¡Hola! ¡Vaya que me metí en problemas el capítulo anterior! Agradezco que cada uno reaccionara del modo en que lo hizo, y debo decir que me sorprende que haya tantos seguidores Dramione leyendo Friends Forever.

Leer cada review despertó en mí varias emociones y les agradezco por lograrlo.

Quiero expresar una vez más que AMO la pareja HG/HP; pero que mi debilidad son HG/DM y si juntas ambas para hacer un triángulo amoroso: ¡será definitivamente mi fic!

He estado pensando y llegué a la conclusión de que lo más maravilloso de escribir fanfiction, es provocar sentimientos y diversas emociones a lo largo de una historia. De modo que hoy podamos amar a un personaje y odiarlo mañana; reír con sus bromas y llorar de tristeza; emocionarte por sus actos o desilusionarte por ellos; porque después de todo, los mejores personajes son los que tienen matices de imperfección.

Así que aunque aún no tengo decidida una pareja estable para el final; sepan que cada letra que tecleo y hora invertida, están dedicadas a ustedes, amigos lectores.

Por favor sigan sintiéndose libres de odiarme o amarme; de leerme o eliminarme; que yo continuaré escribiendo y siempre las puertas estarán abiertas para quien quiera unirseme a los confines de mi imaginación.

Con cariño, el siguiente capítulo.

Capítulo Once: 31 de Octubre (Parte I)


Habían transcurrido varias semanas tan rápidamente que ya estaban en Octubre, pero no tan veloces para un joven llamado Draco Malfoy.

-¿Qué miras? –quiso saber Hermione alzándose de puntitas para ver sobre el hombro de su amigo.

Se encontraban en el festival de cine, que se llevaba a cabo una semana antes que la noche de brujas. Draco quería ver algunas películas de horror, por lo que rebuscaba en los puestos algo que lo tentara lo suficiente para adquirirlo y ampliar su colección.

-He encontrado películas japonesas –contestó vagamente, mientras movía uno tras otro los videos de la enorme caja de cartón.

-Apresúrate porque dentro de diez minutos proyectarán esa película extranjera de la que todo el mundo está hablando y no quiero perdérmela.

-¿Aceptan tarjetas de débito? –preguntó al encargado del puesto.

-Sí, señor –era un chino bajito, pero cuya pronunciación era más que perfecta.

-Entonces cóbrame esto –dijo alzando la pesada caja hasta el mostrador. –Y has que me las envíen a esta dirección.

Mientras el hombrecillo llevaba a cabo la operación, Hermione preguntó – ¿desde cuándo manejas tarjetas de presentación?

El rubio se encogió de hombros –desde que es más fácil que estar rellenando formularios con la misma dirección. –Tomó de las manos de Hermione el refresco de naranja para darle un sorbo. –Puaj ¿No pudiste pedirlo de limón?

La castaña le arrebató el vaso –compra el tuyo.

-¡Pero si lo he pagado yo! –exclamó el rubio recibiendo su tarjeta platino de vuelta. Seguía con su mal humor, pero usualmente lo guardaba para la soledad… o sus 'amigas'.

Sobre Víktor… bueno…

Antes de que Hermione le diera la noticia, Draco se lo impidió diciendo "Por mi salud mental, por favor, por favor" Recalcó "No me digas nada del gorila con el que sales".

Hermione se sintió un poco herida, pero aceptó a sabiendas de que Draco hablaba muy enserio. Y cabe decir que lo comprendía porque siendo hijo único como era, el rubio mantenía una ligera tendencia a ser demasiado posesivo. Y aunque le pidió que devolviera la motocicleta, porque le parecía peligrosa e innecesaria, Draco se negó, alegando que le había cogido el gusto a manejarla.

Afortunadamente la menor de los Weasley estaba más que ansiosa y emocionada de prestarle un oído para charlar sobre estas cosas de chicas. Y este, nombrado por ella misma, desahogo le evitaría tener que someterse al interrogatorio de Ron y Harry; uno por chismoso, el otro por sobreprotector.

A veces los chicos eran taaan fáciles de leer…

Mientras caminaba junto a Draco para llegar a la sala de proyección, le preguntó sobre los planes para el treinta y uno de Octubre.

-Dado que el año pasado me prohibiste ir a arrojar huevos a la casa de la comadreja; tenía pensado que viéramos películas de terror en mi casa.

