Capítulo veintiséis: Graduación


–Supe que irás a Cambridge. –Era Astoria. La muchacha parecía indiferente a los desplantes del heredero Malfoy, y a su insistencia, ya lograban mantener breves conversaciones. Bueno, ella era la que las mantenía. –Vater –padre en alemán –quería que viajara a América a estudiar, pero le he dicho que prefiero quedarme en Le Rosey hasta que concluya el grado. –El rubio no contestó, ese día había amanecido especialmente melancólico; si sus cálculos no le fallaban; sus viejos amigos estaban a un par de días de la ansiada graduación. –Ha tratado de convencerme prometiendo toda cantidad de cosas que obvio no me tientan porque ya las poseo.

–Te quedas por mí –gruñó con la voz ronca.

La bella joven soltó una risilla fresca –eres lo único que no tengo –dio por explicación. A falta de respuesta a su coquetería, prosiguió –para vater no es nada tenerme aquí y posteriormente podría conseguirme una plaza en Cambridge si se lo pido; es socio de varios millonarios rusos, y uno de los pocos amigos personales de Vladimir Putin.

Draco giró a verla sorprendido, ciertamente los Greengrass debían ser asquerosamente ricos.

–Ya sé lo que piensas y sí; vater está en el puesto número 37 de los hombres más ricos del mundo. Y con sus nuevos socios comerciales en Shanghái seguramente subirá cinco puestos pronto.

–¿Y no tienes por ahí un galán multibillonario al que le hagas caso en vez de fastidiarme a mí? –replicó el heredero Malfoy alzando ambas cejas.

La chica asintió con sinceridad –tres de hecho. Uno es hijo de dueños petroleros en Abu Dabi. Otro acaba de dejar el instituto porque su abuelo cayó en coma y el accionista mayoritario es él, son dueños de la mitad de Francia; el próximo presidente ahí le deberá su puesto seguramente.

–¿Y el tercero? –Preguntó más interesado. No podía evitarlo, por sus venas corría sangre Malfoy y el dinero siempre era tema de interés.

–El tercero heredará minas de diamantes en África por su lado paterno y por el materno, varias cadenas de hoteles exclusivos en todo el mundo –agregó indiferente.

–Tienes buenos prospectos.

La chica se encogió de hombros –quisiera decir que se debe a mi belleza, resultado de los genes Greengrass, pero para esos hombres eso es un plus, lo que les atrae verdaderamente son las riquezas de vater. –Lo dijo todo sin emoción alguna; más como un hecho al que ya se había resignado.

–Yo no soy tan rico.

–Ni tan pobre –agregó rápidamente – los Malfoy figuran en la lista de los hombres más ricos en Norteamérica. Claro que solo los cinco primeros de esa lista están entre los más ricos del mundo; pero eso no me importa. Ya sabes que me gustas, Draco.

Este dejó de mirarla –… ni siquiera me conoces…

Lo interrumpió –no, pero tengo una idea general acerca de ti. Veamos… aparte de lo financiero que ya te hice notar, has intentado escapar del Institute varias veces; por eso eres una de las cinco personas que tienen aquí dentro guardia personal, no como las otras cuatro que es por seguridad de amenazas externas, en tu caso la amenaza eres tú mismo. Tienes pinta de amar la velocidad, así que supongo eres fanático de los autos deportivos y de los vehículos de dos ruedas. Eres un excelente pianista y dominas varios idiomas, lo cual es obvio porque te das el lujo de dormirte en esas clases. ¿Qué más? Sí, algo hiciste que te tuvieron que internar a medio año de concluir la Highschool como le llaman en América, probablemente te encontraron metiéndote algunas sustancias…

–Parece que soy bastante predecible –comentó fastidiado de que pudiera leerlo tan fácilmente.

–De hecho no, entré a la sala del director cuando nadie veía y leí tu expediente –volvió a reír muy casual. –Lo único que no sé es si dejaste a alguna chica en América que me haga competencia.

