Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)
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XIII
7 de octubre de 1998
Diario,
No significa nada.
Draco
9 de octubre de 1998
Por fin los moretones se están desvaneciendo.
Se ve a sí misma en el espejo junto a la oficina de Madam Pomfrey, al salir de la Enfermería y de regreso a su dormitorio, dándose cuenta de que están casi desaparecidos. Las marcas de los dedos están amarillentas y los chupetones se han desvanecido por completo.
Ahora los únicos moretones que quedan por curar son los de sus labios, hechos en la noche junto al lago.
Se apresura a irse intentando controlar el torbellino de recuerdos mientras asciende el primer tramo de escaleras, y como es evidente, fallando miserablemente.
Es tan difícil no pensar en eso. Cada vez que habla o mueve los labios, el dolor la muerde y rememora la presión que empezó tan desagradable y se volvió tan exquisita. Evoca el los dedos de sus pies hipotérmicos y rígidos. Permanecieron de un color púrpura azulado mucho tiempo después de que dejó el lago. Le tomó varias horas muertas en la noche trabajar en sentirlos de nuevo usando una bañera conjurada.
Notó que Malfoy nunca se estremeció ni una sola vez.
En la tercera escalera, piensa en la forma en que respiraba. Era una respiración larga y tranquilizadora, cálida contra su boca, la que soltó al dar un paso atrás, apartándose. Sin decir una palabra desapareció dejándola sin nada más que una mirada persistente y más moretones que atender. No ha hablado con él desde entonces y cada vez que echa una mirada furtiva, encuentra a sus ojos evitándola.
Se siente estúpida cuando se pregunta si siempre será así. Estúpida porque no hay un siempre. Ni siquiera un hay.
Es la ley de Murphy en la práctica. O fenómenos científicos aleatorios. La colisión de dos cuerpos caóticos en medio del caos circundante. Nada más la hubiera hecho desear el toque de Malfoy y viceversa.
Malfoy es un mecanismo de afrontamiento.
Aún así, en la quinta escalera, estos pensamientos ya se han ido y una vez más está sumergida en los recuerdos.
17 de octubre de 1998
Quidditch, ¿vale la pena?
Para ser justos, nunca ha disfrutado del deporte, pero ahora más que nunca se siente completamente sin sentido. Como poner una curita en una puñalada: en teoría puede ayudar en una herida mucho más pequeña.
Pero el Quidditch es una curita en el cuerpo ya muerto de Hogwarts. Si incluso Harry no puede animarse a jugar, se pregunta por qué todavía tienen partidos.
Dicho esto, de alguna manera se encuentra en las gradas esta tarde. Ginny la presionó para que asistiera, haciéndola sentir culpable con una frase manipuladora:
—Da la impresión que aún no te has recuperado. Ya sabes… de lo de…
Del incidente con Malfoy. Si tan solo Ginny supiera cuántos incidentes más hubo. Aún así, quería salir del tema así que cedió.
Ahora está en las gradas frías y ventosas de Gryffindor, de pie justo al lado izquierdo del campo, mirando un partido aburrido principalmente entre Cuarto y Quinto año. La mayoría de los estudiantes mayores que eso han optado por no participar, siguiendo el ejemplo de Harry. Parece que pueden beber, reír y divertirse, pero jugar Quidditch se pasa de la raya.
Hasta ahora, todo lo que Hermione ha aprendido este año es que los mecanismos de afrontamiento tienen muy poco sentido.
Se sienta con desinterés entre un gran grupo de séptimo año, entre Ginny y Seamus, a quien no ha perdonado. Pero no podría hechizarlo hasta el olvido sin explicar por qué y no hay absolutamente ninguna posibilidad de hacer eso ilesa, así que está guardando su furia en silencio, lanzándole agrias miradas de reojo.
Suspirando observa cómo el juego se detiene una vez más debido a una falta: estos equipos de Cuarto Año son realmente rudos jugando Quidditch. Incluso considerando que ella puede decirlo sin conocer realmente las reglas. Se da cuenta que la única cosa por la cual soportaba asistir a los partidos era animar a Harry. Bueno, eso y ver a Malfoy caer de la escoba de vez en cuando a causa de los gemelos Weasley.
