Chapter 4.

(The Deal)

Cuando sintió como el vehículo se ponía otra vez en marcha después de pasar el control, fue cuando finalmente se dignó a despegar la cara de la pantalla y quitarse los auriculares, para dar así, una ojeada al interior del vehículo. Dos glaives iban sentados a su izquierda, delante de ella estaba Caelum y a la derecha de este había otro glaive. Arrugó por un momento su rostro.

"¿Ocurre algo?" –Le preguntó Noctis mientras quitaba la vista de la ventanilla para centrarla en ella.

"No entiendo para que es necesaria tanta seguridad" –Se limitó a decir. – "Tampoco es que sea alguien tan peligrosa"

"Peligrosa no es el término correcto, cierto, más bien diría yo un dolor de cabeza" –Le respondió el pelinegro a lo que ella le devolvió una media sonrisa.

"¿De verdad hace falta todo este despliegue por esta simple e inocente chica de metro sesenta?"

"Es muy gracioso que uses la palabra inocente para describirte" –Por otro lado, Lena teatralizo una expresión de ofensa ante el comentario del príncipe. – "Pero si tanto quieres una respuesta, conténtate con saber que todos ellos están aquí para evitar que cometas alguna locura"

"Vaya Caelum, si por locura piensas que voy saltar de un coche en marcha en otro intento de fuga andas equivocado, tengo en estima mi integridad física… sin embargo creo que más bien ellos están aquí para evitar que atente contra tu integridad"

¡Bingo! Había vuelto a captar por completo la atención del príncipe, ahora lo único que tenía que hacer era divertirse haciéndolo rabiar.

"Explícate" – Ordenó.

"Visto los acontecimientos, no creo con el mariscal fuese tan ingenuo como para dejar al futuro rey de la nación solo en un espacio cerrado conmigo"

"¿Acaso insinúas que no soy capaz de defenderme?" – Cuestionó con algo de enfado mientras se acercaba a ella desafiante.

"No lo insinuó, lo afirmo" –Respondió también encarándolo. – "Vamos muchachos hagan sus apuestas, quién de los dos tiene más probabilidades de salir victorioso"

Sonrió complacida cuando vio la vergüenza en la cara del príncipe, había conseguido enfurecerlo, meterse con el orgullo de un chico siempre daba los resultados que esperaba. Pero lo que no sabía era que Noctis también podía seguirle el ritmo en aquella tonta danza que tenían.

"Sabes Lain, me hace gracia toda esa nueva faceta tuya de chica dura, que pena que sólo sea una ilusión"

"¿Qué insinúas?" –Bingo, ella también había caído.

"Oh por favor Lain, para bien o para mal ambos compartimos una historia, te conozco muy bien… es más yo diría que te conozco bastante en profundidad" –Recalcó el príncipe con cierta sonrisa de superioridad. La cual se vio respaldada por la leve risa que los glaives intentaron ocultar inútilmente.

De repente Noctis vio como la morena se le echaba encima quedando prácticamente sobre él, pegándolo fuertemente contra el respaldar y tomándolo por el cuello de su camisa. – "Será mejor que cierres la boca Caelum" –Le advirtió a escasos centímetros de su cara impregnado cada palabra del más profundo oídio. – "Tú y yo no tenemos nada" –Espetó Cortante.

"Vaya Lena, ¿tan pronto caes rendida a mis brazos de nuevo? Deberías cortarte un poco que hay gente delante, sin embargo" –El príncipe se acercó a su oído. – "Si tanto lo deseas podríamos vernos en el viejo vagón de tren, como en los viejos tiempos" –Dijo aquello último en un suave y arrullador susurro con un tono sensual que le produjo cierta descarga eléctrica a la morena.

Aquello fue como un balde de agua fría para ella, de pronto se dio cuenta de que estaba sentada a horcajadas encima del príncipe con su cara a escasos centímetros de la de este, comenzó a sentir como la temperatura de su rostro aumentaba, poniéndose roja hasta las orejas de la vergüenza. Sin embargo, aquello sólo allano el terreno para la furia que vino después.

Antes de que el coche se detuviese al frente de las escaleras del castillo un sonoro «¡plaf!»se escuchó en el interior del vehículo.

Poco a poco todos los que iban en los diferentes vehículos fueron saliendo, entonces el mariscal se dirigió a abrir la puerta del vehículo de su alteza y al hacerlo del interior salió en cuestión de segundos una enfuscada chica que se sobaba la mano. Seguido de ella un príncipe que, a pesar de la roja marca de una mano grabada a la perfección en su mejilla derecha, nadie podía quitarle su sonrisa de satisfacción, ni si quiera la mirada recriminatoria de Cor.

"¿Ocurre algo?" –Preguntó haciéndose el loco

No habían pasado ni veinticuatro horas de haber estado en aquel maldito sitio y sin quererlo ni pedirlo Eleanor Lain volvía a recorrer los corredores del lugar que una vez fue su hogar. Seguía al mariscal mientras que a sus espaldas iba todo un despliegue de glaives, suspiró, ¿cómo era posible todo aquel maldito espectáculo por haber visto unas simples escrituras? Qué tan importante eran como para justificar la que se había liado. Para su sorpresa no fue conducida a la sala del trono sino a hacia otra ala y una vez ahí un ascensor los estaba esperando.

"Hasta aquí llegamos, pueden retirarse" –Ordenó el mariscal al equipo mientras entraba al ascensor acompañado de la joven, para su sorpresa aquella orden también afectaba al príncipe quien al intentar ingresar fue detenido por Cor que se interponía en su camino.

"¿Qué ocurre?"

"Tu padre quiere hablar con ella en privado" –Se limitó a responder.

"Venga ya, esto es un asunto que me incumbe a mí también"

"Lo siento Noctis, órdenes del rey" –Fue lo último que dijo antes de que las puertas se cerrasen en sus narices.

La cabina se sumió en un silencio que la joven agradeció, a medida que el ascensor iba ascendiendo, podía escuchar como el palpitar de su corazón se hacía cada vez más y más ajetreado. ¿Cómo era posible que de estar furiosa pasase tan rápido a estar nerviosa? Para poder sobrellevar la espera comenzó a juguetear inconscientemente con sus pulgares tal y cómo hacía de pequeña cuando estaba en ese estado.

De pronto se escuchó una campanilla y el ascensor se detuvo, las puertas se abrieron dando paso a un alargado pasillo, cuando la mirada de Cor se posó sobre ella no pudo evitar agachar la cabeza un leve sonrojo tiño sus mejillas. Sin lugar a duda tenía que hacerse mirar aquello, no podía ser sano que alguien cambiase de estados de ánimo tan rápidamente.

"Por aquí" –La guío, Lena simplemente asintió con la cabeza aun gacha y siguió a Cor a través del pasillo.

A cada paso que daba su corazón iba aumentando más y más, hasta el punto de convertirse en un atormentante tamborilero, para cuando se detuvieron y levantó la cabeza se topó con una puerta.

"El rey está al otro lado" –Ahí fue cuando la joven pensó que su corazón colapsaría, que hasta ahí había decidido acompañarla. – "Si es tan amable" –Este abrió la puerta, invitándola a pasar.

