Chapter 2.
(The Outsider)
"¡Jode, joder! Mi nariz" –Se quejaba un adolorido Prompto. – "Pero a ti ¡Qué coño te pasa tío!"
El rubio llevó su vista al agresor, pero al ver quien era en realidad se quedó petrificado. Él era en realidad ella, y ese ella no era nada más y nada menos que la mismísima Lena Lain. Prompto se froto los ojos creyendo que estaba viendo una alucinación, pero no era así, ella estaba ahí, delante de él, en carne y hueso.
"Para, te estás extendiendo la sangre por toda la cara" – Lena se colocó a su altura para inspeccionar la herida. – "Joder" – No pudo evitar decir esta.
"¿Qué ocurre?" –Preguntó alarmado el rubio mientras se llevaba el dorso de la mano a los huecos de su nariz para taparlos, pero rápidamente Lena lo tomó de la mano para que los volviera a dejar libres. Prompto sintió como el corazón le iba ahora a cien, debido al cálido toque de la chica, hacía tiempo que no recordaba aquello.
"No lo tapones, tienes que dejar que fluya…Bueno, no hay heridas externas, así que no te preocupes por tu rostro" – Ambos rieron levemente ante el comentario. – "Sin embargo he descolocado el tabique"
"¡Qué!" –Prompto se había alarmado. – "¿Y qué vas a hacer?"
"Tú qué crees" – Preguntó arremangándose el suéter para no mancharlo.
"¡No Lena no!"
"Tengo que hacerlo ahora en caliente, sino después será peor" –Sentencio la chica. – "Será rápido"
"¡No!" – Dijo Prompto manoteando la mano de la chica.
"¡Prompto no seas crío!"
"Me va a doler, ¿No tienes nada que sirva de anestesia?"
"Sí claro" –La suave sonrisa consiguió calmar al rubio. – "Ahí" – Entonces el rubio siguió con la vista a donde señalaba ella, para ver a escasos centímetros de ellos la sartén que había usado para atizarle.
"¡No!" –Gritó este otra vez echándose para detrás cuando vio que Lena casi lo pilla desprevenido.
"¡Prompto compórtate!" –Le regañó, cada vez estaba perdiendo más la paciencia.
"¡No quiero!"
Lena suspiro ante la terquedad del rubio. – "A la mierda" –Rápidamente se abalanzó sobre el rubio en un intento de pillar su nariz.
"¡Lena no!" –Grito mientras se echaba para atrás sin embargo fue demasiado lento, ya que en cuestión de segundos sintió como los suaves dedos de la chica se aferraban a su nariz. Un leve «crack» se escuchó en el salón seguido a un grito de dolor por parte del rubio.
{…}
Varios minutos después, ambos se encontraban todavía sentando en el suelo, con la diferencia que ahora Prompto sostenía una bola de papel manchada de sangre que de vez en cuando se llevaba a la nariz para limpiar la poca que se escurría, por lo menos la hemorragia se había detenido. Por otro lado, Lena se encontraba delante de él secándose las manos tranquilamente.
"No has cambiado en todo este tiempo" –Puntualizó. – "Sigues siendo la misma bruta que hace cinco años"
"Y tú sigues siendo el mismo melodramático de siempre" – Señaló ella mientras dejaba el paño a un lado para mirarlo.
Inevitablemente ambos comenzaron a reír.
"Me alegro de verte" –Le dijo Prompto una vez que calmado de su ataque de risas.
"Yo también"
"No sabía que estabas de vuelta"
"En realidad sólo estoy de paso" – Le informó. – "Simplemente vine a hacerle una visita a mi madre, hoy… bueno más bien ayer fue su cumpleaños y hacía tiempo que no iba a verla. He estado un poco de aquí para allá durante todo este tiempo"
"¿Y eso? Pensaba que ahora vivías en Altissia" –Dijo Prompto curioso.
Lena siempre había sido un misterio para él, nunca dejaba que la gente supiese mucho acerca de ella, a pesar de ser grandes amigos sólo le permitía saber lo que quería. Desde su punto de vista, Noctis fue el único que capaz de tener acceso a todo. Por lo que ahora, que por una vez en su vida parecía dispuesta a contar cosas no lo iba a desaprovechar. Cinco años no parecen gran cosa, pero es suficiente tiempo para que ocurran cosas increíbles.
"Trabajo"
"¿Trabajo?"
Esta asintió – "Soy arqueóloga, por eso siempre estoy de un lado para otro"
A Prompto se le ilumino la cara. – "¿Arqueóloga?" –Esta asintió. – "¡Lena, eso es puto alucinante!" – Expresó con emoción, la morena rio ante su efusividad.
"Lo es"
"No sé, siempre pensé que serías algo así como política o abogada, ya sabes cosas serias"
"¿Cosas serías?" – Preguntó levantando una ceja.
"Si bueno, tú sabes, en la secundaria siempre fuiste muy sería, constantemente centrada en lo tuyo, no muchas veces te veía divirtiéndote"
"¡Claro que me divertía!" –Se defendió.
"Bueno tienes razón, tú fuiste la que se coló en el despacho del director para buscar mi cámara" –Ambos se rieron ante aquel recuerdo. – "Simplemente arqueología me parece demasiado divertida para la imagen que tenía de ti"
"Es algo tan serio como lo que me has dicho, nosotros descubrimos el pasado, lo que fuimos y lo que ha hecho que seamos lo que somos ahora"
"Y dime, ¿has hecho algún descubrimiento importante?"
"Puede que alguno que otro" –Dejó caer con falsa modestia. – "Hace poco volví de una expedición en unas tierras lejanas. Dios Prompto tenías que haberlo visto. Encontramos toda una polis en perfecto estado en medio de la jungla. No se puede explicar con palabras, el descubrir algo que se creías perdido o una leyenda, demostrar que es verdad" –Ante sus palabras el rubio no pudo evitar sonreír al ver como le brillaba el rostro, se notaba que aquello la llenaba y en cierta formaba se alegraba de que su hubiese marchado.
"Tiene que ser una pasada"
"Lo es, sabes ahora que lo pienso, ¿Todavía sigues con ese hobby de la fotografía?"
"¿Hobby?" – Dijo Prompto falsamente ofendido.
"Perdón" –Se disculpó. – "Cierto, no es un hobby, es un estilo de vida" –Parafraseó las palabras que una vez le dijo su amigo. Aquello lo hizo sonreír.
"¡Todavía te acuerdas!"
"Pues claro, me jugué mi puesto en el cuadro de honor por tu estilo de vida" –Dijo divertida haciendo referencia al incidente con la cámara.
"Pues sí, soy un fotógrafo y no es por echarme flores, pero soy bastante bueno"
"Bien, a lo que iba, necesito de un fotógrafo que me ayude con toda la recopilación de fotos de los descubrimientos que hacemos… y si es bueno mejor"
Esta vez fue el turno de que a Prompto se le iluminase la cara.
"¡¿Dónde hay que firmar?!"
"No te aseguro que te pueda llevar a nuevas expediciones ya que algunas a lo mejor son peligrosas, pero sí podría llevarte a los sitios que ya se han descubierto"
"Lena por favor, ya no soy aquel que conociste una vez, he cambiado, ahora soy capaz de cuidarme por mí mismo"
"Bueno eso ya lo discutiremos largo y tendido en otro momento, ahora dejemos de hablar de mí, quiero saber ¿qué has hecho durante todos estos años? –Preguntó mientras se acomodaba en su lugar.
"En realidad no he hecho gran cosa, me gradué…"
"Eso ya es algo bastante gordo" – Lo interrumpió con diversión, a lo que este le contestó con una mueca.
