CAPITULO VII
En el poco tiempo que llevaba de conocerla, jamás la había visto de esta manera, ni siquiera la noche en que la conoció y la escuchó declarar su amor al "elegante", le desconcertaba tu actitud y le molestaba aun más quien lo provocaba.
Su padre, el Duque de Grandchester de Inglaterra y su tío Lord Byron Brown de Francia, mantenían una relación estrecha desde su infancia y al convertirse en padres casi al mismo tiempo, habían creído que sus dos únicos hijos mantendrían el mismo vinculo afectuoso, pero al paso de los años notaron que no pudieron estar más equivocados. Anthony y él, tenían un carácter completamente diferente, cada acto u opinión era una inminente discusión, teniendo solo en común la mutua molestia que les causaba escuchar hablar de su enorme parecido, para aquellos que no los conocían las únicas notables diferencias eran el color de su cabello y la intensidad del azul en sus ojos. Que errado era juzgar solo la apariencia.
Las risas y las cómplices miradas, le estaban causado un desagrado comparado al que sentía después de una larga juerga y lo que era aun más repugnante era el ver que su propio padre parecía aprobarlas.
* Tengo que dejarlos.
* Supongo que ira a supervisar los últimos detalles para la cacería.
* Así es Anthony.
* ¿Cacería?
* Sí Candice, con ello daremos inicio a los festejos por mi cumpleaños.
* ¿No lo sabias?
* Lo desconocía totalmente.
* Se me olvido mencionárselo. –Respondió ante las miradas acusativas de su padre y su primo.
* Mejor para mí. –Expresó jubiloso –Por que eso quiere decir que no tienes pareja.
* ¿Pareja, para qué?
* El evento se lleva en parejas y no te aceptare un no por respuesta.
* Nunca me negaría.
* Has de saber tío, que tu nuera es una excelente jinete.
* ¡Oh, Anthony exageras!
* Anthony no es de la clase de joven que halague por halagar, así que me encantara verte en la cabalgata. Pero por ahora si me disculpan me retiro. Te quedas en tu casa sobrino.
* Muchas gracias tío.
* Terrence, compórtate por favor.
* Siempre.
El único incomodo tras la salida del Duque fue Terry, quien estaba más que molesto por ser claramente omitido en todo momento y al aparecer el disgusto iría solo en aumento.
* Terrence, ¿podríamos pasar a la sala?
* Así que prolongaras tu visita… Esta bien, vayamos.
Los tres jóvenes se levantaron de sus asientos para dirigirse a una hermosa habitación, el sol entraba con todo su esplendor y se maximizaba en las blancas paredes. En una esquina se encontraban algunos paquetes delicadamente envueltos en telas de colores, era claro que todos eran para la ojiverde.
* Te he traído estos presentes, no son muchos pero se que todos te gustaran.
* No tenías por que hacerlo.
* Pero quise hacerlo ¡Vamos ábrelos!
Con una radiante sonrisa como respuesta, tomó una de las cajas para después sentarse en la fina alfombra y solo así, en una posición poco usual pero muy cómoda, deslizó la cinta de seda para conocer su contenido. Una delicada chalina bordada, probablemente de Bélgica, y ahora posada delicadamente sobre ella.
* Justo lo que pensé. Ideal para tu tono de piel.
* Es hermosa.
* Nada es tan hermoso para ti, aunque talvez si parecido. –Pronunció mientras colocaba frente a ella otro paquete, que de inmediato fue abierto. – ¡Con cuidado!
Con los ojos llenos de lágrimas vio ante ella el brote de una rosa, pero no de cualquier rosa, sino de una que Anthony había cultivado especialmente para ella y que llevaba el nombre de "Dulce-Candy" en su honor.
* Sé que harás que crezcan más en tu hogar.
* Te aseguro que en mayo habrá un centenar de ellas. –Pronunció mientras limpiaba rápidamente sus lágrimas.
* Me agradara comprobarlo por mi mismo.
* ¿Ahora estas invitándote a mi hogar?
Los rubios fijaron su vista y atención en Terry, quien notó la incomodidad que les había causado su intromisión en la plática.
* Recuerda que nunca falto al festival del viñedo.
* Supongo que contaras los días.
* Supones bien.