La morena volviendo a agachar la cabeza asintió y entró a la habitación a pasos lentos y tímidos, no pudo evitar sorprenderse cuando la puerta se cerró a sus espaldas, al levantar la cabeza se encontró que estaba en un gran comedor. Lo reconoció, había estado aquí un par de veces cuando su familia y la de Caelum se reunían para cenar. Inspeccionó el lugar para encontrarse con cierto cabello rubio revoltoso, Prompto estaba ahí observándola arrepentido, al instante su vista se afino, su rostro formó una mueca y apretó sus puños. «Da gracias a que hay una mesa de por medio» pensó, ya volvía a estar enfadada, se sentía traicionada por su amigo. Pero entonces sus ojos saltaron al siguiente sujeto, presidiendo la mesa se hallaba Su Majestad, observándolo con aquellos ojos llenos de un cariño paternal.

De pronto todo aquel malestar se esfumó y de nuevo volvía a sentirse pequeña, como si estuviese pisando un terreno pantanoso, para alguien que siempre era muy segura de sí misma aquello era bastante desagradable. Sin lugar a duda tenía que hacerse mirar aquello. Pudo ver como el rey movía uno de sus brazos, invitándola a tomar asiento al lado suyo. Su cuerpo era un bloque de mármol en aquel instante, pero de nuevo retomando su valor echó a andar hacia ellos.

Caminaba despacio ante la atenta mirada de estos, todo sumergid bajo un silencio desagradable, únicamente interrumpido por el rechinar de las patas de la silla cuando la movió para sentarse. En su garganta se formó un nudo cuando fue consciente que estaba tan cerca del rey… así como del traidor de su amigo, debajo de la mesa comenzaba nuevamente a juguetear con sus pulgares.

Todo estaba en silencio, nadie se atrevía a hablar.

"Me alegro mucho verte de nuevo" –Expresó el rey con un tono cariñoso.

De pronto Lena se quedó en blanco, no sabía cómo responderle, era como si toda la burbuja de cosas que llevaba tiempo reteniendo que se habían transmutado en aquel odio a la familia real se hubiese deshinchando. Su mordaz lengua se había retraído, no tenía nada que decir, todo aquello que pensó soltar si los volvía a tener delante se esfumó.

"Yo también me alegro de verle su majestad" –Le contestó ella y muy para su sorpresa no fue algo dicho para quedar bien, sino que de verdad lo sintió.

"Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos"

"Sí… mucho tiempo"

"Y la verdad estoy realmente orgulloso de la mujer en la que te has convertido Lena" –Aquello ocasionó que la nombrada elevara la vista. – "Sinceramente estoy realmente fascinado con todo tu trabajo, para tener tan corta edad tu carrera es ciertamente prometedora"

Regis no pudo evitar sonreír cuando vio el brillo en los ojos de la chica, la tensión de sus hombros iba desapareciendo.

"¿Usted sabe a lo que me dedico?"

"Oh Lena, la duda ofende. ¿Arqueología? Sin lugar a duda era tu vocación, con lo inquieta y curiosa que eras de pequeña por conocer toda lo historia del mundo antiguo… casi es como preguntar de qué color es el cielo azul" –Respondió divertido, su sonrisa se le contagio a la morena.

Entonces el rey hizo una pausa, como si estuviese recordando algo. – "De todo, lo que más me fascinó fue esa expedición a aquella jungla, el templo que tú y tu equipo encontrasteis en las profundidades de aquella montaña"

"¡Oh sí! Pero en realidad eran los restos de un antiguo volcán"

"¿En serio?"

"¡Sí!"

Para Prompto, le resultó fascinante aquel cambio, su amiga siempre había sido algo celosa de contar su vida privada, es más si le preguntasen como era ella la definiría como una persona serena, que no solía dejarse llevar por sus emociones, (algo propensa a la violencia) acostumbrada a seguir siempre las normas y a la vez, un auténtico misterio. Por ello el hecho de verla tan emocionada contándole la historia a Su Majestad con tal pasión, era realmente bonito. Sintió un cosquilleo, quería sacar una foto del momento. Al final dejándose llevar por su impulso, con cuidado, meticulosamente captó la imagen de aquel instante y no pudo evitar sonreír orgulloso al ver que en la foto se podía sentir la esencia.

"Fascinante" –Dijo el rey.

"Sí" –Concordó ella.

"Tus padres estarían orgullosos" –Le dijo este mientras posaba una mano sobre la suya. – "Elena y Perceval no podrían ser más felices de ver la mujer en que te has convertido" –Lena asintió, su rostro se había teñido de tristeza, pero el cálido contacto del rey la reconfortaba.

"Lo sé, a veces me gustaría que estuviesen aquí para que lo viesen por ellos mismos"

"Tesoro tú sabes que es así, a pesar de que hace mucho que nos dejaron, ellos siempre te han acompañado a lo largo de este camino" –Un suave apretón acompañó sus palabras. – "Ahí" –Señalo el corazón de la persona que consideraba una hija.

Aquellas simples palabras consiguieron despejar la tristeza que la había oscurecido, una tímida sonrisa se dibujó en sus labios, se limpió los ojos que le estaban escociendo par así levantar la cabeza y mirar al rey.

"Venga, suéltalo ya, no hace falta que me sigas llevando por el camino izquierdo ¿Qué necesitas?" –Preguntó más relajada, acomodándose en su asiento.

El rey se río ante su comentario.

"Siempre al quiz de la cuestión, igual que tu padre" –Ella sonrió ante lo dicho por Regis. – "Hace poco descubrimos que Niflheim se había puesto en marcha después de estar un tiempo inactivo, nuestros espías han descubierto que estos han comenzado unas excavaciones al sur de aquí. Todavía no tenemos muy claro la razón de todo ello, pero sabemos que es muy importante debido a la magnitud de tropas y maquinaria que han movilizado" –Este hizo una pausa. – "Sin embargo se han topado con un obstáculo…. Una inmensa y misteriosa pared de piedra en las profundidades de la caverna, con un gran poder mágico, impregnada en…"

"Las escrituras, ¿cierto?" –Terminó de decir ella, comentario al que Regis asintió.

"Creemos que son la clave para acceder a lo que sea que está siendo resguardado en las profundidades del lugar"

"¿Dónde entro yo en todo esto?"

"Sabemos que una incorrecta lectura de las escrituras conlleva unas terribles consecuencias, la magia que habita la zona es tan poderosa que ningún arma hasta la fecha es capaz de derribar la pared. Todos nuestros expertos han sido incapaces de descifrar el enigma escondido en las antiguas runas… todos menos tú"

Lena se sorprendió por un momento, ella sabía que era buena, pero ¿Tanto?

"¿Tiene que ser una broma? ¿Cierto?" – Fue lo primero que se le pasó por la cabeza.

"Me temó que no, increíblemente tú eres la única que ha conseguido un avance en todo este misterioso enigma, por ello Lena, ahora te ruego para que nos prestes tu ayuda"

La mencionada quedó en silencio, no sabía que responder, su mente le gritaba que ni se le ocurriera hacer algo así, que era una estupidez, había gastado mucho tiempo y esfuerzo en conseguir dejar atrás y olvidar todo lo que tenía que ver con los Caelum. Como para que una vez conseguido a la más mínima oportunidad se zambullera de cabeza en las tormentosas aguas que eran esa familia. Sin embargo, una muy pequeña parte de ella le decía que sí.