"He perfeccionado mi fotografía y bueno poco más, vivir la vida en general"
"Ya veo…Y ¿nada más?" –Preguntó cautelosa, tenía curiosidad sobre aquel tema, pero debía ser cuidadosa había oído cosas que decían que aquello fue algo bastante complicado.
"Bueno" –Prompto se rascó la nuca. – "Ayudé a Noctis y a los demás en su lucha contra el Imperio, seguramente ya lo sabías, está por todos lados"
"He oído cosas, pero jamás quise profundizar, sólo sé lo básico"
"¿Cuánto de básico?"
"Poco más de que el imperio quiso firmar un acuerdo de paz, el acuerdo fue una trampa, atacaron la ciudad, robaron el cristal, el rey resultó herido de gravedad, tuvieron que pasar a la clandestinidad y poco más"
"Eso sólo fue la punta del iceberg, sin darnos cuenta no sólo acabamos luchando contra el Imperio por recuperar el cristal, sino por también evitar que una antigua maldición sucumbiera el mundo en la oscuridad"
"Sí, la Plaga de las Estrellas" –Dijo esta. – "¿Cierto?" –El rubio asintió
"El mundo entero se enteró rápidamente de lo que estábamos haciendo"
"No todos los días se ve a los dioses descender del cielo" – Añadió Lena.
"Y creo que eso sólo empeoro las cosas, era bonito contar con el apoyo de las personas, pero también era un lastre. Saber que todos tenían sus esperanzas depositadas en ti se convierte en un peso en los hombros, a lo que se sumaba que todo era una lucha tras lucha sin llegar a tener un respiro" –Prompto hizo una pausa. – "Llegué a pensar más de una vez que jamás vería el fin de todo aquello, que me quedaría en el camino"
Lena nunca dijo nada, su amigo se estaba desahogando de algo que llevaba carcomiéndolo en lo más profundo de su ser, por lo que mejor era dejar que se liberara de todo aquello.
"Por eso te dije que ya sé cuidarme por mí mismo, aquella aventura nos dejó secuelas a todos, unas más profundas que otras y la verdad ya ni soy capaz de reconocerme a mí mismo"
Prompto sintió una leve presión en su muñeca, suave y cálida, no se había dado cuenta en qué momento había agachado la cabeza y entonces vio la mano de su amiga alrededor de su muñeca. Aquello se sentía bastante reconfortante, un don que tenía ella, con un solo toque podía transformar todas las penas de una persona en paz y armonía. Levantó lentamente su rostro para ver una amable sonrisa y unos ojos que le trasmitían fuerza y seguridad. Las palabras nunca habían sido tan innecesarias como en aquel momento, era curioso lo que el contacto humano era capaz de hacer con un alma rota.
Sin pedir permiso, él sabía que no era necesario, cortó la distancia con la chica para poder abrazarla, un contacto más que reconfortante, capaz de alejar cualquier tormenta interna. – "No sabes lo que te he extrañado" –Le susurró Prompto mientras se aferraba más a ella.
Lena nunca dijo nada, no creía que fuese necesario, simplemente se limitó a corresponderle el abrazo, de hacerle sentir que ella estaba ahí para él.
"Ya va siendo hora de que me vaya" –Dijo mientras se separaba de ella para levantarse y luego ayudarla.
"¿Seguro? Te puedes quedar a dormir si quieres"
"No tranquila, además mañana me espera un día muy importante…" –De repente su amigo se quedó completamente mudo, estaba pensando algo, algo que Lena presintió que no iba a ser nada bueno. – "¡Ya sé!" –Gritó sobresaltándola.
"¿Qué sabes?"
"Mañana se va a celebrar en la Ciudadela una fiesta como conmemoración de todo esto, vente, como mi acompañante" –Dijo emocionado.
Sin embargo, a diferencia de la emoción de Prompto a Lena le invadió una sensación de pánico al instante ante lo propuesto, no quería hacerlo, por supuesto que no. Después de lo mal que acabo todo no quería poner un pie en aquel sitio y mucho menos tener que verlo a él, en especial a ÉL.
"No" –Sentenció esta fría, al instante la cara de su amigo cambio, no se lo esperaba.
"¡Qué! ¿Por qué?"
"Me faltarían dedos para poder enumerarte todas las razones por las que es una mala idea"
"Oh vamos Lena, no seas así"
"No Prompto, no quiero ir, no me sentiría especialmente cómoda ahí… hay demasiadas cosas que aún no han cicatrizado" – Respondió susurrando lo último.
"Pero todos se alegran de verte, en especial…" –Pero no pudo continuar dado la mirada mortal que le recibió.
"Está bien, lo pillo" –Dijo levantando las manos en señal de rendición. – "Pero me gustaría que lo hicieses por mí"
Cuando dijo aquello, la morena no pudo evitar revolverse, Prompto estaba jugando sucio y lo sabía, estaba recurriendo al factor emocional y cuando recurría eso ella llevaba las de perder «Esta vez no, amigo» pensó mientras se colocaba en su posición mejor, imponente, él no la iba a doblegar.
"No" –Volvió a repetir, pero entonces su amigo se sacó otro as de la manga, nada más y nada menos que aquella mirada de cordero degollado. Eso sí que fue un golpe bajo, Lena intentaba mantener el contacto visual, pero le era imposible.
Finalmente, acabó suspirando. – "Joder, está bien, tú ganas"
"¡Sí!" – Grito este emocionado.
"Pero tengo mis condiciones" –Advirtió. – "Lo hago sólo y únicamente por ti, lo que significa que primero no estoy obligada a charlar con los demás invitados y segundo, y más importante, no quiero ver ni de coña a la familia real. ¿Me has oído?"
"Sí señora, aunque lo segundo va a ser algo complicado dado que no sé si lo sabes, pero vamos a su casa"
"Pues apáñatelas. Ahora en serio Prompto, esto lo estoy haciendo por ti, eres mi amigo y te aprecio, pero vamos a ser claros; no tengo el jigglypuff como para que me lo estén tocando"
Prompto no pudo evitar reírse de la metáfora preferida de su amiga, hacía tiempo que no la escuchaba. – "Déjalo todo en mis manos, yo me encargaré de que así sea"
"Genial, ahora largo" – Dijo para darle la vuelta y comenzar a empujarlo hasta la entrada.
"Gracias Lena" –Habló una vez en el exterior de la casa.
"Sabías que iba a acabar cediendo ¿cierto?"
El rubio sonrió con complicidad. – "Soy muy bueno convencido a la gente, así aprobé matemáticas en la secundaria"
"Lo hiciste porque me disté pena y acabé ayudándote" –Rectificó ella mientras se cruzaba de brazos.
"Si quieres quedarte con esa versión de la historia"
"Largo" – Repitió.
"Buenas noches Lena, nos vemos mañana"
"Buenas noches Prompto"
Una vez que esta se había quedado sola no pudo evitar suspirar – "Joder en menudo berenjenal me he metido… y yo que quería pasar inadvertida"
De camino a su habitación Lena repasó la conversación con el rubio, todavía no sabía muy bien por qué de pronto la idea de contratarlo como fotógrafo para sus misiones, si se suponía que no quería mantener contacto alguno con nadie. Pero la conversación había sido tan fluida y espontánea, que era como si el tiempo no hubiese terminado de pasar entre ellos y todo surgió así sin más. Como solía ocurrir en las grandes amistades.
(*****)
Al día siguiente, Lena despertó con la sensación de que todo había sido un sueño, muy a su pesar aquello nunca era así, se había reencontrado con uno de sus mejores amigos lo cual agradecía, sin embargo, la sonrisa se le desdibujaba cuando recordaba que esa noche tendría que asistir al único sitio de todo el planeta que jamás quería volver a pisar. Pero sabía que era por una buena causa, por lo que simplemente se lo tomaría con filosofía.