Su corazón se agita en dos direcciones: lleno de dolor y de confusión. Dolor al pensar en Fred e, inexplicablemente, calidez y emoción al pensar en Malfoy. A ese punto, está tan decepcionada de sí misma que intenta perseguir a los jugadores con los ojos.
Deja caer su barbilla sobre su puño, casi con los ojos bizcos mientras se enfoca en el lento partido lento. El azul y rojo de los uniformes de Quidditch pasan rápidamente por su línea de visión, y lentamente, su mirada se mueve hacia la silueta de los techos de Hogsmeade en la distancia.
Está ocupada contando chimeneas cuando lo ve por primera vez.
La hace parpadear, frotarse los ojos y, por un momento, cree que ha visto una mota de polvo o el borrón. Como algo atrapado en su pestaña. Pero segundos después lo vuelve a ver. En la distancia, justo antes de Hogsmeade, en algún lugar a lo largo de la barrera de los terrenos ve una rotura en el aire. Como un espejismo. Se agita como lo hace él cuando se arroja una piedra a sus profundidades. Una pequeña parte de la atmósfera.
Se sienta derecha y fija su mirada.
Su respiración se detiene en su garganta.
Son las protecciones.
Un instante después se oye a sí misma inventando una excusa y algo sobre un dolor de cabeza.
—No otra vez, Mione- —le responde Ginny, pero ella ya está cruzando las gradas hacia las escaleras.
Mientras baja y sale del campo tropezando con sus propios pies, intenta recordar lo que alguna vez aprendió sobre protecciones. Recuerda las lecciones de Flitwick y el Bosque de Dean, los encantamientos protectores no son su mejor habilidad, pero algo conoce.
Una protección sin corromper no debe ondular así.
Se dirige directamente a la oficina de McGonagall.
En los meses posteriores a la guerra, había leído en el Profeta que la propia McGonagall había reconstruido Hogwarts. Si así fuera, las protecciones no deberían ser fáciles de manipular.
La chispa de un tipo de miedo muy específico cobró vida dentro de ella; ese que no ha sentido desde que Harry lanzó el hechizo final ese día. Es el miedo lo que la mantuvo en marcha mientras huían. Es el miedo que la mantiene viva y alerta ante la posibilidad de peligro en todo momento. Durante mucho tiempo, se había convertido en algo que esperaba sentir todos los días. Como el hambre o el cansancio, como una sensación natural.
No puede ser una buena señal de que haya vuelto.
Los elfos domésticos y profesores se han encargado de colocar decoración de Halloween en las paredes, pero apenas se da cuenta al pasar junto a ellos. No se detiene a preguntarse si esta adrenalina que siente es saludable o incluso necesaria. Quizás sea la patética alegría que conlleva sentirse útil, que está haciendo algo que marca la diferencia.
Después de la guerra, nada de su vida diaria ha estado a la misma altura. Inconscientemente, considera que ahora podría haber desarrollado una atracción permanente hacia el peligro.
Eso explicaría lo de Malfoy.
Lo aparta de sus pensamientos y acelera el paso con el corazón agitado. Su breve entusiasmo se interrumpe cuando llega a la oficina de McGonagall y no puede subir las escaleras porque tienen una protección que brilla como oro.
Está reunida con alguien.
Hermione prácticamente patina alrededor de sí misma, sintiendo la adrenalina corriendo por sus venas. Camina por el vestíbulo frente a la estatua durante diez minutos, flexionando las manos en forma de puños, muy inquieta y ansiosa. Una protección débil podría romperse en cualquier momento. Cualquier cosa que intentara entrar desde ahí, ya podría haberlo hecho.
De manera súbita vuelve el miedo y, un momento después, está corriendo de regreso por donde ha venido, golpeándose los pies en el apuro y sosteniendo su varita en el bolsillo. Ha pasado de ser una niña en busca de refugio a ser una adulta capaz de hacer las cosas por sí misma.
Ha pasado por una guerra, puede encargarse.
Hermione ha caminado más o menos 30 metros que están adyacentes al campo de Quidditch durante más de media hora. Rastreó lo que vio desde las gradas hasta donde cree que notó el espejismo frente a Hogsmeade varias veces y no encontró nada.
La ondulación que vio no se encuentra por ninguna parte. Al probar las barreras con su propia varita descubre que están intactas.
Pero no está loca, no está alucinando.
