Los personajes pertenecen a Clamp, y algunos son parte de la historia original.
La historia no es mía, solo es una adaptación de un libro que leí hace mucho tiempo, que ya había sido subido a la plataforma, y que planeo terminar. Su nombre es Camino al amor y es de la autora Miranda Lee.
Sin fines de lucro, sólo por placer personal. Espero les agrade la historia. :)
3
Meiling estaba en casa cuando Sakura llegó a su apartamento. No era algo habitual, ni siquiera a las dos de la tarde de un viernes.
A menudo, Meiling era catalogada como una rica insoportable, pero eso no era del todo cierto. Era verdad que su padre le había regalado aquel apartamento de dos habitaciones lujosamente amueblado cuando había cumplido veintiún años, pero tampoco era un palacio.
Era, sin embargo, un lugar adorable, con la moqueta gris, las paredes blancas y los muebles de moderno diseño. Y no se parecía nada a la casa en la que Sakura había crecido.
Meiling había tenido una gran suerte al recibir aquel caro regalo. Desgraciadamente, a pesar de los millones que tenía su querido papá, el día que había recibido las llaves de aquel apartamento, éste había dejado de pasarle dinero, considerando que, al igual que había hecho su hermano, a los veintiún años estaba perfectamente capacitada para ganarse la vida.
A pesar de que no tenía ninguna práctica en el arte de ganarse la vida, pues desde que había salido del instituto no había hecho nada más que salir con los amigos e ir de compras, Meiling había aceptado el desafío con gusto. En primer lugar, había alquilado uno de los dormitorios de su apartamento, y después había buscado trabajo como modelo. Aunque no tenía altura suficiente para desfilar, su melena negra y su figura le habían proporcionado mucho trabajo como modelo fotográfico.
Sin embargo, su objetivo en la vida continuaba siendo casarse con un marido rico.
Pero no todavía. A los veintitrés años, Meiling todavía estaba concentrada en divertirse.
Y claro que lo hacía. Aunque tenía un novio que se llamaba HinLu, también salía sola muy a menudo.
Para Sakura era una compañera de piso encantadora. Siempre estaba contenta y no era en absoluto perezosa con las tareas del hogar.
Otra de las cosas que le gustaba de ella era que no fumaba. Una rara cualidad, había descubierto Sakura después de compartir apartamento con otras chicas durante los últimos años.
Cuando Sakura entró en casa, encontró a Meiling encaramada a uno de los taburetes de la cocina, pintándose las uñas de los pies. Llevaba unos pantalones cortos y un top, ambos de color azul.
-¡Dios mío! -exclamó al ver entrar a Sakura-. ¿He perdido la noción del tiempo? No me digas que ya son las seis. ¡HinLu va a venir a buscarme a las siete y acabo de empezar a arreglarme!
-No te asustes, son las dos y media.
-Gracias a Dios. ¿Pero entonces qué estás haciendo en casa? No puedes estar enferma. Tú nunca te pones enferma -comentó mientras la miraba más de cerca-. Pero pareces un poco nerviosa.
-No estoy enferma. Rika me ha dejado salir antes de tiempo.
-Estás bromeando. ¡La comandante Sasaki te ha dejado salir antes y no estás enferma!
-No, no bromeo.
Meiling abrió los ojos como platos.
-Esto es muy extraño. ¿Entonces qué ha pasado? ¿Ha habido un aviso de bomba en la oficina?
-Qué va.
-¿Entonces qué? Mi mente no alcanza a imaginar qué tipo de catástrofe ha podido ocurrir para que ocurra algo tan extraordinario.
-Venga, Mei, Rika no es tan mala. Simplemente le gusta trabajar.
-Y también hacerte trabajar.
-Pero aprecia el trabajo que hago, y me paga muy bien.
-Bueno.
-No te gusta, ¿verdad? Pero sólo la has visto una vez.
-Una vez ya ha sido más que suficiente. Esa mujer es dura como una bota vieja. Quizá sea necesario para ser especialista en divorcios, pero puedo asegurarte que no me gustaría estar casada con ella.
Aunque Sakura pensó que Meiling estaba siendo un poco dura, sus comentarios le hicieron pensar que quizá Rika no era la persona más adecuada para aconsejarle sobre su problema con Yukito. Rika tenía un punto de vista bastante cínico sobre la vida, los hombres y el sexo. Había acusado a Sakura de ser una romántica idealista, pero a Sakura le parecía normal esperar que un hombre que decía amarla le fuera fiel.
-Por el amor de Dios, ¿vas a decirme de una vez por qué has llegado tan pronto? -estalló Meiling con impaciencia-. ¿O piensas pasarte aquí el resto del día, con la mirada perdida?
-No tengo mucho tiempo -respondió Sakura, mientras metía dos rebanadas de pan en el tostador-. Tengo que hacer las maletas y salir antes de las tres. Y además, necesito comer algo.
-¿Hacer las maletas? Cada vez siento más curiosidad.
-Si quieres enterarte de los detalles más truculentos, no me interrumpas.
