N/A: Ya sé, ya sé… tardé demasiado que de seguro ya nadie leerá esto; pero si lo hacen, sean amables de escribirme un review. Prometo no tardar tanto para la próxima entrega. Saludos, los quiero!
Capítulo veinticinco: Verdades
El silencio estaba a punto de ser incómodo tras la confesión de Ron... no. No era una confesión; era una completa y reverenda estupidez en la estúpida imaginación de su estúpido amigo.
No puede gustarte Hermione –dijo Harry automáticamente tras unos angustiantes segundos. Una sonrisa incrédula en sus labios.
Ronald Weasley entonces miró fijamente a su amigo. –¿Y por qué no? –quiso saber. –Es una chica, lo cual es más que obvio –agregó sonriente.
'¡Lo cual supiste apenas!' Pensó. –Una que es tu amiga -–se exasperó el moreno diciéndole lo que él llevaba semanas obligándose a recordar, el rostro de su amigo fue decayendo. 'Al menos está entrando en razón'. Sonrió satisfecho.
Ron se echó para atrás en su silla y cruzó sus dedos sobre su ligera barriga –eso no detuvo a Malfoy de besarla –se encogió de hombros. –Saber eso me hizo darme cuenta de lo especial que es Mione. –Harry tuvo el desesperado deseo de gritarle que no la llamara así pero se contuvo mientras Ron continuaba. –Además creo que bien puedo gustarle.
Su amigo casi se atraganta –¿por qué piensas eso?
Ronald simplemente ladeó la cabeza –Harry, Harry, mi joven pad-aw-wan; aún tienes tanto por aprender... –volvió a sonreír hinchado. –Suena un poco extraño, lo admito. Pero estaba la otra vez pensando en que iremos pronto a la universidad y entonces Mione vino a mi mente con toda su inteligencia y... ¿por qué me miras así? –entrecerró los ojos con sospecha.
Harry se sentía a la defensiva –¿mirarte cómo? –estaba irritado, furioso, enojado, frustrado, todo a la vez. –No te estoy mirando de ningún modo.
–¿Será que te gusta también?
–¡Es nuestra amiga! –gritó molesto. Se puso de pie dejando notar su fastidio. –Si Hermione quisiera contigo me lo hubiera dicho, soy su mejor amigo –aclaró temblando antes de tomar sus cosas he irse de ahí.
Ronald en cambio no se movió. Harry era demasiado explosivo con su enojo. Pero ¿Por qué se enojaba? Eso era extraño. Eso no era bueno. ¿Había acaso tomado el lugar de Malfoy para proteger a Hermione? Si era así, al contrario, debía sentirse feliz de que fuera él y no otro hijo de mala trucha el que llevara a Hermione al baile. ¿O es que a Harry le gustaba Hermione? No podía ser. Le acababa de decir que era su amiga; bueno, lo dijo refiriéndose a él, no a sí mismo. ¿O sí? Ah. Odiaba pensar demasiado en razones. Era más sencillo solo actuar y dejarse llevar. Eso era lo que lo llevó a invitar a Hermione al baile. Esperaba que fuera tan arreglada como aquella vez que andaba con Krum, porque si iba como siempre... Bien. Al menos era su amiga y lo pasaría bien; ella le ayudaría a no quedar otra vez en ridículo por causa del alcohol y él cuidaría que nadie embarazara a su amiga. Era un buen acuerdo para todos. Un momento. ¡Harry se había ido sin él! Exasperado se levantó de un brinco tomando todas sus cosas pronto para alcanzarlo. ¡Habían quedado de ir juntos a la casa de Sirius para la comida que organizaron los Potter! –¡Harry, espera!
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Sus manos temblaban ligeramente. Si de nervios o emoción, no sabría decirlo. Tal vez más lo segundo. Tenía entre sus manos una hoja rotulada con elegantes letras color vino. Era la respuesta que esperaba ansiosamente.
Después del fracaso de su pequeña locura, pues Julliard la había rechazado para iniciar este semestre puesto que ya tenían cupo lleno según le explicaron, le quedaba esta otra opción.
