¡HELLO! Gracias a sus reviews del capítulo anterior, subo capítulo hoy. Ya conocen la temática para la próxima actualización.

Me di cuenta que he desatendido un poco a Harry, así que este capítulo es para él.

Háganme saber sus ideas sobre Friends Forever. Besos!

Capítulo Catorce: Mi amiga Hermione.


A Harry Potter comenzaba a preocuparle el estado de su amiga de toda la vida. La había observado más delgada y mantenía su semblante decaído. Además volvía a verse demasiado sola. Probablemente había vuelto pelear con Draco porque no los había visto juntos durante semana y media.

Cuando detuvo a la chica en un pasillo para preguntarle qué le ocurría, ella no alcanzó a decirle nada porque Romilda se había acercado a besarlo. Para cuando pudo apartar a su novia, Hermione ya se había ido.

-Me preocupa, Hermione –le dijo un día a su amigo Ron mientras practicaban en las canchas de la escuela.

-Siempre se pone así por los exámenes –contestó el pelirrojo restándole importancia. Arrojó el balón – ¡Tiro limpio!

Harry asintió volviendo a concentrarse en el juego, pero decidió que era hora de ser un buen amigo, y visitar a su mejor amiga.

Terminando el entrenamiento se dirigió a la casa de los Granger.

-Hola, Harry –le saludó la mamá de su amiga dejándole entrar –Hermione no ha de tardar en regresar. ¿Qué han planeado tus padres para acción de gracias?

-Mamá está empeñada en preparar la cena, pero la última vez que lo intentó sufrimos indigestión, así que unos amigos nos han invitado a su casa en el campo para ese día.

-Ya veo –dijo sonriendo la señora Granger. –Dales recuerdos de mi parte.

-Lo haré, muchas gracias. –Deseaba preguntar si sabía algo de Draco, pero aunque la madre de Hermione era muy amable, no quería demostrar que él había sido un mal amigo los últimos días... semanas.

-Hermione me ha contado que tienes novia…

-Sí, señora. –Sintió arder sus orejas recordando que hacia menos de una quincena había perdido su virginidad y no se acordaba de nada.

-¿Y qué tal?

-Ha sido interesante –respondió no ocurriéndosele otra cosa que decir.

La dentista rió con bastantes ganas.

-¿De qué te ríes, mamá? –Preguntó Hermione entrando por la puerta, reparando en su amigo – ¡Hola, Harry! –Su amigo agitó la mano.

-De nada, querida –contestó su madre abandonando la estancia para continuar preparando la cena. –Espero que nos acompañes a cenar, Harry.

-Yo creo que sí, señora Granger. Mamá ha estado practicando estos días y no quiero enfermar ahora que tendremos un partido amistoso contra la escuela de Richmond Hall.

-¿Y bien? –le preguntó Hermione cuando su mamá desapareció riendo en la cocina.

-Quería verte –se encogió de hombros. –A menos que tú no quieras verme.

El semblante de ella se suavizó –me da gusto que vinieras, Harry.

Y aunque no hablaron de lo que entristecía a la chica, pasó el resto de la tarde con su amiga.

Desde entonces se hizo costumbre que Harry pasara a verla a su casa al menos dos o tres veces por semana.

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Draco era observador y no le pasó desapercibido el cambio de humor de su amiga.

Si es que lo seguía siendo.

Ahora sin el efecto del alcohol en su sangre, y sin el enojo contra sus injustos padres, podía pensar con más claridad. Pero no lograba entender cómo era tan idiota para alejar a su mejor amiga antes de que el plazo de mantenerla a su lado se terminara.

Y Potter que tenía todo: padres perfectos y una vida perfecta, era quien ahora se pasaba tardes enteras, metido en la casa de los Granger.

No es que los hubiera estado espiando…

Vale un poquito, pero porque no se fiaba del "cejas de azotador" que Hermione tenía por novio.

De acuerdo, no podía mentirse a sí mismo: la distancia prudencial a la que la observaba era mucho mejor que sacarla de su vida para siempre.

Así que ahí estaba de ridículo haciendo de acosador.

Pero mientras Harry jugaba al mejor amigo con Hermione, su novia Romilda se cargaba un humor de perros. Hasta existía el rumor de que rompería con Harry por que el chico solo la había utilizado para tener sexo.