-¡Detalles truculentos! Oh. Cuenta, cuenta. Lo siento -se disculpó rápidamente—cuando Sakura la miró con enfado-. No diré una sola palabra más -hizo el gesto de cerrarse la boca como si tuviera una cremallera.
Sakura miró a su amiga, pensando que aquello iba a ser una pérdida de tiempo, pero Meiling no la dejaría en paz hasta que lo averiguara todo. Era como Naoko. Y como Sonomi Y, posiblemente, como muchas mujeres, acostumbradas a compartirlo todo. Pero Sakura no era tan extrovertida como Meiling. Su capacidad de comunicación y sus habilidades sociales no eran algo natural, sino algo que había adquirido a fuerza de práctica y mucho trabajo. Ella era de naturaleza tímida y muy reservada sobre sus sentimientos.
A veces, Sakura tenía la sensación de que la imagen que proyectaba no era la verdadera Sakura en absoluto. Y en algunas ocasiones, cuando se miraba al espejo, continuaba viendo en él a la adolescente tímida y gordita que en otro tiempo había sido.
-Sakura, por el amor de Dios.
-Sí, ya voy. Me estaba preguntando por dónde empezar.
-Por cualquier parte, ¡pero empieza ya!
Contarle a Meiling todo lo ocurrido no le llevó tanto tiempo como contárselo a Rika, posiblemente porque ya no estaba llorando histéricamente.
-No te creo -estalló Meiling cuando Sakura terminó su sórdida historia-. ¿Yukito engañándote con una rubia sólo porque tiene un busto de revista? No tiene sentido.
-No olvides que él mismo lo ha confesado, Mei -le recordó Sakura con pesar-. Pero por supuesto, sólo fue sexo -añadió con una nueva dosis de amargura-. Y la mujer se arrojó a sus brazos. Prácticamente le arrancó la ropa al pobrecito y él no fue capaz de contenerse. Pero esa mujer no significa para él nada en absoluto.
-Bueno, ya me lo imaginaba. Yukito está loco por ti.
-Eso dice él. Pero me gustaría poder entenderlo, Mei. Quiero decir, ¿alguna vez has estado loca por alguien y al mismo tiempo has conocido a otro hombre que te haya gustado tanto como para acostarte con él?
-¡Claro que sí! Cuando conocí a HinLu, estaba saliendo con Tao, que estaba buenísimo, te lo aseguro. Pero claro, en cuanto conocí a HinLu dejé a Tao.
Sakura elevó los ojos al cielo.
-Sí, pero no estabas enamorada de ese Tao, ¿verdad?
-Supongo que no. Y fue una suerte –añadió con una sonrisa traviesa-. Porque HinLu es mucho mejor en la cama.
-Oh, eres un caso perdido. Nunca te tomas nada en serio.
-Y tú, Sakura Kinomoto, te tomas la vida demasiado en serio. Mira, por una vez, estoy de acuerdo con tu jefa. Creo que deberías perdonar a Yukito. Dale otra oportunidad. No ha intentado seguir saliendo con la rubia después del congreso, ¿verdad? Y si ella se presentó en el ClowCard, será porque vive en Tokyo.
Sakura dio un mordisco a su tostada y lo masticó pensativa.
-No, no creo que viva en Tokyo. Yukito se ha quedado de piedra al verla. A lo mejor estaba sólo de paso.
-De acuerdo, déjalo entonces. Haz lo que te haga más feliz.
-Pero eso tampoco me hará feliz. Me sentiré terriblemente sola y desgraciada sin él.
-¡Tonterías! Encontrarás a otro hombre en nada de tiempo, sobre todo si empiezas a salir conmigo. Tendrás a tantos hombres maravillosos detrás de ti que no sabrás con cual empezar a salir.
-Pero yo no quiero salir con otro -replicó Sakura frustrada-. Yo quiero que las cosas continúen como estaban. Con Yukito.
Meiling suspiró exasperada.
-De acuerdo, entonces dale otra oportunidad. Pero si es eso lo que piensas hacer, ¿qué sentido tiene que te vayas a una playa este fin de semana? Podrías quedarte aquí, decirle a tu amorcito que lo perdonas y pasarte el fin de semana en la cama con él.
Sakura hizo una mueca al pensar en ello. ¿Cómo iba a acostarse con Yukito, teniendo en la mente la imagen de él y de esa rubia haciendo el amor en el ascensor?
-No puedo -dijo, encogiéndose de hombros-. Tan pronto no. Además, Yukito no se merece que lo perdone tan rápidamente. Se merece sufrir.
-Eso no parece propio de ti, Sakura. Parece más propio de tu jefa. De hecho, a ella se le debe de dar muy bien sufrir. Apuesto a que ella y su marido son «sadomasos» en privado. Y a que es ella la que lleva el látigo.
-No digas tonterías. La gente normal no hace esas cosas.
-No te creas. Muchísima gente normal encuentra placer en las prácticas sadomasoquistas. ¿Yukito nunca ha intentado atarte a la cama?
-¡Por supuesto que no!
