CAPITULO VIII
Era de sus actividades favoritas le agradaba montar, sentir el viento sobre su cara despeinando su arreglado tocado pero sobretodo adoraba la increíble sensación de libertad. Su acompañante hacia más grata la actividad, ambos disgustaban del matar a los animales sin razón, por ello sabían que no iban a ganar pero no les importaba, lo que realmente les importaba era su mutua compañía.
Sus ojos azul cielo no podían dejar de verla, era magnifica como ninguna otra, su belleza era solo una de sus tantas virtudes pero de la cual se deleitaba en ese momento… La convenció de tomar otro sendero con el pretexto de poder admirar mejor el paisaje pero lo cierto era que deseaba tenerla para él, aunque fuese por ese breve tiempo, así embalsamado por la sublime presencia de su prima y ajeno del mundo a su alrededor, fue como se detuvo abruptamente al ver una cría de zorro.
Un frío terrible inundo su cuerpo y su alma, el tiempo se detuvo al ver tan horrible caída, sin saber cómo descendió de su caballo para poder auxiliarlo, tocó su pecho con un miedo incomparable y por un instante pensó lo peor.
* ¡Antho…ny! –Trató de decir entre sollozos pero sin obtener respuesta.
Desesperada ante la impotencia que la embargaba, se desplomó ante el cuerpo inerte para después golpearlo con toda la ira de su corazón…
* Candy… ¿Por… que estas golpeándome? –Cuestiono desconcertado.
* ¡Anthony, Anthony! Creí que… No lo vuelvas a hacer… –Le recrimino mientras lo abrazaba.
* Lamento haberte preocupado… –Se disculpó sinceramente. –Recuerda que eres más linda cuando ríes que cuando lloras. –Le reconfortó mientras sujetaba su barbilla.
* ¿Te encuentras bien?
* Con una sonrisa tuya cualquiera estaría bien. –Declaró al verla sonreír.
A lo lejos un colérico inglés veía la escena, la presenció de principio a fin y de la angustia que sintió ya no quedaba nada… Se alejo a todo galope, queriendo con ello tranquilizar sus sentimientos pero era algo le decía que simplemente no podría aplacar
Renuente a seguir la cabalgata, Candy convenció a su primo de terminar el paseo a pie y regresar lo antes posible al castillo. Algunos invitados en su mayoría ancianos, habían preferido quedarse a disfrutar del festín y la música, al verlos llegar se sorprendieron pero al escuchar el motivo aplaudieron la responsable actitud de la rubia.
* Muchos creen que una caída no es nada, yo mismo lo decía, que erróneo es ese pensamiento. –Decía con pesar el Conde Maxwell. –Con tantas caídas "insignificantes" que tuve en el pasado ahora me es imposible montar sin tener un horrible dolor en la cadera.
* No fue tan grave lo que me paso.
* A mi no lo pareció así, incluso creo que debo ir por un médico.
* Pecosa estoy bien, no es necesario.
* Pero…
* Descansare lo que queda del día, si llego a sentir alguna molestia yo mismo llamaré o iré por uno.
* De acuerdo. –Respondió no muy convencida.
El tiempo que transcurrió fue grato y muy ameno, el Conde Maxwell y el Coronel Evans fueron atraídos por el amable y carismático semblante de lady Grandchester quien no tardo en ganarse su afecto. Las anécdotas y las risas estaban en su apogeo cundo se escucharon los intensos galopes, la casería estaba por terminar y al parecer el victorioso sería un furico castaño.
* Es el cuarto año consecutivo en que su esposo gana mi lady… Es un gran jinete, aunque creí que esta vez cambiaría de pareja.
* ¿Cambiar de pareja?
* Terrence y la señorita Marlow siempre han hecho dupla.
El Coronel se alejo sin darle mayor importancia a su comentario, sin saber que había dejando un corazón oprimido.
Los gritos de vitorees no le importaban en lo más mínimo, su mirada y atención estaban puestos en una sola persona, persona que parecía desvivirse por atender a otro.