Las retadoras miradas a larga distancia, hicieron comprender a Candy la enorme rivalidad que existía entre ellos pero que después de todo solo eran dos chiquillos que peleaban a la más minima señal, sin desear prestarles mayor importancia siguió con su ardua tarea.
* ¡No, ese no! –Alcanzó a detenerla. –Lo siento, pero es que me han pedido que ese paquete solo lo abras cuando estés a solas.
* ¿Quién te lo ha pedido? Creí que todos eran de tu parte.
* Sí a excepción de ese, Pier te lo mando.
* ¿Acaso conoces a Pier?
* Claro que si.
* Son "grandes amigos" no es así "mallitas"
* Así es Terry, Pier y yo somos amigos desde hace mucho tiempo, incluso fui yo quien lo recomendó con mi tío para que te elaborara tu ajuar.
* Hizo un gran trabajo, un espléndido trabajo.
* Y dice que lo que ha enviado también será de tu agrado.
* ¿Un nuevo vestido?
* No cualquier vestido, si no el vestido para la fiesta de disfraces.
* ¿Cuál fiesta de disfraces?
* También se me olvido mencionarlo. –Contestó inocentemente antes de escuchar los reclamos.
* La fiesta de cumpleaños será de disfraces y Pier te ha diseñado el tuyo.
* ¡Muero de curiosidad por saber qué es!
* No eres la única, ni siquiera a mi me permitió verlo, no quiere que nadie te reconozca. –Le susurro en forma confidencial.
* Entiendo. –Respondió de la misma manera. –Pero supongo que si puedo abrir los demás.
* Claro que sí.
Anthony y Candy siguieron disfrutando de su divertida tarea y al hacerlo la habitación se fue iluminando por la extensa gama de colores que desprendían las finas telas.
* ¿Ese también es para mi? – Dijo al posar su mirada en un cofre de madera.
* ¡Ah! Este será tu favorito. –Pronunció menospreciando a los demás objetos.
* No creo que supere a "Dulce-Candy"
* ¿Entonces no lo quieres?
* ¡No he dicho tal cosa! –Dijo alarmada.
* ¿"Dulce-Candy"? –Interrumpió intrigado el castaño.
* Mis padres murieron poco antes de mi cumpleaños, lógicamente no quise celebrarlo pero Anthony se empeño en hacerlo, fue un día memorable y mi obsequió aun más, había cultivo una hermosa rosa y…
* La llame "Dulce-Candy" en su honor.
* Que "dulce" casi empalagoso. –Declaró al servirse su primera copa de whisky del día.
Omitiendo el mal intencionado comentario, Anthony colocó el cofre frente a la rubia para abrirlo lentamente, de pronto los bellos ojos color verde que admiraba se alargaron sorpresivamente.
* ¡Santo cielo!
Ni mil monedas de oro hubieran producido el júbilo que provocó ese presente, sin pensarlo se levantó y abalanzó a los brazos de su primo, quien gustoso la recibió.
* Sabía que te gustaría.
* ¿Gustarme? Sabes que podría morir envenena y aun así gustosa.
* ¿Qué es eso que podría matarte? –Preguntó socarrón para no evidenciar su intriga.
* ¡Chocolate!
* ¿Chocolate?
* Si, mi mayor placer y mi mayor tormento. Temo que al comer el primero no podré parar hasta devorar el último.
* No te preocupes por eso, prometo enviarte cada vez que me sea posible, así que disfrútalos sin temor.
La rubia ofreció parte de su botín a sus acompañantes pero uno de ellos se negó rotundamente.
La plática de tres solo era de dos y un expectante, quien estaba a la espera del termino de la reunión, para su fortuna las manecillas del reloj tocaron las doce campanadas trayendo consigo la percepción del tiempo transcurrido.
* El día es demasiado perfecto como para estar encerrados, deberíamos salir a dar un paseo.
* Es exactamente lo que mi esposa y yo teníamos planeado hacer pero tu "agradable" presencia nos ha impedido hacerlo. –Declaró claramente molesto por el atrevimiento de su primo.
Siempre de noble corazón, Anthony comprendió y recapacitó sobre su comportamiento, la alegría de volver a ver a su verdadero y único amor lo había cegado, ahora ella era una mujer casada y él no debía interponerse, ya no podía interponerse.