Una mujer despechada era lo que Draco sabia evitar a toda costa; pero mientras el pobre de Potter se quedaría soltero para el día de acción de gracias.

Aunque él se quedaría solo, y definitivamente eso era mucho peor.

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Ron había tenido que enviar varias quejas a la página de internet para que eliminaran su video donde aparecía bailando desnudo, antes de que llegara a la vista de su madre.

¡Juraba que nunca en su vida volvería a tomar una sola gota de alcohol!

-¿Qué harás en acción de gracias? –le pregunto Harry una tarde de laboratorio de computación, mientras ambos se dedicaban a seguir enviando quejas para que le hicieran caso a su petición de borrar su video para siempre.

-Lo de siempre. Mamá guisará, vendrán todos y tendremos una comida familiar antes de que papá me lleve a acampar afuera de algún almacén para aprovechar el viernes negro.

-¿También irá Bill? Recuerdo que me dijiste que su prometida y tu madre no se llevaron muy bien.

-Afortunadamente anda en el extranjero y no tendremos que pasar otro momento igual. He apostado con Ginny que eso será hasta el día de la boda.

-¿De qué hablas, so bobo? –saludó su pelirroja hermana alegremente. –Espero que no sea sobre tu gordo culo meneándose frente al móvil de alguien.

-¡Ginny! –gruño exclamando por lo bajo, giro la cabeza varias veces, asegurándose de que nadie les había escuchado. Entonces reparó en su hermana – ¿Qué haces aquí? Se supone que estamos en clase.

-Me he colado…

Pero el orgullo con que lo dijo no le duró mucho. –Señorita Weasley, haga el favor de abandonar mi clase o le daré detención por una semana.

-Antes permítame decir que su clase es la mejor del colegio, profesor.

-Ahora.

-Pero...

-Serán dos semanas.

-Sí, señor. –Salió cabizbaja del salón, pero casi de inmediato se escucharon las carcajadas de sus amigos que la esperaban afuera y su voz cobrándole diez dólares a alguien.

-Mi hermana está loca –murmuró Ron enviando una queja más.

-Tienes que admitir que es muy graciosa –dijo Harry conciliador.

-Es peor que Fred y George juntos.

El moreno se rió incrédulo –eso lo dudo.

-Por cierto ¿Qué tal van las cosas con Hermione? Ya sé que te acompañaría a su casa, pero con lo del vídeo Ginny me tiene a su completa merced.

-¿Sigues siendo su esclavo?

-Prefiero que me llamen asistente.

-Que le pulas las botas y le trences el cabello no te hace un asistente.

Ron respondió malhumorado ante las burlas de su amigo – ¿me dirás que pasa con Hermione o me recordarás lo miserable que es mi vida?

Harry volvió a reír –lo pasamos bien y sabes que su mamá hace unas galletas estupendas. Me ha ayudado a adelantarme con cálculo, y nos hemos atarragado de helado a morir. Aunque…

-¿Qué? –preguntó Ron soñando despierto con galones de helado de chocolate.

-No sé… –dijo pensativo el chico de ojos verdes. –Recibe muchos mensajes y siempre da risitas tontas al leerlos, de esas que tanto detestaba. Y estarás de acuerdo que no pueden ser de Draco, ¿verdad?

-¿Cómo?

Harry giró los ojos, era claro que Ron no le había escuchado. –Nada, mejor olvídalo.

Ron obedeció sin chistar, enviando un mensaje más.

Esa tarde se desligo una vez más de salir con su novia. Su madre, Lily, había convocado a una reunión familiar y como único hijo del clan Potter estaba obligado a asistir.

-¿Y ahora de que va la reunión? –preguntó un atractivo hombre mayor de larga cabellera negra y barba de dos días, sus ojos grises brillando con inteligencia.

-Lily ha insistido que ella quiere preparar la cena de acción de gracias. –Explicó James Potter, el padre de Harry.

-¡Pero si es malísima cocinando! –gritó Sirius Black.

-No es verdad. Siempre te comes lo que preparo –dijo apareciendo la señora Potter. Era realmente guapa. Su cabello rojo intenso y brillante caía a los hombros y sus grandes ojos eran del verde de los de su hijo.