Después de celebrar con un buen vino, todos se dirigieron al comedor principal donde diversos platillos ya los esperaban. El Duque encabezaba la mesa, a su derecha tenía a su progenitor y a su querida sobrina Karen, mientras que en el otro lado lo acompañaba su encantadora nuera y Anthony…
Candy disfrutaba de la comida tanto de la compañía, su primo la hacía reír con discretas parodias de los presente y tenerlo cerca le permitía comer más de lo permitido. El momento de los postres llego o como la rubia le decía "la hora feliz" lamentablemente para ella su emoción se derrumbo al toparse con unos asesinos zafiros, trato de ignorar la insistente mirada de su esposo y de degustar el primer bocado pero fue en vano, por más delicioso que fuese el pastel éste le dejo un amargo sabor. Se preguntaba por qué la veía de esa manera si no había hecho nada malo
Al anochecer el castillo volvió a su usual silencio, los invitados se habían retirado a sus alcobas dispuestos a divertirse al día siguiente, los únicos en volver a su hogar fue la pareja Grandchester.
No entendía por qué regresaban al castillo de Londres, pero su buen juicio le decía que no era un buen momento para preguntarlo. Terrence no le dirigía la palabra, aunque ciertamente jamás lo hacía, pero lo que la incomodaba era su mirada, mientras que ella trataba de admirar el obscuro paisaje él simplemente no le quitaba la vista de encima, parecía estar reclamándole algo, pero no imaginaba que era.
Entraron a su alcoba, Dorothy la ayudo a despojarse de su vestido lo más rápido que pudo, ella también había percatado el mal humor del castaño y decidió huir lo antes posible. En cuestión de minutos se encontraron a solas, Terry hizo todo lo posible por demostrar lo molesto que estaba, se deshizo de su blanca camisa con la misma brusquedad con la que aparto las cobijas de la cama, después se enrollo en ellas, difícilmente Candy podría taparse del frío.
Contrariada pero sin deseos de pelear, la rubia trato de conciliar el sueño pero le resultoó difícil cuando la temperatura descendió, inconscientemente su cuerpo busco la calidez más cercana para aferrarse a ella en un tierno abrazo…
Volvía a él, esa agradable sensación que solo había sentido la primera noche que pasaron juntos y que tanto añoro… Dejo su orgullo de lado y la recibió en sus viriles brazos. Así durmieron toda la noche, así formaron un vinculo que jamás podrían quebrantar.
Qué extraño pero dichoso amanecer había vivido esa mañana, el solo recordarlo la hacía ruborizar como jamás en su vida. Cerró sus ojos y una vez más disfruto del fresco recuerdo, Terry abrazándola, susurrándole que era la hora de despertar, su aristócrata nariz rozando su oreja, sintiendo su cálido exhalar…
* ¡Es un maravilloso día! –Declaro con una radiante sonrisa.
* Estás muy feliz…
* Si, es un día hermoso…
* ¿Le agradan los juegos arquería?
* ¿Cuáles juegos?
* Los que hoy se llevaran a cabo.
* ¡Claro! –Dijo desconcertada. –Si mucho.
Dorothy comprendió que ese no era el motivo de la dicha de su señora pero no comento nada más, terminó su arreglo y le sorprendió ver que estaba más radiante que nunca, portaba con orgullo una falda escocesa con un saco negro y una blusa blanca, daría de que hablar como hasta ahora pero al parecer no le importaba ni un poco.
La extraña felicidad que la había embargado desde el amanecer desapareció cuando Tom le informo que su esposo se había marchado sin ella y que había dejado la clara orden de no llevarla al castillo.
* ¿Por qué?
* Lo lamento mi lady pero no me dijo nada más.
Una vez sola en su habitación se despojo con furia de su hermoso atuendo y se recrimino por haberse esmerado en su arreglo. Por un momento, por un iluso instante imagino que las cosas cambiarían para bien, que tal vez podrían ser un matrimonio feliz y normal, como se detestaba por haberlo pensado.
