Vale. He decidido cambiar el rating de esta historia porque probablemente toque algunos temas adultos; después de todo hablamos de la vida real y de adolescentes que deberán madurar. Si eres joven e inocente talvez quieras leer otra cosa.
Aprovecho a agradecer los reviews del capítulo anterior, porque es gracias a ellos que recuerdo que tengo lectores y que por eso sigo escribiendo. Les sorprendo con capítulo nuevo y espero que me digan qué van pensando de 'FF'.
Capítulo Ocho: Hagamos una tregua.
Al día siguiente Hermione llegó desvelada al colegio.
La verdad es que desde que Víktor era todo un adulto, y uno responsable que se había ganado la confianza de los Granger; el toque de queda de Hermione se había extendido por una hora más. Entonces la noche anterior Víktor la había llevado a una cafetería de estilo barroco que quedaba por la Universidad.
Lo habían pasado tan bien, que a Hermione se le fue el tiempo volando, por lo que cuando Víktor se estacionó frente a su casa, le plantó un rápido beso en la mejilla y salió corriendo del auto porque tenía deberes que hacer.
Durmió hasta tarde y ahí estaba ahora, intentando no babear sobre su trabajo en el pupitre.
Draco la miraba divertido, esperando que en cualquier momento una mosca entrara volando por la boca de Hermione. Si se quedaba dormida, él no dudaría un segundo en meterle un lápiz para tomarle una fotografía.
Nunca la había visto tan adormilada, por eso mismo esto era oro puro.
Ocurriéndosele una mejor idea, tomó su teléfono de última tecnología y lo acomodó discretamente, de tal manera que pudiera grabar sin problema alguno a la joven castaña.
-Te colgaré si presionas 'grabar' –Hermione le dijo de pronto, dándose cuenta de sus intenciones.
-No sé de qué hablas –aparentó inocencia.
-¿Crees que no recuerdo aquella vez en que Ron se quedó dormido en el autobús escolar y le llenaste la boca con los guisantes de su desayuno, y le tomaste fotos que esparciste por todo Sunny Hills?
-No sería capaz de eso.
La castaña giró los ojos –y yo no sería capaz de estudiar para un examen.
-Veo que amaneciste con un humor sardónico… me encanta.
-Conmigo tus trucos no funcionan, Draco. No pienso pasarte el ejercicio trece.
El rubio suspiró enderezándose en el asiento. Se suponía que debían estar concluyendo el trabajo, pero como el profesor estaba más interesado leyendo el periódico, prefería platicar –no eres tan inmune a mis encantos como presumes, Granger.
Hermione trató de girar los ojos, pero le ganó mejor el bostezo –no digas idioteces y mejor ponte a trabajar.
Ambos jóvenes se enfrascaron en los difíciles problemas que tenían. Pero no duró mucho la atención del rubio porque de pronto dijo – ¿porque vienes tan desvelada un martes? Ya me has contado la horrenda traición de Potter, pero no me dijiste a donde te fuiste después de dejarlo en B&J's. Pasé por tu casa y no estabas, tampoco contestaste mis llamadas.
Hermione volvió a bostezar cansada –no quiero hablar de eso. Creo que lo mejor sería irme a casa, tengo demasiado sueño.
-¿Segura que es eso? –preguntó con sospecha. Bien podía apostar a que era la excusa para no encontrarse con Potter y su nueva novia.
-¿Y qué más va a ser? –borró nuevamente su resultado. –No me ha vuelto a checar el resultado…
-Dímelo tú.
-Mejor déjame trabajar ¿quieres? –bufó molesta tecleando con más fuerza de la necesaria su calculadora.
Draco no replicó, pero el mal humor de Hermione le confirmaba su sospecha: la joven no quería encontrarse con Romilda Vane y Harry Potter. –Si quieres puedo hacer que la tiren de la pirámide humana –no recibió respuesta. –O podría darle soda con calorías y decirle que es de dieta –siguió siendo ignorado. –O podría arruinar su maquillaje, ya sabes, ponerle pintura de payaso –esta vez vio que su amiga dibujaba una pequeñísima sonrisa.
