CAPITULO IX

Era reconfortante, el amanecer llegaba con todo su esplendor, el sol se abría paso entre la espesa neblina ojala pudiera hacer lo mismo en su interior. No durmió ni un minuto, su mente se lo había impedido pues trataba una y otra vez de entender el irracional y contradictorio comportamiento de su esposo pero todo pensamiento había sido en vano. Lo único que podía hacer era soportar y rezar para que todo el tiempo que viviera con él fuese lo más tolerable, aunque después de lo sucedido una noche atrás esto parecía poco probable.

* ¿Puedo entrar?

* Adelante. –La gentil voz de su amiga le provoco una pequeña sonrisa.

* Mi lord ha dado indicaciones de partir en una hora. –Decía mientras sus hábiles manos la despojaban de la húmeda ropa. –El baño ya está listo, Rose se encargara de empacar tu equipaje y Mary nos alistara un pequeño refrigerio para el camino.

Eso era lo que más le agradaba de Dorothy, la pelirroja tenía la hábil cualidad de restarle importancia a cualquier situación con el único fin de hacerla sentir mejor. Dejándose llevar por ella, pronto se vio ataviada en un reconfortante conjunto y lista para partir, la presencia de Terry no la inmuto, su vista estaba puesta en la ventanilla pero sin prestarle atención a nada en particular. Por extraño que fuese no había tención en el ambiente, al parecer estaban demasiado exhaustos para emanar cualquier sentimiento, así sin desearlo Candy cayó en un apacible sueño.

Aun recordaba, aun sentía, esos palpitantes labios luchando contra los suyos. Bebió toda la noche, prueba fehaciente era el intenso dolor de cabeza que tenía, decidió que no podía seguir comportándose como hasta ahora lo hacía, después de todo ella no era la culpable de los designios de su padre pero de algún modo, aun no sabía cómo o porque, si lo era en provocar esos extraños sentimientos en él…

* ¿Deseas que paremos? –Preguntó tajante a la doncella.

* ¡Oh, no! Creo que lo más conveniente es llegar lo antes posible al castillo, mi lord. –Dijo nerviosa mientras acariciaba la rubia cabellera que tenía en su regazo.

* Como gustes.

El viaje transcurría con toda normalidad pesé a la tormenta que estaba cayendo, hasta que poco antes de llegar a su destino un abrupto movimiento se hizo sentir. Ambas damas se sobresaltaron mientras que el castaño salió inmediatamente del carruaje para ver qué había sucedido.

* Lo lamento no puede evitar caer en el. –Pronunció apenado.

* No creo que podamos salir tan fácilmente. –Respondió sin ningún tono de molestia.

Ambos hombres hicieron lo posible para sacar el carruaje del lodazal mientras que Dorothy tomaba las riendas y obligaba a tirar con más fuerza a los caballos, Candy permanecía en contra de su voluntad bajo resguardo de la lluvia pero inquieta por naturaleza no tardo mucho en salir a ayudarles.

* ¿Qué haces? –Dijo molesto.

* Creo que es bastante obvio. –Respondió sin verle. – ¿Seguirá mirándome o podemos empezar a empujar?

Terry obedeció a regañadientes y entre los tres pronto lograron su cometido… Le impresionaba ver que aquella mujer de fina cuna tenía más agallas que otras de condición menos grata, que poco le importaba hacer una tarea propia de un mozo y aun menos el cubrirse de lodo.

Eleonor los recibió con agrado, realmente había extrañado a los cuatro jóvenes, aunque sospechaba que algún suceso había ocurrido, pues no los esperaba hasta dentro de dos semanas. Eficaz como ninguna otra, dio indicaciones para que la llegada fuese acogedora, tuvo que ordenarle a Dorothy descansar y pedirle a Beth subir con Candice para ayudarla a secar su larga cabellera y cambiarse de atuendo. Mientras tanto, se adentro a la biblioteca donde sabía estaría el castaño.

* La cena estará lista en unos minutos.

* Gracias pero no tengo hambre. –Respondió al momento de sorber su copa.

* Creo que ya has tomado lo suficiente.

* Y yo creo que eso no te incumbe… Si eso es todo ya puedes retirarte.

La rubia se retiro sin decir más, pocas veces Terry se dirigía a ella de esa manera pero siempre le dolía, disimulando este hecho se encaminó a la cocina por la bandeja de comida para Candy, era obvio que no había probado bocado en todo el día.

