VII
Aoko se dirigió al vestuario para darse una ducha y cambiarse. Ella era la última en ir, ya que el entrenador le había pedido recoger todos los materiales que utilizaron en la clase. Eso le tomó mucho tiempo, ya que el entrenador no encontraba la llave del almacén y ella le ayudó a buscar: la encontraron en la cesta de los balones. A ella no le molestó hacerlo. De todos modos, después de clase de gimnasia era hora del almuerzo y no tenía mucha prisa por ello. Lo que pasó con Kaito le había quitado las ganas de comer, además de que Keiko no comería con ella, puesto que almorzaría con sus compañeros del club de teatro.
Ella se estiró para quitarse la fatiga luego de la práctica, era un alivio por fin quitarse el sudor con un buen baño. La puerta del vestuario estaba frente a ella, seguramente ya no había nadie y podría ducharse tranquilamente…
—Kaito-kun da un poco de pena, ¿verdad? —escuchó una voz adentro.
— Sí. No entiendo por qué está así, Ruka-chan —respondió una segunda voz.
—Seguramente es por su pelea con Aoko-chan —añadió una tercera.
—¿Qué? ¿Ellos se pelearon? —preguntó la segunda voz.
Aoko se congeló al escuchar la conversación de sus compañeras. ¿Aún había gente en el vestuario? ¿Y por qué estaban hablando de ella y Kaito?
— No me digas que no te diste cuenta de eso, Sakura-chan —dijo Ruka—. Todos en la escuela saben sobre su pelea. Muchos afirman que fue en el día del cumpleaños de Aoko-chan, ya que desde ahí no se hablan. ¿No es eso cierto, Megumi-chan?
—Sí. Me pregunto por qué será...
—Apuesto a que fue culpa de Aoko-chan. Seguramente le gritó por una tontería o algo así.
Oh, no. Otra vez los rumores, no por favor. Aoko retrocedió y se tapó las orejas con las manos. Ella ya no quería escuchar más. ¿Qué iban a decir? ¿Que todo era su culpa por no ser paciente con él? ¿Que se estaba haciendo de rogar al no aceptar su confesión? ¿Que estaba siendo exagerada por no querer perdonarlo? ¿Era eso cierto? ¿Era su culpa? Se supone que debe ser agradecida por tener a Kaito como amigo, ¿verdad? ¿Por qué la hacían ver cómo la villana? ¿Por qué siempre era así? Se quitó las manos de las orejas y fue a sentarse contra la pared del vestuario, mientras las chicas seguían hablando de ella.
Entonces no es culpa de Kaito-kun… Ella no quiere perdonarlo… No entiendo por qué se hace de rogar... Ni que fuera la chica más linda… Parece un hombre… Pobre Kaito-kun sufriendo por una chica que no vale la pena… Cada una de las palabras de las chicas la hacían sentir cada vez más inferior, ella sabía que no era linda, pero… ¿por qué tenían que ser tan crueles? ¿Por qué seguían ahí? ¿No tienen otro lugar donde hablar? Ella ya quería irse de ahí: tiene hambre, está agotada por la clase de gimnasia y definitivamente la conversación que está escuchando era un fuerte golpe a su autoestima. Poco a poco, su enojo y tristeza fue aumentando, así que se llevó las manos a la boca para evitar que su impulsividad tomase control de la situación. Ella quería levantarse, abrir la puerta y decirles que su amistad con Kaito había terminado porque él la había utilizado para conseguir información para sus estúpidos robos porque él era el maldito Kaitou KID. Que, sin importarle todos sus años de amistad, a él no le importó herirla con su traición. Él sabía el daño que KID le había hecho a su familia. ¿En serio es su culpa por molestarse por eso? ¿En serio no tenía derecho a sentirse lastimada? ¿Por qué lo defienden a él? ¿Por qué ella era la mala de la historia? Tiene que calmarse, no puede perder el control de esa manera, ella le dijo a Kaito que jamás le revelaría el secreto a nadie, y, a diferencia de él, ella sí cumplía su palabra. Vamos, Aoko, inhala y exhala, inhala y exhala…
—¿Y si a ella no le gusta Kaito-kun? — dijo la voz que respondía al nombre de Megumi, la cual la sacó de sus pensamientos.