Sabe lo que vio y le molesta tanto que se queda ahí hasta bien entrada la noche.
31 de octubre de 1998
No quería ir.
Tampoco Harry, y, sin embargo, gracias a Ginny ahí están los dos. En medio del brillo y el glamour que hay en todo el Gran Comedor para el baile anual de Halloween. La habitación está iluminada con una luz tenue proveniente de calabazas de sonrisas encendidas que decoran el brumoso encanto del cielo nocturno. Las antorchas se alinean en las paredes, de vez en cuando parpadeando ante las siluetas fantasmales. Huele a calabaza y sidra especiada. McGonagall no ha tenido ningún problema en reservar a las Brujas de Macbeth como entretenimiento.
Después de todo, ¿quién se reusaría a tocar para el salvador del Mundo Mágico?
Su música es fuerte y enérgica, haciendo que todos los cuerpos en la pista bailen, salten y choquen. Harry y Hermione están de pie como pilares de piedra en medio de certeza de que es uno de los peores días de Harry. Le duele la cicatriz de a ratos, o eso le ha dicho él, tanto que lo ha pillado frotándose unas cuantas veces.
En general, Harry ha estado haciendo un gran trabajo animando a todos, especialmente a Ron. Ha manejado no enterrarse en en el pasado y mantener su ánimo en alto y, sin embargo, es una tarea pesada. Una que no puede cargar todos los días. Es por ello que le pregunta por qué no quería venir esta noche y por qué no está sonriendo.
Se brindan la misma cortesía el uno al otro.
Ella, que nunca ha pretendido con esfuerzo disfrutar de las festividades postguerra, tenía razones obvias para intentar esquivar el baile. Pero Ginny —la tenaz Ginny— solo tuvo que colocar un disfraz en la cama de su dormitorio y mostrarle sus ojitos suplicantes.
Ahora está aquí, con un vaso de sidra en una mano, apoyada contra Harry. Contando los minutos hasta que termine. Ginny la disfrazó como una especie de arlequín; un vestido corto de corsé con patrones de diamantes y ridículas campanitas colgando de los pliegues. Rechazó el sombrero de bufón, por lo que Ginny le despeinó el cabello salvajemente y lo recogió en un moño, dejando algunos rizos sueltos colgando alrededor de su cara. Ginny también insistió en maquillarla con colores oscuros alrededor de sus ojos y enmarcarlos con formas de almendra. Los labios color negro como corresponde, por supuesto.
Se siente ridícula.
Pero el mecanismo de afrontamiento de Ginny es celebrar y no hará nada para arruinarlo.
Harry ha sido disfrazado de príncipe, con chaleco y chaqueta elegante a juego con Ginny. Ciertamente no era su primera opción, pero por la forma en que mira a Ginny, hermosa con su vestido de princess, parece que valió la pena.
No pasa mucho tiempo antes de que ella venga a llevarlo a bailar y Hermione pierde a su compañero en la miseria.
De ninguna manera quiere que este tipo de eventos se detengan. Una guerra no debería acabar con la felicidad humana. Pero la felicidad se ha terminado en ella y verse obligada a participar en estas cosas se siente sumamente falso.
Suspira y se retira a la alcoba junto a un fantasma dormido, sorbiendo su sidra mientras observa a la multitud bailar al son de la música
Su voluntad te hará sombra,
Quédate quieto,
Quédate quiero,
Cantan las Brujas de Macbeth desde el escenario. La letra es parte de un poema que reconoce pero no puede ubicar por completo.
Recuerda una época en la que amaba la celebración de Halloween, que se convirtió en su temporada favorita en Hogwarts. La decoración. Los fantasmas siempre audaces y descarados bailando por los pasillos a todas horas. Había amado particularmente el baile al final del día, soñando despierta con que Ron la sacara a bailar.
Se ríe de sí misma ante el recuerdo, difícilmente puede creer que alguna vez fue tan infantil.
De pronto, ve su silueta borrosa y distorsionada a través del fondo de su vaso mientras termina su sorbo de sidra.
—Creo que bebes más que yo estos días —dice.
Siente algo dentro de sus puños. Es una sensación difícil de leer y no está segura de si es desagradable o no. No importa lo que sea en totalidad, pero definitivamente es, en parte, nerviosismo. No ha hablado con él en semanas.
