Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)

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Beteado por mi gemela malvada mayitatime (no usa FF, pero sí Twitter ~)


8 de septiembre, 1998

Diario,

Estúpida perra.

No tú. No ahora, al menos. ¿No es una sorpresa? El objeto de mi inmediata rabia es alguien más para variar, no es que tú estés fuera de foco.

Pero es Granger. Jodida Granger. No la conoces, pero lo lamentarías si lo hicieras. Ella es jodidamente absurda. Alguien jodidamente imposible de lidiar. Una infernal mezcla de toda puta cosa que no puedo soportar. Jodidamente indignante, sabelotodo, obstinada, repugnante sal-en-mis-ojos tragalibros. Esperaba que me ordenaran matarla durante la guerra, lo deseaba.

(Joder relájate, estoy reformado).

Sin embargo, también te hubiera gustado matarla si hubieras tenido la oportunidad. Hubieras estrujado ese ridículo cuello de ave antes de que ella pudiera decir una oración completa. Porque probablemente iba a decirte que estabas equivocado. Probablemente te hubiera hecho sentir como si tu cabeza fuera tu culo, cuando es realmente su pelo de escoba el que hace todo tan jodidamente difícil.

Para hacer las cosas peor, ahora siempre está malhumorada. Malhumorada. ¿Qué puto duende salió de un agujero y decidió que necesitábamos ese hechizo en particular en nuestras vidas? Quiero estrechar su mano porque es un novedoso método de tortura.

Granger ya era una sabelotodo. No puedo imaginar nada peor que ser una malhumorada sabelotodo. Añade ese nido de friz que tiene en la cabeza y tienes una cena y un show.

Lo odio. La odio. Los odio a todos.

Solo quiero estar solo, ¿es jodidamente difícil? ¿es muy malo?

Otra pregunta hoy. Pendejos.

"¿Qué método estás utilizando para mantener el balance en tu vida diaria?"

Whiskey de Fuego es la respuesta a todo en este momento. Y un ocasional encantamiento punzante en la cara. Lo hago yo mismo y se siente genial, realmente me ayuda a mantenerme en equilibrio.

Así que sí.

Jódanse.

Draco Malfoy.


8 de septiembre, 1998

Agarra un poco de salchicha italiana condimentada, jugando con su tenedor, aunque huele divino. Es lo único en su plato y no puede ni siquiera morderlo, pues su apetito desapareció hace una semana más o menos. Desde que regresó a Hogwarts, honestamente, y el incidente de la noche anterior con Malfoy no la ayuda.

Para empeorar las cosas, durante la primera media hora de desayuno, él no está en la mesa de Slytherin y por 29 minutos ella piensa que está muerto.

Harry y Ron cuestionan su mirada distraída más de una vez, pero ella se zafa culpando a un dolor de estómago mientras mira a las puertas del Gran Comedor y, ocasionalmente, a las ventanas que miran hacia el Lago Negro. La imagen de un pálido cuerpo flotando están demasiado vívidas, pintadas en sus párpados cada vez que pestañea, ¿es posible que lo lograra?

Se pregunta si puede organizar su mente respecto a si le importa o no. Había decidido que no pero ya no está muy convencida. Se siente desconcertada como mínimo y se pregunta si puede soportar cargar con la culpa si algo sucedió.

Es un horrible miércoles. El sol está alto, sin nubes que disminuyan su calor, haciendo que sus asas de luz pasen a través de la ventana provocándole un dolor de cabeza. Se está debatiendo sobre darle el resto de su salchicha a Ron, excusándose en que debe devolver un libro a Biblioteca y saltarse la primera clase para refugiarse en sus sábanas una hora extra. Se siente como un extraterrestre, pues hubo un tiempo en el que aunque estuviera enferma, se esforzaba en asistir. Se sienten como milenios desde entonces y ausentarse parece exacto lo que necesita en este momento.

Su tenedor está en medio camino al plato de Ron cuando violentamente una cabeza platinada aparece entre las puertas.