Respiró profundamente, no sabía cómo resolver aquella encrucijada, en un intento de sopesar las cosas llego a la conclusión de que si no ayudaba probablemente las consecuencias serían espantosas para todo ser viviente. Todo lo que tenía que ver con Niflheim nunca era bueno. Pero por otro lado el decir que sí significaba que la que iba a salir mal parada de todo aquello era ella, porque prestar ayuda a la casa de Lucis era como firmar una sentencia de muerte; en la que estos siempre salían sin ningún rasguño.

No pudo evitar suspirar, todo aquello era como el dichoso dilema del tranvía, ¿Qué haría? En el rumbo de los acontecimientos, ¿se llevaría por delante a todos los habitantes del planeta o accionaria la palanca y sería a ella a la que la máquina arrollaría?

No sabía qué hacer.

"En el caso de que decidiese ayudaros, ¿qué garantías tengo? –Se atrevió a preguntar. – "Por lo que veo soy un peón con bastante valor"

"¿Qué deseas?"

"No es lo que desee, sino lo que necesito"

"Explícate"

"Sois el principal enemigo del imperio, tenéis cierta ventaja sobre estos, sin embargo, vuestros expertos no han sido capaces de descifrar lo que hay en la pared. Por lo que dudo mucho que ellos también hayan podido hacer algún avance. Están desesperados, la guerra los ha dejado débiles y si lo que hay al otro lado es su última esperanza, harán lo que sea para hacerse con ella"

"No tienen por qué saber de ti" –Regis se adelantó a sus palabras.

"Pero si es su última esperanza, una vez que las opciones se acaben estos comenzaran a moverse, a buscar alguien capaz de leer… sinceramente yo no me considero de las mejores, la institución para la que trabajo tiene personas que me dan mil vueltas. Aun así, eso no asegura que sean capaces de lograr tal objetivo, irán uno a uno hasta que finalmente lleguen a mí" –Hizo una pausa. – "Y para sorpresa de todos yo sí soy capaz"

"Eso no debe preocuparte Lena, nosotros te protegeremos"

Ante aquel comentario ella no pudo evitar reprimir cierta carcajada amarga. "¿Cómo a mis padres?" – Lanzó ella. El rostro del rey se entristeció por un momento.

"¿Qué insinúas?" –Esta vez fue el momento de Prompto para hablar.

El rubio recibió una fría y dura mirada. – "¿Lo que insinuó?" –La sangre comenzaba a hervirle – "Lo que insinuó, es que si acepto esta misión suicida por prestar mí ayuda a Lucis ¿no acabaré haciendo compañía a mi madre en el cementerio? o mejor aún, ¿cómo mi padre? Desaparecido en combate. Porque ellos también decidieron prestar ayuda a Lucis cuando la necesito y mira como acabaron"

A pesar de no llegar gritar no fue consciente de como su voz iba subiendo más y más, llena de rabia y dolor. Pero tenía que controlarse, no podía dejar que sus emociones tomaran el control… porque entonces haría temblar todo hasta convertirlo en polvo, en el mejor de los casos.

Se mordió el labio para evitar hablar más de la cuenta.

El rostro de rey se ensombreció, aquello dicho por la última de los Lain había dado justo en el clavo, generando una brecha en su memoria, una brecha que dejo escapar tortuosos recuerdos que siempre intento reprimir; sin embargo, una vez, volvían a emerger. Un sabor amargo supuraba en su boca.

"Lena" –Dijo Prompto en un susurro.

"No joven Prompto… ella tiene razón" –Las palabras del rey ocasionaron que ambos se sorprendieran, nunca habían visto al monarca en aquel estado, la tristeza que desolaba su rostro era devastadora.

Lena se hundió más en su asiento, por un momento la rabia que la había nublado le hizo recordar cuál era la razón por la que tanto odiaba a la familia real, sin embargo, ver el rostro del rey hizo que esta se esfumara. Ella debía recordar que no era la única que había sufrido, que su madre y, en especial, su padre habían sido grandes amigos del monarca. Por lo que aquellos terribles hechos que en su día arrebataron la felicidad de su familia, también afectaron a otras personas… en especial a Regis.

Y es que ella nunca se lo había planteado antes, su rabia se lo había impedido, y era cómo debía sentirse el rey sabiendo que grandes amigos suyos habían dado su vida por su nación, por el deseo y promesa de un futuro mejor. Una terrible carga que el mencionado debía llevar en sus hombros solo.

Estos años habían pasado factura, demasiada, devastadora incluso. La morena volvió a respirar, ya más calmada decidió continuar, pero se vio interrumpida por el rey.

"Prometo…" – La voz le tembló – "No, juró por mi vida que te protegeré, que no permitiré que nada malo te ocurra, esta vez no fallaré, por tu madre y tu padre… Y una vez que todo esto acabé, jamás volverás a tener noticias de nosotros" –Sentenció Regis.

Aquello último la pilló desprevenía, la sorprendió inmensamente las palabras de su majestad, «Y una vez que todo esto acabé, jamás volverás a tener noticias de nosotros» se repitió en su cabeza. No se lo esperaba. Pero por aquella mirada tan determinante supo que era verdad. La imagen de sus padres apareció frente a ella, solamente por unos instantes. Quizás fue una señal. Por lo que después de un silencio que pareció una eternidad decidió cerrar sus ojos y tirar de la palanca.

"Está bien, os ayudare" –Aquella respuesta hizo que por un lado Prompto soltase todo el aire que sin darse cuenta había estado reteniendo y por otro que el rey asintiese agradecido.

Entonces la morena pudo ver que el rey le hacia una señal a Prompto y acto seguido el rubio descubrió una carpeta que la deslizo por la mesa hasta su posición, Lena no pudo evitar arquear una ceja al ser incapaz de comprender la situación.

"Lo que el joven Argentum te acaba de pasar contiene varias imágenes más detalladas de toda la pared, nuestros espías han hecho un buen trabajo, espero que sea suficiente para ti" –Aclaro el rey.

Tomando cuidadosamente la carpeta, como si se tratase de alguna especie de bomba, Lena la abrió para comenzar a ojear su contenido, era cierto, esta vez las fotos eran de mejor calidad.

"¿Crees qué podrás traducirlo?" –Le preguntó Prompto mientras ella seguía pasando las láminas.

No le hizo acaso, no porque no quisiese, en parte, sino porque viéndolo mejor, algo en todo aquello se le hacía bastante familiar, sin embargo, era incapaz de caer en ello. De pronto uno de los símbolos la hizo detenerse, delante de ella estaba la imagen de la pared en su plenitud y si uno era más meticuloso podía apreciar en la esquina del margen superior izquierdo entre los que parecía un barullo de figuras un dibujo. Este se diferenciaba del resto dado que las escrituras habían sido talladas en la piedra mientras que dicho dibujo había sido pintado.

