CAPITULO V
Estaba decidida, había tomado valor para hacerlo y la firme determinación de hablarlo. Despertó poco antes del amanecer y al sentirlo fuera de la cama lo llamo.
* Terrence.
Sorprendido al escuchar su nombre, giró y le brindo una de sus tantas miradas inquisitivas. No habían cruzado palabra desde la noche en que pactaron su acuerdo y le intrigaba saber que era tan importante como para querer hablarlo.
* Quisiera saber si puedes poner a alguien a mi disposición… –Pronunciaba apenada.
* ¿Deseas otra doncella? ¿Dorothy no está haciendo bien su trabajo?
* No, no, no es eso.
* ¿Entonces qué es?
* Quiero que alguien me muestre los alrededores, el bosque y los viñedos, Eleonor y Dorothy no lo creen apropiado, así que…
* Acudes a mí para que lo autorice.
* Sí. –Reconoció a regañadientes.
* Es más que obvio.
* ¿Qué es más que obvio?
* Que no fuiste educada para ser Duquesa.
* ¿Qué tiene eso que ver con lo que le estoy pidiendo?
* Todo… Le pediré a Marck que venga a buscarte, nadie mejor que él conoce estas tierras pero te advierto que debes madrugar porque…
* ¡Gracias! ¡Gracias! En verdad muchas gracias. –Le interrumpió abruptamente para después abalanzarse al cuello de Terry, quien en recompensa recibió un estruendoso beso en la mejilla.
* Ya debo irme, no me esperes.
* No lo haré.
La indiferente actitud le produjo cierta molestia pero la dejo de lado cuando escuchó el llamado de su mozo.
* Me marcho.
* Que tengas un buen día. Y de nuevo, gracias.
Sin respuesta y sin gesto algún, pero ya estaba acostumbrándose a ello, lo importante era que había dado su autorización. De inmediato recordó que mientras Anne y Patty, preferían pasar el rato libre entre el pianoforte y las visitas sociales, ella solía pasear por las verdes praderas de su entrañable Escocia.
Renuente a la orden asignada, Eleonor le presentó a Marck, un joven de 12 o 13 años, con un pícaro y jovial semblante, y que como pudo observar, no temía a las represarías.
* Así que tú eres Lady Pecas. –Declaró al encontrarse a solas con la rubia.
* ¿Lady Pecas? Pero ¿quién…?
* Mi hermano.
* ¿Tu hermano? Pero ¿Acaso conozco a tu hermano?
* Pues claro, estás casada con él. –Declaraba.
* ¿Terrence… tu hermano?
* Bueno, no de sangre pero sí, sí lo es.
* Entiendo. –Dijo conmovida, hasta que recordó el enojo. –Así qué Terry me llama Lady Pecas
* Sí, y te queda perfectamente.
* Pues él… él es… él es un mocoso engreído.
* ¡Por supuesto! Todos lo sabemos.
Candy rió abiertamente como se supone no debía hacer una dama.
* Y dime, a donde iremos primero.
* Veras, la cosa es que tengo que llevar a mis ovejas a pastar. No sabía que hoy serviría de guía.
* Lo lamento…
* ¿Lo lamentas? Se nota que no te educaron para pertenecer a la nobleza.
* ¡Con un demonio! ¿Por qué todos dicen eso? –Preguntó exasperada y sin darse cuenta que había dejado de lado su buena educación.
* ¡¿Con un demonio?! –Trataba de repetir entre risas. –Por esa clase de frases y comportamiento.
* ¿Mi comportamiento? Pero si acabamos de conocernos.
* Nadie de tu clase aceptaría que lo tratara como un igual, a excepción de Terry, claro.
* Es solo que… –Trataba de excusarse sin éxito.
* Además una "Lady" jamás diría "lo lamento" a uno de sus sirvientes, esa clase de damas simplemente ordena.
* Lo lamento, es que nunca me he sentido cómoda sobajando a las personas, mi tía abuela siempre me daba un soberano pellizco cuando lo hacía pero ahora que no está, he olvidado "la educación de la corte" –Recitó al estilo Elroy Ardley. –Y ahora que lo pienso, no me importa en lo absoluto porque nunca me convertiré en La Duquesa Grandchester. –Declaró sin pensarlo.
