CAPITULO IV
¡Qué monotonía, y qué aburrición! Los días posteriores a la boda podían resumirse en tres sencillos actos, dormir, bañarse y comer, tan solo una semana había transcurrido pero parecía todo un siglo. No tenía vida social, la familia noble más cercana estaba a más de dos horas a caballo, el personal del castillo era su único contacto pero cada vez que trataba de entablar alguna plática, simplemente rehuían de ella. Al principio Dorothy fue su aliciente pero al parecer algún sermón de "ama y doncella" provocó un cortes distanciamiento.
Así, Candy pasaba horas en la vasta biblioteca absorta en las obras literarias o en la sala de estar, donde creaba diversos bordados. También las tareas del hogar eran limitantes y se definían en su aprobación del menú y en la eterna espera de su esposo, Terry por su parte, pasaba todo el día fuera del castillo y regresaba a altas horas de la noche, dejando claro que no le importaba ninguna clase de relación. La única conversación que mantenían era poco antes del amanecer, donde él le exigía la entrega de su camisón.
Envuelta en una total soledad se preguntaba si toda su vida transcurriría de esta manera y hasta cuando lo soportaría.
Sabía que la convivencia era un vínculo que se fortalecía hasta crear grandes problemas, por ello determinó no tener ningún contacto con ella. La culpa que sentía, la acallaba con la promesa que había hecho a la mujer que amaba pero no por ello dejaba de lamentar la situación de Candy, pues poco tardo en darse cuenta que el jovial carácter de la rubia se iba apagando.
En una de sus largas cabalgatas, una idea, no tan descabellada si lo meditaba bien, acudió a él como un rayo de esperanza. Obviamente este plan lo beneficiaba ampliamente y esperaba que Candy lo aceptara.
Un suspiro lleno de resignación fue el que se escuchó en la inmensa habitación, otra noche a la espera de su insufrible marido, todo aquel teatro como él le llamaba, para seguir aparentando, lo que evidentemente, jamás sucedería.
Justo cuando reanudaba su lectura apareció, no se tomó la molestia en voltear a verlo mucho menos para saludarlo, las demostraciones de cortesía no le importaban ya lo había dejado claro y Candy no esta dispuesta a ser más insultada.
Con una clara irritación, el libro fue arrojado a la pequeña mesa pero esto no la inmuto.
* ¿Sería tan gentil de brindarme un poco de su atención? –Dijo molesto por la actitud que pocos se atrevían a mostrarle.
* Claro mi Lord… En cuanto usted brinde un poco de cortesía o al menos educación.
* ¿Dice que soy un descortés y mal educado?
* No he dicho tal cosa, pero a decir verdad una persona con un poco de educación sabe que al entrar a una habitación es por cortesía saludar.
* Buenas noches… "esposa mía" –Pronunció con una pronunciada reverencia.
* Buenas noches "querido mío" –Respondió con la misma ironía.
* Necesito hablar contigo.
* Creí que eso hacíamos.
Qué mujer tan exasperante era aquella, tan arisca y rejega como ninguna que conociera.
* Quiero poner en claro nuestra situación.
* Entiendo…
* Dime ¿Qué estarías dispuesta a hacer para terminar con esta falsa?
Toda su atención estaba en cada una de sus palabras pero ella no pronunciaba ni una sola, se dedicó a escuchar y a analizar aquella insultante propuesta. Sabía que no ganaba nada si aceptaba, pero era claro que él deseaba su libertad y no se sentía con ningún derecho para negársela, aun así le dolía inexplicablemente.
* Basta, basta… No tiene que decir más, acepto. –Dijo con un inesperado nudo en la garganta.
* ¿Así, sin más?
* No, tengo mis condiciones.
* Ya esperaba esa clase de peticiones.
* Creo mi Lord, que las merezco, después de todo seré yo la que cargue con el estigma de no cumplir con mi único deber.