La pintura consistía en un montón de circunferencias concéntricas, del exterior de estas salían una serie de pétalos, cuatro grandes y alargados y entre estos unos más pequeños y anchos. Aquel dibujo se asemejaba a una rosa… pero de fuego.

Aquello dejo sin aliento a la muchacha, así como al rubio para quien no pasó desapercibido como las facciones de la chica manifestaban sorpresa y no era menos dado que una vez que recordó donde había visto ese símbolo antes todo finalmente se conectó. Lena sintió, por un momento como todo le daba vueltas, dejo la lámina en su lugar, colocó el resto y cerró la carpeta, le costaba respirar, sentía su cuerpo pesado.

"¿Te encuentras bien?" –Le preguntó Prompto. Se produjo un silencio, observó como su amiga levantaba la cabeza para observarle y pudo ver en sus ojos cierta bruma, algo más importante estaba ocupando su mente en estos momentos, pero ¿qué?

"Necesito… tiempo" –Fue lo único que se le ocurrió decir en aquellos momentos, se encontraba agobiada.

"Por su puesto" –Dijo el rey – "Dispondré una sala…"

"¡No!" – Le interrumpió rápidamente. – "Si pudiese retirarme a mi casa, allí podría concentrarme más" –Habló en un tono más suave después del repentino sobresalto que tuvo.

"De acuerdo, haré que preparen un vehículo"

"Preferiría volver caminando a mi casa"

"¿Segura?" –Asintió ante la pregunta – "Esta bien" –El rey no tan convencido. – "Diré que tengan tus cosas preparadas"

"Gracias" –Le contesto ella antes de tomar la carpeta y levantarse.

Al hacer aquello vio como Prompto rápidamente la imitaba, le dio una mirada de confusión

"Al menos permíteme acompañarte a la salida" – Habló con seriedad. Lena no tenía ganas de discutir por lo que simplemente asintió, solamente quería salir de ahí.

{…}

Mientras tanto, ajeno a todo lo que estaba ocurriendo en la reunión, el príncipe se encontraba recostado en su cama observando el techo, todo sumido en un profundo silencio, había sido un día demasiado ajetreado. Por así decirlo. En cierto modo agradecía que su padre le hubiese dejado al margen, demasiadas emociones con las que lidiar como para tener que seguir soportando más. Lain era bastante exasperante. Ahora más que nunca, pero ella no siempre había sido así.

De pequeños la recordaba alegre y feliz, correteando de un lugar a otro, una cosa que le encantaba era lo autentica que era, siempre decía las cosas tal cual las pensaba, alguien real en todo aquel mundo de falsas sonrisas que significaba la realeza. Ella fue como chocarse con una pared, todo el mundo siempre estaba encima de él, preocupándose, prestándole atención, hacían todo para satisfacer a aquel solitario principito. Mientras que ella pasó olímpicamente de él cuando se conocieron, le importaba absolutamente nada que el fuese un príncipe.

De repente alguien que pasaba de él, aquello fue ciertamente curioso, tanto que sin darse cuenta el joven príncipe comenzó a prestarle más y más atención a la única persona que lo ignoraba. Hasta que finalmente un día consiguió hacerse notar y ahí fue cuando empezó su amistad. Su primera amiga de verdad.

Sin embargo, de la noche a la mañana ella cambio completamente, se volvió alguien más reservada y distante y a él se le hacía imposible entenderlo. Sabía que ciertas cosas la habían afectado, pero qué tanto podía pasar para que se produjese un cambio tan drástico en una persona.

"¡Maldita Lain!" –Exclamó este furioso mientras se incorporaba para quedar sentado, otra vez comenzaba a darle vueltas al asunto. – "Justo cuando siento que por fin mi mundo está en orden llegas tú para ponerlo patas arriba" –Bufó molesto.

Se llevó las manos a la cara, estaba cansado, ya hacía mucho que intentó buscar una respuesta al problema, pero simplemente Lena Lain era una variable aleatoria que no encajaba en su ecuación. Por lo que no podía dejarse llevar, debía recordarse que ya había pasado página, hace mucho tiempo, y que hoy en día no podía permitirse más inestabilidad. Estaba más que contento con los recuerdos que le atormentaba como para ponerse a desenterrar el pasado ahora.

Noctis pudo escuchar como llamaban a su puerta.

"Adelante" –Masculló. Como estaba de espaldas a la puerta sólo pudo oír como esta se abría para luego cerrarse, entonces unos suaves pasos recorrían el lugar hacia donde estaba él. Pudo ver como esta figura se colocaba delante de suyo y se agachaba hasta estar a su altura.

"¿Te encuentras bien?" –Le preguntaron con una delicada voz.

Noct se sobresaltó al escuchar quien era, por lo que rápidamente se quitó las manos de la cara. – "Luna" –Habló a lo que la joven le respondió con una dulce sonrisa

"He escuchado que tuvisteis una mañana agitada"

"No te lo puedes ni imaginar" –Dijo mientras se dejaba caer en su cama. Pudo sentir como Luna tomaba asiento al lado suyo.

"¿Ya está solucionado?"

"Eso creo, mi padre se está encargando de ello"

"Entonces por qué siento que algo te está inquietando"

Noctis no pudo evitar crisparse, por qué ella siempre tenía un sexto sentido para estas cosas, finalmente, después de un nuevo silencio, Noct decidió volver a levantarse para poder estar a la misma altura.

"Simplemente mi pasado, que ha vuelto para tocarme las narices" –Se limitó a decir, tampoco quería dar explicaciones, por lo que esperaba que para Luna fuese suficiente con lo que le había dicho. Y así pareció ser, ya que al cabo de un tiempo él pudo sentir como la dama Lunafreya tomaba sus manos que a diferencia de las suyas eran cálidas, al instante una placentera sensación comenzó a cubrir su cuerpo, permitiéndole así relajarse.

"El pasado siempre formara parte de nosotros, nos guste o no, y por muy enterrado que queramos tenerlo este acabara volviend, pero no podemos dejar que nos domine, tenemos que ser nosotros no él quienes tomemos las riendas. Al final la decisión es sólo tuya, aceptarlo o rehusarlo"

Después de lo dicho por ella, la habitación volvió a sumirse en un silencio, pero esta vez era agradable, relajante, ambos se encontraban cómodos. Como siempre, Luna llegaba justo en los momentos que él necesitaba, dándole un orden y sentido a las cosas, sin poder evitarlo se aproximó para depositarle un casto beso en los labios a modo de agradecimiento. En ocasiones los actos dicen más que las palabras.

Una vez que separaron ambos que quedaron mirando, para luego sonreírse tontamente hasta que un momento dado, sin aviso ninguno, Noctis la abrazó y se dejó caer en la cama. Este no pudo evitar reír ante el sonrojo que se formó en la cara de su amada. Ojalá el tiempo se detuviese y ambos pudiesen quedarse así para siempre, se lo merecían ¿no? Era lo mínimo después de todo lo que habían pasado.

Así pasaron un rato hasta que Noctis se percató de una cosa y era que Luna iba vestida de una forma más informal. – "¿Y esa ropa?" –No pudo evitar preguntar.

"Me temó que debo regresar a Tenebrae, Ravus reclama mi ayuda"

"¿Cuándo?" –Preguntó este sin poder esconder su cara de tristeza.

