Breath Mints & Battle Scars By Onyx and Elm (Traducción autorizada)

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Beteado por mi gemela malvada mayitatime (no usa FF, pero sí Twitter ~)


XIV

31 de octubre de 1998

Se limpia la boca manchándose la barbilla con la pintura negra de sus labios. Las miradas de sus compañeros pesan dolorosamente y siente que lo único que puede hacer es aclararse la garganta, enderezar su corset y salir rápido del Gran Comedor.

Una vez fuera del salón, el aire se vuelve tan fresco contra su piel que le provoca escalofríos a través de su sangre, estremeciéndose mientras sube las escaleras. Sus mejillas están en llamas y su corazón late como un mazo contra su pecho.

Escucha el eco de pasos detrás de ella, alguien está pisándole los talones.

—Ginny, por favor- —se da la vuelta sin aliento solo para ver a Theodore Nott subiendo los escalones detrás.

—¿A qué diablos estás jugando, Granger?

Él no es quien esperaba y no está preparada.

—¿Nott? —pregunta estúpidamente, sintiéndose aturdida.

Se detiene en el escalón debajo de ella, sin disfraz, oliendo a alcohol. Su rostro está rosado con ebriedad y rabia.

—Contéstame —espeta.

No está lo suficientemente borracho como para insultar.

Toma aire y le responde de forma primorosa demostrando concentración.

—No entiendo la pregunta.

Está agradecida porque su voz sonó firme y calmada. Se voltea para reanudar su marcha subiendo las escaleras, tratando de calmar el temblor de sus dedos que es totalmente culpa de Malfoy. Sin embargo, Nott la sigue, igualando su ritmo y dando cada paso simultáneamente.

—No te hagas la tonta, Granger, nunca has sido idiota.

—Tú tampoco, así que supongo que puedes saber cuándo alguien dice la verdad —se niega a dirigirle la mirada o detenerse siquiera.

No sabe qué tiene que ver él con lo ocurrido o en general. Le resulta evidente que conocía el disfraz de Malfoy de esta noche, pero nunca hubiera imaginado que estaría en el top 10 de los más molestos por el beso. De hecho, seguramente tiene que hacer fila.

—Cualquier tontería que estés tratando de hacer con Malfoy es mejor que la detengas ahora.

—¿Quién eres? ¿Su padre? ¿Qué te importa? —sube dos escalones para adelantarse a él, que la iguala casi al instante.

Nota que debería estar preocupada de que él lo sepa, incluso si parece ser el único es una boca más que mantener callada. Una furia silenciosa se acumula en su estómago hacia Malfoy. La próxima vez que lo vea, jura que...

—Como he dicho antes, Granger, soy su muleta y no te dejaré joderle la mente haciendo que lo metas en más líos de los que ya tiene. Esto que haces… provocar que confíe en ti y que no, ponle un puto fin ya.

Se detiene en seco tan rápido que Nott casi tropieza.

—¿Haciendo que confíe en mí? —le clava una mirada cruel esperando que la interprete así.

—Sí, Granger, eso es lo que creo que estás haciendo. A menos que sea un patético proyecto personal a lo "Rehabilita al mortífago". De cualquier manera, sé que saldrás luciendo como una heroína y él terminará en Azkaban o peor.

Las palabras de Nott la sorprenden provocando que le tome un momento formar una respuesta. Cuando lo hace, sus palabras son tartamudeos e incoherencias.

—Yo-… tú-... ¿de qué diablos estás hablando? ¿Azkaban? Un maldito beso difícilmente pondrá a un hombre en Azkaban.

Las espesas cejas de Nott convergen sobre sus ojos y su mirada se oscurece.

—Eso no fue solo un beso, Granger. Ninguno de los dos somos idiotas.

Exhala intentando mantener su rostro impasible incluso cuando sus palabras la hacen pensar más de lo que deberían.

—Estás borracho —le responde—, duerme. Pero si estás tan molesto, ¿por qué no hablas con tu maldita muleta? Él es el que está causando todos estos problemas.

Retoma su paso y esta vez Nott no la sigue, aunque le responde:

—Oh, sí lo hice Granger…

La hace detenerse a medio paso y mirarlo de perfil.

—… lo tienes en la palma de tu mano.


Las palabras de Nott resuenan en su cabeza mientras lucha por lavar los restos de maquillaje. Lo está frotando a la manera muggle pues no tiene ganas de usar magia, ya que quiere mantener sus manos ocupadas tanto como su mente. Y no, no está funcionando.

"Lo tienes en la palma de tu mano".

Seguramente no esté hablando en serio. La única persona que puede imaginar que pueda tener a Malfoy en tal posición es su propio padre. La implicación de que ella podría tener tal efecto en él es... bueno, bastante ridícula.

Malfoy dejó rayas blancas en su labio superior. Las frota con tanta fuerza que su rostro se siente en carne viva e irritado.

El dormitorio ha estado vacío durante demasiado tiempo, y cuando por fin oye que se abre la puerta y aunque lo había estado esperando, siente como un miedo espeso se instala en sus venas.

—¿Mione? —escucha a Ginny.

—Aquí —responde cerrando resignada el grifo del lavabo.

Ginny aparece en la puerta y la expresión acusadora que Hermione esperaba no está ahí. En su lugar, la ve con preocupación. Más de lo que está acostumbrada.

—¿Estás bien? —pregunta jugando con su hermosa trenza roja.

Hermione asiente en silencio, sintiéndose tonta. Esta conversación está muy atrasada y, aunque siente que ha gastado semanas ensayándola, todavía no está preparada.

