Los personajes pertenecen a Clamp, y algunos son parte de la historia original.

La historia no es mía, solo es una adaptación de un libro que leí hace mucho tiempo, que ya había sido subido a la plataforma, y que planeo terminar. Su nombre es Camino al amor y es de la autora Miranda Lee.

Sin fines de lucro, sólo por placer personal. Espero les agrade la historia. :)

2

Sakura no se fue a pasear. Cuando sintió la amenaza de las lágrimas, se dirigió directamente a la oficina. En el ascensor intentó controlarse, pero en cuanto se abrieron las puertas en el piso decimosegundo, comprendió que su capacidad de control estaba a punto de abandonarla.

Desgraciadamente, las oficinas de la firma de abogados Sasaki & Terada estaban al final de un pasillo en aquel momento muy concurrido. Y llorar no sería una opción hasta que estuviera completamente a solas.

Sakura apretó los dientes y se lanzó sobre la moqueta gris, esbozando una artificial sonrisa cada vez que se cruzaba con algún conocido.

Al final consiguió llegar a la oficina, pero sólo para encontrar a Naoko, la recepcionista, comiendo detrás del escritorio.

-¿Por qué has vuelto tan pronto? -le preguntó Naoko en cuanto la vio-. ¿No se suponía que ibas a comer con tu novio en el ClowCard?

Sakura apretó los dientes con fuerza.

-Lo han llamado por un asunto de trabajo. Así que he decidido venir a tomar aquí el café.

-Qué tonta. Yo me habría quedado allí. Aquí el café es malísimo.

-Oh, bueno... -Sakura forzó una sonrisa y pasó a la habitación en la que estaba la cafetera, deseando que estuviera desierta para poder llorar tranquilamente.

Pero desgraciadamente, estaba allí su jefa.

-¿Por qué demonios has vuelto tan temprano? -le preguntó Rika en cuanto la vio-. Creía que estabas con tu novio.

Sakura ya no pudo seguir conteniéndose.

Rika se quedó literalmente sin respiración cuando Sakura rompió a llorar. Durante los seis meses que llevaba trabajando para ella, Sakura no había llorado una sola vez. Ni siquiera se había alterado nunca. Era tan fría y competente que a veces Rika se olvidaba de que sólo tenía veinticinco años.

Rika no era una persona de naturaleza dulce o compasiva, pero tenía una experiencia considerable en tratar a mujeres llorosas. Y también en los motivos que las hacían llorar. No en vano, estaba especializada en casos de divorcio.

Así que no hizo falta que nadie le dijera que había un hombre detrás de las lágrimas de Sakura. Y sólo había un hombre en la vida de Sakura: el exitoso y encantador Yukito Tsukishiro.

Tomó un puñado de pañuelos de papel de la caja que había sobre el mostrador, se los entregó a su secretaria y después la hizo pasar a su despacho.

-Siéntate -le ordenó, empujando a Sakura en una de las cómodas sillas de cuero que había frente a su escritorio, antes de ocupar ella misma su asiento.

Una vez allí, esperó pacientemente a que hubiera terminado lo peor del ataque de llanto.

-¿Puedo ofrecerte algo? -le preguntó entonces-. ¿Un café, un brandy? ¿Quieres que le dé un puñetazo a algún hombre?

Sakura alzó la cabeza y rió con pesar.

-¿Quieres hablar sobre ello? -le preguntó Rika.

Sakura miró a su jefa y de pronto vio en ella no sólo a una brillante abogada, sino a la mujer. Una mujer de treinta y ocho años, muy atractiva, con el pelo corto y rojizo, los ojos oscuros y una excelente figura. Era una mujer altamente respetada por sus colegas y clientes y estaba casada con Yoshiyuki Terada, el primer socio de la firma.

¿Pero cómo habría sido su pasado? Estaba segura de que una mujer como ella debía haber tenido otros hombres en su vida. Docenas de hombres. Parecía saber mucho más de la vida que Sakura. Quizá Rika intentara explicarle que lo que había sucedido entre Yukito y aquella rubia era algo que podía perdonarle.

