Nota: A partir de ahora entenderán porque he decidido poner la trama en rating M -para mayores de 18 años- (que no será siempre, pero si eres menor de edad, ¡bye, bye!)
La próxima pronta actualización va por su reviews, ¡eh! lol
Capítulo Quince: Acción de Gracias.
-Necesitamos hablar, Harry –le dijo una tarde con seriedad.
'Ahora es cuando me confiesa quien es la persona que le envía mensajes' Pensó inocentemente, pero dijo –estoy de acuerdo, Hermione. Esto de tener secretos entre nosotros no me gusta nada.
La cara aliviada de su mejor amiga no cuadraba con el escenario que imaginó el moreno. –Estoy de acuerdo, pero es que no sabía cómo tocar el tema sin que resultara incómodo.
-Bien, pues adelante –dijo ansiosamente Harry.
Su rostro tampoco encajaba dentro del contexto que Hermione pensaba tocar. – ¿Estás usando protección, Harry?
-¿Prote…? –Esto no era lo que esperó escuchar – ¿Para que querría yo usar protección?
-Bueno, tú sabes que los accidentes pasan y… bueno… ehm… –estaba tan abochornada que se le trabó la lengua varias veces. Harry casi sintió pena por ella. –Lo digo porque no sería buena idea dejar a Romilda embarazada.
-Espera, ¿Qué?
Hermione giró los ojos fastidiada –honestamente, Harry. No me hagas explicártelo gráficamente… aunque he preparado unas tablas que tengo por aquí…
El moreno, con la boca abierta, la observó rebuscar unas hojas en su mochila. –No… no… –tartamudeó sorprendido.
-No tienes que negarlo, Harry. Además no soy mi mamá para tener una mente tan cerrada. Aquí están. En la tabla azul… –y se puso a explicarle sobre estadísticas y valores, así como también probabilidades de contraer alguna ETS o incluso sida. –Como verás todo eso es tan malo como tener un embarazo no deseado. ¡Me he olvidado la tabla del aborto! Es tan triste, pero prometo enviártela por e-mail ¿te parece?
Harry abrió la boca varias veces sin ser capaz de formular palabra alguna.
-Debo irme, pero espero que pases un maravilloso fin de semana y que tu mamá no te mate de indigestión. Eso sí, yo en tu lugar no probaría nada que llevara pollo…
¿Qué acababa de pasar?
¡Había recibido una clase de educación sexual en el pasillo!
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El día de Acción de Gracias llegó rápidamente y Hermione había enviado un mensaje de texto a Draco para invitarlo a cenar a su casa, pero nunca recibió respuesta. Le dolía que siguieran peleados, pero esta vez Malfoy tenía que pedir disculpas. Era momento de madurar y que se hiciera responsable de sus acciones, así que aunque lo invitara a la cena, sería él quien tuviera que dar el primer paso para restaurar su relación.
El que sí aceptó la invitación, fue Víktor.
Llego muy bien vestido y cargando una caja de finos bocadillos que la señora Granger aceptó gustosa. Estaba muy emocionada de que su hija quisiera presentarles a su novio; haciéndoles partícipes de esta nueva etapa en su vida.
El señor Granger, sin embargo, era harina de otro costal y apoyado por su hermano (al que invitaron a cenar junto con ellos) no dejaron de acosar al pobre Víktor con preguntas, cada una más vergonzosa que la anterior.
Hermione deseo que la tragara la tierra.
Tenía que haber invitado a Ron y a Harry, al menos con su charla ella podría ocultar su vergüenza.
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Harry, junto con su padre, padrino y tío Remus lograron engañar a Lily Potter.
Mientras que ella preparaba, un tanto frustrada, el pavo y los demás platillos con los que pensaba deleitar a la familia, James y Harry se comunicaban con Remus y Sirius para informarles qué iba haciendo y así ellos hicieran una imitación (diez veces mejor) de lo que cocinaba, en la casa de Sirius.
Así que cuando Lily se metió a bañar, encargando a su esposo que sacara el pavo del horno y a su hijo que terminara de decorar los platillos (cubriendo con helado de vainilla la costra quemada de la tarta de manzana), llegaron los otros dos conforme a lo planeado y desaparecieron la cena original, reemplazándola con la elaborada por Remus.
