no has visto cómo voy yo?"

Aquello era cierto, lo que pasaba era que Lena había disimulado cuando la vio por primera vez, Cindy llevaba una chaqueta amarilla que dejaba completamente al descubierto su abdomen, además esta llevaba tan abierta la cremallera que sus pechos cubiertos por un sujetador rosa chicle estaban completamente a la vista de todo el mundo, así como unos shorts demasiados cortos para su gusto. Es más, esta juraba haber visto sobresalir los hilos del tanga por encima de este, lo que pasa es que no iba a voltear la cabeza para corroborarlo.

"Gracias" – Se limitó a decir aliviada mientras rápidamente procedía a desabotonar su camisa completamente para dejar que su cuerpo se refrescase con la brisilla que entraba.

"Chica si las tienes debes lucirlas con orgullo" – Dijo Cindy espontáneamente, ante la prominente pero no exagerada delantera de su copiloto.

"Gracias por el cumplido, ojalá mi yo más joven de comienzos de la secundaria te hubiese escuchado, me pase el primer año avergonzada de estas pequeñas"

"La pubertad tunea sin ningún tipo de compasión"

"A mí de un día para otro"

Ambas se rieron después de aquello, al ser sólo cosas que las mujeres podían entender.

"Mira ya hemos llegado" – Le comentó Cindy y entonces Lena pudo ver al pasar una curva una estación de servicio en cuyo cartel efectivamente ponía Hammerhead, la rubia aparcó el vehículo delante del garaje – "Puedes esperar aquí si quieres, no tardaré mucho"

"Tranquila voy a ir un momento a esa tienda a comprar agua" – Dijo Lena mientras se bajaba del coche.

"De acuerdo"

Una vez que Cindy se adentró en el inmenso taller Lena apresuro el paso todo lo que pudo evitando correr hacia la pequeña tienda de comestibles la cual fue lo primero que había visto cuando Cindy le señalo la estación de servicio. Una vez dentro, esta fue directamente hasta las neveras para pillar una botella de agua, la más fría que había encontrado, y seguido a esto a por algo de comida basura de una de las estanterías; entonces sus ojos se fijaron en uno de los periódicos que estaban en una estantería al otro lado del lugar. Todos ponía el mismo titular «El príncipe de Lucis y sus fieles camaradas salvan el mundo» aquello hizo que arrugase la nariz, sólo esperaba que durante su pequeña estadía de nuevo en Lucis no se lo encontrara.

Sin perder más tiempo esta fue directa a la caja – "¿Cuánto es?" – Preguntó mientras tomaba su cartera, entonces se fijó en el dependiente estaba completamente rojo y estático, intrigada esta siguió el trayecto de los ojos del hombro sólo para percatarse de que todavía seguía con la camisa desabotonada. Con un leve ardor de mejilla, rápidamente cogió su compra dejando a cambio un billete cualquiera – "Quédese el cambio" – Le dijo mientras salía apresurada de la tienda.

Una vez fuera, suspiró, el viaje estaba mejorando por momento, pero sin darle más importancia a aquel pequeño incidente esta no perdió más tiempo y abrió la botella para darle un buen trago, que zaceo en segundos aquella atormentante sed que tenía – "Dios que buena está" – Dijo mientras se limpiaba el poco que se le había escurrido por un labio. Seguido a esto, Lena se permitió malgastar algo de aquel líquido vital dejando que este cayera sobre su cabeza. La sensación de la helada agua cayendo sobre su acalorada piel era cuanto menos reconfortante.

"Sabes" –Habló Cindy haciendo que despertase de aquella placentera sensación. – "Deberíamos contratarte para los meses de temporada baja" – Añadió con cierta sonrisa pícara.

Entonces Lena se percató de que aún seguía con la camisa desabotonada y encima ahora sus cabellos estaban mojados, así como su escote y abdomen, de nuevo volvió a sentir un leve sonrojo.

"Vamos, Insomnia nos espera" – Dijo la rubia divertida mientras la morena la seguía rápidamente en silencio.

De nuevo en la carretera estas continuaron hablando tranquilamente, Lena podía ver cada vez más de cerca el sitio al que una vez llamó hogar y no pudo evitar tener sentimientos encontrados. Muchas cosas le habían pasado dentro de aquellas cuatro paredes, unas malas, otras buenas y algunas terribles. En pocas palabras recuerdos que prefería dejar en el pasado, a pesar de que algunos la seguían persiguiendo a día de hoy, pero no iba a dejar que aquello la afectase; venía simplemente para hacer una visita, nada más, ir y volver. No tenía la intención de quedarse más de lo estrictamente necesario.

Por otro lado, en la capital y más concretamente en la ciudadela, cierto príncipe acabada de despertar sobresaltada, para encontrase en su cama hiperventilado y bañado completamente de un sudor frio.

«Sólo era una pesadilla» pensó.

Pero para su desgracia aquellos atormentantes recuerdos que cada noche volvían a su mente eran de todo menos irreales. Este se levantó de su cama mientras se frotaba los ojos, ya no tenía sueño y tampoco quería seguir durmiendo. Atravesó su extensa habitación para llegar hasta los ventanales donde corrió las cortinas para toparse con un soleado día en una ciudad llena de vida, todo había vuelto a ser como siempre y en cierta forma aquello le alegraba.

Entonces pudo escuchar como tocaban la puerta y al poco entro Ignis – "Su majestad" – Dijo este mientras seguía con un bastón. – "Su padre le está esperando para almorzar"

"Dame unos minutos a que me asee y me vista" –Contestó mientras observaba las gafas polarizadas de Ignis, las cicatrices de aquel fatídico día todavía seguían muy presentes.

"De acuerdo su majestad" –Le dijo formalmente antes de marcharse.

