¡Hola! Gracias a las personas que se ha tomado la molestia de dejarme un review; si siguen así, tal vez suba un capítulo más pronto de lo que creen... :D
Bienvenidas a mis nuevas lectoras, y sobretodo a quienes me siguen desde hace muchos años, sin ustedes esta loca licenciada no estaría escribiendo. Les quiero :D
Y les recuerdo nuevamente que habrá de todo por aquí. Por lo pronto, ¡disfruten el capítulo! Y sean pacientes, que sin drama no hay pasión, y sin pasión, no hay amor que se disfrute...
Capítulo Nueve: Me gustas, Hermione Granger
Los días siguientes fueron muy difíciles para Hermione, porque por primera vez no tenía amigos con quienes sentarse en la cafetería a la hora del almuerzo. Si no fuera por la hermana de Ron; ella estaría tan sola como un chucho.
-No puedo creer que siga saliendo con esa –dijo Ginny un día, como si fuera el ultraje más terrible del mundo. Harry y Romilda estaban sentados en la mesa de los más populares jugadores de futbol y parecían estarla pasando genial.
-Si te molesta tanto, deberías dejar de mirarlos –murmuró Hermione mientras comenzaba a resolver algunos problemas lineales.
-¿Y perderme el 'romance del año'? –contestó la pelirroja casi ofendida.
-Uhm –Hermione mordió una manzana mientras tomaba su borrador.
Draco no le había buscado para reconciliarse, y Hermione no pensaba hacerlo. ¿Por qué siempre era quien daba la iniciativa? Además esa ocasión ella había sido la única ofendida.
Que más daba. Podía soportarlo; no lo necesitaba después de todo.
Aunque no estaba muy segura de que hacer con las dos entradas que tenía para el festival de cine clásico que compró desde principios de año pensando en ir con Draco – ¿Te gusta el cine de arte?
-Créeme que no, Hermione –le contestó la pelirroja rápidamente, saludó a una de sus amigas y pronto se pusieron a hablar mal de Romilda Vane.
Hermione giró los ojos. Aunque tal vez sería buena idea invitar a Víktor. Vamos que no era lo típico que una mujer invitara al hombre, ¿pero que más daba? Claro que primero podía tratar con Ronald puesto que era el único que mantenía un trato cordial con ella.
-¡Hey, Hermione! –la saludó Ron a los lejos con una enorme sonrisa.
La estudiosa joven devolvió el saludo con la mano… y después vio con tristeza como el pelirrojo iba directo a sentarse con Harry y su nuevo grado de popularidad.
-Mi hermano es un idiota –replicó Ginny pausando su conversación lo suficiente para zanjar el punto.
Hermione siguió mirando el punto en donde Ron se había sentado, pero se encontró con la mirada verde de Harry. Este inclinó la cabeza cortésmente, pero ella prefirió volver su vista a sus apuntes.
Ginny tenía razón: no podía creer que Harry siguiera saliendo con esa.
Había intentado por todos los medios no toparse; ni hablar con Harry más que para lo estrictamente necesario, sobre todo porque no quería acarrearle problemas a su naciente relación.
De acuerdo, que no aceptara a su novia, no quería decir que ella le arruinaría la vida.
Y es que Romilda conocía demasiada gente como para poder hacerle la vida imposible a Hermione el resto del ciclo escolar.
No que le tuviese miedo, pero quedarse encerrada en los baños de las mujeres hasta tarde no era algo que disfrutase.
Menos mal que Draco no se había enterado, porque de ser así estarían rodando cabezas. Pensar en él la puso más triste aun.
El único que parecía comprenderla en esas complicadas circunstancias era Víktor. Si pudiera encontrar el modo de agradecerle por escucharla desahogarse….
La última clase del día la compartía con Draco y para su desgracia con Romilda Vane.
Y como si no fuera suficiente, la cereza del pastel es que era la clase de educación física.
-Sé que este año van a estar muy ocupados pensando en lo que harán el resto de sus vidas. –Les dijo el guapísimo profesor Wood, quien entró como internó y terminó quedándose con el puesto –Por lo mismo se me ha ocurrido que jugar quemados les vendrá bien para canalizar su estrés.
Obviamente había olvidado como era ser un adolescente.
-Y el último que quedé librará la prueba bimestral.