* ¡¿Cómo dice?!
* No, no, no me hagas caso. Mejor llevemos a las ovejas a pastar, pobres, ellas no tienen la culpa.
A la par de su señora, Marck se encamino a las verdes colinas teniendo un solo y firme pensamiento.
* "En verdad Terry tenía razón, esta mujer es única"
Su carácter más dulce que voluntarioso, doblego las viejas costumbres del personal que servía en el castillo. El trato era más familiar y había convencido a Dorothy y a Eleonor para que la llamasen por su nombre de pila, al menos cuando estuvieron a solas.
La pequeña flama que había llegado desde Escocia, pronto se convirtió en una verdadera llamarada, todas las mañanas esperaba la "huida" de su esposo para inmediatamente alistarse para una larga travesía. Empezaba con un desayuno "ambulante" para después treparse a los múltiples árboles frutales y a mediodía compartía su botín con los trabajadores de los viñedos, quienes en agradecimiento compartían la humilde comida que les mandaba sus esposas. Así fue Lady Candice White futura Duquesa de Grandchester, se había ido ganando la sincera estima de sus subordinados y los despectivos murmullos de sus iguales.
A un mes de casada y en un día como cualquier otro, el cambien clima inglés los sorprendió, Candy se rehusaba a regresar por una cuantas gotas pero pronto declino ante el evidente torrencial que se avecinaba, Mark creyó que correría como nunca pero no fue así, la rubia disfrutó el chubasco y el lodo que producía, pronto descubrió el por qué.
* ¡Candy! ¡Dios Santo! ¿Qué te ha sucedido? –Eleonor no podía creer la facha que veía.
* ¡Eh ganado! –Dijo exhausta por la carrera.
* ¿Cómo qué has ganado? ¿Qué has ganado?
* A quién querrás decir… a Marck, le di una paliza. –Logró pronunciar entre risas y jadeos.
* Candice, esa no es la manera correcta de dirigirse ni de actuar.
* ¡Oh, Eleonor! No reprendas al héroe victorioso. Nadie nos vio, te lo juro.
Un gesto de desaprobación seguido de un suspiro de resignación fue lo único que recibió como respuesta.
* Y a todo esto ¿Dónde está Marck? No te habrá dejado venir sola, verdad.
* Claro que no… aquí… aquí estoy… pero Candy llego… antes.
* Y te di ventaja… Hubiera llegado antes pero este vestido estorba aun más con la lluvia. Eleonor, crees que Dorothy me preste uno de los suyos.
* ¡Por Dios! No, claro que no.
* Pero…
* ¿Una señora de tu clase, vestida como una doncella? No, por supuesto que no.
* Pero solo lo usaría para pasear por los alrededores.
* No, eso ya sería demasiado.
* De acuerdo. –Dijo pícaramente.
* ¡No, Candy! Ni lo pienses. –Sentenció. –Ahora será mejor que te prepare el baño o pescaras un resfriado, mandaré a Dorothy para que te ayude a quitarte ese lodazal y después te meterás a la cama. Más tarde te subiré sopa caliente.
La voz denotaba gran autoridad y al no atreverse a contradecirla, optó por despedirse de Marck no sin antes agradecerle sus atenciones.
La visita diaria terminó temprano pues la sola presencia de la señora Marlow lo irritaba, así que decidió retirarse para ponerse al día en los libros de contabilidad, no era una tarea grata pero era mejor que convivir con aquella dama.
Cuando llego al castillo estaba completamente mojado pesé a haber llegado en el carruaje. Inmediatamente le ordenó a su mozo dar las indicaciones para que le preparasen el baño, mientras tanto tomaría un poco de whisky para entrar en calor.
* Vamos Candy, si te quedas por más tiempo te hará daño. –Reprendía la chica. –El agua ya está casi fría.
* Esta bien pero no te enfades.
* De acuerdo, iré por el último balde.
