Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)

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Beteado por mi gemela malvada mayitatime (no usa FF, pero sí Twitter ~)


IV

11 de septiembre, 1998

Diario,

Asumiendo el enorme riesgo que implica sonar como un Hufflepuff, me confesaré y lo diré. Está mal nuevamente. El hechizo continúa desvaneciéndose prematuramente, sin importar lo que haga y maldita sea si no arde. No es que signifique mucho para ustedes, ¿qué es lo que dijeron? ¿Que la situación no califica para un tratamiento más poderoso?

Está infectado, banda de idiotas, ¿no lo ven? Joder, me duele.

Y si ven esto como una enfermiza forma de castigo por todo lo que hice, entonces no debería estar escribiendo en este maldito diario. Solo quiero medicina o algo diferente, lo que sea. Que se vaya el dolor. No estoy en contra de rogar, como lo han presenciado antes.

Pero no les importa, ¿no?

Pensé que en su bando era todo sobre misericordia y amabilidad. Bueno, felicitaciones, nos han engañado. Son tan malvados como yo. Admítanlo.

Y por amor a Merlín, denme medicina.

Denme medicinas denme medicinas denme medicinas denme malditas medicinas

O tendré que recurrir a medidas desesperadas.

Draco.


14 de septiembre, 1998

No sabe lo que pasó, no realmente. Después de todo, ni siquiera le caía bien Lavender.

Están en Pociones con Slughorn trabajando en una poción pimentónica. Parvati y Padma están en el mesón delante de ella, mirando al caldero mientras Hermione está cortando una raíz de jengibre, quien levanta la mirada en el momento indicado.

O en el menos indicado.

Mira cuando Parvati hace una broma sobre el olor de la poción y, mientras Padma ríe, Parvati se voltea un poco. Una persona normal no lo hubiera notado, pero Hermione lo sabe. Sabe que volteó para decirle a Lavender. Ve la forma en la que Parvati se detiene y su sonrisa cae, moviendo su rostro de lado a lado y vuelve a mirar a Padma, aclarando su garganta antes de continuar.

Porque Lavender no está.

Y algo en ello no sienta bien, revolviendo el estómago de Hermione, sintiéndose enferma. De pronto siente un cegador mareo, lo que provoca que su mano se abra y vierta las raíces antes de tiempo, haciendo que la poción humee. Apenas lo nota. Su cuchillo cae al suelo y varios ojos la miran. Muchos más se unen cuando ella cae y se estrella contra el suelo.

—¿Señorita Granger? —llama Slughorn, pero ella ya se encuentra en medio del corredor de las Mazmorras, esperando llegar al baño antes de perder control de su cuerpo. Se sacude, tapándose la boca.

Se inclina en el lavamanos más cercano.

Quizás era la mirada de Parvati. O el vacío a su lado, donde Lavender debió estar. Debería estar.

No, quizás es toda la idea. Todo el concepto de pérdida. La mirada de Parvati y los ojos de Ron cuando están en la sala común y mira a donde Fred y George vendían dulces de contrabando. Incluso Malfoy, caminando solitario. O Zabini y Goyle separados, sin Crabbe. O la oficina del aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, donde el profesor Lupin solía tomar té. O el aula de Pociones por completo.

Todo.

Otra sacudida cruza por su garganta y cierra su boca para tratar de quitarse el pelo. Vomita por cinco minutos, vaciando su estómago. Cuando al fin es capaz de enderezarse, se ve al espejo.

Pálida, sudorosa. Sus ojos están cansados y sus mejillas están hundidas. Lo odia, odia la forma en la que se ve. Odia que la guerra esté escrita en su cara, que no la puede esconder. No hay hechizo o maquillaje que valga, siempre sobresale.

Las ganas de vomitar crecen de nuevo en su garganta. En vez de vomitar, se las traga y saca la varita del bolsillo de su falda.

—Reducto —dice bajito, aunque el sonido del vidrio es bulloso, haciendo eco en el baño entero.

De pronto, está rompiendo otro. Todos. Sigue la curva del lavamanos, rompiendo cada espejo que estuviera delante de ella. Se voltea, rompiendo la madera de los cubículos. Destruye otro y otro. Lanza una fisura negra a la pared, desde el suelo hasta lo alto. El agua de las pocetas empieza a esparcirse como fuentes y la indeseada y terrible imagen de su Primer Año aparece en su mente.

—¡Deténganse! —le grita a nadie. Quizás a ella misma.

Patea la porcelana de las pocetas, una por una, con el vidrio crujiendo en sus pies a cada paso.

—¡Deténganse, deténganse, deténganse!

Su voz y el vidrio roto hacían eco juntos, mientras en el baño ascendía el caos.

Está mojada, el siseo de las pocetas y lavamanos suenan a serpientes, así se voltea y grita al techo. Al mundo. Lanza un último hechizo al único lavamanos en pie antes de caer de rodillas.