-O podrías decirle que una agencia de modelos la ha estado buscando… –dejó el lápiz a un lado siguiendo el juego.
-… y darle la dirección errónea enviándola al basurero de la ciudad –ambos rieron con ganas.
-Gracias, Draco –le dijo con la más dulce de las sonrisas cuando paró de reír –siempre sabes cómo mejorar mis días.
Algo extraño y novedoso flipó en el joven. Y como si el mar rojo se abriera ante él, de pronto fue como ver a Hermione con otra luz.
¿En qué momento le habían salido hoyuelos en las mejillas? ¿O cuando le habían quitado los frenillos? ¿Cuándo su cabello se volvió manejable y dejó de ser una esponja sin forma? ¿Sus ojos siempre habían sido así de grandes y brillantes? ¿Qué se sentiría besar esos labios tan carnosos?
-¿Draco? ¿Estás bien?
Glup.
-Estás pálido… más que de costumbre. ¿Quieres ir a la enfermería?
-Yo... no…
-¡Profesor…! –llamó ignorando las negativas de su amigo.
-No es necesario…
-Draco se siente mal, ¿puedo llevarlo a la enfermería?
-He dicho que no…
-Vamos, Draco –se paró para tomarlo del brazo.
-¡He dicho que no! –gritó sobrecargado por las atenciones de Hermione. Todo el mundo volteo a verlo. –Demonios –masculló tomando su libreta y largándose de ahí.
Hermione se quedó completamente en estado de shock. Prontamente los susurros comenzaron a sonar como nido de abejas y nadie apartaba la vista de la más aplicada de la clase.
Sintiéndose completamente avergonzada y a punto de las lágrimas, tomó también sus cosas y por vez primera abandonó una clase sin autorización del maestro.
.
A la hora del almuerzo, Romilda Vane esperaba a Harry a la entrada del comedor; previniendo así que el chico lograse escaparse como el día anterior. Había escogido usar el traje de gala de las porristas para declarar que ella era la líder y así sellar su popularidad al salir con el nuevo capitán de baloncesto.
Una lástima que Harry no llevara puesto su uniforme porque se verían monísimos y serían la envidia de toda la escuela.
Justo como previno, Harry llegó con su inseparable amigo Ron.
-¡Harry, cariño! –saludó con un beso en la mejilla y colgándosele inmediatamente del brazo.
El moreno miró a su amigo suplicante, pero este se encogió de hombros y se metió primero al comedor. La postura de Ron era lo más arbitraria posible.
Por un lado, creía que Hermione estaba haciendo demasiado drama por la primera novia de Harry (¡ya quisiera él estar en el lugar de su amigo!); pero por el otro creía que Harry podría haberlo esperado para salir con las gemelas Patil (como era su meta este año).
Buscó a Hermione o a Draco para sentarse con ellos, pero no los encontró. No debía extrañarle, probablemente Hermione seguía con su terco orgullo y Draco alentándola para apartarla de ellos.
Suspirando se sentó con dos chicos que también eran parte del equipo – tengo entendido que tienen varias clases con Hermione ¿la han visto?
Ambos chicos negaron –no llegó a historia. Pero Helen me dijo que en la clase de cálculo Hermione y Malfoy armaron una escena.
-¿Una escena?
-Sí. Creo que Malfoy se sentía mal y Hermione lo quiso ayudar; pero el canalla terminó gritándole y ambos salieron de la clase, pero cada uno por su lado.
Ron se quedó con la boca abierta.
-Ya era justo. –Alcanzó a escuchar que una chica decía desde la mesa detrás de él. –La monjita cree que puede acaparar al chico más guapo del colegio, pero está claro que él ya se ha fastidiado de ella.
Por un momento creyó que había entendido mal. Nadie hablaría así de Hermione, mucho menos insinuando que ella y Draco tenían algo. Además Hermione nunca pensaría en tomar los hábitos… ¿O sí?