Estaba feliz por la decisión que tomó pero algo le decía que no había sido por estar con ella, aun así le alegraba verlo sin su esposa. La dicha culminó cuando le aseguró que esa noche estaría a su lado como su pareja, los comentarios que surgirían a través de este acto parecían no importarle y ella se encargaría que todos los rumores fueran asertivos, luciera imponente y ocuparía a su rival de tal manera que algún día aquellos que la menospreciaban se retractarían y la aceptarían como una digna perteneciente de la nobleza.
Tendida en el suelo y balbuceando una canción, fue como la encontró, siendo ya el ocaso se atrevió a allanar el aposento de su señora y al verla en ese deplorable estado, un inusual sentimiento se apodero de ella. Sin más la levanto con brusquedad y mirándola fijamente a los ojos, pronuncio lo que solo una verdadera amiga se atrevería a declarar.
* Me das lastima, y ese es el peor sentimiento que pueda existir.
* ¡Dorothy!
* Te creí más fuerte.
* No entiendes…
* Tienes razón no entiendo, no entiendo como una mujer que soporto una docena de azotes se deja vencer por algo tan insignificante. Si mi lord llegase a verte en esta condición, sabría que su desdén te ha afectado a tal grado de poder humillarte cuando lo desee, no le des ese gusto.
La pelirroja la sentó frente al tocador, al principio no quería ver su reflejo, hasta que poco a poco su temple y orgullo la animaron a hacerlo. Unas brillantes esmeraldas le devolvieron la mirada, veía fuego en su interior y estaba resuelta a que nadie ni nada lo apagaría.
* Prepárame el baño. –Pronuncio decidida, con los ojos centellando y las mejillas enrojecidas.
* Será un placer, mi lady.
Con un suspiro de resignación entro a su dormitorio, esperaba ser recibido entre llanto y quejas pero se equivoco totalmente. Candy estaba en bata de dormir absorta en su bordado y al verlo llegar le ofreció un cálido gesto de bienvenida, para posteriormente seguir con su labor.
Sorprendido por la inesperada indiferencia, entro al cuarto de baño donde ya todo estaba listo para su aseo. Al parecer su esposa había calculado el tiempo exacto de su llegada y se anticipo a ello, la prueba era la agradable temperatura del agua, realmente se lo agradecía pero no permitiría que lo acompañara al baile, no sería objeto de burla y especulaciones al momento de que la viesen una vez más con Anthony… Su sorpresa no culmino al adentrarse nuevamente a su alcoba, pues esta se encontraba vacía, la ojiverde no estaba pero había dejado su vestimenta lista para que él la usara, sin desear indagar en el sumiso comportamiento pero si aprovechándolo, se alisto lo más pronto posible ya que debía que ir por cierta dama y obviamente no deseaba llegar tarde.
* ¿Esperaremos a mi lady? –Pregunto a su señor.
* No Tom, mi lady esta indispuesta y ha decidido quedarse en casa. –Interrumpió con gran aplomo la pelirroja.
"Decidido" ¿Quién demonios se creía ella para decir? Las palabras de Dorothy se repetían una y otra vez en su cabeza, era absurda su molestia, lo sabía, pero ni la compañía de la señorita Marlow pudo apaciguarla.
El sendero que los llevaba al castillo estaba iluminado por grandes antorchas y desde antes de descender se podía escuchar la algarabía del salón principal. La mayoría de los invitados estaban presentes, al ver a Susana quedaron maravillados con su atuendo y angelical apariencia.
* ¿Un cisne blanco? Que desfachatez.
Pronunció para sus adentros Karen Kleiss, quien veía como la rubia se desplazaba por todo el lugar con gran petulancia.
Un elegante carruaje negro transportaba al festejado y a su hermosa acompañante, una dama de cabello azabache e impresionante tez blanca que resaltaba aun más por el color de su vestido, se le notaba inquieta pero el sereno semblante del Duque parecía darle confianza y seguridad, y eso fue lo que demostró cuando entro de su brazo al elegante salón.