-Porque me amenazas con un cuchillo –dijo el padrino de Harry resentido.

-Pensamos que era porque mamá es un agente y tiene la mejor puntería del país –opinó el más joven del lugar; su madre le acaricio el cabello con cariño.

-Calla, Harry. ¿Es que tu padre nunca te enseñó que los hombres deben apoyarse entre ellos? James, ¿Qué has hecho con este muchacho?

-No tengo idea –contesto graciosamente ganándose una risa de su amigo y un bufido de su hijo. –Por cierto, ¿en dónde está Remus? Ha quedado en que vendría hoy para unirnos contra mi esposa. –Lily lo miró de mal talante –lo siento, cariño. Pero debes comprender que todos sabemos que Remus es el mejor cocinero de los cuatro, y que la mejor idea es que él se haga cargo de todo como siempre.

-No estoy seguro. Sospecho que tiene novia y no me ha querido decir –dijo Sirius dramáticamente llevándose una mano al corazón.

-Podríamos investigarlo en la agencia –sugirió Lily. –Podemos poner a los novatos a esa tarea.

Su esposo la miró con adoración –ahora sé porque me casé contigo.

Harry observaba el intercambio entre los adultos. Únicamente faltaba que Remus Lupin estuviera ahí. Tener a los cuatro juntos le daba un panorama futuro de lo que serían sus reuniones con Ron y Hermione, e incluso Draco en el futuro. Por supuesto que aquí sus padres estaban casados.

¿Hermione se casaría con alguno de ellos?

Se la imaginó del brazo de Ron y la mera fotografía le dio risa (aunque no tanta cuando rápidamente sus padres pasaron a discutir para contentarse de nuevo, justo como sus amigos hacían siempre)

Después se la imaginó con Draco. ¡Pero que estaba pensando! Ellos solo eran amigos (unos que por cierto estaban peleados uno con el otro). Y era cierto que Ron había comentado que ahí existía algo sospechoso, pero era ridículo.

Antes de que pudiera definir qué le provocaba pensar en sus amigos como pareja, prefirió desechar la idea.

Sirius, Remus y James fueron amigos en el colegio; y se hicieron inseparables desde entonces, aunque cada quien escogió una carrera diferente en la universidad (los que fueron a ella) se esforzaron por mantener su amistad.

Así que mientras James era agente del FBI junto con su esposa; Sirius fue la oveja negra de su familia y no queriendo dedicarse a la empresa de los Black, únicamente gozaba de la porción que le brindaban sus acciones pero decidió dar rienda suelta a su pasión por cualquier vehículo que usara ruedas grandes y había abierto su taller mecánico donde corrían sus días reparando y transformando vehículos viejos en clásicos.

La vida de Remus era algo más sencilla y menos alocada. Él había decidido ser maestro y daba clases en la Universidad de California, en la facultad de letras y filosofía.

Ambos permanecían solteros, aunque Sirius tenía demasiadas novias para contarlas.

Como sea, eran grandes amigos y Harry esperaría pacientemente a reunirse algún día así con sus amigos.

Romilda en cambio, era otra cosa totalmente distinta.

Se había vuelto más pesada y su incesante parloteo sobre la obsesión con su peso, sus ideas para las porristas, y sus quejas de que no le prestaba atención como debía comenzaron a pasarle factura. Pronto tendrían que intensificar las prácticas del equipo de baloncesto y la chica era capaz de armar un escándalo por eso.

Quería terminar con ella, pero no podía. No después de que tomara su virginidad en medio de su borrachera. Aunque Ron le asegurara que seguramente ella ya tenía más experiencia en el ramo, el no dejada de ser un caballero.

Ya no le importaba que Cho volviera a la ciudad para el día de acción de gracias, únicamente quería algo de tranquilidad y libertad total para salir con sus amigos sin el temor de encontrarse a su novia en la calle y que esta le reclamara por mentirle al decir que estaría en su casa estudiando.

Tendría que esperar a que ocurriera un milagro para respirar en paz.

Y entonces se dedicaría a investigar quién era el tipo misterioso (porque ya había decidido que era un él) que le enviaba constantes mensajes a su amiga Hermione.

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