Chapter 7.

(The Little Dinosaur)

"¿Dónde estamos?" —Preguntó Lena mientras observaba el amplio espacio en el que se hallaban.

La corriente los había arrastrado por toda la ciudad hasta escupirlos por una tubería que desembocaba en los mares de la capital.

Sin embargo la pequeña no recibió respuesta alguna, por lo que llevó sus ojos al príncipe para descubrir que este estaba embelesado observando todo a su alrededor. Las grandes islas que surgían de las aguas, que en su interior albergaban numerosas fábricas y más allá de estas el gran muro que protegía la ciudad.

"Eh, Eos llamando a Noctis, responda" —Le dijo mientras pasaba una mano por delante de su cara, acción que consiguió devolver al joven a la realidad.

"Oh perdona, ¿qué decías?"

"¿Qué si sabes dónde estamos"

Como respuesta el príncipe negó y Lena suspiró. Acto seguido se levantó y escurrió el barro de sus ropas.

"Tenemos que volver, todos tienen que estar muy preocupados"

"Ya sé, preguntémosle a un adulto, seguro que ellos saben cómo llegar a la Ciudadela"

"Primero tenemos que encontrar uno"

Entonces escucharon un silbato no muy lejos de ahí. Señal que anunciaba el cambio de turno en una de las fábricas cercanas.

"¡Tiene que haber adultos por ahí! ¡Rápido, vamos!"

Noctis tomó la mano de Lena para así tirar de ella y correr en la dirección que habían oído aquel ruido. Dejando atrás la arena y el agua, estos comenzaron a subir por una de las escaleras que albergaba un dique, que los llevó a un espacio lleno de edificios rodeados por una valla metálica.

"Te lo dije, adultos" —Noctis señaló entre los agujeros a las personas que iban y venía de un lado a otro.

"Sí, pero no podemos pasar"

Ante las palabras de la joven, el príncipe se separó de la verja para inspeccionar una forma de entrar y para su suerte no muy lejos de ahí de uno de los tubos la valla se había soltado, dejándole una abertura por la que se podían escurrir.

"¡Sígueme!"

El pelinegro corrió hasta dicho punto, para tomar parte de la red metálica y tirar, ensanchando así la abertura.

"¿Estás seguro?" —Lena le preguntó no muy convencida de su plan.

"Sí, confía en mí. Una vez dentro seguro que cuando les preguntemos ellos sabrán ayudarnos, además, soy el príncipe"

La morena arqueó una ceja ante aquello último, seguía sin convencerle la idea, pero como no les quedaba más remedio, se agachó para gatear y pasar; una vez del otro lado, sostuvo la red para que Noctis pudiese pasar. Ya del otro lado, el príncipe volvió a tomar la mano de la niña para así dirigirse al lugar al que habían visto a los adultos.

"¿A quién le preguntamos?" —Le susurró Lena.— "Hay muchos"

"Hum" —Noctis meditó mientras miraba de un lugar a otro, buscando a alguien que le pareciera el indicado.

"¿Has visto cómo nos miran?" —Esta se había percatado de las miradas para nada amigables que les estaban dando. Algo le decía que no eran bien recibidos ahí.

"¡Ese de ahí!" —Señaló el niño con entusiasmo.

No muy lejos de donde estaban había un señor algo mayor que el resto, con una carpeta que daba órdenes a los ahí presentes. Noctis corrió con lena hasta su objetivo para situarse frente a este.

"Disculpe señor" —Lo llamó con educación.

Por otro lado el susodicho levantó la cabeza de sus papeles para mirar de un lado a otro y arrugar el semblante, juraba que había oído algo ahí abajo

"Aquí abajo"

El capataz al bajar la cabeza descubrió a dos niños mugrientos, esto hizo que arrugase más el semblante. Por otro lado, Noctis cuando creyó captar su atención se dispuso a hablar, mientras que Lena se ocultó detrás del príncipe debido al miedo que tuvo por los ojos de aquella persona.

"No hemos perdido, soy el príncipe Noctis y ella es Lena, ¿usted nos puede ayudar a volver a la ciudadela?"

Después de las palabras del pelinegro hubo un silencio que rápidamente fue roto por las ruidosas carcajadas del hombre frente a ellos.

"¿Qué es tan gracioso?" —Noctis arrugó el rostro.

"Príncipe… ha dicho príncipe" —Repetía mientras se reía más y más fuerte.— "Esa ha sido buena muchacho"

"Pero es verdad, soy el príncipe Noctis Lucis Caelum" —Gruñó.

"Y yo la reina, no te jode"

Noctis enmudeció ante aquellas palabras. ¿Cómo se atrevía aquel hombre a menospreciar a su madre? Sin poder contener su enfado este le propinó un pisotón al hombre que convirtió la risa en un repentino grito de dolor.

"¡Maldito mocoso!"

"¡Noctis!" —Lena se angustió por lo que este había hecho.

"¡Retiralo, retiralo ahora mismo!"

Noctis se le iba a echar encima, pero de un empujón el hombre lo dejó sentado en el suelo.

"Ahora verás" —Furioso iba a propinarle su merecido, pero la mirada de terror de la niña a punto de echarse a llorar lo contuvo. Este suspiró. — "Estoy harto de vosotros sanguijuelas, todo el tiempo colándoos en mi fábrica para robarme… ¡Eh tú!" —Llamó a uno de sus empleados. — "¡Llevate lejos de aquí a estos dos niñatos, no los quiero volver a ver!"

El empleado asintió para acercarse a ellos. — "Vamos niños por aquí" —Lena tomó la mano del chico, mientras que, por otro lado, este tuvo que atrapar a Noctis y cargarlo antes de que volviese a intentar algo contra el capataz.

"¡Cómo te atreves, soy el príncipe Noctis!"

"Largo muchacho o llamaré a la policía. Nos quiero volver a ver el pelo por aquí"

Y sin más el capataz siguió con sus tareas.

El empleado que tan amablemente los había acompañado a la salida depositó a Noctis con cuidado en el suelo y acto seguido agacharse para quedar a su altura.

"Imbécil" —Protestó el pelinegro mientras se cruzaba de brazos.

"Tenéis que tener más cuidado chicos, ese hombre no es precisamente muy amable" —Les dijo para a continuación rebuscar algo en uno de sus bolsillos. — "Tomad, no es mucho, pero prefiero que lo tengáis vosotros" —Este les tendió unas barritas de cereales.

"Muchas gracias" —Respondió educadamente Lena mientras tomaba los alimentos.

"Venga y ahora volved con vuestros padres"

"Sí señor" —Lena tomó la mano del príncipe. — "Venga Noctis, vámonos"

El susodicho gruño antes de asentir y así ambos se dieron la vuelta para alejarse en dirección a la ciudad. Por otro lado, el joven obrero se les quedó mirando hasta que se perdieron de su vista, aquella niña lo había llamado por el nombre del príncipe, pero aquello no tenía sentido «¿qué haría el joven príncipe sólo en este extremo de la ciudad?» pensó este, pero rápidamente desechó la idea para darse la vuelta y seguir a lo suyo. Sin embargo, no pudo dar muchos pasos más allás antes de que el pensamiento lo asaltara, aquellos dos niños no se veían precisamente como dos niños de la calle, puede que estuvieran cubiertos de mugre, pero sus ropas lucían costosas. Este miró la hora de su reloj, podía escaquearse unos minutos de su trabajo. Puede que estuviese loco, puede que no, pero prefería no quedarse con el pensamiento de y sí en su cabeza.

"Disculpa, ¿cómo puedo ponerme en contacto con las oficinas gubernamentales?" —Le preguntó a uno de sus compañeros en la administración.

(*****)

Tal y como le había explicado su amigo, el compuesto beta se componía por tres tipos de plantas que no eran exclusivas de la región de Leide, pero que se podían encontrar perfectamente en la región. La primera de ellas, tendía a crecer en las porosas paredes de las más montañas, mientras más alta fuese, más probabilidades había de encontrarlas. Dicha planta se localizaba en el extremo norte de la región, el lugar con las condiciones adecuadas de humedad. Por otro lado, la segunda de estas, quizás era la más fácil de encontrar, una planta común, pero que a su vez servía de catalizador de las otras dos, esta podía hallarse en las praderas de la región. Sin embargo, su dificultad de encontraba en que formaba parte de la dieta común bicornio, especie que estaba en época de cría y a las cual las praderas suponían un lugar perfecto para ello. Finalmente, la tercera de estas, la más caprichosa de todas, sólo se podía encontrar en las deposiciones de un animal que se alimentaba de las semillas de las que procedía, el problema radicaba en la bestia que se nutría de dichas semillas. Un para nada agresivo Zamarrajo. Para hacerse con la planta era necesario invadir el nido de la criatura.

Ignis, Gladio y Prompto iban a demostrar cuanto apreciaban a Noctis con esta misión.

"¿Puedes parar?" — Escuchó como le decía el príncipe.

"¿Eh?"

"Tu pie" — Señaló con la mirada. — "No paras de moverlo y estas espantándome a los peces"

Lena miró hacia abajo para ver como el pie que mecía sobre la superficie del agua era el causante del mal genio del joven príncipe.

"Lo siento" — Esta sacó el pie del agua.

"Gracias" — Dijo Noctis para seguir concentrado en su tarea.

Una vez que habían llegado al embarcadero, ambos se dirigieron a un puesto de pesca para para alquilar el material necesario y acorde a la estatura del joven príncipe, para después situarse en el final de un muelle y dejar que el niño disfrutase del único hobbie que tenía. Quien podía pasar horas de pie concentrado, disfrutando de la espera a que un pez picase el anzuelo. Tal era la devoción, que Lena tuvo que hacerse con un par de sombreros de paja, uno para ella y otro para Noctis, no era plan de que el niño tuviese una insolación por todas las horas que estaba pasando sin moverse bajo el sol. Por otro lado, la joven en todo aquel tiempo tuvo que buscar cosas con las que entretenerse mientras dejaba al niño a lo suyo, pasear por la playa, tomar el sol un poco, hasta que finalmente decidió sentarse a un lado de él en silencio y ponerse con la traducción.

"¿Qué haces?" — Preguntó Noctis con la vista fija en el mar.

"Traducir una cosa" — Le respondió con la vista fija en las inscripciones.

En todas las horas que llevaba había conseguido sacar un par de palabras de las que tampoco estaba muy segura de que fuesen las más acertadas.

"¿A eso te dedicas? ¿A traducir cosas?"

