CAPITULO VI

Decidida a comportarse acorde a su posición, Candy investigó los pormenores del castillo y el movimiento que había en esté, sabía que el personal era poco y hacía mucho, interactuando con ellos pronto controlo el complejo manejo de su nuevo hogar.

En una noche como cualquier otra, exasperada, tomó su plato y pidió humildemente a sus empleados que la aceptará en su mesa, ninguno se atrevió a negarse y desde entonces compartían sus alimentos y muchos buenos momentos.

* Mi señora déjeme ayudarla.

* No Beth, me rehúso a darme por vencida.

* Pero…

* ¿Acaso desconfías de mis artes culinarias?

* No claro que no pero… –Decía conteniendo la risa.

La rubia volteó la mirada a un reluciente trasto y se vio completamente "espolvoreada" y cubierta de masa cruda.

* Así que te causa gracia mi facha ¡eh!

* No… no… –Pronunciaba poco convincente.

* A mi también me causaría mucha risa verte del mismo modo.

* ¿Cómo dice? –Alcanzó a preguntar antes de ser atacada por ráfagas de harina.

Pronto una nube blanca cubrió toda la cocina, Candy atacaba a diestra y siniestra a su oponente quien también se defendía hábilmente, pero fue la pobre Dorothy la más perjudicada pues había entrado a la habitación sin pensar que estaría en medio de aquella batalla.

El castillo siempre silencioso, en esta ocasión dejaba escuchar tremendas carcajadas que fueron intensificándose según se aproximaba. Cuando abrió la puerta no esperaba ser recibido de aquella manera y al parecer tampoco había sido esa la intención.

* ¡Mi Lord! ¡Oh, por Dios! Lo siento. –Decía acongojada la pelirroja mientras con su mandil trataba de remediar su error.

Un incomodo silencio aunado a la cara de molestia, no mejoro la situación.

* ¿Desea cenar mi Lord? –Se aventuró a preguntar.

* Sí, siempre y cuando no interrumpa su "labor"

* Claro que no mi Lord, en diez minutos estará servida.

Ya a solas, Candy confortó a Dorothy, mientras que una apresurada Beth le quitaba el mandil y limpiaba su fino vestido.

Respirando un poco de valor entró al comedor y por primera vez tomó asiento a lado de su esposo. No se atrevía a mirarlo, sabía que estaba molesto, sentía su insistente mirada sobre ella, tal vez en este momento cuestionaba sus aptitudes para ser la señora de ese castillo, tal vez reafirmaba que sus modales no eran los propios de una futura Duquesa, sus mejilla enardecieron por la vergüenza ante aquellos posibles pensamientos hasta que uno propio paso por su mente. No tenía por que apenarse por lo que hacia y mucho menos con quienes lo hacia, además él había dejado claro que no le importaba su compañía, no le importaba en lo absoluto, así que no tenía derecho a reprochárselo.

Alzó la barbilla desafiantemente para poder retarlo con la mirada pero su intención se desvaneció al ver su expresión.

No estaba molesto, parecía no haberle importado su estrecha relación con la servidumbre o el accidente con Dorothy. Estaba sentado despreocupadamente y la observaba con diversión, su sonrisa era socarrona y terriblemente irritante.

* Dígame Lady Pecas ¿Qué es lo que estaba cocinando?

* Una tarta de manzana y pera. –Respondió contrariada.

* Debo suponer que será el postre.

* No, no lo creo. No termine de hacerla.

* Es una lastima por que me gustaría "probarla" Creo que tendré que conformarme con esto.

Aproximándose peligrosamente al rostro de Candy, tomó con el dedo un poco de maza cruda que tenía en la mejilla. Por un instante la rubia se perdió en aquel mar obscuro de sus ojos.

* Curiosamente, deliciosa.

* ¿Cómo dice? –Preguntó saliendo de su letargo.

* Digo, que es una lastima, la masa tiene buen sabor, lógicamente la tarta sería mucho mejor.

Antes de pronunciar una sola palabra, una nerviosa Dorothy apareció para servir la cena, entonces Terry volvió a ser el mismo de siempre, serio y callado, evidenciando la clara molestia que le causaba su presencia. Al parecer el único sonido que se produciría sería el de los cubiertos pero para su sorpresa no fue así.

* He recibido carta de mi padre.

* ¿Se encuentra bien? –Preguntó con notable preocupación.

* Hierba mala nunca muere, así que sí, sí se encuentra bien.

* ¿Misiva de negocios?

* No, de placer…Su cumpleaños es dentro de dos semanas y como te has de imaginar, lo convierte en un evento casi tan grande como la coronación misma.

