¡Hola! Gracias a isabella, Mery y Pao por sus comentarios :D
Dada la demanda de los actuales fanfiction que estoy publicando y el tiempo que me absorbe escribirlos, he decidido que publicaré conforme la cantidad de mensajes recibidos. Ej. Si recibo más reviews de este capítulo que de mis otros fics, publicaré antes un capítulo de esta historia y así sucesivamente. Hago esto porque recibo más comentarios de otras historias y por publicar en estas pequeñas, le doy poca atención a las más solicitadas. Espero me entiendan. Un abrazo y disfruten el capítulo de hoy.
Capítulo Trece: 'Cruda' realidad.
Con incomodidad se removió en su cama aunque la sintió un poco diferente; no era firme como le gustaba, sino demasiado blanda y esponjosa. Además su madre debió equivocarse al ponerle esas sabanas rosadas que no le gustaban para nada. Todo era borroso, incluso sus recuerdos del día anterior. Le dolía tanto la cabeza… ¿qué había ocurrido? Era como si le hubiesen dado con una sartén repetidas veces.
Creyó que moriría de lo mal que se sentía.
Harry trató de enderezarse, porque tuvo la urgente necesidad de saciar su sed, pero un peso en su torso se lo impidió. Por algún motivo supuso que era su amigo quien había terminado durmiendo en su casa después de la borrachera del día anterior – ¿Ron? –su voz salió como un gruñido y la boca le sabía asquerosa. Con torpeza palpó su cara para encontrar sus torcidas gafas en la cabeza. ¿En qué momento se las quitó para dormir?
Que sorpresa se llevó cuando cayó en la cuenta de que era el cuerpo desnudo de su novia el que tenía sobre él.
¡¿Qué había hecho?!
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Cuando despertó, recordó todo lo que ocurriera en el camino a la casa de Hermione. ¿Cómo había podido ser tan imbécil? Haber intentado besarla y que ella lo detuviera no era la mejor de las señales para saber que le gustabas a una chica. No necesitaba ser un genio para saber que tendría que actuar como si anda hubiera ocurrido si quería conservar la amistad tan valiosa que tenían.
El olor a huevos frescos y tocino le llenó las fosas nasales y su estómago gruñó hambriento. Bajó las escaleras y entró a la cocina donde, por supuesto, Hermione ya estaba sirviéndole una taza de café bien cargado.
-Buenos días, dormilón.
Vale. Algo aquí le olio muy mal y definitivamente no era el desayuno.
Asintió cortésmente sentándose en una de las sencillas sillas de plástico verde del desayunador. Murmuró las gracias tomando la taza y bebiéndose la mitad de un trago. – ¿Tus padres?
-Papá salió a una conferencia en Denver y mamá tiene una cita con la señora Figg.
Draco recordó que esa mujer solía llevar a sus hijos a una limpieza bucal el día siguiente de la noche de brujas, esperando que las golosinas que comieron sus hijos no les afectaran sus saludables dientes –ya veo.
Hermione despertó con una felicidad que nunca antes había sentido. ¿Tendría que ver con la cantidad de endorfinas que los besos de Víktor le habían otorgado? La ciencia diría que sí. –Come –le dijo a Draco poniéndole un par de bagel tostados y algunos huevos con tocino. No pensaba tocar por nada del mundo el tema de ayer. ¿Se acordaría Draco? Si lo hacía, probablemente sacaría el tema, pero si no, mejor sería dejar el asunto en el olvido.
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-¿Ocurre algo, Harry? –le preguntó su novia con una sonrisa feliz en la cara. No había nada de arrepentimiento en sus gestos por la noche anterior.
Si es que había hecho algo. Por supuesto, debía saberlo.
-Romilda… esteee… ¿tú y yo hicimos…? Ya sabes…
La porrista rió – ¿Qué si nos acostamos? ¡Por supuesto! No pude sacarte de encima…
No podía ser. Por varios segundos tuvo el deseo de echarse a correr y desaparecer de la faz de la tierra. Deseaba desesperadamente preguntar si usaron protección pero eso era demasiado, incluso para él.
Intentó disculparse pero la felicidad de Romilda parecía absurda y mejor no lo intentó. Simplemente cruzaría los dedos y rogaría porque no hubiese quedado embarazada. Esperaba que no quedaran consecuencias de la borrachera de la fiesta.
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Ronald corrió entre los arbustos del jardín, esperando que el jardinero no le viera en el estado en que se encontraba. Esperaba que Harry no lo hubiera dejado anoche, y pudiera ayudarlo con su pequeño problema.