* Lamento haberlos retrasado. –Dijo sinceramente apenado.
* No… no es necesario que te vayas.
* Claro que si pecosa, había olvidado que tengo que visitar al Conde Maxwell, mi padre me ha pedido que le lleve unos documentos y no me lo hubiera pedido si no fuese importante. –Explicaba con su característica sonrisa y a tiempo que agarraba su chaqueta.
* Te acompañare a la puerta.
* No es necesario, ya los he retrasado suficiente.
* ¿Prometes volver mañana?
* Haré todo lo posible. –Le susurró al depositar un delicado beso en el torso de su mano. –Terrence, les agradezco su hospitalidad.
* Por educación diré que ha sido un placer y que lo será el recibirte nuevamente, pero será solo por educación.
Como caballeros se despidieron, pero en el momento en que la puerta se cerró, Candy se aproximo al ventanal para poder despedirse una vez más e intercambiar melancólicas miradas. Solo al perder de vista al carruaje, se atrevió a formular una pregunta.
* ¿Me puede decir por que lo hizo? –Logró pronunciar con la garganta hecha un nudo.
* No sé a que se refiere y aunque lo supiese no tengo por que darle explicaciones.
* No mienta… Después de mucho tiempo, al fin creí poder tener un grato momento.
* Toda la mañana disfrutó más que un "grato momento"
* ¿Y eso le es tan molesto? Mi lord, usted jamás menciono o dio indicios de tener "planes" para hoy o para ayer o para mañana.
* Esto no tiene que ver contigo, simplemente no tolero la presencia de ese caballero.
* ¡Mi lord solo tolera su propia presencia!
* Creo que mi lady se esta tomando demasiadas libertades.
* ¿Libertades? ¿Cuáles libertades?
* Acaso cree que es correcto dirigirse así a su esposo.
* ¡Incomprensible!
* ¿Disculpe?
* Totalmente incomprensible su actitud. Si mi lord no tolera la presencia de su primo y aun menos la de su esposa ¿por qué mi lord no ha aceptado que ambos se vayan de su vista?
Quería responder, deseaba tener una respuesta, sino lógica al menos coherente pero no la tenía, y al pasar los segundos era evidente para ella.
Con un mar en la garganta salió de aquel lugar que amenazaba con ahogarla, subió la escalinata lo más rápido que pudo pues sus cristalinos ojos le impedían ver con claridad.
Recargado con una mano en la mesa y la otra tocando su frene, se cuestionaba no su actitud sino sus sentimientos. Toda la mañana había sentido aquello que solo conocía en libros y que para él era signo de debilidad. Trastornado por estos pensamientos y por el fresco recuerdo de un rostro lleno de desilusión tomó una precipitada decisión.
Creyó encontrarla en un mar de llanto pero no fue asi, sentada frente al ventanal disfrutaba de un libro y omitía cualquier otra presencia. Tomó asiento delante de ella pero eso no la inmuto, hasta que pronunció lo que pocas veces había pronunciado.
* Por favor, discúlpame.
Esas sencillas pero poderosas palabras bastaron para obtener su atención y para que lo mirase totalmente sorprendida.
Sí, sí estaba impresionada y totalmente sumergida en aquel inmenso mar, aquellos ojos denotaban un sincero arrepentimiento y una cierta suplica de perdón, quiso desviar la mirada pero le era imposible, estaba tan cerca de su rostro que podía sentir su calido aliento salido de sus labios… No, no deseaba acceder, estaba molesta, quería seguir molesta pero ¿cómo?
* El sentirlo no soluciona las cosas pero viniendo de usted creo que es una gran mejora.
* ¿Quién dijo que no puede solucionarse?
* Anthony sea ha ido y…
* ¡Anthony, Anthony! ¿Qué diablos tiene que ver él en esto?
* Él fue quien me invitó a salir a dar un paseo.
* Y acaso no lo puede hacer conmigo.
* ¿Con usted? –Preguntó abriendo sus ojos desmesuradamente.
* Sí.
La respuesta a regañadientes le provocó una picara sonrisa y un increíble revoltijo en su estomago.
* Me encantaría pasear con usted, mi lord.
Terry vio la cara de satisfacción de su esposa, como si de algún modo hubiera ganado una batalla, y tal vez así era.