Dorothy reía en sus adentros, jamás imagino que serviría a una dama tan peculiar pero le agradaba hacerlo. Absorta en sus pensamientos fue como llego a la cocina, donde no se percató de la presencia de Tom.
* Mi Lord desea tomar un baño. –Declaro el joven.
* Ya ésta listo… –Abrumada por la compañía del chico no razonaba lo que decía.
* ¿Cómo dices? ¿Dorothy? ¡Dorothy!
* Lo… lo siento.
* Ya esta qué.
* El baño.
* ¿En verdad? –Preguntó sorprendido.
* Sí… Estoy esperando a que caliente un poco más… esta es la última…
* Creo que no será suficiente. –Observó quisquilloso el balde.
* Entonces calentaré más.
* Gracias. Iré a avisarle.
El suspiro que dejo escapar libero un poco del nerviosismo que le producía el tenerlo cerca, pero no le aclaro la mente para descubrir el embrollo que estaba por desatar.
Sorprendido por la eficacia ante su inesperada llegada, subió al dormitorio en donde al parecer no había nadie más que él y la espera de un baño caliente, de inmediato se despojo de las empapadas ropas para después envolver su cintura en una toalla.
Ajena a lo que acontecía, Candy seguía totalmente sumergida en la tina pero aun así pudo escuchar que alguien entraba y resignada ante ello, se incorporó en su totalidad para disfrutar del último balde de agua caliente.
Segundos, segundos que por una poderosa fuerza bastaron para maravillarse ante aquella sublime belleza. Sus nacientes formas de mujer completamente expuestas y apenas iluminadas por la tenue luz de las velas, lo hicieron enervar en pasión y deseo. La hubiera hecho suya en ese momento para poder mojarse de su lujuria pero la imagen de ensueño se desvaneció en una accidental cascada.
* ¡Mi Lord! –Exclamó apenada al verlo semidesnudo. –Lo siento, discúlpeme no sabía que usted se encontraba aquí.
Sin decir nada salió de escena y al hacerlo empujo sin pretenderlo a la joven, quien no entendía la obvia perturbación de sus señores.
* ¿Ya se fue? –Inquirió desde la bañera.
* Sí, ya se fue.
* Pero quién demonios se cree para entrar de esa manera. –Vociferaba mientras se abrigaba con su bata. –Ha arruinado mi baño.
* ¿Mi Lord fue quien ha hecho esto? –Preguntó viendo una gran cantidad de agua en el piso.
* No… fui yo… pero él tuvo la culpa… entró sin avisar y…me vio desnuda… es un…
* Pero… es su esposo. –Interrumpió extrañada por la incoherencia del disgusto.
* Sí… sí… Pero no debió de hacerlo. –Dijo contrariada y sin saber cómo expresar su molestia.
* Lo lamento Terry.
* ¿Lo lamentas? ¿Es lo único que tienes que decir?
* Lo que diga no resolverá el problema, aunque aun no entiendo cual fue.
* ¡¿Cuál fue?!
* Sí.
* ¿Cuál fue? –Se preguntó asimismo.
* Ordene que prepararan tu baño en la habitación contigua y ya está listo. –Cambio de tema intencionalmente.
* De acuerdo.
* Y en cuanto al "incidente" me encargare de que no vuelva a ocurrir.
Dejándolo en el despacho acompañado de sus pensamientos, Eleonor se encamino a la cocina dispuesta a reprender severamente a la causante de este problema, que a su pesar era más grave de lo que parecía.
Por más confortable que hubiera podido ser, el baño no obtuvo el resultado que necesitaba. Al cerrar los ojos veía la clara imagen de la tentación y era entonces cuando aparecía la tortura de la frustración. Molesto por lo que hubiera querido hacer y no hizo, salió lo antes posible de aquella habitación pues estaba seguro que si permanecía un momento más, no respetaría su palabra y mucho menos a su esposa.
Indiferencia era lo que pretendía demostrar pero el temblor de sus manos no la ayudaba en nada, al igual que a él no le ayudaba aquel traslucido blusón.