De pronto todos se hallaron más interesados en el juego.
El profesor Wood formó al azar dos equipos y sacó unas cinco pelotas rojas, de esas que Hermione detestaba tanto.
¿Qué haría ahora? Usualmente era Draco el que la rescataba de cada bola; pero ahora estaba en el otro lado del gimnasio coqueteando descaradamente con Susan Bones. Supuso que tendría que esquivarlas por ella misma si quería exentarse del examen bimestral.
No corrió con tanta suerte.
-¡Se supone que las esquives, Granger! –se burló divertida la novia de Harry. Sus amigas le aplaudieron el comentario.
Hermione se abstuvo de hacerle una seña obscena mientras abandonaba la cancha. De todas formas tenía pensado estudiar para la prueba escrita.
-Igual que tú, Vane –le replicó poco después cierto millonario, justo cuando la pelota que lanzó alcanzó la espalda de la líder de porristas.
Hermione sonrió desde las gradas buscando la mirada de su amigo, pero Draco tenía su atención de nuevo en la chica Bones. Por lo visto rápidamente volvió a su asunto de no hacer las paces.
Al menos supo por un ínfimo segundo que le seguía importando; lo que no tenía sentido alguno, ya no comprendía porque razón no se hablaban como antes.
Su teléfono vibró repentinamente en su bolsillo. Se obligó a apartar la vista de Draco y se emocionó cuando leyó que Víktor pasaría por ella al colegio.
Finalmente su día comenzó a mejorar.
Pronto el juego concluyó y el ganador fue Draco tras vencer a Cormac. Después de eso el profesor les hizo a todos correr diez vueltas al gimnasio para finalmente desearles un grandioso fin de semana.
Hermione se apresuró a las duchas, no queriendo dejar a Víktor esperarla demasiado tiempo. Por fortuna estuvo lista pronto, aunque tenía que ver que ella era una chica de simples jeans y camisas a cuadros que tan de moda estaban (la única moda que ella vestía por cierto)
Cuando pasó cerca de Romilda Vane, esta le metió un casual empujón, pero Hermione la ignoró con la frente muy en alto.
Al salir su sorpresa fue que estaba Harry esperándola.
Vio las llaves del auto de su padre en su mano y entonces la golpeó la realidad: estaba ahí para recoger a su novia.
-Hermione, espera… –La detuvo.
-¿Qué quieres, Harry? –el empujón que acababa de darle Romilda no ayudó mucho para que estuviera en paz con quien se llamaba su amigo.
-Yo…
-¡Harry! –exclamó su novia apareciendo de pronto para plantarle un exagerado beso en la boca.
Hermione bufó molesta y se alejó de ahí a toda prisa, antes de dar la oportunidad al destino de ponerle a Draco enfrente.
Atravesó la escuela hasta llegar al estacionamiento, y ahí estaba esperándola Víktor tan fornido y maduro como siempre.
El ceño fruncido dio paso a una gran sonrisa mientras alcanzaba al varón que estaba cómodamente recargado en una motocicleta azul metálico.
-¿Y esto? –preguntó a modo de saludo.
Víktor se encogió de hombros –un amigo es tan aficionado a las motocicletas como yo, y me la ha prestado.
-¿Y eso por qué? –quiso saber evaluando con cautela la nave de dos ruedas.
-Quiero que hoy sea especial –dijo con intensidad tal, que Hermione se sintió ruborizar por completo. –Vamos, princesa. Que este príncipe está ansioso de llevarla en su corcel.
Hermione asintió emocionada mientras se colocaba el casco que Víktor le tendía.
Después de todo, solo se vivía una vez.
Mientras el universitario se montaba y subía a Hermione detrás. A unos cuantos metros a la derecha, un joven rubio miraba la escena con sus manos apretando con demasiada fuerza las llaves de su auto y los dedos de su acompañante.
-¿Draco? –preguntó con cautela Susan Bones con ojos como platos la escena donde Hermione se iba con un desconocido. – ¿Acaso Hermione acaba de…?
-Sube al auto –dijo cortante.
-¿Qué? Pero…
-¡Sube al maldito auto!
Susan Bones podía ser lo que quisieran, pero tampoco era una arrastrada y aunque el resto de su vida lamentaría este momento, se dio la vuelta con indignación –no lo haré si me lo pides así…
-Bien –Draco subió a su vehículo y sin importarle se alejó de ahí dejándola boquiabierta. Metió velocidad, pero ya no los alcanzó.