El rubio miró a su alrededor. Estaban en el área de albercas techadas. Había ido ahí temprano con la intención de ejercitarse un rato nadando, pero había terminado sentado escuchando la perorata de esta chica. –Solo quiero olvidar –no supo que lo motivo a decir eso pero lo dicho, dicho estaba.

–Entonces úsame para lograrlo –respondió Astoria antes inclinarse y besarlo directamente en la boca.

Si ella se dio cuenta de que sus ojos se humedecieron, no dijo nada.

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–Mamá, no quiero ir al salón, me parece innecesario, además solamente iré con Ronald. Y si quiero alaciarme el cabello puedo hacerlo yo misma –repitió por enésima vez a la insistencia de su madre.

Antes de que su madre pudiera replicar, intervino papá Granger –hija, dale el gusto a tu mamá, pronto irás a la universidad y casi no te veremos los próximos años. Acaso para navidad si no tienes otros planes que venir a visitar a tus viejos.

La chica dijo con resolución –jamás faltaré a una cena Granger, papá.

–Ni a la cita en el salón que he reservado para ti, querida –agregó su madre. –Dame ese pequeño gusto, recuerda que además la foto es una tradición y seguramente tus tíos querrán verla después.

A la chica no le quedó de otra más que aceptarlo.

Tres horas después, tocaban insistentemente a su puerta.

Era Ronald quien estaba muy elegante con un traje azul oscuro y camisa blanca prístina, su corbata a juego.

–¡Que guapo te ves, Ronnie! –Exclamó la señora Granger apretando sus mejillas con adoración antes de dejarlo entrar. –¡Jane, tu cita está aquí!

–Así que, tú llevarás a mi hija a la fiesta de graduación –era una afirmación de parte del hombre de la casa.

–Sí, señor –respondió educadamente soportando el escudriño al que era sometido.

–No quiero que llegue después de las nueve de la noche, ¿entendiste jovencito?

La señora Granger murmuró –de verdad George William Granger...

Hermione que en ese momento iba bajando las escaleras, giró sus ojos al mismo tiempo que su madre –es Ronald papá, él no abusará de mí ni perderé nada de lo que te imaginas con él, solo somos amigos desde niños.

El pelirrojo sintió un nudo en el estómago al escuchar la palabra "amigos", pero pronto lo ignoró al mirar a su amiga –…

Bueno, no tuvo palabras.

Satisfecho con la repentina timidez del joven, el señor Granger los juntó para tomar las fotos de rigor y después los acompañó hasta que estos se fueron en el auto que había llevado el muchacho, una carcacha que seguro pertenecía a alguno de sus hermanos.

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Harry estuvo de malas los últimos días de escuela, a pesar de que todo mundo lo felicitaba por alcanzar una estupenda beca en una escuela de excelencia académica como Cornell. Pero, ¿Cuál era la razón de su mal humor? Simple, que no tenía aun pareja para el baile de graduación. Hermione quedó descartada desde que Ronald le ganara, y aquella ni se había preocupado porque Harry no tuviera pareja. No que no tuviera opciones, pero no tenía ganas de ir con nadie más que con Hermione. Lo quiso adjudicar a que pronto dejarían de verse, pero la vocecilla sensual de su mejor amiga en la cabeza le decía que eran otras sus verdaderas razones.

En fin, terminó asistiendo a la fiesta con nada más y nada menos que con la hermana de su mejor amigo. Afortunadamente, Ginny estuvo súper dispuesta a acompañarlo y seguro con ella no tendría problemas de malos entendidos por ser su pareja de baile. Así los cuatro podrían pasar un buen tiempo juntos y no habría extrañas incomodidades.

Su madre Lily se decepcionó un poco que no fuera con Hermione, a quien tenía en muy alta estima como todos en su casa sabían, además de Sirius y Remus, quien por cierto había sido una nuez muy dura de partir y aun no sabían nada de la misteriosa mujer con la que salía, pero a la señora Potter no le quedó de otra que aceptar que su único hijo fuera con la pequeña Weasley.

