CAPITULO III
Una bebida caliente, pequeños sorbos de vino, respiraciones profundas y decenas de pasos por toda la habitación no sirvieron de nada, solo la apacible vista del majestuoso lago logró tranquilizarla.
* Sí, es lo más hermoso que he visto en mi vida. –Respondió antes de que se le formulara alguna pregunta.
Sorprendidos por la muda comunicación que mantuvieron por un momento, se apartaron inquietamente del gran ventanal.
* No puedo creerte después de que hoy lucieras tan "exquisita" joya.
* Obviamente no hay comparación.
* Lo sabía. –Declaro triunfante mientras se servía otra copa de whisky.
* Las joyas son meramente materiales y pocas personas tienen el lujo de poseerlas… Pero un paisaje como éste, es tan sublime que nadie puede poseerle pero todos pueden admirarle y tenerlo para siempre en sus más inmemorables recuerdos.
Una extraña adquisición la que había hecho su padre, le resultaba irónico que alguien tan quisquilloso como él no hubiera puesto atención a ello o tal vez esa clase de detalles eran los que precisamente había buscado.
No sabía cómo actuar o qué decir, los nervios le estaban haciendo mella y la mirada penetrante de su marido no ayudaba a disminuirlos. Su corazón latía rápidamente y por un momento creyó que éste explotaría en su pecho, por inercia recordó lo expuesto que éste se encontraba y como su agitada respiración lo hacía más sugestivo.
Sentado despreocupadamente sobre un cómodo sillón, analizaba la situación y admiraba el cuerpo seductor que tenía frente a él. Parecía un juego macabro del destino, de todas las mujeres que podían haber sido su esposa, tenía que ser aquella con cara angelical y cuerpo tentador, hace un tiempo no hubiera desaprovechado tal oportunidad pero ahora no podía, aunque si lo deseaba, reclamar lo que por derecho era suyo.
Con la agilidad de un tigre logro acorralarla, sentía su espera y el despertar de la pasión, observo como tímidamente cerraba los ojos y como entreabría sus carnosos labios para dejar escapar su cálido aliento… Que ansia, que deseo y que control tuvo que ejercer para no despojarla de sus escasas ropas.
* Abre los ojos y tapa tu pecho. –Dijo alejándose de ella como quién huye de la peste y tomando de un solo sorbo el licor que aun quedaba en su copa. –Tus escasos encantos no llegaran a provocarme. –Sus palabras eran hirientes y estaba consciente de ello. –Y me importa un bledo si mi hombría queda entre dicho. Te han impuesto para que te tome como esposa pero nunca te haré mi mujer.
Su orgullo estaba herido y no sabía que había hecho para ameritar tal humillación, apartando su mirada en busca de un aliciente vio como una daga era iluminada por la luz de la luna, sin pensarlo, la tomo y abrió con ella una profunda herida en su mano.
* Su hombría y mi pureza. –Declaro mientras vertía un poco de su sangre en las blancas sabanas. –Ambos incuestionables, mi Lord.
Sentía como su cara ardía por la ira que la embargaba, llevaba más de media hora encerrada en el baño contiguo y no se atrevía a salir, no quería salir. Sabía que él seguía ahí pero no sabía que es lo que hacía pues momentos después de que huyera de tan bochornoso suceso, diversos ruidos se produjeron y no imaginaba a que se debían.
* ¿Por qué lo hice? –Se cuestionaba un sin fin de veces, la herida le dolía terriblemente y no cesaba de sangrar pesé a la opresión que hacía. –Vamos Candy, ármate de valor, además esto ya no puede ser más incomodo de lo que ya fue.
Salió cuidadosamente de su escondite, al parecer se había equivocado y se encontraba sola en aquella habitación, aun así se aproximo con cautela a su baúl y con torpes movimientos trato inútilmente de abrirlo.
* Permíteme, yo lo haré. –Escucho junto a ella.
* ¡Dios Santo! No haga eso.
* ¿Abrir el baúl?
* Salir de la nada y espantarme.
* No te espantaría si tu conciencia estuviera tranquila.
* Mi conciencia está más que tranquila pero si aparece un tipo así, como usted, es de esperarse mi reacción.
* Deja de hacer ese mohín, pecosa. –Dijo divertido al tocar con su dedo índice la respingada nariz.
* ¡No me toque! –Contesto indignada por el roce.
* No me interesa tocarte.
* Entonces no lo haga. –Protesto después de la reafirmada declaración.
* Ahora entiendo porque el elegante te llama "gatita"
* ¿El elegante? ¿Cómo se atreve…? No, no le permito que me llame así.
* No pienso hacerlo. Pero dime para qué quieres abrirlo.