"Una parte de mi trabajo lo es, las más aburrida quizás. Después esta la otra que es más divertida"

"¿Y esa es?"

"Viajar por el mundo, explorar territorios desconocidos en busca de los lugares y objetos perdidos de los que hablan las leyendas de los textos que traduzco"

"Te pega bastante"

"¿Me pega?"

"Sí. O sea, en la ciudadela siempre estabas de un lado para otro preguntando por las pinturas y esculturas que teníamos, leyendo aquellos aburridos libros de la biblioteca. Te gustaba que papá te contase las historias de los antiguos reyes de Lucis. Por lo que sí, te pega"

Lena iba a contestar, pero de pronto su teléfono comenzó a sonar.

"¡Los peces! ¡Qué me los espantas!"

"Ya voy, ya voy"

Esta apuró en levantarse y alejarse de ahí para contestar.

"¿Diga?"

"Eleanor, soy yo, Cor"

"Oh mariscal, dígame ¿en qué puedo ayudarle?"

"Me gustaría saber cómo va vuestro avance, no hemos tenido noticas de vosotros en cuarenta y ocho horas. El príncipe, así como los demás no contestan a las llamadas"

"Vamos bien, hemos tenido un par de pequeños contratiempos, pero estamos en ello. Esperamos poder retomar la marcha lo antes posible" — Explicó cruzando los dedos internamente porque colara.

"Ah sí, pequeños contratiempos, de eso me habían informado"

Su tono de voz chistoso fue suficiente para saber que estaba al tanto de todo lo que pasaba, de nada valía la pena intentar colársela, con todos no les iba a funcionar.

"¿Cuánto sabe?"

"Lo suficiente, mis espías me han informado de un accidente de coche y de un joven niño que se asemeja bastante al príncipe"

«Con que suficiente» pensó Lena irónicamente. Lo sabía absolutamente todo.

"Estamos en ello, he hablado con un conocido y me ha dicho que el estado de Caelum no es peligroso y transitorio, pero lento, por ello el resto ha ido a buscar los ingredientes para un suero que lo traerá de vuelta"

"Bien, me alegra oír eso. Todavía no se lo habíamos comunicado al Rey hasta tener más noticias"

"Para esta noche esperamos ya haber podido traerlo de vuelta"

"Y el príncipe ¿dónde está?"

"Conmigo"

"¿Se encuentra bien?"

"Sí, está entretenido" — Lena echo un ojo para comprobar que Noctis seguía concentrado en lo suyo. — "Pescando"

Pudo escuchar la risa de Cor al otro lado de la línea.

"Como no… mantenme informado, contactare contigo mañana para saber cómo ha ido todo"

Después de aquello la joven colgó para girarse hacia la playa, el sol ya se estaba poniendo en el horizonte y esta pudo ver como Noctis caminaba hacia ella.

"¿Ocurre algo?" — Le preguntó una vez que lo tuvo en frente.

"Tengo hambre"

Lena no pudo evitar sonreír, asintió para ayudar al niño con su equipo de pesca. Una vez de vuelto, estos caminaron en silencio por el puente que conducía al restaurante del embarcadero, para allí cenar tranquilamente mientras poco a poco la noche iba cayendo, durante el tiempo que pasaron juntos Noctis se mostró curioso por los trabajos que ella había hecho, por lo que la comida se les pasó con rapidez entre pregunta y pregunta. Ahora ambos se encontraban apoyados en la barandilla del puente, observando tranquilamente las calmadas aguas que se iluminaban con los colores del embarcadero.

"Oye Lena, ¿te puedo preguntar una cosa?"

"¿Otra más? Pensaba que ya te habías quedado vacío"

Ambos compartieron una pequeña risa.

"Sí, pero es otra cosa"

"Dispara"

La joven aguardó en silencio a que el chico formulara su cuestión, sin embargo el tiempo pasaba y este seguía callado, esta pudo discernir en la mirada del joven príncipe cierto nerviosismo, por lo que dedujo que fuese lo que fuese lo que tenía que decirle no estaba relacionado con lo anterior.

"¿Va todo bien?"

"Sí, sólo que no sé cómo decirlo"

"No te preocupes, suéltalo"

"Verás…"

Sin embargo, este no pudo continuar ya que una llamada entrante en el móvil de la susodicha los interrumpió. En el identificador Lena pudo ver que se trataba de Cindy, por lo que no le quedó más remedio que contestar.

"¡Forastera!" — Pudo oír como esta gritaba del otro lado. — "Te acuerdas esta mañana cuando te dije que llevaba un tiempo sin darle al tema. ¡Pues resulta que hoy tengo una cita! No espero llegar más, sólo un poco de diversión nocturna, no sé si me entiendes"

"Sí lo pillo y me alegro por ti amiga" — Le dijo divertida. — "Pero ¿me has llamado sólo para decirle que vas a tener sexo?

"Oh no, también para comentarte que Santa Claus se ha adelantado este año y tengo tres paquetitos para ti. Estoy a cinco minutos del embarcadero"

"Bien Cindy, nos vemos ahora"

Después de colgar, Lena se acercó hasta Noctis para comentarle que los otros miembros del grupo estaban al caer, por lo que con asentimiento por parte del príncipe ambos pusieron rumbo al parking del embarcadero. Tal y como Cindy había dicho, a los cinco minutos, ambos pudieron ver la grúa de la rubia aparecer. Sin mucho tiempo para quedarse a saludar, la susodicha soltó su cargamento frente a ellos, Noctis y Lena no pudieron evitar reírse del deplorable estado en el que estos se encontraban.

"Les hubiese dado un manguerazo antes de traértelos, pero no tenía tiempo. ¡Nos vemos!"

Todos vieron como la mecánica se marchaba antes de que Gladio caminara hacia la morena para espetarle una bolsa.

"Aquí tienes tus mierdas" — Dijo de mala gana antes de ir dirección al coche.

"Vaya humor tienen algunos" — Le susurro a Noctis.

"Nos hemos encontrado con más dificultades de las que nos esperábamos" — Le comentó Ignis.

Por otro lado, los ojos del pistolero decían «como puedes llamar a eso dificultades»

"Sólo dime que funcionara" — Pidió el rubio.

"Sí, lo hará"

«Uy que si ya creo yo que lo hará» pensó divertida.

"Bien en ese caso montemos el campamento y empecemos"

Lena observó el embarcadero, todavía tenía luces encendidas y movimiento, necesitaba esperar a que si hiciera un poco más tarde.

"No hay prisa, ya con esto no creo que tarde mucho en elaborar el antídoto. ¿Por qué no os asíais un poco primero?, creo que os vendría bien"

"Ja, ja, ja. Muy graciosa" — Contestó Prompto irónico, pero entonces se olió así mismo y no pudo evitar arrugar el rostro.

"Oléis como si Gladio hubiese cocinado" — Se mofó el príncipe mientras se cubría la nariz.

"Muy gracioso" — Se quejó el susodicho.

"Esa ha sido buena, chócala" — Le animó el rubio.

"Coincido en que lo mejor será asearnos" — Afirmó Ignis.

(*****)

"Por los dioses, mi niña, mi pequeña está perdida, sola por ahí" —Decía Perceval mientras caminaba de un lado a otro de la habitación. Este estaba desfigurado, tremendamente angustiado, por todos los escenarios en los escenarios que se estaba imaginando.

Después de darse la noticia de que no sólo el joven príncipe había desaparecido sino también la hija de los Lain, ambos padres habían sido reunidos con el monarca a la espera de más información.

"Tranquilo hermano, mis hombres están peinando todo el alcantarillado, darán con ella" —Regis intentó calmarle.

"¿Se sabe algo de Noctis?" —Preguntó Elena. Estaba sentada en un sofá, sus ojos estaban irritados e hinchados, su piel más pálida de lo normal. Después de hablar con su marido y que este llegara al lugar, fue realmente consciente de todo y como consecuencia sufrió un ataque de pánico, del que ahora había conseguido recuperarse un poco.

"No querida, tampoco se sabe nada del paradero de mi hijo"

Esta asintió levemente.

"Es obvio que esos dos estaban juntos, es demasiada casualidad que de pronto desaparecieran a la vez" —Habló Perceval .

"Tenía que haberlo ido a buscar cuando se demoró. Todo esto es culpa mía"

"No Elena, no te atormentes por eso, sabes cómo son los niños, no podías predecir que algo así pasará" —Regis dijo en un intento de consolarla.

"¿Buscarlo? ¿Sólo a él?" —Dijo Perceval .— "¿Y qué hay del hecho de que dejás que nuestra hija deambule sola mientras estás en clase con el príncipe?

"¿Perdona?"

"Joder Elena, que me acabo de enterar que dejas a Lena a su bola para irte a dar tus clases"

"Cumplo con mis obligaciones, además Lena sabe muy bien dónde tiene que esperarme hasta que yo vaya a recogerla"

"Ese no es el punto. Vale que nuestra hija es bastante espabilada, pero eso no es argumento para dejarla sola. Sabes como es ella, una cosa le entra por un oído y le sale por el otro"

"¿Tú has visto cómo se llevan esos dos? No se soportan y lo que menos puedo hacer es meterlos en una habitación durante cuatro horas"

"Por eso mismo, si tenías problemas habérmelo dicho, yo podía encargarme de ella mientras tu estás con Noctis"

"¿Encargarte? ¿Cuándo? Si estás todo el día metido en tus cosas, apenas te vemos"

"Yo también tengo obligaciones que cumplir"

"¡Ya los dos!" —Interrumpió Regis. El ambiente se estaba caldeando y no podía permitirse una discusión entre ellos dos.— "No es momento para que os pongáis a discutir por quien tiene la culpa, esta situación más que nunca demanda de que estéis unidos. Una vez que nuestros hijos aparezcan tendréis tiempo para discutir todo esto"

Ambos suspiraron. Regis iba a decir algo más, pero de pronto llamaron a la puerta.

"Adelante"

"Su majestad" —Dijo uno de los miembros del servicio real al abrir la puerta.

"¿Tenéis información del paradero de nuestros hijos?"

"Más o menos"

Los tres presentes ante aquellas palabras se sobresaltaron.

"¿Y bien?" —Insistió Perceval .

"Hemos recibido una llamada de un empleado de una fábrica en el sector oeste de la capital, dice que ha visto a dos niños deambular por la zona, un niño de cabellos negros y una niña de cabellos marrones. Dijo que el niño afirmaba ser el príncipe"

"¿Sector oeste? Es imposible, ¿cómo han llegado hasta ahí? Si está en la otra punta de la ciudad" —Dijo Perceval .