"Y comprado" –Terminó de teclear unas cosas en su portátil, había comprado un billete de autobús con destino a Altissia. – "Sólo es un día más, mañana estaré de nuevo en casa" – Se dijo así misma mientras cerraba el dispositivo y lo dejaba a un lado.
¿Aquello le daba ánimos para afrontar el día que le esperaba? La verdad sea dicha, no.
Seguido a esto esta se levantó del sofá y camino hacía su maleta, donde comenzó a rebuscar entre toda la ropa que tenía. – "Joder" –No pudo evitar quejarse– "No tengo nada que ponerme… nada lo suficientemente elegante para esta noche"
Lena miró el reloj de su muñeca, todavía le quedaban cinco horas antes de que Prompto la viniese a recoger. –"Fantástico" –Dijo mientras corría hasta la entrada de su casa para ponerse los zapatos, no tenía tiempo que perder, debía ir al centro, buscar un vestido, regresar a su casa y prepararse para cuando el rubio viniese a por ella. Desde luego que iba a ser una carrera contrarreloj.
Salió rápidamente de su casa y corrió todo lo que sus pies dieron hasta la boca de metro más cercana, una vez ahí compró un billete para pasar el control e ir escalares abajo, para su suerte el metro estaba justo llegando para cuando había llegado a la parada por lo que fue cuestión de minutos que estuviese de camino hacia el centro de la ciudad. Miró nuevamente su el reloj, había perdido un total de quince minutos en llegar y el trayecto duraría media hora, iba bien, pero no se podía dormir en los laureles.
Una vez que llego a su destino, esta se dispuso a continuar, sin embargo, no pudo evitar detenerse unos instantes cuando al salir al lado suyo dos niños pequeños entraron al vagón, un niño y una niña entorno a los diez años. Aquello hizo que tuviese un flashback. Rápidamente buscó a algún adulto que los estuviera acompañando y a los pocos segundos vio a quien debía ser su madre yendo detrás de ellos. Las puertas se cerraron frente a ella, por el cristal veía a los niños charlando tranquilamente mientras el vehículo se ponía en marcha, lo siguió con la vista hasta que se perdió en la oscuridad del túnel. Durante unos minutos, estuvo ahí de pie, sin moverse, con la vista fija en el túnel. Una tenue sonrisa se dibujo en su rostro. Sin más se dio la vuelta y continuo.
{…}
Ya en plena calle comenzó a caminar de un lado a otro en busca de posibles tiendas, sin embargo, sabía que cualquier tienda no valdría para un evento como tal, por lo que, para su desgracia, y a medida que pasaba el tiempo, esta se veía más en la obligación de recurrir a algunas de esas boutiques de alta costura.
«Si al final la gracia me va a salir cara» pensó mientras ponía rumbo a una de las avenidas más importantes de la ciudad, donde encontraría no una sino decenas de tiendas de la más alta costura.
Finalmente había llegado a su destino y tampoco se desvivió mucho por elegir una posible tienda, la elección fue tan fácil como entrar en la primera que tenía la vidriera más bonita a su parecer. Una vez dentro, fue golpeada por un poderoso perfume que bañaba todo el lugar, no le parecía desagradable, pero pasado un tiempo podía resultar empalagoso. Lena echo un rápido vistazo al lugar, todo era sumamente lujoso, sofisticado y recatado. Justamente todo lo que no era ella. Esta sin saber muy bien por dónde empezar comenzó a deambular por el lugar en busca de aquel posible vestido, sin embargo, ninguno le llamaba la atención, todos eran demasiado excesivos para su gusto.
Por lo que al ver que estaba perdiendo el tiempo estuvo a punto de irse hasta que sintió como alguien le tocaba el hombro.
"La puedo ayudar" –Le dijo una de las tantas dependientas que había por el lugar, la primera que le prestaba atención.
"Pues la verdad es que sí, me han invitado a un evento bastante importante y estaba buscando un vestido que se ajustara a dicho evento" –Dijo omitiendo en cualquier momento mencionar a la familia real.
"¡¿No me digas que estás invitada a la gala de esta noche en la Ciudadela?!" –Preguntó la dependienta mientras se le iluminaban los ojos.
"¿Cómo lo ha deducido? Ni lo he mencionado"
"Cariño es de lo único que se habla, y no es un evento, es el evento" –Recalcó. – "Lo cual es un gran privilegio"
"Sí, lo sé, por ello buscaba algo cómodo y elegante, y que no fuese tan…. Esto" –Acabo diciendo mientras señalaba a uno de los tantos escaparates con vestido
"Entiendo" –Le dijo la dependienta para seguido comenzar a escanearla de arriba abajo muy detenidamente. – "Creo que tengo justo lo ideal para ti, te resaltara ese cuerpo que tienes y es bonito sin ser cursi ni sucio sin ser obsceno"
«¿Eso debería tranquilizarme?» pensó mientras era arrastrada a uno de los tantos probadores, donde la dependienta la dejó para que se desvistiera mientras ella iba a buscar el vestido.
Un rato después, escuchó la voz de la chica y momentáneamente un grito de admiración, por lo visto aquella dependienta se había topado con alguien bastante importante debido a todas las alabanzas que esta decía. Poco después Lena vio como una mano atravesaba la cortina de satén negro acompañada de una prenda peculiar.
"Aquí tienes cariño, tomate tu tiempo"
«¿Cómo coño se pone esto?» fue lo primero que pensó Lena cuando ya tuvo el vestido entre sus manos. – "Ya entiendo porque dijo que me tomara mi tiempo"
Dicho vestido era de satén negro, conformado por dos piezas: falda que llegaba al suelo con una abertura frontal que dejaba a la vista sus piernas, hasta ahí todo bien, ya que de cintura para arriba era cuando la cosa se volvía más interesante. Debido a que la segunda pieza consistía en dos cintas que partían a la altura de las costillas, ascendían en diagonal por el torso y se unían en el cuello. Dichas cintas dejaban a la vista un espacio triangular la cual estaba decorada por finas cadenas de plata que unían de forma trasversal una cinta con la otra. A la altura del cuello también había más cadenas que se arremolinaban alrededor formando una especie de collar. Dicho vestido dejaba descubierto, brazos, hombros y espalda, pero con la diferencia de que la espalda también era decorada con otras cadenas que caían de la parte posterior del cuello parar unirse a las cintas que tapaban sus pechos, dibujando en su espalda pequeños arcos desde el centro a los costados.
"Ni tan mal" – Dijo mientras se miraba al espejo y arreglaba un poco el vestido, al principio había tenido sus dudas, pero viéndolo ahora le gustaba como le quedaba.
De pronto pudo escuchar risitas provenientes del otro vestidor, era dos chicas, ambas hablaban animadamente.
"Estás fantástica Luna" –Alcanzó a oír. – "Gracias Iris" –Escuchó como le respondía la mencionada Luna, pero sin embargo no le presto mucha atención, simplemente se centró en acomodarse el pelo, para ver cómo lucía mejor, hasta que de pronto volvió a escuchar a la dependienta.
"¿Qué tal el vestido?"
"Bastante bien, me gusta mucho como me queda"
"¡Genial!" –Dijo esta emocionada. – "He encontrado un par de tacones que van a juego con el vestido por si te interesa"
"Sí claro, pásamelos" –Dijo Lena. Entonces pudo ver como de la cortina emergían dos manos que sostenían una caja de zapatos. – "Gracias" –
La caja contenía unos bonitos y sencillos tacones de aguja altos de color negro brillantes. La morena rápidamente se los puso, la verdad que le quedaban como anillo al dedo. Le pareció curioso como la dependienta había acertado el número sin nunca haberlo preguntado.