Una vez que volvía a estar solo, apoyó la cabeza contra la ventana y suspiró, no todo había vuelta a ser como antes, si tan sólo el pudiese quedarse con la nueva versión de los hechos y no ser el único que lo recordase todo. A veces las segundas oportunidades eran bastante agridulces.

(*****)

"Muchas gracias" –Le dijo Lena desde la ventanilla del conductor. – "Te debo una muy grande"

"No hay de que" –Le contestó Cindy. – "Espero que te vaya bien en esos asuntos familiares…. cuando regreses pásate por Hammerhead nos vendrías bien para hacer algo más de caja"

"Prometido" –Aseguro Lena con cierta sonrisa pícara.

Seguido a esto, pudo ver como el camión de Cindy se ponía en marcha y cada vez se alejaba más y más por aquel barrio residencial, mientras su conductora sacaba el brazo por la ventanilla para despedirse hasta que dicho camión paso a ser un punto en la lejanía para finalmente torcer por una de las calles y desaparecer de la vista.

Una vez sola, Lena se permitió darle un buen vistazo al barrio en el que se había criado durante casi toda su infancia y parte de adolescencia, todo seguía igual que hace ya cinco largos años, no pudo evitar sonreír ante todo los buenos recuerdos que traían consigo aquel lugar. Entonces dirigió su vista hacia una de las calles de la intersección que se hallaba a unos cuantos metros de ella, en concreto a la que ascendía por la pequeña colina, en aquella dirección vivía un buen amigo suyo al que no veía desde hace tiempo y con el que había perdido el contacto. Tal vez cuando ya hubiese hecho todo lo que tenía que hacer se acercaría hasta allí para saludarlo, seguro que se alegraba de verla. O por lo menos eso pensó. Además, seguro que también se alegraba de su visita, dado que siempre estaba solo en casa.

Sin más tomó su maleta y se dirigió hasta la pequeña verja para buscar las llaves en su bolsillo e introducirlas en la cerradura, no pudo evitar sorprenderse al abrir la verja y encontrase con que el pequeño jardín delantero estaba completamente en perfecto estado. El césped tenía un vibrante color verde y además estaba podado. Aquello fue cuanto menos curioso. Seguido a esto, Lena se dirigió hasta los escalones que llevaban a la entrada, donde metió la llave y dio un par de vueltas a la cerradura para así quitar el seguro.

De nuevo para su sorpresa la casa por dentro no estaba como se la imaginaba después de cinco años sin nadie dentro de ella, en vez de un ambiente cargado, lleno de polvo y telarañas por todas partes, un agradable olor a limón lo impregnaba todo.

"¿Hola?" –Preguntó tras cerrar la puerta a sus espaldas, para así confirmar que el lugar estaba vacío, todo estaba en completo silencio. Pero en cambio el lugar estaba extrañamente limpio, el parqué relucía aquel color marrón oscuro tan bonito y la estancia estaba completamente libre de cualquier mota de polvo. Aquello era algo cuanto menos desconcertante.

Lena caminó a través del pequeño pasillo que daba paso al gran salón, el cual estaba igual o más pulcro que la estancia anterior, con la diferencia de que todos los muebles habían sido cubiertos de sábanas blancas, para evitar cualquier posible deterioro. Ahora se podía percibir el aroma de otros cítricos a parte del limón.

"Mmm" –Murmuró mientras dejaba su maleta a un lado para caminar a través del salón, con el resonar de los tacones de los botines contra la madera, hasta las grandes cristaleras que daban al jardín interior. De nuevo todo estaba perfectamente cuidado y regado.

Seguido a esto, Lena se dirigió escaleras arriba hasta el segundo piso donde fue directa al cuarto del fondo, omitiendo en todo momento el deseo o la tentación de mirar o entrar al cuarto de la derecha, una vez delante de dicha puerta giró el pomo y abrió lentamente. En este caso el olor de esta habitación era diferente, olía a vainilla. Una esencia que rápidamente le recordó a cierta persona.

Entró lentamente al lugar al que una vez fue su habitación. Observando detenidamente la pared a la que se pegaba su cama, toda repleta de recuerdos, fotos, pero sobre todo de dibujos, más concretamente dibujos de mapas. Aquello fue un hobbie que tenía desde pequeña, la cartografía, algo que con el tiempo fue perfeccionando pasando de poder plasmar lugares de su imaginación a entornos reales, algunos en los que había estado y otros eran de sitios que había leído. Dibujos que con el paso del tiempo se volvieron más detallados y más precisos.

Caminó por su habitación mientras los iba mirando uno a uno, recordando los buenos momentos que paso dibujándolos hasta que se percató de algo y era que al igual que su casa su habitación también había permanecido pulcra. Aquello la asustó, quizás en alguna de las limpiezas descubrieron uno de sus tesoros más preciados. Rápidamente se acercó hasta su cama, a la que se subió para acercarse al respaldo, sin poder evitarlo miró a ambos lados como siempre solía hacer y al ver que no había nadie metió la mano entre la estrecha separación entre la cama y la pared; cuando sus dedos rozaron aquello que buscaba, se sintió aliviada.