–Estas muy guapa, Ginny –balbuceó con torpeza porque todos los Weasley, excepto Ron quien ya había ido por Hermione, lo miraban muy sonrientes. Dejó que el señor Arthur tomara las fotos que quisiera y salió hacia la reunión con una pelirroja extremadamente sonriente.

Llegaron a buena hora en la limusina que sus padres insistieron en rentarle. Mientras esperaban en la fila para tomarse la foto por parejas y poder entrar, la chica le acomodó la corbata –listo, estaba demasiado torcida.

Sus ojos avellana estaban demasiado cerca de los verdes de Harry, y este se echó levemente hacia atrás incomodo –gracias.

–¡Harry, Ginny, hey! –gritó el amigo y hermano de la chica agitando su mano en su dirección.

Pero el de cabello negro a quien miró con interés fue a su acompañante. Hermione llevaba un vestido muy diferente a lo que acostumbraba a llevar: una pieza de color negro, envolviendo sus curvas, a medio muslo y straples, junto con sus enormes tacones, más de uno voltearon a acariciarla con la mirada. Se aflojó la corbata recién acomodada. –Que hay –replicó esforzándose por poner una sonrisa en su rostro. La imagen de Hermione en su traje de baño como la vio en su casa volvió con más nitidez.

–¡Harry! –No ayudó el hecho de que Hermione lo estrujara en un abrazo que el moreno devolvió torpemente –¡Oh, Ginny! ¡Te ves fabulosa! –agregó abrazando también a su amiga.

–Espero que la cena se sirva pronto –comentó Ron dando unas palmadas a su amigo que parecía muy callado y subiendo la manga del vestido de su hermana para cubrirla correctamente. Ella replicó y pronto empezaron a discutir cómo era normal entre ellos.

–Te miras muy… muy diferente, pero bonita, Mione –finalmente le dijo Harry tragando pesado. Con los zapatos altos, lo pasaba ligeramente de estatura.

–Gracias, mis papás no estaban muy contentos con el modelito, pero como fue regalo de mi tía Helga no pudieron decir que no.

Siguieron avanzando hasta tomarse la foto con su respectiva pareja y entraron al salón decorado hermosamente para festejar a la generación que se graduaba aquel año.

A pesar de que la noche era perfecta y que hasta Ron se estaba comportando con propiedad, Hermione no podía dejar de sentir nostalgia pensando en cierto muchacho de ojos grises: ¿estaría bien? ¿Sería feliz allá donde quiera que estuviera? ¿Los extrañaría?

–Vamos a bailar, Hermione –le dijo Ron cuando terminaron la cena. Sin esperar una respuesta entrelazó sus dedos con los de ella y pronto todo se volvió una masa de recuerdos brillantes y mucha alegría.

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Para Ginevra Weasley, era prácticamente un sueño estar ahí siendo pareja de Harry. Era el prototipo de hombre ideal para cualquier jovencita: guapo, educado, con un brillante futuro, lo suficientemente tímido para mantenerse humilde y divertido. Era perfecto. Su traje negro le venía aún más perfecto y… no dejaba de mirar a Hermione. Eso era nuevo y extraño, porque hasta donde recordara jamás le había dedicado tantas miradas a su amiga. Cierto, que hoy Hermione se veía espectacular en su atuendo, pero incluso ella se sabía hermosa esa noche.

Bueno, no haría una tormenta en un vaso de agua. Había ido a divertirse y eso es lo que haría. Quien sabe, si todo iba bien, tal vez hasta un beso recibiera.

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Bastó un minuto para que Ron fuera al sanitario, cuando Hermione ya estaba siendo solicitada para bailar con algunos compañeros de generación, incluso el profesor Oliver Wood bailó una vez con ella. No se sorprendió al ya no sentir mariposas cerca de su guapísimo profesor, había cambiado mucho el último ciclo.