Nunca se había sentido tan orgulloso de llevar a una dama del brazo como ahora lo estaba, veía que todo caballero que cruzaba por su camino volteaba a verla pero que inmediatamente desviaban su mirada al observar sus ojos centellantes, las damas por otro lado no podían resistirse al aura que Candy desprendía y más de una le saludaba con una calida sonrisa.
* ¿Una flor para su amada? –Preguntaba una anciana vendedora.
El castaño vio la humilde canasta y como está se encontraba repleta de sencillas flores, evidentemente no había vendido ninguna.
* ¿Solo una? Creo que merece todas o me equivoco.
* ¡¿Todas señor?! –Dijo alegre mientras recibía en sus arrugadas manos una gran cantidad de dinero. –Pero señor, esto es mucho más de lo que vale todo el racimo.
* También estoy pagando por el cesto.
* ¿Este vejestorio, señor?
* Podría llegar a ser una reliquia valiosa.
* Gracias señor… –Logró pronunciar con voz entrecortada.
La anciana sonrió ante tal gesto, sabía lo que el joven hacía y desde su corazón se lo agradecía.
Candy observaba con agrado la escena donde veía que su esposo tenía diversas facetas y que tal vez la más usual la mostraba como medio de defensa, por lo que fuese ahora era dueña de un gran racimo de flores que amenazaban con marchitarse.
* Fue muy amable de su parte.
* No se a que te refieres.
* Claro que si.
* No son tus "Dulce-Candy" –Declaró con algo de celo.
* No, no lo son pero tienen un gran significado para mí y es algo que jamás olvidare.
* ¿Qué significado pueden tener para ti una flores silvestres?
* Estas sencillas flores han mostrado el noble corazón que Terry Grandchester posee, pese a que él se empeñe en ocultarlo.
Impactado por sus palabras no tanto como el escucharle pronunciar su nombre, adelanto su andar para no darle mayor atención a su declaración. Pronto llegaron a las orillas del Río Tamesi, donde se detuvieron a admirar el majestuoso paisaje.
* Es realmente hermoso. –Pronunciaba admirada.
* Creo que lady Pecas se asombra de todo.
* Mi lord lo dice por que nada logra asombrarlo… –Reprochó después de ser juzgada. –Es tan hermoso, igual que el Sena pero diferente.
* Había estado en París pero no en Londres, que absurdo. –Dijo con orgullo lastimado.
* Mi padre odiaba Londres y amaba París, pasábamos largas temporadas en ella.
* ¿En la corte?
* No, casi nunca. Mi padre era un hombre que disfrutaba de las largas caminatas y poco de la convivencia social.
* Algo que usted heredo.
* Supongo que sí, Albert y yo siempre lo acompañábamos en sus paseos y en la mayoría de ellos terminábamos a las orillas del Sena… Solía decirme que le resultaba difícil el no comparar el reflejo del río con el color de mis ojos.
* Era muy unida a él. –Aseguró.
* Demasiado. –Afirmó con melancolía. –Pero el Tamesi es mucho más extenso y la corriente es mucho más intensa.
* ¿Lo ha deducido a simple vista?
* Lo supongo por el peculiar color café, la intensidad de la corriente ha de provocar que la tierra se remueva constantemente.
* Buena perspectiva.
* Gracias… Pero lo que más me gusta es esa fría brisa que desprende.
* No la había percibido.
* Es lógico, hay ocasiones que estamos tan acostumbrados a tener ciertas cosas que al paso del tiempo dejamos de notarlas y también de valorarlas. Creo que le sucede muy a menudo.
Cuando iba a responder a tal "ofensa" fue distraído por la presencia de unos niños, que los habían hecho parte de su juego, la más pequeña estaba detrás de Candy tratando inútilmente de esconderse mientras que los otros pequeños pasaban en medio de sus piernas.
* Te hemos atrapado.
* ¡Debes admitirlo Ann!
* Hicieron trampa, corrieron antes de que yo lo hiciera.
* ¡Eso no es cierto! –Negaron al unísono.
* Claro que si… ¿Usted vio cuando hicieron trampa? –Preguntó suplicante a la rubia.
* Lo siento pero no vi nada.
* ¿Y usted, señor?
* Concuerdo contigo, fue trampa. –Sentenció.