—Pero qué dices. Si Kaito-kun es tan genial, ¿en qué otro chico podría fijarse? —exclamó Ruka.
—¿Y si no es un chico? —comentó Sakura.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Megumi
—Bueno, no es sorpresa que a ninguna chica de la escuela le agrade Koizumi-san...
Y como por arte de magia, Akako apareció al final del pasillo. Ella se dio cuenta de que Aoko la observaba y caminó hacia ella dónde estaba. Aoko notó que Akako ya traía puesto su uniforme, ella pensó que tenía sentido, ya que Akako no regresó a clase de gimnasia. Aoko desearía tener ese poder de Akako de hacer que todas las personas cumplieran sus caprichos. Akako es una chica hermosa, es obvio que los chicos la obedecieran en todo. Incluso Aoko admitía que Akako la hacía sentir de una manera extraña.
—...Aoko-chan es la única chica a la que de verdad le agrada Koizumi-san. Además, las miradas que Aoko-chan le da a Koizumi no son normales y siempre quiere quedar con ella.
Akako se paró en frente de la puerta del vestidor. Aoko hizo una reverencia para saludarla, Akako iba a decir algo, pero fue interrumpida:
—No me digas que… ¿Acaso crees que a ella le gusta Koizumi-san?—exclamó Megumi.
Aoko abrió los ojos asombrada, sus mejillas se sonrojaron al sentir la mirada interrogante de Akako. Ella negó con la cabeza en respuesta. ¿Por qué esas chicas estaban diciendo eso?
—No encuentro otra explicación —contestó Sakura.
—¿Entonces a Aoko-chan le gustan las mujeres? —dijo Megumi.
—Eso explicaría por qué Kaito-kun está tan destrozado… —comentó Ruka.
—Es una pena. Saber que la chica que te gusta es lesbiana, debe ser terrible…
Antes de que Aoko pudiera decir algo para que Akako no creyera en lo que esas chicas comentaban, la puerta se abrió. Las chicas detuvieron su conversación y miraron a Akako sorprendidas, mientras que ella cruzó sus brazos sobre su pecho.
—Oigan, ¿no tienen nada mejor que hacer con sus vidas en lugar de inventar rumores estúpidos? Salgan de aquí, este no es un lugar para eso —Akako les dirigió una mirada furiosa.
Acto seguido, las tres chicas salieron del vestuario asustadas sin notar la presencia de Aoko.
—Akako-chan… —Aoko quiso decirle a Akako que lo que esas chicas habían dicho era una mentira.
—No te preocupes por eso. Quiero que sepas que no lo hice por ti, solo que odio a las personas que inventan rumores de otras personas, ellas no saben las consecuencias que puede haber por ello —Akako desvió los ojos como si estuviera recordando algo triste, Aoko quiso saber en qué estaba pensando—. Ahora ve a cambiarte, por eso estabas aquí, ¿verdad? —dijo después de un rato.
Aoko asintió y se levantó.
—Oye, aún te debo una salida, ¿cierto? —dijo Akako, Aoko la observó expectante—. Si quieres, podemos almorzar juntas en la azotea.
Una sensación cálida se instaló en el pecho de Aoko. ¿Era eso cierto? Después de tiempo, ¿por fin Akako la estaba invitando a almorzar? Inconscientemente, una sonrisa se colocó en su rostro mientras le decía que sería un placer y que la esperaría un rato.
Sin embargo, mientras se ponía ataba el lazo de su uniforme, empezó a recordar la conversación de las muchachas. Aoko nunca se había planteado que le gustaran las chicas, pero… ¿en serio había personas que pensaban así de ella? Aoko quería decirle a Akako que era mentira, pero ella no estaba segura de eso. ¿Y si de verdad ella es... No, no tiene sentido, ella también sintió cosas parecidas por Kaito...
Aoko suspiró, Su mente es un caos: esta situación le trajo una cosa más por la que preocuparse. Ahora solo quiere que este día se acabe.
Espero que les guste.
