N/A: ¡Lo siento! Casi un año atrás subí capítulo y desde entonces nada. Ese no era el plan pero surgieron situaciones. Espero puedan disculparme. Antes de pasar a lo que nos interesa me gustaría aclarar un par de cosas:
1. No importa cuanto me tome, terminaré esta historia hasta donde la planee desde el comienzo; no pienso acortarla para desentenderme pronto. El único modo en que dejaré esta historia inconclusa es porque me morí; cosa que espero falten aún muchos años para eso.
2. La historia no termina cuando los protagonistas se gradúen de la High School. Hay muchas experiencias aún que tienen que vivir, ¡así que nos vamos a la universidad!
3. Por mi parte me esforzaré por no dejarlos años ni tantos meses esperando una actualización, por su parte espero sus comentarios.
4. Deseo que esta historia sea lo más real posible, pero la vida real no siempre es fácil; así que prepárense porque todo puede pasar.
5. No tengo mucho tiempo disponible, así que entenderán que no contesto reviews tan seguido, pero los PM tarde que temprano si los respondo; así que si alguien quiere escribirme por ahí es bienvenido a hacerlo.
6. Gracias a todos ustedes que siguen leyendo Friends Forever; definitivamente son amigos por siempre. Esto es para ustedes... ¡Mucho amor!
Capítulo veinticuatro: ¿Dónde estás?
Harry miraba fijamente el sobre que había recibido el día anterior. Sus padres se habían puesto locos de contento y habían organizado una reunión para el día de hoy en casa de Sirius. Así que ahí estaba, debatiendo el momento en que diría a sus amigos que no iría a Berkeley con ellos.
–¡Harry!
El joven de gafas miró una última vez con remordimiento el sobre antes de ocultarlo entre sus libros y voltear a ver a su amigo Ron. –¿Qué ocurre, Ron?
El pelirrojo dejó caer su maleta sobre la silla más cercana y después su propio peso en otra. –¡El infeliz de Snape me aprobó con la más baja calificación posible! ¡Además añadió que con eso no me volvería a ver y ninguna universidad tampoco!
–O sea que...
–¡Me graduaré pero adiós beca en Berkeley! –exclamó airado.
Harry miró a su amigo penosamente –aún te queda el baloncesto...
Pero su amigo negó con la cabeza –en nuestro último partido me fue bastante mal, tuve un desempeño mediocre; si tan solo hubiera entrenado más duro en vez de preparar ese estúpido ensayo para Snape, de todas formas me puso esa calificación...
–Hay otras universidades además de esa –trató de animar a su amigo, pero sintiendo algo de remordimiento al pensar en su carta.
–No, no. Todos quedamos de ir a Berkeley, ¿Recuerdas? Podría trabajar un año y presentar las pruebas otra vez...
–Aún tienes una posibilidad de quedarte, no debes adelantarte; o quedar en la Universidad de Texas –añadió con otra punzada de remordimiento.
–No quiero allí, presenté solicitud porque mamá insistió que lo hiciera; piensa que los gemelos podrían ayudarme.
–Pero si te quedas deberías aprovechar –dijo Harry con firmeza. –Lo importante es quedar en una universidad aceptable y además la UT tiene un buen equipo de baloncesto.
Ron solo gruñó un poco antes de cambiar abruptamente de tema –por cierto ya lo hice. –Mal humorado sacó una botella de agua de su mochila.
–¿Hacer qué? –quiso saber Harry decidiendo que este era tan buen momento como cualquier otro para mostrarle su carta de admisión.
Mientras giraba la rosca de su envase Ron contestó –ya invité a Hermione a la fiesta de graduación.
La respuesta paralizó a Harry quien tragó fuerte antes de preguntar –¿Que tú hiciste qué?
Ronald bebió un poco y dejó la botella en la mesa antes de tomar su móvil para avisar a su madre que su amigo le había invitado a comer y que llegaría tarde a casa –que invité a Hermione a la fiesta de graduación, poco antes de entrar a la clase de Snape.