Si se dio cuenta, Lily no lo dejo notar, pero a cambio recibió gustosa todos los exagerados halagos que sus comensales porfiaban.
Eso sí, estaba más que segura que los profiteroles nos los había preparado ella.
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La señora Weasley siempre se lucia con sus comidas, por eso era una absoluta sorpresa que todos sus hijos fueran delgados; el único con una barriga un tanto prominente era su esposo Arthur, pero no le impedía de disfrutar de los guisos de su mujer.
-¡Eh, Ronnie! Nos han dicho que te gusta mover el bote, si sabes a lo que me refiero –le dijo su hermano Fred que estaba en casa para la festividad.
-Si corremos con suerte, tal vez haga su famoso baile esta noche, Fred –agregó su hermano gemelo guiñándole un ojo. Eran idénticos, como poner dos gotas de agua juntas, pero incluso ellas serían más fáciles de distinguir que este par de comediantes.
-¡Ginny! –gritó Ron apresurándose hacia las escaleras que llevaban al primer nivel de su casa. Sentía que su hermana le había timado al mostrar su vergonzoso video a sus hermanos mayores.
-¿Por qué gritas, Ron? Te he dejado bien claro que no quiero que me molestes hasta la cena. No olvides que eres mi esclavo hasta navidad. –Su hermana salió de la habitación.
-¡Se los mostraste! Y para aclarar no soy esclavo, soy asistente.
-No le he mostrado nada a nadie. –Dijo Ginevra Weasley volviendo al tema. –Los gemelos me lo han mostrado nada más llegaron a la casa.
-¡Entonces se invalida el contrato!
-Nada. El trato ha sido que no informaría a mamá, y Fred y George no intentarán nada porque a ellos los tengo amenazados con otra cosa. Ahora tráeme té helado, esclavo. –Se había asegurado de mantener a su hermano de sirviente y Ron no tendría de otra que obedecer. –Y cuando llegue Charlie lo envías a mis aposentos.
Refunfuñando preguntó – ¿de limón, o verde?
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-No habrá nadie en mi mansión, así que me he encargado de organizar una pequeña reunión. No puedes faltar, Draco. Le demostraré a Zabini que no es el único que puede tener las mejores fiestas.
Como cada año, los hombres más acaudalados eran invitados a una cena en la casa del gobernador del estado y este año no fue la excepción para que los señores Malfoy asistieran. Nunca dejarían de hacer negocios ni aunque fuera día de Acción de Gracias.
Había recibido el mensaje de Hermione, pero lo mejor sería romper toda relación antes de que alguien saliera dañado.
Bueno, alguien aparte de él.
Decidido a olvidarse por un rato de su situación, aceptó la invitación de su amigo Theodore. Llenó su cartera de billetes, tomó su inseparable chaqueta y prefirió llevarse su motocicleta. ¿Quién iba a imaginar que se volvería adicto a ella?
Inconcebible que descubriera este nuevo placer por el gorila de Krum.
Acordarse del novio de Hermione casi lo hace dar arcadas. Seguramente ahora mismo se encontraba haciendo buenos amigos con el señor Granger, y conquistando a la señora Granger con inocentes bromas.
Y podía jurar que se seguro estaba sentado en el lugar que él ocupaba año tras año desde que tenía diez años.
Aborrecía al tipo.
Pero no porque se sentara en su lugar, ni porque agradara a los padres de Hermione, o porque pasara el día festivo con quienes él quería estar.
Más bien le odiaba porque tenía a la chica que él tenía prohibido desear.
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-No, Víktor. No te sientes ahí. Ese es el lugar de Draco.
Hermione sintió la cara arder de vergüenza cuando su novio fue obligado a levantarse y moverse una silla más a la izquierda de ella, tuvo que mirarlo con una disculpa. –Papá…
Pero William Granger ignoró completamente a su hija y la mirada de reproche que le tocó a él. –Es que Draco siempre llega. Tarde pero llega.
-No vendrá, papá. Tiene… –no quería decirles que habían discutido –tiene un compromiso con su familia.
-Pero…
-Toma, Will. Sírvete más patatas –insistió su mujer captando el mensaje de su hija.
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-El mejor pavo, Lily. El mejor. –Felicitó Sirius alzando su copa, comprobando de reojo que Remus asentía sabiendo que el cumplido iba dirigido para él.
