Capítulo Veintidós: El día después de Navidad
Después de abandonar la casa de su padrino, el trayecto a casa estaba resultando demasiado silencioso. Parecía que alguien había puesto pegamento en la boca de Ronald Weasley. Harry no lo presionó, y no precisamente por considerarse un buen amigo, sino porque tampoco tenía muchas ganas de conversar; su mente completamente en lo que había dicho Sirius sobre Draco y Hermione.
¿Sería posible que ellos...?
El diría que no pero los hechos gritaban que sí y ¿cómo era posible que no se hubiera dado cuenta antes? Ahora parecía sospechoso que Draco quisiera haber ido por Mione ¿qué pensaba hacer? ¿alejarla del tipo aquel para quedarse con ella? ¿Es que Malfoy había usado el pretexto de la amistad para ocultar sus celos? Harry se sintió verdaderamente torpe y volviose a preguntar ¿como no se había dado cuenta antes? Y mas aún ¿esto como lo hacía sentir? Recordó lo que le dijo su exnovia Romilda durante el baile: 'no creas que no me he dado cuenta de cómo la has mirado esta noche. Has estado devorándola con la mirada durante toda la velada.' ¿Acaso su ex tendría razón? ¿Sería posible que sintiera cierta atracción por Hermione?
–Llévame a la casa de Malfoy –dijo de pronto Ron, interrumpiendo los pensamientos de Harry. –Quiero ir a romperle la cara a ese maldito hijo de #&%.
–Estas sobreactuando, Ron –dio por respuesta sin desviarse del camino.
Pero humo parecía salir de las orejas del pelirrojo –¡Traspasó nuestra confianza, Harry! ¡¿Que no te importa que haya besado a Hermione?! Joder... ¡Porque a mí sí que me importa! –gritó antes de llevarse las manos a la boca asustado. Harry volteo lo suficiente para encontrar su mirada pero no lo consiguió, Ron se negó a mirarlo pero intentó justificarse –es como... quiero decir... como si él... como si él... uhmm...
–¿Como si hubiera besado a tu hermana? –ayudó no muy convencido.
–Ándale. Exactamente eso. Es como si hubiera besado a Ginny –asintió firmemente el pelirrojo –y un hermano no debe pasar por alto esas cosas.
Harry se sintió incomodo sin saber explicarse por qué –Pero Hermione no es tu hermana –terminó por señalar mas a fuerza que de ganas, viró el volante hacia la izquierda con dirección a su casa.
–Tampoco tuya –agregó Ron a la defensiva.
–No he dicho que lo sea –murmuró el chico girando el volante una vez mas.
–Lo es pues hemos crecido prácticamente juntos –disputó Ron, aunque luchando internamente consigo mismo porque esta reacción propia no era precisamente la misma que tuvo cuando Ginny se enfrascó en un breve noviazgo, y él lo sabía y Harry también aunque no lo expresaría en voz alta. Así que escarbando como nunca en el hueco que eran sus sentimientos, logró formular lo que muy, pero muy, pero muy en el fondo le carcomía como un pequeñísimo y molesto gusano –¿a ti nunca te ha gustado Hermione? –El moreno frenó en seco, provocando que Ron se golpeara la cabeza en el tablero –auch. Eso dolió. –Gruñó sobándose el chichón que empezaba a asomar en su frente. –No me contestes si no quieres... pero eso te hace ver muy sospechoso. –Terminó por agregar muy resentido con su amigo.
–¿Y a ti? –evadió el conductor echando a andar el auto con mas cuidado. Sus manos empezaron a sudar, cosa extraña dado que afuera el clima era helado y que ademas la calefacción de su auto no servía.
Ronald se limitó a mirar por la ventana el cómo todos los trauséntes no tenían ningún problema en sus vidas privadas. Ojalá él fuera como ellos. Y ojalá ya todos estuvieran en la Universidad; donde este tipo de situaciones no existían y solo importaba terminar con el hambre mundial. En esto pensaba y por eso no contestó.
Un pesado y raro silencio extendiéndose entre ellos.