Tranquilamente sacó una gran carpeta que colocó en sus piernas y mientras se apoyaba contra la pared, procedió a abrirla, entonces pudo ver aquellas grandes hojas en las que había plasmado sin duda alguna uno el mejor de sus trabajos. Sacó todo el contenido de la carpeta para dejarla a un lado y así tranquilamente poder observarlo. Sintió como su vello se erizaba al tocar las rugosas hojas-

El primer dibujo era el de una colosal montaña que casi se podía asemejar a una muralla que se encontraba en un inmenso valle manchado con ríos y bosques, y tenía de la peculiaridad de ser hueca en su interior. El segundo, era un amplio mapa en el que se podía ver aquella muralla y todo lo que escondía en su interior. Las siguientes hojas eran dibujos detalladas de los cientos de estructuras milenarias que formaban aquella ciudadela oculta en el interior del macizo, así como de los interiores. Por último, había dos dibujos: otro igual de grande que correspondía a un mapa donde ella creía que se hallaba lo que de pequeña denominó como «La Fortaleza» muy al norte de Lucis, más allá de un océano y rodeado por inmensas cordilleras se encontraba la llamada fortaleza. El último de todos era el más pequeño, una simple hoja en el que hizo un retrato de su pequeño gran compañero descansando tranquilamente sobre unas ruinas mientras tomaba el sol.

Lena no pudo evitar que se le aguaran los ojos, por lo tuvo que apartar la vista de estos por miedo a mancharlos con sus tontas lágrimas. Sin embargo, volvió a apreciarlo, esta vez con más detalle, permitiéndose recordar los tiempos vividos.

Pasado un tiempo y ya mejor, los guardó todos de nuevo y tomó la carpeta mientras se levantaba, tenía más que claro que era algo que se iba a llevar de regreso a Altissia, sin embargo, antes de irse de su habitación no pudo evitar dirigirse hasta su escritorio. Su espacio de trabajo estaba tan ordenado e impoluto como lo recordaba, entonces se fijó en tres portarretratos, el primero de todo tenía consigo una foto bastante antigua, tendría como mucho ocho años y era el primer día que puso un pie en Insomnia, en ellas estaba acompañada de sus padres. Su sonrisa no podía ser más radiante dado que de nuevo volvían a estar todos juntos y de una vez por todas serían felices para siempre. La segunda era de ella con uno de sus mejores amigos, el cual le había tomado esa foto a traición mientras pensaba en cualquier tontería, y finalmente la última, en la que ya tendría unos dieciséis o diecisiete años, esa foto había sido tomada meses antes de que las cosas se torcieran y ella definitivamente se marchase. En ella aparecía con alguien que, a pesar de querer negarlo, significó mucho para ella, la foto era cuanto menos espantosa, pero a la vez simplemente hermosa. Ambos sentados en el suelo de su lugar secreto, aquel viejo y abandono vagón de tren, sonrojados y colocados hasta más no poder, podía recordar el sonido de las botellas de cristal rodando por el suelo y el olor a hierva quemada; ella no podía parar de reírse mientras se cubría torpemente el rostro, apoyada a un lado mientras él hacía una mueca a la cámara.

Entonces observó un papel doblado al lado de la fotografía, dejo la carpeta a un lado para tomarlo y desdoblarlo cuidadosamente, sabía perfectamente lo que era, pero aun así necesitaba verlo otra vez. Dicho papel escondía un retrato de ella, hecho por él, un regalo de cumpleaños, que le hizo hace cinco años este mismo día, acompañado de un colgante de brillante plata con un dije de una pluma, guardado entre los pliegues. Lena jugueteo inocentemente con la cadena mientras veía fijamente aquel dibujo y pensaba acerca de todo aquello.

"Es mejor que todo siga en el pasado" –Se dijo mientras guardando el colgante en uno de sus bolsillos y volvía a doblar el dibujo para meterlo en la carpeta. Seguido a esto, se marchó en silencio de ahí.

{…}

De nuevo en el salón, fue directa al sofá para quitar la gran sábana y hacerla a un lado para poder acostarse un rato, en ese momento se permitió respirar aliviada, había conseguido llegar a la capital antes de lo que pensaba por lo que todavía tenía un buen margen de tiempo antes de ocuparse de aquellos asuntos familiares. Paso un par de minutos acostada en la cómoda superficie hasta que decidió que era hora de continuar con lo que había venido a hacer, pero antes de ello necesitaba preparase- Por lo que Lena caminó hasta la cocina, más concretamente hasta la caja de plomos para subirlos todos, entonces fue hasta uno de los interruptores para pulsarlo y ver como se hacía la luz.

Una vez hecho aquello se dirigió hasta el termo para encenderlo y mientras daba tiempo a que el agua se fuese calentando abrió su maleta y sacó sus cosas de aseo para así ir hasta el baño. Ya en la mencionada habitación abrió la ducha y dejo que el agua caliente mojara su muñeca, sonrió ante aquello, por lo que rápidamente procedió a desvestirse y entrar en la ducha.

"Mil veces mejor que un orgasmo" –Dijo para sí mientras dejaba que el agua caliente cubriera todo su cuerpo, relajando cada parte de este, disfruto un poco más de aquello antes de tomar sus artículos y proceder a lavar su largo cabello y enjabonar su cuerpo, para que seguido a esto dejase que el agua arrastrase consigo todas las impurezas y suciedad que manchaban su cuerpo, dejándolo así completamente limpio.

El baño se había inundado de un embriagador olor aroma a cítricos.

Ya fuera de la ducha y de nuevo en el salón, con una toalla envuelta alrededor de su cuerpo y su húmedo cabello goteando, tomó algo de ropa de la maleta y procedió a vestirse, esta podía percibir como de su piel emanaba aquel dulce almizcle del baño. Una vez vestida se peinó un poco, pero sin llegar a secar su cabello, no quería ir con unos pelos de leona.

"Hoy te voy a necesitar más que nunca" –Dijo mientras tomaba de su maleta aquel antiguo colgante que hace más de una década se había encontrado en misteriosas circunstancias, su amuleto. Cuando ya se sentía lista tomo las llaves y sus gafas de sol antes de salir de su casa en dirección a la estación de metro que se encontraba a quince minutos de donde vivía por lo que decidió colocarse sus auriculares y disfrutar del paseo acompañada de buena música.