Dejando el vaso a un lado, salta un poco cuando lo ve nítidamente.
Malfoy nunca ha sido de los que se disfrazan y menos ahora, o eso hubiera creído. Sin embargo, esta noche está completamente refugiado bajo el atuendo de un cadáver: traje de noche rasgado, guantes de cuero negro, rostro pintado de blanco y negro simulando una calavera. Probablemente no lo habría reconocido si él no hubiera hablado primero, a menos que hubiera visto su cabello rubio, el cual está peinado hacia atrás casi como solía usarlo en los primeros años.
No está segura de cómo sentirse.
El contraste del negro tan oscuro alrededor de sus ojos claros es sumamente cautivador. Las rayas en forma de dientes en sus labios simplemente los hacen resaltar más. El traje que usa y sus guantes-
Miente, sí sabe cómo sentirse. Simplemente no quiere reconocerlo.
Reuniendo todo su ingenio, levanta el vaso y lo agita.
—Es sidra. He dejado de beber —deja caer el vaso, el cual desaparece en el aire con una pequeña ráfaga de humo.
—¿Lo hiciste? —arrastra Malfoy.
—Sí —le responde.
No, la verdad no lo ha hecho. Tomó dos o tres tragos de whisky muggle antes de entrar acá. Por supuesto, ahora se arrepiente porque no sabe cómo hablar con él pues no sabe en qué página están.
La última vez que interactuaron sus piernas estaban envueltas alrededor de su cintura. La idea envía electricidad a través de su columna y se encuentra dando medio paso inconsciente hacia atrás.
—Siempre has tenido algo de moral —dice sorbiendo su propio vaso de algo que definitivamente no es servido por el colegio—. Bien por ti, Granger —su tono está mezclado con sarcasmo, burlándose.
Por alguna razón es casi un alivio. ¿No dicen siempre que la intimidad cambia a las personas? Últimamente se ha enfrentado a tantos cambios que es agradable tener algo de lo que depender y el sarcasmo de Malfoy es tan constante como el océano. La intimidad no le ha afectado.
Aún así, está atrofiada en busca de una respuesta, pareciendo que no puede formar una oración casual. Durante mucho tiempo él se limitó a evaluarla con esos ojos helados.
Se pregunta si lo sacará a relucir, se pregunta si se regocijará al respecto. Si intentará convencerla de que "repitan la actuación" mencionándolo como una broma. Realmente no podría culparlo si lo hiciera.
Sus acciones, últimamente, han sido todo menos admirables y no ha mejorado en verdad.
A medida que el silencio entre ellos se vuelve demasiado denso, obliga a algunas palabras a salir de su garganta.
—¿Qué eres de todos modos?, ¿un aristócrata muerto? —lo ve succionar su bebida y mirarla con demasiada pesadez.
—Algo así. Estoy rindiendo homenaje a mis raíces mortífagas.
Sabe que lo dice para irritarla. Coge otro vaso de una bandeja flotante y se lo toma de un trago para evitar responderle.
—¿Y tú? ¿Un payaso? —se burla—. Honestamente esperaba algo un poco más creativo.
—Soy un arlequín —sisea alrededor del borde de su copa—, y Ginny me vistió. Si tuviera opción, realmente no estaría aquí.
Internamente se pregunta por qué está siendo honesta, ¿por qué darle esa satisfacción?
—Ah, Weaslette. Debería haberlo adivinado.
—¿No tienes otro lugar donde estar? ¿Gente con la que mezclarte? —es una jugada baja de su parte considerando que ya admitió que no tiene muchos amigos. No obstante, Malfoy se lo quita de encima tan tranquilo y sereno como siempre.
—No.
Atrás quedó el chico que había visto el día en que dejó tantos moretones, capaz de sucumbir ante la rabia abrumadora. En su lugar, ahora Malfoy es más astuto y persuasivo, ese que siempre se sale con la suya. Más familiar pero desconocido para ella de todos modos.
—Molestarte es más interesante de todos modos —dice y ella se eriza, tragando el resto de la sidra caliente tan rápido que le quema la garganta. Con una mueca, lo empuja a su lado.
—¿No nos hemos hecho lo suficiente el uno al otro?
Y antes de que él pueda responder, entra a la pista de baile, dejándose llevar por los cuerpos girando.
