Capitulo Veinte: ¿Que ha pasado?


'Ese día estaba lloviendo a cántaros, por lo que un Draco, un Harry, un Ron y una Hermione de seis años jugaban en el ático de la casa de los señores Granger. Era su segundo lugar favorito de la casa de estilo victoriano; después del jardín. Las cosas viejas y polvosas acumuladas a través de los años, les permitían horas incontables de diversión.

Y este día no era la excepción.

-Harry y yo nos vamos a casar; tú serás el juez, Draco, y Ron la dama de honor –ordenó la pequeña mandona de grandes incisivos; llevaba puesta una vieja pijama blanca que bien pudo pertenecer a su bisabuela.

-¡Yo quiero ser el fotógrafo vaquero! –gritó el pequeño pelirrojo quejumbroso, cuya manía por el salvaje oeste no había disminuido ni un ápice.

-¡Y yo quiero ser el bandido que se roba a la novia! –gritó Draco, ya desde pequeño atraído por los tipos malos de las películas. Había conseguido un sombrero negro de copa que combinaba con sus costosas ropas.

-¡Pero yo quiero jugar a la boda! –gritó también Hermione, quien había ido a la boda de una paciente de sus padres el día anterior. –Y no quiero que me roben –agregó haciendo un puchero amenazando con llorar en cualquier momento.

-No te preocupes, Mione, yo te protegeré –le sonrió Harry tranquilizándola, tomando su mano y con la otra agarrando su espada ninja de juguete.

Hermione le sonrió y Draco tiró el primer disparo para llevarse a la novia y ser él quien se casara con ella; porque un Malfoy siempre conseguía lo que quería.'

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-¡Hermione! ¡Hermione! –rugió un rubio completamente despeinado mientras aporreaba la puerta de madera; cuya estructura daba la impresión que de un momento a otro se vendría abajo su seguían golpeándola de esa manera. – ¡Hermione! –Era una locura. Eso que había hecho en la estación de policías había sido una absoluta locura y una completa estupidez. – ¡Hermione! –Y ahora parecía estar pagando las consecuencias con intereses que no había contemplado.

-No te abrirá –le dijo una voz familiar a sus espaldas.

Draco ignoró la advertencia de Harry Potter y continuó golpeando la puerta sin importarle que sus nudillos comenzaran a doler.

-¿Qué pasó entre ustedes, esa noche en la celda? –Preguntó el moreno. A pesar de que no caería nieve ese invierno, el viento era demasiado frío y por lo tanto llevaba puesta una gruesa chamarra para protegerse. Draco en cambio, llevaba su chaqueta de piel de siempre, sobre una camiseta ligera, su aspecto parecido al de alguien que ha permanecido en la calle por días. –Desde entonces Hermione se ha recluido en su casa y únicamente llegó a contestar mis mensajes, diciéndome que está muy ocupada y que luego me explica.

-¿En el hospital? –preguntó Draco recargándose sobre sus brazos colocados en la puerta. Se encontraba cansado, hecho trizas por la pasada semana de insomnio, imaginando miles de posibles escenarios para enfrentar sus sentimientos por su mejor amiga.

-He ido, pero tampoco la he encontrado y hace dos días Krum salió del hospital –explicó el hijo de los Potter.

-Si sabes que tampoco te abrirá a ti, porque es obvio que lo sabes, ¿qué haces aquí? –preguntó Draco cambiando de tema; lo de Víktor Krum le tenía sin cuidado.

-Hace dos días que Hermione no contesta ni mis emails.

-¿Y entonces que haces aquí? –volvió a preguntar. La verdad es que no le hacía gracia que Potter estuviera tan cerca husmeando en sus asuntos.

-He venido a corroborar lo que según Ginny ha dicho a Ron.

-¿Y eso es…? –preguntó Draco realmente sin interés en lo que hubiera dicho la pequeña pelirroja.

Harry se llevó una mano a la sien. –Que Hermione se ha ido a Europa con Krum.

-No juegues conmigo, Potter –gruñó Draco finalmente, cogiéndolo por las solapas de la gruesa chamarra en un solo movimiento preciso.

Harry ni se amedrentó, pero si dijo con veneno en la voz, un tono que le había aprendido muy bien al rubio cuando tenían quince años. –No me gusta jugar con cualquier cosa relacionada a Hermione.

Draco lo soltó mareado, a causa del inesperado golpe bajo del moreno –no juego con ella. –Replicó furioso, pero con cierta duda en su semblante.

Harry se arregló la ropa y enderezó sus gafas –pues no es lo que parecía por estos meses, contigo ignorándola y haciéndola sufrir.