{…}

A varios kilómetros de distancia en la Ciudadela, el joven príncipe se encontraba en una inmensa sala de paredes de mármol con detalles en plata, con una gran vidriera que iluminaba todo el lugar y dejaba unas impresionantes vistas a la capital. Dicho lugar estaba ocupado por una alargada mesa, de madera ocre, destinada a banquetes, pero que en estos momentos estaba siendo empleada para el almuerzo que estaban llevando a cabo él junto a su padre. Las dos únicas personas que daban una señal de vida con el leve sonido que hacían con los cubiertos, dado que no se podía contar al mayordomo situado a unos cuantos metros de ellos, tan estático y en silencio, un tempano que podía pasar perfectamente por un mueble más de la sala.

Noctis estaba completamente en silencio, mirando fijamente su plato mientras movía inconscientemente su tenedor sobre la ternera, seguía serió, de nuevo todo le parecía tan inverosímil que continuaba pensando que aquello era un sueño y todo lo que veía eran simples fantasmas de una vida pasada, no era así. Levantó la vista hasta el otro extremo de la mesa para ver, tal vez, a uno de los fantasmas más dolorosos de todos. Su padre comía tranquilamente mientras repasaba algunos informes, Noctis sintió como su corazón se estrujaba ante aquello y tenía que hacer un esfuerzo sobre humano para no echarse a llorar como un niño pequeño.

"Noctis ¿te encuentras bien?" –Le pregunto su padre, se había percatado del extraño comportamiento de su hijo.

Noctis tuvo que hacer una breve pausa antes de contestarle a su padre, la necesaria como para mantener una fachada creíble.

"Sí… simplemente todavía me cuesta acostumbrarme a que todo haya acabado"

"Comprendo" –Le dijo Su Majestad.– "Sé que no debe ser fácil para ti, pero escucha atentamente hijo, en esto consiste la vida, me hubiese gustado que no lo hubieras tenido que experimentar en la forma en la que lo hiciste, pero ya no se puede hacer nada con ello; por ello lo que debemos hacer es resistir los golpes que esta nos va dando a medida que seguimos nuestro camino"

"Sí padre" – Contestó con un tono neutro.

«Ojalá fuese tan fácil hacerlo como decirlo» pensó mientras el lugar volvía a estar en silencio, ahora incapaz de llevarse algo del plato a la boca, no tenía hambre.

Después de unos minutos en así, este escucho el rechine de las patas de la silla contra el suelo y al levantar la vista vio a su padre levantándose – "¿A dónde vas?"

"Voy a salir un momento"

"¿A-a fuera?" – Preguntó preocupado ya que debido a la débil salud de su padre, no acostumbraba a abandonar la Ciudadela salvo para ocasiones puntuales y ahora no le venía a la mente ninguna de ellas.

"Sí hijo" – Dijo este divertido ante la preocupación innecesaria de Noctis.

"¿Pero a qué?" –El príncipe estaba desconcertado.

"¿Has olvidado que día es hoy?" – Fue el turno de su padre de preguntar.

Noctis se quedó en completo silencio intentando rebuscar en alguna parte de su memoria que acontecimiento tan especial para que su padre abandonara la seguridad de su hogar, así como así, pero este era incapaz de dar con la respuesta; su mente era un completo caos ahora y lo menos que quería era tener que partirse la cabeza para encontrar una aguja en un pajar. Por lo que al final se tuvo que rendir y darle a su padre una mirada que dejaba ver que no lo recordaba. Regis no pudo evitar emitir una leve carcajada ante su olvidadizo hijo

"En ese caso puedes acompañarlo y descubrirlo"

"Sí" –Contesto Noctis al instante mientras rápidamente se levantaba.

Si había aprendido una cosa durante su viaje fue valorar las cosas que uno tiene, porque no sabes cuándo estas van a desaparecer. Y una de las cosas que agradecía de esta segunda oportunidad era el poder compartir más momentos con su padre

"Vamos" –Dijo este algo agitado una vez que estaba donde se encontraba su padre.

Y así ambos salieron no sin antes de que el rey volviera reírse por tercera vez ante el extraño, pero curioso, comportamiento que tenía su primogénito.

(*****)

Lena, miraba fijamente la pared formada por grandes arcos que se disponía delante de ella, llevaba todo el día esperando justo por esto, incluso había llegado a atravesar un desierto sólo por ello. Sin embargo, aquí estaba, parada a escasos metros.

Inspiró profundamente, señal de que ya se encontraba preparada para ello o eso al menos quería creer, por lo que dio el primero de una serie de pasos que la llevaron a través de uno de los inmensos arcos hasta a aquel lugar. Momentáneamente quedó cegada por el cambio de iluminación desde las sombras que albergaban los arcos a la brillante luz del otro extremo. Ante sus ojos se encontraba una extensa pradera llena de árboles y flores por doquier, con un gran lago en medio de este, así como otra serie de pequeñas construcciones y estatuas que acompañaban la decoración del lugar. Sin lugar a dudas en aquel sitio se respiraba cierto aire pacifico.

Aunque ella no consiguiera embriagarse de este.

Llenándose de valor emprendió el rumbo a través de uno de los tantos caminos de piedra, a paso lento observaba muy detenidamente todo aquel paraíso, en especial la serie de montículos que sobresalían de la hierba, todo ellos con nombre y apellido, y una historia que ahora formaba parte del recuerdo. Su corazón latía más y más, amenazando con colapsar en algún momento, mientras ahora tomaba el camino que llegaba cerca del lago.

Dicho camino se detuvo, pero ella continuó, ahora hundiendo sus pies en la brillante hierba para a escasos metros de distancia llegar a uno de los tantos monolitos blancos que habitaban aquel lugar, sin embargo, especial para ella. Lena se quedó un momento quieto observándolo, su corazón se había normalizado, así como todos sus nervios, cualquier miedo había desaparecido, ahora era capaz de sentirlo, la paz del lugar, todo gracias a ella.