Se le cae la salchicha antes de caer en el plato de Ron, aunque él le dice "Gracias, Mione" y la recoge de la mesa con sus dedos, sin notar que su atención está en alguien más.

Bastardo.

Es la primera palabra que viene a su mente. La única que se siente apropiada para el momento. Mira a Malfoy con la voluntad de apuñalarlo con sus ojos y pincharlo, como si fuera una salchicha.

Insensible y cruel bastardo.

Tiene los nervios de pararse en las puertas, mirando alrededor con desinterés. Hermione le da la mirada más furiosa que puede y la mantiene en su sitio, esperando que esos vacíos y antipáticos ojos grises se posen sobre ella.

Lo hacen y la ignoran, como una piedra en el agua. Vuelven a mirarla, haciendo un doble check. Se abren un poco al notar su mirada hostil y sonríe de lado. Ella frunce sus labios sin darse cuenta de que está clavando el tenedor en la madera de la mesa hasta que Harry agarra su muñeca.

—¿Mione? —su voz es cuidadosa, como si estuviera lidiando con un animal asustado, robando su atención por un momento y dándole a Malfoy chance para escapar, sentándose en la mesa de Slytherin.

Ella suspira y se desploma.

—Solo es Malfoy —dijo Harry, notando que él siguió su mirada enfurruñada—, no gastes energía en él.

Pero no lo hace, no está gastando energía en él. Es más que eso. Perdió más de 30 minutos de su vida pensando en la posibilidad de que había dejado morir a alguien. Lo que la estresa. Treinta minutos de su vida se fueron. No es solo Malfoy.

Es más que eso.

Ginny se sienta frente a ellos. Lleva su cabello recogido en una coleta, luciendo fresca y descansada, lo que consume a Hermione de envidia por un momento. Mezclada con su furia hacia Malfoy, su expresión cambia.

—¿Qué pasa?

Harry responde por ella y lo dice de nuevo:

—Solo Malfoy.

Finalmente, Ron levanta la cara de su plato:

—¿Qué está pasando?

—No, no pasa nada —dice Hermione soltando su tenedor y despejando su expresión de furia—. Superado, todo está bien.

Aparentemente, no fue correcto utilizar esa expresión.

—¿Pasó algo? —pregunta Ginny, indagando más junto a Harry. Ron aún está masticando, bendito sea.

—¿Qué está pasando? —pregunta Harry.

—Nada —la voz de Hermione fue un poquito defensiva y puede notarlo por la forma en la que Ginny y Harry la miran, con suspicacia. A veces odia cómo se parecen tanto—, nada —dice de nuevo, más calmada—, solo... es raro verlo acá. Es difícil. No sé por qué vino.

—Bueno, tuvo que venir —siendo esta la primera contribución de Ron—, todos tuvimos que —dijo metiendo su cuchara en la mermelada, esparciéndola en la tostada y la salchicha.

—Lo sé —dijo mirando la mesa de Slytherin—, simplemente asumí que encontraría una forma de comprar su salida, como siempre.

Malfoy tiene puesto otra vez un gorro de puntos a juego con un suéter verde. Es un poco grande para él; las mangas son muy largas, escondiendo sus finas manos. Su cabeza está apoyada en ellas y no ha tomado un bocado de su plato. Esta vez la similitud de sus situaciones la molestan en lugar de consolarla, así que se esfuerza por apartar la mirada dirigiéndola a Ginny quien mantiene sus ojos suspicaces.

—Estoy bien, Ginny. En serio —es la primera vez en semanas que dice algo por completo honesto—: simplemente estoy teniendo dificultades para adaptarme —pero de inmediato se odia por decirlo en voz alta, aunque todos lo han notado porque es obvio.

Pero odia la forma en la que la miran ahora.

Ginny acerca su mano a la de ella y la aprieta en un gesto dulce, pero se alegra de que fuera breve. La lástima es lo peor. La odia por sobre todas las cosas. Más que a Malfoy.

Otra vez, sus ojos vuelven a él y ella jura que es involuntario, pero un color inusual inunda sus pupilas y roban su atención.