Y sí. La habían aceptado e incluso le ofrecían una beca, pequeña pero favorable para empezar, y cursar el primer año a tiempo completo gracias a los ahorros de sus padres. Sabía que ellos no tendrían problema alguno con pagarle las matrículas de sesenta mil dólares al año, pero tampoco quería que vivieran con un presupuesto ajustado, ni que hipotecaran su casa y menos el consultorio que tanto les había costado conseguir.
La emoción la sobrepasaba pues era una opción nada despreciable. Marcó al teléfono de su mamá para darle las nuevas. Ella claro que no estaba tan feliz porque su bebé iría a la costa este, demasiado lejos de casa; pero incluso aceptaba que graduarse de una prestigiosa universidad abriría puertas a Hermione en el ámbito laboral; y no podía quejarse ya que finalmente su amada hija había dejado de lado la loca idea de hacer una carrera artística y había optado por estudiar leyes. Rápidamente se extendió la noticia entre la familia Granger y empezaron a llegarle mensajes y llamadas de sus tíos y primos; los más acomodados con promesas de mandarle algún dinero para libros o ropa. Su primo favorito, que era un joven y prometedor cirujano plástico, incluso se ofreció a llevarla en su camioneta nueva hasta el otro lado del país. Que felicidad era para ella tener una familia tan solidaria y afectuosa.
Miró el reloj y se dio cuenta que ya iba tarde, debía darse prisa y finalmente darles la noticia a sus amigos.
Una espina de tristeza se clavó en su corazón al recordar que no tenía ningún modo de contactarse con Draco y hacerle partícipe de su felicidad.
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Deslizaba sus dedos por las teclas hábilmente. Se estaba volviendo demasiado bueno componiendo, y quien sabe, quizás algún día podría grabar un disco con su música y volverse billonario.
–Largo –dijo de pronto sin moverse de su lugar y sin dejar de tocar, había sentido la presencia de alguien entrando.
–Es hermoso lo que tocas –le respondió una voz femenina con acento suizo.
–Dije largo –repitió demasiado despacio para que no cupiera duda de que hablaba en serio.
Pero la persona no hizo caso, al contrario, se acercó con seguridad y rodeo el hermoso piano de cola color marfil que llenaba casi un cuarto de la espaciosa sala alfombrada. Era una chica de aproximadamente su edad, preciosa. Nariz respingada, mejillas rosadas, labios llenos y ojos verdes. Su largo cabello de diversos tonos rubios se ensortijaba debajo de sus finos hombros. Su cuerpo petit, esbelto y lleno de atractivas curvas en los lugares correctos lograron el efecto deseado, el rubio le prestó atención.
Pero solo para repetir –largo.
–Es increíble que alguien que toca tan hermosa música sea tan agrio como tú –le respondió la chica llevándose las manos a la cintura; gesto que le resultó dolorosamente familiar.
–¡Lo increíble es que no seas sorda y sigas aquí cuando te dije claramente que te largaras! –rugió él, pero a la rubia no pareció importarle. Tuvo que ponerse de pie frente a ella en un intento de intimidarla.
–Haces honor a tu nombre –mencionó la chica sin echarse para atrás. –Por esta ocasión me iré, pero te aclaro que cada que vengas a tocar, apareceré; me convertiré en tu sombra, Draco Malfoy.
Le sorprendió al muchacho que ella supiera su nombre –¿Por qué lo harías? –preguntó alzando una ceja.
La chica se mordió sexymente su labio inferior, se acercó más a él y le dijo al oído –porque me gustas, y Astoria Greengrass siempre obtiene lo que quiere.
Y lo dejó ahí, mirando la puerta como idiota.
–Eso lo veremos, chiquilla estúpida –dijo a la nada mientras volvía a su lugar frente al piano.
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–Felicidades, Harry.
–Hermione, –después de que Ron le confesara que creía que le gustaba, no estaba muy seguro de querer hablar con ella –viniste…
–Tu papá me abrió la puerta, parece que todos intentan que tu mamá no queme la cocina. –Sin percatarse de nada, la chica sonrió suavemente, aunque tenía un dejo de tristeza en la voz –Y no me perdería por nada tu fiesta de celebración por quedar en Berkeley.