Casa no era una palabra suficiente para describir la mansión de los Malfoy. A las afueras de la ciudad se encontraba esa propiedad de frondosas hectáreas, alberca olímpica y garaje más grande que el mismísimo hogar de Hermione.

-¿Tu madre sigue conservando esos pavos blancos? –aunque eran muy cercanos, Draco prefería mil veces pasar el rato en casa de Hermione a estar en la suya, donde nunca sabrías en que momento aparecería su madre a fisgonear.

Y que decir que Hermione lo prefería así.

-Desafortunadamente.

-Harry y Ron irán a la fiesta que darán las amigas de Romilda… –Draco no le preguntaría sobre los planes de esos dos ni en un millón de años, pero Hermione sabía que lo hacía internamente; sobre todo para saber si necesitaría un tanque de palomitas para satisfacer al pelirrojo.

-Me llegó la invitación –comentó como si nada, permitiéndole pasar a su asiento primero.

-Oh –ella no fue invitada y no que quisiera, pero dolía ser excluida.

-Tal vez quieras ir a aventarles huevos. Conozco a unas personas con las que…

Hermione se tapó los oídos –no quiero ser oyente de tus fechorías, Draco.

El rubio rio antes de silenciarse porque la película comenzó a correr.

.

En cuestión de un pestañeo llegó el tan famoso día festivo. Y en la casa de los Granger había un pequeño conflicto; la joven que allí vivía iba saliendo cuando su novio iba llegando.

-¿No te dijo tu madre que pasaría por ti a las siete?

No. La señora Granger, ocupada como siempre estaba, había olvidado por completo pasarle el recado a su hija.

¿Y ahora que hacía?

Hermione revisó la hora en su reloj. En estos momentos Draco ya debiera estarla esperando; con su selección especial de películas de terror, y con las palomitas que tanto le gustaban a ella; incluso tal vez esa cerveza de mantequilla que Draco siempre hace traer desde algún país que probablemente la joven nunca conocerá.

Pero ahora eso parecía imposible, dado que su nueva posición como novia de alguien le obligaba a hacer cosas diferentes a las que hacía con anterioridad. Consideró por una milésima de segundo, llevar a Víktor con ella y Draco, pero el rubio le había dicho claramente que no quería saber nada de él.

Sabía que la mejor opción era explicarle a Víktor la situación, ¡pero era su primer novio! Y además ¿Cuándo iba a encontrar un caballero así?

Esperaba que Draco fuera comprensivo por esta vez.

.

Harry miraba a Ron ponerse ebrio por primera vez, y no sabía si reírse o preocuparse. De lo que si estaba seguro, es que ni de loco lo llevaría a la casa de la señora Weasley, definitivamente pasaría la noche en su casa.

Curiosamente, y dado por el carácter de su amigo, Harry supuso que Ron sería de esos borrachos que son escandalosos y arman la pelea cada vez que pueden, sin embargo ahí estaba demostrando todo lo contrario: que era de los que se ponen a cantar canciones y a hacer el ridículo de un modo alegre y bonachón.

Aunque una vez que recordara, si es que lo hacía, el striptease que estaba haciendo sobre la mesa mientras sonaba una canción de una tal Lady algo, sabría que se arrepentiría y juraría no tomar una sola gota de alcohol en la vida. Además él le recordaría que eso era malo para su rendimiento deportivo.

Aunque hoy era día libre e incluso él tenía un par de cervezas encima.

-¿Verdad que sí, Harry?

-Por supuesto –contestó con seguridad, aunque dándose cuenta de que no sabía de qué rayos estaban hablando.

Su novia se veía demasiado bien en ese escotado vestido que resaltaba sus piernas bien torneadas, y que aclaraba su piel haciéndola brillar. Y tenerla sentada en su regazo no ayudaba mucho para seguir portándose como un caballero.

Romilda le sonrió apreciativamente y se inclinó para besarlo apasionadamente. Harry respondió totalmente, dado que a sus diecisiete empezaba a sentir los deseos de los hombres, ¿qué más podía hacer?

-Vamos a hacerlo esta noche –murmuró ella, recalcando esto último a lo que Harry acababa acordado de hacer.

Los ojos de Harry se abrieron como platos; llenos de inseguridad y sorpresa –este…

Pero la porrista lo silenció al sentarse a horcajadas sobre él y profundizar su beso; y llevar los labios a su cuello.

Harry suspiró derrotado.

Después de todo, en algún momento debía hacerlo, ¿cierto?