* Uno nunca sabe cuando puede ser el último.

La declaración tan honesta, causo una mueca de irónica reflexión.

* La carta, más que una invitación es una orden.

* ¿Qué clase de orden?

* Una en la que se nos indica que debemos partir lo antes posible a Londres. –Creía haberle dado una buena noticia, pero era claro que se había equivocado. –No te entusiasma.

* No, no es eso.

* ¿Entones qué es?

* No sé si podré comportarme como su esposa.

* Lo has hecho muy bien hasta ahora. –Dijo desdeñosamente.

* No son las mismas condiciones. Éste, es su territorio, nadie puede cuestionarle nuestro comportamiento pero…

* Pero mi padre sí.

* Así es.

Le molestaba admitirlo pero era cierto, el plan, hasta el momento perfecto, estaba en peligro y tenía que actuar rápidamente si no deseaba ser descubierto.

* Yo me ocupare de mi padre, tú alístate para salir antes del alba.

* ¡¿Tan pronto?!

* Sí, sé que para ti es prácticamente no dormir pero es necesario.

* ¡No me refería a eso! –Declaró ofendida. –¿Cuánto tiempo estaremos en Londres?

* Tres semanas, espero que menos.

* Creo que debo apresurarme para empacar.

* Solo lleva tres mudas.

* ¿Tres mudas para tres semanas?

* No te alarmes, el Duque sea encargado de que tu estadía sea lo más amena posible.

* ¿Qué quiere decir?

* Que en Londres ya tienes más ropa de la que podrás usar en todo ese tiempo.

* ¿Por qué?

* ¡Disculpa!

* ¿Por qué el Duque se molesta tanto en complacerme?

* ¿No te sientes halagada?

* Me siento sumamente halagada.

* ¿Pero?

* Es que no he dicho o hecho algo para merecer sus atenciones, tantas atenciones.

* ¿En verdad no lo sabes?

Antes de poder razonar su pregunta, Eleonor entró con el postre.

* Beth lo terminó por usted, mi Lady.

* ¡Oh, muchas gracias!

* Traeré té para acompañarlo.

* Por mi no te molestes.

Terry veía con desden la rebanada que tenía frente a él y dicho gesto fue claramente percibido.

* ¿No va a probarlo?

* Ya estoy satisfecho.

Dicho lo anterior, se levanto de su asiento y se dirigió a su despacho, donde probablemente estaría por horas.

* Dime Eleonor ¿Es así con todos o solo conmigo?

* Terry no es una mala persona es solo que…

* Que soy yo.

* No, no quise decir eso.

* No te preocupes… Dile a Beth que le agradezco lo que hizo pero que he perdido el gusto por probarlo.

Eleonor vio con pesar a la ojiverde, quien sin decir más se retiró a su dormitorio.

El sol aun no salía para despejar la espesa niebla, cuando Tomo apareció con el carruaje, arropada con un hermoso abrigo, Candy subió a el y vio lo amplio que éste era. Antes de partir, Dorothy colocó sobre sus piernas un fino edredón para proporcionarle confort.

* ¿Y tu no vas a taparte? –Le cuestionó al verla sentar a su lado.

* No es adecuado. –Le susurró con una sonrisa, al momento que Terry aparecía.

Con la presencia de su esposo, comprendió la situación de su amiga y no trato de contrariarla. Cuando el carruaje comenzó su travesía, pudo observar que los trabajadores ya estaban en su labor diaria pero esto no les impedía mostrar el debido respeto por el paso de sus señores, el castaño por su parte no manifestó interés alguno por éste acto y no apartó en ningún momento su vista del libro que leía. Fue entonces cuando Candy advirtió que el viaje sería tan corto como amena la compañía.

La veía, claro que la veía, su semblante la delataba poco menos que su picara mirada. Hace algunos días escuchó un rumor que se había negado a creer, hasta ahora.

** Flash Back.

* Se dice, mi Lord, que han visto a Lady Grandchester en los viñedos, conviviendo con sus trabajadores como su igual. ¿Se lo imagina, mi Lord?¡Como su igual! Por supuesto que no lo creí, por que ¿Qué clase de dama sería si se comportara de esa manera? Y si bien su esposa, a mi parecer, no es tan fina y bien educada como mi Susi, no quiere decir que sea una vulgar.