-¡No he querido hacerle daño! –gritó Draco perdiendo los estribos. Pateando un escalón de calle de la familia Granger.

-¡Pero lo has hecho, Malfoy! –respondió Harry comenzando a exaltarse, ya que a alguien debían cargarle la culpa de que su amiga los hubiera abandonado sin avisarles. – ¡La has herido y ahora ella se ha largado con Krum para ser su esposa!

-Estás mintiendo –dijo el rubio en un amenazante siseo. Tenía la mandíbula apretada.

Harry lo miró a los ojos, resentido –quisiera estarlo haciendo.

-Mientes –insistió el heredero de los Malfoy, empujando a su amigo para montarse en su moto e irse de ahí. Iría al consultorio de los señores Granger y se tragaría la vergüenza para preguntarles en donde rayos se encontraba su hija Hermione.

Harry miró como la figura de Draco se hacía más y más pequeña conforme se alejaba en su motocicleta. Algo había pasado entre Hermione y Malfoy, estaba seguro de eso porque ella había estado actuando extraña desde entonces.

Al día siguiente de lo ocurrido en el baile, Harry había ido por Hermione para acompañarla al hospital; pero cuando llegó, ella ya se había ido. La llamó sin éxito y fue a buscarla al centro médico, pero no le permitieron pasar, diciendo que el paciente ya tenía una visita. Esperó a que su amiga saliera, pero eso no ocurrió y él tuvo que irse sin haberla visto.

Los días siguientes fueron similares y tampoco Ron la había visto. Si les contestaba sus mensajes, lo hacía de forma educada y algo distante, pero era mejor a nada. Sin embargo el día anterior, Harry fue a la casa de los Weasley para hablar con Ron sobre lo ocurrido (como dijo el castigado pelirrojo; tenía hasta prohibido ver la luz del sol, según las palabras de Molly Weasley) Pero únicamente se encontró con la noticia de que Hermione únicamente avisó a Ginny de su repentino viaje al viejo mundo.

Entonces Harry y Ron llegaron a la temida conclusión, de que Hermione había aceptado casarse con Víktor; no tanto por amor, sino por la culpa que debía haber sentido al verlo en semejante estado de dolor.

¡De verdad! ¡Olvidó reclamar a Malfoy por eso! El muy idiota lo escucharía cuando fuera a buscarlo a su casa.

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La ciudad de Sofía era encantadora en su propio estilo europeo. Aun no podía creer que sus padres le hubieran permitido viajar con Víktor y Kovolska, a este pequeño país del viejo mundo. Existía tanta historia por estos lugares, que la decepcionaba un poco no estar visitando museos diariamente, leyendo, investigando y conociendo a fondo la rica cultura de la República de Bulgaria.

Víktor estaba terminando de reponerse en su hermosa vivienda ubicada en el centro del poblado. Una pequeña casa con todas las comodidades necesarias para vivir sin preocupaciones. Realmente no había entendido la fama de su novio hasta que se encontró con que varios reporteros aguardaban la llegada de Víktor; desesperados por cubrir la nota de su "accidente" en el extranjero.

Aun podía recordar con claridad la incomodidad que sintió cuando su cara (por cierto bastante hinchada por las muchas horas de viaje y desvelos) apareció en la nota principal de una revista de cotilleos; etiquetada como la "afortunada prometida de Víktor Krum". Presentía que Kovolska era la autora de semejante mentira, pero la verdad es que ahora no podía importarle menos. Víktor entendería que ella era muy joven para casarse.

Y llegar a esta conclusión, la llevaba a pensar en alguien más.

¿Cómo había sido capaz de dejarse llevar en una situación como esa y esperar salir ilesa?

No debió reaccionar así; porque no todos los días tu mejor amigo te besa.

Lo que pasó aquella noche en la celda generaba sentimientos confusos en su persona, y estar confundida era algo que nunca le había gustado; era sentirse vulnerable y torpe, y definitivamente es lo que era en el plano romántico: una torpe chica que únicamente había tenido un novio en su vida.

Un novio que por cierto quería casarse con ella.

¿En qué mundo loco vivía?

Pero volviendo al punto; se sentía furiosa con Draco por haberla orillado a corresponderle el beso. ¿En que estaba pensando? ¡Eran amigos por todos los cielos europeos! Y los amigos se burlaban entre ellos, lloraban juntos, podían enojarse pero perdonaban sus defectos y sanaban su amistad; pero no se besaban.

No lo hacían.

Por otra parte; ¡santo cielo! ¡No tenía ni idea de en donde Draco había aprendido a besar! Quien quiera que le hubiera enseñado, había hecho una labor estupenda porque; mientras que Víktor era más saliva y mordisqueo; Draco era sensual, atrevido, y con una sola vez había bastado para grabarse a fuego en su memoria; en sus labios.