La luz del fuego destella detrás de sus párpados mientras cierra los ojos. Ella no baila, pero se balancea con el resto y escucha la música. Intenta recordar una época en la que no hubiera sido difícil dejarse llevar y sentirse así de libre.
Ahora requiere esfuerzo.
El calor se arrastra a su alrededor. Siente como su maquillaje empieza a derretirse contra su sudor. De repente, la melodía cambia.
Es una que todos reconocen.
La cuadrilla de Samhain. Un baile de estilo soberano que les enseñaron en primer año en preparación de su primer baile de Halloween. Las Brujas de Macbeth se hicieron a un lado para permitir que la orquesta actúe con Flitwick dirigiéndola.
Los cuerpos se mueven rápidamente mientras todos en la pista se alinean en dos columnas largas y paralelas, mirándose unos a otros. Por un momento, Hermione se queda varada en el medio, paralizada. No quiere hacer esto, ni siquiera sabe si puede recordar los pasos.
Pero Harry llama su atención con un pequeño saludo.
—Vamos, Mione —dice, tomando la mano de Dean y de Ron a sus lados—. Por los viejos tiempos.
La introducción de la cuadrilla casi ha terminado, dando fin al pequeño arreglo fantasmal de clave menor. Mira hacia atrás donde las chicas están alineadas y tanto Ginny como Luna están extendiendo sus manos hacia ella.
Decide que lo hará por su propio bien.
Deslizándose entre ellas, toma sus manos con tiempo de sobra antes de que comience el baile. Entonces el violín toma el control y, a la vez, ambas líneas levantan sus manos entrelazadas por encima de sus cabezas y brincan hacia adelante varias veces. Se bambolean hacia abajo cuando las dos líneas convergen y luego vuelven a sus posiciones originales. Hermione descubre que su memoria muscular es mucho más fuerte de lo que había creído.
Cuando la fila de chicas se apresura, los chicos levantan los brazos y las chicas se separan y se agachan girando y agarrándolos de nuevo, luego repiten.
Había olvidado lo divertido que era esto.
La gente se ríe cuando comete errores. Mientras las filas se dispersan en parejas, Dean y Seamus se juntan accidentalmente entre sí. Lidian con ello con gracia: Seamus moviendo las pestañas mejor que cualquier chica de su edad.
Hermione quedó emparejada con Ron y se da cuenta de la aprehensión en su rostro.
No han hablado mucho desde el incidente con Malfoy, pero esta noche y este baile está saliendo mejor de lo que esperaba. No quiere hacer nada que lo arruine, así que le ofrece una pequeña sonrisa. Su rostro se ilumina.
La parte en parejas es más lenta. Cada pareja se encuentra en el medio del círculo, tocando las palmas y girando alrededor de unos a otros antes de regresar al círculo. Después de cada turno, todos se agarran de la mano y galopan juntos en sentido contrario a las agujas del reloj. Esta parte solía hacerla reír.
Seamus también se las arregla para hacerla reír esta noche, aumentando rápidamente la velocidad más allá de su capacidad, convirtiendo su círculo giratorio en una especie de ventilador de techo catastrófico.
Después de que todas las parejas se hayan encontrado en el medio, los muchos círculos creados se unen nuevamente como un todo y repiten la parte de las líneas. Se encuentra riendo con Ginny y Luna mientras rompen con la coreografía original, haciendo una versión borracha y desorganizada de can-can.
Los de Primer Año se están tropezando tratando de recordar los pasos y los estudiantes mayores no los están ayudando, incluyéndose. Las parejas se mezclan y reorganizan mientras se dividen en círculos nuevamente. Esta vez Dean no está y Ron está emparejado con Luna. Harry quedó emparejado con Seamus y se ríe de la forma en que solía hacerlo, provocando que el corazón de Hermione se hinche. Ginny y Neville se saltan el toque de las palmas y agarran sus manos, girando como un estridente molinillo.
Y Hermione se ríe libremente mientras corre hacia su turno, solo para darse cuenta de que si Ron está emparejado con Luna, entonces ella...
Una máscara blanco y negro llena su vista cuando Malfoy se acerca para encontrarse con ella. Su risa queda retenida en su garganta.
Mira nerviosamente hacia los lados, encontrando caras confundidas pero ninguna de disgusto.
No lo reconocen.