¡Menuda idea! A Sakura ya le costaba suficiente estar desnuda a su lado. La idea de estar desnuda y atada a la cama le produjo un estremecimiento de revulsión, sobre todo al imaginarse a Yukito mirando rincones de su cuerpo que siempre había intentado ocultarle.
-HinLu siempre quiere hacerlo -le confió Meiling-. Y quizá algún día le deje.
-¿Estás loca? ¿Y qué ocurrirá si hace cosas que... bueno, cosas que no quieres que te haga?
Meiling hizo una mueca.
-Sí, tienes razón. Hace falta confiar mucho en un hombre para dejar que te haga esas cosas. Y no sé si confío lo suficiente en HinLu. Creo que será mejor que lo ate yo -contestó, con una sonrisa-. Supongo que también tiene que ser muy divertido.
-Estás completamente loca.
-Y tú deberías aprender a estarlo -repuso Meiling-. Desde luego, si yo pensara en irme a la playa un fin de semana porque mi novio me ha engañado, procuraría no irme sola. Intentaría darle a Yukito un poco de su propia medicina. Sí, eso es exactamente lo que haría.
-Pero yo no soy tú -respondió Sakura, casi con pesar. Sería magnífico no sentir las cosas tan profundamente.
-Afortunadamente. Porque en ese caso no me caerías tan bien. Mira, no me hagas caso, Sakura. A veces puedo ser terrible. ¿Por qué crees que quiero casarme con un hombre más rico que mi padre? Porque quiero demostrarle a ese viejo agarrado unas cuantas cosas. Nunca lo perdonaré por haberme abandonado a los lobos como lo hizo. Y si lo que quería era que estudiara, ¿por qué no me lo dijo cuando todavía estaba en el instituto? De esa forma, podría haber hecho algo de mí misma cuando todavía tenía oportunidad y no tendría que pasarme la vida convertida en una percha y sufriendo las ideas preconcebidas de los hombres simplemente porque soy modelo de ropa interior.
Sakura miró a su amiga fijamente, sorprendida por la intensidad de sus sentimientos. Hasta entonces, no había sido consciente del daño que le había hecho aquel hombre a su amiga.
-Lo siento -musitó Meiling-. Ya tienes suficientes problemas como para que yo venga a contarte los míos.
-Yo... No sabía que era eso lo que pensabas de tu trabajo. Y tampoco que los hombres te trataran mal por ser una modelo.
Meiling se encogió de hombros.
-La mayoría no lo hace. Pero hoy he conocido a uno de esos patéticos ejemplares del sexo masculino cuando estaba en una sesión fotográfica y me ha ignorado. Me ha tratado como si no existiera. ¡Y yo estaba posando delante de él con el sujetador de encaje más sexy que he visto en mi vida!
-¿Quién era él?
-Un millonario que ha comprado la revista de moda para la que estoy trabajando. Aunque seguro que mi padre es diez veces más rico que él.
-¿Es atractivo?
-Sí, supongo que sí. Tiene los ojos negros y unas pestañas impresionantes. Y un cuerpo magnífico para tener más de treinta años. Pero es un tipo de lo más arrogante.
-Te gusta.
-¡No!
-Sí, claro que sí. Y estás enfadada porque él no parece sentir lo mismo por ti.
-Bueno... Quizá un poco.
-¿Vas a volver a verlo?
-Lo dudo.
-¿Y vas a tener que volver a posar para esa revista?
-La semana que viene. Mi agente me ha llamado hoy. Se suponía que tenía que hacerlo otra de las chicas, pero se ha puesto enferma y mi agente me ha pedido que la sustituya.
-Qué coincidencia.
Meiling frunció el ceño ante el tono de Sakura.
-¿No crees que...?
-Es posible, ¿no? -dijo Sakura, encogiéndose de hombros-. Hay que ser realistas, Mei. La mayor parte de los hombres se fijaría en ti. Especialmente estando medio desnuda. El hecho de que ese tipo te haya ignorado sólo puede significar dos cosas: o es gay, o le gustas pero no quiere que sea evidente.
-¡Dios mío! -exclamó Meiling-. ¿Siempre tienes esa mente tan retorcida?
-Digamos que mi experiencia con los hombres está empezando a hacerme pensar de esa forma. Y ahora, tengo que empezar a pensar en irme. Si llama Yukito, dile que voy a pasar el fin de semana fuera, pero que no sabes dónde.
-No le va a hacer ninguna gracia.
-Es una pena. Pero a mí tampoco me ha hecho gracia lo que ha pasado hoy.
-Vaya, vaya. Pareces dispuesta a pelear.
-Digamos que no estoy de muy buen humor. Esa es la razón por la que me voy. Necesito tiempo para pensar. Y tiempo para tranquilizarme. A lo mejor el lunes veo las cosas más claras.
-Con un hombre, las cosas nunca están claras, Sakura. Es imposible intentar comprenderlos. Pero aun así, no puedo vivir sin ellos.
-Yo sí que puedo vivir sin ellos -repuso Sakura-. Lo hice una vez y puedo volver a hacerlo. Pero ahora tengo que averiguar si es eso lo que quiero.