Todas la miradas estaban puestas en ella y en su despampánate vestimenta, la admiración llegó al clímax cuando se despojó del abrigo y dejó al descubierto sus sensuales hombros y sus notables atributos. La incógnita estaba en el aire, ¿Quién era? El antifaz no ayudaba a identificarla y aunque podían asegurar jamás haberla visto era evidente que procedía de buena cuna, sus finos rasgos y su comportamiento la delataban.
Terrence era el más desconcertado, su padre no solo se había atrevido a llevar a una "acompañante" si no que también osó sentarla en el lugar de su madre, por si fuese poco tuvo la desfachatez de obsequiarle o al menos prestarle las joyas familiares.
Se sentía imponente como nunca creyó sentirse, el Duque de Grandchester la respaldaba como pocos lo habían hecho hasta ahora. Solo por él se atrevió a presentarse al evento con ese atuendo, cuando lo vio, de inmediato pensó que un visible y ajustado corsé no era lo apropiado, sin dejar de lado el inusual color negro, pero había sido él quien insistiera en ponérselo y convenciéndola finalmente al colocarle un valioso collar… Un zafiro era ideal para los destellos que desprendía el vestido y unos más pequeños adornaban las pequeñas orejas.
La cena fue suculenta y amenizada por diversas pláticas, posteriormente el Duque daría inicio al baile con su acompañante quién no descansaría en más de una hora.
* ¿Cómo te atreves a presentarte con esa mujerzuela?
* Esa dama tiene más clase que la que podría llegar a tener tu "pareja"
* ¡No te permito…!
* ¡No Terrence! Soy yo el que te ha permitido demasiadas concesiones y si no deseas que tome otras medidas, te sugiero que te comportes de acuerdo a nuestro trato.
El Duque se retiró dejando a su hijo lleno de coraje y frustración, sentimientos que claramente descargaría en cierta "dama"
Rechazando un baile más, la joven tomó un momento para poder descansar de la ajetreada velada, se adentro a la terraza principal donde se habían colocado cómodos asientos uno de ellos fue quien la recibió plácidamente. La noche era fresca pero aun así abrió su abanico de plumas negras para recuperar un poco del aliento perdido.
* Me he tomado el atrevimiento de traerle una copa de vino.
* Es usted muy amable, señor.
* Y usted muy hermosa… Incluso de morena
La joven sonreía pícaramente mientras Anthony se sentaba a su lado.
* Creí que nadie me reconocería.
* Casi puedo jactar de ser el único en saber tu identidad.
* ¿Cómo lo supiste?
* El antifaz hace un buen trabajo pero no lo suficiente para engañarme… Realmente luces hermosa.
Candy se sonrojo no por el halago sino por la intensa mirada y la cercanía de su primo, sentía su aliento rozar sus labios mismos que iban rompiendo la poca distancia que existía entre ellos…
* No creí que fueran tan "íntimos"
La presencia de Terry los alarmo al punto de la incomodidad, afortunadamente Anthony recobro el temple inmediatamente.
* Mi lady y yo tenemos tiempo de conocernos, si a eso te refieres.
* Si ya lo veo… ¿A caso novas a presentarnos?
* No puedo presentarte a alguien que ya conoces y si nos disculpas, iremos a dar un paseo por los alrededores.
Sin darle tiempo de formular la obvia pregunta, se alejaron dejando a un confundido e intrigado castaño.
* Es increíble que no reconozca a su propia esposa, él más que nadie debería hacerlo.
* Tu mismo lo has dicho… Debería.
Desconcertada aun menos que molesta, Susana Marlow veía como toda la atención estaba posada en esa dama, su atuendo no solo era mucho más vistoso y atractivo que el suyo si no que también era su contraparte, un cisne negro que opacaba al sensible cisne blanco. Hubiese pasado por alto que todos los presenten la prefirieran pero que su amado Terrence fuera uno de ellos simplemente la enfurecía pese a ello no se podía dar el lujo de demostrar celos o enojo, sabía de antemano que él detestaba esos arrebatos, así que además de lucir aquel austero disfraz debía ponerse la sutil mascara de dulzura que a él tanto le gustaba tanto.