* Sí, creo que es justo. ¿Cuánto es lo que quiere?
* Ni una libra necesitare si mi destino está labrado en las paredes de una celda.
* Es cierto, entonces qué es lo que desea.
* Quiero ser yo quién elija el convento y…
* ¿Y?
* Sé que lo ha dejado bastante claro, pero...
* Dilo de una vez. –Decía irritado por el rodeo.
* Quiero que cuando llegue el momento de decir mis votos, estos sean dignos, honestos, puros.
* ¿Puros?
* Sí…
* Entiendo. –Trataba de no burlase al comprender lo que con tanto pudor le pedía. – Su virginidad estará intacta, tiene mi promesa. –Le susurró con complicidad.
* Gracias.
* Gracias a ti Candy.
La buena nueva fue recibida con gran júbilo.
* ¿Un año? ¡Un año!
* Quizá dos pero solo para no levantar sospechas.
* ¡Oh, Terry! Por fin podremos estar juntos. No puedo creer que aceptara pero se lo agradezco de todo corazón.
* Ella tan poco deseaba esta unión.
* Sí, ya me lo habías dicho pero de eso a consagrar su vida a Dios hay una enorme diferencia.
* Lo importante es que acepto.
* ¡Es cierto! Eso es lo que realmente importa.
Al recibir a su amada entre sus brazos, sintió una gran nostalgia, algo no estaba bien y no sabía que era.
La mañana transcurría con total normalidad hasta que fue anunciada la llegada de una visita, la primera que recibía.
* ¿La Condesa Kleiss?
* Sobrina del Duque, prima de su esposo, mi Lady. He ordenado té y bocadillos para ustedes.
* Gracias Eleonor, iré ahora mismo.
Una elegante joven husmeaba con discreción la sala principal y al ser sorprendida se disculpó con un picara mirada.
* No me crea una entrometida, es solo que siempre guste de este lugar. –Dijo al aproximarse a su ahora prima. –Mi nombre es Karen Kleiss, ya nos habían presentado pero con tanto bullicio dudo mucho que me recuerde.
* Se equivoca, la recuerdo perfectamente.
* ¿En verdad?
* Jamás olvidare la más sincera felicitación que recibí en mi boda.
* "Mi más sentido pésame" –Recitó con una amplia sonrisa.
Karen, como insistió en que la llamara, era una mujer no mayor a ella pero con una clara madurez, la castaña misma se jactaba de ello pero al hacerlo una sombra de amargura y tristeza se reflejaba en sus ojos, Candy lo relaciono a su prematura viudez.
Las horas pasaron como hacen mucho no sucedía y el término de la visita llegó.
* Lamento no poder quedarme a cenar.
* Yo también lo lamento pero espero que la próxima ocasión puedas acompañarme.
* ¿Acompañarte? Claro, olvidaba que los maridos jamás cenan.
* Al menos no en casa.
Una discreta carcajada de complicidad fue el detonante para saber que serían grandes amigas.
* Me agradaría que me acompañaras a comer este sábado.
* No deseo que te sientas comprometida.
* Si no deseara tu compañía simplemente no te invitaría.
* Entonces estaré ahí.
* Sin falta a las tres de la tarde.
* Sin falta, te lo aseguro.
Ansiosa como una niña espero el día y la hora, puntualmente salió de su castillo y por primera vez pudo admirar los alrededores. El terreno boscoso era inmenso al igual que los viñedos, al pasar por ellos vio como los trabajadores dejaban su labor para inclinar la cabeza a modo de saludo y respeto, a lo lejos pudo ver las humildes cabañas en las que seguramente habitaban con sus familias.
En la fascinación de todo aquello, llegó a la propiedad Kleiss, donde fue recibida con grata hospitalidad.
Karen era una estupenda anfitriona pero a la vista de la rubia el trato que daba a sus sirvientes era un poco despectivo, aun así veía que era estimada por ellos.
* Tu hogar es muy hermoso.