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Sus primos habian ido a recogerla al aeropuerto lo cual fue una grata sorpresa para ella. La familia Granger se reunía cada año en casa de William, el padre de Hermione, para la cena de Navidad y se iban hasta pasada la fiesta de Año Nuevo. Era cuando toda la población que formaba el clan Granger se ponía al tanto de sus vidas. Bueno... no eran tantos así como muchos, pero los suficientes para llenar la casa durante una semana.
-Si sigue haciendo frío tendremos que descartar ir al lago -señaló Hermione mirando con nostalgia por la ventana, mientras servían los platos para una tradicional cena navideña.
-Eso jamás. Recuerda, primita, que el año anterior quedamos empate para ver quien resistía mas tiempo sumergido en el agua helada y dijimos que este año se decidiría el ganador.
Antes de que Hermione pudiera replicar, su madre le quitó la palabra -ni se les ocurra. Ese juego le costó a Jane dos semanas de clases por la casi neumonía que le dio.
-Pero tiíta... nuestra Janey se irá a la universidad y será difícil que vuelva a unírsenos al menos durante los próximos cinco años.
-¿Bromeas? Mi Hermy estará cada año en casa para Navidad -intervino su padre dando un buen trago de ponche de huevo a su taza. -¿No ves que viene llegando a tiempo desde el viejo continente?
-Hora de cenar -llamó la abuela Granger y ni uno faltó para congregarse alrededor de la mesa diligentemente.
Mientras disfrutaban del pavo y las delicias que habían llevado entre todos, Hermione trataba de responder a todas las preguntas referentes a su viaje a Bulgaria; incomodándose cuando su madre señalaba lo buen muchacho que era Víktor (que desilusión se llevaría cuando se enterase que habían terminado, despidiéndose en el aeropuerto conscientes de que nunca más volverían a verse, pero quedando como buenos e incómodos amigos... O así le pareció a ella) Y cuando preguntaron sobre los recuerdos de rigor ella confesó que no había comprado gran cosa, sino una gran variedad de postales que repartiría entre ellos, y un delicioso chocolate con avellanas que beberían para acompañar el pudding de frutos secos reservado para el final. Era bueno poder distraerse con sus familiares en lugar de pensar en sus amigos... a los que pronto se encontraría en cualquier parte y a los que tendría que dar algunas explicaciones.
Pero por lo mientras a seguir saboreando los ricos manjares de la cena.
-...entonces el abuelo se extrajo el moco en plena sesión...
Hermione seguía divertida el relato de uno de sus tíos cuando llamaron a la puerta. -Yo atiendo -dijo a su madre contenta. Se levantó apenas preguntándose quien llamaría a esas horas. Rodeó la mesa y antes de salir del comedor alcanzó a llevarse a la boca una trufa de chocolate de las que llevó su tía Helga, esposa del tío que una vez junto a su padre había evaluado a Víktor. Volvieron a llamar pero esta vez parecía que querían tumbar la puerta. –¿Quién...? –la pregunta murió en sus labios.
Deseó no haber sido ella quien abriera la puerta pues un Draco intoxicado, la miraba con enrojecidos ojos acusadores desde el umbral de la entrada.
Hermione tragó su trufa casi completa.
Una sonrisa amenazante dibujándose en los labios del rubio. –¿Me extrañaste? –La chica abrió la boca y la cerró varias veces para gran diversión del rubio. –¿Te comió la lengua el gato? Deja te ayudo a encontrarla.
Se acercó y devoró su boca.
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Ronald no era precisamente el tipo de chico que ahondaba demasiado en las situaciones que le generan conflicto. No. Él era mas como "que ocurra lo que tenga que pasar". Así que con esa mentalidad devoraba el puré de patatas bañado en gravy deteniéndose apenas para respirar y beber un poco de soda... y continuar comiendo.
-Mastica un poco, Ronald -dijo su hermana mirándolo con asco.
El la ignoró.
Estaba la familia casi completa, exceptuando por sus hijos mayores que habían respondido a la invitación de pasar las fiestas en la casa de los Delancour, la familia de Fleur. Por esa razón Molly Weasley lloraba copiosamente mientras servía otra porción de pavo a su varón mas joven.