La niña salió de su escondite para dar brincos de alegría, al aparecer era la primera vez que le ganaba a ese par de pillos.
* En ocasiones, los caballeros debemos dejar ganar a las damas. –Trato de reconfortarlos. –Por que ustedes son caballeros.
* ¡Por supuesto! –Respondieron por la ofensa ante la duda.
* Entonces déjenla disfrutar de su triunfo.
Con cierto pesar los chicos aceptaron su derrota y cuando estaban por marcharse fueron detenidos por la voz de Candy.
* Creo que estos caballeros merecen una recompensa por un gesto tan noble como el que acaban de hacer.
* ¿Una flor? –Pronuncio ofendido el mayor. –Los hombres no reciben flores, las regalan.
* Sí lo sé, pero no son para ustedes, es para su madre. Cuando se la den, díganle que por mujeres como ella siempre habrá caballeros como ustedes.
Sin entender bien las palabras de la ojiverde, pero agradeciéndole su regalo, se fueron corriendo velozmente probablemente para seguir con su juego. Mientras los observaba alejarse sus ojos se toparan con la carita de una niña que la veía tímidamente desde un arbusto, al acercársele la pequeña retrocedió limitándose a verla fijamente. Candy pudo observar sus bellos rasgos, tez morena, cabello azabache, ojos del mismo color bajo unas tupidas pestañas y enmarcados por unas negras pero finas cejas, una niña muy linda aunque pocos podrían apreciar tal belleza. Al parecer la chiquilla también había hecho lo propio pues sin más estaba agarrando con su manita uno de sus caileres para después tocar su pecoso rostro.
* ¡María! María… ¡Dios, santo!
* Mamá…
Candy veía como la mujer jalaba con cierta brusquedad a la niña, cuando iba a interceder ante tal acto la dama hablo y para su sorpresa lo hizo en castellano.
* Señora disculpe a mi hija, se lo ruego. –Imploraba con los ojos llorosos. –María discúlpate ahora mismo.
* Lo siento… –Dijo sollozando. –Lo siento señora, es que yo también quería una flor.
* No tienes por que disculparte… –Le consoló mientras limpiaba sus lagrimas con su pañuelo. –No llores, estoy segura que eres mucha más linda cuando ríes que cuando lloras.
* Usted también es muy bonita. –Se atrevió a decir con una coqueta sonrisa.
* Muchas gracias y aquí tienes, una hermosa flor para una hermosa damita.
La pequeña acepto con gusto y le agradeció con un beso sobre su mejilla.
* Es usted un ángel señora…
Candy iba a replicar tal halago cuando la mujer tomó su palma, jamás olvidaría su expresión al hacerlo.
* A veces el sufrimiento es necesario para alcanzar la felicidad…
No supo que responderle pero eso no fue importante, ambas, madre e hija desaparecieron en un santiamén.
* No fue grosería. –Les defendió. –Son gitanas.
* Lo sé… Lo supuse. –Rectifico. –Aun así no entiendo por que se fueron sin decir adiós.
Terry iba a contestar pero fue innecesario, ellas ya estaban a unos cuantos pasos.
* ¡Candy! Que gusto encontrarte aquí.
La castaña se aproximo para darle un fugaz pero afectuoso abrazo.
* ¡A mi también me alegra verte!
* Buenas tardes lord y lady Grandchester.
* Buenas tardes señorita Marlow.
* ¿No me saludaras primo querido? –Interrumpió.
* Me alegra verte Karen.
* Tan expresivo como siempre, no vas a saludar a la señorita Susana.
* Señorita Marlow.
* Mi lord… –Dijo con gran temple.
* Cuanta cordialidad parece que no tienen años de conocerse…
* ¡Oh, mi lady! Tiene la mejilla cubierta de tierra y también su hermoso vestido. –Dijo con convincente sorpresa. –Acaso jugaba con los hijos de los pescadores.
* Ciertamente no me lo permitieron. –Contesto algo molesta por el despectivo comentario.
Un incomodo silencio se apodero de los presentes hasta que la castaña se atrevió a hablar.
* ¿Se dirigían a algún lugar en específico?
* No realmente, tu primo me estaba mostrando un poco de la belleza de Londres…
* Si lo desean puede acompañarnos a tomar el té. –Interrumpió.