Ronald estaba malhumorado mirándola bailar con otro compañero, ¿cómo era posible que bailara con esos tontos que nunca se fijaron en ella? Uff, nunca terminaría de entender a las mujeres. Terminó la pieza y él estaba dispuesto a recuperar a su pareja, cuando Harry se le adelantó, dejando que Ginny se sentara a su lado.

–Si pusieras una sonrisa, te verías más agradable para querer bailar contigo –le dijo su hermana acalorada. Tomó uno de los vasos de la mesa y se refrescó un poco con el ponche de frutas.

–No molestes –gruñó Ron.

–Cuanta elocuencia –se burló su hermana. En eso un chico la sacó a bailar y ella, encogiéndose de hombros, aceptó la invitación.

Ronald terminó por resignarse y comerse el pastel de todos en la mesa mientras aquellos ni se enteraban por estar bailando.

Mientras tanto, Harry y Hermione bailaban una canción ahora lenta. –Le voy a extrañar muchísimo, señor Potter –dijo ella con sus manos tras la nuca del moreno. –Promete que irás a verme.

–Lo prometo.

Hermione rió suavemente –eso dices ahorita, pero seguro habrá muchas chicas lindas que te olvidarás de tu vieja amiga del kindergarden.

Harry, que tenía sus manos en la cintura de ella, alzó una mano y retiró un rizo que se había escapado rebeldemente hasta la frente de Hermione –ninguna será tan importante como tú lo eres para mí. –La sonrisa que le dedicó confirmó que valiera toda la vida haberla conocido. ¿Cómo fue tan ciego todos esos años? ¿Cómo no se dio cuenta de la chica tan impresionante que es su mejor amiga? ¿Cómo no se dio cuenta de sus propios sentimientos antes? Y ahora estarían separados por cientos de millas, y tal vez quien en verdad conociera a alguien que lo sustituyera fácilmente sería ella; pero no lo permitiría, no podía dejarla ir sin decirle eso que se había estado negando durante meses, o Ron o alguien más podría adelantársele. Podrías perder su amistad se recordó, pero por esta vez fue egoísta y ya no le importó arriesgarse. Armándose de valor respiró profundo mirándola a los ojos y dijo –Hermione, yo…

En eso anunciaron la última canción de la noche sobresaltándolos a ambos. Hermione se puso muy colorada, pero lo disimuló bastante bien, se reprochó mentalmente por actuar tan tontamente con su amigo. Tomó distancia ya sin saber qué es lo que quería decirle Harry, y rápidamente busco a Ron y lo jaló a la pista reteniendo al chico Potter con su otra mano. Definitivamente alguien había puesto alcohol en la bebida porque la mayoría estaban demasiado contentos.

–¡Los amo, chicos! –Gritó la castaña eufórica mientras los abrazaba y gritaba con sus amigos a los lados.

Ginny se les unió pronto y tomó fotos de todos ellos en esos últimos minutos que les quedaban juntos en las instalaciones que los vio crecer durante todos esos años; Hogwarts siempre sería un lugar muy amado por todos ellos.

Semanas después, cuando la señora Granger mandara a revelar las fotografías estando ya su hija muy lejos de casa, encontraría dos que le llamarían muy particularmente la atención. En la primera se vería a Hermione besando la mejilla de un colorado Ron Weasley muy sonriente y del otro lado a un Harry mirando con tristeza la escena frente a él. En la segunda, saldría la misma chica besando la mejilla del chico de ojos verdes y la boca torcida de un chico pelirrojo mirándolos en ese momento.

Pensó con alivio que la distancia que ahora mantendrían podría salvaguardar su amistad.

Lo que nunca imaginó, es que pudiera ser que ocurriera lo contrario.

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¡Empaquen sus maletas porque nos vamos a la Universidad!

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