El vidrio perfora su piel, clavándose profundamente, pero apenas puede sentirlo. El rojo carmesí se esparce en el agua del suelo lentamente y ella mira el rastro.

Cuando ve hacia arriba, él la está mirando.

Malfoy.

Por supuesto que es él.

Está de pie en la puerta de entrada con la varita en su mano, a un lado, mirándola con tranquilidad a pesar de todo. Luce como solía hacerlo en Sexto Año ahora que está en uniforme. Camisa blanca, corbata verde, su cabello platinado peinado. Pero se ve más delgado y alto, más ausente, como un fantasma de sí mismo. Él simplemente mira, aunque ella no entiende la mirada de sus ojos.

Y no se levanta, no trata de ocultarlo o de arreglarlo o de esconder algo de su sangre. Solo lo mira de vuelta, respirando profundamente, derramando lágrimas que no había notado que paseaban por sus mejillas, diciendo lo primero que cruza por su mente:

—Este es el baño de chicas.

Malfoy espera un largo tiempo para hablar, mientras da un paso lento hacia dentro. La porcelana cruje bajo su pie.

—Era —murmura. Aún luce sin emociones y ella odia no poder entenderlo, no poder descifrarlo. Siempre ha odiado los rompecabezas que no puede resolver.

—¿Qué quieres, Malfoy?

Se encoge de hombros, mirando la destrucción a su alrededor. Estudiándolo como si fuera algo de todos los días.

—Pensé que otro troll había logrado entrar cuando escuché todo el ruido —sus ojos se posan en ella—. Veo que no estaba del todo errado.

Hermione se levanta, con su varita aputándolo y los ojos entrecerrados.

—Ponme a prueba, Malfoy.

Es molesto cuando la mirada en los ojos grises no cambia, manteniéndose más fría e inexpresiva de lo normal, casi aburrida.

—Prefiero cuando me golpeas —dice—, va más al grano.

Un gruñido sale de su garganta cuando ella cierra la distancia, esparciendo agua y vidrio por su paso. Se para delante de él, más cerca de lo que alguna vez ha estado, clavando la punta de su varita en su mandíbula.

—¿Qué pasa si te mato? —le dice. Las palabras la sorprenden una vez salen de su boca, pero siente satisfacción al ver que su expresión cambió, aunque sea solo un poco. Lo suficiente para ver una fisura en su máscara inexpresiva.

Él sostiene su respiración y exhala, esparciendo su frío aliento con olor a menta sobre su rostro. Hermione ahora puede notar que él está chupando un caramelo de menta, rodeándolo debajo de su lengua, preguntándose si ha estado rechinando sus dientes.

De pronto, él toma su muñeca y presiona más la varita contra su cuello.

—Adelante —dice—, hazlo.

La memoria de él en Lago Negro pasa por sus ojos. Por supuesto que diría algo así, quiere morir.

Ella suspira leve y entrecortadamente, retirándose y zafándose del agarre, liberando su mano. La sangre corre por sus piernas, sus lágrimas están secas y los ojos grises vacíos. Simplemente se miran por lo que parecen horas. De forma inesperada, él habla:

—¿Ves? —su boca se torna en una oscura sonrisa—, no puedes.

Las palabras de aquella noche cruzan por su mente y se las devuelve:

—No sabes nada, Malfoy.

Se siente satisfecha de nuevo al ver otra fisura en su máscara. Sus labios se mueven, succionando el caramelo de menta. Está a punto de decir algo cuando escuchan un ruido detrás de Malfoy.

Se voltean y ven a Mandy Brocklehurst y Daphne Greengrass en el pasillo. Sus ojos y bocas están abiertas completamente y, de pronto, Hermione entiende lo que parece.

El baño está destrozado.

Ambos tienen sus varitas en la mano.

Ambas chicas están con una profesora. Havershim, la nueva profesora de Transfiguración, quien ve sus varitas antes de que ellos puedan ocultarlas.

—Profesora —respira Hermione—, no es lo que…

—Señorita Granger, señor Malfoy —la interrumpe—, vengan conmigo en este instante.

Malfoy se voltea y sale sin una palabra, pero la profesora se gira hacia ella, exasperada:

—Ahora, señorita Granger.

Una exhalación temblorosa abandonó sus pulmones. Tragó lento, mirando alrededor antes de caminar.

Una vez en el corredor, alcanza a Malfoy, manteniendo el ritmo a su lado, con la profesora Havershim liderando el paso hacia la oficina del director. Las cabezas sobresalen de las aulas de las mazmorras, mirándolos caminar. Probablemente escuchando el ruido. Ahora están susurrando.

Ve el cabello rojo de Ron y mira a otro lado, sin querer enfrentar su mirada.

No obstante, Daphne y Mandy han estado siguiéndolos, tratando de recolectar los jugosos detalles. No puede asegurarlo, pero cree haber escuchado a Mandy contar la historia que, sin duda, se esparcirá por todo Hogwarts los siguientes días:

—Malfoy trató de matarla.