Porque eso era precisamente lo que ella realmente quería hacer. Tras haber tenido algunos minutos para pensar en ello, cortar con Yukito le parecía una posibilidad demasiado terrible.

Así que le contó a su jefa lo que había pasado. Rika la escuchó sin interrumpirla. Su rostro no expresaba nada, pero Sakura sospechaba que no la había sorprendido. Lo cual sorprendió a Sakura.

-¿No te sorprende? -le preguntó.

Rika esbozó una sonrisa.

-Nada de lo que hagan los hombres me sorprende Sakura. Y cuanto más atractivo es un hombre, menos me sorprende, Así que no, no estoy sorprendida. Sin embargo, creo que es una pena que hayas descubierto esa pequeña indiscreción de Yukito. Porque en caso contrario, continuarías siendo perfectamente feliz con él.

-Pero... Pero no ha sido sólo una pequeña indiscreción. Me ha sido infiel. Y sospecho que más de una vez. No me he creído ni por un momento que se acostara una sola noche con ella.

-¿Por qué? ¿Tan atractiva era?

-Era increíble, tenía unos senos tan grandes como los que aparecen en las revistas.

-Quizá Yukito sea un fetichista de los senos. O quizá ella le haya dado algo que tú no has sido capaz de darle. Perdóname por meterme en tu vida, Sakura, pero no puedo darte un consejo sin conocer los hechos. ¿Estás segura de que satisfaces a Yukito en la cama?

-Yo... Yo pensaba que sí.

-¿Por qué? ¿Porque tenéis relaciones sexuales con frecuencia?

-Bueno, ¿no es ese el criterio principal? -Sakura tenía la impresión de que los hombres se quejaban de que nunca tenían suficiente.

-No necesariamente. Algunos hombres están más interesados en la calidad que en la cantidad. Hay diferentes posturas. Lugares diferentes. Supongo que tú no serás una de esas jovencitas tímidas que sólo hacen el amor en la cama y con la luz apagada, ¿verdad?

-Por supuesto que no -negó con calor. Y realmente no lo era.

En realidad era Yukito el que quería que lo hicieran siempre en la cama. Y era único creando un escenario romántico, con sábanas de satén, velas perfumadas y música de ensueño.

Y a ella también le gustaba, claro. A Sakura le gustaba la comodidad. Y la luz de las velas era muy favorecedora. En cuanto a lo de las diferentes posturas… Bueno, Sakura agradecía que Yukito no quisiera hacer el amor a cuatro patas y en el suelo. Ni apoyado contra la pared de la ducha, o con ella encima...

Le bastaba pensar en aquella exposición física para acobardarse.

Pero en aquel momento, se preguntaba si en realidad Yukito aspiraba a hacerlo de esas formas y no se había atrevido a pedírselo. ¿Habría hecho el amor con aquella rubia en el ascensor para realizar sus fantasías sexuales?

-¿Y qué me dices del sexo oral? -insistió Rika. Sakura se sonrojó violentamente. Le resultaba muy extraño tener aquel tipo de conversación con su jefa.

-Eh... digamos que no es mi forma favorita de hacer el amor -confesó. Lo había hecho una sola vez. Y durante veinte segundos. Pero, afortunadamente, Yukito la había detenido antes de que ocurriera algo irremediable. Nunca le había pedido que volviera a hacerlo-. No creo que tampoco sea la forma favorita de Yukito -añadió a la defensiva.

-¿De verdad? Me extraña, porque a la mayoría de los hombres les encanta. Pero supongo que tú conoces a tu novio mejor que nadie.

-Eso pensaba -se lamentó Sakura-. Pero a lo mejor no lo conozco en absoluto. Quizá toda nuestra relación haya sido una farsa. A lo mejor ha estado teniendo todo tipo de aventuras desde el principio.

-No creo, Sakura. Si hubiera sido así, yo lo sabría.

-¿Qué?

Rika le dirigió una divertida mirada.