Después de tanto tiempo aún era capaz de seguir generando aquello en a pesar de que ya no se encontraba más en aquel plano. «Elena Lain» ponía la lápida.

Lena tomó asiento delante del monolito, estuvo un momento en silencio, no sabía cómo empezar ni cuáles serían las palabras correctas, por lo que acabó suspirando a causa de la frustración.

"Hola mamá" –Dijo algo cohibida, no era el mejor comienzo, pero desde luego sí el más acertado.– "Tienes que estar sorprendida de que esté aquí después de todo el tiempo que ha pasado… no hay palabras para expresar todo el arrepentimiento que siento por ello" –Hizo una pausa.– "Sé que actué mal, no debí alejarme de aquella forma… pero después de lo de papá me vi tan abrumada y superada que lo único que quería era huir, huir lo más lejos posible y olvidar. Sin embargo, aquí estoy de vuelta" –Se rio levemente de aquello. – "La abuela ya se fue, aunque supongo que ya lo sabrás, debe estar por ahí arriba haciendo de las suyas como siempre" –No pudo evitar sonreír ante el recuerdo de su abuela, una señora que jamás dejo que lo socialmente establecido hiciese mella en ella. – "Por lo que ahora sí que me he quedado sola"

Volvió a reír, pero ahora ante la amarga verdad.

"Seguro que ahora mismo me estarías diciendo que no es así, lo más probable es que tengas razón, pero no sé soy incapaz de verlo" –Lena comenzó a juguetear con sus dedos. – "Independientemente de esto, he estado pensando en regresar aquí para estar junto a vosotros, pero sé que no es lo que querías, que estuviese aferrándome a un pasado que me impidiese seguir adelante con mi vida. Pero al fin y al cabo es lo que he hecho, plantearme metas que me mantuviesen ocupada, lejos de aquí"

Lena volvió a hacer otra pausa, buscando la forma de ordenar sus ideas, era un completo desastre en estos momentos.

"Debería haber traído flores… pero sé que tú las detestas" – Se río. – "Me hubiese gustado que estuvieras algo más de tiempo conmigo" – Dijo ahora agachando la cabeza – "Que pudieras a ver visto en persona la mujer en la que me he convertido, no sólo tú, papá también. Pero sé que ambos lo habéis hecho, no de la forma en la que me hubiese gustado, pero ambos habéis estado ahí en todo momento, lo sé"

La joven levantó la cabeza mientras lágrimas se deslizaban por su mejilla, entonces se percató de que alrededor del monolito habían nacido margaritas, las cuales estaban algo mustias debido a la falta de cuidados. Plantas simples para muchos, pero para su madre tenían un significado especial, ya que significaban toda una declaración de intenciones. Elena siempre decía:

«No permitas que el mundo ahí fuera te cambie, se como eres siempre, nunca te sientas mal o triste por ello, porque eres especial. No permitas que te hundan por serlo. Vive tu vida tal y como eres, quienes te amen lo harán por eso. Se así hasta el día que te cubran en margaritas»

Lena llevó su mano hacia estas para recorrerlas con sus dedos

"Feliz cumpleaños mamá"

{…}

En otro orden de acontecimientos, en el mismo lugar, el Rey y el Príncipe acababan de llegar a la entrada de aquel paraíso terrenal, Regis observaba atentamente la imponente entrada mientras su hijo miraba la zona curiosa si saber exactamente que hacían ahí o por qué su padre se había detenido a comprar flores antes de llegar.

"Noctis" – Dijo al ver que su hijo se había quedado rezagado, rápidamente el príncipe reacciono y se dirigió hasta su padre para así emprender el camino a través de los grandes arcos al paraíso.

Ya en el otro lado, ambos caminaban en silencio, disfrutando de la paz que habitaba en aquel sitio, por lo menos así lo hacía Regis, ya que Noctis no podía parar de darle vueltas al porqué de su visita, sabía que no era por su madre. Ella no descansaba en aquel lugar, por lo que incapaz de saber por quién estaban ahí se limitó a seguir a su padre.

En poco tiempo ambos habían llegado a su destino, alejado del resto y cercano al lago se encontraba uno de tantos montículos, un monolito en forma de obelisco tallada en el más blanco y puro mármol. Cuando Noctis vio de quien se trataba no pudo evitar sentirse mal, cómo había podido olvidar a aquella persona que fue tan especial y esencial para él en su infancia, aquella a la que quiso como una madre. El joven príncipe se acercó hasta el monolito y luego se agachó para estar a la misma altura que ella.

"Veo que ya lo recuerdas" – Dijo su padre sereno mientras se colocaba a un lado de su primogénito para depositar las flores a un lado de la tumba de una de sus mejores amigas.

"No me puedo creer que lo olvidara" – Dijo este – "Que hoy era su cumpleaños"

"No te culpes de ello hijo, todavía eras muy joven y ella se marchó cuando apenas te recuperabas de tus lesiones"

"Aun así eso no son escusas papá, ella significo tanto para mí, en parte soy quien soy hoy en día gracias a ella"

Regis no pudo evitar reírse de aquello, ya que lo dicho por su hijo le había transportado de lleno a otra época, una llena de muchos recuerdos, entonces vio como su Noctis lo miraba un tanto curioso debido a su risa

"Recuerdo la forma en la que te encaprichaste con ella"

Noctis no pudo evitar sonreír ante lo dicho por su padre mientras volvía a mirarla. – "Y eso que al principio no quería ni verla en pintura"

"Después no te despegabas de ella" – Le dijo su padre feliz – "Recuerdo que no parabas de decirme que querías que me desposara con Elena para que así se convirtiera en tu madre"

Esta vez fue Noctis el que no pudo evitar reír ante el recuerdo de ello, su plan para hacer que su padre y Elena se casarán y así formasen una familia, lo que él siempre había querido.