* La herida no para de sangrar y empaque un ungüento que puede servirme. –Confesó, tragándose su orgullo.
* Entiendo. Siéntate, yo lo buscare.
Sin oponer objeción se sentó sobre la suave cama y observó lo desordenada que esta estaba, como si ya hubiesen dormido en ella.
* ¿Es esta?
* Sí.
* Antes de untarla debo lavarte la mano… con whisky.
* ¿Está loco?
* Hazme caso, sé lo que hago.
Sin mayor resistencia permitió que Terry la curara. Veía incrédula como aquel hombre tan serio, tenía la paciencia para esa tarea.
Esta joven no dejaba de sorprenderlo pues pesé a que el alcohol debía de estar ardiéndole en su delicada piel, esto no le provoco ninguna queja y cualquier grito lo ahogaba mordiéndose el labio inferior.
* Bien, ahora la milagrosa pomada.
El tono sarcástico no provoco una divertida discusión como así lo quería, al parecer la aplicación de este remedio era sumamente dolorosa y se atrevía a pensar que mucho más que la herida misma, la solitaria lágrima que vio correr por la rosada mejilla lo confirmo.
Cerró los ojos en todo momento y sostuvo el aliento creyendo que esto aminoraría aquellas sensaciones, pero lo que realmente ayudo a sobrellevar el ya conocido suplicio, fue la delicada manera en que era tratada.
* Ya está, tardará un par de semanas en sanar.
* Menos, mucho menos. –Aseguró.
* ¿Manchaste el baño?
* ¿Cómo dice?
* No querrás que descubran nuestro secreto, verdad. –Le susurró con cierta picardía y complicidad.
* No… –Respondió comprendiendo a que se refería.
* Iré a asegurarme. Mientras tanto toma tu lugar en la cama.
Antes de poder protestar ante una orden tan contradictoria, se percató de lo que trataba de simular, ya sin ánimos de querer prolongar una jornada tan extenuante, suspiró con resignación y procedió a la ardua tarea de quitarse el corsé por sí misma.
* No entiendo porque lo apretaron tanto… –Se preguntaba al tratar en vano de desvestirse.
* Simplemente se aseguraron de que obtuvieras "ayuda" para quitártelo, así que da la vuelta.
* No permitiré que…
* No puedes hacerlo tu sola, así que obedece. –Ordeno fastidiado. –Ya es muy tarde para salir de este juego, juego que tú misma iniciaste.
Resignada dio vuelta y recogió su larga cabellera para facilitarle la tarea, mientras tanto pensaba en lo diferente que había imaginado esta noche y en la notable destreza de su marido, evidentemente no era el primer corsé que desataba y el poco contacto que mantenían la hacía estremecer profundamente, pronto alejo cualquier imagen romántica que pudiera cruzar por su mente, su futuro ya era demasiado incierto como para ahondar en nuevas sensaciones.
Irritado por no ver el desencanto que produce el quitar aquella prenda, finalizo su "tortura" jalando bruscamente el cordón, provocando un pequeño azote.
* ¡Auch! Eso dolió.
* Lo lamento.
* Su tono de voz no denota tal cosa, mi Lord. –Reclamó ofendida.
* Que sensibilidad la suya, mi Lady.
* Disculpe mi reflejo involuntario ante el dolor. –Decía sarcástica
* No, no me refiero a eso, si no a su piel.
* ¿Mi piel?
* Así es.
Un fino hilo de sangre traspasaba el camisón, obviamente la espalda de Sandy aun estaba afectada por la flagelación de hace unos meses.
* Sería demasiado pedirle que me aplique más del mismo ungüento. –Indagó con notable vergüenza al tener que desnudar su espalda.
* Claro que no, después de todo yo fui el causante.
Terry no prolongo más de lo necesario su martirio pero si disfruto cada roce de sus dedos con tan suave piel.
* Listo.
* Gra… cias. –Bostezo involuntariamente.
* Creo que es hora de dormir.
Sin pudor alguno se despojo de su fina camisa y tomó asiento en el borde de la cama para poder quitarse el calzado y el pantalón.
* ¿Vas a quedarte parada toda la noche?
* No, no. Es solo que creí que dormiría en otra habitación.
* ¿Por qué haría tal cosa?
* Usted ha dejado claro que…
* Que no te haría mi mujer, pero eso no es obstáculo para compartir "nuestro lecho nupcial"
Era un hombre insufrible pero sumamente apuesto, sin pretenderlo su mirada y atención se posaron únicamente en él, en su ejercitado abdomen, en su larga cabellera y en sus vigorizantes brazos que evidentemente podían protegerla de cualquier peligro.
* ¿Te gusta lo que ves?
* Yo… yo… He visto mejores.
