Chapter 6.

(The Little Dinosaur)

"Adiós Elena" — Dijo el pequeño príncipe mientras agitaba su bracito enérgicamente.

"Adiós Noct, mañana a la misma hora" — Le respondió mientras terminaba de guardar sus cosas.

Este asintió contento antes de comenzar su marcha junto a Ignis por el castillo, su padre le había regalado juguetes nuevos y estaba deseando estrenarlos junto a su amigo, por una vez había conseguido que este dejase de lado sus obligaciones. No todos los días podía permitirse el lujo de jugar con él.

"Ya verás Ignis, te van a encantar" — Le decía el pequeño pelinegro mientras correteaba de un lado a otro, emocionado, contándole cuales eras todos y cada uno de sus juguetes nuevos, así como el mundo de posibilidades que tenían.

A lo que su fiel siervo siempre le respondía con que «era todo un horno ser invitado a tal acto»

En un momento dado, cerca de su posición estos vieron pasar a una desordenada cabellera castaña a toda velocidad por uno de los pasillos contiguos, ambos se quedaron mirando por un momento. Ya sabían de quien se trataba.

"Su alteza ¿no ha invitado a la señorita Lain a jugar con usted?"

"¡¿Qué?!" — El pelinegro se puso completamente rojo ante lo dicho por su amigo. Lo habían pillado con la guardia baja. Rápidamente negó.

No era que jamás lo hubiese pensado, en verdad lo deseaba, pero casi en el año que ambos habían vivido bajo el mismo techo las veces que habían cruzado alguna palabra eran escasas.

Al principio de todo este pensó que ella le robaría toda la atención de su tutora, pero sorprendentemente no era así, la atención que le prestaba Elena nunca se vio afectada por lo que dejo de verla como una rival. En cambio, el pequeño comenzó a verla con otros ojos.

Aquella niña era tan diferente, algo que no se podía explicar con palabras, pero cuando coincidían era incapaz de apartar sus ojos de esta, ella tenía algo que lo capturaba, era quizás lo libre que se veía. A pesar de estar en un castillo rodeada de personas importantes esta jamás dejo que aquello la amedrentara, siempre se comportaba como era ella misma; curiosa, aventurera, constantemente en metida en su mundo, indiferente de lo que pasaba a su alrededor.

Incluidas las personas.

Y como no, todo aquello sólo logro aumentar más y más la curiosidad que tenía el joven príncipe ante ella, por lo que durante todo aquel tiempo este hacía todo lo posible para que en sus encuentros Lena fuera capaz de prestarle, aunque fuera un segundo de su atención. Sin embargo, aquello jamás llegó a dar sus frutos, todos sus intentos se vieron completamente fallidos y la frustración del príncipe sólo hacía más que aumentar.

¿Por qué él era el único a la que la chica lo trataba de forma indiferente? Al principio creyó que era por igual… pero no, para nada, con su padre se hablaba, haciendo que le contase historias del reino; con el personal del castillo también más de lo mismo. Pero con él no.

El único en aquel castillo que no existía para ella era él.

"Que va Ignis, ella dirá que no"

"¿Cómo está tan seguro de ello su alteza?"

"Porque constantemente me está ignorando, por mucho que intente llamar su atención siempre acaba igual, ella pasando completamente de mí… seguro que me odia" — Liberó así toda la frustración que tenía guardada.

"¿La señorita Lain? Pero si para nada es así, ¿ha intentado hablar con ella directamente?"

Al instante este se puso rojo de la vergüenza, en casi todo aquel año de intentos frustrados jamás había tenido el valor de acercarse a ella y hablar. Por lo que acabo agachando la cabeza ante la mirada divertida de su amigo, para así negar.

"Pues en ese caso vayamos a pedírselo"

"¡Qué!" — Se sobresaltó por segunda vez.

"Sí, seguro que le hará especial ilusión que usted la invite a jugar con nosotros, vamos" — Comentó este para así ir a buscar a la joven.

"¡No, no, no, nooo!" — Le imploraba el pequeño príncipe muerto de la vergüenza, pero por más que intentaba frenar a Ignis, este seguía adelante.

Mientras tanto, al otro lado del pasillo, en la gran sala donde se hallaba la pintura que recreaba la profecía del Entronado, la pequeña Lena se encontraba sentada en el suelo, a unos metros del colosal cuadro con un libro más grande que ella; leyendo acerca de la profecía del verdadero Rey mientras miraba a la pintura. Intentando entenderla, pero aun así había un montón de cosas que se le quedaban en el aire.

Sin embargo, no pudo seguir mucho más tiempo en la lectura dado que a lo lejos podía escuchar un barullo que le impedía concentrase, por lo que curiosa miró para ver de qué se trataba y entonces pudo ver como aparecían las figuras de Ignis y el príncipe. Ambos venían hacia donde ella estaba.

Por lo que suponiendo que querían hablar con ella, se levantó.

"Buenos días señorita Lain" — Le saludo Ignis.

"Buenos días a ti también Ignis" — Entonces pudo ver como a su lado se hallaba un callado príncipe que apenas podía mantener el contacto visual.

"¿Queríais algo?" — Preguntó educadamente.

"Sí, su alteza deseaba pedirle una cosa" — Así Ignis dio un paso atrás, dejando así al tímido príncipe en primer plano.

Entonces el pelinegro cayó en la cuenta de que toda la atención de la joven, por una vez, estaba recayendo completamente en él, ya que al levantar la cabeza se topó con la mirada de la joven fija en él. Pero muy a su pesar este fue incapaz de responder como quería, ya que cuando iba a hablarle su voz salió un agudo susurro apenas audible, aquella metedura de pata hizo que se pusiera completamente nervioso; sus piernas comenzaron a temblar, a la vez que era incapaz de articular palabra alguna ocasionando que salieran sonidos inconexos, así como tartamudeos. Inevitablemente su rostro comenzó a ponerse más y más rojo.

Estaba haciendo un espectáculo. Uno bastante ridículo y lamentable.

"¿Te encuentras bien?" — Le preguntó esta mientras acercaba su rostro para poder escudriñarlo

Entonces ahí fue cuando Noctis pensó que terminaría colapsando, jamás ella había estado tan cerca de él, incluso podía percibir cierto perfume que era embelesante ¿aquello era vainilla? Y si no hubiese sido por Ignis que rápidamente le tendió una mano, este creía que acabaría implosionando.

"A el príncipe le gustaría invitarla a jugar con nosotros en su habitación, ¿queríamos saber si le gustaría venir?"

El momento decisivo había llegado, su corazón comenzó a latir más rápido que nunca, podía escuchar le «bum-bum» de este en sus orejas, sus manos sudaban a más no poder; en su cabeza ya se podía imaginar un colosal NO cayendo de los cielos para aplastarlo en el acto.

"Sí" — Respondió esta.

"Ves Ignis te… Espera ¡¿Qué?!" — Acaso había oído mal o ella había dicho sí.

"Dije que sí" — Le volvió a decir. — "¿A qué hora queréis que esté ahí?"

"Íbamos a ir justo ahora, pero si necesita un poco de tiempo podemos vernos cuando usted quiera"

"¿Os parece bien en media hora? Así tendré tiempo para devolver ese libro a la biblioteca" — Ambos chicos asintieron en el acto — "Estupendo, pues no vemos dentro de un rato"

Y así la joven Lain tomó ese enorme volumen, para desaparecer por donde hace unos momentos habían venidos ellos dos.

"Ve su majestad, le dije que ella aceptaría" — Le dijo Ignis, a lo que Noct asintió, pero de forma automatizada ya que todavía no se podía creer que ella de verdad hubiese dicho que sí.

"Ha dicho que sí" — Todavía no se lo creía, pero entonces el príncipe reparó en cierto asuntó que le impidió disfrutar — "¡Oh no!" — Este se llevó las manos a su cara alarmado.

"¿Majestad sucede algo?"

"¡Oh no! ¡Oh no! ¡Oh noooo!"

Y sin llegar a responderle a su amigo este salió rápidamente corriendo sin prestar atención al preocupado Ignis que le seguía de fondo.

{…}

"¡Todo tiene que estar perfecto!" — Decía el pequeño príncipe mientras corría de aquí a allá intentando arreglar el completo caos que había en su habitación. Este en un momento dado para observar a su amigo, el cual le daba una mirada de reproche — "¡Ignis para de mirarme así y ayúdame!" — Se quejó.

"Su majestad no es propio de alguien de su estatus tener su cuarto en este estado"

"Ya lo sé, siempre me lo estás diciendo"

"¿Entonces para qué debería ayudarle si nunca sigue mi consejo?"