Esta abrió la cortina para salir al pasillo – "¿Qué le parece?" – Le preguntó, sin embargo, la mencionada no le prestó atención alguna ya que estaba muy concentrada mirando al fondo del lugar.
Curiosa, Lena dirigió la vista para ver como dos chicas una morena más joven que ella y otra rubia que como mucho le sacaría un par de años observaban emocionadas los vestidos, la morena más que la rubia todo había que decirlo.
"Te queda muy bien el tuyo Iris, conquistaras muchos corazones hoy" –Le piropeo la rubia, por alguna extraña razón aquella chica le resultaba conocida a Lena, pero no sabía exactamente de qué.
De pronto la dependienta pareció despertar de su trance y al llevar la vista a nuestra protagonista y verla se le iluminaron los ojos, – "¡Guau!" – No pudo evitar decir más alto de lo que debía, haciendo que todo el mundo le prestara atención a Lena y esta se sonrojase levemente. – "Estás despampanante"
"¿Tú crees?"
"Sin duda alguna, te queda maravilloso"
"Gracias, tenía mis dudas, pero una vez puesto ha sido amor a primera vista" –Comentó mientras daba una ligera vuelta para que la dependienta la viese mejor.
"Estaba hecho para ti"
"Pues me lo llevo todo"
"¡Genial! Cámbiate, te estaré esperando en la caja"
Y mientras la morena se adentraba de nuevo en el vestidor, esta no se percató de que ciertos ojos no le quitaban la vista de encima.
"¿Ocurre algo Iris?" –Preguntó Lunafreya curiosa al ver el extraño comportamiento de la más joven de los Amicitia.
"No nada, simplemente me pareció conocida la chica… no sé, creo que la habré visto en alguna parte" –Puntualizó. – "Pero tampoco le des mucha importancia" – Le dijo para así ambas seguir a lo suyo.
Una vez fuera de la tienda Lena volvió a mirar la hora – "Todavía me queda tiempo para llegar y prepárame tranquilamente" – Dijo mientras comenzaba a caminar tranquilamente hacia la boca de metro
«Lo mejor es que el sablazo ha sido menos de lo que me esperaba» pensó feliz.
(*****)
La noche ya había caído y Lena ya estaba completamente bañada, vestida y maquillada, lista para la gran gala, sin embargo, se encontraba caminando a un lado a otro del salón, mientras aguardaba por su acompañante. Estaba hecha un manojo de nervios, la lista mental que se había hecho con los pro y contras de asistir al evento la habían puesto más alterada de lo que ya estaba, al ver como los contras eran más que los escasos pro. Necesitaba relajarse o sino en cualquier momento echaría a correr.
"Todavía sigue siendo una buena opción" –Se dijo. – "Sin embargo es la menos acertada, sólo conseguiría llamar la atención y el vestido me ha salido una pasta como para rasgarlo en mi tonta huida"
Había conseguido un nuevo pro-
De pronto el timbre sonó, haciendo que pegara un pequeño brinco para después exhalar– "Me aguarda mi caballero de brillante armadura" – Dijo mientras tomaba su bolso.
Al abrir la puerta lo primero con lo que se topó fue un distraído Prompto, que torpemente se arreglaba su corbata, hasta que sus ojos ascendieron para ver a su amiga, inconscientemente abrió los ojos ante la sorpresa y se sonrojo levemente, cosa que no pasó desapercibido para Lena.
"¡Guau!... Estás… Impresionante" –Piropeó.
"Gracias" – Dijo esta mientras se acomodaba su larga cabellera castaña a un lado – "Tú tampoco estás nada mal" –Comentó mientras juguetonamente pasaba un dedo por el pecho de Prompto, el chico se veía verdaderamente apuesto en su traje azul marino.
En respuesta, Prompto rio nervioso mientras se rascaba la nuca y se sonrojaba más. Lena se acercó a él para tomar su corbata y arreglarla.
"¿Vamos?" –Preguntó para guiñarle un ojo.
"Sí claro" –Le dijo este rápidamente a lo que ella le respondió con una sonrisa.
Lena camino un par de pasos hasta que oyó el «click» de una cámara y curiosa giró un poco la cabeza y de pronto se escuchó de nuevo aquel sonido.
"Para la colección" – Respondió Prompto mientras pasaba a un lado de ella y le enseñaba su teléfono móvil, Lena sonrió tiernamente, él seguía siendo el mismo.
Una vez fuera Lena se quedó observando detenidamente el lujoso coche negro aparcado delante de su casa – "Regalo del reino" –Canturreó. – "Por mis servicios" –Parecía un niño pequeño en navidad.
"¿Y tú sabes?" –Preguntó mientras señalaba al vehículo. – "Digo ¿conducir?" –Al instante el chico arrugo la cara. – "Lo siento" – Dijo divertida antes de montar en el asiento del copiloto.
Una vez dentro el chico arrancó el coche y nada más escuchar el motor sonrió con orgullo a lo que Lena respondió poniendo en blanco los ojos.
"Al menos podrías poner un poco de música, no vamos a estar todo el trayecto así – Mencionó Lena a los pocos minutos del trayecto, rompiendo así el silencio.
"¿Cómo?" – Preguntó Prompto con los ojos en la carretera.
"Muéstrale a esta chica lo bien que suenan los altavoces de tu brillante carruaje"
Prompto sonrió al fin caer en lo que quería ella. – "¿Algo en particular?" –Preguntó mientras iba de emisora en emisora.
"Elige tú"
En poco tiempo dio con una canción pop que le gusto, quizás demasiado comercial para su gusto, pero perfecta para pasar el rato, por lo que sin más subió todo lo que pudo el volumen y se acomodó en su asiento. Ambos comenzaron a cantar a todo pulmón como si la vida les fuese en ello. Haciendo así más divertido y ameno su trayecto a través de las luminosas calles de Insomnia, entonando una canción que era una llamada a la juventud, a disfrutar los momentos porque estos eras efímeros y escasos.
{…}
Prompto apagó la música entre risas cuando se aproximaron al perímetro de seguridad de la ciudadela, para seguido a esto bajar la ventanilla y entregar la invitación al guardia que había apostado ahí. Cuando este comprobó que todo estaba en orden le devolvió la invitación seguido de un «que disfruten la velada» para acto seguido levantar la barrera y darles paso a la plaza que había en el complejo. Prompto accedió a dicha parte, rodeándola, hasta que finalmente detuvo el coche justo delante de las grandes escalaras que llevaban a la entrada del rascacielos.
Por otro lado, Lena nunca aparto sus ojos de la ventana polarizada desde que accedieron al complejo, observaba con todo detalle el lugar, rememorando así cientos de recuerdos hasta que de pronto vio como alguien le cortaba la visión haciendo que despertara de su pequeño trance. Delante de ella se encontraba Prompto que abrió la puerta educadamente y le ofreció su mano para ayudarla a bajar del coche.
Lena la aceptó gratamente y una vez fuera del vehículo, mientras Prompto se acercaba hasta el aparca coches para dejarle las llaves de su bebé, ella observaba en silencio el imponente edificio que se cernía a escasos metros de ella. Lena sintió como un escalofrió recorría todo su cuerpo, obligándola a autoabrazarse, había demasiados recuerdos en aquel lugar, algunos muy buenos y otros que era mejor no rememorar. Pero a la vez era imposible olvidarse de ellos, estaba impresos cual cicatrices en su piel.
«Vamos Lain, eres más fuerte que todo esto, tú puedes» pensó como una forma de darse ánimos, pero ciertamente el futuro era demasiado incierto una vez que ella cruzara aquella puerta. Lo cual la atemorizaba bastante.