¡Pero eran amigos! Y en honor de la amistad, en lugar de poner un alto a la situación; había salido huyendo a otro continente.

Vaya amiga que era.

Pero cada memoria de su infancia, al lado de Draco, Harry y Ron, la obligaban a replantearse como se sentía exactamente con lo acontecido en la noche del baile de navidad.

Haciendo a un lado el incidente entre Draco y Víktor (ahora entendía que bien podían haber sido celos; lo que se añadía a la locura de todo); sentía un pequeño revoloteo en su estómago al pensar en el rubio; cosa que no había ocurrido antes del infame (no podía ni pronunciarlo como se debía).

Ósea, ¡eran amigos! Aunque su traicionera mente le hizo recordar que hacía tiempo, dos o tres años atrás ella… bueno… ¿cómo explicarlo? Pues… vale, a ella le había gustado Harry-su-otro-mejor-amigo-Potter.

Ya. Lo había soltado. Aceptaba que en un par de ocasiones se imaginó al lado de Harry, tomados de la mano y haciendo la tarea juntos… ¡pero únicamente porque en esas fechas todas las chicas de su año presionaban psicológicamente a las que no tenían ni perro que les ladrara!

Claro que no volvió a pensar en ello hasta ahora; cuando fue Draco quien la hubo besado en una celda (¡que romántico! Compréndase el sarcasmo…). Pero ahora no era hora de pensar en Harry, quien por cierto debía sentirse herido (lo que ocasionaba en ella tristeza e ira contra si misma) porque no le aviso sobre su decisión de acompañar a Víktor a Bulgaria.

-Hermione…

La voz de Víktor la sobresaltó, tan sumida en sus pensamientos como estaba. –Deberías estar recostado –le dijo reparando en la ropa del búlgaro; muy listo para salir de paseo.

-No quiero que pienses que soy un terrible anfitrión, manteniéndote encerrada en esta vieja casa –respondió Víktor con una sencilla sonrisa.

Hermione giró los ojos –debes guardar reposo.

-Has de estar aburridísima, por lo que te llevaré a recorrer la ciudad. Mi prima ha sido muy descortés al no haberse ofrecido a hacerlo –señaló frunciendo el entrecejo, lo que lo hacía parecer muy amenazante.

-Pero tus heridas…

-Ya estoy bien –la tomó de la mano, llevándola a la salida; Hermione ofreció resistencia, pero con todo y sus hematomas, Víktor era más fuerte que ella.

Visitaron los lugares favoritos de Víktor; y no dejó de llevarla a la biblioteca de Sofía, tan llena de libros antiguos que enchinaron la piel de la joven americana. Únicamente se detuvieron en una encantadora cafetería, cerca de la fuente de una plaza.

-No quisiera que te fueras tan pronto.

Hermione suspiró, tras tomar un trago a su delicioso chocolate belga. –He quedado con mis padres en que llegaría a tiempo para navidad. Sabes que el próximo año iré a la universidad y ellos tienen la idea de que cada vez me verán menos en las festividades.

Víktor asintió pensativo, y cuando volvió a hablar, lo hizo en un tono suave y aterciopelado –podrías quedarte aquí –sugirió. –Me has dicho que te encanta la ciudad y… –tomó su mano con ternura –sabes que te amo, Hermione y en realidad deseo que seas mi esposa algún día. –Hermione quedose con la boca abierta, casi pálida. –Mis intenciones contigo desde el principio han sido honestas y sabes que aquí no te faltará nada si decides quedarte. Si decides amarme te haré la mujer más feliz sobre la faz de la tierra.

Hermione sentía su pulso acelerado; de pronto la cafetería se volvió pequeña y sofocante, y la cara de Víktor se volvió borrosa.

Toda una vida pasó ante sus ojos. La vida que pasaría de aceptar la propuesta de Víktor. Una vida en Europa lejos de sus padres, de sus planes. Una vida sin Harry, sin Draco, sin Ron. La vida de una joven casada, con tres hijos de cabello tan negro como el del padre y sin mayores ambiciones en su vida más que la de ser una buena madre y una esposa abnegada.

Y entonces todo se puso negro.

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Draco casi tiró la puerta de la habitación de Harry Potter; quien no estaba sorprendido de verlo ahí, de hecho, lo estaba esperando.

-Has tardado.

Draco ignoró el comentario pasando directamente a lo que le concernía. Habia pasado por la clínica de los Granger y le habían corroborado lo dicho por el moreno horas atrás.

-Al grano, Potter. ¿Cómo traemos de vuelta a Hermione?