* Un poco de sopa caliente te vendrá bien.

* Muchas gracias Eleonor pero no tengo apetito.

* Nada de eso, sé bien que tan grande es tu apetito así que no me engañas.

Divertida por la honesta respuesta, Candy comió con gusto lo que prepararon para ella al tanto que escuchaba a Beth contar las picaras travesías de su hijo. Fue entonces que lo comprendió, estaba en casa y con su familia, cuanto los había extrañado y cuán difícil le resulto admitir que aquel lugar era su hogar.

Agotada por el viaje poco menos que por lo acontecido, lady Grandchester reposaba plácidamente en su reconfortante cama cuando escuchó la abrupta entrada de su esposo a la alcoba, no estaba segura de la distancia que existía entre ambos pero calculaba que era mucha pesé a ello percibía el intenso olor a vino que emanaba. Quieta, sin desear hacer el más mínimo movimiento, espero a que se recostara a su lado, no tardo mucho en hacerlo aunque sí con obvia dificultad y para su tranquilidad se durmió al instante.

La noche transcurría con normalidad hasta que la sed acudió a ella, con poco ánimo se desplazo hasta la mesa para servirse un vaso con agua y entre la obscuridad pudo distinguir la desalineada figura de su esposo, al parecer había intentado en vano quitarse la ropa y el calzado, con un suspiro de resignación se acerco a él para ayudarlo con la tarea dejada a medias.

* ¡Que pecosa tan atrevida es usted! ¿Acaso deseaba propasarse mientras dormía? No me opongo a ello, claro está, pero sería más divertido si ambos estamos consientes de lo que hacemos.

* Es un grosero. –Dijo molesta mientras aventaba una de las botas.

Estaba por incorporarse cuando fue sujeta por la muñeca y atraída al pecho del castaño, quedando encima de él.

* Discúlpame… –Le pidió al acariciar su roja mejilla. –No debí hacerlo.

No supo en qué momento ocurrió o por qué lo correspondió pero si deseo que hubiera durado un poco más. Fue un beso delicado, tierno y… lleno de cariño. Lamentablemente así como llegó, desapareció, Terry estaba exhausto y nuevamente cayó en un profundo sueño sin imaginar el mar de emociones que había despertado en su esposa.

Los primeros rayos del sol traspasaron las gruesas cortinas, al parecer sería un día soleado, dichosa por alguna extraña razón se levantó y las abrió en su totalidad, al girar vio que no estaba sola, Terry seguía durmiendo. Intrigada por este hecho se aproximo, lo notó inquieto y por instinto llevo su mano a la frente del castaño, estaba caliente pero sudando en frío.

* ¿Terry? –Le llamó sin obtener respuesta.

Con gran rapidez tomo su bata y bajo las escaleras, entró con premura a la cocina y aviso a Eleonor lo acontecido, pensó que mandaría traer al doctor de la región pero se equivoco.

* Vuelve a tu habitación, en un momento Dorothy estará contigo. –Dijo serenamente.

Candy obedeció sin preguntar más, al entrar a su habitación no encontró mejora en su esposo, era evidente que estaba resfriado y ella tenía que hacer algo, sabía perfectamente que consecuencias podía traer una gripa mal cuidada, así que sin esperar a su amiga se vistió lo antes posible, necesitaba encontrar a Marck y para su suerte no tardaría mucho en hallarlo.

* ¿Así que Terry enfermo?

* Sí y necesito me ayudes a buscar hojas de naranjo, de menta y eucalipto.

* ¿Mary Jean te envió por ello?

* ¿Mary Jean? ¿Quién es Mary Jean?

* Ya la conocerás, estoy seguro que mandaron por ella… Sígueme, sé donde encontraremos todo eso.

Marck la adentró al bosque y entre ambos recolectaron las hojas medicinales.

* Jamás me habías traído aquí. –Expresó al joven. –Hay un riachuelo y…

* Una cabaña, mi hermano suele pasar largas horas ahí y en ocasiones yo también. Los hombres necesitamos nuestro espacio.

Divertida por la madura explicación, Candy siguió con su labor y en poco tiempo ya se encontraban de regreso en el castillo. Subió con dificultad la escalinata pues su vestido se había mojado con el rocío, su entrada a la habitación fue una abrupta prueba de ello.