-Siempre supe que esa mujer era una roba hijos -lloriqueo volviendo a su plato. Menos mal que Ginny le había ayudado a cocinar sino la pasta tendría azúcar y los postres sal.
-Te vas a ahogar si sigues tragando así -dijo la chica Weasley. -Supe que hoy llegó Hermione -comentó esperando que su hermano finalmente descansara un poco los músculos de su boca.
-No me interesa saber -masculló prefiriendo atragantarse con mas puré que emitir una opinión al respecto. También porque acordó con Harry, en un silencio tácito y de mutuo acuerdo, no decir ni una palabra más del asunto, ni entre ellos ni a Hermione (lo cual le convenía ya que él mismo no podía definir sus propios sentimientos al respecto). Además Ginny debía saber sobre el apasionado y desbordante 'atracón', como él lo denominaba, entre Malfoy y Hermione y lo ocultaba a propósito. Sintiéndose herido y traicionado, empezó a mascar con la boca abierta para incomodar a su hermana.
No tuvo éxito y casi se ahoga pero al menos lo intentó, como intentaría olvidar que Hermione y Malfoy se habían besado.
¿Porque los ricachones obtenían siempre lo mejor? Un día él trabajaría y haría una fortuna y de ese modo podría conseguir absolutamente todo lo que deseara... Tal vez hasta besara a Hermione... Si ¿porqué no?
Y así, satisfecho consigo mismo pudo pedir muchas más patatas., y más pavo.
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Los Potter vivían en una encantadora casa de amplio jardín trasero. Era la casa mejor decorada de la cuadra y eso satisfacía enormemente a su propietaria Lily. -Come un poco mas de tarta, cariño -insistió a su único hijo con dulzura.
Harry no estaba con el mejor humor pero no haría a su madre pagar su estado de ánimo -si, mamá.
-¿Sigues pensando en lo que hablamos, Harry? Si sigues así pensaré que estas mas afectado de lo que creí posible... y en términos de hombres eso no es ni remotamente sano -comento Sirius bebiendo mas vino y observándolo con cautela.
-¿Problemas de chicas? -quiso saber James Potter revolviendo su pasta con el tenedor y sin atreverse a probarla.
-Lo usual -dijo su viejo amigo muy tranquilo antes de desviar el tema y evitando así que Lily hiciera incómodas preguntas. -Mañana habrá que irnos temprano a su casa en el campo. Tal vez podamos ir a esquiar.
-¿Si iremos a esquiar? -preguntó Harry animándose un poco ante la perspectiva de ver sus breves vacaciones mejorar.
Pero su madre no parecía muy convencida -serán cuatro horas mas de viaje y no anticipé las compras para eso. Y tenemos que estar de vuelta para el dos.
–¿No iban a pedir vacaciones hasta el cinco?
–Si pero Lily ya no quiso –contestó James lanzando la bola a su mujer.
Lily giró los ojos. Hacerla responsable de las ideas no divertidas era típico de su esposo. –Harry irá a la Universidad y quiero que vayamos a dejarlo, y si pedíamos el permiso, no podremos acompañarlo –contestó resuelta y sin dejar lugar a discusión.
Harry pidió ayuda con la mirada a su padrino pero este dejó el tema para otra ocasión –vayamos a esquiar. Sobre las compras basta que le llamemos a Remus y él las hará. Por cierto... ¿investigaron lo del posible romance de mi lunático? ¡Nunca me había abandonado para Navidad!
–Mandé a dos novatos a seguirlo pero no encontraron nada sospechoso –James no podía comer más a pesar de estar hambriento, pues sin estar Remus para preparar la cena, Lily cocinó, haciendo la cena no digerible.
Así estaban los otros dos varones. Lily en cambio quitaba muy a gusto las partes quemadas, revolviendo lo demasiado salado con lo que carecía de sal, y haciendo a un lado discretamente lo que sabía extraño. –Se que yo dí la idea de mandar a los novatos pero Remus es demasiado listo para ellos. Creo que regresando de vacaciones tendré que hacerme cargo yo misma.