El pequeño emitió un profundo quejido, este estaba al borde de querer arrancarse los pelos — "Por favor Ignis ayúdame y te prometo por los dioses que siempre tendré mi habitación ordenada" — Le suplico este, tirándose de rodillas al suelo melodramaticamente.

Ignis era incapaz de entender lo que significaba para él esto, aunque el joven Noct tampoco lo entendía del todo, jamás se había comportado así ante alguien que viniera a visitarlo, entonces por qué estaba así ante la visita de Lena.

Ignis acabo suspirando — "Esta bien, permítame echarle una mano"

"¡Gracias Iggy eres el mejor!" — Gritó emocionado el pelinegro mientras daba pequeños saltos.

Así ambos comenzaron rápidamente a terminar de recoger el dormitorio del pequeño príncipe antes de que la visita llegase a la hora que habían estipulado. Y para su suerte estos habían conseguido dejar el lugar presentable justo con escucharon como llamaban a la puerta.

"Ya llegó" — Dijo Noct con el corazón a mil por hora. Este se quedó mirando la puerta.

"Su majestad" — Ignis captó la atención de este — "¿No va a abrir?"

"Eh-eh-eh" — El pelinegro no supo qué contestar. De nuevo volvieron a llamar a la puerta — "¡Abre tú!" — Le pidió de repente nervioso mientras empujaba a su amigo hacia esta.

Sin más Ignis acató la súplica de su príncipe, por otro lado, Noct no paraba de arreglarse el pelo y acomodarse sus ropas, podía sentir como sus manos le sudaban a más no poder por lo que rápidamente se las limpio en su pantalón. «Señorita Lain, pase» pudo escuchar, por lo que rápidamente levantó la vista para ver como su invitada entraba.

Los ojos de la joven recorrieron de un extremo a otro la habitación hasta que finalmente cayeron sobre la figura del joven monarca.

"Has venido" — Dijo Noct todavía sin creérselo, en un tono que le hacía parecer un bicho raro.

"Sí, tú me invitaste, ¿recuerdas?" — Respondió Lena con cierta diversión, aquello ocasionó que el joven se sonrojara a la vez que su corazón latía más rápido — "He traído a Rufus conmigo" — Mencionó esta mientras le enseñaba el T-Rex rojo.

"Es un placer que haya venido" — Le dijo Ignis mientras se posicionaba al lado de Noctis — "¿No es así majestad?"

El niño asintió enérgicamente.

"Bueno y ¿a qué jugamos?" — Preguntó Lena.

Ambos chicos se miraron sin tener muy claro que decir, la verdad era que no habían pensado en que entretenerse una vez la chica hubiese llegado.

"Mi padre me ha comprado juguetes ¿quieres verlos?" — Preguntó tímidamente.

La joven asintió y así los tres se encaminaron hasta otro extremo del lugar a un gran baúl el cual el príncipe abrió para tomar varias figuras de acción que su padre le había regalado hace un par de días.

Este se las enseño muy emocionado a ambos presentes, dándoselas para que las pudiesen ver mejor, sin embargo, pasado unos momentos Noct se dio cuenta de que en realidad no podrían hacer mucho con ellas; por lo que rápidamente volvió al baúl para rebuscar y sacar algo nuevo que mostrar y proponer. Pero de nuevo para el pequeño volvía a ser insuficiente, por lo que nuevamente los soltó para volver a rebuscar.

Y así empezó un constante vaivén, para el príncipe nada era suficientemente bueno, por un lado, Ignis se llevó una mano a la cabeza mentalmente al ver el espectáculo que montaba el príncipe; en cualquier momento iba a verlo hundiéndose en el baúl en busca del juguete perfecto. Mientras que, por el otro Lena, lo miraba divertida.

La joven se acercó hasta estar al lado del pelinegro que no paraba de remover todo — "¿Qué es eso de ahí?" — Preguntó haciendo que el Noct se sobresaltara, había estado tan inmerso en su tarea que ni había notado cuando ella se acercó.

"Pu-Pues son piezas para montar un castillo medieval, mie padre me regalo toda la colección, puedes crear la fortaleza, la cárcel, la torre del hechicero y…"

"Mucho más" — Añadió esta, a lo que el príncipe asintió.

"Todo lo que tu imaginación quiera"

"¿Entonces por qué no construimos una fortaleza con todo esto?" — Dijo esta emocionada — "Podemos incluso hacerla más grande con todo lo que tienes aquí"

"Y podríamos crear una historia, de caballeros, príncipes, princesas y bestias"

"¡Sí!" — Dijeron ambos a la vez, emocionados como los niños pequeños que eran para así comenzar a sacar todo lo que necesitaban y mucho más para la construcción que iban a llevar a cabo.

Las horas pasaron y pasaron en la construcción de la gran ciudadela que estos llevaban a cabo, tomando las piezas originales para del castillo para anexarlas y fusionarlas con otras cosas que a pesar de que no tenían relación ninguna, en la mente de ambos niños sí. Todo aquello acompañado por multitud de risas y trabajo equipo. Cuando el emplazamiento había sido acabado, estos comenzaron a tomar los diversos personajes que formarían parte de todo aquello.

Como el príncipe había propuesto, iba a ser la típica historia medieval, en la que el caballero rescataba a la princesa en apuros, en la que para ello se libraría una gran batalla; sólo que dicha historia contaría con unos pequeños cambios.

"¡¿Qué?!" — Dijo Noct. — "Cómo que el príncipe en apuros"

"Sí" — Le dijo Lena asintiendo para así reafirmarlo — "Las historias de caballería siempre son las mismas, el poderoso príncipe que a lomos de su corcel se enfrenta al malvado ogro que tiene cautiva a la princesa"

"Pero eso es lo que tiene que hacer un príncipe, proteger a su princesa" — Dijo Noct seguro de sus palabras. O eso creía él. El príncipe tiene que rescatar a la princesa ¿no?

"No tiene porque Noctis, un príncipe no tiene por qué ser siempre el que deba rescatar, él también tiene el derecho a ser rescatado"

Aquello a Noctis lo dejo en un limbo de conocimiento, él jamás se lo había planteado así, en todas las historias que había leído siempre era así, chico protege a chica, en cambio; ahora se hallaba con una perspectiva completamente opuesta que nunca se había planteado. La cual ciertamente le estaba llamando la atención.

"Está bien, el príncipe será quien sea rescatado" — Confirmo este a lo que la niña aplaudió emocionada.

Entonces los personajes se repartieron, Noctis encarnaría al príncipe que había sido secuestrado por el malvado ogro hechicero, el cual protagonizaría Iggy, quien se había encarcelado en infranqueable fortaleza llenas de huestes sedientas de sangre. Y por último, Lena tomaría el papel de la valiente guerrera que a lomos de su poderoso dinosaurio comandaría un ejército para derrotar a la maligna criatura y así rescatar al príncipe.

Una vez que todas las figuras habían sido preparadas, todo dio comienzo, a las puertas de la tétrica ciudadela las huestes de las caballeras habían sido reunidas, mientras que por otro lado el poderoso orco junto a sus tropas observan al enemigo. Mientras que el torreón más elevado de todos, un impotente príncipe observaba todo.

La heroína y el ogro compartieron un par de palabras, una última advertencia para evitar así el derramamiento de sangre que la criatura no aceptó y así ambos cabecillas dieron la orden de que se preparan sus ejércitos. Y así dio comienzo la guerra.

Los niños generaban gritos de guerra y ruidos de pelea mientras lanzaban las diversas figuras al ataque, pequeñas pelotas eran lanzadas de un extremo a otro simulando el fuego de catapultas, así como diversos materiales que simulaban hechizos mágicos. Por otro lado, aprovechando el caos que se había formado, el personaje de Noct entro en acción, escapando de su celda para enfrentarse así a los guardias con el objetivo de encontrarse a su rescatadora y así ambos vencer al villano.

Sin embargo, a Noct en todo aquello había algo que le desencantaba y era el hecho de que el héroe siempre fuese alguien superior que podía despechar a los malos sin despeinarse, desde su punto de vista que los heroes siempre fuesen todopoderosos e invencibles era algo aburrido. Era mucho mejor cuando estos se les complicaba las cosas.

Y algo se le había ocurrido para ello.

Cuando el príncipe finalmente se reunió con los otros dos, se puso en marcha lo que el pelinegro había ideado, para la sorpresa de todos, la figura de este atacó la de Lena.

"¡¿Y eso a qué ha venido?!" — Le Preguntó Lena.