Después de que bebiera como poseso en la fiesta, todo era una masa borrosa en la que lo único que recordaba era haberse sentido de las mil maravillas. Y sí que tenía la sensación de haberlo pasado genial…
Al menos hasta que los rayos del sol lo despertaron y le revelaron que se había quedado dormido en el patio trasero de la casa de la anfitriona: completamente desnudo. Por lo que si encontraba a Harry antes de que todos los 'crudos' en la casa despertaran, seguramente Harry le ayudaría a salir de ahí vestido o con algún milagro sin que nadie lo descubriera.
No tuvo tanta suerte.
-¡Aaaah! –gritó al mismo tiempo que la hija de los dueños de la casa mientras intentaba limpiar antes de que sus padres llegaran.
Subió corriendo las escaleras, porque era eso o la calle. Abrió desesperado la primera puerta que encontró.
-¡Ron!
-¡Harry! ¡Gracias a todos los cielos! Necesito que me prestes tus pantalones. Hola, Romilda –dijo reparando en la porrista.
La joven lo saludó mientras se paraba a vestirse.
-No puedo prestarte mis pantalones –dijo su amigo tomándole por la barbilla y haciendo voltearse para que no prestara atención a la chica desnuda.
-Vamos, Harry…
-No, pero déjame buscar –ambos se apresuraron a conseguir ropa del closet, pero únicamente había de mujer.
-No hay nada que pueda usar –dijo Ron desalentado. –Mi madre me va a matar –dijo de pronto, recordando que no llegó a casa en toda la noche.
-No te matará. Diremos que pasaste la noche en mi casa, eso si mis padres no se dieron cuenta de nuestra ausencia. Aquí –le pasó unos pantalones de yoga y una sudadera blancas.
-No usaré eso.
-No estás en situación de elegir –le espetó su amigo.
Ron tuvo que acceder. –Por cierto ¿Romilda y tú…?
Harry sintió vergüenza, pero no negó ni afirmó nada –hay que apurarnos e irnos de aquí.
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El lunes por la mañana, todo corrió tranquilamente hasta la hora del almuerzo.
Cuando Hermione saludo a sus amigos, de inmediato supo que algo había ocurrido el fin de semana, pero no pudo indagar en el tema dado que Harry seguía sentándose con Romilda Vane.
Curiosamente Draco se ausentó de las clases y Ron había huido a solo él sabía dónde, pero por la única razón de que a esas horas todo el mundo en el colegio había visto el video de internet donde realizaba un striptease con todas las de la ley.
Claro. Ronald se había emborrachado y ahí estaban las consecuencias. Y aunque tenía honesta curiosidad por ver el video con sus propios ojos, ya que nunca había visto a un hombre desnudo, optó por no hacerlo y así cuidar de su amistad con Ron y de paso, también de su salud mental.
Lo que no le quedó aclarado, era la razón del porque Harry no impidió que su amigo cometiera semejante estupidez. Y gracias a ello era la comidilla de toda la escuela… por lo menos, hasta que ocurriera algo más impactante.
Finalmente tuvo la clase que compartía con Harry y estaba dispuesta a sacar el tema, pero su amigo le rehuía la mirada y un continuo rubor aparecía en sus mejillas.
-¿Te sientes bien, Harry? –preguntó preocupada de que su amigo tuviera fiebre.
-Claro ¿Por qué no habría de estarlo? –preguntó pero con la sonrisa demasiado tensa, aunque Hermione de preguntaba por qué el chico parecía tan avergonzado.
Hasta que lo comprendió durante el último receso del día estando en el baño de mujeres. Escuchó que dos chicas, a las que identificó como porristas, hablaban de su líder no sin resentimiento. –No debería ser la porristas principal. Quiero decir… eso de ir acostándose con cada novio que tiene no nos deja bien paradas ¿sabes?
Muchas veces es mejor no saber lo que ocurre; mucho menos si las palabras provienen de personas ajenas que usan la información por puro rumor, como Hermione bien pudo corroborar en ese momento.
Sin embargo su querido amigo Harry había tenido su primera vez y por lo visto no pensaba confiárselo.
De acuerdo. Podía entenderlo, después de todo ella era mujer, pero no por eso dejaba de dolerle menos, aunque no podía figurar porqué. Se quiso convencer que era por la falta de confianza en ella, pero entonces ¿qué era esa sensación que la hacía sentirse como un globo desinflado? ¿Era decepción acaso? ¿Pero por qué? En algún momento todos debían dejar de ser vírgenes ¿cierto?
-Que tú no quieras ir por ahí abriéndole las piernas a tu novio, no significa que tus amigos tampoco lo deseen. –Se dijo con resolución, pero ocultando este hueco que pesó en su estómago el resto del día.