"No del todo, hemos mapeado el alcantarillado de la ciudad, existe una perfecta posibilidad de que la corriente los arrastró hasta allí, la zona en la que cayeron conecta directamente con el conducto que los llevaría hasta ese punto"

"Tienen que ser ellos, estoy segura" —Habló Elena.

"Muy bien, voy para allá, no pienso quedarme un minuto más aquí esperando" —Anunció Perceval .

"Te acompaño" —Dijo Elena.

"En ese caso iremos todos en el Regalia, yo conduzco" —Dijo Regis.

"¡Su majestad!" —El miembro del servicio se sorprendió de las palabras del rey.

"Enviar rastreadores inmediatamente a la zona, que busquen en todas partes, nosotros iremos de camino"

{...}

"¿Te encuentras bien?" —Le preguntó Lena.

Ambos estaban sentados en un banco comiéndose las barritas que les habían regalado. Después de abandonar la fábrica, se adentraron en un distrito de la ciudad, caminaron durante un largo rato en busca de alguna manera de llegar a la Ciudadela. Obviamente preguntar a un adulto estaba descartado. Anduvieron durante varias horas, hasta que finalmente desistieron y en silencio se sentaron en un banco de un pequeño parque a ver la gente pasar mientras devoraban los cereales.

"Sí, ¿por qué lo preguntas?"

"Desde que nos fuimos de ahí, no has dicho una palabra y como sigas mordiendo con esa fuerza vas a acabar rompiéndote un diente"

Había sido pillado, un leve rubor cubrió sus mejillas.

"Es sólo que no me gusto como ese hombre habló de mamá" —Confesó el pequeño.

"Te entiendo, a mí tampoco me gustaría que hablasen así de mamá"

Ambos guardaron silencio, hasta que pasado unos instantes Lena decidió hablar.

"¿La echas de menos?" —Se atrevió a preguntar.

"Mucho"

"¿Cómo era?"

"En realidad nunca la conocí. Murió cuando yo todavía era muy pequeño"

"Lo siento" —Se disculpó. No debería haber hecho aquella pregunta.

"No te preocupes. Aunque nunca la conociera, en el fondo siento que sí lo hice. Papá me contaba de pequeño muchas historias de cómo era ella y cuando cierro los ojos puedo verla delante de mí, su mirada, su sonrisa, incluso su voz o su olor. Ella siempre está conmigo"

Lena sonreía ante las palabras del pequeño príncipe, el amor con el que describía a su madre era cautivador.

"Además, a pesar de que no esté, ella se ha encargado de que no me sienta solo"

"¿De veras? ¿Cómo?"

"Porque me ha rodeado de personas que me cuidan y me quieren: papá, Ignis, Gladio, Elena" —El pequeño fue nombrando a cada una de las personas que consideraba importante en su vida.— "Y.."

Iba a decir alguien más, pero las palabras se quedaron atascadas en su boca, por otro lado Lena mostró más atención ante la siguiente persona que iba a decir el pelinegro, pero aquello nunca ocurrió. Noctis ante la atenta mirada de la niña comenzó a sentir como su rostro se calentaba por la vergüenza hasta el punto de arder, rápidamente agitó su cabeza para hacerla a un lado. De un salto, se levantó del banco.

"Tenemos que darnos prisa y volver antes de que se haga tarde"

"Pero ¿cómo? Ellos no nos toman en serio, no les podemos preguntar"

Noctis adoptó una actitud pensante, comenzó a devanarse el cerebro en una nueva forma de poder llegar a su casa. Entonces escuchó un barullo que llamó su atención y al darse la vuelta vio un montón de gente salir del suelo.

"¡Ya lo sé!"

"¿Qué se te ha ocurrido?"

"Volveremos en metro"

"¿Metro?"

"¡SIII! Gladio se ha quejado muchas veces porque tenía que venir hasta la Ciudadela en metro. Una vez me dijo que había una estación justo al lado de esta"

"Pero ¿tú sabes montar en metro?

"No, pero tampoco puede ser tan difícil. Recuerdo ver en los mapas de la ciudad que la Ciudadela estaba en el centro de la ciudad, seguro que ahí también tienen mapas con los que podamos guiarnos"

Lena no estaba muy poco convencida de aquella idea.

"Tenemos que intentarlo, se está haciendo tarde"

Ambos miraron al cielo para ver cómo los primeros signos del atardecer comenzaban a ser presentes. Lena asintió para así ambos echar a correr hacia la boca de metro. Después de cruzar la calle con seguridad, comenzaron a bajar las escaleras, adentrándose en aquel laberinto subterráneo.

"Qué calor" —Se quejó la morena.

Una vez que terminaron de bajar estos se quedaron en medio de una intersección, mirando de un lado a otro, la gente iba y venía y ellos no sabían exactamente por dónde seguir. Noctis tuvo un momento de incertidumbre, miró a todas partes en busca de alguna señal, pero había mucho ruido y no era capaz de entender del todo las señales escritas en las paredes. De pronto este se dio cuenta de que Lena ya no estaba a su lado.

"¡¿Lena!? ¡Lena!" —Comenzó a llamarla desesperado mientras movía su cabeza de un lado a otro.

Entonces fue capaz de ver entre la multitud a una niña pequeña de cabellera castaña desordenada frente a un mostrador, de puntillas, intentando alcanzar algo. Era ella, Noctis corrió como si su vida dependiera de ello, en el momento en que llegó a donde estaba, Lena se dio la vuelta con una sonrisa victoriosa.

"¡¿Por qué te fuiste así?! ¡¿En qué estabas pensando?!"

"Tranquilo Caelum, mira lo que tengo" —Le enseñó un flyer que Noctis se ojeo para después mirarla con confusión. Por su parte Lena negó.— "Ese punto de ahí" —Señaló.— "Mira la «I» enorme, es un puesto de información y esto es un mapa del metro, si me dijiste que la Ciudadela está en el centro sólo tenemos que ver dónde está y dónde estamos nosotros y todo listo"

"Ah" —Fue lo único que pudo articular con un leve sonrojo.

Ambos se alejaron a una de las esquinas del lugar para abrir el mapa, sin embargo cuando lo hicieron ambos se quedaron patidifusos ante la intrincada red de colores que se disponía ante sus ojos. Aquello no iba a ser tan fácil.

"Cuántos colores" —Dijo él.

"Cuántas líneas" —Dijo ella.

Se miraron unos instantes sin saber muy bien qué hacer.

"Déjame verlo" —Noctis decidió tomar la iniciativa y comenzó a analizar el mapa.— "¡Aquí está!" —Señaló con orgullo su hogar, acto seguido comenzó a buscar el punto que Gladio había mencionado una vez.— "Tiene que ser este, está al lado de casa"

"Es la línea verde" —Mencionó Lena.— "Y nosotros estamos…" —Esta comenzó a ver el lugar en que se encontraban.— "La naranja"

"¿Cómo lo sabes?"

"Mira las paredes, tienen pinturas naranjas por todos lados"

"Tiene sentido… hay demasiadas estaciones, ¿en cuál estaremos?"

Lena volvió a levantar su cabeza, buscando algún nombre, entonces pudo ver un cartel colgante justo en el centro de la estancia, esta llevó sus ojos al mapa para ver si en algún punto de la línea naranja aparecía dicho nombre.

"¡Aquí está! ¡Aquí está!" —Anunció mientras señalaba el punto exacto.

"En ese caso" —Noctis comenzó a analizar el mapa. — "Tendríamos que… ¿por qué hay puntos que se conectan? No lo entiendo"

"Creo que es porque puedes bajarte ahí y coger otra línea de color" —Inquirió Lena.

"Tiene sentido. En ese caso, tendríamos que bajarnos aquí en Green Park y movernos por los puntitos que se unen hasta Monument esa está en la de color verde ¿no? Es que todo los puntitos y nombres están muy apretujados"

"Sí" —Le confirmó la niña.

"Y entonces de ahí sólo tendríamos que ir hasta la que pone Ciudadela. Parece fácil"

"¿Tú crees?"

"¡Sí!, ya verás que va a salir bien"

Noctis comenzaba a llenarse de esperanza nuevamente. Sentía que aquello podía funcionar, sólo había un pequeño inconveniente.

"¿Cómo pasamos al otro lado?" —Señaló las puertas. —"No tenemos dinero para comprar un billete"

"Creo que tengo una idea, pero vamos a tener que ser rápidos"

"De acuerdo"

"¿Por dónde se va a la estación en la que tenemos que bajarnos?"

Noctis miró las indicaciones que había en las paredes y cuando vio el nombre del punto al que debían ir y una flecha que apuntaba hacia la izquierda, señaló para que Lena también lo viese. La niña asintió y tomó la mano del niño, con calma lo llevó hasta los tornos, la gente pasaba por estos a gran velocidad.

"¡Ahora!" —gritó para tirar de Noctis.

"¡A dónde vais mocosos!" —Escucharon como les gritaban unos guardias de seguridad.

Ambos niños se metieron entre los adultos que se quejaban por su actitud para así conseguir pasar al otro lado del control, una vez ahí Lena tiró nuevamente del príncipe en la dirección que este le había indicado para comenzar a bajar escaleras mientras que a sus espaldas oían los gritos de los guardias. Bajaron para dar un atrio que daba a una arco excavado en la pared que se adentraba en las sombras.

"¿Por dónde?" —Preguntó la joven.

Desde su posición había dos escaleras que conducían a una sección en concreto de la línea.

"¡La de la derecha!"

Ambos corrieron para bajar el nuevo tramo y así dar al andén, desde abajo podían ver a los guardias acercarse, mientras les gritaban que se detuvieran. Estos se miraron desesperados, no tenían escapatoria, sin embargo para su suerte una señal anunció la llegada del vehículo. Dos enormes luces surgieron de entre las sombras del túnel contrario y en cuestión de segundos el metro apareció frente a ellos, levantando una gran cantidad de aire. Sin perder un minuto más, se metieron entre empujones para en caer los asientos del otro lado del vagón, ambos se dieron la vuelta para ver por las ventanas a los guardias acercarse hacia ellos, pero para desgracia de estos últimos, las puertas se cerraron en sus narices y el vehículo continuó su marcha con normalidad.

Ambos se miraron el uno al otro sin creerse todavía lo que acababan de hacer.

"¡Lo logramos!" —gritaron emocionados.

