Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)
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Beteado por mi gemela malvada mayitatime (no usa FF, pero sí Twitter ~)
V
17 de septiembre, 1998
Diario,
San Potter tiene un asunto conmigo. Estoy escribiendo esto para que sepan quién me mató cuando eventualmente pase, ¿ok? Tomen notas.
Ha estado mirándome toda la semana durante las comidas y, seré honesto: sería más aterrador sin sus ridículos lentes. No tengo idea de qué ve Weaslette en él: cara cuadrada, pretencioso seguidor de hacer espectáculos. Me sorprende que no esté en un tour alrededor de Europa, haciéndose de la gloria.
Pero está acá y tratará de matarme, ¿ok? Lo hará parecer un accidente. Es que él piensa que traté de matar a Granger, que simplemente es... por la teta derecha de Merlín, no me hagan empezar. Como si quisiera perder mi tiempo de esa forma. Ni siquiera tengo la jodida energía, denme algo de crédito.
En fin, la pregunta:
"Piensa en algunos mantras que te ayuden en tu día a día y enlístalos"
1. "Algo de medicina sería muy útil".
2. "¿Qué tal si me dan alguna medicina?"
3. "Oh... ya sé: medicina".
Estoy asumiendo que enviaron algo y la estúpida lechuza viene con retraso. Y por su propio bien, espero que sea así.
Draco.
19 de septiembre, 1998
Es un mal día, puede sentirlo acercándose mientras se despierta. Esa sensación inminente de pavor como una cortina negra cayendo hasta el fondo... ya ha tenido días así y por eso toma algunas medidas de cuidado.
Solo le queda un día más de castigo con Slughorn y es esta tarde. Es sábado e igualmente ella terminó su tarea hace siglos. La luz moteada que entra por la ventana sugiere que son cerca de las seis de la mañana, pero no puede dormir nada más. Se sienta, toma su varita de la mesita de noche y realiza un hechizo para domar sus rizos, sintiéndolos ajustarse un poco más a su cabeza.
Se mueve con lentitud a través del dormitorio, maniobrando alrededor de las camas de las otras chicas mientras se coloca un sweater tejido y su par de botas. Aunque los días han sido calurosos, las mañanas de septiembre no lo son y ella quiere ir afuera: en días como hoy, lo necesita.
Hogwarts es más calmado en las mañanas. Tiene un toque menos augurioso que a altas horas de la noche, pero igual de desierto. Incluso los fantasmas descansan y el silencio es acogedor. Afuera, en el terreno, es aún mejor. Más callado, aunque algunos sonidos que rompen el silencio son bienvenidos, como los pájaros, el revoloteo del agua y el viento contra la grama.
Se arrastra hasta la orilla del lago de nuevo, ya que no logró disfrutarlo apropiadamente la última vez por lo que pasó con Malfoy.
Pensar en él trae a su mente toda la semana pasada y lo que dijo sobre los sesgos; aún no está segura si la estaba acusando de algo o fue un comentario sobre su origen. Sin embargo, ambas cosas serían correctas. Mandy Brocklehurts transverso la historia y, para el miércoles de esa semana, el colegio completo había sumido que Malfoy trató de matarla. Aunque poco cambió sobre su reputación pues su familia se encuentra en desgracia, igual que los Goyle y los Parkinson, la genta hablaría sin importar el incentivo que tuvieran.
Eso no la hacía sentir mejor, aunque sacudió cada pensamiento antes de sentir verdadera culpa recordándose que es un mortífago y él eligió esa vida. Proviene de una familia de asesinos y con un empujoncito se hubiera unido a ellos, así son las cosas.
Se rasca la cicatriz y recuerda lo que le dijo Madam Pomfrey sobre pegarse dos golpecitos. La cicatriz se inflama pero la presión del golpe la distrae del dolor mucho más.
La grama está empapada debajo de sus pies al momento en que se detiene en la orilla del lago. A la distancia, la luz del día sobre sale brillante y, antes de colocar una manta para sentarse, conjura un hechizo secante. A la distancia, el calamar gigante asoma uno de sus brazos, rompiendo la superficie y enviando pequeñas olas hacia ella.