* ¡Torpe!

Al alzar la mirada vio a una anciana de porte serio pero de amable semblante, supuso que se trataba de Mary Jean.

* Yo…

* ¿Acaso piensas quedarte ahí en el piso?

* No… Lo siento, tropecé. –Dijo al incorporarse.

* Eso ya lo vi. ¿Cuál era tu prisa?

* Recolecte hojas de eucalipto para ponerlas en agua y…

* Eso ya lo hice. Tardaste demasiado, torpe.

Fue entonces que la rubia percibió el singular aroma que ayudaría a Terry, sabía que esas hierbas despejarían y calentarían sus pulmones.

* Pedí que le hicieran un té de naranjo, menta y ajo… –Pronunció pidiendo la aprobación en ello.

* Actúas tarde pero actúas bien… Eso también ya lo hice.

* Entonces tendremos más.

La anciana la vio de pies a cabeza, no le importo ser sutil en ello, incluso no le preocupo incomodarla.

* Peculiar adquisición la que hizo Richard. Demasiado pecosa y torpe.

* ¿Adquisición?

* ¡Oh, Candice! Ya veo que conociste a Mary Jean.

Eleonor había llegado con un ungüento que de inmediato aplico al joven.

* Así, es.

* ¿En dónde estabas? Dorothy me dijo que te vio salir a toda prisa.

* Fui a buscar a Marck, solo él me podría ayudar a encontrar eucalipto.

* No era necesario, Mary Jean ha cuidado a tres generaciones de la familia Grandchester.

* Y siempre son iguales, jamás se enferman pero cuando lo hacen…

* ¿Estará bien?

* Claro que estará bien, así que guarda tú vestido negro.

* Yo… yo no…

* ¡Mary Jean! –Reprendió.

* Hierba mala nunca muere pero que molesta es.

Candy rió por de bajo, pues notaba que los picaros comentarios de la anciana irritaban a Eleonor. Después de una pequeña conversación se dirigió a la cocina donde ya la esperaba su desayuno, fue Beth quien le describiera la singular persona que atendía cualquier dolencia de la región.

*¿Así que acuden a ella y no a un médico?

* Sí ¿Eso te incomoda?

* En lo absoluto, mi nana hace exactamente lo mismo… Pero ahora en un convento.

* ¿Es religiosa?

* No exactamente, hace años mi tía María tomó los hábitos y la señorita Ponny decidió ir con ella, ahora ambas se hacen cargo de un orfanatorio.

* Que noble labor.

* Sí. –Algún día haré lo mismo.

* Mary Jean, a la mayoría nos ayudo a nacer.

* ¡¿Tan grande es?!

* Pecosa, torpe y entrometida…

* ¡Mary Jean! –Dijo al dar un brinco por el asombro.

* Tengo que marcharme, el hijo de los Hamilton sigue enfermo, si Marine no aprende a negarle un plato más de guisado jamás se repondrá.

* ¿Pero, y Terry? –Preguntó angustiada.

* Ese mocoso estará en cama una semana, Eleonor y tú pueden atenderlo. Trata de no matarlo con tus torpes manos.

La mujer se retiro sin dar mayores recomendaciones pero si prometiendo una visita a la mañana siguiente.

Pesé a la insistencia de Eleonor, la ojiverde prefirió ser ella quien cuidara toda la noche a Terry pues después de todo eran esposos y era su deber estar a su lado, o al menos esa fue la explicación que le dio. Sabía que no era más que un fuerte resfriado, aun así estaba al pendiente de cualquier anomalía y pesé a haber abandonado la fe católica no pudo evitar rezar más de un rosario.

Al retirar una de las tantas compresas, fue capturada por el apacible semblante del castaño, le resultaba increíble pensar que aquel hombre tuviese un temperamento tan explosivo y que en otras ocasiones mostrara actitudes tan nobles, se preguntaba cual era realmente el verdadero Terry…

* Tengo… sed.

Sin demora la rubia lo ayudo a tomar un poco del té que le habían preparado, le divirtió ver los gestos que hacía.

* En verdad que eres un mocoso, Terrence Grandchester.

El amanecer llegó sin mucha espera y con él la llamada a su dormitorio.

* Disculpa la temprana intromisión pero…

* No tiene por qué disculparse, es evidente que está preocupada por él.

* ¿Cómo pasó la noche?