Harry sintió punzadas en su sien –¿y qué te dijo? –la voz que salió definitivamente no era la suya.
No dejó de notar que las orejas de Ron se ponían rojas aunque el chico trató de disimular fingiendo indiferencia –que sí. –Ahora su boca se amplió en una ancha sonrisa –sé que es un poco extraño que la haya invitado pero no sé... ¿recuerdas que en diciembre la invité después de que Elaine Senn me bateara? Me arrepentí de no haber pensado en ella primero; así que esta vez no quise cometer el mismo error y me adelanté a todos. Escuché en la primera clase que un tipo pensaba invitarla en cuanto anunciaran el día y... ¿te digo algo? –bajó la voz y tuvo el acierto de hacer lo mismo con la mirada –creo que me gusta. Ella. Hermione.
¿Sabes lo que se siente cuando te estas ahogando? Es justo lo que sintió Harry Potter en ese momento.
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"–Cuando me case serás mi padrino de pastel –se encontraban sentados lado a lado en el viejo muelle de madera de la casa de campo de los Potter. Era el primer y único verano en que irían todos juntos porque después de esa ocasión a Draco no volverían a dejarle ir. –Y yo seré tu madrina cuando te cases tú.
–Yo no pienso casarme nunca jamás de los jamáses –intervino él con sarcasmo y toda la sinceridad posible que se permitía tener a sus diez años.
–Eso dices ahorita pero deja que te llegue, como dice papá, la edad de la punzada y entonces verás como te casarás antes que yo –alegó Hermione con una risilla burlona.
Draco la miró detenidamente: a su gracioso sombrero rosa que no ocultaba su encrespado y sin forma cabello castaño, y su infantil bañador de florecillas multicolor. –Solo habría una persona en el mundo con quien podría casarme... –respondió con toda seguridad mirándola con intensidad.
Hermione iba a preguntar a quien se refería, pero cayó en cuenta del escrutinio al que era sometida y rápidamente desvió su rostro a donde Harry y Ron luchaban para hundir al otro en el agua, antes de que Draco viera el ridículo rubor de sus mejillas.
–Y esa persona soy yo mismo –rió con malicia antes de empujar a su amiga para que cayera en un ruidoso chapuzón en el lago.
–¡Me la pagarás, Malfoy! –gritó indignada antes de contagiarse de las risas de sus otros amigos.
No fue necesario ir por Draco porque él solito se aventó de un clavado. –¡Si logras alcanzarme tal vez me case contigo! –la retó empezando a bracear como todo un profesional hasta donde Ron y Harry ahora trataban de subirse al otro.
–¡Con esa amenaza mejor no me esfuerzo! –gritó pero lo siguió.
Con su charla olvidada fue fácil hacer equipo con Draco y montarse en sus hombros para jugar caballazos, venciendo a Harry y a Ron."
La chica suspiró tras ese recuerdo, estos venían más seguido cada vez seguramente por la nostalgia que sentía al saber que pronto concluiría una importante etapa de su vida. Estaba a escasas semanas de cerrar este ciclo y además el tiempo se iba volando y no parecía detenerse. De echo, había días en los que no tenía tiempo ni para dormir. En parte porque los profesores les habían dejado exceso de trabajo, típico de todo profesor que se respete en últimas semanas de clases, y en parte porque se acercaba el día de recibir respuesta de alguna universidad; cosas que bien podían quitarle el sueño.
Aún no había hablado con Harry y Ron pero cruzaba los dedos para que ellos entendieran. Gracias al cielo ambos muchachos estaban ocupados en sus prácticas, trabajos extras y la expectativa de los resultados que les mantenía aterrados.
En cambio ella no tenía ese problema, pues incluso el profesor Snape había murmurado entre dientes que con su mente brillante y sus calificaciones, cualquier colegio estaría feliz de recibirla, agregando que él estaba feliz de deshacerse de ella. Aunque tenía esa sensación de que debió tener al menos tres opciones más; así solo abusaba de su autoconfianza.