"Pensabas qué el verdadero enemigo aquí era este Ogro, me temo que estás muy equivocada ya que el verdadero villano soy yo" — Dijo el pelinegro mientras articulaba su figura ante la mirada sorprendida de los otros dos. — "Y tú, la mejor caballera de mi padre, has caído tontamente en mí trampa…una vez que acabe contigo nada se interpondrá en que yo pueda hacerme con el reino" — Desveló. — "¿Verdad?" — Preguntó ahora refiriéndose a Ignis.

"Eh… ¡sí, sí!" — Afirmó rápidamente mientras juntaba su figura a la de Noct.

La historia había dado un giro completo de tuercas.

"Muy bien, puedo enfrentarme a ti traidor" — Dijo Lena preparando su personaje.

"Eso está por verse" — Le contestó Noct.

Y así estos comenzaron una encarnizada batalla final la cual poco a poco comenzó a irse de las manos ya que tanto Noctis como Lena intentaban que su personaje se impusiera sobre el otro; argumentando cada habilidades y poderes que eran superiores a los del otros. De ello era testigo Ignis, quien observaba todo desde un segundo plano, ya que oliéndose que las cosas se iban a salir de control intento por medio de su personaje intentar llegar a un equilibrio. Pero tristemente había acabado siendo asesinado por ambos.

Por lo que no le quedaba más que presenciar como la discusión de aquellos dos iba a más por ver quién de los dos prevalecía sobre el otro. Lo que le reconfortaba era ver que de momento ambos a pesar de estar mosqueados se controlaban.

Sin embargo, para desgracia del sirviente el detonante acabo llegando y fue cuando Noctis se inventó que empleando los poderes del decapitado ogro el príncipe oscuro fue capaz de controlar al dinosaurio de caballera para convertirlo así en siervo suyo.

"¡¿Qué?!"

"Lo que has oído, tu dinosaurio es ahora uno de los nuestros" — Dijo el príncipe para tomar el juguete.

"Ni de broma Rufus no es y no va a ser nada de eso" — Lena rápidamente cogió el juguete por un extremo.

"Pero si el príncipe lo ha convertido con sus poderes en uno de los suyos, claro que ahora lo es"

"Por encima de mi cadáver" — Le respondió esta.

Ninguno de los dos tenía pensado soltar al dinosaurio, comenzando a tirar así cada uno para su lado, mientras se decían que lo soltase, Ignis viendo que la cosa ya sí iba a salirse de control intentó entrar en escena; pero antes de que pudiese decir algo ambos niños acabaron siendo lanzados cada uno para un extremo.

Un profundo silencio llenó todo, el joven sirviente se quedó observando estático como ambos niños se reincorporaban algo confusos para mirarse y entonces darse cuenta de lo que había pasado; para así buscar rápidamente al juguete.

A la pequeña Lena sus ojos se le abrieron más a no poder al ver que entre sus manos estaba el cuerpo del animal, mientras que Noctis palideció al percatarse de que entre sus manos se hallaba la cabeza del animal.

"Rufus" — Dijo Lena en un susurró. Estaba en shock.

Al joven príncipe se le formó un nudo en su garganta cuando aquellos vacíos ojos se posaron sobre él y entonces este se esperó lo peor cuando la niña se levantó, por lo que rápidamente cerró los ojos. Sin embargo, nada nunca llegó a suceder. Por lo que temeroso los abrió para toparse con la chica a pocos metros suyos con la palma de su mano extendida.

Este rápidamente entendió lo que ella quería decir y le dio la otra parte del dinosaurio.

Sin más Lena se dio la vuelta en silencio para caminar hasta la puerta y abrirla — "Te odio" — Dijo con una expresión neutra, pero con unos ojos tan llenos de rabia y furia que bastaron para hundir al pequeño pelinegro. Y sin más se marchó.

"Ella… me odia" — Dijo Noct al cabo de un rato.

"No diga eso su majestad, es por lo que acaba de pasar, pero le apuesto que no es así" — Dijo Ignis intentando reconfortar a su majestad.

Pero este se limitó a negar.

"No, esta vez sí que la he pifiado de verdad, cualquier oportunidad se ha esfumado" — Dijo mientras se levantaba para ir hasta su cama — "Ella me odia" — Repitió.

"Pero…"

"Ignis si eres tan amable podrías retirarte, me gustaría estar solo"

Este quería decirle que no, que no se lamentara, que estaba haciendo todo más de lo que en realidad era que había sido un accidente; pero simplemente no pudo, debía obedecer las órdenes de la corona. Y muy a su pesar se tuvo que marchar.

(*****)

Lena parpadeó, todavía era incapaz de creer lo que sus ojos estaban observando, inevitablemente se talló los ojos, sin embargo, la imagen seguía ahí, por lo que finalmente optó por pellizcarse. Pero lo único que recibió a cambio fue un molesto pinchazo. La escena seguía intacta, cuatro adultos rodeando a un niño pequeño, todos en el más absoluto silencio, observándolo fijamente.

El joven Noctis comenzó a sentirse incómodo, ¿qué era lo que estaba pasando? ¿Por qué todos sus conocidos de repente lucían mucho más viejos?

"¿Ignis? ¿Prompto? ¿Gladio?" — Su cabeza viajaba a cada uno de los susodichos a medida que los nombraba — "¿Qué os ha pasado? ¿Por qué lucís tan viejos?"

Lain no pudo evitar ahogar una risita, la cual fue captada por el monarca. Sus ojos azules se posaron sobre ella y entonces pudo percatarse como el semblante del niño iba cambiando lentamente de la confusión a la sorpresa. El joven Noctis dio un paso al frente, todos de inmediato se pusieron nerviosos, no sabían qué era lo que iba a hacer. Por otro lado, el príncipe ignoró a los sujetos que estaban a su alrededor, caminó con paso cauteloso hacia la figura que se mantenía a distancia, hasta colocarse frente a ella.

"¿Lena?" — Susurró mientras la observaba. — "¿Eres tú?" — Más que una pregunta hacia la parte contraría, parecía que se la hacía a él mismo.

"Sí Noctis, soy yo" — Contestó no muy segura. Algo le decía que la pregunta del joven príncipe guardaba más que el simple hecho de saber si ella también había experimentado el mismo crecimiento repentino que los otros. Y supo que era así cuando de repente vio como las facciones del pequeño flanqueaban y su mirada comenzaba a llenarse de lágrimas. Finalmente, las emociones fueron superiores y el pelinegro comenzó a llorar.

"¡Qué le has hecho!" — La acusó Gladio.

"¡¿Como que qué le hecho?! ¡Pero si yo no le hecho nada!" — Se defendió rápidamente.

Lena estaba angustiada, delante de ella tenía a un niño que no paraba de llorar, a la vez que miradas acusatorias se clavaban en ella, no pudo evitar sentirse mal; ella era la que había causado aquello. Aunque en el fondo no sabía por qué exactamente.

"Noct, ¿qué ocurre?" — Intentó preguntarle mientras se agachaba para estar a su altura, delicadamente retiró las manos del rostro del príncipe para poder tener contacto visual. — "Vamos, me puedes decir qué pasa"

Pero fue verla para que el llanto del pelinegro se avivara todavía más. Prompto se llevó las manos a la cabeza, Gladio negó y ella sintió que se iba a desmayar. Sin embargo, sintió como unos pequeños brazos se envolvían entorno a su cuello y la cabeza del joven se escondía en su cuello.

"To-Todo el mundo decía que estabas muerta" — Dijo finalmente Noctis. Este se sorbió los mocos — "Pero yo sabía que no era así, que tú seguías con vida"

Lena abrió los ojos antes las palabras del príncipe. Ahora entendía lo que pasaba, así que Noctis estaba así por aquello. Finalmente pudo suspirar aliviada al comprender la situación. Arropó al joven príncipe entre sus brazos, estrechándolo más a su cuerpo.

"Sí Noct, soy yo, he vuelto"

{…}

Los cuatro observaban al pequeño príncipe de espalda a ellos, sentado en uno de los extremos del círculo de piedra, recomponiéndose.

"¿Y bien? ¿Me vais a contar qué pasó?"

"¿Acaso no lo ves? Se ha vuelto un renacuajo" — Espetó Gladio.

"Claro que lo veo imbécil, pero dudo mucho que Caelum por arte de magia haya retrocedido catorce años en el tiempo, así porque sí"

Gladio iba a contestarle, pero Ignis intervino, haciendo que este suspirara exasperado para finalmente decidir mantenerse a raya. Aquellos dos tenían demasiado carácter y la cosa no estaba para una pelea.