"Menudo rapapolvo me llevé cuando me enteré que ya estaba casada"

"Y que tenía una hija" – Añadió su padre.

Noctis sonrió ante aquello, todavía era capaz de recordar todos aquellos momentos como si hubiesen ocurrido ayer y no hace años, sin lugar a dudas momentos en los que recordaba ser más feliz que ahora. Tiempos en los que la vida era mucho más sencilla y menos sórdida y oscura.

"¿Todavía sigues manteniendo su casa limpia?" –Preguntó Noctis.

"Sí" – Contestó su padre tranquilamente mientras observaba el lago.

"No te diré que no lo sigas haciendo porque es una pérdida de tiempo, a fin de cuentas, eres el rey y ya hemos tenido está charla muchas veces" –Dijo el príncipe. – "Pero sabes que ella no va a volver, me lo dejo muy claro aquella noche" –Mencionó ahora con un tono más triste.

"Es cierto. Pero también es cierto que podría volver, por lo que qué menos que tenerlo todo preparado, hacerla sentir que se encuentra en casa, que Insomnia sigue siendo su hogar" – Dijo el rey sin poder evitar recordar a la joven Lain, aquella curiosa niña que correteaba por todo el castillo intentando desvelar y comprender los secretos que este escondía en su interior.

Por otro lado, a Noctis le gustaría que las palabras de su padre fuesen realidad, ya que después de todo él era incapaz de olvidarla. Siempre se preguntó si tan sólo las cosas hubiesen sido diferentes, cómo hubiera continuado su historia. Sin embargo, ya había aprendido la lección y sabía que cuantas menos ilusiones se hiciese la bofetada sería más suave.

Noctis suspiró para percatarse ahora de las vividas margaritas que adornaban la tumba de Elena, estaban radiantes, llenas de vida, y emitían un dulce aroma.

"Te dejo un momento a solas" –Le dijo a su padre mientras se levantaba y comenzaba a caminar en dirección hacia la salida.

Noctis andaba tranquilamente, en silencio, con las manos dentro de su bolsillo, hasta que finalmente su camino le llevó a la entrada del complejo, tomó su móvil para mandarle un mensaje a Prompto para dar una vuelta por la ciudad ya que desde que llegaron de su aventura apenas se habían visto. Por lo menos pasar un rato con uno de sus mejores amigos le ayudaría a despejarse.

Mientras esperaba su respuesta llevó su vista a los alrededores del lugar, la ciudad se veía tan normal como siempre, y no como las ruinas desoladas que hace escasos días recordaba. Los ciudadanos caminaban tranquilamente de un lado a otro, sin saber lo que alguna vez paso. Él era el único que sí lo sabía.

De pronto su móvil sonó, señal de que su amigo había leído el mensaje y le había dicho que sí por lo que distraídamente comenzó a chatear con él para fijar el lugar y la hora a la que se verían hasta que de repente este sintió algo. No sabía exactamente el qué, pero aquello hizo que este levantase la cabeza, curioso, para saber qué era. No había nada fuera de lo común, ni tampoco nadie conocido, sin embargo, aquello no era del todo cierto, ya que a lo lejos este pudo ver a alguien, una chica de espaldas a él que se alejaba del lugar. De pronto sintió la tentación de ir tras ella sólo para ver quién era.

Pero fue incapaz de dar un paso ya que sintió como alguien posaba una mano en uno de sus hombros, al darse la vuelta, algo sobresaltado, vio a su padre; rápidamente giro la cabeza, pero ella ya no estaba.

"¿Ocurre algo hijo?"

"No nada" – Dijo negando con la cabeza – "¿Volvemos ya a la Ciudadela?" – Su padre asintió.

Estos emprendieron su camino de regreso al coche y en todo el trayecto de vuelta a casa, Noctis no podía quitarse de la cabeza lo que hace un rato había pasado. «¿Quién sería?»Pensó mientras miraba por la ventanilla el arrebol.

Al ver los suaves colores que pitaban el cielo, Noctis no pudo evitar sonreír, tenía tantos buenos recuerdos asociados a algo tan simple, pero a la vez tan mágico, como eran aquellas luces que coloreaban el firmamento.

(*****)

Tiempo después y en otro extremo de la ciudad, en lo que una vez fue su hogar, Lena se encontraba tranquilamente descansando en el sofá, ojeando unos documentos en su móvil acerca de una de las tantas expediciones que esta había realizado, esta, en particular fue una que llevó a cabo poco después de que Altissia se hubiese visto sacudida por la tormenta que fue Leviathan. Pensar en los días antes al suceso era extraño, sus recuerdos acerca de lo ocurrido eran un tanto difusos.

Pero dejando eso a un lado y volviendo al presente, los descubrimientos de la expedición habían contentado, como siempre, al colegio de arqueólogos por lo que además de otro merito que se sumaba ya a su extenso curriculum, cada vez contaba con más cancha libre para hacer las expediciones que quisiera. Por lo que era cuestión de tiempo que los altos mandos aceptaran la propuesta que estaba preparando, de explorar un antiguo monasterio perdido en el tiempo y la nieve de una cordillera montañosa alejada de cualquier contacto con el mundo moderno. Probablemente lo haría cuando volviera a casa.

Dejando su móvil a un lado, se quedó mirando el techo durante un breve periodo de tiempo, con la mente en blanco, hasta que finalmente decidió incorporarse. Lena se acomodó la parte baja de su sudadera que con el movimiento se había subido, aquello era una costumbre suya, mientras algunas usaban bonitos y sofisticados pijamas, otras, ropa de andar por casa; ella usaba sudaderas de todo tipo. De una gran variedad de colores, de la más fresca a la más cálida. Sólo había una regla, cuanto más grande mejor.