De repente sintió un leve contacto en su brazo que la devolvió a la realidad para encontrarse con los preocupados ojos de Prompto. – "¿Te encuentras bien?"
"Sí tranquilo" –Afirmó. – "Sólo es un poco… tú sabes… complicado de manejar" –Coloco parte de su cabello detrás de la oreja. – "Sí piensas que es por la familia real o por él en particular no es así… bueno en parte… lo que pasa es que la última vez que puse un pie en este lugar fue el día en que me enteré que mi padre había caído en combate" –Confesó con un tono de voz ciertamente irregular. – "Joder… el maquillaje" –Dijo esta mientras se reía nerviosamente y se llevaba una mano a sus ojos, estos se le habían aguado sin darse cuenta. No quería que Prompto la viera así. Pero le era complicado había muchos sentimientos que amenazaban con desbordarse.
"Eh tranquila" – Le tranquilizó mientras pasaba un brazo alrededor de sus hombros – "No tienes porque hacerlo, podemos irnos si quieres"
"No tranquilo" –Le dijo esta mientras se limpiaba los ojos. – "Estoy mejor"
"¿Segura?"
"Sí, solo ha sido un simple lapsus" – Respondió ahora mejor. – "Ahora disfrutemos de tu gran noche"
"De acuerdo, pero prométeme que si no puede scon ello me avisaras y nos iremos" –Pidió.
"No Prompto, ni tienes porqué hacer esto"
"Lena por favor" –Le suplicó.
"Está bien, lo prometo"
"¡Bien!" –Aquello le sacó una sonrisa a la chica. – "Mi lady" – Dijo ofreciéndoles su brazo a ella, haciendo que se riese de las formalidades, pero gustosamente lo aceptó, por lo que una vez preparados ambos emprendieron su camino a través de la alfombra roja de terciopelo hacia el interior del lugar.
Por otro lado, en el interior de la ciudadela, ajenos al bullicio del lugar, dos personas disfrutaban tranquilamente de la paz que se respiraba en los solitarios jardines del hogar de la familia real. Por un lado, se encontraba Noctis, en silencio, tirando piedrecillas al pequeño lago que había en el lugar, observando como su reflejo se distorsionaba con las ondas que se generaban; por otro lado, estaba Lunafreya, detrás del príncipe, también en silencio, observando como este estaba inmerso en su tarea. Noctis la había traído hasta aquí hace un rato, desconocía el motivo, tampoco le pregunto, simplemente se limitó a asentir y acompañarlo hasta aquí. En ningún momento habían intercambiado palabra alguna.
Luna tampoco quería estropear el momento con alguna palabra, ya que era de esas pocas veces en el que las palabras eran algo innecesario, sin embargo, a pesar de que adoraba ver a su amado príncipe así, muy en su interior sabía que algo no iba bien, que Noctis tenía algo que lo estaba perturbando. Por ello quería hablar con él, ayudarle en aquello que lo estaba atormentando. Sin embargo, no sabía cómo.
El oráculo se acercó un poco hasta el príncipe y, entonces, el príncipe se detuvo – "Sabes" –Le dijo. – "Tengo que darle las gracias a Nyx, en persona, por protegerte durante todo esto. En especial cuando la ciudad cayó" –Comentó con la mirada fija en el lago.
"Y podrás hacerlo hoy, seguro que el señor Nyx se alegra de recibir tus agradecimientos por su servicio" –Afirmó con su suave y dulce voz, capaz de apaciguar a la más peligrosa de las fieras, pero a la vez tan fuerte cuando se lo proponía.
"Seguramente" –Le contesto. – "¿Tu hermano también estará? Me gustaría también hablar con él"
"Me temo que no, Ravus quería venir, pero había ciertos asuntos en Tenebrae que debían ser resueltos" –Informó para finalmente posicionarse a su lado.
"¿Eran graves?" –Preguntó el príncipe.
"Nada de lo que preocuparse, ahora que somos un reino libre del yugo de Niflheim, es necesario volver a funcionar como tal después de todo este tiempo" –Dijo, sin pasarle por inadvertido el suspiro que emitió el príncipe al oír el nombre del imperio.
"Seguro que sabe apañárselas, es más que digno sucesor del trono de tu madre, será un buen rey"
"No me cabe duda de ello" – Le contestó ella.
De nuevo el silencio volvió a hacer mella en ellos y durante un breve tiempo nadie dijo nada, hasta que Luna se propuso decir algo, pero de pronto sintió como el príncipe tomaba su mano para entrelazar sus dedos con los de ella. Aquello la hizo sonrojarse levemente y agradeció de que él todavía siguiese con la vista inmersa en el lago.
"No me puedo creer que todo esto por fin haya acabado" –Le dijo. – "Sin embargo soy incapaz de sentirlo, lo único que pienso es que todo no ha hecho más que empezar" –Confesó.
"Las heridas de la guerra aún son frescas mi príncipe, todos vosotros pasasteis por cosas que nadie en su vida debería pasar, fuisteis llevados hasta vuestros límites" –Dijo el oráculo. – "Sin embargo fuisteis capaces de volver, victoriosos"
"Lo sé, simplemente es que ahora me siento como si estuviese flotando en una nube después de lo que he pasado y me cuesta a hacerme a la idea"
"Date tiempo, ya verás como por arte de magia todo vuelve a la normalidad, el tiempo es capaz de curarlo todo"
Noctis no pudo evitar suspirar de nuevo, quería confiar en que las palabras de Luna eran ciertas, sin embargo, no sabía cómo de eficaz sería el tiempo con su caso.
"Gracias" –Dijo Noctis. – "Por estar ahí todo este tiempo, no sé qué habría hecho sin tu compañía, gracias Luna por estar ahí cuando más te necesitaba"
La chica no pudo evitar sonrojarse más, Noctis nunca había sido alguien que se abriera de aquella manera a las personas, por lo que su confesión la pilló por sorpresa. Para cuando recobró el sentido se dio cuenta de que el príncipe estaba ahora delante de ella, con una mano posada suavemente en su mejilla y tenía una casta sonrisa, por otro lado, Luna no pudo evitar perderse en aquella inmensidad azul que eran los ojos del príncipe, tan llenos de bondad, pero a la vez de sufrimiento
"Cuando estoy contigo siento que mi mundo cobra sentido"
Aquello fue lo último que dijo el príncipe antes de posar suavemente sus labios sobre los de su amada, en un suave y delicado beso que transmitía todo el amor que estos sentían mutuamente por el otro durante todo este tiempo. Un beso que los unía finalmente como la pareja que eran, donde los únicos testigos de todo aquello fueron los cientos de ojos que había sobre aquel cielo estrellado.
Una vez que se separaron estos quedaron pegados por las frentes, viéndose fijamente, ninguno quería apartar el contacto, Noctis acariciaba delicadamente la piel de su amada – "Creo que deberíamos regresar, antes de que todo el mundo empiece a preguntar" –Propuso. Luna asintió.
Ambos rieron con complicidad, antes de emprender su camino de regreso.
(*****)
El bullicio en aquel lugar era increíble, tantas personas procedentes de diferentes partes reunidas bajo un mismo techo sólo para celebrar una única cosa, la paz. Hacía tiempo ya que habían llegado y para la suerte de Lena no había tantas caras conocidas como pensaba, y todas ellas estaban en un solo punto, junto al rey; lo cual era buena señal. Desde que pusieron un pie ahí, Prompto no se separó en ningún momento de ella, habían pasado todo el rato hablando tranquilamente y de vez en cuando esta le contaba alguna historia de su infancia acerca de cuando vivió en el castillo. Pero siempre alejados del centro de la sala, del bullicio.