Malfoy la toma de la mano antes de que ella tenga tiempo de prepararse y la hace girar
dos veces. Ella clava el talón en el suelo y se detiene para sisearle en un susurro:
—¿Qué estás haciendo?
Pero se separan y ambos vuelven a unirse al círculo.
Su rostro está impasible como siempre, pero los labios esqueléticos se arquearon hacia un lado, siendo la única evidencia de que está disfrutando esto. Lo mira por encima del hombro de Luna que está junto a Ron agarrada de los codos brincando.
Está llevando esto demasiado lejos. Está jugando con ella.
Hará que los descubran.
Los círculos se vuelven a dividir en líneas para la parte final del baile y cree que calcula bien para ser emparejada con Ron o Harry.
—¿Todo bien, Hermione? —pregunta Luna soñadora, habiendo notado que su sonrisa se había evaporado. Se vuelve para responder pero el baile la toma por sorpresa, iniciando antes de que esté lista.
Las líneas se encuentran en el medio y es absolutamente imposible que haya calculado mal esto. Imposible. Lo que significa que Malfoy se deslizó entre Ron y Harry en el último minuto, haciéndola su compañera.
Ella abre la boca para decir Dios-sabe-qué, pero él la deja en silencio entrelazando los dedos con su corsé, tirándola contra él. Con un jadeo, sus manos vuelan a su pecho, instintivamente tratando de alejarlo.
—¿Estás loco? ¿Qué estás haciendo?
La otra mano de Malfoy se desliza hacia su espalda baja, acercándola aún más, dejándola pasmada.
—Para responder a tu pregunta de antes —dice en voz baja mientras comienza a girarla con el vals—…no.
—¿No que? —respira, flácida en su agarre y olvidando todos los pasos. Sus ojos se posan en otras parejas mientras está tratando de ver si los están observando.
Pero Malfoy los detiene en ese momento, acercándola una vez más para que esté totalmente pegada a él. Toma fuerzas y aliento para mirarlo con los labios entreabiertos, las mejillas en llamas y el corazón latiendo.
—Que creo que no nos hemos hecho lo suficiente el uno al otro.
Sus manos se abren como un abanico en su cintura, tirando de sus caderas hacia adentro y deslizándolas hacia abajo para capturarla. Suelta un chillido impotente en son de protesta y es lo último que logra hacer.
De todas las cosas, toma nota mental de preguntarle si ha puesto un encantamiento en sus labios.
Porque son como una droga.
Sus protestas mueren en su boca, sus manos que reposaban en su pecho para apartarlo, se aflojan contra él solo para volver a la vida y deslizarse hacia sus hombros. Sus ojos se cierran y todo lo que piensa es en su sabor. Menta mezclada con el sabor amargo del maquillaje blanco de sus labios y el negro de su propia boca.
Una de sus manos se sumerge bajo, recorriendo la extensión de su muslo, enganchándola alrededor de su cadera. La sorpresa escapa de su boca emitiendo un sonido y él aprovecha la oportunidad para reunir sus lenguas como viejos amigos reencontrándose.
Está perdida, olvidando por completo el resto del baile, que solo vuelve a sus sentidos cuando la música muere junto al ruido de las faldas susurrantes y zapatos golpeando. Se acabó.
Romper el beso es como alejarse de un imán, la gravedad está en su contra. Pero cuando lo logra, ruborizada y jadeante, su mano enguantada sigue apretando con fuerza su muslo y solo se necesita una mirada para saber que son el centro de atención.
Rápidamente, se desenreda de él poniéndose aún más roja por las miradas.
Recuerda que debería estar furiosa, pero cuando su rostro se transforma en una mirada fulminante y su boca se abre, Malfoy la ataja:
—No esperes que me disculpe.
Se sumerge a su cuello y cepilla su nariz en contra, aprovechando para darle un mordisco en la tierna piel, frente a todos, arrancando un pequeño y ronco chillido de su boca.
Finalmente retrocede.
—No lo siento —dice con la voz oscura.
Y desaparece en la oscuridad del Gran Comedor, perdiéndose entre la multitud, dejándola sola en el centro de la pista, atacada por docenas de ojos muy abiertos.
N/T: perdonen la demora, la vida pasa. Lo bueno es que pronto tengo vacaciones y tengo la meta personal de adelantar varios capítulos :)