"Fue ayer en la batida, un Cadente atacó a Noctis por sorpresa, le escupió un extraño líquido. En principio no pensábamos que fuese nada grave, el no mostró síntomas de envenenamiento u otra cosa. Decía que se encontraba bien. Pero a la luz de los hechos queda demostrado que no es así"

"¿Alguna idea de qué cadente pudo ser?"

"Tenía cara de humano y cuerpo de serpiente. Nos topamos con varios de estos en nuestro viaje, pero ninguno con estas habilidades, normalmente te solían convertir en rana" — Prompto no pudo evitar tener un escalofrío al recordar lo eventos de la cueva con otro de aquellos bichos, el primero de todos. — "Pero no sabemos más, ¿alguna idea?"

Lena negó, los cadentes no eran su especialidad.

"¿Quizás podamos preguntarle al viejo Cid?" — Propuso el rubio. — "Ha vivido aquí mucho tiempo, seguro que tiene conocimiento sobre todos los cadentes de la zona"

"No es una mala idea Prompto" — Le contestó Ignis — "Si el abuelo de Cindy es capaz de decirnos de qué criatura se trataba podrá ser un comienzo"

"Tengo compañeros que se encargan de estudiar y catalogar a los Cadentes, si damos con el nombre puedo llamar y preguntar, a ver qué nos pueden decir" — Añadió Lena.

Ignis no pudo evitar suspirar con cierto alivio. Lo que estaba comenzado como una nueva pesadilla, quizás resultaría más transitoria de lo que pensaba.

"Bien, pues en ese caso pongámonos en marcha, a ver que nos puede contar el anciano para que los cerebritos se pongan en marcha"

Lena no pudo evitar poner los ojos en blanco ante las palabras de Gladio.

"Ignis" — Escucharon de pronto una aguda voz. Todos en el acto bajaron su cabeza para ver la joven príncipe entre Lain y Prompto, este había pasado desapercibido.

"Dígame su alteza"

Todos estaban expectantes ante la cara que tenía, quizás algo iba mal.

"Tengo hambre"

La respuesta de este hizo que los otros miembros no pudiesen evitar ahogar una carcajada. Habían sido momentos de máxima tensión que de repente algo como aquello los descolocó nuevamente, pero en el buen sentido.

"Puede que antes de meternos en otro berenjenal haya primero que recargar el tanque" — Comentó el rubio risueño mientras se daba unas palmaditas en la tripa.

"Está bien su alteza, iremos a desayunar"

El rostro del niño se iluminó ante las palabras de su compañero.

Una vez recogido el campamento, el grupo emprendió el camino de regreso a Hammerhead.

"¡Vamos Prompto te hecho una carrera! ¡El primero que llegué gana!"

Noctis echó a correr en dirección a la estación de servicio, pero a los pocos metros se detuvo y giró para ver que su otro compañero no le seguía. Por otro lado, Prompto se quedó un poco indeciso al no saber cómo actuar.

"Vamos síguele el rollo" — Le susurró Gladio.

Rápidamente el rubio le respondió al príncipe con su mejor y más brillante sonrisa.

"¡Menudo tramposo! Ya verás, ¡te voy a dar una paliza!" — Gritó para correr en dirección al pelinegro.

Noctis no pudo evitar reír para rápidamente volver a correr aprovechando la ventaja que tenía. Por otro lado, Lena no pudo evitar sonreír, la verdad que si echaba la vista atrás no recordaba que el príncipe durante su infancia fuese alguien que soliera reír todo el tiempo. Más bien solía ser un niño apagado y triste. Sabía que una de las razones por las que su madre había decidido pasar un tiempo en el castillo antes de mudarse a su residencia definitiva fue para que ella se hiciera amiga del príncipe, sin embargo, sus deseos e ilusiones no pudieron estar más herradas, ellos jamás cuajaron… al menos en un principio.

(*****)

El pequeño príncipe caminaba con la cabeza gacha, habían pasado ya un par de semanas desde el incidente. En su cabeza se había grabado a fuego la frialdad de aquella mirada. Durante todo aquel tiempo intentó solucionar las cosas, pedir perdón por lo que había hecho, pero sus esfuerzos no habían servido de nada; ella siempre lo evitaba.

En su interior el joven príncipe deseaba que le hubiese gritado o dado una bofetada, se lo merecía y hubiese dolido menos que el silencio. Simplemente no lo soportaba, el que lo mirase y no le dijera nada, que sus ojos ya no mostraran más que indiferencia hacia él. Era como si hubiese dejado de existir para ella.

Lo odiaba.

Noctis suspiró. ¿Quizás podría preguntarle a Elena? Era como una madre para él después de todo y sabía que se había esforzado todo lo posible para que él y su hija hicieran buenas migas. A pesar del desenlace que tuvo la historia. «¡Sí! Se lo voy a preguntar» Pensó el infante con una actitud renovada y todas sus esperanzas puestas en aquel fantástico poder que tenían los adultos para buscarle una solución a todo.

Noctis levantó su cabeza, dispuesto a correr hasta el aula en que su tutora lo estaba esperando para sus clases diarias, sin embargo, algo por el rabillo de los ojos llamó su atención. A su derecha, en uno de los invernaderos de la ciudadela, vio algo marrón escabullirse entre las plantas. Curioso este siguió su camino hasta llegar al otro lado, y a través de la pared de cristales pudo ver a la persona que últimamente ocupaba todos sus pensamientos.

"¿A dónde irá?" — Se preguntó.

Noctis buscó la forma en la que esta había conseguido pasar al otro lado y a pocos metros de su posición encontró que una de las ventanas estaba abierta. Tras atravesarlo, este miró de un lado a otro, de pronto su objetivo había sido opacado por el hecho de que estaba fuera de su casa, en el exterior. El aire golpeaba su rostro y podía escuchar el bullicio de la ciudad por todas partes. Pero aquello duró unos pocos instantes, tenía que concentrarse. Rápidamente buscó por dónde se había escabullido Lena, para así ver unas escaleras que se adentraban en un pasaje subterráneo.

Bajó los escalones a gran velocidad para toparse con un extenso corredor de frío hormigón y tuberías que iban de un lado a otro. Por un momento tuvo miedo de meterse en aquel espacio, pero finalmente sus ganas de encontrar a la joven le proporcionaron el valor necesario como para correr por todo aquel lugar sin atreverse a mirar a sus lados o detenerse. Finalmente el joven príncipe consiguió vislumbrar la luz al final del túnel al toparse a mitad de su camino con una habitación que daba a unas puertas abiertas y más allá de estas, fue capaz de ver grandes árboles.

Con cierta timidez, se aventuró al exterior, de pronto la vista de los edificio había sido cambiada por frondosos árboles cuyas copas cubrían el cielo, permitiendo que pequeños rayos de sol se colaran entre sus aberturas. Aquel sitio era un lugar tranquilo y agradable, los ruidos de la ciudad de pronto habían desaparecido y sólo se escuchaba el sonido de las hojas siendo movidas por el viento. Una repentina paz lo inundó y de pronto pensó que le gustaría perderse en aquel sitio por toda la eternidad.

"¡Trico! ¡Trico!"

De repente la voz de Lena rompió el silencio del lugar, esta procedía de algún punto no muy lejos de su posición, por lo que simplemente tuvo que seguirla hasta que finalmente fue capaz de encontrarla en un claro. Con cautela, se ocultó detrás de un árbol para poder observarla. Tenía la vista fija en el cielo, parecía estar esperando a alguien.

"¿A quién llamas?" — Se atrevió a preguntar.

Aquello ocasionó que la pequeña Lain se sobresaltara y rápidamente se diera la vuelta para encontrar al príncipe, quien se acercaba con cautela a ella. De pronto sintió que sus mejillas se coloreaban de un brillante carmín.

"Yo no estaba llamando a nadie"

Noctis se sorprendió, eran las primeras palabras que le oía pronunciar desde el incidente en su habitación.

"Mentirosa. Sí que lo estabas haciendo" — Afirmó. — "¿Quién es Trico?"

"No es nadie" — Respondió la morena con nerviosismo.

"¿Es tu novio?"

Aquello descolocó a Lena quien tuvo que pestañear varias veces, cuando fue capaz de procesar las palabras sintió como su rostro ardía.

"Pero ¡qué dices imbécil! Yo no tengo novio"

Noctis no supo porqué, pero aquellas palabras le proporcionaron cierto alivio.

Por otro lado, Lena no aguantó más aquella cara de pazguato que se le había quedado al pelinegro y se dio la vuelta. Aunque en el fondo lo había hecho para que no siguiera viéndola así. De pronto su corazón latía de manera ajetreada.

"Entonces, ¿quién es Trico?" — Volvió a preguntar.