* Inevitable no verla.
* No se a que se refiere mi lady.
* ¡Oh, Susana! Borra esta estúpida sonrisa y deja de aparentar lo que no eres ni serás, conmigo no tienes que fingir. Sé bien que gastaste gran parte de tus ahorros en ese harapiento vestido para poder lucirte esta noche, y aquella dama te lo ha impedido magistralmente.
Molesta por los ponzoñosos comentarios, no pudo evitar responder como deseaba.
* Así es Karen, nos conocemos lo suficiente para fingir lo que no somos. Por lo mismo te sugiero que te mantengas alejada de mis asuntos, o podría terminar por hablar de más con tal de "lucirme" esta noche.
* ¿Estas amenazándome?
* Te estoy advirtiendo.
* Escúchame bien porque la próxima vez no hablare, actuare… Tu sanguijuela despreciable no eres nadie para hablarme de esa manera y lo que sabes no solo me perjudicaría a mí. Si te atreves a abrir tu asquerosa boca, yo misma me encargare de que sea la última vez que lo hagas.
La mirada era terriblemente amenazante, sus ojos centellaban pero esto no provoco temor en la rubia quien la retaba con la misma manera.
* Sí, ya sé que eres capaz de ello.
* Me alegro que lo sepa. –Declaro hábilmente. –Ahora si me disculpa "señorita" Marlow iré a disfrutar de la fiesta, le recomiendo que siga mi ejemplo.
Como toda dama inglesa, Karen jamás mostró el impacto que tuvo esa pequeña plática. El remover recuerdos de un pasado tan doloroso y de un favor que jamás podría llegar a pagar ni con su propia vida, le dibujaba una triste sombra sobre su rostro… Dispuesta a no ahondar más en aquellos obscuros años y en descubrir la identidad del "cisne negro" se aproximo sigilosamente a éste.
* Mi tío realmente debe apreciarle… No creí volver a ver esas joyas.
* Mi lady… yo… agradezco mucho la atención del Duque.
* No podría ser para menos. Ni siquiera a mí, que soy su sobrina, me ha permitido portarlas.
* Karen, lo dices como si mensualmente no te regalara algunas.
* ¡Anthony!
* Siempre tan encantadora…
* No me dirija la palabra señor Brown. –Reclamo pícaramente la joven.
* ¿Puedo saber que he hecho para agraviarla?
* ¿Qué no ha hecho? Esa sería la pregunta adecuada, desde su llegada no se ha dignado a visitarme y por si fuera poco, esta noche no me ha invitado a bailar ni en una sola ocasión. Es evidente que prefiere la compañía de esta señorita pero…
* Pero usted ha bailado toda la noche con el Márquez Edward.
* Esa no es excusa, señor.
* Tiene usted toda la razón, cree poder disculparme y hacerme el honor de bailar esta pieza conmigo…
* Solo por que el Márquez me ha pisado ya lo suficiente…
Entre risas y miradas de complicidad se dirigieron a la pista de baile, mientras Candy los veía con agrado, era evidente la gran amistad que mantenían y por alguna razón eso le alegraba. Su ameno momento se rompió desagradablemente cuanto percibió una lacerante caricia sobre su hombro.
* Al parecer le han quitado a su cliente.
Terrence esperó oportunamente para acercarse a aquella mujer, quien lo veía con una mezcla de incredulidad y desprecio, pero fue hasta aproximársele cínicamente que percibió el intenso color verde que desprendían sus ojos. Sorprendido por el recién descubrimiento e iracundo por la escena que presenciara en el balcón, tomó bruscamente el brazo de su esposa.
* Lamentablemente ya fui vendida al mejor postor, mi lord.
A punto de perder el poco control que tenía, fue interrumpido por la autoritaria voz de su padre.
* Suelta a mi acompañante.
* Padre…
Sutilmente Richard Grandchester, liberó a la joven del tosco agarre para inmediatamente llevarla a la mesa principal, ahí tomó su copa y con un suave movimiento hizo que la orquesta callara para poder hablar.