Claramente no lo está porque las primeras palabras que sale de su boca son:

—Me odiarás.

Y luego estalla en lágrimas, dejando salir sollozos fuertes y patéticos, junto a cada gota que corre por sus mejillas, su estómago se retuerce de horror. Está lejos de sentirse en verdad tonta, pese a que no es así como quería empezar en absoluto.

Ginny se acerca en un abrir y cerrar de ojos, rodeándola y presionando su rostro mojado contra su hombro.

—Maldita sea, Mione —dice—. Es la cosa más ridícula que he escuchado.

Soltando una risa triste, Ginny la saca del baño hacia el dosel de la cama. Acuesta a Hermione contra sus almohadas y luego se sienta con las piernas cruzadas frente a ella, justo a los pies de la cama. Cierra las cortinas a su alrededor, lanza un Muffliato rápido, deja su varita a un lado y fija su mirada en Hermione, amigablemente expectante.

Hermione no dice nada.

—Está bien —dice Ginny después de un minuto completo—. Bueno, ¿quién es?

Hermione hace un sonido de desesperación y deja caer su rostro entre sus manos, todavía dolorido y en carne viva, ahora reluciente por las lágrimas.

—Esa es la peor pregunta.

—No puede ser tan mal-…

Pero los fervientes asentimientos de Hermione la interrumpieron.

—Hermione —dice Ginny con seriedad—. Nadie podría estar más que feliz de que hayas encontrado a alguien. Sé que Ron puede ser-

Ahora niega con la cabeza firmemente.

—Estás tan equivocada, Ginny. Tan pero tan equivocada…

—Bueno, Ron tendrá que sobrevivir y lidiar con eso.

—No es solo Ron, serán todos. Créeme, por favor, créanme —sonando más neurótica de lo que alguna vez cree haber sido, balanceándose hacia adelante y hacia atrás.

—Está bien —Ginny levanta las manos en señal de rendición, toma su varita y conjura una rápida e impresionante taza de té ofreciéndosela—. Entonces comenzaremos con preguntas más fáciles.

Hermione bebe el té aún hirviendo.

—¿Cómo empezó? ¿Y cuándo?

Cuando habla mantiene el borde de la taza en sus labios, haciendo que su respiración perturbe el vapor que sale.

—Un poco después de que empezamos clases —piensa vagamente en lo mucho que se siente esto como dos chicas hablando en una pijamada debajo de una manta. Ojalá fuera así de simple—. Y empezó por accidente, de verdad —continúa, sin despegar la mirada de su té. Tiene miedo de que si mira a Ginny, perderá los nervios.

—¿Cómo empieza algo por accidente? —no puede evitar que su tono salga a la defensiva.

—Ninguno de los dos quería que esto sucediera, nosotros... nosotros no… nosotros no fuimos hechos el uno para el otro.

Ginny no dice nada esperando a que termine.

—Solo… —suspira Hermione dejando el té a un lado, en la mesita de noche—, terminamos teniendo en común cosas importantes. Y una noche que habíamos bebido demasiado…

—La noche de los chupetones —confirma Ginny y ella asiente.

—Siento haberte mentido. No sabía cómo explicártelo.

—¿Pero quién es, Hermione? ¿Honestamente tienes tanto miedo de decírmelo?

—Sí —admite.

¿Por qué?

Su estómago se siente como si se estuviera hundiendo, como si tuviera demasiado peso encima, como una bola de boliche. Esta debe ser la sensación que uno siente justo antes de perder a un amigo. Pero ha tomado una decisión y ahora es mejor que nunca, así que obliga a las palabras a subir por su garganta.

—Porque se trata de...

La puerta del dormitorio se abre de golpe y las risas inundan la habitación. Las sombras se mueven detrás de la cortina de la cama.

—¡Hermione Jean Granger! —alguien canta con un tono ebrio, tal vez Parvati.

—¿Dónde estás, bruja salvaje?

Ginny se pellizca el puente de la nariz, dejando escapar un gruñido frustrado. Aparta una de las cortinas y el muffliato se desvanece.

—Pav, maldita sea...

Parvati está del brazo de Eloise y Romilda, tambaleándose con el rostro dividido en una enorme sonrisa.

¡Tú! —grita demasiado fuerte cuando ve a Hermione, riendo y casi cayéndose de no ser por Eloise que tira de su antebrazo—. ¿Por qué no nos hablaste de ti y Zacharias?

Hermione parpadea. Parpadea dos veces. Abre la boca y la cierra hasta que Ginny le dirige la mirada.

—¿Zacharias? —repite Ginny.

—¡Me siento traicionada! —se lamenta Parvati con dramatismo. Eloise y Romilda la ayudan a recostarse en su cama entre risas—, ¿dónde está el vínculo de nuestra hermandad?

—Oh, cállate, gran vaca —Ginny tira una almohada en su dirección fallando por poco. Sin embargo, cuando sus ojos vuelven a Hermione, están llenos de curiosidad y algo más—. ¿Es él? ¿Zacharias Smith?

Hermione la mira en silencio durante un largo momento.

Logra identificar la expresión en el rostro de Ginny: es alivio. Se siente aliviada por el nombre. Smith es uno de los únicos chicos rubios de su año, y para Ginny, Parvati y las demás es la única respuesta lógica. El único rubio aceptable con el que Hermione se atrevería a confraternizar.

Eso la llena de tanto pánico y culpa que, sin importar cuánto luche para detenerse, lo dice de todos modos:

—Sí… sí es Zacharias Smith.


N/T: ¡Feliz día del amor y la amistad! Este capítulo no es el más amoroso ni amistoso peeeeeeeeero...