Saludos Potterholics!

Finalmente hemos pasado los cien reviews y estoy muy inspirada gracias a eso, así que espero que disfruten el Capítulo, porque aún nos queda mucho por delante (suspenso) Gracias por su paciencia y recuerden que sus comentarios me hacen actualizar más pronto.

Gracias a P.D.C x que su review número 100, merece esta actualización :D

Y gracias también a LauraGranger13 (mi primer review del capi), Lunajely (tienes toda la razón), Drys-1 (Fantástico saludarte por aquí), Dalay (es el capí más largo del fic -hasta ahora), Arsem Pao (no tengo face, sorry! -y la reconciliación vendrá a su momento, primero hay que tocar fondo, Tun, tun, tun...)

Capitulo Diecisiete: La noche del baile (1a Parte)


Draco daba una vuelta por la ciudad en su motocicleta. Al fin el receso de invierno había llegado. Era fabuloso des afanarse del estúpido colegio y dejar de estar bajo el escrutinio decepcionado de Hermione. La locura de todo, es que entre más la evitara, más parecía verla por doquier.

La última vez que lo echaron del salón, fue porque estaba demasiado ocupado observando de reojo los perfectos bucles de Hermione recogidos descuidadamente, su piel como la porcelana, y sus labios rojos como el carmín. ¡Cómo se pintaban cuando los mordía tratando de entender algo! Pero el profesor lo había descubierto y lo corrió del aula.

Suspiró.

Hermione le gustaba.

Finalmente llegaba al punto de reconocerlo a sí mismo, y cuando asaltaban su mente esos sucios y pervertidos pensamientos que involucraban el cuerpo de su amiga cubriéndose con nada, salía a correr su moto, así lloviera o el sol le quemara la espalda.

Entonces más que gustarle, la deseaba.

¿En qué momento dejó de ser su pequeña amiga sabelotodo para convertirse en una hermosa chica con cuerpo de mujer?

Debería odiarse por disfrutar de las escenas eróticas mientras se duchaba.

Con ira aceleró su moto por la Northwest, pero un semáforo rojo lo frenó. Mientras descansaba su pierna derecha sobre el pavimento, aprovechó para sacar un cigarro de su chaqueta. Echó un vistazo alrededor, ya que este era uno de los altos más tardados de la ciudad. Todos los elegantes negocios de la avenida estaban hermosamente decorados navideñamente. Arboles de todos los tamaños, cargaban en sus ramas bellos adornos y guirnaldas, y los escaparates brillaban de limpios.

Pero lo que le llamó realmente la atención, fue que saliendo de una reconocida cafetería, un hombre tosco salía llevando del brazo a una guapa mujer de cabello negro. Ambos reían relajadamente.

Era Víktor Krum, y definitivamente ella no era Hermione.

La luz dio verde y el heredero arrancó alterado, recordándose que no debía importarle, porque después de todo, Hermione había escogido tener a ese gorila como novio.

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La noche del baile da caridad, en la casa de los Potter, un muchacho era abrumado por sus padres.

-No es mala idea que Sirius vaya como chaperón, Harry –dijo el padre del muchacho. –Si la fiesta se pone aburrida, ten por seguro que Sirius sabrá como ambientarla.

-Pues yo difiero contigo en esto, James –interrumpió su esposa. –Que Sirius quiera hacer de niñera en una fiesta de muchachos jóvenes es realmente dudable. Probablemente planea boicotear la fiesta, así que no olvides llevar el botiquín de emergencia, Harry. Mejor voy a traerlo yo, no se te vaya a olvidar.

-Tu madre es demasiado sobreprotectora contigo, hijo. Lo que retardará tu iniciación como hombre. –Lily cerró la puerta cuando salió y finalmente James miró a su único hijo a los ojos. –Escucha, Harry, esto que te estoy dando –le puso una cajita en las manos –son los mejores condones del mercado. Úsalos bien mi muchachote. –Harry se puso rojo hasta las orejas –Sabes usarlos, ¿o no?