* Queridos amigos, les agradezco que una vez más me hayan honrado con su presencia para celebrar mi cumpleaños, espero que hayan disfrutado y sigan disfrutando de esta velada... Y ya que las doce campanadas están a punto de escucharse, los invito a despojarse de sus mascaras y antifaces.
Los presentes obedecieron con gusto, la mayoría sabían sus identidades así que la expectativa estaba en la joven que acompañaba al Duque. Todas las miradas esperaron ansiosas, hasta que Candy, con ayuda de su suegro, reveló su angelical rostro… Un silencio de admiración y asombro se hizo presente, siendo roto por el abrupto sonido del cristal rompiéndose en el suelo de mármol. Susana Marlow por fin obtuvo lo que había deseado toda la noche, por un breve momento fue el centro de atención.
* Por el Duque de Grandchester, un gran hombre y un maravilloso tío… –Pronunció alegremente Karen. –Brindemos… Los que podamos. –Dijo divertida al ver la expresión de cierta rubia.
Richard sonrió con agrado a su sobrina para después estrecharla en sus brazos, posteriormente sus allegados hicieron lo propio. Aprovechando esta distracción, Terry aprisionó la muñeca de Candy, obligándola a salir del salón.
* Suéltame, suéltame me haces daño.
* ¿Cómo te atreviste a venir aquí?
* Tu padre…
* Mi padre no tenía por qué interferir en mi decisión.
La ojiverde temblaba de miedo, la mirada de su esposo centellaba de coraje.
* No he hecho nada malo. –Se defendió.
* ¿No has hecho nada malo? ¡Tu cinismo no tiene memoria!
* ¿A qué te refieres?
* A la escena que presencie en el balcón… Mi esposa, a quién he confundido con una cualquiera, a punto de besarse con mi estúpido primo.
* Terry, yo…
* Guárdate tus excusas, que no soy ningún ingenuo. –Sin llamar a ningún mozo, fue por el abrigo de la joven para después arrojárselo a la cara. –Cúbrete, a solo que quieres realmente ser nuevamente ofertada.
Avergonzada por su aspecto lo obedeció sin decir palabra alguna… No supo en qué momento entró al carruaje, ni en qué momento llegó al castillo. Su andar era lento, sentía llevar una carga pesado sobre todo su cuerpo y el despojarse de su vestido no parecía tener ninguna diferencia.
* ¿Acaso tendré que soportar más? –Se cuestionó en voz alta.
* Eso solo dependerá de ti.
Terry estaba recargado en sobre el marco de la puerta, había presenciado cada movimiento de la pecosa, cada sensual movimiento.
* Deseo dormir sola.
* ¿Deseas? Yo desearía jamás haber compartido mi lecho contigo, es obvio que los deseos no siempre se cumplen.
* En verdad que eres un hombre de contradicciones.
* Dígame por señora Grandchester ¿Cómo ha llegado a esa astuta conclusión?
* Proclama en cada oportunidad que tiene, que nuestro matrimonio es un pesar aun menos que mi presencia, por ello entiendo que no deseara mi compañía esta noche. Lo que no comprendo es porque su molestia al verme cortejada por su primo.
* ¿Tienes la desfachatez de admitirlo?
* Solo si usted es lo suficientemente hombre para admitir que realmente le importo.
* ¿Tu, importarme? –Pronuncio con menosprecio. –Querida, un insecto me importaría más que tú.
* Estoy segura que ningún insecto provocaría los celos que he provocado en ti.
"Celos" una vez más esa maldita palabra que jamás había entendido por que jamás la había sentido… Esa mujer lo veía con satisfacción y arrogancia, ninguna otra lo retaba como ella.
* Para mí no significas ni significarás nada… Es más, puedes revolcarte con quien apetezcas.
* No necesito tu permiso para ello.
Iracundo por sus palabras, se aproximo a ella hasta acorralarla en la pared.
* Por tu bien, espero que lo hayas dicho por despecho. –Le dijo amenazadoramente mientras sujetaba su mentón.