No podía creerlo.
¿Por qué le había costado tanto decir las palabras: 'me gustas, Hermione Granger, y por eso estoy enojado'?
Era simplemente ridículo.
Necesitaba un cigarro. Frenó en una gasolinera después de media hora de manejar sin sentido. Compró una cajetilla, no le pidieron identificación porque nadie se imaginaría que un menor de edad pudiera tener semejante auto, y fumó un pitillo mientras maldecía al gorila con el que se había ido Hermione.
Si se hubiera disculpado por gritarle frente a la clase; ella no se hubiera visto en la necesidad de aceptar el aventón de un desconocido.
Todo era su culpa.
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Harry quedó desorientado con el escandaloso beso de Romilda. Esto de tener como novia a la porrista principal de Hogwarts estaba resultando más una maldición que una bendición.
Además extrañaba el tiempo compartido con sus amigos y sus fines de semana libres de mujeres en el taller mecánico de su padrino, mientras veían un partido de baloncesto.
Y también Hermione seguía sin perdonarle que saliera con Romilda.
Lo que le daba coraje, es que su amiga fuera tan orgullosa como para dar su brazo a torcer; y que prefiriera mil veces sentarse sola en las clases que compartían a estar cerca de él; como si fuera un bicho raro o algo así.
Pero no solo eso, por lo visto se había distanciado de Malfoy, pero al parecer le había perdido la confianza como para buscarlo y contarle lo que le había hecho finalmente ese canalla.
-Harry, vamos a los cines esta tarde.
-Lo siento, tenemos el primer entrenamiento del año antes que empiece la temporada.
Romilda hizo un ridículo puchero. – ¡Pero casi no hemos salido, Harry! ¿No puedes cancelar?
Pero el capitán del equipo de basquetbol no era tan fácil de convencer como todo el mundo creía. –Sabes que es imposible... –Porque lo únicos que sabían que botones correctos apretar eran su amigos más cercanos… o el que le quedaba de amigo.
Debía arreglar las cosas con Hermione, así que mientras llevaba a una enfurruñada novia a su respectiva casa; él ya estaba mensajeando al equipo para cancelar el entrenamiento, prometiéndoles que a partir del lunes comenzarían un régimen más estricto para ganar la copa este año… y que por favor no le dijeran nada a Romilda.
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Cuando le llegó el texto, Ronald Weasley suspiró lleno de alivio. Esa noche su madre prepararía el estofado que tanto le gustaba y que reservaba para ocasiones especiales, por lo que no podía perdérselo.
Su hermano mayor anunciaría hoy la fecha de su próxima boda con Fleur Delancour, una francesa que conoció en el banco para el que trabajaba cuando vivió en Europa, y su madre estaba a rebosar de estrés, porque a su parecer, era muy pronto.
-Tal vez sólo quiera la nacionalidad –sugirió Ginny a su madre. No es que fuera una mala chica, pero es que Bill era su hermano favorito y que una extranjera viniera a quitárselo, la llenaba de hostilidad y pensamientos pocos saludables para alguien de su edad.
-No digas tonterías, Gin –dijo Ron mientras veía entusiasmado como su madre picaba zanahorias a una velocidad digna de un chef de cinco estrellas –Fleur es encantadora y Bill es muy afortunado.
La señora Weasley vertió las zanahorias en la olla, murmurando cosas ininteligibles.
-Eso lo dices porque a ti te gusta ella –dijo la pelirroja más joven con burla.
-¡Claro que no!
-Claro que sí –contradijo la pelirroja sacándole la lengua a su hermano.
-Eres muy infantil, Ginevra Weasley. –Replicó Ron con superioridad.
-Solo tendrás una porción de estofado.
-¡Claro que no! ¡Dile, mamá! –acusó a su hermana.
-¿Quién es el infantil ahora? –finalizó Ginny con superioridad.
-Quiero que se comporten los dos. Bill recogerá en el aeropuerto a… a esa mujer y espero que ambos se comporten. ¿Entendido?
-Sí, mamá. –Dijeron ambos sacándose la lengua al segundo siguiente.
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Próximo Capítulo: La emoción del Primer Beso.