"Esta noche" –Ante la respuesta de la dama Lunafreya, el príncipe marco más su semblante.

"¿Tu hermano no puede valérselas por sí sólo?"

"Me temo que son asuntos que requieren que toda la familia real esté presente, pero una vez que todo esté solucionado prometo volver lo antes posible"

El príncipe bufó – "Al menos concédeme un favor"

"¿Cuál?"

"Permíteme enviar contigo a uno de mis hombres de confianza, me sentiré más tranquilo si él te acompaña en tu trayecto"

"Claro ¿a quién?"

"Nyx" –Respondió el príncipe sin más.

"¿A él?" –Luna, se sorprendió por un momento, pero supo ocultarlo muy bien, a pesar de que su interior una inmensa cantidad de nervios habían comenzado a burbujear.

"Sí, fue de mucha ayuda cuando el ataque a la ciudad, además ambos os entendéis muy bien lo cual es bueno en un viaje tan largo" –Dijo despreocupado, sin embargo, aquello hizo que el interior de Luna diese un vuelco, un leve sonrojo tiño sus mejillas.

"Está bien si así deseas, el señor Nyx puede acompañarme" –Respondió aparentando serenidad.

"¡Estupendo!... Oye ¿te encuentras bien?"

"¡Sí!" –Dijo algo exagerado sin embargo rápidamente volvió a la normalidad. – "Acordándome ahora, Iris me dijo de pasar la tarde juntas, ¿por qué no nos acompañas?"

"No sé, parece un plan de chicas"

"Tonterías, puedes venirte, además seguro que a ella le hará especial ilusión verte ahí"

"No sé"

"Vamos Noct"

"Está bien"

"Genial" –Entonces se levantó de la cama – "¿Vamos?"

"¿Ya?"

"Sí, Iris debe estar esperándome en el recibidor"

"De acuerdo" –Entonces el príncipe también se levantó y acompaño a su amada.

Al poco tiempo ambos llegaron al gran hall del castillo y ahí pudieron ver a una muchacha en medio del lugar, con la mirada perdida, profundamente inmersa en su mundo. De pronto pareció salir de su ensimismamiento al oír pasos que venían en su dirección, al girar la cabeza pudo toparse con la figura de la dama Lunafreya.

"Adivina quién nos va a acompañar"

Entonces la más joven de los Amicitia pudo observar otra figura que acompañaba su amiga y cuando reconoció quien era sus ojos no pudieron evitar iluminarse de la ilusión.

"¡Noctis!" –Dijo tiernamente emocionada. – "¿Vas a venir con nosotras?"

"Eh… Sí" –Respondió un tanto incomodo mientras se rascaba la nuca. De pronto la chica emitió un leve chillido que lo asustó.

Acto seguido Iris comenzó a hablar y hablar, aquello hizo que el príncipe desconectase, de la boca de la joven salían demasiadas palabras por segundo como para poder procesarlas todas, además su cerebro no estaba para aguantar tal bombardeo de información. Por lo que simplemente se evadió.

Para cuando creyó que Iris terminó de hablar, volvió a conectar sus oídos.

"¿Estás de acuerdo Noctis?"

"Eh… sí claro, por su puesto" – Contestó sin estar muy seguro de lo que había respondido, de nuevo Iris volvió a chillar de emoción a la vez que comenzaba a dar pequeños saltitos. Noct llevó sus ojos a Luna dándole una mirada con la que pedía una explicación a todo lo que estaba pasando, sin embargo, Lunafreya se limitó a sonreír. Su querido príncipe podía ser muy poco atento a veces.

"¡Pues vamos no podemos perder más tiempo!" –La emoción se podía notar en todas y cada una de sus células. Noct simplemente bufó mientras que el oráculo se limitó a sonreír.

Entonces las puertas del ascensor se abrieron y de este salió un rubio y una morena. Aquello ocasionó que la joven Amicitia se callara por un momento para ver a la extraña pareja que caminaba hacia ellos, por otra parte, Noctis y Luna que estaban de espaldas a los acontecimientos observaron curiosos el repentino cambio de estado de ánimo de Iris.

Al ver que los ojos de la adolescente se dirigían a algo que había por detrás de ellos, decidieron girarse para toparse al instante con la pareja. Luna también miró curiosa mientras que Noctis no pudo evitar tensarse, de nuevo aparecía la causa de sus dolores de cabeza.

"Es la chica del otro día" –Mencionó Iris – "La que vimos en la tienda" – Luna asintió ante la respuesta

Por otro lado, Noctis se quedó observándola, su cuerpo estaba algo tenso, la expresión de su rostro denotaba preocupación, ¿qué podía ser lo que la estaba angustiando? Tanto Prompto como Lena, ajenos a la atención pasaron de largo. Sin percatarse de las miradas de los curiosos.

En su paso, Noct intentó afinar el oído, quería saber que se traían aquellos dos entre manos, pero lo único que pudo escuchar fue un «seguro qué estás bien» por parte de su amigo y un «sí» por parte de ella.

El trio pudo ver como la pareja continuaba su camino hasta salir del edificio.

"¿Prompto se ha echado novia?" –Preguntó Iris una vez que la pareja desapareció, aquella simple cuestión que fue formulada más por pensar en voz alta que por buscar una respuesta, sin saber cómo ni por qué, o eso creía él, despertó cierto enfado en el príncipe.

(*****)

Habían pasado ya un par de horas desde que Lena abandonó la Ciudadela, había conseguido dejar atrás a Prompto, quien se había empeñado en acompañarla a su casa, pero después de diez minutos de discusión lo logró. En otro momento habría agradecido la compañía, pero ahora necesitaba estar sola.

En su camino de regreso, tomó todas las rutas secundarias que consiguió, deseaba en parte llegar a su casa, pero tampoco quería hacerlo, ya que sabía lo que iba a hallar una vez entrase. Por lo que prefirió perderse un poco. Lo suficiente como para que una vez cruzó el pequeño portón de su casa, el atardecer había comenzado a teñirse con tonos de negros. Entró como un zombie y una vez en la sala se dejó caer en el sofá y se hundió lo más que pudo, para así suspirar, no quería hacerlo ya sabía la respuesta, pero aun así lo iba a hacer.

Se incorporó un poco para tomar su maleta y acostarla en el suelo, la abrió para comenzar a rebuscar entre todas sus pertenencias hasta que finalmente dio con lo que estaba buscando. La echó a un lado para tomar asiento en el suelo y depositó con cuidado la gran carpeta de sus dibujos sobre la mesita del centro de la sala, para así tomar el portapapeles que le había dado el rey. Abrió la carpeta y comenzó a sacar los impresionantes dibujos y a esparcirlos por la superficie, cuando todos estaban colocados, prosiguió a hacer lo mismo con el portafolios y sacar la lámina con la impresión que había generado aquella angustia. Sus manos habían comenzado a temblar. Lena prosiguió a mirar todos los dibujos que habían encima de la mesa hasta que finalmente dio con el que quería.

Lo agarró y colocó en el centro del lugar, para poner a un lado la imagen de la pared, puede que en un principio no hubiese ningún tipo de paralelismo entre el misterioso muro y lo que había pintado al otro lado.