-Papá, no es nece…

-Espera –le quitó la caja para abrirla y tomar uno. –Mira, no dejes que Florinda…

-Romilda, papá.

-Romilda lo abra. –Siguió James –Seguramente llevará uñas largas y podría romperlo, y no queremos eso…

Harry sintió como si fuera el único chico humillado en el mundo; lo que probablemente era cierto. –Papá…

-Siempre usa las yemas, y coloca la punta así… y… ay, ya, ya, ya –iba entrando su esposa. –Se un caballero y no estará de más que le regales un baile a Hermione, ya sabes, para que no se sienta tan solita.

Lily le sonrió –hazle caso a tu padre, Harry. Eso hará muy feliz a Mione.

-Hermione llevará a su novio –dijo sintiéndose de pronto mal humorado. Finalmente, después de días de insinuarle a su amiga que quería conocerlo, y ella ignorarlo, hoy sería el gran día.

-¡¿Qué?! –gritó James.

-Al fin un chico listo –comentó la pelirroja mujer satisfecha.

-No te creo… Lily, ¿crees que pueda acompañar a Canuto como chaperón? Porque tengo que ver eso con mis propios ojos.

-¡James!

Harry escuchó como sus padres discutían, pero él terminaba de verse en el espejo. Llevaba una camisa negra y un pantalón de vestir del mismo color, su cabello tan indomable como siempre. Su novia había querido que dejara sus gafas, pero él no pensaba hacerlo. Hablando de su pareja para el baile, lo mejor sería terminarla después de las vacaciones de invierno porque ya no la soportaba; quería controlar su vida y eso lo sofocaba.

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Ron estaba muy guapo con esa camisa azul cielo que su hermano Bill le obsequiara en su cumpleaños. Había conseguido además, ser pareja de Elle Elliot, una vivaracha morena de ojos negros. Ella era muy divertida y seguramente lo pasarían genial.

Su hermana Ginny tenía prohibido ir al baile porque sus notas del semestre fueron muy bajas, así que seguía haciendo berrinche en su habitación.

-Déjame tomarte una foto, Ronnie –dijo Molly Weasley al borde de las lágrimas.

-Mamá –se quejó el pelirrojo –no es la fiesta de graduación.

-Deja que tu madre disfrute este momento, hijo. Dentro de un año estarás en la universidad y cada vez te veremos menos.

El chico posó de mal humor.

-Sonríe, Ron o no saldrás nunca de aquí.

Eso lo hizo poner la sonrisa más grande del mundo.

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-Hermione, querida, Víktor ya ha llegado.

-Ya bajo –contestó desde su habitación. Se miró una vez más al espejo, asegurándose que todo estuviera en su lugar.

Su vestido era una hermosa pieza que le quedaba como un guante. De tela vaporosa y corte juvenil, se ceñía a su pequeña cintura, revelando curvas que desconocía poseer. El largo llegaba por encima de sus rodillas, revelando sus torneas piernas, que había rasurado para la ocasión, y sus definidos rizos caían suavemente sobre sus desnudos hombros.

Incluso ella tuvo que reconocer lo bonita que se veía.

Nerviosa descendió las escaleras, teniendo mucho cuidado de no tropezar con los delicados tacones que cubrían sus pequeños pies.

Víktor no fue el único que se quedó con la boca abierta.

Hasta George Granger, que lanzaba miradas duras al novio de su hija, olvidó de hacerlo en ese momento. –Princesita mía, estas preciosa.

-Gracias, papá.

-Oh, mi hermosa Jane, toda una señorita. –Dijo su madre abrazándola. –Déjenme tomarles una foto.

-Estas muy guapa, Hermione –le dijo Víktor por lo bajo, siendo consciente de que los señores Granger permanecían atentos a sus movimientos.