* ¡Suéltame! –Reclamó, liberándose y alejándose de él. –No tienes ningún derecho de…
* ¡Tengo todo el derecho sobre ti! TODO…
* Solo por un año, después haré lo que me plazca… Con quien me plazca.
Perdió todo dominio de sí, sus labios acariciaban impacientemente los de Candy, necesitaba saberlos suyos y exigía que ella lo supiera. Su brazo aprisionaba su pequeña cintura mientras que su mano despeinaba el fino tocado, podía escuchar el agitado corazón y la dificultad de su respirar, extrañamente él se encontraba igual.
* Eres mía y solo mía serás.
Un ensordecedor golpe fue la respuesta que obtuvo ante su declaración, mismo que devolvió pero con más fuerza.
* Eres malo, muy malo para mi... pero no para las mujeres. –Decía entre sollozos mientras se acariciaba la adolorida mejilla.
* ¡Si estás hablando enserio dime la razón por lo cual lo dices! –La voz de Terry estaba llena de indignación ante su orgullo herido. Nunca había sido golpeado por una dama. – Porque estoy tratando de ser yo mismo.
* ¡Eres un maldito malcriado! ¡Te odio! ¡Te odio!
Candy salió corriendo de la habitación, no le importó que estuviese en ropa interior ni la lluvia que pronto se convirtió en torrente. En cada paso que daba, rezaba para no volver, para no volver a verlo…
Sentado en la orilla de la cama y sujetándose con ambas su despeinada cabellera, se preguntaba una y otra vez qué le había sucedido. Era impulsivo, sí eso lo sabía, pero jamás caía en el arrebato para demostrar sus sentimientos y eso precisamente es lo que había hecho. No podía mentirse, no tenía sentido hacerlo, era claro que estaba sintiendo "algo" por esa pecosa y aunque lo deseaba, simplemente no podía evitarlo.
El estruendoso sonido de un rayo lo saco de sus pensamientos, se aproximo al gran ventanal y dirigió su atención al bosque pero poco pudo percibir por la ya espesa neblina. De pronto una terrible idea paso por su mente, no indago mucho en ello cuando ya estaba en las afueras gritando su nombre.
* ¡Candy!
Cuanto tiempo llevaba en ese estado, no lo sabía y no le importaba, el frió calaba ya en sus huesos pero eso tampoco le importaba… Las adversidades que en ese momento padecía era un aliciente a lo que soportaría toda una vida o al menos un largo año, sentada bajo la protección de un roble veía la luna con inmensa melancolía, estaba consciente de que su problema era superfluo a comparación de muchos otros, aun así se preguntaba por qué lo tenía que padecer si ella había estado destinada para otra vida, para otro hombre.
Se aproximó con cautela, verla en ese estado le causo una terrible sensación de culpabilidad y un intenso deseo de protección, deseaba estrecharla en sus brazos para poder consolarla, de inmediato una mueca de divertida ironía se dibujo en su boca. Era el causante de tan deplorable escena y ahora era él el que deseaba cambiarla, su cinismo había llegado al límite… Respirando un poco de valor, se atrevió a tocar su blanco hombro, la percepción de su piel contra la suya pareció quemarle a la nuevamente rubia pues fue apartada con brusquedad y repudio. Candy se puso de pie para encaminarse nuevamente al castillo, en el largo recorrido no mencionaron una sola palabra.
Terry veía como subía los escalones con pesar y resignación, la seguía a corta distancia.
* Le pediré a Dorothy que te prepare el baño.
Por contestación obtuvo un fuerte portazo.
Hola!
A todos (a) mis lectores (a) les ofrezco una enorme disculpa por mi demora al actualizar, les prometo que tratare de cambiar este gran defecto. Espero que les haya gustado este capítulo y que la espera no fuera en vano. En verdad les agradezco enormemente que lean esta locura.
Cualquier comentario o reclamo con jitomates pueden hacerlo por éste medio, es decir ojala me dejen reviews.
Saludos…
Moon Pecomosa c(=