** Fin de Flash Back.

Estupida mujer, el único motivo por el que la toleraba tenía nombre y ojos azul cielo. Sus comentarios siempre desatinados y malintencionados, le causaban un gran dolor de cabeza, a veces se pregunta como es que esa dama podía ser madre de la mujer que amaba. Sin desear ahondar en la discrepancia de opiniones que mantenía con ella, se concentró totalmente en su lectura, ignorando por completo a sus acompañantes.

No sabía con exactitud cuanto faltaba para llegar a su destino, pero el trayecto parecía durar toda una eternidad. Después de dormitar un poco, se entretuvo en su labor de costura pero lo dejo al percatarse de los maravillosos paisajes que la naturaleza le ofrecía, aunque ciertamente no podía disfrutarlos como quería si no comentaba de ellos y era evidente que Dorothy no se atrevía a musitar una sola silaba y que Terrence no deseaba hacerlo. Todo esto aunado a su inquieta personalidad, provocaba una gran desesperación e inevitablemente su lenguaje corporal lo denoto fácilmente.

* ¿Quieres dejar de moverte? Me estas irritando.

* Llevamos horas en éste carruaje, hemos pasado tres poblados sin decender en ninguno, así que no me pida tal cosa. –Dijo irritada.

* De acuerdo, descansaremos un poco en la próxima villa.

* Mi… mi Lord la próxima parada será Londres.

* ¿Estás segura? –Preguntó incrédulo.

* Sí mi Lord.

* Ya escuchaste a Dorothy, la próxima parada es Londres y no me arriesgare a hacer otra a mitad de camino. –Anunció para después seguir su lectura.

No hubo protesta, ni una sola, Candy hubiera tolerado el largo viaje sin hacer una sola escala, pero el dolor que sentía en la espalda la estaba lacerando nuevamente, estaba consiente de que Terry no lo sabía pero podía asegurar que aunque fuera de su conocimiento no le importaría. Conteniendo sus lagrimas, mezcla de enojo y resentimiento, se dio cuenta que su malestar no era excusa para tener dicha consideración, no solo por ser su esposa sino por el hecho de ser mujer y tener necesidades diferentes a las suyas. En todo el trayecto se había abstenido a probar bocado y aunque la sed le hizo mella en más de una ocasión, habría sido perjudicial para el momento. Así, con el claro desden hacía su persona y sin tener otra opción, más que la paciencia, se resignó a la decisión de su esposo lo mejor que pudo.

La algarabía de la gente era señal de que estaban por llegar a su destino, la cara de asombro de Candy le provocó una fugaz sonrisa. Dejando las calles empedradas y el bullicio de estás, tomaron un pintoresco sendero hasta llegar a la Villa Grandchester donde un sorprendido Duque los aguardaba.

El gusto por verla era evidente y amargamente contrastante a la de su hijo. La ojieverde sintió una fuerte opresión en su pecho y al aceptar la mano de su esposo, al momento de descender, le susurró su conclusión.

* Ya sabía que me odia, no tenía que ser tan evidente.

Terrence quedó impactado por las amargas palabras que había escuchado.

* ¡Candice! –Pronunciaba con verdadero júbilo. –¡Que gusto tenerte aquí!

* El gusto es todo mío, Duque. –Saludaba con una reverencia.

* ¡Pero por Dios, Candice! Somos familia, deja las etiquetas a un lado y dame un abrazo. –Decía al momento de estrecharla fuertemente.

* ¿Y a tu hijo no tienes nada que decirle?

* Por supuesto ¿Desde cuando peleas por mi atención?

* Es educación padre.

* ¿Y eres tu el que precisamente habla de ello? Además, es la primera vez que esta linda dama visita mi hogar. A lo que me lleva a preguntarte ¿Cómo es que llegaron antes del ocaso? No quiero pensar que Tom apresuró el paso arriesgándolos a sufrir un accidente.

* No fue eso.

* ¿Entonces que fue?

* No hicimos paradas. –Confesó a regañadientes.

* ¡¿Y por que demonios no las hizo, Terrence?!

* Por que no las creí necesarias.

* ¡No viajabas solo, si no con la compañía de dos damas!

* En verdad no fueron necesarias, deseábamos llegar lo antes posible así que no nos percatamos de ello. –Intervino ante la evidente tensión.

* ¡Dorothy!

* Si mi Lord.

* Ya conoces la habitación de Terrence, conduce a Candice a ella, mi hijo yo tenemos que hablar en privado.

* Si mi Lord.

Dejando atrás una clara discusión, fue guiada por una de las escalinatas de mármol y observada por el ojo vigilante, un hermoso y elegante candelabro. Gracias a los grandes ventanales pudo admirar las obras de arte que tenía su suegro, no eran ostentosas como en otros castillos pero si de buen gusto.