Harry siguió escuchando a su familia platicar pero con la mente en otro lado. Le preocupaba enormemente que estuviera caminando en la fina línea que marcaba la diferencia entre amigos de sexo opuesto con Hermione. Ya no quería pensar. Estaba harto. Si acaso le gustaba Mione... no. No podía gustarle. Era la primer regla entre amigos para serlo de por vida: no gustarte tu mejor amiga. Malfoy había roto las reglas y mira en que había acabado...
Y aún así siempre existían excepciones a las reglas ¿no? Y él no era tan... bueno, bueno. Si se había comportado como un patán con eso de andar con Romina, pero él y Mione eran algo más compatibles que ella y Draco... o ella y Ron. O más bien los compatibles eran ella y Draco... y él con Ron... ¿o él con Draco y ella con Ron? Basta. Empezaba a hacerse un embrollo y eso le producía jaqueca. Dejaría de pensar costara lo que costara. Pero luego le venía a la mente la reacción de Ron y la de Draco respecto a Hermione y ¡ahora faltaba que todos ellos estuvieran enamorados de su mejor amiga! ¿Estaban todos podridos o qué?
"El único podrido aquí eres tú porque nadie más piensa en eso" Le dijo esa vocecita de su mente que hablaba como su mejor amiga.
1. Draco siempre fue así de sobreprotector con Herms.
2. Ron siempre actuaba así de celoso cuando él no era invitado a enterarse de todo lo que pasaba a su alrededor (además que le gustaba pelear con Malfoy).
3. Y él... pues era Hermione, todo lo que le ocurriera le importaba.
Satisfecho consigo mismo, trató de aferrarse a esos tres puntos antes de que volvieran a clases y Hermione descubriera lo que pensaba como siempre lo hacía.
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A pesar de que tenía prohibido el consumo de alcohol y drogas, a Draco no podía importarle menos. Él seguía su vida desenfrenada como llevaba viviendola hacía meses. Venía precisamente de la fiesta de los Zabini donde algún tipo de locura le entró terminando ahí, besando a su única amiga.
Cuando años mas tarde se preguntara qué lo había hecho ir aquella fría noche de Navidad a la casa de Hermione, no podría contestarse sin sentir un vago remordimiento de no haber hecho las cosas bien.
Ah, los vicios.
Y ahora los labios y la calidez del cuerpo de Hermione eran unos de ellos.
Sus brazos la atrajeron a él con fuerza, y la pegó tanto a su cuerpo que ella gimió involuntariamente; sus dulces labios de miel abiertos completamente y sólo para él.
Con violencia introdujo su lengua y saboreo cada parte íntima de Hermione.
Era como hacerle el amor a su boca.
Su inquieta mano se deslizó suavemente como una serpiente al trasero de la joven con erotismo, pero eso no importó, lo que la hizo despertar del sensual ensueño que nunca antes había experimentado, fue sentir como algo duro se movía en la parte más baja donde sus cuerpos se tocaban.
–¿¡Que diantres pasa contigo, Malfoy!? –reaccionó empujándolo con todas sus fuerzas.
Estúpidamente él trató de besarla de nuevo pero esta vez ella estaba preparada y su mano se estampó en la mejilla con tal fuerza que le volteo la cara.
–Joder, Hermione, que te quiero. –Soltó así, sin más.
Y quedáronse en silencio.
El muchacho mirando el suelo justo donde quedó dado el golpe y la chica respirando forzosamente. Le temblaban las piernas y sentía una extraña humedad en sus panties. Empero la única reacción que atinó a hacer, fue llevarse las manos a los ojos cansada, y suspirar –Draco... –¿Qué otra cosa podía decir? Llegaba así de pronto, besándola como nadie, en estado de ebriedad, apestando a cigarro, y...
Pero Draco no había ido en busca de sermones ni a escuchar una maldita negativa. –Al diablo... –Así que sintiéndose más imbécil que nunca, se montó en su motocicleta y arrancando se fue.
Hermione no lo llamó a tiempo y para cuando lo hizo, él ya estaba demasiado lejos para oírla.
Poco se imaginaba la chica que esta sería la última vez que lo vería en un muy largo tiempo.
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