Para sorpresa de la castaña, lo estaba pasando mejor de lo que había creído incluso se sentía más cómoda de lo que hubiese llegado a pensar, y todo gracias al rubio, sin embargo, esta tampoco podía evitar sentirse mal. Debido a que era la noche de Prompto y este la estaba malgastando con ella en vez de estar junto a sus amigos, para Lena no pasaron inadvertidas las miradas que daba hacia donde estaban estos.
"Hey, ¿por qué no vas con ellos?" –Le preguntó mientras señalaba al centro del lugar.
"No te preocupes por mí, estoy bien" –Contestó.
"Prompto, es tu noche, junto a ellos no junto a mí"
"Prometí que estaría contigo"
"Lo sé y lo agradezco, pero es más importante que disfrutes de este día" –Le dijo mientras se acercaba para arreglarle el nudo de la corbata nuevamente. – "Así que, si de verdad me quieres hacer feliz, ve con ellos"
"¿Segura?" –Preguntó el rubio un tanto no convencido. Ella asintió sin duda alguna. – "Pero, ¿qué harás tú?"
"No te preocupes por mí, ya me las apañaré" –Este la miró no muy convencido, pero Lena seguía insistiendo en que fuese junto a ellos.
"Te prometo que será rápido"
"Vamos, te están esperando"
"Gracias Lena" –Contestó con la alegría de un niño pequeño. – "Si pasa algo grita" – Le dijo antes de perderse entre la multitud.
Una vez que sola Lena respiró hondo y prosiguió a arreglarse un poco el vestido, no era plan de enseñarle a todos los invitados las tetas, para seguido a esto caminar sin rumbo fijo por la sala, siempre alejada del centro, ya que estar quieta significaba más probabilidades de ser reconocida. En el fondo tenía que reconocer que sin la compañía de Prompto se aburría bastante. Por curiosidad, buscó al fotógrafo y rápidamente lo encontró, ahora se encontraba riendo mientras hablaba animadamente con sus otros amigos.
Y entonces lo vio a él, riendo junto a Prompto, estaba acompañado para su sorpresa por la chica rubia que había visto en la boutique, siempre había sido apuesto, desde que lo conoció con seis años hasta la última vez que lo vio en la secundaria. Pero sin lugar a dudas la adultez le estaba sentando bastante bien. A pesar de que no lo soportara, se alegraba por él, de que las cosas ya fuesen mejor, después de todo su vida nunca había sido un camino de rosas como la de los príncipes de los cuentos que alguna vez leyó. En un momento dado el pelinegro volteó la cara hacia donde estaba ella y por un momento Lena se asustó al pensar que la había reconocido, pero para su suerte esto no fue así.
Sin más nada que hacer, Lena decidió recorrer un rato el lugar que una vez fue su hogar en su infancia, por lo que una vez que salió de aquel bullicio tomó uno de los ascensores del lugar y pulso un número cualquiera, quería perderse un rato entre los recuerdos, aunque le sería complicado ya que se conocía bastante bien el lugar. El ascensor abrió sus puertas en una planta al azar y salió para comenzar a caminar por un pasillo que una cristalera que daba para la luminosa ciudad, se quedó un rato contemplándola, la verdad que Insomnia era hermosa. Una vez satisfecha con las vistas prosiguió su camino, torciendo hacia otro pasillo que la llevo después de un largo recorrido a una galería llena de estatuas, todas en mármol blanco.
Aquellas estatuas representaban a todos los reyes de Lucis, todas colocadas en fila, desde la primera dinastía hasta la última. Cerca del final Lena pudo ver la de Regis y a su lado ya estaba el espacio preparado para cuando Noctis algún día ocupara el lugar de su padre. Aquello le hizo recordar todas las veces que él le dijo que no quería ser rey.
"Supongo que algunos no pueden elegir su destino" –Dijo esta mientras observaba el lugar. No pudo evitar poner una mueca.
Después de aquello, siguió caminando por los diversos lugares de la ciudadela, incontables veces una sonrisa se dibuja en su rostro al recordar todas las memorias que había vivido de pequeña en aquel lugar, sin duda alguna la infancia es algo magistral, ese periodo en el que todo está lleno de luz.
«Ojalá supiese en qué momento se torció todo» pensó Lena mientras proseguía su camino, ahora por otra cristalera que daba a una nueva parte de la ciudad, se detuvo un momento para apreciar su reflejo en las ventanas. Todo había cambiado y la niña que recordaba correteando ahora se había convertido en la mujer que estaba frente a ella. Normalmente las personas decían que si pudiesen cambiar algo de su pasado no lo haría, porque eso los había convertido en quienes eran a día de hoy, sin embargo, ella no estaba tan segura de encajar esa frase. Si pudiera claro que lo haría, sin pesarlo.
De pronto escuchó como alguien ahogaba un gritito y al girarse vio a una de las tantas mujeres del servicio. Esta tenía sus manos cubriendo su boca, como si acabase de ver a un fantasma. Lena ladeo la cabeza, arrugó un poco la expresión, buscando en su cabeza. Al principio le costó, pero después reconoció a la mujer, una señora que ahora lucía mucho mayor; mientras todos vivían por y para el príncipe, aquella señora siempre se preocupo por hacerla sentir como en casa.
La susodicha se acercó hasta ella para tomar sus manos y verla a los ojos con absoluta ternura.
"¿Te acuerdas de mí?" –Preguntó Lena tímidamente.
"Cómo no me voy a acordar de usted señorita. Ha regresado y mírela ahora, toda una mujer"
La mencionada sonrió con ternura al tiempo que la mujer tomaba sus y las apretaba.
"Sus padres seguro que están muy orgullosos de ver en la persona en la que se ha convertido. Allí donde estén"
"Seguro que sí" –No pudo evitar agachar la cabeza.
"¿Se va a quedar? ¿Preparo una habitación?"
"Tranquila, no es necesario, estaré nada más por esta noche, he venido a ver a un amigo"
"¿Al príncipe?"
Ella negó. – "A otro. Me gustaría si es posible que ni supieran que he estado aquí"
"No tiene de que preocuparse señorita, no le diré nada a nadie"
"Muchas gracias"
"Me ha alegrado de verla de nuevo por aquí" –Dijo para soltar sus manos con delicadeza.
"Yo igual"
"Que sepa que todos aquí la echamos de menos, usted era como un pequeño ser de luz correteando por todo el edificio"
Lena respondió con una sonrisa, después de eso la mujer hizo una reverencia para así marcharse mientras ella esperaba al ascensor.
{…}
Después de un buen rato caminando, Lena decidió tomarse un descanso y sabiendo en que lugar de la Ciudadela se encontraba, se encamino hasta una sala en particular que desde pequeña siempre le había llamado la atención. En aquella gran sala descansaba una pintura en particular, la profecía del Entronado. Recordaba de pequeña todas las horas que pasaba observándola, intentado entender lo que quería decir.
"Fascinante" –Dijo mientras la apreciaba, ahora que conocía la leyenda que representaba aquella obra, era capaz de entender cada uno de los elementos que componían aquella pieza de arte.
"Increíble ¿no?" –Habló alguien a sus espaldas.
Al darse la vuelta, encontró a un joven de no más de veinticuatro años, de piel caucásica, ojos negros como la noche, portaba un sencillo pantalón negro, con mocasines a juego, y una camisa blanca desbotonada a la altura del pecho. Su cabello era castaño oscuro, le llegaba a la altura de los hombros. Era un desconocido bastante apuesto.
"Sí" –Se limitó a decir.
"Toda una obra de arte capaz de plasmar a la perfección la historia del mundo antiguo" – Continuo mientras se posicionaba a su lado para observarla también.
"Es bastante impresionante, cierto, pero no me llega a quitar el aliento"
"¿De veras?" –Preguntó curioso el joven.