"Nadie"

"No creo que estés aquí por nadie"

"Vete"

"No hasta que me digas a quién buscas"

Pudo escuchar como ella gruñía y murmuraba de espaldas a él, sabía que se estaba enfadando, pero egoístamente no iba a parar. Deseaba profundamente poder hablar con ella y ahora que lo había conseguido no lo iba a desaprovechar.

"¿No tenías clases con mi madre? ¿A qué esperas? Vete a babaer por ella, seguro que si haces las cosas bien te dará una galleta.

Sin embargo, aquellas palabras lo mosquearon. Sabía que la estaba haciendo enfadar, pero él en todo momento había sido respetuoso con ella. Noctis arrugó el semblante, para meterse las manos en los bolsillos y después patear una piedra. «Tonta» pensó para darse la vuelta y marcharse.

Aunque esta vez no la iba a dejar quedarse con la última palabra.

"Está bien, me voy" — Dijo de mala gana para darse la vuelta y regresar por donde había venido. Sin embargo, cuando había dado ya unos cuantos pasos habló lo suficientemente alto para hacerse oír — "Seguro que Elena me cuenta quién es ese tal Trico"

Cuando Lena escuchó aquello sintió como su corazón se detenía, rápidamente se giró para toparse con la mirada de diversión del príncipe. Aquello la hizo rabiar hasta el último pelo de su cabeza.

"Veamos si puedes contárselo antes de que tu padre te castigue por fugarte de la ciudadela"

Entonces fue el turno del príncipe para horrorizarse.

"Pe-Pero tú también te has fugado"

"Pero yo no soy el príncipe"

De pronto la sonrisa maquiavélica que puso la niña lo heló. Había jugado con fuego y ahora sabía que se iba a quemar. De pronto algo pasó a su lado a gran velocidad, sin apenas tener tiempo de procesarlo. Pestañeo un par de veces para entonces ser consciente de que Lena ya no estaba delante de él. Se giró con horror para descubrir como ahora la mayor de sus pesadillas le sacaba gran ventaja. Sin perder más tiempo Noctis echó a correr tras ellas. Para su sorpresa fue capaz de reducir la distancia que los separaba, quizás porque en el fondo sabía que no había nada que asustara en este mundo que su padre enfadado. No podía permitirse aquello, debía detenerla a toda costa.

Ambos entraron en el corredor subterráneo, sus pisadas resonaban contra las rejillas que habían en el suelo. Para desgracia del príncipe, su cuerpo se estaba cansando más rápido de lo que pensaba y Lena se le estaba volviendo a escapar, por lo que en un intento desesperado de evitar la furia de su progenitor; Noctis se impulsó con las fuerzas que le quedaban para aterrizar, así, victoriosamente sobre su objetivo.

"¡Quítate de encima mío! — Le gritó Lena mientras se agitaba debajo suyo.

"¡No hasta que me prometas que no le dirás nada a mí padre!"

"¡Haberlo pensado dos veces antes de molestarme!"

Como respuesta a esto, Noctis se echó como un peso muerto sobre ella, acción que hizo a Lena gritar furiosa mientras pataleaba.

"No me moveré hasta que me prometas no decirle nada a mi padre"

Lena gruñó para finalmente desistir de seguir forcejeando.

"Solo si tú prometes no decirle nada a mamá sobre Trico… por favor"

Noctis se sorprendió, nunca antes la había escuchado suplicar y menos a él, por lo que supo que aquello debía ser algo importante para ella.

"De acuerdo, no diré nada"

Por su parte, Lena también se vio sorprendida de la respuesta del joven príncipe. Uno podría pensar que sus palabras solamente fueron una fachada para engatusarla y cuando bajara la guardia jugársela. Al menos eso hubiese pensado ella. Sin embargo, el tono de voz de Noctis le hizo sentir todo lo contrario, él de verdad lo decía en serio. Sin embargo, no podía creérselo del todo, por lo que preguntó.

"¿Cómo sé que no me estás mintiendo?"

"Porque te estoy haciendo una promesa por la corona, de que jamás le diré a nadie nada de esto"

Las palabras del pelinegro le habían confirmado lo que había sentido, la determinación y honestidad con las que la dijo demostraban que eran verdaderas. Él le estaba jurando que no la engañaría, por la corona. Aunque debía admitir que no estaba segura de que el joven príncipe supiera lo que significaba una promesa así, ella tampoco lo sabía.

Entonces sintió como el peso encima suyo desaparecía, por lo que procedió a incorporarse para quedar sentada, de frente al príncipe.

"Que cursi" — Fue lo primero que se le escapó. — "Pero confió en tu palabra"

"Y yo en la tuya"

Entonces ambos se quedaron mirándose, un silencio incómodo se formó entre ambos.

"Esto… creo que deberíamos irnos" — Le propuso ella — "No pasará mucho para que comiencen a buscarnos"

Noctis asintió — "Elena ya debe haberle dicho a los guardias de que no he ido a clase"

"Más razón para volver cuanto antes"

Ambos procedieron a levantarse.

"¿Y cuándo pregunten dónde nos habíamos metido?"

"Ya pensaremos en algo"

"¿Pensaremos?"

Lena asintió y aquello le sacó una sonrisa a Noctis. Esta le iba a preguntar por qué sonreía, pero no pudo hacerlo, ya que bajo sus pies el suelo tembló y para cuando se quisieron dar cuenta estaban cayendo por un oscuro agujero. Ambos gritaron, mientras manoteaban en busca de algo a lo que aferrarse. Sus cuerpos finalmente cayeron en agua, todo estaba muy oscuro, apenas podían ver algo y una corriente los estaba arrastrando.

"¡Noctis!" — Gritó Lena.

El príncipe al oír su voz nadó todo lo que pudo hasta que chocó con algo.

"¡Soy yo, soy yo!" — Dijo en un intento de calmarla ya que Lena gritó y manoteo.

Entonces el príncipe sintió como unos brazos se aferraban a su alrededor.

"No me sueltes" — Le suplicó Lena.

La corriente se intensificó, sus cuerpos fueron arrastrados por las turbulentas aguas y Noctis no hizo más que aferrarse también a ella todo lo que pudo antes de comenzar un descenso vertiginoso por el submundo de la capital.

(*****)

"Oh guau" — Fue lo único que dijo Cindy al toparse con la sorpresa. Su cabeza se movía de un lado a otro, sin poder apartar la vista del joven príncipe, analizándolo de arriba a abajo.

"Hola, soy Noctis" — Respondió el niño mientras la saludaba enérgicamente.

"Oh guau" — Volvió a decir. Entonces sus ojos enfocaron al resto del equipo. — "Vosotros no entendéis la definición de un viaje tranquilo y calmado. Primero el coche y ahora esto"

"Para hacerle la historia más corta, un cadente atacó a Noctis ayer, no pensábamos que fuese nada grave hasta… bueno, hasta que hemos despertado esta mañana y nos topamos con esto" — Explicó Ignis.

"Cuando una piensa que no la podéis sorprender, lo hacéis, no sé cómo siempre os acabáis superando"

"Esperábamos que tu abuelo pudiese echarnos una mano, que si le describíamos al cadente este podría identificarlo"

"Ignis, tengo hambre"

"Sólo aguanta un poco más colega, primero tenemos que hablar con unas personas y ya después vamos a desayunar todo lo que tú quieras" — Le explicó Prompto. — "Invita Gladio" — Le susurró aquello último haciendo que el niño sonriera.

"Sí, claro, veamos que nos puede decir el abuelo"

Cindy se encaminó al taller, seguida detrás por el resto. A la altura de las puertas, en una silla de red, bajo una sombrilla estaba Cid descansando tranquilamente.

"Abuelo" — Lo llamó su nieta, despertándolo.

"¿Qué ocurre? ¿Hay que ir por repuestos?" — Preguntó sin saber muy bien qué pasaba mientras se acomodaba la gorra.

"Necesitan de tu ayuda"

La rubia se hizo a un lado para que al anciano pudiese admirar el actual percal.

"Hola, me llamo Noctis"

La carcajada le salió de lo más profundo de su ser, el anciano no pudo evitar comenzarse a reír de manera descontrolada, dando algún que otro bote en su silla.

"T-tenéis que veros las caras" — Fue capaz de decir en su descontrolado ataque de risa.

Tras cinco minutos de desternillantes risas y burlas, Cid pudo finalmente recomponerse.

"Con vosotros nadie se puede aburrir" — Dijo mientras se limpiaba los restos de lágrimas.

"Eso mismo les dije yo"

"Y bien, ¿qué tenéis esta vez para mí?"