La morena observo los restos de la cena que había encargado a un vegetariano de la zona, para sin más recogerlos y llevarlos a la cocina. Una vez que vio como caían por el agujero negro que era la papelera y quitar el pie de la palanca, negándoles así la luz a los restos de tofú y espinacas entre otros, fue a lavarse las manos para seguido a esto abrir la nevera y sacar un pequeño plato que portaba un cupcake de chocolate negro con topping de crema ce coco. Dejó el pequeño plato sobre la isla de la cocina para ir a otro extremo de la cocina y sacar de una bolsa que había dejado a su vuelta un paquete con velas de cumpleaños, de entre todas las que había optó por la blanca con verde agua, para seguido a esto tomar de uno de los cajones un mechero.

Una vez que había bajado las luces de la cocina hasta dejarla casi en la penumbra, volvió a donde había dejado el postre para hundir la vela en medio de este y proceder a encenderla, la tímida llama iluminaba levemente el lugar. Lena se encorvo levemente, recostando un poco sus brazos sobre la encimera, para que su cara estuviera a escasos centímetros de la vela y mientras sus ojos se perdían en el danzar del fuego, pidió su deseo antes de soplar suavemente haciendo que la llama desapareciera con la corriente.

"Feliz cumpleaños a mí también" –Dijo esta mientras contemplaba la delgada columna de humo blanco.

Cuál había sido su deseo de nuestra forastera, fácil, dejar de sentirse sola.

{…}

Por otro lado, cierto rubio se encontraba caminando por la calle, iba a paso lento y con cara de agotamiento, la cual se intensificaba al recordar la subida que le esperaba para llegar a su casa. La tarde que había pasado junto a Noctis había sido genial, pero también bastante agotadora, el príncipe por una vez en su vida había mostrado interés por el hobby del rubio, quizás demasiado, ya que se había empeñado en patear toda la ciudad para buscar sitios, los cuales, a su juicio, fueren perfectos para sacer fotos. En un principio Prompto se había ilusionado, pero eso fue antes de que Noctis lo llevar de aquí a allá, de un extremo a otro en busca de «lugares especiales» así había dicho el pelinegro.

Como consecuencia por un lado los pies del rubio amenazaban con colapsar en cualquier momento y por el otro la tarjeta de memoria de su cámara estaba hasta los topes de increíbles fotos de toda Insomnia. Por lo que pesar de todo el dolor, los resultados habían sido increíbles, además volver a estar en compañía de su mejor amigo de nuevo había sido un plus añadido.

A pesar de todo esto, Prompto fue incapaz de no darse cuenta de que en ciertos momentos el rostro de Noctis albergaba cierta tristeza la cual al principio no le prestó atención, pero a medida que el tiempo pasaba vio que en más de una ocasión esta volvía inundar el rostro del príncipe. Por lo que inevitablemente acabo preocupándose, pero cuando finalmente el fotógrafo se atrevió a preguntarle a su amigo lo único que consiguió fue que este se cerrara en banda y evitase el tema con otras cosas.

Por lo que finalmente tuvo que desistir, ya había vivido esto otras veces y sabía que hasta que Noctis no estuviese preparado para contar qué era lo que lo atormentaba nadie conseguiría sacarle nada, así que lo mejor era que el tiempo pasara. Al final este siempre era capaz de curarlo todo.

Finalmente, Prompto llego a la intersección, donde no pudo evitar suspirar al ver la pendiente que llevaba a su casa, la cual jamás le importó subir dado que no era gran cosa, pero en su estado actual cualquier cosa que supusiera un sobre esfuerzo, por muy simple que fuese era una maldición. Por lo que finalmente el rubio decidió hacer un pequeño descanso, en el que sacó su cámara para tomar unas cuantas fotos nocturnas de su barrio. El filtro que daba la noche siempre le había parecido mágico.

En una de esas, pudo observar algo peculiar a través de la lente de la cámara y era que, a unos cuantos metros de distancia, en cierta casa se encontraban las luces encendidas, el rubio bajo lentamente la cámara para ver si aquello sólo había sido un simple efecto de la cámara. Pero no era así, las luces de la planta baja de la casa de los Lain estaban encendidas.

"Imposible" –Dijo Prompto. – "Lena se marchó hace más de cuatro años, de la noche a la mañana, sin dejar ninguna nota y por lo que Noctis me contó era para siempre"

El rubio estaba confundido, durante algún tiempo deseo ver aquellas luces de nuevo, pero era un deseo que fue perdiéndose con el tiempo, su amiga jamás volvería, por lo que ver aquello era cuanto menos desconcertante para él. Por lo que la primera idea que cruzó su mente fue que algún bandido se había adentrado en la casa de los Lain para hacerse con alguna de las cosas que estos habían dejado atrás. Aquello no lo podía permitir, por lo que rápidamente guardo su cámara y fue directo a investigar.

{…}

"Mierda" –Maldijo Lena mientras se limpiaba ya que al morder el cupcake, parte de la crema le entro en la nariz. – "Ahora todo me va a oler a coco" –Se quejó mientras dejaba en su sitio el postre para ir al fregadero y echarse algo de agua.

Una vez que la crema había desaparecido de sus fosas nasales, comenzó a secarse la cara, pero paró en seco, había escuchado algo que hizo que lentamente fuse alejando el paño de su cara y dejarlo en algún lado. «Deben ser imaginaciones mías» pensó mientras se acercaba hasta la entrada de la cocina y asomaba su cabeza. No había nadie, aun así juraba haber escuchado un ruido, por lo que integrada se adentró en el salón para investigar, pero sólo pudo dar un par de pasos antes de que aquel sonido volviese a aparecer; haciendo que se quedase completamente estática al saber que era.

