Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)

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Beteado por mi gemela malvada mayitatime (no usa FF, pero sí Twitter ~)


VI

21 de septiembre, 1998

Diario,

No es que sea relevante, pero el whiskey muggle no sabe tan mal con café.

Pregunta: ¿Cuál es tu recuerdo feliz favorito?

¿Lo ven? Odio esta mierda. ¿Qué les importa? Es fácil, saben que no les importa (y dejo constancia que no siento que estoy sanando, nada de esto me está ayudando o llevándose algo de mi sufrimiento, ¿cuál es el punto?).

Mi recuerdo favorito ahora no es una memoria feliz y pasó gracias a gente como ustedes, a gente de su bando. Mi memoria favorita es mi mamá haciendo tartas de limón para mí cuando tenía 8 años, mientras mi papá no estaba y llovía. Se sentaba a mi lado en el sofá de la sala y me dejaba jugar con mis juguetes más ruidosos porque padre no estaba ahí para insistir en el silencio o en el decoro. Luego fuimos a caminar bajo la lluvia, nos mojamos y quedamos cubiertos en barro, llevándolo hasta dentro... pero no nos importó, mamá estaba feliz y yo también.

Ahora tiene arresto domiciliario y padre está en prisión. Así que no tengo recuerdos felices favoritos, pero espero les haya causado gracia.

Draco.


26 de septiembre, 1998

Pequeños actos de misericordia.

Aún existen unos pocos de ellos y hoy vino de Madam Pomfrey.

Señorita Granger,

Me informó el Profesor Slughorn que lo asististe en la creación de antídotos para mi inventario durante la semana pasada. Debo decirle que estoy impresionada por su efectividad, así que si le interesa, me gustaría ofrecerle una posición temporaria en la enfermería. Estaría trabajando a mi lado cada día después de sus clases, asistiéndome con antídotos, hechizos de sanación y proyectos experimentales.

La Directora McGonagall apoya la idea y, si la ocasión llegara a ameritarlo, estará feliz de excusarte de tus responsabilidades durante los periodos más altos de necesidad en la enfermería.

Si convertirse en sanadora le interesa, un cargo como este podría ayudarle a posicionarse prestigiosamente dentro de San Mungo.

Espero lo considere.

Poppy Pomfrey.

La carta ya estaba en su ventanal en la mañana cuando se despertó, como si hubiera sido entregada por una lechuza durante la madrugada. Es la primera buena noticia que ha tenido en un mes desde que volvió a Hogwarts.

La leyó dos veces. Tres veces. Se sentó y la leyó una cuarta vez. Madam Pomfrey es conocida por ser muy minuciosa con su trabajo y Hermione nunca ha visto a ningún estudiante ayudarla en la enfermería.

Es un halago... uno muy importante, así como una oportunidad única. Eso es lo más importante, aunque también representa una distracción... una vía de escape. Un chance de estar en Hogwarts sin tratar de ajustarse al pasado, una alternativa de hacer algo significativo en lugar de estudiar lo que ya leyó y practicar lo que ya sabe. Es nuevo y diferente.

Su respuesta es una mezcla desastrosa de emoción y ansiedad, preguntando sutilmente cuándo empezará. Se encuentra prácticamente volando a la Lechucería para enviarla, despertando a los retratos dormidos a su paso.

Es una oportunidad de sentirse normal de nuevo y no dejará que se le escape.

Se precipita sin dudarlo, disfrutando por fin el viento rozando su cara. Sin embargo, le dura poco. Al voltear la esquina, choca con él. Reconoce su voz por el silencioso "-dito idiot-" que sale de sus labios.

Chocan fuertemente contra el concreto, aterrizando en plumas y cagadas de lechuza, pero Malfoy se levanta casi de inmediato. Limpia sus pantalones con pánico aristócrata debido a su ropa costosa, pero es el diario púrpura lo que cautiva su mirada.

—¿Qué carajo te pasa, Granger? —grita Malfoy, bajando por completo sus brazos y mirándola desde arriba.

Sus ojos siguen en el diario que sobresale de sus bolsillos. La curiosidad que despertó en aquel desayuno no ha muerto como ella pensó que estaba, porque volvió con furia en busca de venganza, sintiendo el deseo inminente de sacárselo del bolsillo.

—Eh, Granger, ¿se te cayó un tornillo? —movió la mano frente a sus ojos.

La última ocasión que lo vio fuera de clases había sido la vez del Lago Negro. Él aceptó un sorbo de su café con crema de whiskey y un poco de sorpresa e interés había cruzado en su cara, pero lo había escondido al devolverle el termo. Se había limpiado la boca y se levantó, caminando de regreso al castillo después de ofrecerle un casi imperceptible saludo, sin ninguna palabra.

No puede evitar pensar que se ve peor de lo normal. La piel debajo de sus ojos está más morada que antes y, simplemente, se ve más frío. Prácticamente irradiaba de él. Su respiración pesa en el aire, sus labios están azules y su nariz apenas rosada.

La distrae de sus pensamientos al recoger la carta, con sus pálidos dedos, que no notó que se le había caído. Por un momento, no siente el impulso de reaccionar, a pesar de que lo ve romper el sello y leerla.