Ignis procedió nuevamente a contar por tercera vez la historia, explicando a su vez las características de la criatura que había atacado a Noct y era responsable de su actual estado.

"Sí, sé cual es el bicho que me estáis describiendo" — Las caras de los presentes se iluminaron ante las palabras de Cid, el anciano se hallaba devanando sus sesos en busca del nombre de la criatura — "Mmm… no me acuerdo" — Aquello fue como una patada en el estómago. — "Mecachis, la edad no perdona"

"Vamos anciano, seguro que lo tiene en la punta de la lengua, sólo un poco más" — Apuró Gladio.

"Mmm, ¿cómo se llamaba ese bichejo escurridizo?" — Se preguntó así mismo.

Lena pudo ver por el rabillo del ojo la cara de molestia de Noctis, este se estaba muriendo del hambre.

"Chicos, mientras seguís me llevó a Noctis a desayunar"

"¡Sí!" — Gritó feliz el pequeño.

"Bien señorita Lain, nos veremos ahora"

Lena partió rumbo a la cafetería, a los pocos segundos sintió como una mano mas pequeña tomaba la suya, al agachar la vista por acto reflejo vio que Noctis la miraba sonriente, esta no pudo evitar devolverle el gesto. Una vez en el establecimiento, dejó que el pequeño eligiese asiento mientras ella tomaba la carta, para así reunirse con este y dejarle que pidiese lo que quisiera. Tenía que reconocer que le pareció enternecedor el como el niño se ilusionó ante la variedad de platos que había, y más aún, el poder él quien tuviese toda la libertad para decidir qué quería comer. Igualmente, no pudo evitar reír cuando la camarera vino a tomar nota y el joven Noctis le contestó hecho un completo lío. Cuando la camarera se fue este le respondió inflando los mofletes, a lo que ella contrataco sacándole la lengua.

Pasado unos minutos delante del príncipe había un plato rebosante de tortitas, cubiertas de todos los toppings habidos y por haber, acompañadas de un batido de chocolate.

"Con toda esa azúcar voy a tener que darte un par de vueltas a la región" — Comentó divertida mientras le robaba un cacho de fruta.

Noctis respondió con un gruñido, tenía la boca hasta arriba de comida.

"¿Estás aprovechando que Ignis no está, verdad?"

El joven príncipe se la quedó mirando por unos instantes antes de asentir para tragar con cierta dificultad.

"Como más despacio anda, no es plan de que te atragantes"

"Tengo que aprovechar, en casa sabes que no me dejan comer estas cosas" — Respondió para seguir devorando su comida.

Lena río para mirar por la ventana, pensando, y si ¿el dar con el nombre de la criatura no era suficiente? Había oído a sus compañeros decir que en ocasiones los efectos de los ataques de cadentes no se podían revertir y que también eran capaces de ir a más. Y si ¿el rejuvenecimiento de Noctis iba a más? Si esto era sólo el principio, ¿cuánto tiempo les quedaba? Intentó ver a los demás miembros del grupo, estos seguían sin aparecer. Se quedó un momento mirando fijamente a un punto mientras su cabeza seguía dando vueltas a la cuestión de que apenas se habían parado a pensar en que no sabían nada de los efectos de aquella sustancia, simplemente que Caelum volvía a tener ocho años. Y si ¿todo se trataba de una carrera a contrarreloj?

Había una forma de saltar todos esos pasos y dar con una cura inmediata, ella lo sabía desde hace un tiempo. Pero la cuestión ahora era, ¿tendría el valor para ello?

"¿Te encuentras bien?"

Aquella voz la sacó de sus pensamientos. Delante de ella tenía a Noctis mirándola con preocupación.

"Oh, sí, perdona, simplemente estaba dándole vueltas a…"

"Lo que me pasa a mí" — Interrumpió este.

Lena asintió y entonces pudo apreciar como la cara de Noct se tornó algo apagada.

"Siempre acabo pifiándolo todo, no soy más que una molestia"

"¿Qué? ¿Por qué dices eso?"

"Pensáis que no me doy cuenta de las cosas. Pero no es así. Al principio creía que todo el mundo se había vuelto loco y yo era el único normal, pero no es así, os veo hablar y sé que el problema no sois vosotros sino yo… Mi cabeza es un lío, habláis de cosas que ha pasado, en las que yo estaba, pero yo no las recuerdo. Intentó acordarme de ellas, pero lo único que sé es que yo estaba saliendo ayer de la escuela para ir a buscart… a hacer una cosa" — Rectificó rápidamente. — "Y hoy me he despertado siendo el único así. Puede que sea un niño, pero algo dentro de mí me dice que el que no está bien soy yo… como siempre soy un problema para todos"

"No digas eso Noctis, simplemente fue un accidente"

"Pero escuchaste la historia de Iggy, me distraje y pasó lo que pasó"

Lena no pudo evitar sentir que estaba teniendo un deja vù, aquello ya lo había vivido, había tenido esa conversación con él, no a esa edad, sino tiempo después. Cuando más juntos estuvieron. Las altas expectativas que no hacían más que asfixiarle. Lo que no sabía es que aquella presión ya estaba desde que era más pequeño.

"No hay nada malo en ti, aunque lo pienses y creas estás equivocado. Puede que ahora no lo veas, pero más adelante sí. Aunque no lo creas estás muy por encima de lo que todo el mundo piensa o espera de ti y es porque eres una persona con un enorme corazón que apenas te cabe en el pecho"

"¿Cómo sabes eso? Si apenas nos soportábamos"

"Porque fuimos novios y lo que me enamoró de ti no fue tu corona o tu grandeza, sino tu bondad y tu amor por los demás"

Lena vio como los ojos del niño se abrían hasta más no poder a la vez que toda su cara se teñía de rojo. Ups, puede que quizás hubiese dicho demasiado.

"Aunque fueses un ogro gruñón y cascarrabias. Tenías tu encanto" — Le guiñó un ojo ocasionando que este sufriera un ataque de tos, se había atragantado con la comida que todavía tenía en la boca y que como consecuencia de lo que acababa de descubrir había olvidado tragar.

Rápidamente le acercó el batido. Lena respiró aliviada cuando lo vio recomponerse a medida que bebía. Lo había resuelto, pero a medias.

Después de aquello Noctis siguió comiendo en silencio, sin tener el valor de poder mirarla a la cara.

"¿Y esto?" — Preguntó al cabo de un rato. — "¿Volveré a ser el de antes?"

"Estamos trabajando en ello"

"¿Es peligroso?" — Preguntó mientras se señalaba.

Lena entendió a lo que se refería, la verdad que ninguno se había preocupado por saber como se sentía el joven Noctis, despertarse teniendo una edad que creías tener cuando no era así era algo difícil de tragar. Y lo normal era que lo primero que te preguntaras era si aquello iba a ir a más.

Lena miró de un lado a otro, verificando que los otros tres no habían aparecido todavía y para su suerte eran los únicos clientes en el establecimiento.

"Vamos a averiguarlo" — Le dijo una vez que se había cerciorarse que todo estaba despejado.

"¿Cómo?"

"Con mis poderes mágicos" — Dijo mientras agitaba los dedos.

"Oh vamos Lena, que no nací ayer"

"Y yo no te estoy mintiendo, vamos dame tus manos" — Le dijo mientras le tendía sus palmas.

Noctis observó las palmas no muy seguro, pero como tampoco tenia nada que perder acercó sus manos.

"Bien, cierra los ojos" — Noct la observó no muy convencido. — "Vamos que sino no funcionará"

El niño suspiró para hacer lo que ella le pidió. Lena sonrió complacida, una última vez miró al local.

"Estoy esperando"

"Shhh"

Cerró sus dedos en torno a las manos del príncipe y poco a poco fue liberando su bloqueo. Las venas más superficiales de los brazos del pelinegro comenzaron a teñirse de una blanquecina luz de una tonalidad crema. Dicha luz iba tiñendo más y más partes a medida que se extendía por las extremidades. Por su parte, la morena se concentró en el joven, lo había hecho un par de veces, dejaba que la luz descubriese el aura de la persona y una vez que la tenía dibujada buscaba aquello que no estaba bien.

Por otro lado, Noctis no pudo evitar reír, de pronto sentía unas leves cosquillas.

"No abras los ojos" — Le recordó. Este asintió.

Poco a poco, frente a sus ojos, el aura de Noctis comenzó a emerger, era de un profundo azul. Aquello llamó su atención, ¿esa aura correspondía a la del joven príncipe o la del adulto? ¿A qué se debía aquella tristeza? Sin embargo, no pudo detenerse más en aquello, porque lo que estaba buscando apareció. Allí en su esencia, una mancha de tinta negra flotaba, el error. La joven lo analizó detenidamente, no se sentía como algo que generara algún tipo de desestructuración, por lo que dedujo que no se trataba de algo maligno que fuese a peor. Ya que por lo que podía ver no amenazaba con consumir toda le aura, sino más bien se iba diluyendo como la pintura en el agua. Quizás demasiado lento para su gusto.