El muchacho se llevó una mano a la nuca azorado –Sobre eso…
–¡No puedo creer que nos traicionaras, Potter! –Se giraron para ver a Ron dirigirse hacia la yarda trasera donde ellos estaban, su cara roja a punto de explotar; llevaba en la mano un bocadillo de los que Remus había preparado como entremeses. Los demás invitados estaban demasiado ocupados ayudando a Lily Potter a terminar de montar la mesa para la comida como para prestarles demasiada atención.
–Ya lo sabe –alcanzó a decir antes de que lo alcanzara a tomar de la camisa.
–¿Qué es lo que sabe? ¡Ronald, contrólate! –exclamó la chica jalando a Harry del otro lado de su ropa. Simplemente no podía soportar más golpes, con todo lo que había pasado este año tenía más que suficiente.
–¡No irá a Bekerley! –gritó el pelirrojo.
–Pero qué…
Harry se soltó bruscamente de ellos, era el momento para confesarles su pequeño secreto. –¡Sí! Ya se enteraron. No iré a Bekerley. –Se miraron en silencio hasta que finalmente agregó –me ofrecieron una estupenda beca en Cornell y no puedo dejarlo pasar. –No hizo falta informarles que no alcanzó lugar en Berkeley.
–Pero entonces…
–Tampoco iré a Bekerley –soltó la amiga de los muchachos. Ambos se quedaron con la boca abierta: era imposible que Hermione no obtuviera un lugar en esa Universidad. –Hace una hora me notificaron… me iré a Massachusetts.
Ninguno dijo nada.
–Harvard –aclaró.
–¡Oh! –exclamaron atinadamente.
–Es maravilloso, Harry. Cornell es excelente. –Alcanzó a decir Hermione.
–Si... no tiene el mejor equipo de baloncesto, pero sí una buena facultad de arquitectura.
Se quedaron pensado sin decirse una palabra más. El destino los separaba finalmente. El primero había sido Draco, pero jamás imaginaron que ellos seguirían por diferentes rumbos. Tantos años siendo amigos y ahora… ¿serían capaces de seguir siendo amigos pese a la distancia? Por supuesto que tendrían nuevas amistades, pero el lazo que los unía a ellos era más fuerte. O al menos eso esperaban.
Ron habló primero –mi madre me matará cuando sepa que ustedes ya tienen universidad y a mí ni Texas me da respuesta –agregó cabizbajo.
–No digas eso, Ron. Los de la UT serían unos idiotas si no te aceptaran –consoló Hermione rodando los ojos –tienes mucho potencial para ser un basquetbolista profesional.
Harry tragó grueso ante el halago de su amiga hacia Ron; ¿las sospechas de Ron serían ciertas? Tal vez a ella sí que le gustaba Ronald.
El pelirrojo se alegró bastante –¡mamá se volverá loca de contento cuando sepa que te irás a Harvard! Debemos informar a Charlie para que no estés tan sola por allá.
La chica rió –no recordaba que Charlie vive en Boston.
Pero Ron se encogió de hombros –no, esas son noticias viejas, hace un mes lo transfirieron a Connecticut pero definitivamente está más cerca de lo que ninguno de nosotros estará.
El gesto conmovió a la chica que se puso llorosa. Se aventó a abrazar a Ron primero, y esto molestó de algún modo a Harry, así que cuando quiso abrazarlo a él, este se adelantó a la casa –vamos a comer.
Ron se encogió de hombros y lo siguió. Sin darle mucha importancia, Hermione entró detrás de ellos.
Días después Ronald sonreiría satisfecho, pues efectivamente, la UT lo había fichado, así que ahora tenía lugar en la facultad de comunicaciones, y mamá Molly no lo molestaría más que para hacerle comer los panquecillos de chocolate que tanto le gustaban, pues pronto ya no lo tendría en casa.
Las cosas estaban por cambiar bastante.
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