* Tuvo temperatura pero creo que esta mejor.

Candy observaba el comportamiento de la rubia, por un momento pareció ver la misma angustia que sufre una madre y en un instante notó el gran parecido tenía con su esposo, de inmediato desecho cualquier mal pensamiento.

* Si deseas puedes dormir un poco después del desayuno, no deseo otra enferma en casa.

Un leve asentamiento de cabeza fue la respuesta que dio, evidentemente Eleonor quería cuidarlo y no pondría objeción en ello.

Mary Jean tuvo razón, una semana transcurrió para que Terrence se recuperase casi en su totalidad. Cuando despertó después de un gran letargo, se llevo una gran desilusión pues el primer rostro que vio fue el de Eleonor y no es que no apreciara a la mujer que lo había criado, si no que esperaba ver a su esposa, ya que en todo ese tiempo había tenido la impresión que precisamente ella lo había cuidado.

* ¿Dónde está Candice?

* Salió con Marck, a su paseo cotidiano.

* ¿Así que no ha interrumpido sus salidas?

* No… ¿Deseas que mande por ella?

* No veo por qué pediría tal cosa.

La ojiazul había mentido a petición de Candy, no sabía que había ocasionado el disgusto de la joven pero poco antes del amanecer fue hasta su recamara para pedirle que subiera a cuidar del castaño. No le dio ningún motivo, solo la clara indicación de cuando despertara no le mencionara las atenciones que había tenido con él.

Cabalgaba por los campos a ahorcajadas y a rienda suelta, estaba enojada, iracunda, el viento frío que golpeaba sus mejillas no lograban aminorar el ardor que sentía en su ser. Todas esas noches en vela y toda su preocupación no importaron cuando escuchó el cariñoso sobrenombre de aquella mujer, en ese momento su mente le decía que su enojo no era congruente que no tenía ningún afecto hacia él pero su corazón, su estúpido y tonto corazón, le decía que ese afecto era tan latente como él en su pecho.

Su estomago la persuadió de llegar antes del anochecer pero su orgullo no le permitió dar un solo paso a su habitación, el cuarto contiguo sería su nuevo lugar de descanso y no habría poder humano que la convenciera de lo contrario.

Los días transcurrieron sin que marido y mujer se viesen nuevamente, ambos estaban disgustados y ninguno de los dos admitirían el por qué, fue hasta la llegada de una misiva cuando se vieron obligados a entablar una cordial platica.

* "La fiesta del viñedo"

* Será la primera ocasión que mi padre no la organice, por obvios motivos. Cuando me dejo al frente del viñedo me dijo explícitamente que las responsabilidades serían totalmente mías.

* Aunque esté asunto me concierne más a mí.

* Así es pero le pediré a Eleonor que se encargué de ello.

* Entonces no le veo el motivo a esta charla.

* Estoy consultándote…

* Esta informándome mi lord, solo eso.

* ¿Acaso deseas organizar el evento?

* ¿Desea usted que lo organice?

* No le veo la necesidad puesto que como ya he dicho, Eleonor lo ha hecho todo este tiempo.

* Y su padre verá que una vez más ella lo ha organizado, pesé a que este castillo ya tiene una señora que por cierto adquirió para esta clase de eventualidades.

* ¡Entonces haz lo que te plazca!

* ¡No tiene por qué alzar el tono de voz!

* ¡Eres exasperante!

* Al parecer tenemos algo en común.

Irritado por el comportamiento de su esposa, opto por no decir más al respecto.

* Espero esto sea suficiente, si no lo es, házmelo saber. –Le dijo al momento de extenderle una bolsa llena de libras.

* Así lo hare, muchas gracias.

Candy salió altivamente del despacho pensado en que se había metido en un gran lio…

Educada después de todo para esos deberes, la tarea de resulto bastante entretenida, si bien sus ideas no compaginaban con la anterior encargada, sabía que tenía su apoyo y tomaba en cuenta cada sugerencia. El momento de enviar las invitaciones correspondientes fue la más conflictiva, sabía la lista obligatoria pero había otra que era necesaria e incluso más importante, para muchos no sería lo correcto o lo apropiado pero era su hogar y a esté podía invitar a quien quisiera.