Eso es exactamente lo que necesitaba.
Practica encantamientos por un rato, conjurando cintillos de flores y hongos de colores alrededor de su manda. Los dientes de león chocan unos con otros y las rosas cambian de colores inesperadamente. Creó un pequeño remolino en el agua, envió pétalos de rosas a éste y conjuró un lloroso árbol de flores de cerezos justo al lado.
Poco a poco, los pájaros descubrieron su pequeño oasis. Sobrevolaron las flores, se detuvieron en las ramas del árbol y cantaban para ella.
Sacó un termo muggle de su mochila. No sabe por qué, pero lo trajo con ella desde casa de sus padres. Está desteñido y fisurado, pero la melancolía que le provoca le brinda algo de confort.
Con un movimiento de su varita, el termo se llena con café y el olor inunda el aire, calentando la punta de su nariz. Lo huele con gentileza, pero sabe que no es suficiente: por eso, lo coloca un poco de crema de whiskey.
Así es como la encuentra: echándole crema de whiskey a su café a las 7 de la mañana.
Lo escucha antes de verlo por el sonido de sus suelas contra el césped y sabe que es él, ¿quién más sería a esa hora, con su suerte? ¿quién más?
—Malfoy —lo reconoce, aunque no lo mira.
—¿Bebiendo a estas horas, Granger? —arrastra cada palabra, aunque su voz tiene un tono somnoliento.
Carraspea y traga, esperando que se vaya.
Después de un momento de silencio, escucha la grama más fuerte. Se sienta al lado del árbol y no tiene idea de por qué, pero está ahí, con su peso casi sobre el borde de su manta por lo que lo mira de soslayo.
Está usando un suéter largo color marrón chocolate y, entre muchas cosas, nota la pálida piel azulada de sus pies.
—¿Dónde están tus zapatos?
No responde. Lo ve tomar uno de los hongos púrpuras y estrujarlo hasta que se rompe a la mitad.
—¿Qué quieres?
—El lago no te pertenece, Granger.
—Cierto, pero sí me pertenece esta manta —dice cortante—. ¿Podrías, por favor...
Malfoy se recuesta, estirando sus piernas hacia afuera y cruzándolas a la altura de los tobillos, tocando con los dedos de sus pies los pétalos de las flores.
—¿Qué es todo esto?
—Algo que se supone que es para mí.
—Compartir es una virtud, Granger —sonrió de lado—. ¿No es eso lo que los muggles dicen?
—No soy m-...
—Oh, cierto. Quise decir sangre suc-...
Hermione conjuró un Accio sin palabras, arrastrando la manta para dejarlo fuera, por lo que resbaló por la colina hacia el agua.
De pronto, solo escucha su risa. Lo ve meterse en el agua hasta que sus piernas están empapadas.
—Siempre fuiste buena con los hechizos.
Toma un sorbo de café a favor de lo que le dice, decidiendo que no merece una respuesta, mirando infeliz su anillo de flores, que se deshace conforme su ánimo se empobrece. ¿Cuánto más momentos planea arruinar?
Ni siquiera puede volar todo y destruirlo porque aparece y toma todo el crédito. Ella destruyó el baño. Fue ella.
Maldito bastardo.
Ve que no trata de sentarse a su lado nuevamente, sino que se mueve cerca de la orilla, enrollando las botas de su pantalón hasta las rodillas y metiendo, nuevamente, los pies en el agua.
La temperatura debe ser muy baja, pero Malfoy se comporta como si estuviera tomando un baño relajante, estirando su columna.
El silencio los inunda.
Un largo silencio, suficiente para que las flores vuelvan a la vida. Los ojos de Malfoy se cierran y su respiración se pausa, haciendo que Hermione piense que, quitando las obscenidades que salen de su boca cada vez que la abre, es una compañía tolerable.