* ¿Me quiere decir por qué lo hizo? –Preguntó amenazadoramente con su cepillo de plata.
* Tranquila pecosa, además te vi pero no te mire.
* ¡Cínico! Es usted un reverendo cínico. Pero no me refería precisamente a… eso.
* Entonces dígame ¿Qué la tiene tan molesta señora Grandchester? –Se mofó intrigado.
* Han relevado a Dorothy como mi doncella.
* Y qué tengo yo que ver en ese asunto. –Decía un tanto divertido al ver bailar aquellas pecas.
* Que usted ha sido el causante… del lío. No ella
* Créame mi Lady que soy responsable de la distracción de muchas damas pero no el de ella.
* ¡Descarado insolente! Eso es lo que usted es.
* Y usted una tonta.
* ¿Yo? –Exclamó asombrada por el giro de la conversación.
* Sí usted. Si tanto desea que Dorothy siga bajo su servicio, simplemente ordénelo y deje de fastidiarme con niñerías.
* Pero Eleonor…
* Elenor no es más que una simple ama de llaves y también está bajo su servicio. –Vocifero irritado. –¿Cuándo tomaras el lugar que te corresponde?
Antes de poder contrariarlo, se vio sola con la pregunta en el aire. Sabía perfectamente cómo dirigir una casa pero no lo deseaba, de pronto recordó lo planificado que había imaginado su futuro, la sombra de la melancolía se dibujó en su rostro y no se molestó en contener las lágrimas que por tanto tiempo había reprimido.
Terry estaba ensimismado en las llamas de la chimenea, hace un par de horas que había terminado con los libros de contabilidad, aunque le costó mucho concentrarse en ellos se jactaba de ver los resultados de su esfuerzo, dentro de unos días partiría a Londres y entonces podría decirle a su padre lo equivocado que había estado al creer que no sería capaz de llevar el manejo de los viñedos.
Cerrando los ojos saboreo el último sorbo de whisky y el último vistazo a su más seductor recuerdo. No podía permitirse un desliz, al menos no con ella, aunque irónicamente "ella" fuera su esposa.
Cansado por un día poco común se dirigió a su habitación, extrañamente le complació ser recibido por una amplia sonrisa.
* ¿Ha terminado sus deberes? –Un tajante asentamiento como respuesta no la perturbo. –Que bien, así ya podremos cenar.
* ¿Aun no cenas? Ya es más de media noche.
* No me había dado cuenta de ello. –Mintió. –¿Desea cenar aquí o prefiere hacerlo en el comedor?
* Aquí.
* De acuerdo, iré por ella.
Terrence observaba incrédulo el comportamiento de la rubia, quien no había tardado en llegar con una bandeja llena de comida. Degustaron en silencio cada bocado y al termino se alistaron para la escena de todas los noches.
Ahora acostado a su lado veía a detalle cada rasgo de su pecoso rostro y se preguntaba que les deparaba el destino.
¡Hola! Les recuerdo que los personajes de esta historia son creaciones originales de Kyoko Mizuki y Yuiko Igarashi y que yo solo los he tomado de inspiración para crear esta historia.
Agradezco a cada lector que sigue esta historia muy especialmente a aquellas chicas que han dejado sus comentarios.
Lucy Luz: Trato de publicar dos semanas seguidas en los días jueves o viernes. Me da mucho gusto que esta locura sea de tu agrado, gracias.
Lyricinema: Espero que te guste hasta el finas y en verdad gracias por prestarle parte de tu tiempo a esta locura.
Luna: Tocaya que alegría que aun no saques los tomates para aventármelos y que este fic siga siendo de tu gusto.
Politaandrew: Antes que nada gracias por empezar a leer esta historia… te comento que entre el trabajo, mi familia (hijo-hurón incluido), el novio y demás, no puedo actualizar como te gustaría a pesar de ello espero que puedas seguir leyendo esta locura.
PekasCulle (Clarita): Gracias una y mil veces por ser mi empuje, mi pez BETA pero sobretodo mi SPA te quiero mucho y sabes que te agradezco que ayudes a esta ignorante a subir su fic… Te quiero harto.