En medio del valle, en una de las tantas montañas que albergaba la Fortaleza se erigía una gran torre, de estructura en forma de prisma decagonal dividida en tres niveles, construida en piedra blanca. El primer nivel estaba compuesto por una base en forma de circunferencia dividida en tres grandes círculos que empequeñecían a medida que se alzaban. El segundo nivel era el cuerpo de la torre que también se iba haciendo más fino a medida que la construcción ascendía. Por último, el tercer nivel que era una gran construcción con la forma de una corona, o por lo menos eso pensó Lena la primera vez que la vio hace ya tantos años atrás.

Aquella edificación recibía el nombre de la Torre de la Luna. ¿En que se asemejaban aquella estructura y la pared? Sencillo, el dibujo que la muchacha observó en la pared estaba impreso en cada una de las caras del segundo nivel de la torre. La misma rosa de fuego se repetía en ambos papeles.

Se apoyó contra el sofá para así observar el techo con la mirada perdida, de pronto el ambiente se había vuelto mucho más denso y se le hacía pesado respirar, su mente se había abstraído a aquella época y el pesar comenzó a presionar su pecho. Las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos, el miedo la estaba invadiendo, no por nada con respecto al tiempo que paso en la fortaleza sino por lo que implicaba aquel símbolo y lo que había pasado hace ya tantos años en el interior de la torre. Aquel día supuso un punto de inflexión en su vida, algunos lo considerarían una bendición, pero para ella era una maldición. Aquel día fue cuando dejo de sentirse humana.

{…}

Ya entrada la noche, Prompto se encontraba en su casa, estaba secándose sus revoltosos cabellos después de haberse dado una ducha, sin embargo, desistió pasado un rato, una vez fuera del baño bajó hacia el salón de su solitaria casa.

Se dejó caer en su reconfortarle sofá para acto seguido acostarse y tomar su ordenador de la mesa central, abrió el portátil para continuar con la edición que estaba haciendo de unas de las fotos que había tomado el día que salió con Noctis a fotografiar Insomnia. El rubio estaba tan sumido en su tarea que dio un pequeño salto cuando escuchó el timbre. «¿Quién podrá ser?» pensó mientras dejaba el portátil a un lado y caminaba hasta la entrada. – "Ya voy" –Dijo cuando escuchó de nuevo el timbre.

Al abrir la puerta se topó con la figura de su amigo.

"¡Noctis!" –Estaba sorprendido. – "¿Qué haces aquí?"

"¿Has cenado ya?" –Fue la respuesta que obtuvo a su pregunta.

"¿A qué viene eso ahora?"

Sin más el príncipe levanto su brazo derecho mostrando una bolsa blanca con unas letras asiáticas en cuyo interior había dos cajas de comida. Al ver aquello el estómago de Prompto despertó para hacerse notar, haciendo que el rubio se sonrojara y a Noct se le dibujase media sonrisa socarrona.

"Pasa" –Se limitó a responder mientras se hacía a un lado y daba paso a su amigo.

Noctis ingresó en la casa y camino seguido del rubio hasta el comedor para dejar sobre la mesa la comida que había traído.

"Menudo frío está haciendo tío" –Comentó mientras se sacaba el abrigo y lo dejaba en el respaldar de una de las sillas.

"Sí" –Contestó Prompto. El silencio se hizo presente, ninguno de los dos hablaba, Noctis sacaba las cajas de la bolsa mientras el rubio lo observaba inquisitivamente de brazos cruzados.

"Para ya de observarme, me miras como Ignis cuando hago algo malo" –Entonces este se calló para mirar a su amigo algo sorprendido del comentario que había hecho. – "Creo que no debería haber dicho eso… broma cruel" –Se regaño a lo que el rubio asintió dándole la razón. – "En cualquier caso, ¿podrías buscar algo de beber?"

"Claro, ¿quieres un refresco?" – l pelinegro asintió para ver como el rubio desaparecía.

Al poco rato Prompto regresó con dos latas de cola en la mano para luego tomar asiento al frente de su amigo y una de las latas mientras que el otro le paso la caja de noodles

"Coco y curry con pollo crujiente" – Comentó Noctis mientras abría los suyos con ternera y salsa teriyaki picante.

Después de aquello, ambos comieron con tranquilidad, hablando de vez en cuando, pero pasando la mayor parte del tiempo enfocados en sus respectivos platos.

"Tenemos que hablar" –Habló Noctis una vez que terminaron de comer, dejando los palillos en la caja y apoyándose en la mesa.

"Lo suponía" –Comentó el rubio antes de darle un último sorbo a su lata. – "Dispara"

"¿Por qué no me dijiste que ella estaba aquí?"

"Porque no lo sabía" –Aquello no fue la respuesta que él esperaba. – "¡No me mires así!"

"Y ¿cómo quieres que te mire?"

"Para empezar no de esa forma tan acusatoria"

"Yo no te estoy mirando así"

"Lo estás haciendo ahora"

"No"

"Que sí"

"Que no"

Sin más Prompto tomó su móvil y activo la cámara frontal y la puso de frente al príncipe, al instante Noctis arrugo su expresión al ver que el rubio tenía razón – "Vale" –Dijo secamente.

"No te dije que ella estaba aquí porque uno" –Levantó su dedo índice – "No tenía ni la menor idea de que ella estaba aquí. Dos" –Levantó otro dedo. – "No quería que se supiera, me hizo prometerle que no lo diría"

"¡Venga ya Prompto! Cómo que no sabías que estaba aquí"

"¡Tío es cierto!… anteanoche cuando regresaba de nuestro paseo vi luz en la casa de los Lain, pensé que sería alguien que se había colado por lo que fui a investigar, lo que no me esperaba fue que al entrar la muy bestia me diese un sartenazo en toda la cara"

Tras oír aquello Noctis no pudo aguantarse y comenzó a carcajearse, su escandalosa risa descontrolada se escuchaba por toda la casa, ocasionando que el rubio se pusiera colorado, cinco minutos después Noctis por fin consiguió relajarse.

"¿Has terminado ya?" –Preguntó el rubio molesto.

"No la verdad que no, pero me duele mucho la barriga" –Le dijo mientras se limpiaba las lágrimas, Prompto bufó, – "Vamos no te enfades, tiene que entenderlo, es super divertido"

"Sí claro, cuéntaselo a mi nariz"

"Prompto, tú que has atravesado innumerables peligros exitosamente y va Lain y te deja «K.O.»sin despeinarse"

"En mi defensa diré que estaba oscuro y la sartén era el triple de mi cara" –Se defendió enrojecido. – "Me pilló por sorpresa"

"No intentes arreglarlo" –Le contestó. – "Sin embargo no entiendo por qué fue a la gala, si tanto no quería que la viesen, aquel lugar no era el más indicado para pasar desapercibido"

"En realidad aquello no fue cosa suya sino mía, le pedí que me acompañara y al final, después de mucho insistir conseguí arrástrala… eso sí cumpliendo sus exigencias"

"Sí, os vi"

"¿Un momento?... ¿A eso fuiste cuando se acabó la reunión? ¿A ver los videos de seguridad?" – Esta vez fue el turno del rubio para contraatacar – "Qué mal rollo"

"¡No digas bobadas!" –Respondió Noct irguiéndose en su silla debido al comentario y sintiendo como su cara se iba calentando.