-Te dije que podía lograrlo –sonrió la madre de Harry. –No te ofendas Remus, pero ni tú podrías igualar mi pavo.
Su esposo casi se atraganta. Harry tuvo que beber de su agua para ocultar su risa.
-Por cierto, Harry. Creí que nos presentarías a esa novia tuya de la cual Ron dice es muy guapa –comentó su padrino guiñándole un ojo.
-Ron suele exagerar –murmuró el muchacho avergonzado. Ya hablaría con su amigo por andar de bocazas.
-¿Qué no sales con Hermione? –preguntó Remus inocentemente.
Ahora fue el turno de Harry de atragantarse.
-¿Por qué piensas eso, Lunático? –preguntó James sonriente dirigiéndose a su amigo por su apodo de juventud.
Remus se encogió de hombros –Lily me dijo.
-Yo solo te comenté que Hermione era una excelente jovencita y que cualquier mujer se sentiría contenta de tenerla como nuera. –Aclaró la única dama en la mesa. –Es inteligente, simpática, muy educada y recatada. No como esas porristas de ahora que no tienen ni un ápice de… ¿Qué ocurre? ¿Por qué se ríen?
-De nada, querida, continua por favor –la calmó su esposo lanzando miradas burlonas, junto con Sirius, a su hijo. Remus observó el intercambio con curiosidad.
-Decía que Hermione es una chica estupenda. Además es muy bonita.
Entonces sí, Sirius estalló en carcajadas. –Ahora sí me hiciste reír, Lilibeth. Es que… es que… –no podía parar de reír.
-Hermione tal vez no entre en tus conceptos de chica guapa, pero es muy bonita. Y te aseguro que será aún más hermosa cuando se gradúe. Hasta un viejo cascarrabias como tú se daría cuenta de ello. ¿Verdad que tengo razón, Harry?
-Eeh… –Era consciente de que todos lo miraban expectantes. Si decía que sí, quedaba como un hipócrita porque él salía con una porrista que entraba en los estándares de belleza de su padrino. Si decía que no, bueno… no podía decir que no porque Hermione era su amiga y no era fea.
Su madre bufó, sabiendo que no recibiría apoyo de su único crío. –Al menos uno de sus amigos sí que sabe apreciar su belleza –zanjó indignada Lily Potter mirando con decepción a su hijo.
Definitivamente no lo decía por él; y juraría que tampoco por Ron.
Y todavía estaba el asunto del "amigo secreto" de Hermione.
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-¡Que baile! ¡Que baile! –gritaban entusiasmados los gemelos Weasley.
Ronald tenia las orejas coloradas y miraba a su hermana menor en busca de ayuda.
-Suficiente. Dejen a mi esclavo tranquilo.
-¿De cuándo a acá defiendes a Little Ronnie? –Preguntó Fred divirtiéndose de lo lindo.
-De seguro desde que Harry se puso todo guapo –completó su hermano gemelo.
Como Ron estaba demasiado concentrado en su vergüenza, no se dio cuenta de la de su hermana menor.
-¡Basta, chicos! –exclamó la señora Weasley mientras sacaba su pie del horno.
-¿Con que nos deleitarás ahora, mamá? ¿Con pie de manzana?
-¿No será tu estupenda tarta de ruibarbo? –inquirió el otro.
-Es pie de zanahoria –dijo Ginny en venganza.
Los gemelos comían de todo, excepto precisamente esos vegetales anaranjados.
-Paso –dijeron al mismo tiempo.
Molly Weasley murmuró algo que sonó a 'nunca crecerán'
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En ese momento pareció tan fácil.
Toda su vida era una completa mierda, por eso no le costó trabajo tomar la bolsita transparente que le ofrecía la exuberante rubia en la fiesta de Nott.
Al instante de aspirar el finísimo polvo blanco, empezó a sentirse mejor. Su pulso se aceleró y todos en la reunión fueron de pronto sus mejores amigos; las mujeres las más sexys y su carga de ser un Malfoy más llevadera.
Era la primera vez que esnifaba cocaína.
Y no sería la última.
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Por favor; NO consumas ningún tipo de droga. Una vida saludable es la mejor elección que puedes hacer. ¡NO destruyas tu vida!
¡Pasa a saludarme, please!