Con el sabor de la victoria aun en su boca, se dejaron caer en los asientos, relajándose, ya sólo les quedaba esperar con tranquilidad a que la señora de los altavoces anunciara su parada.

Noctis de pronto sintió un peso en uno de sus hombros y al girarse para ver de qué se trataba, vio la cabeza de Lena reposando ahí. Un leve rubor tiñó sus mejillas y cuando vio que la cabeza de la joven se movía, este rápidamente agachó la suya para evitar ser descubierto. Entonces pudo ver que sus manos todavía seguían unidas y una sonrisa tontorrona se dibujó en sus labios.

«Y tú» fue lo que pensó Noctis. Ella era la última persona en conformar aquella lista.

{...}

"No hay rastro de ellos en varias manzanas a la redonda señor" —Le dijo uno de los guardias a Perceval .

"De acuerdo, no han podido ir muy lejos, seguid estrechando el circulo"

El guardia asintió para marcharse.

"Cómo es posible que dos niños pequeños puedan liarla tan a lo vestía" —Se quejó el espía, suspirando.

"No desesperes hermano, estamos cerca lo presiento, solo tenemos que seguir un poco más" —Habló Regis cerca de él.

Este último iba de incognito, a pesar de la iniciativa de los padres de salir ellos mismo a ayudar en la búsqueda de sus hijos, sabía que si el rey era visto la misión se dificultaría.

Estos siguieron hablando, trazando posibles hipótesis de las direcciones a las que podrían haber ido los dos pequeños, planteamientos que constantemente se andaban cambiando dada la información que les iba llegando y los cuales no eran capaces de terminar de asentarse. Por otro lado, Elena estaba sentando en un banco, en completo silencio, al margen de la conversación de los otros dos. Observaba con detenimiento a los transeúntes ir de un lado a otro, algo dentro de ella le decía que Noctis y Lena no podían andar lejos, lo sentía y creía fielmente; por lo que decidió esperar a que las piezas del rompecabezas comenzaran a encajar.

"Habrase visto, yo no sé para que pagamos tantos impuestos para que la después la seguridad pública sea un fiasco" —Se quejó una señora mayor que pasó frente a ella.

"¿Has revisado que tengas todas tus cosas? ¿Ninguno de esos mocosos con dedos largos te ha quitado nada?" —Le respondió otra que iba a su lado.

"Sí, fue lo primero que hice después de que se metieran en medio. Por suerte no se llevaron nada, sería lo último que faltaría"

"Que alivio amiga"

"Nos instan a que usemos los transportes públicos para movernos, que la ciudad está muy colapsada, pero es que ya no puedes moverte de un punto a otro sin que sientas que en cualquier momento te vayan a dar un tirón al bolso"

"Lo que deberían hacer es cerrar esas dichosas puertas y que no entre nadie más"

"El problema no está en sólo cerrar, hay que tener mano de hierro con lo que llegan a quedarse, no pueden entrar, así como así y hacer lo que les de la santa gana"

"Tienes razón. Hoy en día ni de los niños te puedes fiar"

Así, ambas continuaron su camino despotricando sobre lo sucedido. Elena arrugó el rostro, hubiese deseado no haber escuchado aquel discurso que el revolvió el estómago, sin embargo, dentro de todo aquel odio; pudo encontrar cierta información que no paso desapercibida. Se levantó y echo a andar en la dirección contraria a las mujeres"

"Disculpe, ¿la estación de metro más cercana?" —Preguntó a alguien al azar.

Después de que le indicaran la dirección esta hecho a andar, recorrió un par de cuadras, para girar en una intersección y entonces dar a una calle menos transitada en la que vio en su dirección la boca del metro. Se detuvo al lado de esta para analizar el lugar, no había gran cosa, una alargada calle llena de edificios con un pequeño parque solitario al otro lado de la vía frente a la estación.

Bajo las escaleras para acceder al hall principal del lugar y una vez que localizó a uno de los vigilantes se acercó a él.

"Buenas tardes, perdone que le moleste, ¿de casualidad no habrá visto a dos niños pequeños que andan solos por aquí?"

{…}

"¿Cuánto queda?" —Preguntó Lena cansada.

El tiempo parecía eterno dentro de aquel lugar.

"La siguiente es la nuestra" —Informó Noctis mientras el metro cerraba las puertas y se ponía en marcha. —"Ya casi estamos, sólo un poco más"

La joven asintió para volver a colocar su cabeza en el hombro del pelinegro.

"Ahora ¿qué te pasa?" —Le preguntó la joven al no parar de sentir como el niño movía la pierna.

Noctis se avergonzó por haber sido descubierto, ahora no le quedaba otra que decirle lo que estaba pensado.

"Simplemente me preguntaba si me dirías ¿quién es Trico?"

El silencio cayó sobre ellos y al instante Noctis se arrepintió de haber abierto la boca, todo había estado tan bien que de repente se sentía como si lo hubiesen teletransportado a la casilla de salida.

"Si sobrevivimos a la bronca de nuestros padres entonces te lo diré"

"¡¿De veras?!"

Este sintió como ella asentía sobre su hombro. Después de aquello, ambos guardaron silencio, esta vez uno cómodo para al cabo de un tiempo ser interrumpido por el altavoz que indicaba que habían llegado a su parada. Ambos se levantaron cuando el vehículo se detuvo para caminar con tranquilidad hasta la puerta más cercana.

"Te atrapé mocoso" —Pudo escuchar el príncipe como decían a sus espaldas

Este sintió un tirón en su hombro que lo volvió a meter de nuevo en el vagón, el agarre que tenía ambos se rompió, Noctis forcejeo para salir mientras gritaba para que lo soltaran, este consiguió zafarse al morder al hombre. Corrió hasta la puerta, pero para su desgracia esta se cerró en sus narices. El pelinegro se estampo contra las puertas de cristal, con sus ojos muy abierto mientras veía con horror a Lena del otro lado paralizada y la pesadilla no hizo más que empezar cuando la figura de ella comenzaba a quedar más y más atrás hasta que finalmente se perdió en la oscuridad del subterráneo.

Todo había pasado demasiado rápido, apenas conseguía procesarlo.

"Quédate quieto ya muchacho, no compliques más las cosas" —Le regañó el hombre para agarrarlo y obligarle a que lo mirara, sin embargo, la imagen que encontró el revisor lo asustó.

El niño de pronto estaba sumamente pálido, tenía la vista perdida.

"Eh, muchacho, ¿te encuentras bien?"

Las palabras del hombre consiguieron despertar al pelinegro, quien posó sus orbes azules en el hombre que tenía delante. —"Se-Señor, m-mi amiga… Se h-ha quedado sola-la… no podemos dejarla atrás" —Dijo con un hilo de voz, de pronto el niño había comenzado a hiperventilar, su cuerpo estaba temblando, pero su cuerpo no reaccionaba más allá de ese estado que se intensificaba cada vez más.

El revisor al ver que el niño estaba a punto de tener un ataque de ansiedad actuó, lo llevó a uno de los bancos y lo sentó mientras que le pedía que respirara con normalidad, que lo imitara. Que inspirara por la nariz y lo expulsara por la boca.

"Eso es, muy bien, sigue así, conmigo" —Le decía mientras ambos hacían el ejercicio de respiración. Aquello estaba dando resultados.

"Mi… mi… mi" —Noctis era incapaz de formar palabras. Sabía lo que quería decir, pero era como si dentro de su cabeza todo estuviera yendo más rápido que su alrededor. Se sentía como el espectador de una película.

"No te preocupes por ella, vamos a volver con ella" —Le dijo para sacar su radio. —"Atención, he encontrado a los niños, pero nos hemos separado. La niña se ha quedado sola en la estación de Green Park, que el agente más cercano vaya hasta allí, no la asustéis. Yo estoy con el niño, está teniendo un ataque de ansiedad, desde que lo calme tiramos para allá"

"Entendido, voy hacia allá" —Le respondieron inmediatamente.

"¿Has oído eso? Tu amiga va a estar bien, no te preocupes por ella, en nada os reuniréis. Ahora sigue respirando conmigo"

Noctis asintió para seguir practicando los ejercicios de respiración. Poco a poco su cuerpo comenzó a calmarse, ya no estaba temblando y sentía que el aire no se le atoraba en la garganta. El revisor lo felicitó por ello para así en su compañía bajar del vehículo y hacer el cambio que los llevaría hasta Lena. El trayecto de un punto a otro fue una eternidad para el pelinegro, quien no paraba de mirar ansioso las bombillas que se iban encendiendo en el mapa de las estaciones, cuando la voz de la señora de los altavoces anunció su parada, Noctis se lanzó apenas las puertas se había abierto, atravesó la estrecha abertura sin importarle el regaño del señor. Una vez en el ande comenzó a buscar desesperado a la niña y finalmente pudo sentir como la presión de su pecho desaparecía al verla de camino acompañada de una revisora.

"¡Lo siento, lo siento, lo siento…!" —Repetía Noctis agobiado.

Pero Lena no le respondió, cosa que para el niño fue como si todo el mundo se le viniese encima.

"Vamos niños, hora de volver" —Habló la persona que estaba junto a Lena.

Ambos niños asintieron para en silencio tomar el tren de vuelta atrás, en todo aquel tiempo que pasaron Noctis buscó el contacto de Lena, alguna señal, pero esta siempre lo evitaba o rehuía. Estaba enfadada con él por abandonarla, pero no había sido su culpa, él no quería; pero todo había pasado demasiado rápido. Aquello pensamientos y otros tantos nublaron la conciencia del niño que para cundo se fue a dar cuenta ya habían llegado a su destino.

Ambos bajaron en silencio absoluto, se habían rendido completamente, ya no les quedaba más remedio que aceptar que se habían perdido y no tenían ni la menor idea de como volver a casa. Pero para su suerte alguien se cruzó en su camino. Estos miraron el par de piernas que tenían de frente para confundido elevar la cabeza y toparse con Elena, quien suspiró para reposar sus manos en su cintura y arquear una ceja. Aquello fue como un balde de agua fría.

"¿Y bien?" —Preguntó.

Ninguno de los dos pudo responderle ya que comenzaron a llorar de manera descontrolada al sentir el mayor alivio del mundo sin atreverse a apartar la vista por medio a que si lo hacían, ella se desvanecería. Por su parte Elena se agachó hasta quedar a su altura y abrió los brazos, los dos pequeños captaron la señal en el acto y corrieron para esconderse en la seguridad de los brazos de la mujer.

"Ya pasó, ya está"

{…}

Los tres salieron de la boca del metro y caminaron callados hasta el parque que había delante, donde los estaban esperando ambos padres.