«La cerradura» pensó.

Internamente entró en pánico al saber que alguien estaba intentando forzar la cerradura, había estado en cientos de situaciones peligrosas, pero jamás ante un allanamiento de morada este era el primero para ella. El primero en el que Lena no era la que se colaba en la casa de otro.

"Puto Karma" – Susurró por lo bajo mientras comenzaba a moverse un lado a otro de otro de la habitación nerviosa, no sabía qué hacer, debía mantener la calma, no podía verse superada. Eso fue hasta que escuchó un «crack» por parte de la cerradura y se vio en la necesidad de gritar, internamente.

Aquello había sido la señal de que el tiempo se le agotaba y tenía que actuar cuanto antes, una opción era la policía, pero tardarían en llegar y el tiempo iba en su contra; por lo que rápidamente optó por la opción más razonable en aquel momento, defenderse. Rápidamente tomo su móvil y se lo guardo, para seguido a esto correr a la cocina y coger de uno de los cajones una sartén, la más grande y robusta que había. Seguido a ello una cucharilla y como el rayo se dirigió a la caja de plomos que estaban a un lado de la entrada de la cocina.

"Desearás no haber puesto un pie en esta casa" –Dijo mientras miraba hacia el pasillo de la entrada para seguido a esto abrir la caja y sin vacilación alguna bajarlos todos.

La oscuridad engullo todo en el acto, su plan era sencillo, puede que rudimentario, pero altamente efectivo a su modo de ver las cosas. De pronto escuchó como la cerradura finalmente cedía y se colocó en su puesto, entre el marco y la caja, agarrando fuertemente y nunca mejor dicho la sartén por el mango.

Por otro lado, y al mismo tiempo, un cauteloso Prompto conseguía abrir la puerta de la entrada, la cerradura seguía puesta por lo que aquel ladrón debía ser bastante bueno, razón de más por la que el rubio debía estar más atento. El lugar estaba completamente a oscuras, lo que significaba que fuese quien fuese el que estuviese ahí sabía de la presencia del rubio, Prompto cerró la puerta detrás de sí para evitar cualquier posible fuga y comenzó a adentrarse en el oscuro lugar.

Al principio le costó un poco, pero en poco tiempo su vista se había adaptado a la penumbra del ambiente para descubrir que a través del pasillo había accedió ahora al salón. Observó de un lado a otro, pero no había nadie por lo que pensó en adentrarse escaleras arriba en busca de aquella persona hasta que de pronto escuchó un ruido metálico en medio de todo aquel silencio, el de un cubierto que caía contra el suelo. Dicho sonido procedía del otro extremo de la sala, por lo que tragando fuertemente se en caminó hasta la puerta que había del otro lado.

Desde esa posición, Lena podía escuchar como el desconocido se acercaba hacia ella, había picado el anzuelo y ahora lo único que tenía que hacer era que esperar el momento idóneo. Sus nervios estaban a flor de piel con cada paso que daba el extraño, el crujir de la madera anunciaba que este estaba cada vez más cerca, por lo que tuvo que aguantar su respiración con tal de no ser delatada. Su corazón iba cada vez más rápido, casi amenazando con colapsar, podía escucharlo a la perfección, como si lo tuviese pegado al oído. De repente los pasos cesaron y esta se agobio, algo no iba bien, giró levemente su cabeza hacia la entrada, pero era incapaz de ver nada.

De pronto pudo ver como una mano atravesaba el marco y se colocaba justo encima del interruptor, el cual pulso un par de veces sin efecto alguno, Lena casi grito al ver que su mano estaba a escasos centímetros de su cintura, pero se contuvo. Esta volvió a alzar la vista y entonces vio como una figura cruzaba la puerta, por lo que sin vacilación alguna cargó con todas sus fuerzas y lanzó el utensilio enérgicamente contra el desconocido.

Un sonoro retumbar metálico se escuchó por toda la casa seguido de algo pesado que caía fuertemente contra el suelo acompañado de quejidos.

Lena había dado en el blanco, podía sentir la adrenalina por todo su cuerpo, pero aquello no había acabado todavía, así que sin perder tiempo subió los plomos para seguido encender las luces y sacarse el móvil de las bragas para marcar el número de emergencias, su agresor seguí en el suelo, quejándose.

"Nueve, uno, uno, ¿En qué podemos ayudarle?" –Dijeron del otro lado.

"Sí, hola" –Respondió mientras se colocaba el Smartphone en el hueco de su cuello. – "Quería denunciar un allanamiento" –Dijo mientras se acercaba hasta el marco de la cocina y pasaba su mano al otro lado para encender la luz del salón, era hora de descubrir la identidad del desconocido.

"Por supuesto, ¿Cuál es su dirección?" –Preguntó la operadora.

Pero cuando la luz se hizo, Lena se quedó completamente helada al ver quién era el misterioso y, ahora, para nada desconocido intruso al cual la sangre le escurría de su nariz imparable a través del tapón que este intentaba hacer en vano, con sus manos. Inconscientemente dejó caer la sartén.

"¡¿Señorita se encuentra bien?!" –Preguntó la mujer preocupada.

Rápidamente Lena salió de su lapsus para contestar. – "¿Eh?... ¡Sí, sí! Lo siento ha sido un malentendido, perdone las molestias" –Se disculpó para rápidamente colgar.

Esta no pudo evitar suspirar al ver al chico rubio que se retorcía en el suelo a causa del dolor, que ella le había propinado razón por la cual no pudo evitar sentirse un poco mal; finalmente acabó suspirando. El pasar desapercibida oficialmente se había ido a la mierda.