Sonrieron a la cámara y se dirigieron al baile en el auto que Víktor había conseguido.

Esta prometía ser una velada mágica.

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-Pensé que iríamos a ese baile que dijiste –se quejó Pansy Parkinson. Estaba muy sensual con su apretado vestido dorado. –He hecho que mamá me compre estos Jimmy Choo como para no presumirlos –dijo señalando unos tacones de infarto que podrían alimentar a una familia del tercer mundo por dos o tres meses.

Draco recordaba perfectamente su comentario sobre el dichoso baile de caridad. –Si iremos, Pansy, pero más tarde. –Se encontraba ansioso. La imagen de Krum con esa desconocida una y otra vez en su mente, y su falta de estimulante en la sangre no ayudaba a calmarse.

-Pero quiero ir ahora –exigió haciendo un puchero.

Que alguien le recordara porque salía con esta caprichosa.

Cierto, se la chu**** como nadie.

-Primero tomemos algo. –Dijo y Pansy sonrió lamiéndose los labios.

No se refería a un refresco precisamente.

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Su pareja se veía muy bien, como siempre, y su padrino le alzaba sus pulgares a la distancia para mostrarle que le daba su aprobación. Harry se sintió orgulloso de su pareja.

Hasta el momento las negativas premoniciones de su madre eran erróneas y Sirius parecía comportarse.

Saludó a Ron, quien se veía bastante contento con Elle. Pero a quien esperaba encontrar de inmediato, era a su amiga Hermione. Todo este secretismo de su novio comenzaba a parecer surreal.

Hasta que la vio.

Al principio solo se fijó en Hermione y en lo deslumbrante que se veía. ¿Cómo no se dio cuenta antes de lo hermosa que era? Asombrosamente su madre tenía razón y Hermione era muy bonita.

Apreció lo divino de su rostro, que resaltaba con el ligero maquillaje y halló fascinantes las ondas de sus cabellos. Lucían tan suaves al tacto, que se le hicieron apetecibles. Entonces notó la curvatura de sus pech…

Rápido se obligó a recordar que Sirius andaba por ahí, por lo que se giró velozmente, y sumamente avergonzado, para ver su reacción. Tenía la mandíbula desencajada; nada anormal, porque no era el único al reconocer a la genio de la escuela, tomada de la mano de un desconocido y varonil universitario.

Así que este era.

-¿Quién es ese galán? –preguntó Romilda Vane.

Inexplicablemente ofendido, Harry le dio la espalda cuando Hermione alzó su mano para saludarlo, y jalando agresivamente a su novia, se movió hasta el otro extremo del salón.

Sentía ganas de gritarle a alguien.

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Hermione no entendía la actitud de Harry. ¿Es que acaso estaba celoso?

Risible e imposible. Ellos eran los mejores amigos y siempre lo serían. Seguro que Romilda se lo había llevado para besuquearse con él en algún rincón solitario.

El mero pensamiento le dio mucho asco.

-La mujer más hermosa de la fiesta está a mi lado –susurró Víktor a su oído.

Hermione sonreía ante los caballerosos comentarios de su pareja.

-Ahí esta Ron, ven porque quiero presentártelo. –Le dijo llevándolo hasta el pelirrojo que la miraba con el gesto hosco. –Ron, quiero presentarte a… –Pero el pelirrojo se puso de pie y la dejó con la palabra en la boca. –Ah… eh… ha de tener hambre porque usualmente es muy amigable y divertido –explicó ruborizándose furiosamente.

-O esta celoso de que la más bella criatura sea mi novia.

Esto la hizo soltar una buena carcajada –eso es lo más inverosímil, Viktor. Ron solo puede estar celoso de quien posea la patata frita más grande del mundo.

-Si tú lo dices. Ven, vamos a bailar.

Primero se divirtieron con la música alocada. Además Viktor se esforzó al máximo para hacerla sentir especial, y la hizo olvidar las malas actitudes de sus amigos.