"No intentes arreglarlo… acosador" – Contraataco.

"Suficiente"

"Ahora enserio Noct" –Le dijo Prompto, captando así la atención de su amigo – "¿Tú sigues sintiendo algo por ella?"

El silencio inundo el lugar, Noctis agachó la cabeza, desde luego no se esperaba aquella preguntan

"Fue mi primera amiga… mi primer beso… mi primera novia y mucho más" –Comentó. – "Mentiría si dijese que no siento nada por ella, ya no de la misma forma que en el pasado, pero sí… eso creo"

"Entiendo" –Dijo el rubio – "Y ¿Crees qué ella siga sintiendo algo por ti?"

"No lo creo, tendrías que haber estado ahí para ver la que liamos, además tampoco es que precisamente viniese corriendo a mis brazos… más bien enterró su rodilla en mis joyas de la corona"

Después de aquello, ambos se echaron a reír hasta la saciedad.

"¿Te apetece que echar una partida a la consola?"

"Claro"

Y así ambos limaron asperezas.

En otro orden de acontecimientos, unas cuantas calles más allá cierta morena estaba teniendo un extraño sueño, se hallaba en Altissia, era un día como otro cualquiera estaba en su despacho del Instituto de Arqueología y Antropología, examinando unos desgastados pergaminos cuando de pronto escuchó como llamaban a la puerta.

"Adelante" –Dijo sin más, inmersa en su tarea.

Entonces escuchó como la puerta se abría lentamente, el chirriante sonido de las bisagras era bastante incómodo. Tomó una nota mental de avisar al conserje para que las revisara.

"¿Sí?" –Preguntó levantando la cabeza. Pero lo único con lo que se topó fue con un despacho vacío y una puerta entre abierta.

«Muy graciosos» pensó, seguro era alguno de sus colegas gastándole una broma. Por lo que se levantó y cerró la puerta, pero cuando se disponía a regresar volvieron a llamar a la puerta. Lena suspiró fastidiada.

"Tengo demasiadas cosas que hacer como para estar perdiendo el tiempo con esto" – Dijo en voz alta mientras abría la puerta.

Pero para su sorpresa no había nadie al otro lado.

"¿Hola?" –Preguntó saliendo, dio una mirada a ambos lados, pero el pasillo estaba completamente desierto.

De pronto la puerta se cerró a sus espaldas de forma brusca, sobresaltándola. – "Pero ¿Qué demonios?" –Intentó abrirla, pero había sido cerrada por el otro lado. Entonces Lena se percató de una cosa y era que misteriosamente el ambiente cálido del lugar había desaparecido, la temperatura había descendido y todo había sido impregnado por unos tonos grisáceos y negros.

Dio de nuevo una ojeada al lugar, sin comprender bien lo que acababa de pasar, podía ver como el vaho salía de su boca al respirar, el frio había calado hasta sus huesos. A lo lejos escuchó algo, no sabía exactamente qué.

Intrigada, aunque sabía que no era buena idea, fue a investigar.

Caminó por aquellos desérticos y gélidos pasillos, siguiendo aquel misterioso ruido que de tanto en cuanto se iba repitiendo. Para cuando llegó al lugar de donde procedía no había nada. De nuevo estaba sola, miró un par de veces el sitio intentando encontrar un rastro, pero no había nada. Sin más se dio la vuelta para regresar a su despacho, si no le quedaba más remedio forzaría la puerta, ya vendría alguien después a arreglarla, pero al dar un paso sintió como su bota pisaba algo.

Agachó la cabeza para toparse con una hoja arrugada manchada por lo que parecía petróleo, intrigada se agachó para coger el papel pegado en el suelo y al darle la vuelta se topó con un antiguo dibujo suyo, hecho hace ya mucho, mucho, tiempo atrás. A penas cuando estaba aprendiendo a dibujar. En él se veía formado a base de líneas y círculos de muchos colores a tres personas en el medio de la hoja, rodeados por árboles y flores de diversos tamaños, esas tres personas eran dos adultos que tomaban, cada uno, la mano de la niña.

La muchacha lo observaba detenidamente, preguntándose qué serían las pegajosas manchas de aquel fluido negro.

"Lena" –Una profunda y gutural voz la llamaba.

Pudo sentir como su cuerpo se paralizaba, congelaba, el ambiente se había vuelto más denso y entonces vio como una sombra que se reflejaba en lo más profundo del pasillo venía a hacía ella. Sin pensárselo dos veces echó a correr.

Por otro lado, en el mundo real, Noctis y Prompto se encontraban inmersos en su videojuego, enfrascados en una sana competición por ver quién de los dos era el mejor hasta que de pronto Noctis paró el juego.

"¿Qué ocurre?" –Preguntó Prompto ante el repentino acto de su amigo – "¿No soportas la paliza que te estoy dando eh?"

"Silencio"

"¿Qué?"

"¡Shhh!" –Le dijo Noctis gesticulando con su dedo índice.

Ambos guardaron silencio, el rubio no sabía muy bien que se traía entre manos su amigo, pero entonces pudieron ver cómo las luces de la casa comenzaban a parpadear, se detenían y al poco volvía a dar una serie de rápidas ráfagas.

"¿Qué está ocurriendo?" –Preguntó el rubio.

De pronto Noctis se levantó del sofá, tenía una intuición del origen de aquello

"Sígueme"

Entonces Prompto también se levantó y acompaño rápidamente a su amigo – "Noctis estoy en pijama" –Le dijo al ver como este se disponía a salir.

"Da igual"

"No da igual, ¡hace frío!"

"¿Te vienes o no?" –Preguntó con seriedad y al final el rubio acabo saliendo de su casa para apto seguido autoabrazarse.

"Vamos"

"¿A dónde vamos?"

"Tú sólo calla y sígueme" –Le ordenó para seguir andando, ignorando los refunfuños por pare de su amigo.

Por otro lado, de regreso con Lena, esta se hallaba sumida en una profunda carrera a través de los grandes y alargadas galerías, los pasos y la voz que la llamaba insistentemente seguían a su espalda, pisándole los talones. Sentía como le costaba respirar, parecía que llevase horas huyendo de un lado al otro del antiguo edificio sin poder despistar a aquello que fuese lo que la estaba llamando. Sus energías estaban mermando.

En un momento dado abrió sin delicadeza alguna una maciza puerta de madera que la llevo al nivel superior del vestíbulo principal del edificio, todo estaba desolado «Imposible, si es hora punta» pensó. Su agitada respiración podía escucharse por todo el lugar. Ya no oía nada, fuese lo que fuese había desaparecido. Caminó un tanto agitada observando a través de la gran bóveda de cristal el oscuro cielo nublado, hasta llegar a las escaleras del ala izquierda. Quería salir de aquel lugar cuanto antes.