Mientras en casa, su madre se había puesto sentimental y lo demostraba evitándola a toda costa. Salía más temprano para el consultorio cada día, y había contratado a una jovencita para que fuera su recepcionista y Hermione ya no tuviera que estar ahí. Pero las acciones de su madre no eran solamente porque Hermione tenía pronto que dejar el nido sino que finalmente confesó a sus padres su deseo de estudiar en la Universidad de Columbia en Nueva York o en Harvard en el estado de Massachusetts, ambas justo al otro lado del país. Ni Berkeley ni ninguna universidad del lado oeste eran ya una opción para ella. Solo deseaba alejarse de todo y estudiar leyes en paz.
Una de las muchas razones de querer ir tan lejos era que su vida personal era sosa a más no poder, así que ahora se daba cuenta que Draco cubría muchas más áreas de su vida de las que imaginaba. Era él quien se preocupaba porque ella almorzara bien, era quien la desestrezaba en tiempo de exámenes. Nadie sino Draco soportaba estar encerrado con ella por horas en la biblioteca, aunque durmiendo la siesta pero ahí estaba él. Era Draco quien la llevaba a casa cada día después de clases, era quien la hacía sonreír después de haber llorado por haber errado una pregunta del exámen, era él quien le trenzaba el cabello mientras memorizaba largas fórmulas de álgebra y muchos otros pequeños detalles que no aprendió a valorar cuando él estaba presente.
Cielos. Lo extrañaba y muchísimo. Le hacía falta su amigo, y más que a esos labios tersos que la besaron en dos ocasiones, lo necesitaba a él.
¡Su ausencia la hacía sentirse tan sola!
'–Joder, Hermione, que te quiero–' Esas palabras cargadas de desesperación... ¿Habían sido reales o ya solo eran un recuerdo vano producto de su imaginación?
Si Draco estuviera, ¿seguirían siendo amigos? ¿hubieran sido algo más? Eso no lo sabía porque no podía aclarar lo que sentía. Algo cierto es que en vez de ir a la graduación con Ron hubiera ido con su rubio amigo. Suspiró otra vez. ¿En dónde estaría Draco? ¿Los labios de qué otra chica estaría besando?
En eso tocaron a la puerta: sus resultados finalmente habían llegado.
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Era una exquisita sala bien acomodada con su chimenea y sillones borgoña estilo Luis XV. Las pesadas cortinas a juego cerradas, impidiendo cualquier luz natural o artificial externa. Los brocados del tapiz en las paredes parecía antiquísimo pero inmaculado casi nuevo; como todo en ese lugar. Dos personas se encontraban ahí.
–Hijo, sabes que esto ocurriría, solamente tu padre se adelantó a los planes.
El muchacho miró fijamente a la elegante mujer. Era alta, estilizada, cada rasgo de su rostro fino y elegante, aristocráticos. Sobre sus hombros un exquisito cuello de garza y el cabello recogido en un bello moño. Su vestido gris le quedaba como un guante y hacía juego con sus fríos ojos. Toda ella era perfecta, lástima que no hubiera sabido ser lo que más necesitaba que fuera. –No tienes que darme explicaciones, madre –su voz era hosca, parecía más un gruñido.
Narcissa Malfoy torció los labios. Sabía que su único hijo estaba muy molesto y esa era la frase más larga que le había sacado en meses. Ella hubiera preferido que concluyera la high school en California pero cuando la noche de navidad Draco tuvo un accidente en su motocicleta producto del alcohol, fue suficiente para Lucius. La motocicleta quedó deshecha pero afortunadamente Draco solo tuvo contusiones menores. Antes de que fuera año nuevo ya estaban camino a Londres. Allí permanecieron el tiempo necesario para que se arreglaran los papeles de Draco y fuera internado en el prestigioso internado suizo llamado "Institut Le Rosey". Gracias a su dinero e influencias estaba por completar el año escolar, pero ella se encontraba ahí porque le llamaron ya que su hijo había tratado de escapar... de nuevo. Las otras veces intentó de todo para que desistiera de romper las reglas: amenazas, sobornos, promesas, negociaciones, pero Draco insistía en su mal comportamiento. Esta vez trataba de hacerlo comprender las razones de su padre, pero él no parecía dispuesto a cooperar. –Ya no eres un niño, Draco pero te comportas como uno. He tratado de convencer a tu padre para que te permita estudiar en la universidad americana que quieres, pero esto ha sido la gota que colmó el vaso; así que ya te ha asegurado una plaza en el Trinity College. –Draco ya no la miraba con indiferencia arrogante, ahora solamente miraba a la nada. Narcissa con dureza finalizó –esto debía pasar y lo sabes –antes de salir azotando la puerta de la sala de visitas.