Saliendo de sus clases evitó a Harry, lo que no fue difícil porque él la evitaba a ella, y decidió ir a ver a Draco. Lo ideal sería llevarle sus apuntes y las tareas del día para que no se atrasara. Los exámenes se acercaban cada vez más, y no era el momento de desperdiciar su tiempo no estudiando.
Además dentro de unas semanas llegaría el día de Acción de Gracias y ella esperaba organizar una comida especial para que sus padres conocieran a Víktor.
-¿Qué haces aquí? –preguntó Draco tres cuartos de hora después, pasando una mano por su cara. Los ojos hinchados y la voz ronca delataban que había estado todo el día durmiendo.
-Me da gusto verte también –le contestó frunciendo el ceño. El ama de llaves le había dejado pasar, diciéndole que el joven se encontraba en su habitación. – ¿Me vas a dejar pasar o esperarás hasta que tu madre me encuentre aquí y envíe a su guardaespaldas a echarme?
-Entra –le dijo dándole paso, pero no parecía muy contento de tenerla ahí.
-Apesta aquí adentro –expresó tapando su nariz mientras se dirigía hacia las enormes ventanas para abrirlas y ventilar un poco la generosa recamara.
-Si tanto te molesta puedes irte.
Acostumbrada a los comentarios filosos de Draco, la chica no se dejó intimidar –Únicamente decía… ¿Qué es esto? –Preguntó mirando la botellas vacía a un costado de su cama – ¿has estado bebiendo de nuevo?
-Claro que no…
-¡Pero si lo estoy viendo!
-Deja de gritar. Me estas jodiendo los tímpanos –se lamentó cubriéndose las orejas. –Únicamente fue para aliviar la resaca del fin de semana –mintió.
-¿Provocándote otra? –preguntó sarcástica.
-No tengo que darte explicaciones. Después de todo no eres mi madre.
Hermione se mordió el labio para no decir que a su madre le importaba un comino. –Tienes razón. No lo soy, pero me preocupo por ti.
Draco sintió que sus barreras emocionales amenazaban con venirse abajo, pero no podía permitirse ser débil. Un Malfoy nunca lo sería. –Pues deja de hacerlo. Sé bien lo que hago.
Lo estaba haciendo de nuevo. Quería alejar la única persona que le importaba para no hundirla con él. Su destino estaba trazado y tarde o temprano tendría que romper con la amistad de Hermione Granger, porque no alcanzaba a cubrir las expectativas que sus padres esperaban de él.
Esa mañana Narcissa Malfoy había solicitado su presencia para desayunar con ella y su esposo, cuando lo hacían así de temprano, es porque saldrían en su avión privado con destino a Asia. Pero nunca despertaban a Draco para acompañarlos a la mesa, a menos que tuvieran alguna noticia, u orden, que darle.
Por lo que mientras una de las sirvientas le servía un generoso plato de fruta fresca y jugo de naranja recién hecho, Lucius lo miró con frialdad, signo inequívoco de que no estaba para nada contento. –Me he enterado de tu altercado con Blaise.
Draco decidió jugar indiferencia, en medio de esta guerra de voluntades –no sé de qué hablas.
El repentino golpe del puño de su padre contra la mesa hizo brincar las copas de vidrio cortado – ¡No juegues al idiota conmigo! ¡Sabes que estamos en negociaciones con los Zabini para abrir una alianza de mercado en Latinoamérica y no joderás esta oportunidad por una niñata estúpida!
Draco apretó los dientes y sus puños se encerraron alrededor de sus cubiertos de plata.
-Querido… –le tranquilizó Narcissa.
Lucius recuperó la compostura arreglando su saco –ya va siendo hora de que te comportes como un Malfoy, Draco. Tienes responsabilidades que asumir y me está cansando esta insistencia tuya de estudiar en una escuela pública –escupió con desprecio. –Este será tu último año, pero después de eso harás lo que te corresponde o asumirás las consecuencias. Ahora retírate porque estoy demasiado molesto contigo.
Furioso el joven volvió a su habitación y extrajo de su armario una botella de whiskey. Rápidamente vació la botella en un modo de convertir su ira en olvido.
Pero esto no se lo dijo a Hermione, quien ahora lo miraba con reproche.
-No me mires así, Granger. Que lo que haga o deje de hacer no te concierne.
-Primero Harry y ahora tú… –dijo exasperada. – ¿Pues sabes qué? Búscame cuando decidas confiar en mí. –Fueron sus últimas palabras antes de salir por donde había entrado.
Draco no la siguió, porque era lo mejor.
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