Pero justo cuando se disponía a bajar se detuvo, el ambiente volvía a estar pesado, cerró los ojos mientras sentía como su cuerpo temblaba y su corazón amenazaba con colapsar. Abrió los parpados lentamente e inspirando profundamente aquel denso aire, se dio la vuelta. Se topó con un inmenso humanoide, amorfo, cuyo tejido corporal estaba carcomida dejando a la vista profundas partes necrosadas de las que supuraba aquel viscoso líquido negro. Su cabeza estaba completamente cubierta de una especie de tejido cicatricial, lo único que había a la vista de su deformado rostro eran dos ojos de azul verdoso.

Cuando el ser hizo un ademán de intentar tocarla, Lena gritó todo lo que sus cuerdas vocales le permitieron y se impulsó para atrás con la mala suerte de que apoyó mal y cayó. De repente chocó bruscamente contra su cama, todos los muebles de su cuarto golpearon bruscamente el suelo.

A la vez que aquello pasaba, Noctis y Prompto vieron como de pronto todas las luces del vecindario se apagaban, dejándolo todo a oscuras por un momento antes de volver a encender. Ambos se quedaron estupefactos, pero rápidamente reanudaron la marcha.

De nuevo con Lena, esta se encontraba boca arriba en su cama, su respiración era irregular, sus pulsaciones agitadas, todo su cuerpo temblaba y se encontraba completamente bañada en un sudor frio. Las lágrimas escapaban a su control, podía escuchar como todo a su alrededor temblaba, haciendo que su pánico aumentase por momentos. Sólo deseaba que aquello parase.

Sus emociones estaban tomando el control, necesitaba controlarse o sino aquellos simples temblores pasarían a algo mucho más grave. Se llevó las manos a su pecho tocando por encima de la sudadera el colgante del sol, aparentándolo con la suficiente fuerza como para que sus púas se clavasen dolorosamente. Había pasado a un estado en que la pieza ya no podría seguir reprimiendo por más tiempo lo que guardaba en su interior.

Rápidamente se levantó, se colocó unos pantalones y se dirigió a su bolso para rebuscar por unos minutos que parecieron una eternidad, hasta encontrar lo que buscaba, se llenó los bolsillos con ello y entonces salió de su casa.

Por otra parte, Noctis y Prompto estaban en la calle del frente observando detrás de un coche.

"¡¿De veras me has sacado a las tantas de la noche, con el frio que hace, para espiar a Lena?!" –Prompto estaba tremendamente enfadado. – "Estás rozando la obsesión"

"Calla ya coño" –Le dijo el pelinegro molesto.

"No sé qué esperas ver sinceramente"

"¡Shhh!"

"Mira" – Noct señaló y entonces al mirar hacia delante pudo ver como la puerta de la casa se abría y de ella salía una encapuchada Lena, se la podía notar algo nerviosa debido a lo agitada que iba. Había salió de la propiedad a toda leche para comenzar a andar calle abajo.

Estos la observaron por un momento alejarse y cuando decidieron que habían dejado un suficiente espacio comenzaron a seguirla, su recorrido los llevó por diversas calles, cada vez acercándose más a los límites del reino.

"¿A dónde crees que ira?" –Comentó Noctis mientras andaban detrás de la joven.

"Creo que tengo una idea" –Le contestó Prompto.

Después de un largo recorrido en la solitaria noche, la joven llegó hasta una calle que bordeaba una porción de la gran muralla que contenía a Insomnia, se acercó hasta el límite de la acera para comenzar, así, a descender una pendiente que llevaba a una pradera, con cuidado de no caer. Ya había tenido suficiente con hacer la croqueta por un día.

Una vez en la parte baja anduvo un poco hasta detenerse donde daba un rayo de luna, observó entonces la colosal barrera negra, al instante recuerdos de tiempo atrás que sucedieron justo en este lugar acudieron a su mente. El día que se vio obligada a despedirse de su peludo amigo se reprodujo como una película en su mente. Movió sus descalzos pies sobre la fría hierva, desde chica aquello siempre le producía satisfacción, para luego agacharse y sacar de los bolsillos cristales de distintas formas y tamaños. Siete en total, cada uno en representación de los distintos chakras y los colocó a su alrededor para formar un círculo.

Aquella pesadilla había generado en su interior una alteración, un profundo desequilibro que tenía que solventar drenando la energía de su interior y las piedras ayudarían como respectivos receptores. Porque si lo llegaba a hacer sin nada que absorbiera, la energía se convertía en una fuerza arrolladora.

Se posicionó en el suelo, adoptando la postura de loto, cerró los ojos y dejo sus manos reposando sobre sus rodillas. Inspiró y expiró hasta que pudo sentir como la agitación mermaba un poco. Pasado un tiempo y con la respiración acompasada, abstrajo su mente de la realidad, dándole un respiro y focalizándose en una cosa, imaginar como la energía salía de su cuerpo y se depositaba en las gemas. Todo ello mientras se mantenía serena.

Al poco tiempo sintió un cosquilleo a través de su cuerpo, aquello era buena señal, un hormigueo que iba desde la coronilla hasta la punta de sus dedos de los pies, podía sentir como la embravecida tormenta de su interior iba apaciguándose hasta que finalmente consiguió la calma.

Por otro lado, el príncipe y el fotógrafo observaban desde la lejanía a la chica llevando a cabo su meditación.

"¿Crees que es alguna especie de ritual ocultitsta?" –Inquirió Prompto.

Noctis negó con la cabeza. – "Cuando estábamos juntos en más de una vez la vi haciendo lo mismo y misteriosamente siempre meditaba después de que ocurriesen las interferencias en las luces"

"¿Alguna idea de a qué se debía eso?"

"Me temo que no, pero ocurrían cuando la situación era desbordante para ella, cuando ya no podía pensar racionalmente las cosas"

"¿Ella siempre fue así de fría y cerrada?" –Le preguntó el rubio

"Para nada, de niños era todo lo contrario, pero de repente de la noche a la mañana cambio, se volvió mucho más distante… todo a raíz de su desaparición"

"Aquí fue donde yo la encontré" –Le comentó Prompto ganándose la atención del príncipe. – "Era una mañana normal, había salido a hacer ejercicio y después de un rato cuando me detuve a descansar, vi a una niña sentada en aquella pradera con la mirada perdida, no sabía dónde estaba cuando me acerqué a preguntarle"

"Cuando me dijiste que si seguía sintiendo algo por ella" –El rubio asintió. – "Sí, siento algo y es preocupación, indiferentemente de como acabasen las cosas entre nosotros, no puedo evitar seguir preocupándome por ella, en su tiempo pasé noches en vela intentando averiguar qué podía estar pasándole"

"Tal vez tengas una nueva oportunidad, ¿no? Es decir, ahora que ella vuelve a estar aquí a lo mejor entre los dos podemos averiguar qué es lo que le está ocurriendo. Al fin y al cabo, es nuestra amiga y a los amigos no se le abandonan"

"Tienes razón" –Dijo el príncipe mientras centraba la atención en su castaña favorita.

"Entonces qué me dices, ¿ayudaremos a nuestra amiga? A pesar de lo mucho que nos rechacé y las veces que nos saqué de quicio… ¿Estaremos ante todo junto a ella?" –Propuso Prompto.

"Sí"

"¿Entonces tenemos un trato?

"Trato hecho" –Confirmó Noctis.