Era una noche perfecta.

El director anunció el total de fondos recaudados y les deseo felices fiestas. Después de esto, comenzó a sonar una reconocida balada, y mientras se mecía en los brazos de Víktor, se sintió feliz.

Hermione nunca había sido precisamente una de las chicas guapas, pero hoy hasta el idiota de Cormac quedose con la boca abierta de la impresión, y eso le generó una desconocida satisfacción. Y en el instante en que las gruesas manos de Viktor se deslizaron por su cintura hasta su cadera, irradiando calor donde sus dedos la sujetaban, se sintió derretir.

-Vamos afuera –fue una petición que Viktor obedeció al instante.

El cielo oscuro estaba plagado de estrellas, y una fría brisa le atravesó la piel. Su novio aprovechó para ponerle la chaqueta en sus hombros. –Hay algo que quiero decirte. –Hermione le puso atención. –Como sabes, debo volver a Bulgaria en Enero, pero no quiero hacerlo solo.

-¿Volverás con tu prima? –preguntó sintiéndose muy triste, porque eso era antes del veintitrés del mes siguiente.

Pero Viktor sacudió la cabeza. –Quiero que vayas conmigo, Hermione. –La chica estaba sin palabras, pero su novio sonrió tiernamente –Eres la mujer más espectacular, maravillosa, hermosa y deseo estar contigo siempre. –Se inclinó para besarla, como nunca lo había hecho. Como si con eso pudiera llevarla consigo.

-Víktor…

Pero no alcanzó a decir más porque un cuerpo tacleo a su pareja.

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Pansy trataba de llamar la atención de su pareja. – ¿Qué ocurre, Draco?

El apuesto rubio miraba como alguien que no era él, ofrecía su abrigo a Hermione. El imbécil que la engañaba con una morena.

Sintió las entrañar arder, como si hubiera bebido fuego. Los celos asomaron su peor cara, y vio todo rojo.

Quería golpear.

Quería lastimar.

Quería matar.

Por lo que, bajo las influencias de las drogas y el alcohol, casi corrió hasta donde el gorila se atrevía a besar a Hermione.

Ella era suya y de nadie más.

Además un Malfoy NUNCA compartía.

Así que se arrojó sobre un desprevenido extranjero, quien tardó en responder a los golpes. Draco comenzó a sentir escozor en la cara, pero cuando escuchaba gritos indefinidos a la distancia, los ignoró sintiendo las pulsaciones de la sangre en sus oídos.

Un puñetazo, otro, y otro. Sintiendo que la adrenalina incrementaba con cada golpe, hasta el grado de casi disfrutarlo.

Una ronda interminable que comenzaron a hacer que sus nudillos dolieran.

Pero no le importó: él era invencible.

Descargó en Krum toda su ira deprimida, todas sus frustraciones, todas sus tensiones.

Alguien intentó separarlo, pero el segundo que se distrajo para quitárselo de encima, le salió caro y el musculoso búlgaro le rompió la nariz de un certero golpe.

Que la sangre escurriera de sus fosas nasales, despertó en él a la bestia que seguía dormida.

Siguió golpeando hasta que en cierto momento, no era más que un saco de carne ensangrentada y huesos lo que tenía debajo de él.

Bajó el ritmo y pensando que ya era suficiente se levantó con las pupilas dilatadas y sangre salpicada en su ropa y en sus puños.

"Draco"

"Se ha vuelto loco"

"Ha sido por la Granger"

Voces que pronunciaban frases sin sentido.

"¿Qué has hecho, Malfoy?"

"Alguien llame una ambulancia"

Recordaría ver como unos grandes ojos cafés lo miraban llorosos y llenos de furia desde el piso, donde el cuerpo molido de un hombre yacía sangrante, antes de que fuera metido a una patrulla, escoltado por dos policías.

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