"Mi trabajo me ha permitido ver cientos de cosas que superan con creces a la pintura, templos construidos en la pared de un acantilado, ciudades perdidas en el interior de un glaciar, monumentos hundidos en lo más profundo del océano y de más cosas" –Le contestó esta.
"Eso desde luego sí que debe dejarte sin aliento"
"Lo hace"
"¿Expedicionista? Supongo" –Preguntó el desconocido.
"Arqueóloga" –Rectifico.
"Ya veo, dígame señorita…"
"Eleanor" –Dijo ella. – "Simplemente, Eleanor Lain"
Con los desconocidos prefería no utilizar su mote.
"Nathan Sirus" –Se presentó. – "Y dígame señorita Lain, ¿cuál es la razón de que esta obra no genere esa sensación en usted? Cómo es posible ver que desde los cielos el oráculo de su bendición al verdadero rey de luz acompañado por sus tres fieles caballeros. Que la luz de su magestad haga retroceder las hasta las tinieblas al ser enfrentados por siete espadas; mientras los reyes de Lucis y los sidéreos observan tal hazaña" –Preguntó recitando más o menos el significado de la obra. – "No te deje sin aliento"
"Tú mismo me has dicho la razón" –Le contestó con media sonrisa. – "Me has dado la explicación de la obra, que en sí es interesante, pero lo que de verdad me deja sin aliento cuando descubro lo que te he dicho es el misterio que envuelve a esos lugares. El no saber, eso es lo que me impresiona más. Preguntarme por qué aquellos sitios quedaron abandonados o destruidos, es lo que de verdad me quita el aliento"
Aquella respuesta pareció satisfacer a Nathan dada la sonrisa que le devolvió a Lena a cambio de sus palabras– "Entonces esto para ti no debe ser gran cosa" –Señaló con la mirada a la pintura.
"En realidad no es del todo correcto, sí que hay algo que desconozco y me intriga"
"¿Qué cosa?"
"Es el hecho de que no aparezca uno de los seis sidéreos, Ifrit, el dios del fuego"
"Fácil…"
"Ya sé la razón de por qué no aparezca en la pintura, traicionó a los suyos y la humanidad, desencadeno una guerra y una plaga que se cobró la vida de miles de millones, provocó la Plaga de las Estrellas, entre otras cosas" – Esta pudo ver como Nathan, momentáneamente, arrugaba el rostro ante lo que había dicho – "Sin embargo, yo quiero ir más allá, quiero saber la razón de todo, por qué él hizo lo que hizo. ¿Tendría una buena razón no crees?"
Nathan le respondió encogiéndose de hombros.
"Ves, ahí quiero llegar yo, quiero saber qué fue lo que lo hizo hacer todo aquello" – Dijo Lena ahora mirando a la pintura.
De pronto, a lo lejos, se escuchó cierto sonido de trompetas.
"¿Qué es eso?" –Preguntó ella.
"El rey va a dar un discurso de agradecimiento a los cuatro salvadores" – Murmuró Nathan indiferente.
"¡Joder!" –Gritó para rápidamente sonrojarse. – "Perdón se me escapó" –Sus mejillas se coloraron más ante la risa del joven. – "Me tengo que ir, uno de ellos es amigo mío"
"¿El príncipe?"
"No, yo no tengo nada que ver con él" –Dijo algo sería.v– "El rubio" –Nathan asintió.
"Ha sido un placer charlar contigo Eleanor" –Nathan elevó su mano para estrechársela.
"Lo mismo digo Nathan Sirius" –Confirmó ella para luego corresponderle, Lena sintió que el toqué de él, era ciertamente cálido, casi relajante.
Sin embargo, aquel contacto no duro mucho ya que una rápida corriente eléctrica producto de aquel contacto los obligo a separase, ambos se quedaron sorprendidos, más Nathan que Lena.
"Adiós" –Se despidió para rápidamente echar a correr hacia la gala, dejando sólo al misterioso desconocido que le resultaba ciertamente interesante debido al aura que le rodeaba. Sin embargo, tampoco hizo mucho cabeza en ello, dudaba de volver a verlo. O eso creía ella.
Por otro lado, Nathan se quedó observándola hasta que finalmente desapareció por uno de los corredores, para una vez que estaba solo, mirar a la pintura de la profecía y luego volver a dirigir sus ojos hacia donde minutos antes había marchado la morena. Una sonrisa se dibujó en su rostro, una maliciosa.
{…}
Lena consiguió llegar a tiempo de que el Regis comenzara a pronunciar su discurso en el que retornaba a los tiempos de guerra, en los que todo llego a pender de un hilo, para pasar por aquel fallido acuerdo de paz que desencadeno un ataque que se cobró la vida de cientos de miles de personas y dejó fuertemente golpeada la ciudad. Para proseguir con el viaje de su hijo y sus amigos en el cual consiguieron derrotar a aquel enemigo que casi parecía indestructible, en esta parte, se tomó su tiempo no sólo para felicitarlos sino para darles las gracias a todos y cada uno de ellos. Para así decir que se habían convertido en algo más que simples héroes, ya que estos partieron como compañeros, amigos, para finalmente convertirse en hermanos, mediante lazos que habían sido forjados no sólo en fervor de la guerra, sino también en la confianza, lealtad, amor y amistad. Concluyendo sus palabras con una vista hacia el futuro en el que este decía que no sólo era capaz de ver y sentir unos tiempos de paz perpetua para todo ser viviente, en el que esperaba que no sólo sus nietos sino los nietos de estos al igual que el resto de la humanidad pudiesen disfrutar.
El discurso concluyó con un apabullante aplauso a su majestad por parte de todos los invitados, que expresaban alegres y emocionados su acuerdo con las palabras pronunciadas por el rey de Lucis. Después de aquello la ceremonia finalmente había acabado, por lo que poco a poco los invitados se fueron marchando.
Una vez que Prompto se despidió de sus hermanos, comenzó a buscar por toda la multitud a su acompañante hasta que finalmente lo hizo, esta se acercaba a él para rápidamente abrazarlo cuando lo tuvo a escasos centímetros. Era un abrazo cargado de sentimientos. – "Estoy muy orgullosa de ti" –Le dijo ella en un susurro al oído.
"Gracias Lena, no sabes lo que significa esto para mí" –Susurró mientras se aferraba más a ella.
Una vez que se separaron ambos vieron como cada vez más y más invitados se iban retirando, hasta ya casi quedar unos pocos todavía en el salón. Incluidos ellos. – "Deberíamos irnos ya, no vaya a ser que nos vean"
"Claro" –Le contestó esta mientras marchaban lejos del lugar.
"Y dime, ¿dónde te metiste? Hubo un momento en el que te perdí de vista" –Preguntó una vez que la puerta del ascensor se abrió y ambos accedieron a la recepción.
"No gran cosa, simplemente me dediqué a recorrer el castillo. Como todo el mundo iba a estar en la celebración me pareció una buena oportunidad para pasear sin peligro a ser vista"
"¿Y qué tal?"
"Pues la verdad bastante bien, me vinieron un montón de buenos recuerdos"
"Me alegro"
"¿Y tú qué tal? Caballero del reino" –Dijo divertida mientras tocaba la pequeña placa que portaba el rubio haciendo así visible el título que poseía desde hace unos minutos cuando el rey en su discurso de agradecimiento lo nombró a Prompto y al resto, caballeros del reino.
"Pues la verdad tampoco es gran cosa" –Respondió con simpleza. – "Soy caballero del reino, sin embargo, me sigo sintiendo el mismo de siempre, nada ha cambiado. Sólo que ahora tengo un título"
"Eso es bueno, significa que no se te ha subido a la cabeza" –En respuesta, el rubio se rio mientras ella le sonreía.