"¡Lena!" —Perceval corrió hasta su pequeña para tomarla en sus brazos y estrecharla contra él mientras murmuraba aliviado. —"Mi pequeña… tesoro mío" —Sentía que en cualquier momento se pondría a llorar.

Noctis miró aquello para después ver a su padre, quería ir hacia él, pero tenía miedo, sin embargo, su padre abrió sus brazos, instándole a venir hacia él. Los ojos de Noctis comenzaron a picar, el llanto se quedó atascado a medio camino. —"¡Papá!" —Este corrió hasta para envolverse entorno a las piernas de su padre y llorar de manera descontrolada.

Noctis sintió las suaves caricias de su padre sobre su cabeza. El pequeño se separó para verlo, pudo apreciar por primera vez a su padre con los ojos cristalinos, elevó sus brazos para que así este lo tomara y levantara.

"Ahora, podéis explicar ¿cómo habéis hecho para meteros en todo este lío?" —Pidió Elena.

Todas las emociones que habían vivido a lo largo del día y que habían estado reprimiendo finalmente habían acabado estallando y como consecuencia, ambos niños seguían en un estado de agitación en el que no eran capaces de procesar con mente fría las cosas.

"¡Fue todo culpa suya!"

Aquella acusación por parte de la morena se sintió como un puñetazo en el estómago para el niño, de pronto sintió que todo lo que había hecho era tirado por tierra.

"¡¿Cómo que culpa mía?! ¡Eso no es verdad!"

"Si tú no me hubieras perseguido no abríamos caído por aquel agujero"

"Fue un accidente, no era mi intención"

"Todo siempre es un accidente contigo, nunca es culpa tuya"

Entonces Noctis fue capaz de captar el mensaje escondido entre las palabras de la joven.

"Yo nunca dije que no fuera culpa mía, intenté pedirte disculpas, pero tu me ignorabas. Lo sentí deberás por lo de tu dinosaurio"

"¿Qué dinosaurio?" –Preguntó Elena.

"¡Rufus!" –Lloró la pequeña. – "El rompió a Rufus"

"Fue un accidente, yo no quería hacerle daño de veras que no era mi intención" –Le suplicaba el niño.

"Eso no lo va a traer de vuelta, siempre lo estropeas todo"

Aquello dejó al pelinegro sin palabras, por un momento creyó escuchar como su corazón hacía crack.

"Eleanor" –La regañó su madre.

Lena se quedó helada, su madre sólo la llamaba por su nombre de pila cuando estaba enfadada. Aquello ocasionó que la pequeña se echará a llorar, de pronto se sentía que era la mala, pero no era así. ¿Por qué nadie la entendía?

"É-él siempre lo estropea todo. Por él aceptaste este trabajo y estuve años sin ver a mi mamá, por él tuvimos que mudarnos aquí y tuve que dejar a todos mis amigos atrás, a la abuela y mi casa. No quiero seguir viviendo aquí, quiero volver a Altissia, odio este sitio porque siempre estoy sola, no veo a mis padres, no tengo a nadie con quien jugar o hablar. Papá está todo el día trabajando para el Rey y tú con él, ya no pasamos tiempo los tres juntos como lo hacíamos antes. No quiero verlo porque cada vez que lo hago me acuerdo de todas las cosas que añoro y eso me hace sentir triste todo el tiempo. Y si intento alejarme, él siempre está ahí siguiéndome y vosotros regañándome porque soy grosera con él"

"Yo sólo quería ser tu amigo. Pero cada vez que intentaba acercarme a ti me ignorabas, daba igual todo lo que lo quisiese, tú siempre acababas haciendo lo mismo. Hacer como si no existiera. Y-y yo ya no sé qué más poder hacer para poder llamar tu atención, le hablas a todo el mundo menos a mí, eres buena con ellos y te ríes con ellos, pero conmigo eres fría. ¿Acaso no soy lo suficientemente bueno para ti? ¿Qué tengo que hacer para serlo? Piensas que soy un mimado, pero de verás que no lo soy, que me gusta ser el centro de atención, pero no es así. Lo único que de verdad quiero es que me sonrías como a los demás, que me hables como a ellos, que existo para ti también. Pero por más que lo intentara, por hacer las cosas bien y demostrarte lo contrario siempre la acababa fastidiando"

Ambos niños habían soltado todo lo que sentían sin pararse a oír las palabras del otro, simplemente se permitieron llorar y liberar todas aquellas preocupaciones y verdades que sentían el uno por el otro. Por otro lado, sus padres se miraban entre ellos asombrados por las verdades que habían compartido con ellos.

"Venga ya pasó, no lloréis más" –Habló Regis. –"Ha sido un día muy largo y todos estamos cansados, volvamos a casa. Mañana será un nuevo día"

"Vamos mi princesa guerrera, papá se encargará de arreglar Rufus, ¿de acuerdo?" –La pequeña asintió mientras se limpiaba los ojos. –"Ya verás como en nada vuelve a estar de una pieza"

"Cuando lleguemos a casa pediré que te preparen tu comida favorita y de postre mucho helado de chocolate, ¿qué te parece?" –Noctis murmuró algo que sonaba una respuesta afirmativa mientras su padre le acariciaba la cabeza para tranquilizarlo.

Con ambos niños algo más relajados, los tres adultos partieron rumbo a la Ciudadela, puede que sus hijos hubiesen soltado todo aquello sin ser muy conscientes de la profundidad de sus palabras. Sin embargo, los adultos sentían que tenían mucho en lo que pensar gracias a ellas.

(*****)

Dentro de su tienda, Lena observaba el colgante del llameante sol detenidamente. Sus dedos acariciaban cada uno de sus relieves y formas. De fondo podía escuchar las risas del resto de los miembros. Respirando profundamente, se quitó el colgante para esconderlo debajo de su almohada, sintió un repentino mareo, todo su cuerpo se agitó. De pronto se sentía llena de energía, de poder. El miedo pasó por delante de sus ojos como una señal de peligro, nunca antes había hecho algo tan grande como lo que estaba a punto de hacer, llevaba tantos años conteniéndose y manteniéndose a raya que no sabía qué pasaría cuando liberara parte de ello ¿Sería capaz de controlarlos? O por el contario ¿arrasaría con todo?

Dejando el miedo a un lado esta se levantó, sabía que aquello era lo correcto, su don se le había concedido para justo exactamente aquello, no para destruir.

"Y entonces el zamajarro ¡Embistió a Gladio! Lanzándolo por los aires" — Contaba Prompto divertido a un risueño Noctis.

"Ya casi está todo preparado" — Le comunicó Ignis.

"Bien" — Respondió sin más. Esta tomó su teléfono para cronometrar el tiempo, una vez que se agregara la planta catalizadora al compuesto tendrían apenas cinco escasos minutos para que todo reaccionara.

Era hora de poner el plan en marcha.

Lena tomó la planta y la añadió a la olla hirviendo con las otras dos restantes.

"Ahora sólo hace falta removerla hasta que el color morado se vuelva azul" — Le explicó a Ignis. Pero entonces esta calló en lo que había dicho. — "Lo siento"

"No se preocupe señorita Lain" — La tranquilizó este divertido.

"Aun así mi amigo dijo que además del color, el compuesto comienza a desprender un olor dulzón, como de rosas creo recordar"

El mencionado asintió para tomar la cuchara y comenzar a remover con delicadeza. El tiempo había empezado a contar. Disimuladamente Lena comenzó a caminar hacia unas rocas al otro extremo del campamento, pasando al lado de Noctis.

"¿A dónde vas?" — Le preguntó este. Había picado el anzuelo.

"Toda la costa de la región esta llena de pequeños fósiles marinos, que en estos días de luna llena son capaces de brillar por unas propiedades fluorescentes que tienen. Quería ver si conseguía alguno"

"¿Puedo ir?"

"Si a Ignis le parece bien sí"

Noctis miró rápidamente a Ignis quien asintió en acuerdo.

"¿Te vas a ir así sin más?" — Cuestionó Gladio. — "¿Qué pasa con el brebaje?"

"Ya casi está, no hace falta que lo esté supervisando. Ignis sabe lo que tiene que hacer"

"Esperad, voy con vosotros" — Dijo el rubio mientras se levantaba de su silla

"Lo siento, pero admito hasta uno más en mi equipo. No es nada personal, pero la experiencia es un grado y Noctis ya lo había pedido" — Contestó seriamente, aunque internamente suspiraba aliviada.

"No es justo"

"La vida es injusta amigo" — Se limitó a decirle antes de comenzar a caminar.

Mientras se alejaban, Lena observaba su temporizador, la cuenta atrás estaba llegando a su fin. Cinco minutos era el tiempo que tardaba en el que los componentes químicos hicieran reacción y el compuesto beta hiciera reacción. No era peligroso, los botánicos lo utilizaban como un potenciador, sin embargo, dicha sustancia era delicada en cuanto a la temperatura. Si los tres componentes se hervían a demasiada temperatura, las reacciones químicas hacían cambiar la tonalidad de este a la ves que comenzaba a solar una serie de gases, pasando de ser un potenciador a un potente alucinógeno.

Por lo que le había dicho su amigo, las personas que aspiraban aquellos gases sufrirían durante un rato los efectos alucinógenos, que no era peligrosos, al principió eran un poderoso chute; pero poco a poco se iban apagando hasta quedar fuera de juego. Y eso era justo lo que necesitaba Lena, dejarlos K.O.

"Ya está" — Anunció Ignis, haciendo que los otros dos se acercaran para apreciar el resultado. La sustancia cambio rápidamente ante sus ojos de morado a azul, tal y como Lain había dicho.

Una burbuja estalló soltando una nube del mismo color que les dio en toda la cara.

"Eso huele a todo menos a rosas" — Expreso Gladio. — "Que los dioses se apiaden de Noctis y sus papilas"

"Prompto ve a buscar a Noct y a la señorita Lain"

"¡Oído cocina!"

El rubio echo a correr, pero no pudo avanzar mas de un par de metros antes de detenerse en secó. De pronto todo comenzaba a lucir distinto.

"Oh vaya, que curioso" — Expresó Ignis.

"Mis manos…" — Dijo Gladio mientras se las miraba fijamente angustiado.

{…}

Lena miró la hora, ya habían pasado diez minutos desde que habían abandonado el campamento. Si el compuesto era tan potente como le habían dicho, las tres mellizas debían estar ya en el País de las Maravillas. Esta llevó su mirada al embarcadero, las luces estaban atenuadas, señal de que la jornada había acabado.