* No lo creo.
Sin ánimo para contradecir semejante ego, Candy apartó las sabanas para después, entre refunfuños, envolverse en ellas.
* Buenas noches, pecosa.
* Buenas noches, mocoso engreído.
Por algún motivo Terrence Graham Granchester jamás había podido dormir placenteramente, sus noches eran largas y acompañadas de una extensa lectura, cuando por fin conseguía el ansiado letargo esté era interrumpido por los rayos del mediodía, pero en esta ocasión el culpable fue el inoportuno llamado a su habitación. Desganado y de mal humor tuvo que desprenderse del confortable lecho.
* Disculpa la molestia, pero ya es más de mediodía y creí que ya habían despertado. –Pronunció con agobio.
* Ahora que lo mencionas, ayer no comí casi nada, así que puedes enviar el desayuno o la comida, no sé.
* Como gustes. Mientras tanto enviare a Dorothy para ayudar a mi Lady.
Sin querer indagar en nuevas disposiciones, cerró la puerta para después recargarse en ella y suspirar hondamente antes de seguir con la farsa. A la distancia veía a la hermosa mujer que aun descansaba en su cama, recriminándole de cierto modo la desdicha que le producía su presencia.
* ¡Vamos pecosa! Es hora de levantarse. –Pronunció más de una vez. –Así que no quieres despertar. Veamos si así lo haces. –Se dijo maliciosamente.
Oprimiendo maldosamente la arisca nariz de su esposa, espero la pronta respuesta.
* ¡¿Pero qué demonios?!
* ¡Que lenguaje! –Dijo tras un chiflido y vio con gracia como la ojiverde se llevaba las manos a la boca.
* ¿Acaso trataba de matarme?
* No, aunque no es una mala idea para salir de este matrimonio.
* Grosero.
* Dejémonos de juegos y dame tu camisón, y evítate la absurda pregunta.
Con los ojos entrecerrados, como toda una gatita, Candy se despojó con sumo cuidado de su única prenda para después arrojársela a la cara.
* Gracias, querida. –Decía socarrón. –Ahora espera a que tu doncella te asista.
* ¡Ya lo sé!
Terry omitió el nivel de voz y se dedicó a colocar la prenda en un lugar estratégico, segundos después se escuchó a Dorothy pidiendo permiso para entrar.
* Adelante.
* Buenos días mi Lord, mi Lady.
* Buenos días Dorothy. –Contestó con agrado la rubia.
La joven sonrió ante la amabilidad de la rubia pero al ver la cara de Terry se dirigió a la habitación contigua para verter el agua que llevaba.
La ahora señora Grandchester, inició la mañana con toda normalidad, fue auxiliada para salir del lecho nupcial y tomar un refrescante baño, fue entonces cuando se percató de la punzante herida y de lo evidente que era, para su alivio Dorothy no hizo ningún comentario y al terminar la ducha, limpio y vendó su mano.
El vestido que eligió era sencillo pero elegante, al terminar su arreglo creyó que se uniría con Terry para almorzar juntos, pero él ya lo había hecho para después irse sin decir adiós, al principio se indignó por su conducta pero recapacitando se lo agradeció, pues tendría la suficiente libertad para comer tanto como quisiera.
* Espero tu respuesta, Eleonor.
* Sí.
* ¿No hay duda? –Exigió saber.
* Ninguna.
* Eso espero.
Un fuerte portazo fue el término del breve interrogatorio.
* Yo también, Richard, yo también.
Ciertamente tenía una gran sospecha pero prefería guárdasela para sus adentros y rezar para que la Casa Grandchester pronto tuviera un heredero.
¡Hola! Les recuerdo que los personajes de este fic son una creación original de Kyōko Mizuki y Yumiko Igarash, yo solo los tome de inspiración para escribir esta historia.
Sé que muchas me cuestionaran el por qué maléficamente he enamorado a Terry de Susana pero espero que tengan la paciencia para poder descubrir mis razones…
Agradezco enormemente a todas (o) las (o) que han leído esta nueva locura mía, muy especialmente a:
Erika: Nena me cachaste, en efecto me base un la escena de lo que "El viento se llevo" simplemente adoro ese libro y todos sus personajes.
IyricCinema: Espero que puedas esperar al desenlace, lo único que puedo prometerte es que no será como el original.
Mica: Claro que lo seguiré, es mi propósito de año.
Edith Mendoza: Hola una vez más Edeny, qué sorpresa lo de Susana verdad.
Y muy muy muy especialmente a mi SPA adorada Clarita (Pekas Cullen), quién no solo me ha hecho el favor de subirlo a esta página, si no que me ha animado a hacerlo, te quiero mucho sis, más de dos religiosas…