Púrpura, entre todas las cosas.

Una brillante, disidente y violenta sombra de morado. Púrpura. Él tiene ese color entre sus manos y pasa un momento hasta que ella nota que es un libro.

No, no es un libro, es un cuaderno. Él no está leyendo, está escribiendo. Tiene una mirada perturbada por lo que ella está, de pronto, inconcebiblemente curiosa.

Otros Slytherins parecen interesados también, acercándose para susurrar, señalándolo. Los sesgos de color son una realidad infortuna de Hogwarts, no siendo tan simple como "chicas de rosa y chicos de azul". Los colores de las casas son prácticamente sagrados, sal de esos límites y estarás violando un secreto código de vestimenta. Como usar verde siendo Hufflepuff o rojo siendo Slytherin, Dios no lo permita.

Los Slytherins son particularmente estrictos en este asunto. Todos los colores, excepto por los neutros y el sagrado verde y plateado, son mal vistos.

Malfoy está rompiendo varias reglas sociales justo ahora, pero, para darle algo de crédito, no parece importarle. No parece siquiera notarlo, aún con las descaradas miradas, los susurros y las bromas. Está fuertemente concentrado en lo que está escribiendo, aunque él no parece un tipo que use un diario. Si lo es, en definitiva hay un lado de Malfoy que ella nunca ha visto, lo que sería inquietante.

Le quita la mirada, casi derramando su té cuando lo agarra. Le dedica toda su atención al sabor del té verde con vainilla y concluye nunca volver a pensar en ello, no importa qué tan intrigante sea.

La curiosidad mató mucho más que al gato.


10 de septiembre, 1998

—Millicent dice que se volvió loco. Aparentemente, ha estado asistiendo a consulta con un Sanador Psiquiatra desde hace semanas.

Hermione lo escucha cuando camina hacia la enfermería. Hoy es el día del tratamiento semanal que le ofrece Madam Pomfrey a su cicatriz, además que espera preguntarle si puede darle algo para la picazón e irritación, pues ninguno de sus hechizos ha funcionado.

Pero se le olvida cuando estas chicas, que son Slytherin y por cómo lucen van en Tercer Año, susurran con un tono de que lo que están diciendo es embarazoso.

Se detiene, escondiéndose para escuchar. Hermione no es chismosa, en serio que no, pero cree saber de quién están hablando y es una oportunidad única para enterarse de los detalles de una fuente confiable.

—Sí, oí que es una orden del Ministerio —dijo la otra chica. Hermione no puede ver su rostro, pero la ve tocarse una de sus trenzas—. Era eso o ir a Azkaban.

—Eso parece un rumor —responde su amiga.

—No lo es, algunas personas dicen que es uno de los que mató al viejo Director.

—¿En serio deberían estar hablando de cosas de las que nada saben?

Hermione no fue consciente de su elección de palabras, pero aún así abandonaron su boca y sus pies marcharon en esa dirección, acercándose. No está segura si está molesta solo porque hablaron de Dumbledore o si es algo más, pero en momentos como este desearía haberle dicho que sí a la propuesta de McGonagall sobre ser Premio Anual. Le hubiera provocado placer quitarle puntos a estas chicas.

Cosas como esa, quitarle puntos y hacer guardias, se le hacen muy juveniles. No pudo aceptarlo.

Las chicas la miraron con los ojos muy abiertos y las mejillas sonrojadas, susurrando entre ellas sobre Hermione, como si ella no estuviera de pie al frente.

—Váyanse antes de que encuentre algún prefecto —les dice—, y empiecen a actuar acorde a su edad.

Se voltean y corren en la dirección contraria, haciendo que Hermione retome su camino, ajustando su mochila al hombro y cruzando la esquina hacia la enfermería.

Ella sabe que no debe atender a rumores de pasillo solo mirando lo que decían de Dumbledore, pero una parte de la conversación no sale de su cabeza: un Sanador Psiquiatra.

Se lo pregunta, realmente se lo pregunta...


Hasta el siguiente domingo ~