Por lo que finalmente tenía vía libre para ejecutar la parte final de su plan, sin embargo, tuvo un pequeño ataque de nervios.

"¡Lena!" — La llamó Noct. — "Creo que he encontrado uno"

El joven príncipe caminaba entra las charcas.

"Ten cuidado no te vayas a ca…"

Pero fue muy tarde, Noctis emitió un gritito y acto seguido se escuchó el ruido de algo chocando con el agua.

"¡Estoy bien!" — Gritó al poco rato.

La joven se acerco para tomar asiento en una de las rocas mientras veía a Noctis sentado en el agua.

"¿Te has hecho daño?"

"No" — Le dijo mientras rebuscaba en el agua. Cuando encontró lo que buscaba elevó sus manos para mostrarle orgulloso a la morena su descubrimiento. — "¿Es un fósil?"

"Casi, es una caracola"

"Jo"

"Pero es bastante bonita, ¿me dejas verla?"

El menor asintió para dársela.

"¿Te encuentras bien?" — Preguntó rompiendo el silencio que se había formado entre ambos.

"¿Yo?" — Aquello la había pillado por sorpresa. — "Sí"

"Mentira. Tienes la misma cara que cuando rompí tu dinosaurio. Algo te está molestando, ¿Soy yo?"

"¿Eh...? Oh, no, no. Tranquilo, no es nada que venga que ver contigo"

Entonces esta pudo ver como él se levantaba.

"Deberíamos volver ya, es hora de que me vaya tomando ese mejunje"

Noctis se dispuso a andar de regreso al campamento, pero sintió una mano que lo retuvo de su muñeca. Al darse la vuelta vio que era Lena la que lo sujetaba.

"¿Te parece si nos damos un baño?"

El niño pudo sentir como sus mejillas se coloreaban a más no poder.

"¿Ahora?"

"Sí, venga, será divertido"

Sin darle tiempo a responder, esta se levantó para quitarse la ropa, quedando ropa interior. Noctis no pudo evitar mirar a otro lado mientras se sentía como su rostro ardía. Entonces escuchó un chapuzón y al buscar a la morena la vio flotando a unos metros de él.

"Vamos, está buena"

"Va-vale. ¡Pero no me mires!"

Lena río mientras asentía, para así darse la vuelta y esperar paciente al príncipe. Al cabo de unos minutos pudo escuchar un chapuzón. Al girarse vio a Noctis nadar hacia ella.

"Mentira que estaba buena, está helada"

"Puede" — Dijo divertida.

"¿Puede? Me voy a volver un cubito de hielo"

"No seas quejica"

Ambos se quedaron un momento flotando hasta que Lena discernió no muy lejos un banco de arena que sobresalía del agua.

"Te hecho una carrera hasta esa isla"

Sin darle tiempo al príncipe echo a nadar mientras este le gritaba «tramposa» antes de unirse e intentar alcanzarla. A los pocos minutos consiguió llegar, teniendo todavía la suficiente ventaja como para poder sentarse y ver como el joven príncipe llegaba hasta donde estaba ella.

"Caracol" — Se burlo.

"Tramposa"

Este se dejó caer en la arena, con la vista fija en el cielo nocturno, nunca antes había podido ver tantas estrellas juntas, estas parecían formar a sus ojos un océano infinito.

"Entonces, ¿Vas a decirme eso que te inquieta?"

"Si tú me dices aquello que querías preguntarme en el embarcadero"

Noctis se levantó de sopetón, para quedársela mirando consternado, aquello lo había pillado con la guardia baja. Finalmente, sin cortar el contacto visual, asintió. Por su parte, Lena esperó paciente a que el pelinegro hablara.

"Lo que te quería preguntar era si… Lena, ¿Fui capaz de encontrarte?"

"¿Encontrarme?" — Repitió confundida. — "¿A que te refieres con ello?"

La mirada del príncipe se tiñó de decepción, a pesar de que no había respondido, para él si lo había hecho.

"No, nada… déjalo"

"Noctis no. Por favor, dímelo"

Un pequeño silencio se formó, hasta que el sonido del príncipe suspirando lo rompió.

"El año que desapareciste" — Entonces la morena entendió a lo que el se refería. — "Te estuve buscando durante todo ese tiempo por la ciudad"

"¿Tú hiciste qué?" — Aquello la había pillado con la guardia baja. Caelum en el tiempo que pasaron juntos jamás se lo había confesado.

"Sí. Cuando volví de Tenebrae. La respuesta que me dieron fue que desapareciste, por lo que supuse que debías estar en algún lugar de Insomnia. Todos los días al acabar el colegio y volver a casa, me escapaba para buscarte. La ciudad nunca antes me había parecido tan grande, sin embargo, no me rendí. La recorrí de arriba abajo, preguntando por ti, buscando en todos lados"

La confesión del joven príncipe la calo en lo más profundo, desconocía que Caelum hubiese hecho aquello por ella.

"Pero como siempre, volvía fallar"

Pequeñas lágrimas mancharon su rostro. Pero antes de que este pudiese llorar, una suave caricia elevó su rostro, este vio la imagen de Lena, quien lo observaba con el más profundo y verdadero cariño. Con delicadeza, Lena lo atrajo hacia ella para depositar un beso en su mejilla derecha.

"Gracias por esperar por mí, Noct" — Le susurró antes de separarse.

Noctis se llevó la mano al punto donde ella lo había besado, todavía no podía creérselo. Entonces este vio como ella se levantaba y caminaba al agua.

"¿Qu-qué vas a hacer?"

"Dame un minuto y lo verás"

Cuando el agua estuvo a la altura de su ombligo, la joven se giró para quedar frente al príncipe, entonces cerró los ojos y se concentró. Por otro lado, Noctis no entendía que pretendía hacer Lain, pero a los pocos minutos este descubrió como el cuerpo de la muchacha comenzaba a emitir una luz. Sus ojos se abrieron a causa de la sorpresa, este observaba estupefacto como el cuerpo de ella era envuelto en una blanquecina aurora, el cómo sus cabellos era mecidos por aquel resplandor, y como la luz caía de su cuerpo para depositarse en el agua. Formando pétalos alrededor suyo.

"¿Tienes miedo?" — Le preguntó.

Pero él negó.

"Durante aquel año pasaron muchas cosas, pero para hacer más corta la historia, se me concedió un don, un poder. Fui elegida y llevada hacia un lugar en concreto para ello"

"¿Nunca estuviste en la ciudad?"

Lena negó.

"¿Dónde?"

"Muy, muy lejos de aquí. Tierras nunca antes pisadas por ninguno de nosotros" — Entonces Lena miro al cielo, parecía estar buscando algo. — "Mira esas estrellas de ahí" — Le señaló. — "¿Ves que forman una especie de carretera?"

Al principió a Noctis le costo formar la imagen que ella le decía, pero al poco delante de sus ojos los puntos se fueron uniendo y finalmente este pudo dibujarlo.

"Si la sigues serás capaz de llegar al sitio al que fui llevada"

"¿Y qué vas a hacer ahora?"

"Voy a curarte"

"Entonces, ¿lo del brebaje…?"

"Una broma de mal gusto que les gaste. Ahora tienen que estar durmiendo como angelitos"

Ambos rieron de manera cómplice.

Noctis se levantó y caminó, pero antes de poner un pie en el agua, no pudo evitar preguntar.

"¿Me va a dolor?"

Lena sonrió. No pudo evitar sentirse identificada con él, ya que ella misma había formulado aquella pregunta el día que se decidió que ella sería la heredera de la luz.

"No"

Noctis asintió para finalmente meterse poco a poco en el agua, no pudo evitar arrugar un poco el semblante por lo fría que le volvió a resultar. Este caminó despacio, observando con curiosidad los pétalos, los cuales se hicieron a un lado para darle paso hacia la muchacha, la cual le tendió sus manos.

"¿Preparado para hundirte?" — Le preguntó una vez que envolvió sus manos alrededor de las de él.

El pelinegro asintió. Lentamente, Lena comenzó a nadar hasta que estuvieron a la profundidad adecuada, entonces hizo una señal que el pelinegro captó. Ambos tomaron aire para hundirse. Y en las profundidades del agua, Noct pudo apreciar como la luz comenzaba a resplandecer más y más, los pétalos parecieron cobrar vida y se movieron a su alrededor, rodeándolos; arropándolos. Hasta formar una esfera de luz. Dentro de ella, el joven sintió un calor agradable, una sensación reconfortante que iba invadiendo su cuerpo a medida que la luz lo iba cubriendo.

Finalmente hubo un último resplandor, una explosión de luz que lo cegó.

Ambos emergieron del agua, para ser envueltos en la tranquilidad del agua.

"Ha sido una pasada"

"Gracias"

"Y-y ¿Ya está?"

"Sí, el hechizo de la naga ha sido disipado. Mañana volverás a ser el que eras"

Noctis asintió.

"¿Te parece si volvemos al campamento?"

"Sí"

Ambos nadaron de regreso a la horilla, para tomar sus ropas y una vez vestidos caminar en silencio hasta la otra cara de la playa. Tras cruzar las rocas que separaba una sección de la otra, no pudieron evitar ahora unca carcajada al ver la imagen con la que se toparon. Ignis, Gladio y Prompto estaba profundamente dormidos alrededor de la fogata, estos estaban con los cabellos alborotados y las ropas hechas un desastre, tenían partes de sus cuerpos pintados con lo que parecía barro.

Lena le hizo una señal a Noctis para que guardase silencio mientras pasaban al lado de estos en dirección a sus respectivas tiendas.

{…}

Ya había pasado un tiempo y el príncipe todavía era incapaz de dormirse, sus ojos estaban fijos en el techo de la tienda, todavía procesaba las cosas que había visto. A la luz de aquel nuevo descubrimiento, nuevas preguntas afloraban en su cabeza, ¿Quién o que se la había llevado? ¿Por qué ella? ¿Dónde había estado todo ese tiempo?

Sin embargo, no pudo seguir divagando en su fuero interno, ya que alguien llamó.

"¿Puedo?" — Susurraron del otro lado.

"Sí, sí. Adelante" — La invitó a pasar.

Este vio como la cabeza de la morena asomaba por la abertura de la tela.

"No me puedo dormir"

"Yo tampoco"

"¿Te apetece dormir conmigo?"