Para Terry no pasó desapercibido el trabajo que estaba haciendo la ojiverde, el empeño con el que veía cada detalle de la celebración, le agrado saber su decisión de hacer una barbacoa en vez de la tradicional y aburrida cena, que la etiqueta se había dejado de lado pidiendo que vistiesen más cómodamente y de color arena, realmente ansiaba la llegada de ese día y ver qué otras sorpresas les tendría.

Un perfecto sábado de Mayo fue el que recibió a los invitados que llegaban expectantes al festejo, algunos ya conocían a su anfitriona y les parecía una joven peculiar pero agradable, mientras que otros no habían tenido la oportunidad de tratarla después de asistir a su boda. Para asombro de todos lady Grandchester les dio la bienvenida desde la entrada a su hogar, colocaba a las damas una sencilla corona de flores como la que ella portaba y a los caballeros un pequeño racimo de trigo en la solapa de sus sacos.

* Extraña bienvenida, querida prima.

* ¡Karen! Qué alegría verte.

* Lo mismo digo… Estoy ansiosa por ver que nos tienes preparado.

* Espero no defraudarlos.

* Lo mismo espero.

Candy sonrió ante la sincera respuesta de la castaña para después permitirle el paso.

* Estoy seguro que todo será magnifico.

* ¡Duque!

El hombre estrecho a su nuera, transmitiéndole con ello la confianza que tanto necesitaba en esos momentos.

* Y dime ¿Por qué Terrence no se encuentra contigo?

* Le he pedido que dé su visto bueno al clericot que han elaborado para esta ocasión.

* Muy hábil y gentil tu respuesta, pero tengo el presentimiento que podré encontrarlo en su despacho degustando la primera copa del día.

Sin decir más el Duque siguió su camino y aunque era su intención tener una charla con su primogénito, decidió que por esta ocasión lo dejaría actuar a su parecer, así podría observar su nueva condición.

La terraza había sido acondicionada para que el evento se llevase ahí, mesas redondas con manteles blancos eran protegidas de los rayos del sol por grandes lonas blancas, la comida aunque en abundancia no sería servida por ningún mozo, los propios invitados tendrían que llevar a cabo esa tarea, algunos lo verían como una grosería mientras que otros agradecerían esta libertad y el motivo de esta innovadora acción era simple.

* Bienvenidos a un año más de la "Fiesta del viñedo" mi esposa y yo esperamos que su estancia aquí les sea grata. Agradecemos a cada uno de ustedes el acompañarnos en este día pero si alguno de ustedes desea retirarse, está en la libertad de hacerlo.

Ofendidos por aquellas palabras, aun menos que por el hecho de verse obligados a convivir entre mozos y campesinos, la mayoría decidió aceptar la ofensiva propuesta del joven anfitrión. Pocos fueron los que se quedaron a la celebración, algunos por agrado y otros tantos por curiosidad.

Candy estaba preocupada, totalmente avergonzada, no tenía el valor de alzar la mirada y ver el rostro de Terry pero para su sorpresa el castaño tomó con gentileza su mejilla para depositar un suave beso en ella, fue un gesto que jamás hubiese esperado.

* Lo lamento…

* No tienes nada que lamentar, todo luce perfecto y es gracias a ti.

* Gracias Terry.

Acostumbrado a esperar lo inesperado, el Duque de Grandchester ordeno a la orquesta amenizar el ambiente, la suave música tranquilizo a los asistentes.

* Mi lady… Le agradecemos enormemente que nos haya invitado pero creo que lo más oportuno es retirarnos. –Dijo el anciano caporal.

* Señor Withman esta fiesta no tendría sentido sin el trabajo que ustedes realizan todos los días, se lo suplico, no se vayan.

* Mi señora aun tiene cara de niña pero ya es una gran mujer…

Candy no supo cómo responder a tan hermoso cumplido pero su noble corazón reacciono por ella.

A una breve distancia Terry observaba el abrazo fraternal que brindaba su mujer, se preguntaba cuándo sería el día que dejara de sorprenderlo.

* ¿Por fin te ha decepcionado? –Pregunto al sentir la presencia de su padre.

* Al contrario hijo mío… Por gestos como este es que reafirmo que tomé la decisión correcta. No pude encontrar una mujer más propicia para que fuese tu esposa.

* ¿Quieres que crea tal mentira? Esa dama se atrevió a invitar a todos tus jornaleros y por si fuese poco ha ofendido a tus "amigos"

* Terrence… Necesitas abrir la expectativa de la situación. Mis amigos no estarán ofendidos por mucho tiempo, es una de las tantas ventajas de nuestra posición. Por otro lado, Candice ha ganado algo que ni siquiera nosotros hemos podido obtener en tanto tiempo.