Tal vez en el futuro contara a sus nietos que perdió su virginidad con la líder de las porristas del instituto.

.

-Gracias, Draco. Eres el mejor amigo y prometo… No. ¡Juro que te lo recompensaré con creces!

Había dicho Hermione justo antes de cortarle la llamada.

Por primera vez experimentaba esta sensación de vacío en once años. La última ocasión fue cuando antes de conocer a Hermione, sus padres le dejaron pasar acción de gracias en compañía de su nana; mientras que ellos se iban a una fiesta a la que poderosos empresarios acudirían.

Pero ¿Qué más podía haber hecho que aceptar?

Él no se iba a rebajar para suplicar a una chica que por favor no le dejara plantado. Y además, muy para su desazón, Hermione había expresado su condición muy bien: eran amigos.

Y él lo acababa de demostrar siendo comprensivo.

'Pero que idiota soy' Pensó restregándose la cara con ambas manos.

Se levantó de la silla alta de la cocina, donde usualmente la servidumbre desayunaba, comía y cenaba. Desde que planearan pasar la noche ahí, él había despedido a los sirvientes y se había predispuesto a elaborar las palomitas de maíz él, esperando sorprender a Hermione con tarea tan simple.

En verdad que ahora se sentía imbécil.

Riéndose sin humor de sí mismo; pronto dejó paso a la ira y aventó la sartén caliente contra la pared.

Esto era mejor que lamentarse.

-Al diablo con todo –gruñó apagando la hornilla y largándose de ahí.

Cogió su cartera y las llaves de su auto para dirigirse al único lugar que podría hacerle olvidar a esa castaña que únicamente era su amiga.

.

-Estás preciosa, Hermione.

Víktor siempre sabia como hacerla sentirse en las nubes, a pesar de tener un carácter calmado, para Hermione era como un brillante día soleado, de esos que tanto disfrutaba en invierno.

Además de que se veía muy masculino con ese atuendo, y los zapatos finos de piel eran parecidos a los que tenía Draco…

Una punzada de culpabilidad se asentó incómodamente en su pecho, pero fue opacada cuando Víktor la rodeó con un solo brazo y la besó ligeramente en los labios.

-¿A dónde vamos? –le preguntó como una chiquilla en una tienda de dulces.

-Pensé que sería divertido ir a pedir dulces… –el rostro desconcertado de Hermione lo hizo reír –por supuesto que no, pero he pensado en que podríamos ir a una fiesta a la que me han invitado. Es en la casa de unos tipos ricos. Un amigo mío conoce al chico este y dice que sus fiestas son la cúspide de los eventos.

Hermione asintió más relajada. Afortunadamente Víktor le había dado algunos minutos para que pudiera cambiarse de ropa puesto que no quería repetir la incomodidad de la vez anterior. La distancia era considerable, pero por esa razón Víktor llevaba un automóvil rentado para la ocasión.

-No deja de sorprenderme las distancias de aquí –le comentó en el trayecto mientras viraba por el que definitivamente era un cruce que guiaba a una de las zonas ricas de la ciudad.

A Hermione comenzaba a preocuparle que Víktor gastara demasiado en las salidas con ella; porque después de todo, él era un estudiante de intercambio y por lo que sabía, eran usualmente personas con presupuestos limitados. Estaba al tanto de que su novio tenía una beca deportiva, ¿pero cómo cubriría sus gastos mayores? –no me has dicho a que se dedican tus padres, Víktor.

El joven le respondió sin apartar la vista del camino –política.

De acuerdo, eso podría explicar un poco los gastos de Víktor.

-Pero hace años que no hablo con ellos. Aunque no lo he necesitado –le explicó como si nada. –Verás, Hermione. En mi país soy un deportista de alto rendimiento. –Hermione hubiera querido preguntar entonces que hacía aquí, pero el joven se le adelantó –algún día las articulaciones se desgastaran y no he querido depender de eso solamente. Es por eso que estoy estudiando una carrera.

¿A qué Víktor era perfecto?

La casa de la fiesta era hermosa, y ya estaba atiborrada con automóviles de lujo y personas. Algunas chicas parecían más jóvenes que Hermione, pero vestían como más adultas; con stilettos exageradamente altos y faldas extraordinariamente cortas.

Se agarró a los dedos de Víktor con más fuerza, no sabiendo que le esperaba el resto de la noche.

.

Próximo Capítulo: 31 de Octubre (Parte II)