El techo pintado de un azul celeste en conjunto con el blanco mármol, aprovechaban al máximo los rayos del sol e iluminaban exquisitamente el entorno, el mismo pasillo por el que la conducían era de su interés, lienzos y esculturas, cada uno tan único y peculiar como el anterior, hubiera querido posar en ellas su vista más de unos cuantos segundos pero cuando menos lo deseaba ya estaba en su nueva habitación.

Los cambios que habían hecho eran evidentes y eran de esperarse, anteriormente éste había sido el aposento de un joven soltero que ahora regresaba acompañado de su esposa. Espacioso, cómodo y con vista al sol naciente, éste sería su lugar de descanso, al parecer la monotonía no cambiaria.

* ¿Deseas tomar una siesta?

* Lo que deseo es quitarme este corsé.

* ¿Esta lastimándote?

* Más de lo que imaginas.

La doncella apresuró su labor y vio que la piel de su señora, si bien no tenía marca alguna, esta era sensible y sumamente delgada, lamentó que sus invisibles heridas sangraran nuevamente y que la pomada que le untaba no fuera de mayor ayuda.

La ojiverde dejó escapar un suspiro de alivio al despojarse de dicha prenda al momento que Dorothy le ayudaba a ponerse una tersa bata. Al contacto sintió la finura de la prenda y le impactó ver el asombroso parecido del color con sus ojos, definitivamente no era una coincidencia. Por instinto, volteó al enorme espejo y le agrado ver su reflejo, rara vez tenía estos rasgos de vanidad y éste en efecto era uno de esos, la inusual admiración se esfumó en cuanto el castaño apareció.

* ¡Dorothy retírate!

Si la joven contestó a la orden, está no escuchó, pero si obedeció al instante.

* No tenía por que hablarle de esa manera.

* ¡Y usted no tenía por que justificar mis actos ante mi padre!

* ¿Sus actos?

* "En verdad no fueron necesarias, deseábamos llegar lo antes posible, así que no nos percatamos de ello"

* ¿Eso fue lo que causo su molestia? Disculpe mi Lord, pero creí más adecuado mentirle a su padre que decirle la verdad.

* ¿La verdad? ¿Y cual sería ésta mi Lady?

* Que su hijo cadece de caballerosidad, pesé a que lo ingleses presumen de ella como un pavo real presume sus plumas.

* ¡Esta usted ofendiéndome!

* ¡Y usted lo hizo todo el trayecto! Le aseguro que si hubiese viajado con cualquier otra dama, ésta hubiera tenido el privilegio de conocer sus atenciones pero como la dama en cuestión no es otra más que aquella a la que repudia, no se tomó la más minima molestia por ella.

* ¡Yo no la repudio!

* Pues lo disimula magistralmente mi Lord y lamento que mi intervención le haya causado tal ofensa. Ahora si me lo permite deseo descansar el resto de la tarde.

* ¡Pero mi padre!…

* Discúlpeme con él pero estoy segura que "él" si entenderá mis extravagantes necesidades.

Estruendoso sonido se produjo al cerrarse la puerta del baño en la cara de Terry.

* ¡Estupida pecosa! ¿Cómo se atreve a hablarme así?

Los pensamientos injuriosos brotaban uno tras otro y el reproche de su padre no ayudaba en desaparecerlos.

** Flash Back.

* ¿Hasta cuándo te comportaras como un caballero y no como lo que eres?

* ¡No fue mi intención, ya te lo dije!

* Eres una vergüenza Terrence, creí que en este tiempo al menos la apreciarías como persona.

* Estas exagerando las cosas.

* ¿Te parece?

* Sí.

* Me pregunto si dirías lo mismo si habláramos de la misma situación pero de distinta "persona".

* ¡No te atrevas a meterla en esto!

* ¡Tu no eres nadie para amenazarme!

* No me conoces padre.

* Pero tu a mi si, y sabes muy bien de lo que soy capaz de hacer. Si no quieres que tome medidas drásticas, te aconsejo que empieces a tratar a Candice como lo que es, tu esposa… pero sobre todo una dama. Cosa que no puedo decir de Susana.

** Fin de flash back.

Sin ánimos de escuchar más reclamos, decidió retirarse a una de las tantas habitaciones de su antiguo hogar y no salir de ahí hasta muy entrada la noche.