Lena soltó sus manos de las de Noctis a la vez que el aura del príncipe se desvanecía.

"Ya está"

"¿Has visto algo?" — Preguntó curioso. Ella asintió. — "¿Qué cosa?"

Noctis recibió como respuesta un dedo en los labios de la joven, señal de que era un secreto, aquello no le gusto, por lo que arrugó el semblante.

"Mentirosa"

Lain sonrió de medio lado. Al menos ahora ya podía respirar tranquila, el estado del príncipe era transitorio, ella podía curarlo y en poco tiempo Noctis volvería a ser el adulto e irritante príncipe metomentodo que era. Lo único ahora era deshacerse de las tres mellizas el tiempo suficiente como para poder hacerlo.

De pronto la puerta se abrió fuertemente.

"¡NAGA! ¡Se llama Naga!" — Gritó Prompto mientras corría a donde estaban ellos dos.

Detrás de él aparecieron Gladio e Ignis, este último no pudo evitar mirar con cierto reproche el desayuno que había tomado el príncipe.

"¡Rápido Lena, rápido! ¡Tienes que llamar a los tuyos! ¡Corre el tiempo apremia!"

"Voy a ello" — Dijo mientras se levantaba de la mesa bajo las miradas confundidas de los otros tres. — "Si me disculpáis voy a fuera, es algo privado"

Pudo ver que a Gladio aquello no le gusto mucho, pero poco le importó.

Una vez fuera, tuvo la idea perfecta, sacó su teléfono y marco el número no de uno de sus colegas del bestiario, sino de un botánico que le debía un par de favores.

"Hola… Sí, soy yo, ¿qué tal?... me alegró de oír eso, yo también estoy bien. Te quería preguntar una cosa, pero no puedes preguntar para qué es… ¿recuerdas aquello que bautizaste como el compuesto beta?... sí ese mismo. Me gustaría saber si ¿todos sus componentes se pueden encontrar en la región de Leide?... ¡Sí! ¡Estupendo!" — río. — "¿Me podrías decir cuáles son y dónde se encuentran? ¡Ah! Y si es bastante lejos te lo agradecería"

Lena sacó una libreta para comenzar a apuntar detenidamente todo lo que su colega le decía, emocionándose con las indicaciones que este le daba. Su improvisado plan estaba saliendo de maravilla.

{…}

El grupo observó como esta plantaba una hoja de papel arrancada sobre la mesa. Ignis con delicadeza tomó dicha hoja para observarla.

"Esto es lo que yo creo que es"

"Correcto, los ingredientes del suero que hará que Caelum vuelva a su verdadero estado. He hablado con mi colega, me ha dicho que tuvimos suerte, llevan estudiando un tiempo a los Naga y a sus diversas variantes. El que os topasteis no era uno tan peligroso. El líquido que le escupió a Noctis lo llaman sueño del infante"

"Que idílico" — Dijo Gladio.

"Como decía, para nuestra suerte esa sustancia tiene las propiedades para hacer que las personas vuelvan a estados de madurez anteriores, normalmente la infancia, pero suele ser aleatorio…"

"La lección de historia esta muy bien, pero puedes ir directa al grano" — La interrumpió Gladio.

Lena puso los en blanco antes de continuar — "Al caso, que no es mortal" — Todos respiraron aliviados.

"Haber empezado por ahí"

"Es un efecto transitorio, se irá pasando a medida que abandone el organismo del huésped. Sin embargo, puede ser un proceso extremadamente lento y dado la importancia de la misión no podemos permitirnos esperar; por ello crearemos el suero a partir de las plantas que he apuntando en esa lista. Todas se encuentran en la región, el único inconveniente que están muy esparcidas. Pero he podido hablar con otro amigo que sabe del tema y me ha dado las localizaciones dónde podéis hallarlas, así como una pequeña descripción de esta"

Lena guardó silencio y observó los rostros de todos los presentes, por lo que veía había conseguido colárselas sin problema.

"Muchas gracias señorita Lain por la información" — Habló Ignis antes de levantarse. — "Dado que ya conocemos la forma de traer a Noctis de vuelta y de que los ingredientes para hacerlo se encuentran alejados, debemos partir cuanto antes"

Prompto y Gladio asintieron para levantarse también.

"Pongámonos en marcha"

"Iré a ver si Cindy tiene el Regalia listo" — Se adelantó Prompto.

"Voy con vosotros" — Dijo Noctis.

"Lo siento coleguita, pero es muy peligroso, debes quedarte" — Le dijo Gladio.

"¡Qué! ¡No!"

"Tienen razón Noctis, son tierras salvajes, no sabemos lo que puedan encontrarse" — Mentira, sí que lo sabía y por eso no iba a dejar el pequeño los acompañase. — "Sé que eres perfectamente capaz de ayudar, pero me temo ahora toca sentarse en el banquillo y esperar"

"Está bien" — Dijo algo cabizbajo.

Los miembros restantes salieron del establecimiento para dirigirse al taller de Cindy, desde su posición podían ver al impecable vehículo de su majestad esperándoles por fuera. Por otro lado, Lena aprovechó para acercarse a Ignis y llamarle.

"Dígame señorita Lain"

"Estaba pensado en llevarme a Noctis al embarcadero de Galdin a pasar lo que queda de día mientras vosotros recolectáis las plantas"

"Me parece una fantástica idea… en ese caso será mejor que vosotros os llevéis el Regalia"

"¿Tú crees?" — Nuevamente, para su sorpresa, había logrado lo que se proponía sin ni siquiera tener que pedirlo, solamente tuvo que plantar la semillita.

"Sí, el embarcadero está retirado de aquí y no me quedaría tranquilo si Noctis y tú no fueseis en el coche"

"¿Y cómo haréis para desplazaros vosotros?"

"Seguro que Cindy tiene otro vehículo que prestarnos, espera aquí, hablaré con el resto"

Lena vio como Ignis se adelantaba a hablar con los demás, las caras que pusieron Prompto y Gladio le dijeron que la idea no les había gustado, sin embargo, las expresiones fueron cambiadas después por resignación por lo que supo que Ignis había dejado zanjado el tema sin pie a discusiones. Seguidamente vio como el susodicho procedía a hablar con Cindy quien asintió para perderse unos instantes en el taller antes de volver con una llave de auto.

"Todo listo, podéis marcharos cuando queráis" — Le dijo Ignis. — "Intentaremos volver lo antes posible"

"No hay prisa, sólo tened cuidado"

Puede que el fondo sintiera una pisca de culpabilidad al saber a dónde los estaba mandando, sin embargo, aquello desapareció cuando vio el vehículo en el que el trio partiría. Un viejo escarabajo con la pintura desgastada sin ningún tipo de lujo o comodidad. Ver a tres hombres adultos intentando entrar en el estrecho vehículo fue una imagen que atesoraría por el resto de su vida.

Ella y el joven vieron partir el coche hasta que se perdió en la lejanía de la carretera, después de aquello esta llamó la atención del niño.

"¿Te apetece pescar?" — Pregunto mientras levantaba la llave del Regalia. Al instante los ojos del pequeño se iluminaron a más no poder.

"¡Sí, sí, sí, sí!" — Repitió emocionado.

"Pues vamos mi joven copiloto"

"¿No soy muy joven para ir delante?"

"Sí, pero es una minucia que nadie más tiene que saber" — Le explicó mientras le guiñaba un ojo.

Noctis río de manera cómplice mientras Lena le daba las llaves y le indicaba que se adelantara.

"¿Con qué no había nada entre tú y el?" — Cuestionó Cindy de manera picara.

"Por favor, pero si sólo es un niño. Simplemente me cae mejor"

"Si bueno, pero ese niño volverá a ser un adulto muy pronto. Ojalá lo fuera ya, imagínatelo, tú y él a solas, en la playa, una velada romántica en el embarcadero y al anochecer una sesión de sexo salvaje"

"Me parece que alguien ha leído demasiadas novelas eróticas"

"Puede ser, una lleva un tiempo sin acción"

"Ya somos dos"

"Bueno, lo tuyo amiga tiene los días contados. Vais a caer, en algún momento pasará"

Lena no pudo evitar reír.

"¿Cómo es el príncipe en la cama? Las revistas de chismes decían que se estaba reservando para el matrimonio, pero dada la nueva información veo que fuiste tú la que desenvolvió al caramelo"

"¡Anda vuelve al trabajo!"