* Gracias, hace poco que lo decore a mi gusto. Cuando llegue era demasiado lúgubre y tenebroso, igual que su dueño.
* Lamento tanto tu perdida.
* No lo lamentes, yo no lo lamento. Edmon era un anciano lleno de odio y desprecio, y hubiese podido tolerarlo si no hubiera sido el hombre más libidinoso que haya pisado esta tierra.
* Un matrimonio arreglado.
* Y cuál no, es la maldición de todas las mujeres de nuestra clase social. Quieres lujos y estatus social, pues debes de pagar.
Un sombrío silencio perduro en la estancia, no fue incomodo pero agradecieron que fuera interrumpido por una doncella.
* Condesa Kleiss, tiene visitas.
* ¿Quién es? No espero a nadie más.
Antes de obtener respuesta, dos mujeres aparecieron y el cordial gesto de la castaña desapareció.
* Puedes retirarte Meg.
* Mi Lady, disculpe la intromisión, la creíamos sola.
* Pues ya ve lo equivocada que estaba. –Dijo déspotamente a la mujer mayor. –Pero adelante estábamos por tomar el té.
* Siempre tan amable, Condesa. –Intercedió la más joven.
* Candy, permíteme presentarte a la señora Marlow y a su hija Susana. Damas, les presento a mi prima Lady Candice Grandchester.
* Un placer conocerlas pero por favor díganme…
* Lady Grandchester. –Interrumpió Karen sin ningún tono de estar bromeando. –Pasemos a la terraza.
Candy no lograba comprender por que toleraba a esas damas, claramente veía el desagrado que le causaba recibirlas. Sin embargo a su parecer eran agradables, en especial Susana, quién además de hermosa era gentil y cortes en todo momento.
El atardecer la sorprendió ante la amena plática y sin quererlo tuvo que despedirse para volver lo antes posible. Karen la despidió con descontento pues creyó que su estancia sería por más tiempo.
* En pocos meses se celebrara la fiesta del viñedo, creo que ahí podremos convivir mejor.
* ¿La fiesta del viñedo?
* Sí, es hermosa ya lo veras.
* Gracias Karen.
* ¿Por qué? –Dijo extrañada por el repentino cambio de tema.
* Por sacarme de mi jaula de oro.
* Yo más que nadie sé como es estar en una… Terrence no es malo, no como lo fue mi esposo, aprovecha su ausencia y sal de tu jaula cuantas veces puedas. Somos muy jóvenes como para morir de esa manera.
* Lo haré y gracias otra vez.
Karen vio con melancolía el horizonte por donde el carruaje desapareció y deseó de todo corazón que Candy jamás pasara por lo que ella paso.
Por cuestiones de legales n_n me veo en la necesidad de recordarles que los personajes de esta historia son creación de Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi y que yo solo los he tomado como inspiración para crear esta historia…
Lamento no haber actualizado la semana pasada, no es mi intención empezar de esta manera, así que les aviso que cada por dos actualizaciones seguidas no publicaré en una.
Agradezco a cada una de las lectoras que siguen este fic, en especial a aquellas que dejan sus comentarios:
** Edith: Gracias por augurar una buena historia de esta locura.
** Sonia: En verdad esta historia esta salida de mi loca cabeza pero con toda confianza puedes publicar en otro comentario el titulo del otro fic, libro o peli que se asemeja a esta lectura. Créeme no soy de las que tiene problemas en confesar "esta basado en" Si no me crees pregúntatele a la buena Erika n_n
** IyricCinema: Espero que la espera no te haya desanimado, y gracias por el comentario.
** Luna: Tocayita! Me alegra que esta locura sea de tu agrado y pues si, la mosca llego y parece que no se ira volando, al menos no por ahora.
** Pao-Pao: Amiga, tal vez
** Mica: Ni yo lo puedo creer pero es cierto, el amor es ciego y en este caso cojo ajjaja