Volviendo en sí, se levanta.

—No puedes simplemente leer las cartas de otras personas, Malfoy —sacude las plumas de su falda—. Es rudo.

—No tenía ni idea de que tu letra era tan ordinaria —sonríe de lado—, contrario al resto de cosas sobre ti. Una posición en la enfermería con Madam Pomfrey, ¿entonces?

—¿Qué te importa?

Cada vez que hablan, ella se encuentra a la defensiva a un nivel que le resulta absurdo. Siente como si tuviera que cubrirse, esconder todo sus secretos o feas verdades porque él las encontrará y las usará en su contra.

Cada vez que habla se siente como una batalla y estas son sus tácticas:

Rechazo.

—No me importa —le responde Draco.

Evasión.

—¿Qué es eso que tienes siempre contigo? —cruza sus brazos sobre su pecho—. No tenía ni idea de que el púrpura era parte de tu paleta de colores.

Supervivencia.

—No lo es, Granger, no lo elegí —la aspereza de su tono muere.

Idiota e innecesaria curiosidad.

—¿Entonces quién lo hizo?

Más supervivencia.

—No es de tu incumbencia, Granger.

Intimidación.

—Simplemente déjame... —se sorprende de su propia audacia al tratar de alcanzarlo. Sus dedos tocan la esquina del cuaderno pero...

Ataque.

La mano de Malfoy se envuelve en su antebrazo con tal fuerza que ve todo blanco. Sus oídos pitan y su cabeza se tambalea, apenas pudiendo escuchar su propio grito. El dolor se dispara de su cicatriz cuando él aprieta sus dedos. Es muy diferente al dolor que ha estado sintiendo escurriéndose en agonía. Sus rodillas se tambalean y piensa que se desmayará, pero Malfoy la suelta.

Después de unos segundos, su visión ya no está borrosa.

Se aparta lejos de él, encogiendo su brazo hacia su pecho. La herida se abrió y siente como su sangre comienza a esparcirse por su manga. Trata de mirar a Malfoy a los ojos, aunque empieza a verlo borroso.

Él está estupefacto, parece que no sabe qué decir hasta que...

—Granger...

La rabia se desvaneció de su expresión, dejando un revoltijo convulso de confusión.

—Granger, yo-... —avanza un paso hacia ella.

—¡No! —grita—. No te atrevas a tocarme nunca más.

—Granger, no sabía que-...

—Nunca —sisea.

Pero lo sabe. Sabe que cuando se giró y se fue, subiendo las escaleras y escabulléndose al dormitorio, las lágrimas bajaban por sus mejillas al huir de una Parvati medio dormida. Incluso cuando sumergió su brazo dentro del agua del lavamanos y limpió la sangre, ella sabe que fue su culpa.

Provocó a un animal asustado y la mordió. Ese es el meollo del asunto.

Honestamente, aún así se sintió bien gritarle. Se sintió bien derramar sobre él todo el dolor y la vergüenza que ha tenido atrapada en cuestión de segundos, casi tan bien como golpearlo en Tercer Año.

Cierra el grifo del lavamanos y mira hacia las letras que marcan su antebrazo, trazándolas con la punta de sus dedos.

S

Debe ser algo importante o muy personal para andar con ese cuaderno a todos lados...

A

Pero la Lechucería es un lugar muy inusual para escribir, piensa. No huele bien y las lechuzas son ruidosas, no hay ni un lugar limpio para sentarse o pensar...

N

¿Por qué habrá ido para allá?

G

A menos que fuera una forma de alejarse de todos. Si es así, es un buen lugar.

R

Excepto que ella lo encontró.

E

Ese día en el lago...

S

Ese día pensó que, de alguna forma, realmente llegó a él. Sin embargo, no sabe en qué forma. Ni siquiera sabe si quería llegar a él o si era lo que estaba tratando de hacer.

U

No obstante, por un momento fue buena compañía, aunque el momento terminó y él volvió al castillo.

C

Volvieron exactamente a como estaban antes.

I

Volvieron al desprecio, al odio.

A

Pero sabe que no lo odia. No realmente, ya no.

No tiene la energía para hacerlo, y tampoco es tan merecedor de odio. Él, simplemente, es arrogante, desesperante y algo malvado. También terco, grosero e insensible, pero no pretende que nada pasó ni está intentando fingir que no estuvo en el lado incorrecto de la historia.

Deja caer su brazo y colapsa sobre el suelo del lavamanos. Es difícil asumir que quizás Malfoy es más honesto que todos los demás estos días.

Parvati asoma su cabeza por la puerta, aún despeinada.

—Hermione, ¿estás bien?

Se levanta con premura, bajando la manga para ocultar su cicatriz.

—Oh, lo siento Parvati. Sí, estoy bien, siento haberte despertado.

—¿Estás lastimada?

—Es solo una vieja cicatriz —aleja su brazo de la vista, sintiéndose de pronto avergonzada de su comportamiento durante los pasados 10 minutos—. Le pediré a Madam Pomfrey que la mire.

Solo después de que Parvati se va y ella se mira al espejo es que caen en cuenta de que dejó su carta caer en el piso de la Lechucería.


N/T: Hasta el próximo domingo~.