La rubia comenzó a ser empujada de vuelta al taller por su amiga entre risas.

"¡Oh, vamos! No me puedes dejar así, sólo una cosita"

"No"

"Venga forastera, no hace falta que entres en detalles"

"Estuvo bien" — Se limitó a decir.

"Pero bien o bien, bien"

Lena se detuvo.

"Bien, bien"

Cindy aplaudió emocionada.

"No es que fuera un dios del sexo, pero ambos pasamos muy buenos ratos" — Le terminó de confesar.

"Me acabas de hacer la persona más feliz del mundo"

"Anda, vuelve al trabajo cotilla"

Despues de aquello ambas se despidieron, cada una tomando su camino.

"¿Todo bien?" — Preguntó Noctis mientras Lena ingresaba.

"Si, cosas de chicas"

"Ah" — Fue lo único que respondió mientras le entregaba la llave.

El motor rugió, el joven príncipe sintió bajo suyo las vibraciones del vehículo y no pudo evitar emocionarse, nunca antes había ido en el asiento delantero, por su lado Lena sonrío al ver la cara del príncipe antes de salir en dirección al embarcadero. En un momento dado, esta se aseguró de que no hubiese nadie más en la carretera y pillando al príncipe por sorpresa acelero rudamente el Regalia. Pegando su cuerpecito contra el asiento. Sin embargo, Noctis no se asustó, gritó de emoción.

"¡Más rápido!"

"Como ordene su majestad"

El vehículo tomo más impulso, Lain bajó la capota del vehículo recibiendo el aire de frente en sus caras, Noctis elevó sus manos a más no poder, dejándose llevar por la agradable sensación de la velocidad acompañada del viento que despeinaba sus cabellos. Aquello era a lo que debía sentirse la libertad.

(*****)

Elena observaba su reloj de pulsera, hacía exactamente cuarenta y cinco minutos que su clase debía haber empezado, sin embargo, no había rastro alguno de Noctis. Ella no estaba a favor de la constante y estricta vigilancia sobre el niño, que si este se retrasaba por la razón que fuera ya tuviera a todo el mundo buscándolo. Entendía la persona que era, pero también debían comprender que era un niño y como tal necesitaba de su espacio. Por ello dejó pasar el tiempo cuando no lo vio llegar, un retraso de cortesía era cinco minutos, uno puntual eran quince, quizás veinte; pero no tres cuartos de hora. Por lo que mosqueada salió del lugar para buscarlo por los pasillos de alrededor.

Sin embargo, aquello no salió tan bien como pensaba.

"¿Se le ha perdido algo señorita?" — Le preguntó una de las mujeres del servicio.

Elena arrugó el rostro, justo lo que no quería que pasara había pasado, por lo que decidió intentar ignorar la llamada.

"¿Señorita?" — Volvieron a preguntarle y entonces supo que no le quedaba de otra.

"Oh, no. Simplemente estaba buscando al príncipe, no se ha presentado en nuestra clase, por lo que supongo que se habrá entretenido ahí fuera; ya sabe cómo son los niños"

Pero su tono de voz tranquilo y despreocupado no evitó que la mujer comenzara a ponerse de los nervios.

"¿Cu-Cuánto hace que no ve al príncipe?"

"Por favor, no hay necesidad de alarmarse"

"Señorita, por favor" — Le insistió.

Elena suspiró, sabía lo que venía a continuación.

"Cuarenta y cinco minutos"

La expresión de la mujer se desfiguró, su piel se volvió más pálida.

"¿Se encuentra bie…?"

La criada gritó para correr por uno de los pasillos del lugar.

"¡Rápido, avisad a los guardias y a su majestad! ¡El príncipe ha desaparecido!"

Gritaba alertando a todo el personal de la ciudadela.

Elena volvió a suspirar, aquello era innecesario, seguro que Noctis no andaba muy lejos de ahí haciendo una de las suyas. Últimamente llevaba unos días en que había hecho berrinches por todo, eso le habían dicho, además de lo afortunada que era porque en su presencia aquello no pasara. Esta decidió volver al aula a esperar a que el joven príncipe apareciera.

Sin embargo, a mitad de su camino decidió desviarse un momento a uno de los jardines internos del palacio, Lena siempre solía jugar ahí con sus dinosaurios mientras ella estaba en clases con Noctis. Regis una vez le propuso que ambos infantes compartieran clases, oferta que ella tuvo que declinar porque muy a su pesar sabía el tipo de relación que ambos niños se traían y lo que menos necesitaba era que sus clases se convirtieran en un campo de batalla. Por ello las mañanas se dedicaban a las lecciones de Noctis mientras Lena jugaba y una vez acabado con el príncipe se encargaba de instruir a su hija. Prefería hacerlo así, no era la mejor de las opciones, pero tampoco se sentía preparada como para dejarla ir al colegio todavía, no en una ciudad en la que se sentía como una forastera y en la que, si la verdad se llegaba a descubrir, la más afectada sería su pequeña.

Elena llegó al jardín donde había dejado a Lena, ojeo en busca de alguna señal de su hija, pero todo estaba muy silencioso. Aquello no le gustaba, cuando todo estaba así era porque alguien en concreto se había metido en algún lío. Sin embargo, decidió mantener sus preocupaciones a raya.

"Lena tesoro, ¿dónde estás?" — La llamó sin recibir respuesta alguna.

Esta decidió adentrarse más en la zona, sabía el gusto de su hija por perderse en la maleza mientras jugaba, creando aquellas fantásticas historias en la que era una valiente aventurera que junto a sus dinosaurios resolvían los misterios de civilizaciones antiguas. Buscó hasta que sintió que pisaba algo. Al agachar la cabeza descubrió varios de sus juguetes, por lo que supuso que no andaba muy lejos. Una cosa que llamó su atención era que hacía tiempo que no veía a Rufus por ningún lado, lo cual era extraño dado que era el dinosaurio favorito de Lena y que nunca se despegaba de él.

Elena siguió caminando mientras llamaba a su hija, pero no la encontró, por lo que supuso que conociéndola algo había llamado su atención y se había marchado de ahí. Sin embargo, antes de marcharse una misteriosa corriente agitó los árboles y entonces pudo escuchar el ruido del viento no muy lejos de ahí, por lo que decidió averiguar de qué se trataba. Su camino la llevó hasta la estructura de cristal del invernadero y ahí fue cuando descubrió una ventana abierta.

«Oh no» fue lo único que se pasó por su cabeza. Rápidamente se dirigió hasta la abertura para agacharse y atravesarla, fuera de pronto comenzó a sentirse más y más ansiosa, la inmensidad de la ciudad se hizo presente con miles de direcciones a las que poder acceder. El pensamiento de su hija perdida en aquel lugar se clavó en lo más profundo de su corazón y el miedo comenzó a emanar. Sin embargo, Elena lo mantuvo a raya, no podía dejar que la dominara por lo que con la mente lo más fría posible intento averiguar por dónde podría haber ido su hija. Vio árboles no muy lejos de ahí, por lo que conociéndola supo que se habría dirigido hasta ahí y la forma de llegar era a través de unas escaleras que se adentraban en pasillo de mantenimiento. Dentro del subterráneo, caminaba a gran velocidad, tenía que salir de ahí cuanto antes para poder encontrarla, lo único que se oían eran sus pisadas sobre las rejillas del lugar, sin embargo, en uno de esos pasos ya no escuchó nada y sintió un repentino vacío.

Rápidamente consiguió alejarse antes de caer, entonces miró hacia abajo y vio que una de las placas se había desprendido. Elena se quedó sin aliento, su mente comenzó a procesarlo todo a gran velocidad hasta el punto de sentir un repentino mareo que la obligó a apoyarse contra una de las paredes. Había un cincuenta por ciento de posibilidades que lo se estaba imaginando no fuese así, pero también había otro cincuenta de que sí lo fuese y su instinto maternal le gritaba que aquello en lo que no quería creer era verdad. De pronto sintió que no podía respirar, sus ojos comenzaban a arder. Sintió algo vibrando en uno de sus bolsillos, era su móvil, su marido la estaba llamando.

"Perceval" — Dijo.

"Oye, ¿te has enterado de que el crío ha desaparecido? Estaba en una reunión cuando nos han informado, Regis está que le va a dar algo"

"Aja" —Fue lo único que pudo articular.

"Elena" —Aquella respuesta por parte de su esposa lo confundió. — "¿Te encuentras bien?"

"Percy…" —Elena tuvo que controlar su llanto. — "Es Lena"