Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)

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Beteado por mi gemela malvada mayitatime (no usa FF, pero sí Twitter ~)


II

4 de septiembre, 1998

Diario,

Me están pidiendo que no maldiga tanto y pienso que eso es pedir mucho, ¿no te parece? Pienso que eso es suprema y jodidamente ridículo. No pueden obligarme a usar un cuaderno para escritura no-planificada-y-consciente y decirme qué mierda hacer, ¿no?

Si no les gusta cómo luce mi consciencia, pueden llevar sus malditos virginales ojos a otra parte.

Lo diré de nuevo: no quiero su ayuda.

¡Hola! ¡Sí! Estoy hablando con ustedes. No quiero su puta ayuda para nada. No quiero hacer esta mierda, no lo necesito, no-...

Mierda.

Rompí mi jodida pluma, ¡gracias otra vez! Espero que las manchas de tinta lleguen a su maldita ropa hospitalaria.

¿Qué estoy olvidando? Oh sí, la estúpida pregunta del día. Aún más reglas para la escritura no-planificada-y-consciente. Imbéciles.

"¿Qué diferencia ves en ti después de tu trauma?".

¿Quién coño escribió esta pregunta? ¿"mi trauma"? Estoy jodidamente seguro de que es más que solo "mi trauma". ¿Te refieres a la guerra?, ¿a la maldita guerra que diezmó al Mundo Mágico?, ¿qué mató a miles y destruyó a muchos más? ¿A ese trauma? ¡Debería haberlos traumado también! ¿Qué mierda está mal con ustedes?

Pero cojones, jugaré.

De todos los malditos lugares, por órdenes del Ministerio, estoy jodido en Hogwarts asistiendo a jodidas clases. Y para eso digamos que tuve que desarrollar una sana afinidad con el Whiskey de Fuego. Quema hasta los intestinos y es jodidamente fantástico.

Oh, y no puedo dormir para nada, peso aproximadamente 7 kilogramos menos y mi puto antebrazo está infectado. Algunos cambios menores, nada notable.

¿Feliz?

Jódanse jodidamente jodidos.

Draco Malfoy.


7 de septiembre, 1998

Una semana se desintegró frente a sus ojos. Lo vio como si estuvieran atrapados dentro de un cristal y ella fuera de ellos. Así se sentía, como un forastero porque el resto seguían riéndose.

Riéndose y sonriendo y hablando sobre nada y pasando notas en clases como si estuvieran en Segundo Año, y bromeando y burlándose y quedándose despiertos hasta tarde, y riéndose entre ellos.

Riéndose, como si nada hubiera pasado. Como si estuvieran allí después de unas largas vacaciones.

No después de una devastadora guerra.

Apenas puede aguantar estar en la sala común de Gryffindor alrededor de todos. Se sienta lejos del bullicio, lo suficiente para que la luz de la chimenea no la toque y trata de ignorarlos. Quizás está celosa. Admite que parte de ella lo está ya que desearía poder sentirse así, pero es como si la guerra le diera un matiz diferente a todo, poniéndolo más gris... más oscuro.

Seamus lanza un hechizo de Mocos de Murciélago sobre Dean mientras beben té y desata una catástrofe. Es algo de lo que ella se habría reído hace dos años.

Hay muchas cosas que hubiera hecho hace dos años, como sonreírle a Ron, presumirle a Harry lo que estaba leyendo, quedarse despierta hasta tarde en el dormitorio, hablar con Ginny y Parvati sobre el crecimiento acelerado que tuvo Zacharias Smith, pero ahora no, ahora solo quiere salir de ahí. Quiere enfocarse en las clases y estudiar aún más religiosamente que antes. Quiere superarlo e irse, aunque a pesar de eso se ha esforzado en quedarse en la sala común durante el atardecer para ser moderadamente social, estar presente. Sin embargo, esta noche su antebrazo le pica demasiado, tanto que quema, y cada risa hace que su estómago se sacuda. Así que después de una hora y media diciéndole a todo el que se acercaba a ella para que se uniera al grupo "no, gracias", no pudo seguir allí.

Corrió. Huyó. Abandonó el barco.

Salió de ahí tan rápido que ni siquiera recuerda los últimos 10 segundos. Solo ve el cuadro de la Dama Gorda desvaneciéndose de su línea de visión. Su libro "Tips Mágicos Imprescindibles para Seguir Adelante" de Mérida Swoglot está presionado contra su pecho como un escudo. Se está esforzando en leerlo, pues tuvo que considerar que era lógico estudiar estrategias de afrontamiento. Incluso así, el peso del libro en sus manos —especialmente uno como ese, un tomo—, la baja a la tierra como una antorcha.

Demasiadas escaleras pasaron en un flash y, antes de que ella lo supiera, estaba en el corredor desierto que iba al Gran Comedor. Las antorchas emanaban una luz cálida y acogedora que la invitaban a quedarse pero ella no-no podía... no podía quedarse, tenía que seguir.

Llegó al patio delantero en un instante, el aire era frío pero se sentía bien, podía respirarlo. No era húmedo ni caliente como el de la sala común y pasaba por su garganta casi sin esfuerzo. Aún así, ella bajó por la colina, tropezando un par de veces mientras se volvía más empinado el camino, apretando los dientes hasta que su dolor de cabeza palpitaba en su frente y la hiciera arrastrar sus zapatos entre la tierra. Pero no se detuvo hasta estar a algunos centímetros de la costa del Lago Negro.