McGonagall mantuvo la oficina casi intacta dejando la mayoría de las cosas. Fawkes volvió al perchero donde siempre ha estado, descansando sobre su ala mientras duerme. Los retratos se han reorganizado, pero solo un poco para meter a Dumbledore en el centro

Incluso dejó los caramelos de limón en el escritorio.

Hay algunos toques personales por aquí y por allá que sugieren que el director ha cambiado, como un pedestal con flores cerca de la puerta, cojines morados en las sillas, una tetera floral con adornos dorados. Cosas pequeñas.

Cuando entraron detrás de Havershim, McGonagall apareció desde la esquina, vestida en una túnica roja. Su cabello estaba trenzado y caía sobre su hombro y sus lentes se encontraban en la punta de la nariz.

—Buenas tardes, directora —dijo Havershim, alisando y ajustando su sombrero—. Lamento visitarla en estas circunstancias.

Mirando a los presentes con una ceja arqueada, responde:

—¿Cuáles son estas circunstancias, exactamente? —se sienta en el escritorio.

—Me temo que es lo que pasó entre estos dos en el baño de chicas de las mazmorras. El sitio estaba destruido. Lavamanos y pocetas en todas partes —hizo una pausa—. Y ellos dos estaban de pie en medio, parecía que habían estado en duelo.

Las cejas de McGonagall se fruncieron profundamente. Los señaló con los dedos, invitándolos a acercarse cuando habló:

—¿Conocemos el motivo?

Hermione abrió la boca pero Havershim ya estaba hablando:

—Parece que el joven Malfoy estaba buscando problemas.

Un sonido agobiado abandonó la garganta de Hermione. Un incrédulo chillido. Su cabeza giró de Havershim, que parecía feliz con su deducción, a Malfoy, que ni siquiera trató de defenderse. No parecía molesto ni sorprendido, simplemente tenía la quijada levantada, mirando al frente.

—Imagino que la deñorita Granger actuó en defensa propia, por cómo luce...

—Profesora, no —Hermione logró decir—. No, está equivocada —miró a McGonagall—. Por favor, directora, está equivocada.

McGonagall le devuelve una calmada mirada.

—¿No actuó en defensa propia, Señorita Granger?

—No, directora.

—¿Fuiste tú quien atacó al Señor Malfoy?

Hermione no puede creer cómo todo se transgiversó la última media hora.

—No, yo... Directora, no es lo que parece —dijo exasperada. Miró a Malfoy, quien parecía confundido pero no hablaba—. Fui yo, directora. Destruí el baño y... Malfoy simplemente estaba cerca.

—¿Tú? —dijo la profesora Havershim—, ¿pero por qué?

Hermione no le respondió, solo mantuvo la mirada en McGonagall, esperando que pudiera entender, de alguna forma, que no es algo que pueda explicar. Que no hay reglas para el afrontamiento, que ella es un desastre y sus acciones son consecuencia de ello.

—Lo arreglaré yo misma —es todo lo que dijo—, y cumpliré el castigo por el tiempo que usted quiera.

—Señorita Granger —empezó McGonagall, con los ojos llenos de lástima, así que Hermione quitó la mirada.

—Por favor, directora.

McGonagall se levantó, abrió y cerró sus labios. Dirigió su mirada a Hermione y a Malfoy por un largo momento y luego se sentó.

—Una semana —dijo gentilmente—. Tendrás que hacer antídotos con Horace.

Eso apenas es un castigo y todos en la oficina lo sabían, pero McGonagall tenía la última palabra, a pesar de lo que Havershim pareciera pensar. Cuando Malfoy y ella se retiraron, pudo escuchar cómo Havershim empezaba a discutir con la directora.

Sin embargo, Malfoy tenía toda su atención.

Es rápido, así que cuando ella logró bajar el espiral de la escalera, él ya estaba en medio del corredor. Hermione lo persigue, gritándole "espera" antes de planear qué decir o por qué.

Debió llamarlo un par de veces antes de que él se detuviera y cuando lo hizo, su espalda estaba rígida. No se volteó hacia ella, incluso cuando se detuvo a unos pasos de él.

—Lo-lo siento —dijo después de un rato, preguntándose por qué se disculpaba.

—¿Qué te importa? —respondió entrecortadamente.

—Solo... me importa —dice incómoda, sintiéndose expuesta e ilusa—. No es justo.

—Muy pocas cosas son justas en esta vida, Granger.

—Lo sé, yo solo —¿por qué estaba titubeando?—, no sé por qué Havershim pensó que…

—Ella lo pensó, McGonagall lo pensó, todos lo pensarán mañana —la interrumpió, volteando la cabeza para verla de perfil—. Es un sesgo sobre ti, Granger —Hermione flaqueó—. Deberías saber todo sobre sesgos.

Y en un instante se fue.


N/T: Ya se empieza a poner interesante jijiji, ¿qué creen que pasará?

Hasta el siguiente domingo ~