-Los chicos como Malfoy no salen con aburridas nerds como ella –finalizó la desconocida como si zanjara una verdad universal.
Ronald se quedó helado. ¡Sí que hablaban de su amiga! Intentó pensar en algo rápido y mordaz que decir, pero apenas se le ocurrió una gran idea, las puertas del comedor se abrieron dramáticamente.
Por ellas entraron tomados de la mano la líder de las porristas y su amigo Harry.
Imposible pronosticar que noticia del día tomaría más importancia entre los alumnos del colegio Hogwarts.
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Hermione llegó llorando a su casa.
¡Draco había sido muy injusto! ¡Ella solo quería ayudarle!
Afortunadamente sus padres no se encontraban, porque no sentía la fuerza para explicarles porque razón había llegado a casa tan temprano.
Decidió que por esta vez le vendría bien estar sola en la comodidad de su hogar.
Pero después de medio litro de helado y una dosis de 'lo que el viento se llevó', seguía sintiéndose miserable y muy, muy dolida. Necesitaba salir y olvidarse de Draco.
No podía hablar a Harry porque seguramente estaría siendo succionado por Romilda. Y tampoco a Ron porque… bueno, porque él nunca había sido bueno para consolarla (Como aquella ocasión en que se cayó de la bicicleta y Ronald preguntó si podía repetirlo porque se lo había perdido)
Se asustó cuando comprendió que su vida social ascendía a la pequeña cantidad de tres personas.
Bueno, cuatro si contaba a Víktor. Podría llamarlo nuevamente...
Mala idea. ¿Qué tendría un universitario que ver con problemas de colegio?
O bien debería considerar hacer una tregua con Romilda, tal vez de este modo le prestara a Harry...
Una idea peor.
Aunque estaba Ginny también, pero seguramente seguiría en la escuela y siendo hermana de Ron, la verdad es que no quería inmiscuirla mucho. Además evidentemente sentía algo por Harry y lo más probable es que estuviera deprimidísima por la novia del muchacho; y sería ella quien terminara consolando a la pelirroja.
Mejor iría a dar una vuelta al parque que más le gustaba. Tal vez arrojar migas a los patos aminorara un poco la repentina sensación de soledad.
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¿Qué rayos pasó?
No podía explicárselo. O más bien no quería aceptarlo.
Eso sí ¡seguía furioso! Y no precisamente con Hermione; claro que no. Estaba enojado consigo mismo… aunque se había desquitado con la persona menos indicada.
Era la primera discusión fuerte que tenían, porque seguramente Hermione estaría furiosa; sino dolida, y eso lo hacía sentirse más furioso.
¿Cómo había podido ser tan imbécil?
¿Ahora qué razones le daría a Hermione?
¿Qué le diría? ¿Que se había dado cuenta de que sentía algo por ella y que se molestó tanto porque sintió el repentino deseo de besarla hasta la inconsciencia?
Estaba actuando como un idiota.
Intentó por todos los medios controlarse y ponerle un alto a sus inicuos pensamientos pero le resultaba imposible cuando recordaba la risa de Hermione, o el aroma de su perfume. Mucho más difícil si recordaba la esbeltez de sus piernas en natación, o la redondez de sus…
Alto ahí.
Era un cerdo. ¿Cómo podía estar pensando así de Hermione? Ella no era como las otras chicas. Hermione era buena, leal, entregada, inteligente, apasionada…
Debía controlarse si no quería odiarse más a sí mismo.
Con coraje pisó el acelerador y metió la velocidad a su automóvil, esperando que con el subidón de adrenalina desahogara sus bajos instintos de un modo más sano.
Uno que no involucrara la imagen de la castaña y sus labios.
De acuerdo, esto no funcionaría.
Tomó la salida por la avenida noroeste. Visitaría a una de sus 'amigas' e intentaría por un momento olvidarse de ella.
Eso era lo mejor.
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Próximo Capítulo: Me gustas, Hermione Granger.