El día parecía prometedor aunque poco común, el cielo estaba despejado y el clima favorecedor para una caminata. Un hermoso vestido de seda blanca con grandes rosas era ideal para empezar la mañana, Dorothy había tratado de persuadirla en su elección pues el escote exponía sus tersos hombros al inminente sol pero esto no le importó, incluso pidió que le recogiera toda su cabellera pero nunca creyó que sería sujeta entre hermosos prendedores en forma de flores.

Sentado despreocupadamente en el sillón, Terry trataba de concentrarse en su lectura pero simplemente no lo conseguía, simulaba su atención en libro pero estaba completamente concentrado en la rubia, en sus movimientos, en sus gestos y en su inusual coquetería, no supo en que preciso momento comenzó a tararear una canción y en que momento dejó de hacerlo, solo se percató que en un instante había desaparecido de la habitación.

Con el alma a punto de salir y con el corazón a punto de estallar, corrió por el largo pasillo para detenerse totalmente al inicio de las escaleras.

* ¡Anthony!

* ¡Candy!

La carrera finalizo con un enérgico salto, Candy estaba dando vueltas en el aire al tiempo que era sostenida por el joven.

* ¡Pecosa! ¡Que hermosa te has puesto!

* ¡Oh, Anthony! ¡Cuanto me alegra verte!

Las risillas y muestras de afecto estaban irritándolo, mientras que un enervante calor subía hasta sus mejillas, veía con total desagrado aquella escena donde él solo era un expectante desde el barandal de su propio hogar.

* "Mallitas" ¿A qué debemos tu desagradable visita? –Preguntaba despectivamente al bajar los escalones.

* ¿Mallitas?

* Es el agradable sobrenombre con el que mí "querido" primo se dirige a mí.

* No has contestado mi pregunta.

* Tan educado como siempre, Terrence, debería decir que me alegra verte pero mentiría.

* No sabes cuanto hieres mis sentimientos.

* Me sorprende que los tengas y a tu "respetuosa" pregunta solo tengo una.

* Muero por escucharla.

* Mi visita no se debe a ti, no te sientas tan importante, si no por ésta hermosa pecosa.

* Pues ya la viste, así que ya puedes irte.

* Me iré cuando ella así lo quiera. –Dijo desafiante.

* Soy su esposo y yo decido por ella.

* ¡Basta los dos! –Intervino el Duque. –Yo invite a Anthony, denegó para no verte hasta saber que Candice también vendría.

* ¿Eso es cierto, Anthony?

* No lo dudes ni por un momento, pecosa. Por ti iría hasta el fin del mundo.

* Pues yo no te vi en "nuestra boda"

* Eso fue por que no quería ver a la mujer más maravillosa, casada con el hombre más idiota.

* ¡Imbecil! ¿Cómo te…?

* ¡Basta, los dos! Están frente a una dama y se comportan como un par de chiquillos.

* Lo lamento tío, no fue mi intención presentarme de esta manera.

* Lo sé, sé que ustedes dos nunca podrán llevarse bien pero no es pretexto para hacer a un lado el decoro y la buena educación. Y dado a que debo predicar con el ejemplo, te invito a pasar al comedor.

Sin decir más los tres jóvenes siguieron al Duque, dos de ellos entrelazando sus brazos y con un radiante semblante, mientras que el otro centellaba de furia y no sabía si era por la pelea de palabras o por celos que por primera vez emanaban.

¡Hola! Chicas, chicos (tal vez) una disculpa enorme por la tardanza espero que haya valido la pena, como podrán ver van apareciendo algunos personajes del anime, en esta ocasión fue Anthony quien tendrá una papel muy importante en esta historia, hago saber que no lo odio (mucho n_n) y que no es mi intención ofender a alguna fan de este "chico"

Nuevamente agradezco a cada una de las chicas que siguen este fic y muy especialmente a las que se toman la molestia en dejar sus comentarios, créanme que los estoy tomando muy en cuenta.

* Gianny17: ¿Ansias? Espero que aun te queden ganas para leerlo y que sobre todo sea de tu gusto, muchas gracias por seguir esta locura.

* Luna: Tocaya, tome en cuenta tu consejo y trate de hacerlo más extenso, ojala sea de tu agrado.

* Iyricinema: Y es lo que me alienta, saber que este fic les gusta, esas sencillas pero honestas palabras me alientan, muchas gracias (creo que yo también siempre te respondo lo mismo)

* SPA (Clara Hernández) Que puedo decirte que no te diga a diario, estas bien loca y te adoro por que solo una loca igual a mi me alentaría e incitaría a seguir, gracias muchas gracias mi pececillo.

A todos los lectores anónimos les agradezco su tiempo y espero no defraudarlos con las actualizaciones.