Respira. Toma una profunda-muy profunda inhalación y espera que disminuyan los latidos de su corazón o ella vuelva a entrar en sus cinco sentidos. Escucha el vaivén del agua, mira cómo se empapa la grama cerca de la costa

Entonces, escucha el crujido del agua trillar más fuerte de lo que debería. Sus ojos bajan mientras jadea con pánico. Tropieza cayendo ante la silueta a unos metros de ella, parcialmente sumergida en una sombra.

Su mano tiembla cuando convoca un lumos.

Pálido, sus ojos la miran con sorpresa y desinterés al mismo tiempo. Está completamente vestido y empapado... bueno, no, no está completamente vestido. Tiene puesto lo que parece un pijama; una camiseta y la elástica de un par de pantaloncillos que sobresalen del agua, el resto bajo ella. La camiseta luce como un papel pegado a su cuerpo, por demás transparente. Su cabello pegado a los lados caía sobre uno de sus ojos. Su blanca piel refleja la luz de la luna como un espejo.

—¿Malfoy? —susurra como una maldición, casi preguntando y casi adivinándolo.

—Grander —cruza sus brazos sobre su pecho y su voz tiene un tono afilado que ella no esperaba—. ¿Dónde está el resto del Trío de Oro? ¿Salieron a dar un paseo a la luz de la luna por su cuenta?

Ella piensa en lo que está viendo, piensa en el clima de la noche, la forma en la que él luce y cómo lucía el primer día. Se metió en el lago con la ropa puesta.

—¿Estás-estás tratando de ahogarte? —las palabras salen de su boca antes de que ella las asimile. La luz que emite su varita tirita por el temblor de su brazo, lo que provoca que Malfoy tenga un aura psicodélica y estroboscópica.

Su sonrisa se curva de un solo lado mientras se quita el cabello de la cara.

—Es rudo de tu parte interrumpir, ¿no lo crees?

Inhala fuertemente, su respuesta la tomó fuera de base.

—Tú… yo… ¿qué? Tú... ¿lo hacías?

Una imagen fugaz de Malfoy en Crisis flota en su mente. Es difícil de visualizar al principio, pero luego las piezas del rompecabezas se unen y puede ver exactamente cómo él acabó allí. Es un mortífago y siempre lo será. Su bando perdió, su familia perdió. No está segura de qué pasó con su riqueza o con su indudablemente gran herencia, ¿fue incautada por el Ministerio como parte de los daños o su riqueza es algo de lo que avergonzarse? Los Malfoy son parias ahora y no tiene dudas de eso.

Y ahora él está acá, rodeado de héroes de guerra y miembros de la Orden y... y es extraño pensar en eso.

Malfoy. En crisis. Sin su padre para arreglarlo.

Está tan absorta pensándolo que casi no escucha su respuesta.

—Lárgate, Granger —usó el mismo tono afilado que siempre ha usado y, aún así, hay un subtono ahora. No es aburrimiento, pero está un poco relacionado, ¿quizás agotamiento?—. Estoy en medio de algo acá —continúa—. Sería apreciado tener algo de privacidad.

Se eriza mirándolo, ¿qué mier-...

—Yo- no Malfoy, no puedo simplemente largarme y-

—Claro que puedes —le da la espalda.

—Estabas tratando de ahogarte, no puedo simplemente-

—Jodida Granger-

—... dejarte así. Necesitas-

—No —y su tono fue tan afilado que podía cortar el aire como un cuchillo, silenciándola al instante—. No digas "ayuda".

Volteó de costado, aunque no la observa directamente. La luz de su varita ilumina las gotas de agua que caen de su mandíbula y desaparecen en el cuello de la camiseta.

Hermione baja su brazo y la luz se desvanece, dejándolos en oscuridad total mientras sus ojos se adaptan.

—Bien —dice, apenas enfocándolo—. No lo diré.

Él es la misma persona que era, solo que se viste peor. Parte de ella se pregunta si esperaba que él cambiara, como si una guerra hubiera agotado toda su amargura y crueldad.

—No me importa lo que te hagas —dice ella con un tono arrogante—. Adelante.

Se levanta y empieza a subir la colina furiosa, pues su momento de paz había sido robado hacía un momento. Molesta con ella y con Malfoy. Y con el Ministerio, con sus amigos y con toda la maldita situación.

Debió quedarse en la sala común.

Estaba 30 pasos más lejos del Lago Negro cuando él habló. No gritó, así que Hermione se preguntó si él pretendía que lo escuchara o si solamente quería tener la última palabra:

—No sabes nada, Granger.

Se detuvo, haciendo que sus pies se tambalearan teniendo que hacer esfuerzo para balancearse en la colina. Consideró responderle. Consideró bajar nuevamente y exigirle que saliera del agua. Exigirle que dejara de actuar como un cobarde, pues tenía que hacerle frente a la situación tanto como ella.

Porque si él muere, ella será la única fuera de lugar.

Se pregunta si esa es la única razón por la cual le importa o si la idea de Malfoy ahogándose de verdad la molesta.

Su instinto de sobrevivencia le envió una sacudida a través de su sangre y rápidamente se puso rígida. Se tambalea hacia adelante y retoma su camino de regreso al castillo.

No, no le molesta.

No le molesta.


Hasta el siguiente domingo... ;)