"¡Vaya!" –Comentó cuando salieron – "Sí que hace frio"
"La verdad que sí" – Le confirmó ella mientras se frotaba los hombros debido al repentino cambio de temperatura.
"¿Quieres mi chaqueta?"
"No tranquilo" – Le respondió mientras comenzaban a bajar las escaleras en dirección al coche entre comentarios y risas acerca de la fiesta.
De lo que ambos no se dieron cuenta, una vez que llegaron a bajo, es que arriba, en la entrada, el rey estaba despidiendo a los últimos invitados que quedaban para luego ver como estos y algún que otro más marchaba por las escaleras. Entonces a lo lejos algo llamó su atención. Y era el hecho de ver al mejor amigo de su hijo y que este no se encontraba solo, sino acompañado por una chica que estaba de espaldas. El rey tuvo cierta curiosidad ya que la misteriosa acompañante le resultaba ciertamente familiar, pero sus dudas no tardaron mucho en ser resueltas. Ya que la joven se hizo a un lado cuando Prompto se dispuso a abrir la puerta del copiloto y entonces la pudo ver de perfil.
Regis no pudo evitar que una sonrisa se dibujase en su rostro, un sentimiento paternal le invadió al ver la mujer en la que se había convertido aquella niña traviesa que siempre andaba curioseando por toda la ciudadela, intentando comprender todas y cada una de las antigüedades que esta albergaba. Sin duda alguna de saber que ella era la acompañante del amigo de su hijo le hubiese gustado tener un rato para hablar con ella, pero sabía que aquello no sería mutuo y no la culpaba. Después de lo que les había pasado a sus padres comprendía aquel sentimiento de rechazo que sentía hacia él y a su hijo.
Sin embargo, la seguía considerando como una hija, aquello jamás cambiaría.
Observó atento como la pareja se subía al automóvil y el vehículo partía lejos de su hogar para perderse en la inmensa jungla de asfalto, su mirada les siguió un poco más antes de darse media vuelta y regresar a sus aposentos, con la idea de que aquel efímero encuentro sólo anunciaba la llegada de muchos otros más con la última de los Lain. Sin duda alguna todos los caminos estaban a punto de coincidir de nuevo.
(****)
Al día siguiente, Prompto despertó sobresaltado debido al estridente sonido de su teléfono. Con los ojos legañosos, desorientado, su cuerpo y mente todavía no recuperados del todo del éxtasis que había sido aquella gran noche; comenzó a tantear el lugar hasta alcanzar el Smartphone que reposaba en su mesilla de noche. Rápidamente los abrió y deslizo el dedo en la pantalla para contestar.
"Diga" –Respondió con la voz algo ronca.
"¿Prompto Argentum?" –Dijo un hombre con una voz bastante grave.
"Sí, el mismo"
"Soy el mariscal Cor"
"¡Ay dios!" –Se sorprendió al saber que se estaba dirigiendo a alguien de alto nivel, rápidamente se acomodó en su cama. – "Dígame, en qué puedo ayudarle"
"Es necesario que vengas de inmediato a la ciudadela, como caballero del reino es obligatoria tu presencia para tratar ciertos asuntos de primer orden"
"¿Asuntos? ¿Cuáles?"
"No te puedo decir más, ven de inmediato"
"De acuerdo ahí estaré" –Pero el mariscal ya había colgado para el momento en que el rubio le contestó.
Rápidamente el rubio se levantó de su cama para comenzar a prepararse como un rayo y en cuestión de minutos estar dentro de su coche con rumbo a la ciudadela, en poco más de media hora, este ya se encontraba en el complejo y era llevado por unos glaives a la sala donde lo esperaban. Cuando las puertas se abrieron, se topó de frente con varios pares de ojos, todo el consejo estaba reunido junto al rey, pudo ver a sus tres amigos también, lo cual era positivo, pero no suficiente como para no evitar agachar la cabeza ante todas aquellas imponentes presencias mientras caminaba hasta su asiento. Que para su desgracia no estaba al nado de ningún conocido.
"Muy bien dado que ya estamos todos reunidos, Cor puedes informar" –Tomo la palabra el rey, entonces Prompto pudo ver como el mariscal se levantaba de su asiento y daba una rápida mirada a todos los presentes.
"Hace poco hemos recibido noticias de nuestros espías, estos nos han informado que el imperio ha vuelto a las andadas" –Anunció mientras las caras de todos los presentes, a excepción del rey, emitían sorpresa. – "La información es escasa, por lo visto no quieren que se sepa nada acerca de su nuevo plan, sin embargo, si miráis en vuestras carpetas"
Entonces Prompto se fijó que, en la mesa, delante de él había una carpeta la cual abrió curioso para encontrase unas imágenes, bastante malas todo había que decirlo, en las que se podía apreciar una especie de cueva con varios solados del imperio delante de una inmensa pared en la que había cientos de inscripciones en una antigua lengua, pero debido al paso del tiempo las runas estaban en muy mal estado.
"¿Qué es?" –Preguntó el rey.
"Unas excavaciones que están realizando al sur del continente, en unas cavernas"
"Las alimañas siempre buscan cobijarse bajo tierra" –Bramó Gladio mientras observaba las fotografías, dado que además de la de la pared, otras habían sido tomada más de cerca, ahora aquellos jeroglíficos se podían apreciar algo más.
"Me temo que lo que ha llevado al imperio a esa zona no es buscar cobijo en aquellas cavernas, como dije la información escasea, pero lo poco que conocemos es que el imperio sabe que hay algo detrás de esa pared, algo bastante importante debido a todo el desplazamiento de infantería que tienen ahí"
"¿Alguna idea de qué se puede tratar?" –Preguntó el principie serio.
Cor negó con la cabeza– "Sea lo que sea que hay ahí dentro es desconocido para nosotros"
"Tal vez algún tipo de arma del antiguo mundo" –Hipotetizo un miembro de la sala
"Puede ser, pero lo que sí sabemos es que debe ser bastante importante si el imperio esta tan impaciente por abrir la pared"
"¿Y por qué no hacen estallar por los aires la pared? Cuenta con maquinaria más que suficiente para ello" –Volvió a decir Gladio.
"Me temo que, para desgracia de estos, no pueden. Hemos recibido información de que todo el lugar está protegido por una magia bastante poderosa que no permite a nadie acceder al interior del lugar. La respuesta para acceder nos ha dicho que está en la pared, en esas escrituras, el problema que es una lengua muerta bastante compleja de la que se tiene poca. Y por lo visto la energía que lo envuelve todo está viva, cualquier paso en falso y esta arremete contra lo que sea sin contemplación"
Después de un breve silencio, la gente empezó a hablar, todos estaban bastantes preocupados con el tema, pero el rubio no les prestaba atención pues estaba ahora observando más fijamente las fotografías. Este sabía de alguien que sí podía entender aquello.
A su vez, del otro lado de la mesa, Regis no obvio el rostro de concentración del rubio, Prompto conocía algo que los demás estaban obviando, por lo que simplemente se limitó a levantar una mano haciendo que toda la estancia guardara silencio en el acto. Todo el mundo esperaba a las palabras de su majestad.
"Prompto, ¿tienes algo que añadir?" –Preguntó el rey tranquilamente.
Cuando el rubio escuchó su nombre, rápidamente salió del trance y al levantar su cabeza se encontró con que todo el mundo lo estaba mirando, aquello hizo que un nudo se formase en su garganta. Todos estaban esperando una respuesta.
"Pu-Pues" –Aquel tartamudeo sólo incremento los nervios que sentía a la vez que hacía que sus mejillas se tiñesen de rojo debido a la vergüenza, acababa de quedar en ridículo – "Yo conozco a alguien que puede traducir estas escrituras"