El rubio suspiró pesadamente cuando notó que su madre al fin se había ido. Odiaba su vida, y eso incluía a sus padres. En este momento, sólo deseaba huir una vez más, pero su padre había dado claras instrucciones a la escolta que le había asignado dejando en claro que a cualquier precio debían mantenerlo ahí. Lástima que fuera imposible el soborno.
Levantándose, se dirigió a su habitación. Dado que su padre le había quitado todo beneficio, incluido su móvil, le sorprendía que le estuviera pagando una de las mejores habitaciones de ese internado de reyes; más de cien mil euros por tenerlo alejado de problemas. Pero como dice el dicho aunque la jaula sea de oro, una jaula sigue siendo.
Había intentado huir varias veces. El sistema era muchísimo más estricto que el sistema americano; las actividades comenzaban a las siete de la mañana y concluían a las once de la noche. Admitía que tomaba buenas clases, pero otras le resultaban aburridas porque ya las dominaba, entre esas sus clases de idiomas. Su hora favorita del día era la de música, en la que fácilmente le otorgaron el lugar de pianista principal; y disfrutaba también las horas de entrenamiento, siendo el único momento del día en que podía olvidar.
En cuestión de meses su vida parecía un sueño no algo que fuese real. Hermione, Harry, incluso Ron. Theo, Blaise, Pansy... ni siquiera estos últimos sabían donde se encontraba; ni porque sus padres fueran socios comerciales de Malfoy Group y hubieran preguntado personalmente por el joven heredero.
La imagen de su amiga, de pie, petrificada por el beso que le había dado era lo último que recordaba de ella; su sabor a un toque de miel dulce y canela picante con chocolate; así como su rechazo cuando le dijo que la quería. Iba tan frustrado aquel día después de besarla que fue fácil detenerse en un bar y beber más tragos de los que ya traía encima. Despechado aceleró mas tarde su motocicleta con intención de ir a Los Ángeles para no volver jamás y Hermione se diera cuenta de su ausencia y sufriera de algún modo lo que él sufría; pero terminó chocando en la carretera y todo pasó demasiado rápido. Al fin consiguió lo que fuera su intención: alejarse de Hermione.
También la odiaba por eso.
Él había hecho de todo para ir por ella a Bulgaria, y ella no había hecho ni el intento de buscarlo. Con eso quedaba aclarado que no sentía lo mismo que él por ella.
Ahora seguramente se preparaba para su graduación, mientras que él se torturaba imaginándola yendo a la fiesta cogida del brazo de algún imbécil del equipo de americano, pues de seguro estúpido Potter y comadreja Weasley no sabrían protegerla como él lo hubiera hecho. También la imaginaba preparándose para estudiar arte en Bekerley; justo como había sido el sueño de los cuatro.
Y ahora ellos serían felices y él tendría que estudiar en esa universidad europea algo sobre comercio y finanzas; adiós a su sueño de ser cineasta, adiós a tener cerca a Hermione, adiós a su sueño de ser feliz.
Pues al diablo ella y todo lo que jodidamente le importaba en el mundo. Haría lo que su padre esperaba de él, pero bajo sus propias reglas; sería el sucesor que Lucius Malfoy quería, destruyendo todo que se le cruzara en el camino.
Incluyéndose a sí mismo.
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Próximo Capítulo: Verdades
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