Aquella pregunta ocasionó que su corazón comenzara a latir más y más rápido. Noctis sabía que si intentaba decir algo iba acabar atorándose y tartamudear, por lo que acabaría pasando una vergüenza mayor. Por ello simplemente asintió, intentando aparentar lo menos enérgicamente posible.

Ambos salieron de la tienda en silencio, para meterse en la de la susodicha. Una vez dentro, ambos se acomodaron, pegando espalda con espalda antes de que la joven apagase la luz, y ya en la oscuridad bajo el confort de la compañía; el joven principio sintió como todo el cansancio del día lo inundaba del golpe, siéndole imposible mantener por más tiempo sus ojos abiertos, para caer así profundamente dormido.

(*****)

El príncipe fue abriendo los ojos lentamente. No pudo evitar soltar cierto gruñido, sentía un peso sobre él, este se movió intentando quitárselo de encima, pero no desaparecía. Volvió a gruñir. Aquello era raro, tantas noches en la tienda apretujado le habían dado el conocimiento suficiente para saber cuándo Gladio o Prompto le caían encima, sin embargo, aquella presión no encajaba en ninguno de estos dos. Cuando pudo abrir del todo ojos, lo primero que hizo fue buscar el origen de aquella molesta presión. Este se topó con una cabellera castaña.

Un poco de aire escapo de sus pulmones por la sorpresa.

Noctis comenzó a analizar. Aquella no era su tienda, era más pequeña, tampoco estaba apretujado entre sus otros tres compañeros, sólo había una persona más además de él y aquella persona, a la cual se dio cuenta que estaba abrazando, no encajaba en la contextura de sus amigos. Volvió a agachar la mirada, para descubrir que la cabellera castaña estaba conformada por largos mechones de pelo, de una cabeza que reposaba tranquilamente sobre su pecho.

"Lena" —Susurró.

Estaba durmiendo con ella.

Con sumo cuidado movió una de sus manos para apartar los mechos de la cara de la joven, quería ver su rostro, le gustaba verla dormir. Una sonrisa enamoradiza se dibujó en su rostro, al ver como esta descansaba tranquilamente sobre su pecho. Esta hizo un movimiento, pegándose más a su cuerpo a la vez que se acomodaba a este.

El corazón del príncipe comenzó a latir con mayor fuerza. En su interior se instauró el deseo de que aquel momento fuera eterno. Sólo ellos dos. Como en el pasado.

Noctis no supo cuánto tiempo pasó embelesado mirándola, mientras acariciaba sus cabellos, había soñado tantas veces con aquello que por un momento pensaba que debía estar delirando. Sin embargo, el vibrar de un móvil le devolvió al mundo real. Lena se movió sobre él acusa del dispositivo, este rápidamente lo busco y estuvo a punto de colgar para volver a pasar sus brazos alrededor del cuerpo de la chica, pero cuando vio que el identificador ponía «Mariscal» supo que debía ser algo importante.

Con cuidado este se levantó, gruñendo internamente por obligarle a dejar la calidez de la otra parte para salir en silencio. Tuvo que ahogar una risa al ver a sus amigos tirados en la arena durmiendo.

"Eleanor" — Dijo el mariscal nada más que Noctis descolgara.

"No, soy yo Cor. Lain está durmiendo todavía"

Aquello le hizo gracia al príncipe, había pillado al mariscal con la guarida baja. Seguro que en su cabeza se estaba montando toda una película, ya que si Lena estaba durmiendo y él era el que tenía su teléfono, no había que ser muy diestro para unir los puntos y adivinar que habían dormido juntos. Tenía curiosidad por saber qué le contaría a su padre.

Pudo escuchar como el mariscal carraspeaba.

"Bueno, me alegra oír que vuelves a tener tu voz de siempre"

"Sí, todo ya se ha solucionado"

"Bien"

"Bien"

Un silencio incómodo se hizo entre ambos.

"Bueno, dado que el incidente ha sido resuelto no creo que sea necesario comunicárselo a Su Majestad"

"Sí, me parece bien. No es necesario preocupar más a mi padre"

"Seguimos en contacto"

Después de colgar, Noctis se quedó mirando el campamento, tuvo la tentación de volver con Lena, sin embargo, decidió caminar y tomar asiento a pocos metros de la orilla, para quedarse mirando las suaves tonalidades rosáceas del arrebol que pintaba el cielo.

"Así que fueron mi bondad y mi amor por los demás lo que te enamoró" — Repitió las palabras de Lena, una sonrisa tonta se dibujó en su rostro.

Noctis se apoyó sobre sus codos, para mirar hacia arriba, al lugar donde ella le había señalado esa carretera estelar ahora escondida entre nubes violetas y rojizas.

"¿Qué te hicieron Lena?" — Se preguntó.

Nuevas piezas del puzle habían aparecido, pero una vez encajadas estas, ahora se daba cuenta de que la imagen que debía formar era mucho más grande de lo que pensaba.

"¡Noctis!" — Escuchó como gritaba

Al darse la vuelta este vio a Prompto correr hacia él.

"¡Has vuelto! ¡Has vuelto!" — Fue lo que gritaba cuando le saltó encima.

"¿Cómo que he vuelto?"

"¡Espera! ¿No te acuerdas de lo qué pasó?"

"No, sólo recuerdo irme a dormir cerca de Hammerhead y ahora despertarme aquí"

"Oh, lo vas a flipar. ¡Ignis, Gladio! ¡que no se acuerda de nada!"

"¡Por los dioses Prompto, deja de gritar!" — Se quejo Gladio.

"Prepárate colega, no sabes lo que te has perdido" — Le dijo mientras regresaban al campamento.

El pelinegro vio como de la tienda más pequeña salía una somnolienta Lena, que se le quedó mirando de arriba abajo.

"Disfrutando de las vistas mañaneras Lain" — Se mofó.

"Más quisieras"

"Por cierto, toma" — Este le pasó su teléfono. — "Estaba sonando y me desperraste"

Entonces este vio como la muchacha se tensaba.

"Era Cor"

"¿Qué quería?"

"Saber porque no le habíamos dicho nada de nuestro paradero en casi tres días de viaje. Le dije que fue porque en un acto heroico estrellaste el Regalia y tuvimos que esperar a que Cindy lo reparase"

"Imbécil" — Le respondió tomando su móvil de mala gana.

Esta tuvo la intención de volver a su tienda. Era muy temprano para aguantar a un gilipollas. Noctis rápidamente verificó que ninguno los estuviese mirando, para su suerte sus tres amigos habían regresado a su tienda de campaña, por lo que de un ágil movimiento interrumpió la acción de la muchacha envolviendo sus brazos alrededor de su cintura.

"No sé cómo ha pasado" — Le susurro al oído. — "Pero me ha gustado y sé que a ti también. ¿Podríamos volver a repetirlo?" — Dejó caer.

"No hago obras de caridad Caelum"

Fue lo único que le respondió antes de darle un codazo en su abdomen y esconderse en su tienda.

Noctis se sobo la zona adolorida con una sonrisa bobalicona. Volvió a mirar una última vez los suaves colores antes de que desaparecieran, por el momento guardaría silencio. Aun así, no se pensaba rendir, estaba dispuesto a averiguar la verdad.

(*****)

La noche ya había caído finalmente en la capital, el pequeño Noctis observaba a través de los grandes ventanales las luces de los edificios. Todavía no se podía ir a dormir. Después de llegar y asearse, como su padre había dicho los empleados le trajeron su comida favorita para enormes cantidades de helado; las cuales compartí con este en una velada padre e hijo. En la que jugaron y rieron durante horas para sorpresa del príncipe quien en vez bromas y diversión se esperaba un castigo por parte de su progenitor. A pesar del agotante día que había tenido, su cuerpo todavía se negaba a cerrar los ojos, para el príncipe quizás aquello se debía a toda el azúcar que había ingerido, aunque le extrañaba que la tripa no le estuviera doliendo.

Despegó los ojos del cristal para darle una vuelta a su estancia, hacía un rato que su padre se había ido por lo que tendría que buscar una manera de entretenerse solo. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para pensar en ello, ya que de pronto comenzó a escuchar golpes metálicos en las paredes, estos resonaban por todas partes, acercándose lentamente a su habitación. Atemorizado, Noctis corrió para esconderse detrás de varios de sus juguetes, los golpes ahora venían de la pared frente; asustado no le quedó más remedio que aguardar lo peor.

Unos dedos surgieron del interior del conducto de la ventilación, escurriéndose a través de los agujeros de la rejilla. Aquello hizo gritar al niño, pero por suerte no abrió la boca ya que de ser así hubiese sido descubierto. La rejilla fue sacada y puesta aun lado, dejando vía libre a una maraña de cabellos que se arrastraban por el suelo. Noctis sentía como su corazón iba a mil por hora, ya no sabía si estaba respirando o no y su cuerpo no paraba de temblar, a medida que con horror observaba como aquello se iba incorporando. La criatura llevó sus manos al frente, acción que hizo al pequeño esperarse lo peor. Lentamente vio como la criatura tomaba sus cabellos para apartarlos.

"Caelum" –De pronto lo que esperaba que fuese una voz de ultratumba fue sustituido por la de Lena. La joven se apartó los pelos de la cara para poder buscarlo. Noctis sintió un repentino alivio.

Por otro parte Lena vio como el susodicho salía de detrás de una pila de juguetes.

"¿Te asusté?" –Le preguntó divertida al ver su pálida piel y la pequeña capa de sudor que bañaba su frente.

"NO" –Noctis se llevó la mano a la boca para cubrírsela, su respuesta había sonado más aguda de lo que quería. Este carraspeo. –"No" –Dijo ahora un intento de voz más grave.

"Vale"

Entonces ambos se quedaron en silencio.

"¿Qué haces aquí?" –Preguntó Noctis.

Lena agachó su cabeza para jugar nerviosa con sus pulgares.

"He estado pensando en todo lo que dije antes y quería decirte que lo siento"

"¿Cómo? ¿Por qué?"

"Echo de menos mi hogar, cuando me dijeron que nos íbamos a mudar aquí la respuesta que tuve fue que mis padres iban a trabajar para la familia real y que mi madre sería la tutora del príncipe. Por lo que era fundamental que estuviese allí donde estuviera él. No te conocía, pero empecé a odiarte desde ese momento porque sentía que eras el culpable de que me estuvieran arrebatando todo. Sin embargo, dado que ahora te conozco y te he visto me he dado cuenta de que no eras esa persona que me había imaginado"

"¿Cómo pensabas que era?"

"Un niño mimado y caprichoso"

Noctis sonrió con tristeza.