* ¿Y qué fue?

* El aprecio de sus empleados.

* ¿Desde cuándo te interesa esa clase de sentimentalismo?

* Desde que es sinónimo de fidelidad y eficacia.

El castaño se limito a mirarlo, su padre parecía estar en un juego de ajedrez donde todos se movían a su conveniencia... En verdad era un gran estratega y al parecer no era el único, al menos no esa tarde.

Candy había elaborado diversas actividades para sus invitados, participando en la mayoría de ellos. Cuando empezó el partido de futbol y ante la incredulidad del príncipe de Bulgaria, se despojo de su calzado y juego como un igual entre ellos.

Terry veía divertido las jugadas de su esposa y como es que sus oponentes quedaban humillados al momento en que anotaba un tanto, su sonrisa se borraría de inmediato al notar las atenciones del príncipe. Pronto se unió al juego, evitando dichos atrevimientos.

* Candice en verdad usted es única… Lamentablemente la conozco ya casada.

* Por favor dígame Candy… Y dice eso por qué no tiene que lidiar conmigo.

* Sería un hombre muy afortunado si la tuviera a mi lado.

* ¿No crees que tus halagos son demasiado atrevidos? –Interrumpió el inglés.

* Espero que la dama no los tomé como tal.

* Claro que no alteza.

* George, Candy, George.

"Tipo tan odioso" Ese fue pensamiento que Terrence no se atrevió a decirlo en voz alta, y no era por la posición del búlgaro sino por el hecho de poder revelar el verdadero sentimiento que albergaban esas palabras.

La culminación del evento no podía ser menos que sublime… Fuegos pirotécnicos, cientos de luces reflejándose en el apacible lago, niños y adultos estaban maravillados con tal espectáculo, la joven pareja contemplaba la vista desde la terraza. Al término del evento, y sin saber cómo, se encontraban fundidos en cálido abrazo…

En modo de agradecimiento la rubia repartió diversas golosinas y frutos en almíbar, la despedida fue tan dulce como la misma dama que los repartía. Al menos eso sería lo que se escucharía en las próximas semanas.

En la tranquilidad de sus aposentos, la rubia tarareaba alegremente una canción desconocida su felicidad terminaría en el momento en que leyera aquella nefasta carta.

Escocia 15 abril 1592.

Candice…

Es imperdonable que en todo este lapso no hayas dedicado un poco de tu tiempo para escribir a tu familia, he de pasar tal descuido por que imagino que los deberes de tu posición te tienen absorta.

El motivo de esta carta no es otra que la de informarte que tus hermanas, Patricia y Anne, están en cinta, tal hecho ha causado jubilo y regocijo en la mansión, pero he de ser sincera al decirte que preferiría que fuese tuya esta situación. El Duque de Grandchester ha congraciado a nuestra familia al elegirte como esposa de su único hijo, está de más decirte que no has correspondido a tal honor. Me avergüenza el solo pensar que no puedes cumplir con tu único deber…

Espero que la contestación de esta misiva sea lo antes posible y de ser posible con una grata noticia.

Elroy Marie Ardley

Se dejo caer en la alfombra mientras sostenía con fuerza el fino papel, todas y cada una de las letras tenían un solo fin… El hacerle saber que su amado Archie había seguido con su vida, que la había olvidado y que la flama de esperanza de un futuro juntos estaba por demás extinta. Por otro lado se le estaba exigiendo un heredero para la casa Grandchester, su corazón tuvo un mal presentimiento pero lo que le causo escalofríos fueron unas cuantas punzadas en su espalda.

La dicha que había vivido ese día no volvería a sentirla en mucho tiempo…

Por fin…

Mil años he tardado en subir el capítulo, espero que aun queden lectores interesados en esta historia. Una gran disculpa a todos ustedes, y muchas gracias por sus comentarios, son un empuje para que siga con este fic.

Les adelanto un poco del siguiente capítulo, donde veremos en escena a nuevos personajes de la vida de Terry y donde aparecerá de nuevo la tía abuela. No todo será drama, les prometo romance en cuanto a la relación cada vez más estrecha de nuestros rebeldes.

Muchos kikos…