* ¡Por Dios Santo Susana! Son recién casados, lo último que desean es compañía y nosotras estamos estropeándoles el momento. –Expreso mordazmente mientras se despedía de sus primos con un fraternal beso.
* Fue un placer verlos. –Dijo con una reverencia.
* El placer fue nuestro, señorita Marlow. –Pronunció al mirar fijamente a su amada.
Al encontrarse nuevamente a solas, el comportamiento de Terry volvió a ser el mismo, ciertamente creía que por un momento había traicionado a la mujer que amaba y al escuchar a la rubia hablar de ella no mejoro la situación.
* No creí que la señorita Marlow fuese tan despectiva. –Comentó al limpiarse la cara con su pañuelo.
* No la juzgues sin conocerla.
* Tienes razón, cuando la conocí pensé que era agradable y modesta. Ahora veo que tenía que conocerla mejor antes de atribuirle virtudes de las que talvez carezca.
Terrence no comento ni una palabra, él sabía que en ocasiones Susana pecaba de soberbia y altanería, pero al conocer su historia la entendía o al menos eso trataba.
* Creo que es hora de volver.
* ¿Tan pronto? –Cuestionó desilusionada –Como guste, mi lord.
Desanimada por el corto paseo pero alegre por conocer otra faceta de su esposo, se encamino junto a él hacia a su carruaje que de inmediato los llevo a su actual hogar. Al llegar una radiante Dorothy los esperaba, Candy comprendió que su animo se debía al arribo de Tom y no a la de sus señores.
* Mi lord, mi lady, la comida esta lista.
* ¿Mi padre va a acompañarnos?
* El duque no regresara hasta mañana, mi lord.
* Entonces solo coloca un servicio. –Ordenó antes de retirarse a los establos.
* Dorothy, antes podrías poner estas flores en agua. –Le pidió sin importarle la conducta del castaño.
* Las pondré en un florero ahora mismo y después las llevare a su recamara.
* Muchas gracias Dorothy.
Después de una peculiar jornada y un reconfortante baño, Candy se enfocó en su lectura y sin darse cuenta la noche se hizo presente. Cuando estaba por meterse a la cama su mirada se posó en un negro paquete, sus ojos se iluminaron de emoción, había olvidado que aun tenia un obsequio sin abrir, ansiosamente disfrutó cada momento hasta que el contenido fue revelado
* ¿Un cisne? ¿Ese será mi disfraz?
¡Hola!
Sé que he tardado horrores en actualizar y por ello les ofrezco una disculpa, espero realmente espero que esto no perjudique esta historia y el interés que muchas o pocas han puesto en ella. Les prometo que les gustara la trama y que a lo largo de ella tendrán más de un suspirito azul…
Gianny17: Los celos serán un parte esencial para que Terry valore lo que tiene, creo que lo haremos sufrir un poco ¿Qué te parece?
Luna: Tarde mucho, mucho… aun así espero que hayas leído este capitulo y que te haya gustado.
IyricCinema: ¿El castaño es un pequeño patan? Si, creo que es parte de su encanto, es tan molesto que cuando no molesta te es extraño… Siempre he considerado que el personaje de Anthony es todo un encanto y ese encanto hará mella en los celos del castaño.
Bliu Liz: Muchas gracias por el comentario y te prometo que chipeara el enamoramiento tanto como para provocar una llamarada.
KarinaZugey: Que halago al saber que leíste de corrido estos capítulos, espero que aun estés interesado por leerlo hasta el final.
Flor: Si, si me tarde mucho pero espero que haya valido la pena.
CLV: Discúlpame y sigue leyendo please u_u
PekasCullen alías SPA-Sis: Mi empuje y jalon de orejas, gracias por alentarme y ayudarme en subir este fic… Sabes que te quiero y que agradezco tus comentarios tanto como los tomo en cuenta…
A todas las lectoras (es) les agradezco seguir con esta lectura, en verdad espero publicar lo antes posible para que no pierdan interés en esta historia que estoy segura les gustara… La descripción comparativa que hice acerca de los hermosos ríos, fue por experiencia propia y quería de un modo u otro compartirla con ustedes.
P.D. Adelanto la aparición de un cisne negro y otro blanco ¿Cuál creen que sea del agrado y delirio del castaño?