"Todos piensan que lo soy"

"Pero ahora me he dado cuenta de que no es así. Sino que simplemente eres un niño un tanto torpe y bobalicón"

La expresión de alegría que se iba a dibujar en el rostro del príncipe ante las palabras que pensaba que iba a oír desapareció en un parpadeo para que en su rostro se reflejara la decepción.

"No pongas esa cara, tonto. Es broma, creo que eres un chico muy bueno y con un gran corazón"

El rostro del príncipe se iluminó ante aquellas palabras, así como que un leve rubor teñía sus mejillas.

"Muchas gracias por lo de hoy, por cuidarme durante todo ese tiempo y buscar una forma de volver a casa"

"No hay de que"

"Cuando nos separamos en el metro me asusté mucho, pensé que no ibas a volver y por eso actué como actué. Eso no estuvo bien tampoco"

"No te preocupes, ya es agua pasada" –Dijo rápidamente el príncipe restándole importancia.

"Mira para allá" –Le pidió la morena mientras se acercaba a él.

"¿Qué vas a hacer?"

"Es una sorpresa… No es nada malo" –Añadió al ver la cara de desconfianza del pelinegro.

Noctis no estaba muy convencido, pero finalmente accedió y espero a ver qué era lo siguiente que hacía Lena. Pero un fugaz pensamiento se le cruzó por la cabeza.

"Oye, ¿cómo sabes entrar a mí habi…?"

Pero no pudo continuar ya que una suave y cálida presión cerró sus labios. Los ojos del príncipe se abrieron hasta más no poder, al igual que los de la niña al percatarse también de lo que había pasado. Ambos dieron un par de saltos hacia atrás mientras se miraban como si fueran marcianos. Sus caras se tiñeron de un profundo rojo.

Noctis balbuceo cosas inconexas.

"Era en la mejilla" –Explico rápidamente la niña. – "Iba a ser ahí, ¡¿Por qué te giraste tonto?!"

"¡Yo sólo quería saber cómo es que conocías ese camino hasta mi cuarto!"

"¡¿Y no podías esperarte?!"

"¡Fue sin querer!"

"¡Todo es sin querer contigo!"

Ambos se quedaron en silencio, pero sin romper el contacto visual.

"He explorado a fondo este lugar" –Se limitó a decir la niña.

"¿Has estado antes?"

"Puede"

"¿Po-por qué viniste ahora?" –Le preguntó el príncipe.

Entonces Lena cayó en la razón por la que se había fugado hasta ahí una vez que sus padres se durmieron. Esta tomo la bolsa de tela que llevaba con ella.

"He pensado que quizás podías ayudarme con él" –Explicó bajito mientras sacaba las dos piezas que ahora conformaban el peluche.

Noctis las miró para después ver los ojos tímidos de la chica y rápidamente asentir para acercarse a ella. Este extendió sus manos con cuidado hacia el dinosaurio y espero a que ella accediera dárselo. Lena depositó el juguete en las manos del príncipe y entonces este supo que de alguna manera confiaba en él.

"¿Cómo lo hacemos?"

Lena rebusco en su para sacar hilo y aguja.

"¿Sabes cocer?" –Le preguntó.

"No"

"Yo he visto a mamá hacerlo"

"Y yo a Ignis"

"No puede ser tan difícil" –Dijeron a la vez para compartir una carcajada.

Ambos asintieron para así ponerse manos a la obra en una tarea que no parecía tan complicada, pero que sin embargo fue mucho más difícil que el descifrar las líneas del metro o coger un tren. Pero a pesar de ello, toda una noche después y con varios pinchazos que adornaban sus dedos, Rufus había vuelto a ser uno solo.

"Creo que está bien" –Comentó Lena.

"Espera un momento" –Le dijo Noctis mientras corría a su armario para tomar una de sus camisetas negras.

De nuevo con Lena y bajo la atenta mirada de esta, el príncipe recorto un cacho de tela para después envolverla entorno al cuello del dinosaurio y hacer un lazo que cubriese la gruesa e irregular costura.

"Ahora esta perfecto" –Anunció con orgullo el príncipe.

Este le tendió el peluche a la niña para ver como lo estrechaba con amor contra su pecho. Entonces algo ocurrió, tonos rosáceos y violetas se reflejaron en su habitación.

"¿Qué ocurre?" –Preguntó Lena al ver la cara de emoción de Noctis.

"Rápido, ven conmigo"

Este tiró de ella para salir de su habitación cuando la Ciudadela aun dormía para arrastrarla por los corredores hasta a un ascensor.

"Espera un momento, ya lo verás" –Le pidió al ver su cara de confusión.

A los pocos segundos el ascensor abrió sus puertas para dar a una sala completamente acristalada, ambos niños accedieron a esta y entonces Lena vio que estaban bastante alto, justo en medio de las cuatro torres del edificio.

"¿Dónde estamos?"

"Encima del salón del cristal" –Le comentó mientras le señalaba el flujo de energía que la atravesaba por la mitad.

"¿Por qué hemos venido aquí?"

"Para ver esto" –Le señaló hacia las cristaleras.

"¿El amanecer?"

"No, el arrebol"

"Arrebol"

"Sí, esos colores que ves ahí en el cielo" –Explico mientras señalaba las tonalidades rosas, anaranjadas y violáceas que adornaban el cielo sobre la capital. – "Papá me dijo que mamá una vez le contó una historia sobre esto"

"¿Qué decía?"

"Bajo un cielo de brillante naranja, azul y violeta, dos corazones quedarían unidos bajo el lazo del destino, no importaba las veces que estos se separan, los infortunios que tuviesen que atravesar. Sus caminos siempre los llevarían a encontrase bajo los colores del arrebol"

"Trico es un amigo mío" –Confesó Lena.

Noctis la miró sorprendido, no pensaba que finalmente se lo diría.

"Lo conocí hace unos años atrás en los bosques de Altissia"

"¿Cómo es?"

"Muy, muy grande, tiene unos enormes ojos. Su cuerpo está cubierto de plumas blancas y grises, tiene dos alas y dos pequeños cuernos. Es como un gran perrito"

Noctis asintió un tanto confuso por aquella información, desde luego no era aquello lo que se esperaba, ¿quizás se trataba de algún amigo invisible? Podía ser.

"¿Y dónde está ahora?"

"No lo sé, desde que vinimos aquí no lo veo. Pensé que si lo llamaba en aquel bosque aparecería, pero no lo hizo"

"Seguro que pronto lo vuelves a ver"

"Eso espero… creo que va siendo hora de que vuelva a mi habitación. Mamá y papá se despertarán dentro de poco y no creo que les guste no verme en la cama cuando lo hagan"

"Cierto, yo debería hacer lo mismo"

"Muchas gracias por ayudarme con Rufus y de nuevo por lo de hoy"

"No hay de que" –Le dijo con una sonrisa bobalicona. – "¿Podríamos volver a jugar otro día? ¿Quizás hoy? Después de desayunar" –Pero la sonrisa que puso la chica lo desconcertó. –"¿De qué te ríes?"

"Te recuerdo que tienes clases con mi madre en un rato"

A Noctis se le descompuso la cara cuando cayó en aquello, estaba tremendamente cansado de todo el día anterior, no había dormido nada y en unas pocas tendría que tener sus reales posaderas en un pupitre atendiendo a las lecciones de Elena durante toda la mañana. Que los dioses le dieran fuerzas.

"No pongas esa cara"

"Para ti es fácil decirlo, no eres a la que te toca ahora"

"Mmm, puede que quizás me pase para hacerte compañía"

Al príncipe se le iluminó el rostro al oír aquello.

"Vamos que te hace falta dormir, llevas todo el día quedándote con esa cara de bobalicón"

La joven lo arrastró hasta el ascensor para comenzar así el descenso.

"Una pregunta" –Habló Noctis.

"¿Cuál?"

"¿Te llamas Eleanor? Pensaba que tu nombre era Lena"

"Sí, así es, Eleanor Lain. Pero todo el mundo me llama Lena"

"¿Y eso?"

"Mi abuela comenzó a llamarme así, decía que Eleanor era nombre de señora mayor. Que ya tendría suficientes años para que me llamaran así, además, Lena Lain dijo que tenía más gancho"

"A mí me gusta Eleanor, suena bonito" –Pensó en voz alta el joven príncipe. De pronto fue consciente de la burrada que había dicho y se avergonzó. Tímidamente miró por el rabillo del ojo a su compañera, para verla con la cabeza agachada y rubor adornando sus mejillas.

Una vez que las puertas del ascensor se abrieron, ambos salieron para quedarse mirando unos instantes.

"Entonces, ¿nos vemos en un rato? –Preguntó el muchacho.

"Nos vemos" –Le confirmó ella.

Y así ambos tomaron caminos diferentes. Noctis a mitad del pasillo se detuvo un momento para mirar atrás y verla caminar de espaldas, tuvo la curiosidad de ver si ella se daría la vuelta; pero así no fue. Sin embargo, aunque el príncipe no lo supiera, segundos después de retomar su rumbo, la muchacha se giró para ver si él también se giraba.

(*****)

"Todo en orden su majestad, el grupo vuelve a retomar su rumbo hacia Altissia" –Informó Cor a Regis.

"Estupendo, ¿entonces mi hijo vuelve a ser un veinteañero mal humorado e incomprendido?" –Preguntó el Rey al Mariscal. Pillándolo por sorpresa. – "Aquí no ocurre nada sin que yo me enteré" –Expresó con orgullo.

"Sí, así es Su Majestad"

"Bien, bueno oírlo"

Sin embargo, la cara del Mariscal le informaba de que quizás había algo que desconocida.

"¿Ocurre algo?"

"Simplemente tengo la sospecha de que el Príncipe y la señorita Lain han mejorado su relación"

"¿Y a qué se debe esa suposición?"

"La señorita Lain era la encargada de informarme de todo lo referente a la situación del Príncipe. Sin embargo, en vez de reportar ella esta mañana fue el propio Noctis el que lo hizo… desde el teléfono de la señorita"

"Entiendo" –Confirmó el rey, leyendo entre líneas el mensaje. – "Bueno si ya no hay nada más que comentar, puedes retirarte.

El Mariscal asintió para marcharse. Una vez que el rey estuvo a solas, comenzó a reírse para una vez más relajado mirar hacia el paisaje de la ciudad.

"Ojalá estuvieras entre nosotros hermano. Daría lo que fuera por ver tu cara cuando vieses que yo soy el que va a ganar la apuesta"