Conjura un encantamiento de calor hacia el termo, que es viejo y ya no funciona para nada (pero lo conserva y usará hasta que no pueda más). Observa el sol y suspira. Piensa y suspira, preguntándose. No puede evitar divagar sobre Malfoy, quien llegó descalzo y ahora puede notar la hipotermia empezando a subir por sus piernas, teniendo ya sus labios azulados, aunque él ni siquiera tirita, ¿no le molesta?
—¿Qué le pusiste a eso? —pregunta y ella voltea la mirada inmediatamente, sabiendo que él la atrapó mirándolo.
—¿Poner qué en qué?
—Al café.
—Oh —toma un sorbo—. Es… mmh- crema de whiskey —añade incómoda—. Es rico.
—Es whiskey muggle, ¿qué tan bueno podría ser? —Y finalmente volvió su tono pedante.
—No lo has probado —dice molesta, tomando otro sorbo.
La mira directamente. Parece considerarlo un momento y, luego, saca algo del bolsillo de su pantalón. Le muestra una petaca.
—Solo bebo un tipo de whiskey.
Puede oler la irritante canela en el momento que él la destapa. Mientras toma un trago, ella dice:
—No puedes ponerle Whiskey de Fuego al café.
—¿No puedo?
Lo ve mientras realiza una impresionante pieza de magia. Conjura una cafetera francesa en el aire, que se transforma a sí misma en una taza. Brinda hacia el cielo y le añade uno o dos shots de Whiskey de Fuego.
Es muy divertido verlo sufrir. En serio que sí.
Su cara se arruga con el primer sorbo, yendo a un rojo manchado. Entonces, se ahoga y gimotea, escupiendo parte del café caliente fuera de su boca- Su mano comienza a cubrir su nariz mientras se atraganta y escupe un poco más. Tira la taza y la disuelve a humo antes de que toque la grama.
—No, no puedes —dice Hermione.
Es fácil y sencillo ser mala con él. Es refrescante salir del estándar de ser la Chica Dorada, porque Hermione Granger no es mala, no es rencorosa, es la que ayudó a Harry Potter a destruir siete horrocruxes y detuvo al Señor Tenebroso, la que no encuentra placer en la venganza.
Pero sí lo encuentra, si tan solo supieran cuánto lo hace...
Para el momento en el que Malfoy se recupera, sus ojos están llorosos. Tira la petaca como si estuviera ardiendo en fuego y se lava la cara con el agua fría del lago, haciendo todo lo posible porque ella no lo vea.
—Es la cafeína —le dice—. No combina con el fuego, forman algo corrosivo.
—¿Parece que me importa, Granger? —se seca la boca con un movimiento de su mano, mirándola directamente.
Hay una cosa segura que sabe sobre Malfoy: su ego es muy sensible y frágil, siendo una de las pocas cosas por las cuales no lo culpa. Sin duda es producto de crecer con Lucius como padre y es la razón por la cual no podía utilizar la escoba estándar en la práctica de Quidditch en Segundo Año, así como también por qué no pudo soportar ser vencido por Harry en el Club de Duelo y por qué retó a Buckbeak.
Y piensa que nunca corrigió a ninguno que lo llamara asesino, aunque falló al matar a Dumbledore y era vergonzoso para él y su familia.
Se sorprende a sí misma extendiendo su brazo, pasándole su termo.
Él se ríe de lado al inicio al verla, pero su expresión luego va de negación a suspicacia, dejando salir algo de veneno:
—No tomaré eso que pusiste en tu sucia boca muggle.
Hermione tensa su mandíbula, respirando profundo.
—Yo estoy dejando que un mortífago toque mi termo, ¿podrías imaginarlo? —mantiene su brazo extendido, insistiendo.
Es uno de esos momentos en los que Malfoy se ve absolutamente tonto. Sus ojos están abiertos, al igual que sus labios, aunque es más extraña su respuesta.
Cierra su boca. Su manzana de Adam se mueve al tragar y aclara su garganta, tomando el termo en su mano.
—Está bien, a tu manera —dice—. Salud, Granger.
Y toma un sorbo.
N/T: -empieza-a-ponerse-mucho-mejor. A este punto, yo estaba muriendo lentamente de ansiedad jiji
Hasta el próximo domingo~.