-Yoshiyuki y yo estamos viviendo en el mismo edificio que Yukito desde que empezaste a salir con él. Compartimos el garaje, los ascensores, la piscina y el gimnasio. Y nunca lo he visto con otra mujer. Ni una sola vez.

Sakura sonrió radiante ante aquella noticia.

-¿Pero a qué se refiere Yukito cuando dice que sólo buscaba sexo con esa rubia? -le preguntó-. Yo tengo la impresión de que ni siquiera le gustaba, y eso es precisamente lo que no entiendo. ¿Cómo puedes tener sólo sexo con alguien que ni siquiera te gusta, o a quien no conoces? ¿Eso sólo lo pueden hacer los hombres? ¿Es algo que las mujeres no podemos comprender?

Rika la miró con incredulidad.

-¿Nunca has fantaseado con tener relaciones con un desconocido, o con conocer a un hombre y acostarte con él nada más verlo? Sin preliminares, sin palabras de por medio. Sólo puro sexo.

-Dios mío, no -negó Sakura, con el rostro nuevamente sonrojado-. No se me ocurre nada peor. A mí tiene que gustarme un hombre antes de acostarme con él.

-¿Nunca has tenido una aventura de una sola noche?

-No, jamás.

-Vaya, vaya. Eres una chica realmente original, Sakura. Quizá sea esa la razón por la que Yukito no quiere perderte. Ese romanticismo y esa visión de la lealtad son muy escasos en estos días.

Él puede confiar plenamente en ti. Lo que nos hace volver al inicio del problema. ¿Podrás volver a confiar en él? ¿Deberías o no deberías romper con él? ¿Deberías creer lo que te dice y darle otra oportunidad?

-Ese es exactamente mi problema -se lamentó Sakura-. Sinceramente, no sé qué hacer.

-Y sinceramente, no puedo decirte lo que tienes que hacer. Tiene que ser una decisión tuya. Lo único que puedo decirte es que he conocido a muchas mujeres que se han arrepentido de poner fin a su matrimonio tras un caso de adulterio. Han terminado sintiéndose solas y tristes, mientras que su marido se ha ido con la otra mujer.

-De eso es de lo que tengo miedo. De sentirme triste y sola.

-Entonces dale otra oportunidad. ¿Qué tienes qué perder?

-Mi orgullo y mi respeto por mí misma.

-¿Y crees que encontrarás orgullo y respeto por ti misma en una cama vacía?

Pero no era el sexo lo que Sakura iba a echar de menos. Era la compañía. Y la sensación de tener un objetivo. Y la promesa de un feliz futuro en pareja.

Suspiró.

-Supongo que al final volveré con él. Pero no quiero perdonarlo tan fácilmente.

-¿Prefieres hacerlo sufrir durante algún tiempo?

-Sí, supongo que sí. De esa forma podría hacerle comprender lo mucho que me ha hecho sufrir.

-¿Sabes? Creo que no es mala idea -dijo Rika, con expresión pensativa-. ¿Por qué no te vas a alguna parte este fin de semana sin decírselo? Hazlo sufrir un poco. Deja que se preocupe por dónde o con quién puedes estar. Te garantizo que cuando vuelvas a su lado, dejará de dar por sentado que vas a estar siempre a con él.

La idea era atractiva.

-¿Por qué no vuelves a tu casa este fin de semana? -le sugirió.

-Ese es el primer lugar en el que Yukito pensaría. Estoy segura de que llamaría a mi casa.

-¿Y no has oído hablar de las mentiras, Sakura? No contestes al teléfono cuando llame y pídele a tu padre que le diga que no sabe nada de ti.

-Sí, podría hacerlo. El problema es que Sonomi me haría toda clase de preguntas.

-¿Quién es Sonomi? Creía que eras hija única y que tu padre era viudo.

-Y es cierto. Sonomi es su ama de llaves. Es una mujer adorable, pero demasiado intuitiva. Y, sinceramente, no quiero hablarle de esto. Yukito vino en Navidad a mi casa y la verdad es que no estuvo muy amable. Nunca lo está cuando se aburre. Y no quiero seguir arruinando su imagen si voy a volver con él.

-De acuerdo. Así que descartamos lo de tu casa -Rika comenzaba a mordisquear el bolígrafo como si estuviera trabajando en una estrategia legal. Al final se inclinó hacia delante y se levantó-. ¡Ya lo tengo! Le preguntaré a Wei si puedes usar la casa que tiene en la playa. Él no va a ir este fin de semana. Espera.

Antes de que Sakura hubiera podido contestar, Rika ya se había marchado.

Wei era el tercer socio de la firma. Con cuarenta años y abiertamente homosexual, representaba a algunos importantes clientes del mundo del deporte. Sakura no tenía mucha relación con él. Al igual que Yoshiyuki. Wei tenía su propia secretaria. Pero había oído hablar de la casita que tenía en la playa, a la que Naoko llamaba su «nidito de amor».

Al parecer, estaba cerca de Tomoeda, suficientemente lejos como para mantener apartados a los turistas y al mismo tiempo, suficientemente cerca de la civilización como para poder disponer de los servicios imprescindibles, entre los que incluía una buena selección de restaurantes.

Al cabo de unos minutos, Rika regresó con un manojo de llaves y unos mapas.

-Misión cumplida -anunció, dejando los objetos en el regazo de Sakura-. Wei, el generoso y encantador Wei, nunca hace preguntas indiscretas. Se ha limitado a darme esto y a decirme que espera que todo te salga bien. La verdad es que no eres la primera mujer en crisis que enviamos allí y todas regresan hablando maravillas de ese lugar.

-¿Cómo es?

-La verdad es que nunca he estado allí. Demasiada tranquilidad para mi gusto. Además, tampoco soy muy partidaria del sol y del mar. Puedo nadar un rato, pero siempre termino abrasándome. En cualquier caso, Wei me ha dicho que puedes disponer libremente de todo lo que tiene en el frigorífico y en la despensa. También tienes una gasolinera a un kilómetro de la casa en la que venden todo lo que puedas necesitar: pan del día, leche, tabaco, bombones y preservativos.

-Muy graciosa, Rika -contestó Sakura secamente-, pero no creo que los preservativos estén en la lista de mi compra.

-Bueno, nunca se sabe. Lo único que me ha advertido es que procures salir antes de las tres de la tarde para no tener que soportar ningún atasco. Y me ha sugerido que, en vez de venir el domingo por la tarde, vuelvas el lunes por la mañana por la misma razón. Todavía tienes tu coche, ¿verdad?

-Sí, por supuesto, pero...

-Sé exactamente lo que vas a decir. Supuestamente, no terminas de trabajar hasta las seis de la tarde, porque tienes una jefa que trabaja como una esclava. Pero sólo por esta vez, te dejaré salir más temprano. Y no necesitas darme las gracias -añadió riendo, al ver la expresión estupefacta de Sakura-. La semana que viene te haré recuperar el tiempo perdido.

Sakura sonrió con recelo. No lo había dudado ni por un instante. Su jefa era una verdadera adicta al trabajo.

-Si Yukito llama o se pone en contacto contigo, no le digas dónde estoy, ¿de acuerdo?

-Le diré que me has pedido la tarde libre y que te has ido a pasar fuera el fin de semana, pero que no sé adónde. Y tú no te olvides de desconectar el teléfono móvil. O mejor aún, no te lo lleves.

-Siempre lo llevo en el coche por si surge alguna emergencia, pero lo dejaré desconectado todo el fin de semana.

-Excelente.

Cuando se levantó con el mapa y las llaves en la mano, Sakura comenzó a tener dudas.

-¿Estás segura de que esto es lo que debo hacer? A lo mejor Yukito se enfada y me abandona.

-Si lo hace, entonces es que realmente no te quiere.

-Tienes razón.

-Y ahora vete. Y diviértete.

Sakura no lo creía probable, pero sonrió.

-Gracias otra vez, Rika.

-El placer es mío.